Título: Lo que no se ve.
Prompt|Tabla: Pergamino|Gen
Lo que no se ve
Él lo sabía, de manera tan clara como podía ver a su objetivo en la multitud con la vista de águila, sencillamente había esperado que tomara más tiempo llegar hasta ahí.
—No —respondió con lentitud, volviendo a garabatear un par de cosas en el pergamino que tenía enfrente.
—No me interesa —replicó la mujer que estaba de pie, del otro lado del escritorio, con los brazos cruzados—. Yo sólo te comentaba lo que voy a hacer, no te estaba pidiendo permiso. —Altaïr dejó la pluma sobre la mesa y le miró con los ojos entrecerrados.
—No puedes hacer lo que te plazca cuando te plazca. —Volvió el hombre una vez más a sus deberes, aunque sentía que en cualquier momento se rompería la pluma de águila que tenía entre los dedos por la presión que ejercía sobre de ella.
Ella soltó un Ja enérgico a manera de respuesta.
—Sólo obsérvame —agregó a su exclamación. Esta vez, Altaïr le dirigió una mirada hostil.
—Olvidas tu lugar en este sitio, mujer —dijo con acritud el asesino, agarrando el pergamino y dejándolo a su lado izquierdo. Tenía que discutir con Hashim sobre las nuevas rondas de las guardias, además de ponerse de acuerdo con el jefe de la guardia externa para acomodar el remplazo de los guardias de tal manera que no chocaran los horarios.
—¿Y cuál es ese? —espetó Maria poniendo sus puños en la cintura—. No estoy bajo tu poder, asesino —recalcó la última palabra—, soy libre de hacer lo que quiera, no tengo que pedirte permiso.
—Eres la ayudante del maestro de combate a caballo —replicó con tranquilidad— tienes alumnos a los cuales atender, ¿o acaso piensas dejar tus responsabilidades de lado? —¿Por qué tenía la sensación de que Maria estaba tomando sus palabras como una especie de broma? Él lo decía en serio.
—¿Por cuánto tiempo? ¿Un mes? El hombre me detesta.
—No es cierto, Ha…
—No estás ahí —le cortó tajantemente mientras le apuntaba con el dedo índice—, así que no hables de lo que no sabes. No tienes nada con qué retenerme y lo sabes perfectamente. —Si María lo hubiera abofeteado le hubiese dolido menos, y eso que la inglesa tenía una mano extremadamente pesada.
Altaïr dejó de escribir sobre sus pergaminos. Maria recargó sus dos manos sobre el escritorio de madera, no le gustaba al asesino ver sus ojos grises tan fríos como el acero.
—¿Desde cuándo tengo que retenerte, Maria? —preguntó el moreno, entrelazando sus manos sobre el escritorio.
—Exacto, no puedes hacerlo. Y ya que los dos estamos de acuerdo en qué puedo ir a Acre, quisiera…
—No estoy de acuerdo —insistió Altaïr—. Es una locura, lo sabes perfectamente, ese lugar está lleno de templarios, ¡es la capital del reino! Un reino con un rey templario.
—¡Conrado no puede ser templario! —protestó María—. Tú también piensas que es una tontería. Es demasiado estúpido para serlo y Gilbert no lo permitiría, sabe que Robert se revolcaría en su tumba si lo permite. No, Conrado no es un templario, será el Rey, pero no un templario.
—Han puesto precio a tu cabeza, mujer y lo único que se te ocurre es ir a meterte en la boca del lobo, tú y yo sabemos que ese es el peor plan del que hemos escuchado. —Sólo de pensar que ella quería irse a meter con sus antiguos compañeros se le ponían los pelos de punta, si la agarraban… no quería volver a ver el cuerpo de mujer mancillado por bestias.
—Asesinaste a nueve hombres siendo considerado el enemigo público número uno, pero yo te veo vivo, un poco maltratado pero vivo.
El hombre puso los ojos en blanco.
—Soy un maestro asesino, fui entrenado para ello. Sabes usar la espada, pero no es lo mismo saber luchar a infiltrarte en el territorio del enemigo.
—¿Desde cuándo una simple mujer es más llamativa que un sujeto de blanco con espada en el cinto?
