CAPITULO 12: CULPA INMERECIDA

ROSE POV

Había ya llegado la tarde, casi la noche y habíamos pasado el primer día sin nuestros padres relativamente en calma. El cielo estuvo oscuro todo el bendito día debido a la lluvia. Me encontraba terriblemente aburrida sentada en la sala buscando algún programa, película, serie o caricatura que fuera de mi agrado pero nada llamó mi atención.

Decidí dejar el canal en donde estaba pasando una película de amor, según los anuncios, se llamaba. Jamás la había visto, y casi no le prestaba mucha atención. No había comido en todo el día debido a las enormes nauseas que sentía debido a la borrachera de ayer. Así que a aquellas alturas de la tarde, mi estomago ya exigía alimento. Decidí comer algo no muy pesado y me dirigí a la cocina en busca de un poco de fruta.

Lo único que encontré en el refrigerador fue papaya y sandía. Corté aquellas frutas en pequeños trocitos y los deposité en un plato. Cuando llegué de nueva cuenta a la sala, encontré a Emmet en el sillón. Trabé los ojos mientras me acercaba.

Ambos hicimos como si no estuviéramos presentes. Aunque por mi parte, no dejaba de verlo de reojo. La película transcurrió sin que dijéramos alguna palabra. No sé que resultaba más molesto, si pelear con Emmet todo el tiempo, o no hacerlo. Realmente, la única parte en la que la película me resultó embarazosamente interesante fue la escena del sexo. Mis mejillas se enrojecieron cuando, inconscientemente y sin poderlo evitar, mis ojos se dirigieron hacia Emmet justo en el momento en que la pareja enamorada gemía de placer.

"¿Se te antojó?" – preguntó descaradamente (para vergüenza mía) señalando la tele con su cabezota

"Seguramente a ti si" – traté de defenderme, aunque mis palabras salieron con un susurro a causa del bochorno

"A mi sí" – admitió despreocupadamente

"Ah" –

"Has de estar muy desesperado" – recalqué cuando la pena había pasado

"¿Tú lo estas?" – inquirió

"Tal vez" – contesté

"Tal vez yo pueda quitarte esa desesperación" – la sangre subió de nuevo a mis mejillas. Pero no le iba a dar el gusto de verme por vencida

"Lo dudo mucho, de verdad" –

"¿Quieres comprobar?" – retó alzando una ceja. Alcé mi quijada levemente en gesto de valentía

"Cuando gustes" – le dije

"Ahora" – propuso y mis ojos se abrieron un poco más por lo pronto y serio que se estaba tomando la situación

No permitas que te cohíba, Rose.

"Ahora" – acordé levantándome del asiento – "aunque… si no logras si quiera que me "emocione" un poco, ¿Qué ganare yo?"

"¿Qué te parece si el perdedor sirve de esclavo al otro durante un mes?" –

"Que sean dos" – dije

"Dos" – acordó sonriente. Se levantó del sillón mirándome fijamente a los ojos. El corazón se me aceleró pero controlé mi expresión lo mejor que pude –"¿Vamos?" – preguntó con voz segura

Lo seguí hacia arriba. Ambos íbamos vigilando si alguno de nuestros hermanos, Doña Choni o Don Pancho, estaban por ahí. Edward había salido; Jasper, hasta donde sabía, estaba encerrado en su recamara al igual que Alice y Bella…

Emmet se detuvo en el umbral de la puerta de su recamara

"Lo siento, Emmet" – la voz era de Alice – "¿Te importa si juego un rato con tus videojuegos?"

"No" – contestó el aludido. Cerró la puerta y se voltio para verme – "¿En tu recamara?" – preguntó alzando una ceja

"¡Ni loca!" – contesté en un susurró – "¡Alguien de mis hermanas podría llegar!"

"¿Entonces dónde? ¿No estarás poniendo pretextos para cancelar la apuesta, o si?"

