Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to beegurl13. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de beegurl13, solo nos adjudicamos la traducción.
The Christmas Present
By: beegurl13
Traducción: Scarlet Queen 13
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 3
~*~O~*~
Cuando la vecina de Edward lo invitó a una fiesta de disfraces en Halloween, él aceptó. No quería hacerlo, pero toda su familia y amigos estaban tratando de emparejarlo con una mujer que ellos conocían y él había tenido suficiente. Tanya era una recientemente soltera madre de dos niños, pero aparentemente ellos estarían con su padre por las vacaciones y ella necesitaba una cita. Edward no se había preocupado demasiado al planear su disfraz de pirata por la fiesta a la que irían. Y no pensó demasiado en la noche como un todo, hasta que ella se apareció en su puerta con lo que solo podía ser descrito como el más pecaminoso traje de ángel que él jamás había visto. Estaba seguro de que los ángeles llevaban más tela de la que Tanya llevaba puesta y que sus senos y sus nalgas no estaban por lo general en plena exhibición, pero él había dado su palabra y siempre mantenía su palabra.
La abuela Masen estaba claramente molesta con la coqueta de la mujer rubia mientras recogía a Edward. Los insultos rápidos e ingeniosos que la abuela lanzó a Tanya parecían volar sobre su cabeza mientras ella reía y reía. Esto también hizo reír a Edward. Claramente no era alguien con quien quisiera salir de nuevo y era todo lo que podía hacer para pasar la noche con ella a su lado. No hubo conversación inteligente, ni humor sarcástico, ni conocimiento de las películas de los 80, ni discusión sobre las bandas de rock alternativo de los 90... Ninguna de las cosas con las que habría pasado la noche hablando con Bella. Estaba aburrido, aunque trató de no mostrarlo.
Cuando los rumores de la cita de Halloween de Edward llegaron a sus amigos, no había manera de detenerlos de establecerlo con cada chica disponible en la ciudad. Después de lo que parecía una línea interminable de citas de café, invitaciones de películas y salidas de helados, Edward decidió que ya había tenido suficiente. Conocía a la única mujer con la que quería pasar las tardes y tenía que encontrarla, de una forma u otra. Con el Día de Acción de Gracias acercándose, se arriesgó y llamó a la señora Swan.
—Ella no viene a casa para las vacaciones, Edward. No sé por qué, pero dijo que simplemente no puede escapar.
Una vez que supo que ella no vendría a él, decidió que él iría a ella y se reservó un billete de avión. Comprobó con su prima Rosalie, para ver si podía quedarse con ella unas cuantas noches y luego se empacó las maletas y se preparó para el viaje. Sabía que de cualquier manera, su vida sería diferente después de que volviera de ver a Bella. Solo esperaba que fuera un buen diferente y no el diferente malo del que tenía miedo.
~*~O~*~
Conducir por la ciudad en la que vivía Bella era muy diferente de su ciudad natal. Por un lado, el sol estaba apagado. Todo el día. Y las calles no estaban mojadas. Añadan el hecho de que había varios millones de personas más a su alrededor y Edward se sentía como un total extraño. Cómo Bella podría haberse enamorado del lugar, nunca lo sabría. Pero en el fondo de su corazón todavía esperaba ser capaz de convencerla de que le diera una oportunidad y regresara a casa.
Rosalie le dibujó un mapa detallado sobre cómo llegar al apartamento de Bella y, su primera noche en la ciudad, se dirigió a ella. Una vez que encontró el edificio correcto y la puerta correcta, llamó. Nadie respondió. Era tarde y como Bella no lo esperaba, pensó que no estaba en casa y volvió a su coche de alquiler, planeando esperarla. Menos de una hora más tarde, se encontró con una conocida cabeza de pelo oscuro caminando por la acera hacia el apartamento de Bella.
—¿Bella? —gritó desde detrás de ella. Ella se detuvo en seco, congelada y sin volverse—. Bella, ¿eres tú?
—Edward, ¿qué estás...? Yo no...
—Oye —dijo casualmente mientras se acercaba a ella—. Tu mamá dijo que no irías a casa para el Día de Acción de Gracias, así que pensé en venir a verte, ¿está bien?
No le había pasado por la cabeza que quizá no lo quisiera allí o que quizás ya había alguien más allí. Aunque era posible que la única razón por la que esos pensamientos no le habían pasado por la mente era porque se negaba a reconocerlos.
