CAPITULO 16: LA MELODÍA Y UN BESO

BELLA POV

¡Ja! ¡Lo que me faltaba!: que el niño bonito me culpara de todas las desgracias que le pasaban… ¡Que bien!

"Edward, por enésima vez: Yo – NO – Puse – ninguna – goma – de – mascar – en – la – ¡silla!" – casi grité. Era irritante el tener que cargar con culpas ajenas.

"Al menos deberías admitirlo y pedir una disculpa" – escupió con la mirada más acusadora que hubiera visto en toda mi vida. Un enorme deseo de pisarle los pies me ganó y no me pude contener.

"¡Aaaaay!" – exclamó al recibir la fuerza de mi pie sobre el suyo – "¡¿Por qué me pisas?! ¡¿Te has vuelto loca?! ¿¡Esa es tu manera de pedir disculpas?! ¡Que original eres!

"¡¿De qué quieres que me disculpe, carajo?!" – exclamé. Edward cerró sus ojos y suspiró profundamente mientras su rostro volvía a su palidez habitual (conforme el dolor y el enojo pasaban)

"Olvídalo" – dijo aun con los ojos cerrados y voz suave y ronca – "ya veo que contigo es imposible hablar…"

"¡Yo no fui!" – insistí pero Edward ya no discutió. Me dio la espalda y me dieron unas enormes ganas de darle un manotazo (solo Edward Cullen podría lograr que toda la agresividad posible en mi ser emergiera en menos de un minuto)

Si algo me molestaba era que me tomaran por loca y que me acusaran sin tener yo la mínima culpa… aún así no pude evitar bajar mi vista hacia su trasero… reí entre dientes al ver la enorme mancha que contrastaba terriblemente en la tela

"Hola, Edward" – saludó un hombre de cabello negro y largo… su aspecto era demasiado refinado

"Profesor Volturi" – saludó Edward con respeto evidente

"Tu debes ser Bella" – adivinó con una enorme sonrisa en mi dirección

"Así es" – afirmé

"Vamos, pasa" – invitó de manera muy alegre y amable. Obedecí sin protestar ¿Cómo negarse ante tanta cordialidad? – "Estarás muy orgullosa de tener por hermano a Edward" – comentó mientras se quitaba el saco y me daba la espalda. Trabé los ojos. Si supiera pensé. – "es mi alumno predilecto…"

Preferí no comentar al respecto. Por respeto al señor.

"Empecemos" – ordenó sonriente a Edward. Al instante, el muchacho tomó asiento frente al gran y lujoso piano. Suspiró y posicionó sus manos en el teclado. Mi mirada no podía ser más curiosa. Jamás había visto a Edward tocar aquel instrumento y estaba dispuesta a burlarme en cuanto se equivocara.

Pero las notas no llegaron. Ya estaba sospesando varias posibilidades de burlarme sin que el maestro se diera cuenta. Los ojos de Edward se dirigieron en mi dirección y yo aproveché para sonreírle de manera petulante. Puso los ojos en blanco

"Profesor Marco" – llamó – "¿Qué no se supone que la clase es individual y privada?" – lo miré con furia en los ojos. El celular del señor sonó en ese preciso momento, impidiéndole contestar a la despectiva pregunta de su alumno.

"Edward, lo siento, tengo que irme" – informó después de colgar

"No se preocupe" – calmó Edward

"Puedes quedarte a practicar" – ofreció

Edward asintió y tras despedirse, el maestro Volturi se retiró dejándonos a Edward y a mi, solos en aquella sala. Yo caminé hacia su dirección con la burla aún en los ojos y en los labios

"¿Por qué no vas a buscar a Alice, Bella?" – dijo Edward con tono tajante

"¿Me vas a decir que la inspiración no te llega con el publico?" – inquirí – "¿O es que la goma de mascar te dejo sin talento?" – sus ojos flamearon otra vez al mirarme. El verde esmeralda parecía brillar con una furia la cual me resultó demasiado divertida.

"No soy tu payaso, Bella" – dijo con voz contenida. Estaba claro que algo pasaba con Edward: estaba evitando a toda costa discutir conmigo (y la razón me preocupaba… ¿Y si al final de cuentas se había artado por completo de mi hasta el punto de ignorarme a más ya no poder? Nos quedamos largo rato en silencio y noté que su mirada se perdía en algo muy lejano.