Lo pensé durante varios segundos. Mirando las puertas que teníamos frente a nosotros. Solo había un cuarto vacío que no era el mío: el de Edward. Tomé de la mano a Emmet y lo arrastré hacia ahí. Giré la perilla: estaba abierto. Me giré para preguntarle con la mirada a Emmet si la idea le parecía y como respuesta tuve a sus manos alrededor de mi cintura internándome en la habitación.

Aquel contacto físico me previno que la derrota iba a ser mía. Pero no lo quise aceptar en aquel momento. El cuarto estaba oscuro, no prendimos ninguna luz. Era la primera vez que entraba a algún cuarto de alguno de los Cullen

Emmet me arrinconó contra la pared y mi corazón empezó a latir cuando sus labios empezaron a jugar con los míos. El beso era lento, delicioso. Cerré mis ojos al instante, dejándome llevar. Su mano se posó en mi cintura y pegó mi cuerpo un poco al suyo mientras el beso subía de tono.

Sus labios ahora eran insistentes, como aquella noche. Se movían dando pequeños mordiscos a los míos, la otra mano se posicionó en mi espalda. Me separó de la pared y caminamos lentamente, entre besos, hacia el centro de la habitación. En aquel momento, en el que supe que era la cama lo que estábamos buscando, recordé que tenía una apuesta que ganar. Un pequeño e inocente roce de sus manos en mi estomago me estremeció haciéndome olvidar todo.

Seguíamos caminando sin encontrar nuestro objetivo cuando la espalda de Emmet chocó con algo que se vino abajo con el contacto. El sonido fue escandaloso y nos quedamos estáticos, atentos para saber a si alguien lo había escuchado. La inspiración y la pasión se esfumaron con el susto que nos habíamos llevado. Emmet corrió a encender la luz y en cuanto vio lo que se había caído se llevó las dos manos hacia el cabello, totalmente aterrorizado

"¡No!" – exclamó con los ojos muy abiertos

"¡¿Qué?!" – quise saber igual de nerviosa

"¡Los discos de Edward! ¡Nos va a matar si sabe que fuimos nosotros!"

Emmet tenía razón. En varias pláticas Edward había mencionado que una de las cosas que más adoraba era su gran colección de discos, todos originales. Mi seductor y yo contemplamos varios segundos, aterrorizados, los discos esparcidos por todo el suelo, algunos con la tapa rota y otros fuera de sus correspondientes cajitas.

"No tiene que saber que fuimos nosotros" – dije

"Claro que no" – acordó Emmet – "salgamos de acá antes de que venga o alguien nos mire. Me tomó de la mano y me jaló hacia la puerta."

Emmet y yo salimos vigilando que cada paso estuviera libre de cualquier espectador. Al parecer nadie había notado el incidente. En cuanto llegamos a la sala nos tumbamos en el sillón y cuando nuestras miradas se unieron nos reímos con mucha pena

"Creo que la apuesta si fue suspendida" – dijo. El brillo de su mirada me atrapó por varios segundos

"Tienes suerte, estabas a punto de perder" – mentí sonriéndole

Emmet se acercó lentamente hacia mí. Su boca iba en busca de la mía

"Buenas noches" – saludó Edward provocando que nos separáramos de un brinco

"Buenas noches" – saludamos Emmet y yo al unísono. Demasiados nerviosos e incapaces de verle a la cara.

Edward se veía cansado.

"¿Qué tal tu paseo?" – quise saber para aparentar normalidad

"Me agarró un dolor horrible de cabeza" – contestó con desgana – "me voy a descansar. Nos vemos mañana"

Emmet y yo contemplamos como el chico subía las escaleras

"Espero se le quite el dolor de cabeza antes de llegar a su recamara" – comentó Emmet con voz nerviosa…

EDWARD POV

Subí las escaleras casi a rastras. La discusión con Bella me había exasperado de tal manera que se me habían alterado los nervios y decidí dar una vuelta. Pero tal parecía que el trafico de Port Angeles había empeorado mi estado de humor.

