Título: Del sentido del sinsentido

Prompt|Tabla: Het|Anillo

Del sentido del sinsentido

Apagó la vela dejando que el sitio fuera iluminado sólo por la fantasmal luz de la luna. Con cierta reticencia se alejó del estante, todavía rondaban por su cabeza varias preguntas sobre los devas, incluso creía que podía soslayarlas si se quedaba hasta el amanecer, pero por muy interesado que estuviera en ello, su propia divinidad le asaltaba de tanto en tanto y sus pensamientos se fugaban.

Observó su estudio dejando a las dudas permear su tranquilidad, ¿debería esperar una noche más? ¿Debería dejar el momento pasar? ¿Debería hablar con Malik al respecto? Él siempre había sido más sensible para las cuestiones de las mujeres, pese a que Maria no se apegaba a las convenciones del género femenino, Malik siempre podría darle una segunda opinión por lo menos.

Suspiró pesadamente antes de cerrar la puerta del estudio ¿Cómo podía entender los postulados de Heráclito, Empédocles o Aristóteles pero no tener idea de cómo se las arreglaba para enfadar a Maria? Caminó con lentitud por el pasillo, los eruditos le hicieron una reverencia, algunos de ellos se miraron entre sí, normalmente el Maestro subía a sus aposentos mucho más tarde. Debieron notar la incomodidad que le hacían sentir al asesino pues se apresuraron a continuar su paso aunque arrastraban los pies del cansancio. Altaïr esperó a que los tres eruditos salieran para continuar su andar.

Afuera, las antorchas iluminaban algunas partes del interior de la fortaleza, más allá del castillo de los asesinos sólo la luna acompañaba a los habitantes. Los guardias del parapeto sur comenzaban a hacer el cambio, creía recordar que dos novatos estarían de guardia esa noche. Acostumbrar al cuerpo a funcionar de noche, era algo que costaba un poco en las primeras semanas. A él nunca le gustó hacer guardia, sentía que desperdiciaba tiempo valioso en estar observando el horizonte, Malik exasperado siempre le decía que era la mejor oportunidad para conocer los puntos débiles de una ciudad, pero en esos momentos lo único que Altaïr veía era como el viento ondeaba las banderas de Masyaf y no era tan emocionante como las batallas.

Estaba tan ciego.

Observó el tramo que le quedaba hasta sus aposentos, pareciera que años después seguía tan ciego como en aquel entonces, pero ahora evitaba algunas confrontaciones. Respiró profundamente y movió la cabeza de un lado a otro, no quería pasar otra noche sintiéndose non grato en su propia habitación ni deseaba otro despertar lleno de tensión y no era que Maria hiciera cosas desagradables, de hecho no hacía nada, se limitaba a hacerse la dormida cuando él llegaba y hacerse la dormida hasta que él se fuera.

Aquello le ponía los pelos de punta, Maria era de las mujeres que decían directamente las cosas no se andaba con sutilezas, hablaba con crudeza y hasta con majaderías. El que ahora prefiriera el frío silencio a sus acostumbradas explosiones verbales, le preocupaba. Abrió la puerta.

Cuando la luna tocaba su piel, a veces parecía que se volvía igual de nívea dándole una apariencia de ultratumba. Nunca se lo había expresado, primero porque no era el tipo de persona que suele hacer ese tipo de observaciones, segunda porque creía que decirle a la inglesa que parecía un fantasma no iba a ser algo halagüeño. Algunas veces, Maria tarareaba canciones que él nunca había escuchado cuando creía que nadie la escuchaba, llenando el lugar de uhm, uhm, uhms rítmicos. Era agradable escuchar sus melodías, aunque a ella le disgustaba descubrirlo espiando, pero es que, en una ocasión se le ocurrió pedirle que cantara esa melodía que sonaba algo como eeehm, uh, uhmmm, uhm, uhmm, uhm, uhmm, pero lo único que consiguió fue una respuesta árida por parte de ella algo así como: si quieres escuchar canciones, búscate un bardo. Desde entonces se conformaba con escucharla cuando se la encontraba tarareando.

