La incómoda coherencia

Malik contuvo el bostezo, el parloteo incesante de Abbas lo aburría más que las excusas baratas de los novicios, incluso a veces ellos le sorprendían con alguna excusa nueva, en tanto el hombre solo sabía regresar al mismo punto una y otra vez. Altaïr no podía controlar a una simple mujer ¿cómo podían confiarle la Orden? Uno no tenía que leer entre líneas para saber que Abbas estaba buscando una excusa para deponer a Altaïr, algo que había intentado desde que la mayoría lo había elegido para tal cargo.

Como de costumbre sus palabras necias estaban encontrando oídos en Sinan, quien soltaba frases sueltas sobre el Corán e incluso la Biblia para sostener su postura. Faysal, aunque no estaba en contra de Sinan encontraba su postura extrema, Hashim tenía una postura difícil de discernir, aunque de ningún modo creía que Altaïr tenía la culpa.

—¿Y tú no tienes nada que decir, Dai? —lo interpeló Hashim al ver que no se había unido a la discusión desde que Abbas había empezado a hablar.

—Convocamos a Abbas para escucharlo, no para opinar sobre su postura. —Lo cual era cierto y ridículo porque ¿acaso tenía algo más que decir tras el espectáculo de hace unos días?

En realidad no creía que tuvieran que discutir estas cosas, porque tenían cosas más importantes que hacer, como ayudar con los problemas que enfrentaban los hermanos en Qala'at Khawab con el condado de Trípoli. Abbas había buscado confrontar a la inglesa, no conforme con saber que ella no era una mujer que se quedara callada, había retado su postura, el que Maria le demostrara su craso error no era culpa de nadie más salvo de Abbas.

—Él está de acuerdo en todo lo que su Maestro hace. Cree que no puede cometer error alguno, es amigo de esa extranjera.

—Altaïr es el Maestro de toda la Orden, incluso el tuyo, Abbas. —No tenía que aclarárselo, pero le dio gusto ver como incluso Sinan le reprimía con la mirada—. Él reconoce que puede errar, por eso está este consejo, te recuerdo que fue su idea crearlo y no soy amigo de Maria. —Abbas iba a protestar, sin embargo, Malik se dio el lujo de no permitírselo—: ahora que has terminado con tu declaración, por favor déjanos hablar en privado.

No necesitaba la visión de Altaïr para saber que Abbas le representaba un peligro inminente, pero no quería escucharle soltar otra verborrea acerca de Maria. Ofendido el hombre salió sin pronunciar palabra alguna o mostrar respeto para ninguno de los presentes.

—Sus puntos son certeros. Bismillah(1), deben ser puestos en acción de inmediato—dijo Sinan con tanta confianza que parecía no haber estado escuchado la oposición de Faysal y Hashim.

—Yo los encuentro radicales —declaró Faysal— ridículos, en el mejor de los casos idealistas, se nota que no ha vivido con una mujer.

—Tienes razón, Faysal, no ha vivido con una mujer —comentó Hashim sonriendo de lado a lado—, menos con una con semejante carácter. —Malik estaba seguro que ambos jefes de guardia estaban diciendo algún chiste, pero como eran los únicos dos en la sala que tenían esposa o esposas en el caso de Hashim, Malik no tenía idea de lo que a esos dos se referían—. Ya lo decía el Dai Eliel en mis tiempos: elige una que condimente tu vida, pero no que te aturda el paladar.

—Ella debe ser puro condimento —dijo Faysal, provocando que Hashim riera—. Además el Dai Eliel también decía que si eras joven nunca debías perderte la oportunidad de aturdirte hasta la orejas. —Ambos hombres rieron. Por primera vez, Malik sintió estar del mismo lado que Sinan, no quería escuchar los comentarios velados de un viejo maestro.

—Las mujeres solo sirven para tener hijos, no sirven para usar las espadas. —Malik no sabía si debía señalarle que de los presentes, Sinan era el único que nunca había usado un arma.

Hashim se rió.