¿Qué estaba pensando? ¿Qué habitaba en su mente? ¿Estaría pensando en lo mucho que le desagradaba? ¿En lo insoportable que podía llegar a ser para su persona…? Aquellas posibilidades dolían de manera turbadora…

"Lo siento" – me disculpé sin saber muy bien por qué. Bueno si: Quería verlo tocar (ahora más por curiosidad que por ganas de burlarme) y también quería remediar (si eso era posible) mi actitud tan desdeñosa para que así mi presencia no le irritara más de lo habitual – "¿Por qué no tocas algo?" – animé con un poco de indiferencia.

Edward suspiró. Su mirada inexpresiva se poso en mí para bajarla inmediatamente. Sus manos se posicionaron en las teclas y comenzó a deslizar los dedos lentamente fusionando los sonidos hasta crear una melodía tan pausada y melancólica que inmediatamente me trasladó a otro mundo.

La melodía siguió su curso, las notas cambiaban de manera perfecta y sutil. Algunas veces el sonido se tornaba aún más melancólico y tierno. Los sentimientos que me transferían sus dedos provocaron que me desconectara del mundo exterior y solo pudiera observar a Edward.

La música termino con un conjunto de notas demasiado impregnadas de tristes sentimientos. Miré como una gota de cristal se derramaba sobre la mejilla de Edward y fue como si una ráfaga de aire helado me atravesara todo el cuerpo.

En un movimiento automático e inconciente me acerqué a él y limpié la gota salada (paso lo mismo cuando lo vi llorando el día de la boda de mamá, solo que la necesidad de consolarlo se había multiplicado de manera extraordinaria)

-"Edward" – susurré – "¿Por qué lloras?" – no contestó. Su mirada seguía perdidamente puesta en el teclado del piano, (ahora silencioso). Parecía que no era conciente de mi presencia, ni de que ahora sus lagrimas caían en mayor cantidad.

El pecho me dolió. Lo atraje hacia mí mientras lo cubría con mis brazos. Tardó dos segundos en reaccionar. Pensé que me alejaría. Ocurrió lo contrario. Su cara se apretó fuertemente en mi hombro y sus brazos apretaron mi cuerpo.

Sentía sus lagrimas humedecer mi blusa mientras un nudo en la garganta me impedía tragar saliva. Llevé mi mano hacia la raíz de sus cabellos y los acaricié lentamente, el cuerpo de Edward temblaba levemente ante los sollozos y esas sacudidas, para, mi resultaron ser como descargas eléctricas muy dolorosas. Quería decirle que no estuviera triste. Quería decirle que ahí estaba yo. Quería que supiera que yo estaba dispuesta a todo por dejar de verlo sufrir… pero las palabras no salían.

Estuvimos varios minutos sin movernos. Yo no cesé de acariciar sus cabellos y él no dejo de apretar su rostro entre el hueco de mi cabeza y hombro. Parecía un niño. Un niño indefenso que busca cuidado y apoyo cuando se ha perdido… pero lo que yo sentía no era instinto maternal (no era lo mismo que sentía al ver a mis hermanas así) esto era algo más…

Que tan rápido cambiaban las cosas. Y que tan repentina e inesperadamente te sorprendían los sentimientos. Yo quería a Edward. Lo quería de manera irrevocable y descontrolada… no había duda. ¿Qué otra explicación se le puede dar cuando sientes que se te va la vida al ver sufrir a esa persona? ¿Cuándo esa persona invade tus pensamientos día y noche (aunque no lo quieras admitir)? ¿Cuándo sueñas con él y todos tus sentidos lo buscan exclusivamente? ¿Qué nombre darle a eso si no "amor"?...

Tras otros cortos minutos Edward se separó de mí. Sus verdes esmeraldas estaban cubiertas por una ventana cristalina. Su recta nariz ligeramente colorada. Contemple aquel rostro tan tierno, agobiante, doloroso y perfecto a la vez. Único. Mi mano se dirigió hacia su mejilla húmeda y la rozo suavemente ¿Qué más daba si me rechazaba? ¿Qué mas daba si hacia muy evidente mis sentimientos por él?

Su mano hizo lo mismo. Un mariposeo viajo por todo mi cuerpo ante su tacto. Tan cuidadoso, tan frágil, tan gentil… sus ojos miraron hacia el suelo, lucía avergonzado.

"Perdón por haberte obligado a soportar esto" – dijo con voz bajita.

"No te preocupes" – susurré – "Pero… me preocupa el que repentinamente hayas empezado a… a llorar ¿Se puede saber el por qué?"

