Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to beegurl13. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de beegurl13, solo nos adjudicamos la traducción.
The Christmas Present
By: beegurl13
Traducción: Yanina Barboza
Beta: Flor Carrizo
Capítulo 5
~*~O~*~
La habitación de Edward estaba oscura y cálida. Bella había estado en ella muchas veces antes. En realidad ella lo había ayudado a decorarla cuando él se mudó a la casa. Él siempre se había preguntado por qué ella había elegido un cabecero de metal tan decorado. Él claramente carecía de cualquier tipo de gen de diseño de interiores, pero Bella había insistido. Él nunca había tenido a otra mujer en su cama, al menos no en la cama en la que él y Bella en este momento se estaban liando. Cuando la mano de ella se estiró y agarró una de las barras de metal en el cabecero, él dijo una oración silenciosa de agradecimiento por dejarla salirse con la suya cuando se trató de esa particular pieza de amueblamiento de dormitorio. La forma en que sus dedos se envolvían alrededor del duro acero y los músculos en su antebrazo se flexionaban, le recordaban a dedos envolviéndose alrededor de otras cosas duras y eso lo hacía desearla mucho más.
Sus labios nunca dejaron los de ella, sus manos vagaron arriba y abajo por su cuerpo mientras ella se aferraba a él. Sus piernas estaban enredadas juntas y él empujaba sus caderas contra las de ella una y otra vez. Estuvo agradecido cuando la necesidad de ella pareció igualar la suya y pronto él estaba desabotonándole la blusa y separando los dos lados. La había visto en sostén varias veces, la mayoría de ellas por accidente, pero nunca había estado lo suficientemente cerca como para ver la piel de gallina que se formó en su cuerpo cuando él se apartó para mirar a sus pechos cubiertos de encaje.
—Bell… —susurró él, observando su pecho subir y bajar mientras su corazón continuaba palpitando—. ¿Estás segura? ¿De verdad quieres esto? Porque una vez que empecemos, no voy a ser capaz de parar. Nunca.
Ella asintió.
—Estoy segura, lo prometo, estoy muy segura.
Edward la miró de nuevo, sus ojos encontrándose.
—Si hacemos esto y cambias de opinión después, me matará. No seré capaz de superarte.
Bella podía ver la sinceridad en sus ojos y la profundidad de sus palabras hizo a su respiración atascarse en su garganta. Ella le había creído antes, cuando él dijo todas las cosas que había dicho en Acción de Gracias y cuando las había dicho otra vez afuera momentos antes, pero observando sus ojos, sintiendo cómo su corazón latía por ella, finalmente comprendió la seriedad de ellas. Ella finalmente sabía la verdad.
—Nunca cambiaré de opinión, jamás. También me mataría.
Su mano se movió hacia la cara de ella, suavemente acariciando con los dedos sobre su mejilla, su barbilla, por su cuello y a lo largo de su clavícula. Mientras sus ojos permanecían conectados con los de ella, sus manos se movían hacia abajo a su sostén, donde con cuidado desabrochó el cierre frontal y dejó al encaje azul descender de ella.
Sus besos pronto continuaron, comenzando en los labios de ella y rápidamente descendiendo a su cuello y pecho hacia sus senos, donde él lamió y besó y succionó mientras Bella le enredaba las manos profundamente en el cabello y se arqueaba ante su toque.
La ropa se quitó, poco a poco, y en lo que pareció como segundos, ambos estaban desnudos y estremeciéndose. No era por el frío, sino más por la excitación del momento, la intensidad de sus acciones, la fuerza de sus sentimientos. Cuando Bella comenzó a temblar, Edward rápidamente jaló la manta de debajo de ellos y con algo de torpeza se deslizaron en las sábanas, riéndose mientras lo hacían. No fue grácil ni delicado, pero eran ellos y estaban felices.
Los dedos de Edward encontraron su camino al centro de Bella, donde ella estaba mojada y deseosa de él y, después de sacar un preservativo de su mesita de noche, él se puso sobre ella, listo para sentirla de una forma que nunca antes lo había hecho. Bella pareció ponerse un poco rígida y Edward se preguntó si estaba teniendo dudas.
—No, solo ha pasado un tiempo desde que hice esto. Ve lento, ¿de acuerdo? —dijo ella.
Edward se detuvo.
—Pero, yo pensé...
—Nunca dormí con Jacob —dijo ella, negando con la cabeza—. Él quería y yo también pensé que lo hacía, pero nunca se sintió bien. No pude hacerlo. Probablemente por eso el terminó conmigo. Bueno, eso y él dijo que solía susurrar tu nombre cuando dormía.
Su revelación trajo una sonrisa a los labios de Edward y soltó una pequeña risa.
—¿Oh, sí? Eso es bueno. No me gusta ese tipo.
Bella sonrió, jalando la cara de Edward hacia la suya para un beso.
—A mí tampoco —dijo ella—. ¿Qué hay de ti? ¿Ha pasado un tiempo? Quiero decir, ¿qué estoy haciendo aquí?