Ya, Allah!(2), ahora sabemos porqué no tienes esposa, las mujeres son una bendición, hermano. —Con tres esposas, Malik suponía que la opinión de Hashim no podía ser diferente. Sinan farfulló por lo bajo—. Mas no son lo que imaginábamos. Las promesas de dulzura son una parábola acerca de ella, pero sus promesas no sirven de nada(3). —No iba a comentar en lo irónico que era, el que un soldado como Hashim recitara poesía en lugar de Sinan, quien se la vivía entre libros.

—¿Estás de acuerdo con que esa extranjera haga lo que le plazca, cuando le plazca?

—Yo no he dicho eso, mas lo que propone Abbas es simplemente ridículo.

—Propone cosas que se sustentan en el Corán —intervino Faysal—, pero nosotros no creamos reglas de acuerdo a textos religiosos. No podemos menospreciar su habilidad con la espada solo por el hecho que sea mujer, se ha medido con el Maestro y nadie puede decir que eso sea sencillo.

—Él la deja ganar —afirmó Sinan.

—Yo he peleado con ella —exclamó Malik indignado, Maria era buena con la espada, Sinan no tenía derecho a juzgar su habilidad por su sexo—, y no la dejo ganar. Ella sabe pelear, no solo con la espada. Le ganó a Abbas, incluso mientras usaba un vestido. —Eso era algo que jamás iba a olvidar, ninguno dentro de la Orden podría hacerlo.

—Con todo respeto, Dai, la Orden sabe que no estás en tu mejor forma. —Que Sinan siempre tratara de menospreciarlo por su juventud era algo que no le importaba, pero que tratara de insinuar que era débil por la pérdida de su brazo, no podía dejarlo pasar.

—Sinan, me temo que tendrás que dejar la tarea de valorar la habilidad de alguien con las armas a aquellos que las usamos. Estamos más capacitados para detectar los pequeños pero importantes fallos —intervino Faysal con poca diplomacia, aunque lo que estuviera diciendo fuera la verdad. Sinan era un erudito de pies a cabeza, su padre, su abuelo y tres generaciones arriba de él, se habían dedicado al cuidado, estudio o escritura de libros, cuando la Orden había tomado el castillo de Masyaf, sus antepasados se habían limitado a trabajar para los asesinos. Jamás en su vida había salido de la fortaleza, carecía incluso de las instrucciones básicas que algunos escribas de la Orden recibían cuando accedían a viajar entre las fortalezas o las guaridas en las ciudades.

El revés que sufrió el hombre no le cayó nada bien.

—Todo ustedes aceptan su actitud, entonces —sin duda alguna, él no iba a retirarse sin pelear.

—De nuevo te equivocas. No estamos aquí para discutir su habilidad con las armas, o si se le permite o no usar la espada. Incluso tú debes reconocer que es algo que no nos concierne —Malik no podía estar más de acuerdo—, la inglesa es la mujer del Maestro, él es quien puede prohibírselo. —Ese era un error que la mayoría cometía, Altaïr no era dueño de las acciones de Maria, ni pensaba serlo. La única que podía decidir qué hacer o no, era ella. Altaïr no estaba siendo condescendiente con ella, pues la estaba viendo como su igual.

—Pero ella no es su esposa —le recordó Sinan.

—Y tampoco es una mujer del Jardín —apuntó Hashim.

El silencio que siguió a esas declaraciones incomodó a Malik, si esto se iba a convertir en una discusión sobre la vida personal de esos dos, él se iba a largar.

—En ese aspecto, ninguno de los dos escuchará una sola palabra de lo que planeen decirles. Ellos tienen un acuerdo y cambiarlo será su decisión. —Era lo único que pensaba decir al respecto, pero al mismo tiempo sabía por experiencia propia que Altaïr escucharía las peroratas de los cuatro por un oído mientras las desechaba por el otro. La simple idea de ordenarle algo a Maria era absurda.