—¿Desde cuándo eres una simple mujer? —Maria abrió la boca para protestar, pero Altaïr se lo impidió—. No te comportas como una, miras directamente a los ojos, retas con la mirada —acentuó el moreno—, caminas demasiado erguida, con la barbilla arrogantemente en alto, tu postura corporal indica amenaza, el movimiento de tus manos es agresivo, no hablas como una mujer —a veces creía que Maria maldecía más que los novatos; Malik tenía la delicadeza de recordárselo constantemente—, no caminas como una mujer —era una guerrera, no una bailarina así que no debía tener gracia al moverse— y no vistes como una mujer —la última vez que alguien intentó ponerle un vestido a la inglesa, ella hizo una escena por la que Altaïr no quería volver a pasar—. Incluso sin que te enfrentaras a un templario, llamarías la atención. —Allah todopoderoso, el asesino sabía que estaba en lo cierto.
—Sé comportarme como una dama —bramó exasperada—, fui entrada para eso —se burló—, que no lo haga no quiere decir que no sepa cómo hacerlo. —Eso pinchó la curiosidad de Altaïr, no podía imaginar a Maria comportándose como una mujer de alcurnia, de esas que se abanicaban con parsimonia mientras chismorreaba sobre las amantes del Rey.
—Olvidas que una mujer no puede caminar por la calle sola, siempre tiene que tener un varón que la acompañe. —Contra eso ella no podía luchar, así eran las leyes.
—Bueno… viví como un soldado por mucho tiempo, podría volver a serlo, simplemente tengo que cortarme el cabello y ya está. Da igual que rete con la mirada, no me menee como un barco en alta mar o si hablo como se me dé la gana —sonrió triunfante la mujer.
A él le gustaba su cabello tal y como estaba, no quería que se lo cortara ni una línea(1).
—¿Y qué ganarás con ir a Acre? Además de ponerte en riesgo.
María sonrió como si Altaïr ya hubiera dado su aprobación al plan, así que se sentó en la silla que había delante del escritorio.
—Información desde luego, escucha, escucha. Sé que tienes tus informantes, está bien, pero yo conozco las redes de los templarios mejor de lo que tu orden jamás lo hará. Sabes que es cierto. —Encima de ir a meterse a la boca del lobo, ella quería jugar con el lobo, definitivamente estaba loca—. Mira, quizás dieron la orden de que me aprendieran, es decir, de que atraparan a la mujer Maria, pero puedo ir a Acre como un joven y los templarios reciben todo el tiempo a nuevos soldados, así que una cara nueva no será tan extraña por allá. Conozco los protocolos, quiénes están los puestos, las claves, los contactos… además, sólo unos pocos sabían que era una mujer, el temple no podía permitir que se conociera mi sexo porque eso sentaría antecedentes para otras mujeres y por otro lado, el código de los templarios no permite mujeres dentro de la orden. Somos la tentación —se burló—. Así que podría ir para enterarme de unas cuantas cosas…
—Agradezco tu interés por ayudarnos, pero me sigue pareciendo innecesario —le interrumpió—. Maria, escucha… ¡mujer vuélvete a sentar! Entiendo que tengas ganas de ayudarnos, te lo agradezco —lo dijo de corazón, en Chipre ella había dejado en claro que no quería volver a relacionarse con los templarios, pero eso en ningún momento significaba que les daría su ayuda incondicional a los asesinos. Quizás los conocimientos que ella tenía sobre los templarios pudieran ser bastos, pero no sería él quien se los sonsacara, aquello no era nada honorable—. Si te dejo ir a Acre… no estoy diciendo que necesites mi permiso, es sólo una forma de hablar, no me hagas esa cara. Si vas a Acre sólo te pondrás en peligro, tú los conoces también como yo, incluso mejor, saben que no llegaran a ti aquí en Masyaf, así que deben estar esperando a que salgas. Eres buena con la espada, pero no podrías hacerles frente si te tienden una emboscada.
—No conoces a Gilbert —replicó Maria—, no es de los que se amedrentan por todo un castillo lleno de asesinos.
—Ningún Maestro del Temple se ha acobardado por ello, de ser así ya habríamos ganado esta guerra —terció Altaïr.
—Lo que quiero decir es que intentará llegar a mí por todos los medios y a ti, Altaïr.
—Lo mismo que los otros, excepto porque ellos no tenían interés en matarte.