Maria se sacó el cabello que se le había quedado en el camisón para dormir, a veces rumeaba sobre cortárselo pero inexplicablemente lo dejaba crecer; Altaïr se limitaba a encogerse de hombros, no creía que su opinión fuera tomada en cuenta, si ella deseaba cortárselo a rape, a él seguro no le pediría permiso, también era porque a él le gustaba el largo de su cabello y no quería ser el causante de que decidiera por fin a tomar la navaja. Pasándose el peine distraídamente, ella comenzó a trenzarse el pelo. La luz de la luna llena le permitía a Altaïr observar su figura a través de la ropa. La mujer se sentó en la cama antes de amarrarse un lazo al final del cabello, al terminar estiró los dedos de la mano derecha y se quedó observándolos, no había nada en ellos, pero Altaïr sabía en lo que ella estaba pensando.

—Maria. —Ella escondió la mano como si hubiera hecho algo malo y dejó de tararear. Altaïr se sentó a su lado, aventurándose un poco colocó su mano en la rodilla de la mujer. La sintió tensar los muslos e incluso un poco el cuello, la había tomado completamente desprevenida.

—Es temprano —murmuró sin observarle a los ojos ¿A dónde observaba? ¿Qué recuerdos la distanciaban de él? Quería saber a dónde se había ido los últimos días.

—Maria —insistió el hombre—, lo siento —dijo con sinceridad, suponía que era mejor línea que decirle: deja de huir de mí o no seas terca, mujer. Eso último sólo podría provocar que se enfadara aún más, si se encontrara en otra situación no le importaría hacer estallar su ira, había aprendido a manejarla en los meses en que habían viajado a Chipre o a no salir tan mal parado de la situación por lo menos, pero su postura taciturna no sabía qué significaba.

Ella bufó alejándose de su tacto e incluso deambuló por el lugar moviendo las manos, cuando se detuvo, sus brazos pegados a sus costados estaban rígidos. Se volvió a sentar dándole la espalda.

—Nunca fue sencillo —por fin habló, no parecía estar molesta, simplemente cansada.

Altaïr parpadeó.

—Lo sé.

—¡No! —gruñó, golpeando la cama con la mano. Se volteó para verle de frente—. La vida como asesino no ha de ser fácil, estoy de acuerdo, pero… está bien, porque eres hombre y se espera de ti, porque al ser hombre, está bien. Creciste para ser un asesino bajo sus preceptos, quizás afuera no gustaban de ti, pero tenías algún lugar que te aceptaba, tenías alguien que te aceptaba. Yo no tuve nada de eso.

—A muchos no les agradaba, Maria —terció Altaïr.

—A mí no me aceptaban —replicó—, podía ser la segunda al mando, podía ser quien estaba más cerca del Gran Maestre, pero nunca me aceptaron —declaró con amargura—. Siempre me miraban con menosprecio, ¿una mujer arriba de un hombre? ¿Qué no había hecho para lograrlo? Yo no era inteligente, los sarracenos resultaban ser demasiado estúpidos, yo no era fuerte, los soldados eran demasiado débiles, yo no era buena al mando, los demás eran demasiado tontos, me soportaban por Robert… —Maria guardó silencio. El asesino nunca le había prohibido hablar de algo, tampoco la había cuestionado sobre sus días como templaria, no hablaban del pasado y ella estaba agradecida, no sabría cómo reaccionar ante algunas cuestiones. Robert de Sablé era una de ellas—. No eras agradable para algunas personas, pero seguías siendo valorado por tu habilidad. ¿Cuántos padres crees que se sienten orgullosos de que sus hijas tienen mayor habilidad con la espada que los niños del pueblo?

—La vida no es fácil para nadie.