—Respeto sus decisiones. —Malik no estaba tan convencido, Faysal no parecía estar muy de acuerdo con el hecho de que Altaïr viviera con Maria sin estar casado con ella. Nadie podría echarle eso en falta, que Maria usara un arma, era una cosa, pero que viviera con un hombre que no era su esposo, era otra—. A pesar de ello, tienes que reconocer que parte de todo este desastre se debe a no saber cómo tratarla. ¿Es una de nosotros? ¿Es solo su amante? ¿Es una aliada?

La postura de Altaïr y de Maria al respecto era compleja de explicar incluso para sí mismos, no obstante podía entender las dudas de Faysal al respecto. Si Maria era parte de la Orden, ¿qué función dentro de la misma tenía? ¿Se le iba a considerar una maestra? Si era una maestra de menor rango, ¿qué hacía atendiendo juntas sobre la guerra? ¿Era solo una aliada? ¿Qué hacía dando clases a los fedayines? ¿Era la amante del Maestro? Eso la colocaba en una situación aún más compleja que las dos anteriores con respecto a darle clase a los novatos, las juntas de guerra y Malik no lo había mencionado, pero su intervención en cuanto a la administración de la Orden. Hasta el momento, los dos habían estado tan tranquilos haciendo lo que les viniera en gana, cuando les viniera en gana. Eso estaba mal. Si Maria iba a intervenir en la Orden, no podía tener solo privilegios, debía tener obligaciones.

—¿Cuál es su opinión al respecto? —preguntó Malik, Faysal le dirigió una mirada de aprobación.

—Ella es buena con las armas, no se puede negar, sin embargo hay otros dentro de la Orden igual de calificados, de todas formas no creo que el Maestro desee convertirla en uno de los miembros activos. —Eso supondría enviar a Maria lejos de Masyaf y Malik tenía la sensación de que eso era lo que menos quería Altaïr—. Su técnica en combate es bueno, qué tan factible sea que ella imparta sus técnicas con los fedayines, es algo incierto, su estilo de pelea difiere de lo que los asesinos necesitan. Aunque sin duda alguna puede ayudarnos a descubrir nuevas formas de combatir a los Templarios, ella conoce sus tácticas mejor que nosotros.

—Abu Ali habla muy bien de sus métodos para enseñar a los fedayines técnicas de combate a caballo —apeló Hashim—, no creo que tenga intenciones de enseñar con la espada.

—¿Por qué deberíamos darle el privilegio cuando hay otros hermanos que lo pueden hacer? —farfulló Sinan.

—Esa es una buena pregunta —concedió Hashim, las peticiones para ascender a maestro eran varias, pero los puestos bastante limitados.

—Cuando nuestro hermano sufrió el accidente, la mayoría estaba demasiado ocupado haciendo rondas en el valle en busca de templarios —respondió Malik. Altaïr dio la orden de buscar cualquier rastro de templarios en la zona, fue tan insistente en ello que se enviaron hasta cuatro grupos—, ella aceptó sin ninguna protesta. Ahora que ha regresado, Abu Ali no ha pedido que Maria se retire. —Sorpresa, sorpresa, el hombre estaba contento con tenerla ayudándole—. Creo que un maestro con la experiencia de Abu Ali es capaz de determinar si ella es buena o no en lo que hace o si merece ese privilegio.

—Ella es una mujer, tiene métodos para congratularse con los hombres.

Ya Allah! ¡No seas ridículo! —clamó Faysal—, ni siquiera sé que es peor que insinúes. Abu Ali y el Maestro no merecen que su honor sea cuestionado de forma semejante. —No sin mencionar que el honor que en realidad estaban cuestionando, era el de Maria, por un segundo Malik creyó que había estado pasando mucho tiempo escuchando los soliloquios circulares de Altaïr sobre las mujeres.

—¡Oh! Todos saben que ella estaba con el Maestre del Temple y ahora...

—No era la amante de Robert de Sablé —le interrumpió Malik, provocando que incluso Faysal lo observara—. Entiendo que es fácil concluir que ellos tenían esa relación, sin embargo es un error.

—Ella podría mentir.

—Excepto por el hecho de que no es el tipo de mujer que suele avergonzarse de sus acciones. —Malik no podía encontrar mejor defensa, además de ser imposible de rebatir.