Abrí la puerta de mi cuarto de golpe. Sin encender la luz, me dirigí hacia mi cama. Lo único que quería era dormir. Mis pies pisaron algo que emitió un violento crujido. Extrañado, me agaché para cerciorarme de qué se trataba. Era un disco. Conforme fui palpando el suelo, iba encontrando más y más. Aterrorizado me lancé hacia la pared para encender la luz y vi una de las más grandes tragedias que podría existir para mí.

Toda mi colección se discos se encontraba esparcida por el suelo. Me quedé mirándolo por varios segundos mientras la furia me invadía y el nombre de solo una persona capaz de hacerme tal cosa inundaba mi mente: Bella Swan. ¿Quién si no ella? ELLA había escuchado todas las veces en las que yo había alabado a mi colección de discos y lo mucho que la cuidaba y amaba. Sabía que era una buena venganza por haberla ignorado y haberla casi obligado a que me pidiera disculpas… Ella era la única posible culpable

Salí de mi cuarto con los ojos flameando por el enojo. No lo pensé dos veces. Esto me lo iba a pagar y caro, aún no sabía cómo.

Tuve suerte de que su puerta no estuviera cerrada con seguro. Aunque una cosa así no me hubiera impedido entrar, estaba dispuesto a derrumbar la puerta a patadas si era necesario.

Aventé la puerta para entrar al cuarto antes de que ella pudiera sacarme…

BELLA POV

Me encontraba totalmente concentrada leyendo "Gothika" acostada en mi cama. La lectura me tenía completamente absorta del exterior así que pegué un salto enorme cuando la puerta de mi cuarto se abrió violentamente

"¡¿Qué rayos…?!" - comencé a decir

"¡TU!" – el rostro de Edward me asustó. Parecía realmente enojado – "¡Contigo tengo que hablar!" – exclamó mientras cerraba la puerta y le ponía seguro

"¿Qué quieres?" – pregunté levantándome de la cama – "¿Por qué entras así en mi recamara?"

"¡¿Cómo te atreves a atentar contra mis discos, loca?!" –

Mis ojos se abrieron ante tal absurda acusación

"¿De qué hablas?" – inquirí

"¡No te hagas la mensa! ¡Sé que fuiste tú!" – "mensa" eso ya era pasarse de la raya.

"¡Ey! ¡Tranquilo y cuidado en como me hablas, Edward Cullen!" – advertí pero no pareció importarle. Su ardiente mirada recorrió todo mi cuarto y se fijo en un punto específico: el mueble en donde se encontraba mi colección de libros.

"Edward, ¿Qué te pasa? Estas como loco" – acusé. Su mirada se posó en mí, después en mis libros y después otra vez en mí. Un brillo maquiavélico recorrió sus pupilas y comprendí al instante lo que se proponía mientras se dirigía hacia mis tesoros

"Edward… no te atrevas" – susurré a causa de la tensión. Pareció no escucharme y siguió caminando. Lo jalé de la camisa y lo encaré ahora si muy enojada – "¡No te atrevas!" – repetí con voz firme

"¡Tú te atreviste! ¡¿Por qué yo no?!" –

"Edward, basta. Yo no tuve nada que ver con lo que le paso a tus discos" –

"¡¿Ah no?! ¡Mentirosa!"

"¡No te estoy mintiendo! ¡Sal de mi cuarto!" – ordené mientras corría hacia mis libros, protegiéndolos.

"No, Bella. Esto no se va a quedar así" – siguió caminando hacia mi dirección. Lo intenté intimidar con la mirada pero no lo logré. Cuando la desesperación me invadió al ver que realmente estaba dispuesto a poner sus manos sobre mis libros, me le aventé con todas las fuerzas.