—Edward, por supuesto. ¿Has viajado todo esto por mí?
Estaba claramente aturdida, su rostro no mostraba ninguna emoción real de ningún tipo.
—Sí. Eres mi mejor amiga y quería verte, espero que no estés molesta y que no esté interrumpiendo nada.
Finalmente sonrió, sacudiendo la cabeza mientras soltaba una risa nerviosa.
—No, está bien. Estoy muy sorprendida, eso todo. ¿Quieres entrar? —preguntó, señalando la puerta de su apartamento.
—Absolutamente.
Durante un par de horas parecían girar entre sí de una manera algo incómoda. Ninguno de los dos parecía tranquilo y la distancia entre ellos era casi lo suficientemente tensa como para cortar con un cuchillo. Mientras hablaban y comían comida china que Bella ordenó y entregaron, quedó claro que la amistad estrecha y simple que siempre había estado allí había desaparecido. La realidad hizo que Edward se entristeciera y decidió que ya no podía esperar más para hacerle a Bella una de las preguntas más importantes de su mente.
—Bell, ¿por qué le dijiste a tu mamá que me viste este verano? ¿Por qué le has mentido? —preguntó. Bella pareció sorprenderse de que él supiera de su viaje y ella se recostó más en su sofá y tomó una respiración larga, profunda.
—No lo sé, quería verte, pero no podía... Quiero decir, conduje a tu casa dos veces y estacioné al otro lado de la calle, pude verte dentro. Tú y la abuela Masen, pude ver cómo te movías por las ventanas y no podía volver a molestarte. No podía hacerme entrar en tu vida sabiendo que solo estaría caminando de regreso aquí. No era justo para ti.
—¿Por qué decides qué es justo para mí? No he hablado contigo desde… ¿qué, marzo? Eso es como... ocho meses. ¿Por qué? ¿Por qué nunca contestaste mis llamadas o mis correos electrónicos o devolviste mis mensajes? Simplemente desapareciste, luego de años de amistad, y no entiendo por qué.
Bella resopló mientras sus manos se movían incómodamente en su regazo.
—No podía. No soy buena para ti, Edward. Mereces a alguien mucho mejor que yo. Sí, hemos sido amigos todo este tiempo, pero sé que por eso sigues soltero. Tantas mujeres que pensaron que estábamos juntos y nuestra relación era cómoda para ti. Quiero que seas feliz, que encuentres a alguien para amar, para hacer una vida por ti mismo. No creo que sea justo para mí retenerte más de eso.
Edward estaba aturdido. Bella estaba hablando como si hubieran sido una pareja, algo más que solo amigos y aunque siempre había querido eso, no era lo que habían sido. Estaba más confundido ahora de lo que jamás se había sentido antes.
—Bella, no te entiendo. ¿Cómo no puedes ser buena para mí?
Empezó a llorar y lo que quedaba de su frágil corazón comenzó a romperse pieza por pieza. Quería estirar la mano para consolarla, pero ya no sentía que ese era su lugar, y forzó sus brazos a permanecer a su lado en lugar de a su alrededor, donde dolían por estar.
—Jacob rompió conmigo. Creo que él solo me estaba usando. No sé si ese era su plan todo el tiempo, pero él me dejó. Él tomó a mis clientes, que he trabajado todo el año para conseguir y ahora habla mal de mí por toda la ciudad. He estado tratando de encontrar un nuevo trabajo porque no puedo quedarme donde estoy, no cuando tanta gente cree sus mentiras sobre mí. Es difícil, nadie quiere contratarme porque escucharon rumores sobre mí. ¿Qué he hecho para merecer algo así?
Era una buena cosa que Edward nunca hubiera conocido a Jacob, porque más que nada, él quería cazar a la escoria y golpearlo hasta reducirlo a una masa sangrienta. Jacob había herido a Bella y no solo emocionalmente, también profesionalmente. Había robado todo de ella: sus esperanzas, sus sueños, su sustento. El corazón de Edward le dolía por Bella, pero ¿qué podía hacer? No cambiaba el hecho de que ella no lo quería, que ella no regresaba a casa. No había nada que pudiera hacer para arreglarlo.
Después de unos minutos más y una vez que Bella había dejado de llorar, Edward se levantó para irse.
—Voy a casa mañana por la noche. Estaré en la casa de Rosalie, si me necesitas.