—En el momento en que confiemos en ella, estamos perdidos. Ella es parte del enemigo, vino aquí para derrotarnos —la desconfianza en Maria era algo palpable, incluso Malik algunas veces dudaba de sí mismo por no dudar de las acciones de ella, otras se sentía estúpido por hacerlo. Maria eran tan franca que sentía imposible que mintiera acerca de sus sentimientos.

—No estoy de acuerdo con él, pero no confió en ella —intervino Hashim después de haber estado en silencio por un largo tiempo—. Era una templaria.

—No deberíamos dejarla merodear en el castillo, si quiere ser la amante del Maestro, que se quede en su cuarto. —Sinan era tan radical como de costumbre.

—¿Desconfían tanto de ella que no le dan credibilidad al Maestro? —la pregunta retórica también era para él.

Es verdad que un amante se encuentra en un estado de sordera para todos los detractores(4) —recitó Hashim.

—Él fue el único que vio a través de la codicia de Al Mualim, no obstante ¿ahora es tan estúpido que no puede ver a través de los engaños de una mujer? —Que Allah lo cuidara de que Maria escuchara semejante defensa.

—Por eso mismo debe quedar clara la posición que ella ocupará en la Orden. —Faysal tampoco confiaba en Maria, al mismo tiempo no desconfiaba de Altaïr—. O las especulaciones incrementaran. No se puede garantizar que la confianza en ella aumentará, in sha'Allah(5) con el tiempo la verdad se hará notar.

•••

El cambio de ser miembro activo de la Orden a ser alguien que se encargaba de su administración, había sido duro, en gran medida sabía que se debía al hecho de haber perdido su brazo izquierdo. Incluso podía aceptar que gran parte de su aberración a algunas labores en los primeros días se debía más a que odiaba su nueva condición, a que las labores en sí fueran detestables, prueba de ello es que una vez que se había acostumbrado a la pérdida de su brazo, las demás actividades habían dejado de parecerle detestables.

En este momento, no estaba seguro del todo.

Una vez que el consejo había dado un veredicto acerca de la situación, comentárselo al Maestro no había sido difícil, decirle a Abbas que sus sugerencias había sido desestimadas, no tanto, decirle a Maria las cosas, había suscitado el extraño efecto de que nadie quería hacerse cargo de dicha tarea. Altaïr se había encogido de hombros comentando que era la idea del consejo en primer lugar, pero podría jurar que le vio reír al salir de la habitación. Sinan se negó tajantemente a hablar con ella, escapándose con la excusa de que si él se lo decía solo podría empeorar las cosas. Hashim y Faysal habían parloteado acerca de no conocerla muy bien, no saber cómo tratarla, siendo que ella era muy temperamental, lo mejor era que alguien que la conociera y que tuviera diplomacia lo hiciera.

Así es como había terminado con la inglesa enfrente de él, sin saber cómo empezar a discutir aquello.

—He escuchado que le has preguntado a Halima por diferentes actividades en las que puedes ayudar, ¿alguna ha sido de tu agrado?

Maria lo observó de soslayo.

—Lo usual es hablar del clima —le dijo recargando ambos brazos en el escritorio.

—¿Perdón?

—Primero se habla del clima o de cómo están los caminos, también podrías preguntar por la salud de mi familia —¿De qué estaba hablando esta mujer? Malik frunció el ceño—. Comentar sobre los refrigerios es válido, ya sabes, si los ingredientes están frescos, si las frutas de la temporada están en su punto. Si quieres hablar en círculos y ser cortés, primero tendrías que agotar esos temas. —Algunas veces su sentido del humor, no tenía nada de gracioso.

—Tú no conoces la amabilidad.

Au contraire(6), un hombre que no es de mi familia ni mi amigo, no puede indagar en la primera frase de una conversación sobre las actividades que realizo día a día. Mucho menos insinuar si trabajo o no, es como si dijeras que mi apariencia a simple vista es de una campesina, incluso a tradesman's daughter se sentiría ofendida(7) —le sermoneó la mujer con aires de superioridad. Una vez uno recordaba su tendencia al non sequitur, entender que estaba intentando bromear era fácil de detectar, aunque con honestidad se le escapaba el significado de su parloteo.