Su burlona amistad parecía estar progresando hacia su intimidad y a Edward le gustaba. Él nunca antes había experimentado eso con las pocas mujeres con las que había tenido sexo. No se sentía ni de cerca tan nervioso o autoconsciente como generalmente lo hacía, y sabía que era porque lo que compartía con Bella era correcto, verdadero y duradero.
—Han pasado un par de años —dijo él—. ¿Recuerdas esa chica, la rubia con todos los gatos? —preguntó. Bella se rió mientras asentía—. Sí, una vez con ella y eso fue suficiente.
Sus risas llenaron la habitación y, después de unos momentos, Edward se detuvo, besando a Bella una vez más antes de perder la sonrisa y poner la cabeza de su pene en su entrada.
—No más charla sobre alguien más, ¿de acuerdo? Esto es solo nosotros, de ahora en adelante, para siempre.
Y se empujó dentro de ella, haciendo a ambos jadear por la intensidad de la conexión. Mientras él empujaba y se retiraba, ella lo encontraba embestida tras embestida, sus dedos enterrándose en su espalda cuando lo jalaba más cerca de ella. No duró mucho, con ambos tan completamente perdidos en el momento, pero mientras la noche pasaba permanecieron conectados de alguna u otra forma, con ninguno de ellos durmiendo mucho.
El amanecer llegó pronto, pero no se levantaron de la cama. No estaban apresurados por estar separados y no fue hasta que el estómago de Bella gruñó lo suficientemente fuerte para que Edward lo escuchara por encima de sus gemidos de placer mientras ella lo montaba, que finalmente decidió que necesitaba alimentarla. Él usó sus dedos en su clítoris mientras ella se movía de un lado para otro y pronto ambos estaban cayendo en el éxtasis mientras llegaban al orgasmo juntos. La jaló hacia la ducha con él, negándose a dejarla fuera de su vista. Prometiéndole recoger sus maletas del auto después de desayunar, él le dio una camiseta suya para que usara, junto con un par de pantalones cortos que ella había dejado en la casa en una ocasión anterior. De la mano bajaron las escaleras y entraron a la cocina, solo para detenerse de repente debido a la vista ante ellos.
La abuela Masen parada en el medio de la habitación rodeada por lo que debían haber sido las sobras del desayuno que ella había preparado en la casa de los padres de Edward. Sonrió cuando alzó la mirada y vio a su nieto, y después se volvió incluso más brillante cuando vio a Bella parada al lado de él.
—¡Bella! —gritó en voz alta, prácticamente empujando a Edward del camino así podía abrazar a la dulce chica de la que su nieto siempre había estado tan enamorado—. Estoy tan contenta de que estés aquí. Estás en casa para quedarte, ¿verdad? —preguntó, esperando lo mejor.
—Sí, estoy aquí para siempre —dijo Bella en voz baja, alzando la mirada para ver la sonriente cara de Edward como si estuviera recordando una vez más todas las cosas que se habían prometido mutuamente anoche.
—¿Y supongo que las cosas están bien entre ustedes? Ya que claramente pasaste la noche y estás agarrando la mano de mi nieto y todo.
Edward se rió.
—Sí, abuela, puedes dejar de presionar. Las cosas están bien.
Sus ojos brillaron solo un poco ante sus palabras y, cuando ella retrocedió para mirar a los dos tortolitos, aspiró una rápida respiración.
—Así que, ¿voy a tener un bisnieto en algún momento pronto?
Edward continuó riéndose mientras Bella se congelaba, no segura de qué decir o hacer.
—Danos un poco de tiempo, abuela. Tenemos algunas otras cosas que resolver primero.
—¿Quieres decir, como una boda? —preguntó ella y observó como Bella se sonrojaba.
—Uh... bueno... —tartamudeó Edward, su risa se había apagado por el momento—. Quiero decir...
La abuela Masen sonrió, rápidamente saliendo de la habitación y dejándolos solos unos momentos.
—Tu abuela siempre es muy divertida —dijo Bella con cautela. Mientras ella no se oponía a casarse con Edward, y en realidad esperaba y planeaba hacerlo algún día, se preguntaba lo que sus familias pensarían si pasaba tan pronto después de su regreso.
—Sí, definitivamente tiene sus propias opiniones sobre las cosas, eso es seguro —dijo él, justo cuando una pregunta le cruzó la mente—. Bella, ¿por qué te tomó tanto tiempo venir aquí? Nunca te pregunté anoche.
Bella se apoyó en su pecho mientras su brazo se envolvía con fuerza alrededor de su cintura.
—Tenía que dar mis dos semanas de aviso. Como que... renuncié a mi trabajo y empaqué tanto como podía en mi auto. El resto lo puse en cajas y lo mandé a la casa de mis padres. No voy a regresar.
Edward soltó un suspiro de alivio mientras sus labios colocaban un suave beso en su cabeza.
—¿Estás segura? —preguntó él, necesitando la confirmación una vez más.
—Estoy segura —dijo ella, alejándose solo lo suficiente para alzar la mirada y encontrar sus ojos—. Me quedo aquí contigo.