—¡Escúchame! —el golpe que dio sobre el escritorio retumbó en la habitación—. Cierra la boca por unos instantes y deja de tratarme como si estuviera loca. Conozco a Gilbert mucho mejor que tú y déjame decirte algo, él no es Robert, no esperará a que le des ocho cuerpos para unir fuerzas con Saladin, nunca quiso una alianza con Al Mualim y todo el Temple ha de haber aprendido la lección de no confiar en ningún asesino. No habrá tratos con nadie, no buscará la paz, buscará eliminar obstáculos para su meta a cualquier costo. La muerte de un hombre es preferible a la de miles, incluso si ese hombre es un campesino ignorante. Es un caballero, Altaïr, y uno que se aferra a los viejos votos. Protegen al inocente, las mujeres y los niños, sí, pero también sirven con rectitud y justicia. Gilbert está viendo en esto un acto de justicia, tú cabeza y mi cabeza a cambio de la muerte de Robert. Deshonré al Temple, rompí mis votos, me uní al enemigo. Tus crímenes a sus ojos son aún más deplorables.
«Él sabe que no puede entrar a Masyaf por la fuerza, pero encontrará la forma, no con el filo de una espada, sino por otros medios. Usará a los más débiles… una madre enferma que necesita mejores cuidados, una deuda muy grande que podría ser saldada, una hermana secuestrada.
—Eso es deshonroso.
—Es un medio para llegar a su objetivo. Si una madre está enferma, no es su culpa, Gilbert propone una solución, si alguien tiene una deuda, tampoco es asunto de Gilbert, él tiene una solución y si secuestran a alguien, esa persona no será lastimada físicamente, pero su retención en el Temple asegurará que a quien le importa haga su trabajo. Además, lo están haciendo para proteger a la población del peligro que representamos. En realidad, más que resguardar Masyaf yo en tu lugar protegería las casas de asesinos en las ciudades, él va a atacarlas para encontrar la manera de llegar a ti.
—Si las encuentra —añadió Altaïr.
—Si… así que, ¿tomaras el riesgo?
—No. Sin embargo, lo veo de esta forma, él quiere hacerte salir a toda costa —La mujer abrió la boca, pero el asesino se lo impidió—, sabe que no me quedaré de brazos cruzados si te atrapan Maria. —Ella se volvió a cruzar de brazos.
—Él sabía a quiénes tenía que enviar, esos niños. —La inglesa cerró los ojos y giró la cabeza a la izquierda—. Apenas si iban a ser nombrados escuderos ¿sabías? Cuando mataste a Majd Addin, uno de ellos acababa de recibir sus espuelas ¿Cómo pudieron creer que ya eran caballeros templarios?
—El poder envilece a muchos hombres o niños —le contestó Altaïr.
—Tengo… tenemos que encontrar la forma de detenerlo, no podemos dejar que llegue tan lejos, si él…
—Me pregunto ¿En qué he estado trabajando todo este tiempo?—dijo sarcásticamente el hombre. Maria bajó la mirada y se encogió de hombros apenada, él sabía el mensaje que le quería hacer llegar, pero tenía que hacerle ver, de alguna manera, que la paciencia era necesaria—. ¿A qué le tienes miedo, Maria?
La aludida se retorció las manos, se levantó de la silla con calma.
—Estaba pensando —dijo mientras merodeaba por los estantes, tocando con la punta de sus dedos el lomo de libros que se encontraban acomodados—. Yo…
La puerta se abrió abruptamente, dos hombres discutían acaloradamente.
—Conrado ha atacado uno de nuestros barcos mercantes, se ha quedado con las mercancías y ha asesinado a todos los hombres —dijo Malik extendiéndole una pequeña nota. Altaïr la tomó entre sus manos, leyó los últimos garabatos del capitán de Fátima. Hombres que portaban la bandera blanca con una franja roja en la parte superior, habían abordado el barco súbitamente, el blasón los identificaba indudablemente como los hombres de Conrado.
—¡Necesitamos hacer algo! —exclamó Sinan con ímpetu—. ¿O quieres esperar a ver qué más sucede? —acusó el erudito a Malik.
—No podemos permitirle creer que puede salir indemne de esto —añadió Faysal.