Maria dejó caer sus hombros ¿Cómo explicarle? ¿Cómo hacerle ver? La vida no era fácil, lo sabía, lo había visto en Escocia en donde la gente se levantaba una y otra vez de las guerras, lo había visto en Inglaterra en dónde morían de hambre pero apoyaban a su Rey ausente, lo había visto en Tierra Santa en dónde enterraban a los muertos y continuaban sobre la sangre. Pero no era igual, no era ni remotamente similar la manera en la que los hombres y las mujeres sobrevivían. ¡Ellos tenía libertad! Podían ser guerreros, podían ser artesanos, podían ser sacerdotes, podían elegir su camino, las mujeres por el contrario estaba sujetas a la voluntad de sus padres, luego a la de sus maridos. El único papel que tenían era el de tener hijos varones o vendrían las golpizas. Si se salían de la norma la muerte, la tortura o en el mejor de los casos la marginación era lo que les esperaba.

—Cuando murió Robert todo por lo que había luchado se desvaneció —dijo secamente. El asesino agradeció su gentileza, había hablado de la muerte de Robert de Sablé como algo inherente a Altaïr—, ser caballero templario —murmuró alzando la vista al cielo—, iba a ser comendador territorial y quizás algún día Mariscal o Senescal ¿sabes lo que eso significaba?

—Que matarías gente inocente por la ambición de un hombre.

Maria suspiró.

—Sí, tienes razón, pero entonces no lo sabía, hasta entonces ser nombrada caballero… una mujer, está prohibida la entrada de las mujeres en el Temple, Altaïr ¿crees que mi familia quería que me convirtiera en guerrera? —La pregunta le pilló por sorpresa, no había conocido a una mujer que deseara ser guerrera, sabía de mujeres que habían sido soberanas, algunas de ellas habían tenido que batallar pero eso había sido por las circunstancias más que su un deseo propio. Sabía que había mujeres dentro de la orden de los asesinos, empero eran entrenadas en otro tipo de estrategias y a él no le había tocado ver a una, así que no, no imaginaba a un padre animando a su hija a tomar la espada—. Todo por lo que se habían burlado, todo lo que me habían dicho que era imposible, iba a demostrarles que yo lo había logrado… ahora, si me vieran uhm, no quiero ni pensarlo.

—¿Preferirías seguir siendo templaria?

La inglesa frunció el ceño y luego sonrió.

—Desde luego que no —afirmó ligeramente ofendida—, es solo que… bah, no lo entenderías.

—Inténtalo.

La mujer le miró de reojo.

—Bueno es sólo que tras todo lo que he recorrido —dijo estirando la mano— al final estoy aquí con un hombre —exclamó como si fuera la peor desgracia del mundo.

—¿Eso es tan malo? —preguntó Altaïr desconcertado y ligeramente dolido.

Ella volvió a reír.

—Altaïr, escapé de casa huyendo de un matrimonio atroz, volver a vivir con alguien era lo último que deseaba. Había soñado con venir a triunfar en la guerra, pero la guerra santa no tenía nada de santa, no había honor o gloria en asesinar inocentes, las batallas eran comandadas por imbéciles, los grandes templarios resultaron ser los peores y lo único que no quería en esta vida es lo que tengo ahora. No hagas esa cara, no me estoy arrepintiendo de nada, sólo me parece irónico—. A él le parecía un triste lamento, ¿tanto anhelaba esa otra vida? Esa en donde el mundo la admiraba por su habilidad con la espada, por su fuerza, por su escudo y armadura. Él conocía esa vida, sí, se sentía bien, el latido del corazón rezumbaba en los oídos cuando uno se alzaba por encima de los demás en la batalla, pero las manos también se preguntaban porqué por más que se lavaban la sangre no dejaba de correr, mientras que los ojos a veces no veían otra cosa que cadáveres—. ¡Ja! Incluso estoy con un infiel, mi madre se convulsionaría si lo supiera y a mi padre le daría un ataque. Uhm, quizás eso sí me gustaría decírselos…

—Es cruel.

La burbuja de felicidad de Maria se rompió.

—¿Acaso no fue cruel casarme contra mi voluntad? —replicó áridamente azotando sus manos sobre el colchón—. ¿Sabes por qué lo hicieron? ¡No sabes nada de ellos! —Aún así, eso no le daba derecho a hacerles daño. Ella se cruzó de brazos y miró hacia el lado contrario de él, podía sentir la ira ascender por su cuerpo.