El impacto provocó que nos cayéramos al suelo en donde empezamos a forcejear

"¡No voy a permitir que le pongas un solo dedo a mis libros!" – exclamé luchando por mantener su cuerpo debajo del mío

"¡Pero tú si puedes tirar mis discos!" – acusó mientras me hacía girar. Ahora él estaba sobre mí

"¡Basta, Edward! ¡Deja de comportarte como un niño!" – pedí ya con muy pocas fuerzas en mis brazos

"¡Tú comenzaste! ¡Así que te aguantas!" – mis brazos se rindieron ante su fuerza y se dejaron caer, provocando que el cuerpo de Edward cayera totalmente sobre mí.

El tema de discusión se me olvidó al tener, por segunda vez en el día, su rostro cerca del mío. Pero en esta ocasión tardé menos en reaccionar. Intenté moverme para poder levantarnos pero su mano se posó en mi hombro, obligando a mi cuerpo a regresar a su posición anterior. La intensidad de sus ojos esmeralda me hipnotizó de tal forma que no fui capaz de protestar. Mi respiración se fue volviendo difícil conforme sus ojos contemplaban los míos y su rostro se acercaba lentamente. Me sentí cada vez más débil conforme más ceca tenía su aliento. Lo único que fui capaz de hacer fue cerrar mis ojos cuando tuve sus labios presionados con los míos.

Aspiré su aliento en el momento en que mi boca se abrió para poder saborear más de su sabor. Su mano se posicionó en mi mejilla, mientras sus labios se abrían paso, lentamente. Mi respiración se hizo profunda y mi mano se movió de forma inconciente hacia sus cabellos.

Sabía que esto estaba más que mal. Hacía pocas horas les había dicho a mis hermanas que la relación con los Cullen no podía, ni debía, pasar de una amistad. Y yo ni a amistad llegaba con Edward, y lo estaba besando, sintiendo lo que nunca jamás imaginé sentir por alguien…

Para ya, Bella. Indicaba mi mente pero mi cuerpo no correspondía ante semejante mandato. Al contrario, mi boca seguía explorando la suya con suavidad…

"Bella" – llamó una voz al otro lado de la puerta. Mis cinco sentidos estaban demasiado concentrados en el hombre a quien besaba que no identifiqué la voz y la olvidé de inmediato

"Bella, ¿Estas ahí?" – volvieron a llamar – "Tu mamá y el doctor Carlisle están en la línea" - aquello hizo que Edward y yo nos separáramos."

Nuestras miradas se encontraron, brillantes y a la vez temerosas. Sabíamos que habíamos hecho algo que no estaba en nuestros planes y que era ilógico ante nuestra relación. Se levantó, (ayudándome para hacer lo mismo) lentamente, sin despegar su mirada de la mía.

"¡Bella, ¿Te encuentras bien?!" – la voz de doña Choni sonaba alarmada+

"Si" – contesté sin dejar de ver a Edward – "en seguida bajo"

"Tus hermanos ya están abajo" – anunció – "¿Has visto a Edward? no lo encuentro"

"Ehh… No. No lo he visto" – mentí. Sabía que a doña Choni le daría un paro cardiaco al ver que Edward estaba conmigo y que por ello no le había logrado contestar a la primera

"Tal vez salió" – dijo – "No tardes cariño."

Edward y yo seguimos sin decir palabra alguna en mi habitación hasta que los pasos de doña Choni desaparecieron.

"Creo que ya no esta cerca" – anuncié susurrando

Edward caminó lentamente hacia la puerta y asomó levemente su cabeza para ver cerciorarse.

"Está vacío" – anunció quedamente. Asentí mientras me dirigía hacia la puerta. Su mano atrapó mi brazo y me hizo retroceder

"Todavía no he olvidado lo de mis discos" –

"Yo no tuve nada que ver" – le dije mientras me escabullía de su mirada…

HOLA ^^

SE CUIDAN Y ESPERO SUS COMENTARIOS ^^

¡HASTA LUEGO!