Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to beegurl13. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de beegurl13, solo nos adjudicamos la traducción.
The Christmas Present
By: beegurl13
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Capítulo 4
~*~O~*~
Mientras las próximas semanas pasaban, no hubo noticias de Bella. Edward aceptó el hecho de que él claramente no significaba tanto para ella como ella lo hacía para él. No tenía citas, la herida todavía estaba demasiado fresca, pero él quería algo más para su vida y se aferró a la esperanza de que todo mejoraría. Pronto.
Edward se mantenía ocupado con trabajo y actividades familiares, ignorando las preguntas de su madre y abuela. Ambas sabían de su viaje en Acción de Gracias y que él probablemente se le declaró a la chica por la que sabían había languidecido años de su vida. Ya que ella no regresó con él y todavía no la había mencionado, ellas asumieron que las cosas no habían ido bien, no de la forma que él habría planeado. Sus corazones estaban rotos tanto por él, como por Bella, estaban divididos. No había nada que pudieran hacer para ayudarlo, aun así querían.
La mañana de Nochebuena, Edward se despertó con Bella en la mente. Era lo mismo que todas las mañanas por los pasados meses, pero su corazón todavía mantenía la esperanza. Y con un último dolor, llamó a la madre de ella.
—¿Va a venir a casa? —preguntó él.
Renée sabía quién era, sin siquiera tener que comprobar el identificador de llamadas.
—No sé, Edward. Hablé con ella hace unos días. Parece tan decaída, triste. Dijo que no está segura, que no sabía cuál era su horario de trabajo. Tengo su habitación lista en caso de que se presente, pero simplemente no sé.
—¿Me llamarás si la ves? ¿Por favor?
—Claro. Pero, Edward, no esperes. Ve, pasa la noche con tu familia. Sé que estarán todos juntos esta noche, así que ve a estar con ellos. Ten algo de diversión —trató de decirle Renée.
—Gracias —dijo él antes de cortar y decidir que no solo iría a la casa de sus padres, sino que disfrutaría, también. Estaba cansado de estar triste, de ser el depresivo en cada habitación. Quería reír, beber y crear buenos recuerdos para variar. Con esa idea en mente, se vistió para la fiesta, reunió los regalos que sin pensarlo había elegido para su familia, y la cargó a la abuela Masen en el auto.
—No te preocupes mucho, Edward. Ella sabe —le dijo ella, mientras suavemente le palmeaba la mejilla—. Luces tan apuesto hoy. Justo como tu abuelo.
Edward sonrió.
—Lo sé, abuela. Me lo dices todos los días.
Su abuela se rio de él, sabiendo que tenía razón y condujeron a través de las neblinosas calles hacia su familia. El frío en el aire estaba especialmente mordaz, pero Edward le daba la bienvenida y estaba contento por cuán vivo lo hacía sentir.
~*~O~*~
La fiesta era agradable, alegre y animada. La risa resonaba a través de la casa y Edward incluso se unió algunas veces. Cuando su madre y abuela lo acorralaron en la cocina, finalmente les contó lo que pasó en Acción de Gracias. Les dijo lo que él dijo, y lo que Bella dijo, y cómo la dejó para que haga la elección final. Les dijo que ahora sabía cuál era su elección y a pesar de que eso lo lastimaba más de lo que alguna vez pensó que podía lastimarlo, todavía estaba respirando. Su corazón todavía estaba latiendo. Todavía soñaba con una vida feliz. Y eran esas cosas las que lograban que saliera de la cama cada mañana, que lo hacían poner un pie delante del otro, que lo hacían avanzar.
Después de varias horas, y tarde en la noche, Edward decidió irse a casa. Él ya no estaba achispado, así que sabía que estaba bien para manejar y con un beso en la mejilla de su madre y un medio abrazo a su padre, se movió para recoger a su abuela, solo para encontrarla profundamente dormida en la habitación de invitados.
—Déjala que se quede —susurró su madre—. Quiero tenerla aquí mañana en la mañana, de todas formas. Siempre me siento como una niña pequeña cuando me despierto y la encuentro caminando sin hacer ruido alrededor de la cocina, haciendo el desayuno de Navidad. No sé cuántas más de esas mañanas conseguiré con ella. Ve, cuídate y llega a casa antes de que la nieve comience.
Y Edward lo hizo, un poco renuente. Manejó a través de las silenciosas y vacías calles en su camino hacia una deshabitada y solitaria casa. Con un suspiro, él aceptó lo que era y decidió que llegando enero, le haría una llamada a Tanya. Quizás había sido demasiado duro juzgándola en Halloween. Ella justo había atravesado un divorcio, y todo. Además, realmente había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo sexo. No era que el sexo fuera la única cosa que estaba buscando de ella, aunque estaba relativamente seguro de que ella estaría feliz de ayudarlo con eso. Él quería una conexión con alguien y eso era lo que en realidad anhelaba.