Si castigas con el mal, el mal que te he hecho, dime ¿cuál es la diferencia entre tú y yo? —recitó con lentitud el asesino.

—¡Arg! Odio cuando te pones así —se quejó la mujer acostándose en la cama de espaldas a él—. Omar Jayyam por lo menos sabía disfrutar de las mujeres y el vino.

Altaïr sonrió, la expresión enfurruñada de la inglesa se había desvanecido, sólo quedaba la impresión de un berriche pasajero.

—Sé como pasar momentos agradables con las mujeres, Maria, no he escuchado queja. —Le acarició el brazo con sus dedos, provocándole escalofríos.

—Porque estás demasiado ocupado escuchando el sonido de tu propia voz —rumeó deteniendo con su mano los dedos del asesino—, pero eres un muermo con el vino.

Era ella la que tenía un problema con el vino, una vez que lo probaba parecía no conocer el fondo de la botella.

—Entorpece a los hombres, nubla su visión y su juicio.

—¡Tan típico de los sarracenos decir eso! —exclamó girando sobre la cama para quedar de frente—. Si les pusieran a los hombres una mujer desnuda, tendría el mismo efecto. —El asesino rió ante la idea—, ¡oh clérigo! somos más activos que tú, incluso tan borrachos, somos más atentos que tú. No sabes nada de Omar Jayyam, Altaïr, incluso aunque sean de la misma tierra, no entiendes de lo que él habla, pues no conoces el desenfreno o vivir de, para y por el placer.

—¿Y tú sí?

Maria le regaló una sonrisa enigmática.

La amapola marchita no vuelve a florecer —respondió con suavidad antes de volver a darle la espalda y arrebujarse en las mantas de la cama.

El hombre parpadeó sin saber qué pensar acerca de semejante respuesta, era algo bastante criptico. La curiosidad le invadió por completo ¿qué tipo de vida había llevado Maria? Sabía que una no muy agradable porque las personas no entendían su pasión por la espada y lo relacionado a la caballería, además había vivido una tortura llamada matrimonio, una madre que era una fanática religiosa, un padre que inexplicablemente viajaba demasiado, fuera de eso, no conocía nada más, si es que se podía decir que conocía algo. Que curioso era darse cuenta que a veces quien duerme a tu lado pareciera ser un completo desconocido.

Lo único que se le ocurrió responder fue:

—¿Acaso tu profeta no dijo que los excesos son malos?

La mujer rió con fuerza, se dio la vuelta para verle, enredándose aún más en las mantas.

Si los amantes del vino y del amor van al infierno..., vacío debe estar el paraíso. —Altaïr negó con la cabeza mientras Maria trataba de sacar sus manos de las cobijas—. Los excesos sí fueron condenados, pero también perdonados ¡Lee la biblia, Altaïr! Jesus transformó el agua en vino cuando este ya se había acabado en una boda, inclusive el mayordomo explica que en las bodas es común dar el buen vino al inicio y cuando ya están bebidos los invitados, se sirve el peor, pero en esta ocasión el novio lo había hecho al revez. No hay que olvidar que él consagró el vino como su sangre, el vino, no agua. Además, él comía con publicanos y pecadores, incluso dijo: "De cierto os digo que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios," porque ellos creyeron y se convirtieron. Incluso perdonó e hizo de María Magdalena, una prostituta, una más de sus apóstoles.

—Lo que dices no tiene sentido. No se puede cometer una infracción y luego esperar una simple palmadita en la cabeza a manera de redención.

—¿Cuántos cristianos conoces? —preguntó Maria—. Olvídalo, no tiene sentido hablar de ello —una vez más le dio la espalda—. Altaïr… vemos las cosas de manera diferente, en algunas ocasiones demasiado diferente, no…, no dejes que eso nos distancie. —El asesino sonrió, le estaba poniendo fin a ese extraño ambiente entre ambos—. A veces me enojo hasta conmigo misma, no le des tanta importancia a ello.