"Recordé a mi madre" – contestó suavemente – "pasado mañana hace seis años de haber muerto…"

"La canción que tocabas…" –

"La compuse para ella" – completó. Sentí como sus ojos volvían a humedecerse y la voz se le trababa en la garganta. Sin pensarlo, de nuevo, tomé sus hombros entre mis manos y lo jalé hacia mí. Él respondió acomodando cabeza sobre mi pecho y dejando que mis brazos lo envolvieran.

"La extrañas mucho" – dije con voz entrecortada puesto que su dolor me dolía de tal manera que las lagrimas amenazaban con salir también de mis ojos.

"Demasiado" – confesó. Cerré mis ojos y recosté mi mejilla en sus cabellos. ¿Qué podía decirle? No encontré mejor consuelo que el silencio y dejar que se desahogara. Pasaron varios minutos más. Por un momento pensé que Edward se había quedado dormido ya que no se movía y su respiración era tan pausada y tranquila, que casi podía jurar que sus pulmones no estaban en movimiento. Me incliné levemente para comprobarlo. Tenía los ojos abiertos.

"Perdón" – se volvió a disculpar mientras se enderezaba y suspiró profundamente antes de ver su celular para verificar la hora – "ya es hora de irnos" – comentó mientras se ponía de pie y yo le imitaba.

"Iré a buscar a Alice" – anuncié mientras veía en su rostro como la tristeza seguía ahí, aunque de manera ya no tan agudizada. Me acerqué dos pasos hacia él – "Entiendo cuanto extrañas a tu madre, pero no estas solo, tienes a Carlisle, a tus hermanos, a Esme, a Alice, a Rose y… y… me tienes a mí…" – estaba completamente nerviosa por lo que acababa de decir. Sabía que no implicaba para él, otro significado que no fuera apoyo familiar, pero aún así, no pude evitar sentir que aquellas palabras habían salido con más sinceridad de la que yo pretendía.

Bajé la mirada, con las mejillas encendidas, y me dispuse a dejar aquella aula en ese mismo instante antes de que cometiera una estupidez.

"Espera" – pidió mientras su cuerpo me acorralaba entre él y el piano. Se posicionó tan cerca de mí que la respiración se me volvió difícil mientras el corazón bombeaba rítmicamente – "Gracias…" – susurró mirándome a los ojos. No pude hacer más que romper la unión de nuestras miradas para adquirir un poco de aire ya que amenazaba con hiperventilar

Asentí con manos y pies temblorosos e intenté caminar hacia la puerta. En ese momento, su mano jaló de mi brazo, de manera suave y delicada, regresándome a los pocos centímetros de los que me había movido. No supe más que sus labios ahora se encontraban presionados suavemente contra los míos, moviéndolos de manera pausada, y sus manos bajaban hacia mi cintura…

"¡Bella!" – la voz de Alice hizo que nos separamos con la respiración entrecortada – "¡Edward ¿Esta Bella contigo?"

"S… si" – contesté con el corazón latiéndome de manera preocupante – "Aquí estoy" – mi voz se cortó dos veces. Mi hermana entró por la puerta. Su rostro se veía radiante, me pregunté vagamente el por qué

"Es hora de irnos" – anunció

ROSE POV

"Así que tienes una cita con James" – dijo Emmet mientras cubría su cuerpo la puerta de salida

"Así es" – contesté de manera arrogante (en el fondo, estaba feliz de que se le viera molesto ante la expectativa) – "¿Algún problema?"

"No" – se apresuró a decir de manera muy despreocupada. Tal vez exagerando, y eso me molestó. ¿Por qué una parte de mí se sentía feliz de imaginar que él podría sentir celos?

"Entonces… ¿Podrías quitarte de la puerta?... Voy retrasada" – le informé y él, tras vacilar menos de un segundo, accedió.

"Que te diviertas" – dijo mientras pasaba a su lado.