Con eso, se fue, pasando la noche pensando sobre lo que había sucedido con Bella. Al día siguiente, él y Rosalie hablaron durante un rato mientras trataba de ordenar sus pensamientos. Sabía que tenía que ver a Bella de nuevo antes de irse. No podía dejar las cosas como estaban y arriesgarse a que eso fuera el fin para ellos. Necesitaba un plan y las palabras correctas, y las necesitaba pronto. O al menos antes de su vuelo de regreso a casa a las siete.
~*~O~*~
Todo el día Edward esperó. Esperó. Deseó. Rezó para que Bella viniera a él, que ella quisiera hablar con él, para resolver las cosas. Pero ella nunca lo hizo. No sabía por qué estaba actuando como lo estaba haciendo, pero estaba cansado de eso. Le había dado años de su vida, había sido su mejor amigo a través de lo bueno y lo malo, la amaba incondicionalmente. Se merecía algo mejor y, antes de volar a casa, quería estar seguro de que ella lo sabía.
Eso es lo que se dijo a sí mismo, de todos modos. Pero en el fondo, sabía que solo necesitaba verla una vez más. Él sabía que había una posibilidad real de que esa podría ser la última vez. Necesitaba memorizar su rostro una vez más, mirar sus ojos marrones una última vez antes de dejarla ir para siempre. Antes de que renunciara a sus sueños para siempre. Antes de intentar dejar ir a la única cosa que jamás debería dejar ir.
Rosalie lo abrazó, le deseó suerte y prometió buscar a Bella, independientemente de lo que sucediera entre ella y Edward. Se sintió aliviado ante esa idea y, con un corazón reacio, se metió en su coche de alquiler y se dirigió hacia su apartamento.
Tomó unos momentos extra para que Bella contestara la puerta. Edward tuvo que tocar dos veces, pero cuando lo hizo, se sobresaltó. Estaba en pantalones de chándal y una sudadera con capucha de color púrpura, con el pelo recogido en un moño descuidado y los ojos y la nariz de un rojo brillante. No había sonado enferma el día anterior, pero tal vez sí. La única otra explicación era que había estado llorando, pero no podía entender por qué habría sido, aunque eso era lo que parecía.
—Hola —dijo mientras sostenía la puerta abierta no más ancha que su cuerpo.
—¿Puedo entrar? —preguntó, esperando que ella lo dejara, pero sabiendo que tal vez no lo haría.
—¿No tienes que irte?
—Sí, pero quería verte. Tengo unos minutos. ¿Podemos hablar, por favor?
Bella suspiró, apartando los ojos de su rostro mientras miraba al suelo, luego retrocedió y lo dejó entrar en su apartamento.
Se dirigió al sofá, pero no se sentó. Una vez que ella había cerrado la puerta y se había sentado en la silla, levantando los pies por debajo suyo, él comenzó.
—He venido a hablar contigo, a averiguar lo que está pasando. No me gusta lo que hemos sido, Bella. Somos amigos, siempre hemos sido amigos, excepto ahora mismo, y no sé por qué, supongo que tal vez no he sido claro acerca de algunas cosas. Y eso es culpa mía. Pero he terminado, ya no puedo hacer esto.
Él escuchó mientras ella aspiraba en un aliento rápido y vio cómo su cuerpo se congeló.
—¿Qué? —susurró ella.
—Ya terminé —dijo, dejando escapar una respiración profunda, una respiración que sentía como si la hubiera estado sosteniendo durante casi un año—. No puedo seguir haciendo esto. No puedo verte hacer lo que sea que estés haciendo, todo el tiempo sabiendo que no perteneces aquí. Tú perteneces a casa, con tus padres y tus amigos... y conmigo.
Lentamente levantó la vista, sus ojos finalmente se encontraron con los suyos.
—¿De qué estás hablando, Edward?
Esta era su última oportunidad y Edward lo sabía. Finalmente, tuvo que poner todas sus cartas sobre la mesa y esperar lo mejor. Al menos si lo rechazaba, sabría que había hecho todo lo posible para arreglar las cosas, para conquistarla. Así él realmente sabría que no estaba destinado a ser. Podía seguir adelante con su vida. Podía respirar de nuevo.