—Altaïr. —La mayoría clavó su mirada en el Maestro de la Orden, empero, A-Syaf a quien miraba era a la mujer que permanecía en silencio dándoles la espalda a los Dais.
—¿Qué opinas? —dijo el hombre detrás del escritorio.
Los hombres se giraron hacia la mano derecha del líder, esperando su respuesta, sin embargo, al ver que este permanecía en silencio, se percataron de que la pregunta no había sido para él. Sinan le prestó atención a lo que Malik observaba, una mueca de desagrado se presentó en su rostro. Los demás compartieron su incomodidad.
Maria acomodó el libro en el estante, pasó su vista vagamente por entre los que allí se congregaban antes de caminar hacia su interlocutor.
—La única cosa que Conrado quería en esta vida, era la corona —dijo lentamente—. Estaba tan obsesionado por obtenerla que no le importaba todo lo demás. Nueve cuerpos en sus propias fortalezas es algo que no se puede menospreciar. ¿Qué le puedes ofrecer al hombre que ya tiene lo que quiere? Lo único que él podría obtener de Gilbert sería más poder, ¿se lo darían? Desde luego que no. Un hombre de tal ambición no se va a detener al reconquistar el reino de Jerusalén, querrá más y más.
—Empero, Gilbert es un hombre de muchos trucos —terció Altaïr.
—En este caso tendría que ser un santo para realizar un milagro —puntualizó la mujer—. Conrado no podría olvidar que los templarios apoyaron al inútil de Guy de Lusignan como sucesor de Sibila. Es un hombre de un orgullo tal, que le negó asilo a la Reina de Jerusalén ¿por qué habría de perdonar al Temple?
—El hombre tiene una corona, pero un reino pequeño y fragmentado —comentó el Maestro.
—Las arcas de los templarios son bastas —dijo Malik—, ¿acaso no es suficientemente santo?
—¿Vale más el oro que tu orgullo? —preguntó Maria. La respuesta que recibió del hombre fue un silencio absoluto—. No, Conrado no está al tanto de esto. La Haute Cour por otro lado…
—¡Nos han atacado, debe recibir nuestra respuesta de inmediato! —instó Sinan—. Dejemos los chismeríos de los francos para las mujeres.
—Los hombres de Conrado han atacado su barco, pero no Conrado —insistió la inglesa—. El hombre me provoca la misma simpatía que a ustedes, no obstante, antes de matarlo yo me preguntaría ¿a quién beneficiaría su muerte realmente?
Altaïr entrecerró los ojos.
—Siempre me pregunté, por qué habían elegido apoyar a Guy de Lusignan —dijo Faysal— torpe militarmente, corto de luces para gobernar, demasiado bruto para la corte. Un pésimo rey desde donde sea que se le mirase. Robert de Sable encontró un títere fácil de complacer, además de estar sediento de nuestra sangre. —Maria asintió con la cabeza, ella encontraba al antiguo Rey de Jerusalén el hombre más desagradable de Tierra Santa, sin embargo, como se lo dijo Robert, él era de la nobleza—. Conrado no será alguien a quien se pueda engañar con tanta facilidad, además siente aversión por el Temple, quitarlo de en medio sería lo mejor, pero, Gilbert no se puede arriesgar a hacerlo de frente, eso sería sedición; incluso si los templarios no están bajo el comando de un Rey, no pueden oponerse a uno de manera tan abierta.
—Si nos hacen atacarlo, estaríamos eliminando un obstáculo para ellos —concluyó Malik—. ¿Estás segura de que no hay manera de que se reconcilien esos dos?
Maria se encogió de hombros.
—Conrado no necesita del Temple, sí necesita dinero, pero él es primo de Philippe y en el Sacro Imperio Romano lo aprecian, el dinero tardaría en llegar, sin embargo, no creo que él esté ansioso por tener dinero. También podría hacer un llamado al pueblo cristiano para que donara a la causa de reconstruir el Reino de Jerusalén, el Papa haría el resto. Tampoco habría que olvidar que es el heredero del Monferrato, entablar acuerdos con Génova, Saboya y Milán no sería difícil.
—¿Y bajo qué pruebas vamos a aceptar esta versión? —objetó Sinan—. ¿Las palabras de una mujer?
La inglesa puso los ojos en blanco.