Ingresando a su camino de entrada, él notó un auto en la calle. No era uno que hubiera visto antes, pero supuso que los vecinos debían tener algo de compañía por las fiestas. Que agradable sería, pensó, tener a alguien con quien compartir la mañana de Navidad.
Intentó abrir la puerta del garaje con el control remoto, pero no funcionó. Después de presionar el botón unas cuantas veces, se preguntó si quizás las baterías se habían acabado de nuevo. Con un suspiro, se estacionó en el camino de entrada y salió para usar el panel de control en el costado de la casa. Una vez que el auto estaba estacionado adentro y apagado, se dirigió hacia la puerta de la casa, pero escuchó algo. Sonaba como su nombre, pero no había nadie afuera. Pensando que debía haber estado escuchando cosas, sacudió la cabeza y caminó más cerca de la puerta que lo conduciría hacia la cocina.
—¡Edward! —escuchó de nuevo y se detuvo en seco. Conocía esa voz. Pero no podía ser…
Lentamente, se giró y vio a la única persona que había querido ver desesperadamente durante el último año. Ella estaba parada al final de su camino de entrada, tapada con su largo abrigo de invierno, una bufanda envuelta alrededor del cuello y uno de los viejos gorros tejidos de él en la cabeza. Su cabello se extendía sobre sus hombros, y mientras se acercaba a él, pudo ver algunos copos de nieve blancos y esponjosos vagando y posándose en los rizos marrón oscuro que él amaba tanto.
—¿Edward? —dijo ella de nuevo, provocando que tropezara hacia adelante unos pasos. Él no sabía qué decir, no se había imaginado que algo así fuera posible. Cuando ella se detuvo delante de él, su pecho subiendo y bajando rápidamente, él estaba boquiabierto. Ninguna palabra le vino a la mente. Solo la miraba a ella.
Ella se movió nerviosamente de un pie a otro antes de dar otro paso más cerca de él. Sus dientes mordiendo su labio inferior, un hábito que ella había tenido desde antes de incluso conocerlo. Sus brazos estaban envueltos alrededor de su cintura y lo miraba fijamente a los ojos con una mirada que nunca antes le había visto.
—¿Lo dijiste en serio? —preguntó ella en voz baja. Si el mundo alrededor de él no hubiera estado silencioso, nunca la habría escuchado, pero lo estaba y lo hizo.
—¿Qué? —La palabra vino automáticamente y él no podría haberla detenido si hubiera querido.
—Lo que dijiste el mes pasado. ¿Lo dijiste en serio? ¿De verdad me amas?
Él asintió.
—Sí.
—¿De verdad me quieres aquí? ¿Quieres cuidar de mí?
—Sí, más que nada en el mundo.
Ella sorbió y él no sabía si era debido al frío o por algo más. Pero esperaba que fuera por algo más.
—Estoy cansada de luchar contra mis sentimientos por ti, Edward. También te amo. No sé por qué nunca antes te lo dije. Soy muy estúpida, supongo.
—No digas eso, no eres estúpida.
—Pero te lo debería haber dicho. Te lo debería haber dicho hace años cuando por primera vez me di cuenta de lo que era.
—¿Hace años? —preguntó él. ¿Ella lo había amado por años? ¿Cómo podía no haber sabido?
—Sí. Quizás tanto tiempo como tú me has amado, no estoy segura. Pero estoy cansada de intentar mantenerme alejada de ti. Sé que lo que hice este año pasado estuvo mal, y lo siento mucho. Sé que te lastimé cuando me fui y después de nuevo cuando no hablé contigo por tanto tiempo, pero si quisiste decir lo que dijiste, también quiero estar aquí contigo. Quiero regresar a casa, para quedarme, para estar contigo. ¿Puedo?
Edward ni siquiera lo tuvo que pensar.
—Por supuesto —murmuró él mientras se acercaba y la jalaba hacia sus brazos. Sus respiraciones cubrieron de vaho el aire entre ellos cuando él dudó por solo un momento, mirando en sus ojos—. Te amo, Bell. Siempre.
Y después la besó, suavemente al principio, mientras conocía la sensación de los labios de ella bajo los suyos, el patrón de su respiración y el ruido de sus latidos. Los brazos de ella se envolvieron alrededor de su cintura mientras sus manos se aferraban a los hombros de ella y después se deslizaban alrededor de ella, arriba y hacia su cuello, insertándose en su cabello. Mientras sus pulgares se frotaban contra las mejillas de ella, él profundizó el beso, abriendo sus labios cuando ella abrió los suyos, dejando a su lengua avanzar hacia sus labios, sus dientes y su lengua. Él estaba contento de que estuvieran solos en su patio delantero, ya que no podría haberla dejado ir incluso si hubiera querido.