Él sonrió y alzó las manos hacia la cara de ella, acariciando sus dedos sobre su mandíbula.
—¿Qué si hubiera dicho que no? ¿Qué si hubiera cambiado de opinión? —preguntó él con una sonrisita en su rostro.
—Todavía me habría quedado. Te habría convencido con el tiempo —bromeó ella—. Habría seguido disculpándome una y otra vez, y tarde o temprano te habrías rendido a mí. Nunca me habría dado por vencida, te habría esperado para siempre.
Edward frotó suavemente su nariz contra la de ella, haciendo que su sonrisa creciera aún más.
—Nunca habría sido capaz de decirte que no, Bell.
—Estaba pensando en todos los lugares en los que podría solicitar trabajo mientras conducía aquí ayer —le dijo ella—. Hay un montón de opciones que nunca antes había considerado.
Edward no quería que ella renunciara a todos los estudios y la formación que había tenido, no por él. Sabía cuán feliz la hacía ayudar a la gente, hacer una diferencia. Su sonrisa brilló cuando se dio cuenta de que no estaba renunciando a todo por estar con él, no estaba renunciando a sus sueños. Todavía podía tenerlos y estar con él, y en el proceso podían hacer nuevos sueños para ellos.
Él se inclinó para besarle los labios justo cuando su abuela regresó a la habitación.
—Aquí tienes —dijo ella, agarrando la mano de Edward y colocando una pequeña caja en ella—. ¿Por qué no le das a Bella su regalo de Navidad ahora? —preguntó, guiñándole un ojo.
—¿Qué? Abuela, no...
—Tonterías, muchacho. Esto es de ella, así que dáselo. Soy una vieja, apúrate, ahora.
Él se rió.
—Abuela, estás lejos de ser una vieja.
—¡Cállate! —dijo ella mientras le pegaba en el hombro—. Hazle caso a tus mayores y todo eso. Siempre tan terco, justo como tu abuelo.
Edward miró a Bella, esperando ver alguna señal de que lo que estaba a punto de suceder estaba bien con ella. Las comisuras de sus labios subieron solo un poco mientras lo miraba cariñosamente, y él supo sin ninguna duda que eso estaba bien. Abriendo la pequeña caja, él vio el anillo de boda de su abuela ahí, apoyado cuidadosamente en la caja de terciopelo negro arrugado.
—Abuela, ¿estás segura? Este es el anillo que te dio el abuelo —preguntó él.
—Estoy segura. No hay nadie más en este mundo que él y yo querríamos que use este anillo. Nada podría hacerme más feliz que verlo en el dedo de Bella.
Edward tomó el anillo de la caja y, después de dejar salir una profunda respiración, lentamente se dejó caer sobre una rodilla. Mirándola a ella, mientras estaba parada en su cocina, usando su camiseta y sin maquillaje, con sus brillantes ojos verdes casi resplandeciendo con alegría, él habló.
—Bella Swan, te he amado toda mi vida, tanto como puedo recordar. ¿Te casarás conmigo?
Bella sonrió y asintió rápidamente.
—Sí.
Y Edward deslizó el anillo en su dedo, ambos sabiendo que era donde se quedaría por el resto de su vida. Él se levantó y le besó los labios suavemente, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y jalándola más cerca. Fue en ese momento cuando la sonrisa de Bella se desvaneció y miró a su nuevo prometido con horror.
—No te di nada —dijo ella con tristeza.
Edward se rió.
—Me diste a ti. Ese es el único regalo de Navidad que alguna vez podría haber querido, tú regresando a casa, a mí, y quedándote.
Ella le sonrió felizmente, sus ojos humedeciéndose por las lágrimas que estaban rápidamente acumulándose ahí.
—Supongo que no tiene sentido luchar contra el destino, ¿eh?
Él asintió.
—Nos hemos conocido por años y tú eres la única que siempre he querido —susurró él mientras se inclinaba para besarla de nuevo.
Fue entonces cuando escucharon un chillido emocionado desde la sala.
—¡Esme! ¡Vamos a tener una boda! —gritó la abuela Masen en el teléfono—. ¡Y bebés, Esme! ¡Van a haber bebés! ¡Muchos bebés! —le dijo emocionada a su madre mientras Edward se reía y continuaba besando a su Bella, su único amor verdadero... el único regalo de Navidad que había deseado ese año.
~*~O~*~
Y así hemos llegado al final de esta historia… ¿Qué les ha parecido? ¿Les ha gustado? ¿No es la abuela de Edward muy divertida?
¡Esperamos que hayan disfrutado de esta historia! Durante esta semana terminaremos con los otras dos historias navideñas y también con Mail Order Bride, así empezamos el 2017 con nuevos proyectos ;)
Y, como siempre al terminar, queremos agrader a la autora de esta historia, beegurl13, por permitirnos traducir su historia. Y a todas las traductora y betas que colaboraron para hacerlo posible. ¡GRACIAS!
¡No se olviden de dejar sus comentarios contándonos que les ha parecido la historia!