Altaïr suspiró, Maria se transformaba en una bestia cuando alguien no la tomaba enserio o no le prestaba la atención suficiente y ahora le estaba diciendo que no le diera tanta importancia a su mal humor. ¡Por todos los asesinos del mundo! ¿Por qué tenía que ser tan contradictoria? Se recostó sobre la cama sintiendo que viviría eternamente con la incertidumbre de saber si estaba haciendo las cosas bien o mal con ella. Lo cual, no sería tan nefasto si tuviera la certeza de que pese a sus arrebatos pasionales no tomaría sus cosas para salir de Masyaf y no volver, pero, ese era un fantasma que le rondaba la cabeza todos los días. Ella esta ahí y parecía que quería seguir estando con él por el momento, sin embargo, ¿qué pasaría en un par de meses más, en un año o en los años venideros? ¿Lo dejaría? Por mucho que ella tuviera sentimientos por él, era una mujer con un orgullo tan grande que era capaz de comerse su corazón con tal de no demostrar debilidad. Por eso temía, temía meter la pata hasta el fondo sin querer y que Maria no le diera tiempo de rectificar.

A veces se preguntaba ¿por qué seguía con ella si le causaba tanta displacencia? Pero de nuevo, pensarla lejos de él le parecía más doloroso. Estaba seguro que terminaría por volverlo loco. La jaló con todo y cobijas hacia él, atrapándola entre sus brazos.

—Altaïr —se quejó—, ¡no vas a dormir con botas! —declaró enfurruñada—, ¡cielo santo!, no esperas ser atacado mientras duermes en tu propia fortaleza ¿verdad? —Podría replicar que muchos de sus objetivos murieron dentro de sus propias fortalezas, pero no venía al caso—. Será mejor que te pongas algo apropiado para dormir.

Era gracioso que ella hablara sobre usar ropas apropiadas para algo, suponía que era parte de su naturaleza endemoniadamente complicada y contradictoria.

—¡Ahora! —ordenó la mujer.

Maria adoraba dar órdenes, sobre todo si estas lo involucraban a él.

—No estoy para complacerte —contestó.

¿Qué había dicho sobre no hacerla enojar? Bueno, suponía que algo andaba mal con él también.

¡Oh! Ya sé que este capítulo quizás no encaja demasiado con la línea que venía manejando, pero ¡ja! Es gracioso y no quería enviarlo al baúl de los recuerdos, solo porque lo había descartado para ser el capítulo 5. Con anterioridad este capítulo vendría a ser el que explicaba con mayor detalle porqué estaban peleando Maria y Altaïr, pero por en medio de capítulo me quedé sin inspiración, así que inicié otro. Hasta que volví a revisar mis archivos lo encontré, creí que merecía la pena terminarlo.

Varias de las líneas que dicen Maria y Altaïr, pertenecen a Omar Jayaam, uno de los astrónomos más famosos del Medio Oriente, aunque también se dedicaba a otras cosas, la poesía era una de ellas, y su filosofía era muy particular, tal es el caso que Oscar Wilde lo concibe como "el rey del hedonismo" en su novela "El retrato de Dorian Gray". Huelga decir que algunos creen que Omar Jayaam fue por un tiempo amigo de Hassan ibn Sabbath, quien es el creador de la Secta de los Asesinos (allá en Alamut). En realidad hay una especie de leyenda sobre esto, que se popularizó por la novela de Amin Maalouf, "Samarcanda" Lectura recomendada si les interesa saber más sobre la historia de la Secta de los Asesinos.

Otro punto importante, el punto de vista de Maria sobre la religión, es simplemente el punto de vista que creo ella puede tener. Recordemos que en la Edad Media la iglesia jugaba un papel importante en la crianza, empero, Maria no se apega a estos lineamientos. También hablo sobre los musulmanes o el Corán y no lo hago con la intención de ofender. Recuerden, es solo ficción.

Gracias por todos sus reviews, espero ya les hayan llegado sus contestaciones.

Recuerden, cualquier comentario que me quieran hacer, soy toda ojos (Já!).