Después de varios minutos de sexys y calientes besos, él descansó la frente contra la de ella y apartó la boca de la suya.
—¿Vienes adentro conmigo? —preguntó él, a lo que ella respondió con una pequeña risa y un asentimiento.
Él sostuvo la mano de ella mientras entraban y bajó la puerta del garaje detrás de ellos. Mientras Bella se adentraba más en la casa, comenzó a ver fotos que nunca antes había visto, las fotos que la abuela Masen había colgado en cada habitación. Fotografías de ella y Edward, de cada diferente etapa de sus vidas.
—¿Dónde las conseguiste? —preguntó, mirando detrás de ella a un nervioso Edward.
—Mi abuela las colgó. Las consiguió de tu mamá y de la mía. Creo que ella quería recordarme con quién pertenezco, incluso aunque tú no estabas aquí conmigo.
Bella miró de portarretrato a portarretrato, sonriendo ante algunos y estremeciéndose ante otros. Cómo Edward podía haberla amado a través de sus etapas torpes, ella no entendía, pero estaba agradecida. Finalmente, una de las últimas fotos que vio era de la Navidad de hacía dos años. Ella y Edward estaban sentados en el piano en la casa de los padres de él y él estaba tocando algo para ella. La mirada en su rostro mientras lo miraba a él era clara como el día para ella. ¿De verdad Edward nunca se había dado cuenta?
—¿Esta foto, justo aquí? —dijo ella, apuntándola—. Te amaba aquí. ¿Lo puedes ver? No hacía muy buen trabajo ocultándolo.
Edward se rio.
—¿Cómo podrías haberme amado en ese momento? Tenías una cita esa noche.
—Era estúpida —dijo ella con una sonrisa—. ¿Me perdonas?
Los labios de Edward se alzaron en una sonrisa mientras negaba con la cabeza.
—No hay nada que perdonar.
La observó mientras se alejaba de las fotos y daba unos pasos hacia el árbol de Navidad que él había armado para la abuela Masen. Bella tocó uno de los adornos, frotando los dedos sobre los bordes acanalados y mirándolo más de cerca.
—No me pediste que me quedara. Solo me dejaste ir. ¿Por qué? ¿Por qué no me pediste que me quedara? —preguntó ella, su voz temblando.
—No podía, no podía quitarte eso, Bell. Me habrías resentido por hacerte renunciar a tus sueños. No podía ser ese chico para ti.
—Quería que lo hicieras. Quería eso mucho, que solo me sostuvieras durante ese último abrazo y no me dejaras ir. Quería que me lo pidieras, porque lo habría hecho. Me habría quedado contigo, por ti.
Los ojos de ella encontraron los suyos y él pudo ver las nuevas lágrimas brillando en ellos.
—Bella, parecías tan feliz y aunque me mató verte partir, no era mi lugar detenerte. Era demasiado tarde. —Edward se acercó más a ella, dejando a su mano estirarse y agarrar su codo, jalándola hacia él.
—Cuando me fui, ni siquiera pude mirar hacia atrás a ti. Sabía que si lo hacía, si veía tu cara solo una vez más, me habría dado vuelta y te habría dicho todo. Pero creí que no me querías. Todo este tiempo, creí que no me querías. Me mantuve alejada porque me lastimaba mucho verte y hablar contigo, saber que estabas bien sin mí.
—Pero no estaba bien, Bella...
—Lo sé ahora —susurró ella—. Hemos perdido demasiado tiempo, Edward. Si solo te lo hubiera dicho antes, podríamos haber estado juntos por el pasado año, podríamos haber sido felices, pero fui tan estúpida.
Las lágrimas rodaban por sus mejillas cuando él la jaló hacia sus brazos.
—No digas eso. Al menos ahora lo sabemos, lo sabemos con seguridad. Yo no puedo estar sin ti y tú no puedes estar sin mí.
Bella asintió mientras alzaba la mirada hacia los ojos de él.
—Así es.
—Quédate. Quédate conmigo —murmuró Edward contra su frente.
—Ya soy tuya. Tienes que conservarme, no puedes devolverme.
Él con cuidado le desenvolvió la bufanda, después le desprendió el abrigo, deslizándoselo por los hombros y tirándolo hacia el sofá detrás de ella.
—Nunca te dejaré ir de nuevo. No sin mí.
Mientras la besaba cariñosamente, tratando de creer todas las cosas que ella había dicho hasta ahora, su duda voló por la ventana y la hizo retroceder hacia las escaleras.
—¿Quieres pasar la noche conmigo? —susurró él.
Los labios de Bella sonrieron contra los de él.
—Tómame.
Y él lo hizo.
~*~O~*~