"No tengas ni la menor duda de que así será" – contesté sin tomarme la molestia de mirarle…

Para ser sincera, la cita con James no me entusiasmaba ni un poco (¡Lo admito! Era algo planeado, por parte mía, para demostrarle a Emmet que cuando yo quisiera podría tener un novio)…

"¡Rose!" – exclamó el rubio chico de ojos color azul en cuanto me vio llegar en un taxi (me había negado rotundamente a que me fuera a traer a la casa) – "Me alegra que hayas venido" – dibujé la mejor sonrisa que pude en mis labios. El chico era simpático y muy bien parecido… además, su familia tenía dinero por lo que se podía apreciar. Era la clase de chico con el cual (hace tres meses) no hubiera dudado en andar. Más sin embargo, ahora, todo era diferente…

"Hola, James" – saludé mientras intentaba zafar mis manos de las suyas. El contacto físico con él me resultaba incomodo – "siento haber llegado tarde…"

"No te preocupes" – interrumpió. Su sonrisa era radiante. Muy linda… pero no como la de ese estupido animal que tenía por hermanastro… ¡Un momento! ¿Por qué tengo que estar comparando a Emmet con James?... – "Te esperaría todo el tiempo…"

"Linda camisa" – señalé apresuradamente para cambiar el rumbo de sus palabras. No estaba buscando ningún tipo de confesión – "¿Qué vamos hacer?"

"¡Lo que tu digas!" – mi yo interno estaba dándose de golpes… en realidad, ese había sido siempre mi problema con los chicos: siempre me complacían en todo y siempre era yo quien decidía, quien mandaba… y eso terminaba por aburrirme. Me sorprendió que ahora el aburrimiento llegara tan rápido (por lo general duraba hasta que habían gastado mucho dinero y tiempo en mí)

"¿Vamos a tomar un café?" – propuse

"¡Seguro!" – dijo de manera tan entusiasmada que me sentí mal.

Entramos en una cafetería muy bonita…y cara.

James era todo un caballero, de eso no me podía quejar. Me ofreció ayuda para sentarme, abrió y cerró la puerta para que yo pudiera pasar… en fin ¿Qué más podía pedir? Ordené un café y una rebanada de pastel de zarzamora Light… mi compañero encargó lo mismo, para apatía mía. Sinceramente, si algo no soportaba de un hombre es que esté fuera vanidoso (ya suficiente tenía conmigo como para andar soportando a alguien más)

Y el tiempo se me pasó terriblemente lento. No podía evitar mirar al reloj de mi celular a cada instante…

"Rosalie" – susurró en un momento dado de la conversación mientras tomaba mis manos – "bella Rosalie…" – no pude evitar hacer una mueca… vuelvo a repetir: esa noche NO buscaba ningún tipo de melosa declaración y tal parecía que James estaba más que dispuesto a dar una.

"James…" – intenté interrumpir pero el muchacho movió la cabeza lentamente de derecha a izquierda

"Déjame decirte lo que significas para mi" – pidió – "Déjame decirte lo que has inspirado desde el primer momento en que te vi pasar a trabes de aquella puerta… la puertas del cielo"

"Pero era solo la puerta del salón… y esta vieja y malgastada" – dije tratando de cortar la enorme inspiración que parecía haber nacido en el muchacho. Obviamente, no tuve éxito.

"Desde ese día te has convertido en mi diosa" – continuó ignorando mi comentario. Sus manos sostenían fuertes las mías y sus ojos brillantes ojos intentaban clavarse en los míos pero, (gracias al cielo), podía girar mi rostro hacia otro lado – "Eras una flor en medio del invierno… la poesía más hermosa que hayan escrito los mas grandes poetas… la sinfonía de mi corazón que te canta con cada suspiro… y cada suspiro es tuyo…"

Mis mejillas se sonrojaron, y no precisamente por sus palabras, si no por que su voz había subido de volumen y su tan dramática declaración llegaba hasta las mesas contiguas y las demás parejas habían fijado su atención en nosotros. James seguía emitiendo palabras empalagosas que ya ni siquiera escuchaba debido al enorme bochorno que sentía. Mi vista y mi atención solo viajaban hacia las personas que reían disimuladamente ante nuestro espectáculo…

Una figura alta y fornida captó mi atención. Estaba hasta el otro lado de la cafetería. A pesar de la distancia, y de que no podía verle el rostro, ya que lo tenía oculto detrás de la carta, casi podía jurar saber de quien se trataba.

"… ¡El cielo te daría… y mi alma también…!" – abrí los ojos con horror pues James estaba ya casi recitando una poesía y debido al tono de su voz, tal parecía, la pasión le había ganado.