—Pero es verdad que Conrado ha despreciado a todos los que apoyaron a Guy de Lusignan —intervinó Faysal—, y ya Malik había hecho notar que el Rey de Jerusalén no había tenido interés en saber de nosotros. Quizás deberíamos investigar más a fondo, no podemos actuar de manera tan fortuita.
—¿Y dejar esto sin más? Los dos reinos se han enterado de semejante ofensa, no podemos permitir que crean que somos vulnerables —remarcó el encargado de la biblioteca.
—Maten a los hombres que estuvieron involucrados en el ataque, así muestran lo que le sucede a aquellos que se meten con los asesinos y averiguan quién fue el que dirigió el ataque —propuso Maria. De inmediato deseó haberse mordido la lengua, era un buen plan, pero a los hombres no les gusta ser comandados por una mujer, sobre todo cuando es extranjera y cambiacapas. Debió guardarse su opinión para expresársela a Altaïr tiempo después.
—Si Conrado está en ello, se pondrá en guardia y será demasiado difícil alcanzarlo en Acre cuando sea coronado, ahora que está en Tiro y no sospecha nada, será más fácil agarrarlo desprevenido —dijo Sinan.
Desde el punto de vista de la inglesa, era una pésima idea asesinar a un Rey legítimo. Eso podría darles problemas a los asesinos. Guy de Lusignan había perdido el apoyo de la gente al ser derrotado en la batalla de los cuernos de Hatti, en consecuencia no pudo defender Jerusalén y toda simpatía por él había muerto. Conrado en cambio, se había alzado como el defensor del reino al vencer a Saladin en Tiro, resguardó lo que quedaba del reino hasta la llegada de los reyes, luchó en el asedio de Acre, se ganó la simpatía de los barones de la Haute Cour, inclusive algunos decían que Isabella parecía bastante conforme con su nuevo marido, Conrado, quien tenía 25 años más que ella, pese a que había amado profundamente a su primer marido, Humphrey de Toron. Eso hablaba de que este Rey tenía más amigos que enemigos y a ellos no les gustaría que unos infieles lo asesinaran.
Pero los hombres de la habitación ya debatían la muerte de Conrado. Maria suspiró, suponía que asesinarían al Rey de Jerusalén y luego harían las preguntas. ¿Por qué Gilbert quería deshacerse de Conrado? Sin duda, sería un Rey difícil de manipular, sin embargo, le daría al reino paz durante un largo período, no favorecería a los Templarios de la misma manera que Guy, pero tampoco exigiría de ellos mayor servicio que el escoltar a los peregrinos a Tierra Santa; la razón de su existencia. ¿Cuál sería el fin de Gilbert al intentar hacerles creer que el reino podría estar en contra de los asesinos? ¿Minar la confianza de la gente en ellos, de esa manera no les ayudarían? No lo sabía y desearía poder saberlo o al menos tener una idea de quién era el aliado de Gilbert entre las filas de Conrado. Había demasiadas interrogantes en aquella situación.
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(1)Línea: en la antigüedad es una medida que se tomaba con el espesor del trazo de tinta del cálamo, alrededor de 2 milímetros.
Uhm y volvemos a la discusión sobre el reino… me gustan mucho los capítulos así, pero supongo a algunos se les harán pesados, no se apuren, los siguientes poco tienen que ver con esos asuntos, serán más ligeros, empero, en algunos tendré que volver sobre esta línea para saber qué sucede "en el reino". Aunque hay cosas con las que fantaseo, la mayor parte sucedió en realidad o son teorías que dicen los historiadores.
No sé qué tan rápido pueda actualizar, pero ahora puedo decirles que casi cada día subiré relatos cortos de AC en mi livejournal, algunos pueden estar relacionados a La manzana masculinizada, otros no. Son relatos, a veces instantes que se me ocurre contar y que suceden en diferentes épocas de los personajes. Si les interesa, pueden leerlos, la dirección de mi livejournal está en mi profile. No los subo en ff . net, porque son relatos diversos, como pueden ser de Maria como pueden ser de la mendiga o de Ezio.
Gracias a todos por sus reviews, agradezco sus cometarios. Recuerde que me gusta leer lo que me ponen, así que no sea tímidos y escriban lo que se les ocurra.