—Estoy enamorado de ti, Bella. Siempre lo he estado. Nunca pensé que te sintieras así por mí, así que nunca hice nada. Nunca arriesgué mi amistad empujando por más. Tomé todo lo que me diste y estaba contento, pero siempre he deseado más. —Levantó la mano y la pasó por el pelo, tratando de obtener las palabras correctas... sabiendo lo importantes que eran—. No tienes ni idea de lo que me ha hecho. Viéndote salir con chicos que yo sabía que no sentían por ti las cosas que yo sentía. Verte besar a chicos que sabía que no eran serios contigo. Pasar la noche con chicos que nunca te trataban de la manera que yo quería, que nunca serían lo suficientemente buenos para ti. Pero querías un amigo, así que eso es lo que fui. Pensé que si esperaba el tiempo suficiente, si me quedaba cerca, entonces eventualmente vendrías. Pero eso no es lo que pasó.
Soltó un suspiro, sabiendo que ya no podía retenerlo.
—Y ahora... He terminado, Bell. Puedes tomar esto por lo que quieras que signifique, pero te amo. Te he amado desde el día que te conocí. Te amé cuando estabas enferma y vomitando encima de mí. Te amé cuando cortaste tu pelo demasiado corto en ese horrible corte. Te amé a través de las espinillas y de los brackets y de los vaqueros deslavados. Te amé a través de ni siquiera sé cuántos de tus novios. Te amé cuando peleamos, cuando nos reímos, cuando lloramos... Todo eso... Y casi me mató cuando te fuiste el año pasado, pero te quería demasiado para pedirte que te quedaras. Para pedirte que me des una oportunidad.
Bella jadeó ante sus palabras, volviendo a la vida por primera vez desde que Edward empezó a hablar.
—¡Pero no me pediste que me quedara! No dijiste nada. Solo me ayudaste a salir, nunca me hiciste pensar...
—No podía arruinar tu sueño, Bell. No podía. —dijo, tratando de hacerla entender—. Y mira donde me llevó. Te perdí y no puedo vivir con eso.
Resopló un poco, sorprendido por lo emocional que estaba comportándose. Todos los años de cólera reprimida, frustración, angustia e incertidumbre estaban finalmente llegando, y él dejó todo salir.
—Te amo y quiero que vuelvas a casa. Puedo cuidarte, Bell. No necesitas tu trabajo de lujo, no para mí. Te extraño todos los días. Lo primero que pasa por mi mente es que no te veré ese día y me duele el corazón. No puedo seguir haciendo esto, así que tómalo o déjame, pero necesitas saberlo. Lo lamento por soltarte todo esto de repente sin ninguna advertencia, pero esto es todo, Bell.
Ella se quedó mirándolo, con lágrimas corriendo por su rostro. Ella no dijo una palabra, se sentó en la silla, con los brazos envueltos alrededor de sus piernas mientras su barbilla descansaba sobre sus rodillas.
—Edward... —Fue todo lo que dijo.
El asintió.
—Bueno, lo entiendo. Pero ahora ya lo sabes, Bell. Lo sabes todo y ya no me estoy escondiendo. No puedo. Significas demasiado para mí y no voy a dejar pasar otra oportunidad. Es tu elección, dónde van las cosas entre nosotros a partir de aquí. Sabes cómo me siento, pero Bella... no puedo esperar para siempre. No me voy a hacer esto. No es justo. Quiero ser feliz, Bell. Quiero una vida. Quiero a alguien esperándome en casa, quiero alguien a quien amar, con quien reír. Quiero una familia algún día y quiero esas cosas contigo. Pero si no puedes, si no las quieres conmigo, lo entenderé. Solo sábelo, depende de ti.
Después de unos momentos más, avanzó, poniendo su mano en su cara y limpiando algunas de sus lágrimas. Ella continuó mirándolo, levantando su rostro cuando él se acercó a ella.
—Te amo —murmuró suavemente, antes de inclinarse para besar su frente, su sien, su nariz y, por último, sus labios. Era suave y dulce y persistente, hasta que finalmente se apartó. Tenía los ojos cerrados y aprovechó el momento para verla, para recordar lo hermosa que era con sus besos todavía frescos en su piel.
Y se fue, cerrando la puerta tras él mientras obligaba a sus piernas a alejarse de la única chica que había amado. La única chica con la que había imaginado un futuro. La única chica que había frecuentado sus sueños.
Él la dejó ir. Era la única opción que le quedaba.
~*~O~*~