"James" – llamé firmemente para parar la opera que había creado. Tuve suerte de que el chico me escuchara

"¿Si?" – preguntó con los ojos llenos de dulzura y brillo, y la voz extremadamente suave y amorosa. Realmente, aunque me esforcé, no pude contraer mi rostro en un gesto de arrogancia

"Voy al baño" – anuncié aun sin deshacer aquella mueca que en nada parecía afectar a mi enamorado

"Te esperaré" – dijo de manera dramática mientras extendía uno de sus brazos en mi dirección… (el chico seguramente veía muchas películas románticas). Salí casi corriendo y me dirigí hacia el baño…

Tardé más del tiempo necesario ya que estuve pensando en una excusa perfecta y creíble para irme… e irme sola. Cuando salí del baño mi mirada se dirigió de nuevo hacia aquel muchacho que había captado mi atención hacía pocos minutos. Noté que su rostro aún seguía oculto detrás del papel. Caminé en su dirección con cautela, (ya bastante vergüenza había pasado esta tarde como para confundir a un desconocido con él).

Para consuelo mío no estaba equivocada.

"Emmet" – dije sin poder ocultar el alivió de mi voz

"¡Rose!" – saludó con voz fingidamente sorprendida – "¡Que sorpresa, hermanita!... no me esperaba encontrarte por aquí" – sonreí de manera complacida al notar lo falsa que se escuchaban sus palabras

"¿Me has seguido?" – pregunté. La boca de Emmet se abrió y cerró un par de veces sin decir palabra alguna

"¿Seguirte?" – repitió con exagerada incredibilidad – "¿Por qué debería de seguirte?" – me mordí el labio inferior para dejar de sonreír mientras rodeaba una silla y me sentaba frente a él con las manos puestas sobre la mesa y apoyando mi barbilla en ellas.

"No lo sé" – dije clavando mis ojos en los suyos – "Dímelo tú"

"Tu… tu novio te esta esperando" – recordó desviando sus ojos de los míos. Suspiré frustrada. Había olvidado que venía con compañía. Este gesto pareció devolverle la seguridad – "¿Qué? ¿El güerito ya te aburrió?" – preguntó con aquella sonrisa burlona tan suya.

¿Qué responderle? Si admitía que sus palabras eran ciertas sería una gran y terrible humillación para mí…

"Por supuesto que no" – mentí – "¿Qué te hace pensar eso?"

"Tu cara" – respondió – "tu rostro es muy expresivo, Rose, no hay manera de que mientas"

"¿Entonces admites que me has estado vigilando todo este tiempo?" – pregunté en parte para cambiar la conversación, en parte por que quería que me dijera la verdad.

"No es necesario observarte más de dos segundos para saber lo que sientes" – repuso

"Pues entonces necesitas lentes" – me defendí al momento en que me paraba de la silla – "nos vemos en la casa, mi cita todavía no termina"

Pero bendito al cielo, terminó. Casi bese el suelo cuando James se disculpó por no poderme llevar ya que había olvidado pasar a traer a su madre a un centro comercial.

"Si gustas puedes ir conmigo" – ofreció – "Mi madre estará encantada de conocerte, le he platicado mucho de ti… y después te llevaremos a tu casa"

"Gracias James" – dije de manera gentil – "pero me tengo que ir ahora…"

"Lo siento tanto" – se disculpó por quintésima vez – "una hermosa dama como tu no debería…"

"James, se te hará aún más tarde para ir por tu madre" – interrumpí casi de manera desesperada.

El chico salió del café con la cabeza baja ya que al final me había negado a ser su novia. "luchare por tu amor" fue lo ultimo que dijo sin dejar de lado el dramatismo de su voz.

Ni bien salió, me dirigí hacia la mesa en donde estaba Emmet

"Ha tenido un problema y tuvo que irse" – me adelanté a explicarle antes de que comenzara a burlarse.

"¿Quieres que te preste dinero para que te puedas regresar en un taxi?" – preguntó de manera divertida. Intenté fulminarle con la mirada pero realmente me sentía demasiado feliz ante el hecho de estar con él. Por mucho que me costara admitirlo, Emmet era muchísima mejor compañía que James… y que los demás.

"El que se va a regresar en taxi es otro, si sigues con tus burlas" – amenacé.

Emmet se levantó de su mesa, pagó la cuenta de un café que había bebido y nos dirigimos hacia su carro. La cordialidad en él tenía un toque distinto. Tal vez se trataba de que estuviera acostumbrada a estar todo el tiempo pelando con él.

"Todavía es temprano" – comentó mientras miraba la carretera – "¿No te gustaría ir a algún otro lugar?" – una sensación indescriptible me invadió cuando escuche aquellas palabras ¿Emmet me estaba preguntando si quería salir con él?

"¿Hay algún lugar al que quieras ir tu? – pregunté tratando de ocultar mis emociones

"Quiero mostrarte un lugar" – dijo

"Pues vamos" – alenté…

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