—Altaïr dijo que ustedes dos ya habían llegado a un acuerdo.

—¿Es esta una plática oficial o es un intento de hacerlo en un terreno neutro? —inquirió con suspicacia.

—El Maestro y el consejo están al tanto de lo que se discutirá. —A veces creía que estar con ella era como estar en una perpetua batalla.

—¿Debería preocuparme porque no están los otros... eh, ancianos? —No pensaba ir por ese camino.

—¿Era eso necesario?

María sonrió percibiendo su incomodidad con el tema.

—Oh, estoy segura que lo hicieron en mi beneficio —No iba a darle la gratificación de confirmar sus sospechas, por muy acertadas que estuvieran—. ¿Qué quieren que haga? —preguntó cruzándose de brazos.

—Hay un par de cosas antes de decidir tu castigo —terció el asesino observándola con detenimiento—. El consejo ha estado de acuerdo en que es necesario aclarar tu estatus en la Orden. —Esta vez, ella fue la que frunció el ceño—. ¿Quién eres y qué vas a hacer para la Orden?

Por primera vez la mujer lo observó con seriedad, incluso se reacomodó sobre la silla.

—¿Me están pidiendo que me una a la Orden?

—No, aquellos que juran servir a la Orden lo hacen por voluntad propia, pero no puedes romper el juramento cuando te convenga.

Ella bufó.

—Trata de no abandonar una "Orden" cuando esta hace todo por matarte —le rezongó enojada—, pish-tosh! No abandoné el Temple por diversión o simple capricho.

—Tú aceptaste que estabas ahí por De Sablé y no por la organización en sí —razonó evitando el sarcasmo, no tendría sentido enfadarla.

—Y no abandoné el Temple cuando él murió, pese a que perdí el poder que tenía —replicó con mayor tranquilidad, aunque aún parecía estar a punto de dar rienda suelta a ese mal carácter que tenía—. Dejé el Temple porque lo que hacen está mal. No voy uniéndome a las facciones solo porqué sí.

—¿No quieres pertenecer a la Orden?

—Lo haces sonar tan sencillo. No es cuestión de querer o no, unirme a su causa. Creo que lo que hacen es correcto, creo que vale la pena luchar por ello, pero ¿debería unirme a una orden que desconfía de mí y me menosprecia por ser mujer? ¿Debo poner todas mis esperanzas en que Altaïr no muera o cambie de parecer con respecto a nuestra relación? Déjame pensar ¿en dónde he escuchado esa historia?

Aquella vehemente respuesta lo tomó desprevenido, sí, todo lo que ella había dicho era algo que él sabía, es más, él lanzaba dudas en la cabeza de Altaïr con la esperanza de que hicieran suficiente resonancia, pero nunca se le había ocurrido interpretar las cosas de aquella manera. La reticencia de Maria en el fondo, tenía que ver con el miedo de volver a repetir la historia del Temple.

¿Y cómo decir que no sucedería?

—Tus dudas son razonables, pero si no eres parte de nosotros ¿por qué deberíamos confiarte asuntos de la Orden?

Las posturas eran irreconciliables, a menos que uno de los dos cediera.

—Así que ¿o soy uno de ustedes o no debo intervenir?

—No puedes culparnos de ello.

No, en verdad ella no podía hacerlo, el razonamiento no era ilógico.

—¿Ni siquiera podría darle clases a los jóvenes?

Malik negó con la cabeza.

—Solo los que viven bajo del credo pueden entrenar a los assassiyun —pronunció, al tiempo que veía a la mujer respingar.

—¿Eso incluye que yo viva en el Jardín? o que Altaïr y yo...

—Tu relación con el Maestro no es algo que nos atañe —le interrumpió Malik, aunque no entendía por qué Maria tenían que complicarse la vida. Si quería estar con Altaïr, cuál era el problema con casarse con él—. Tampoco nos compete decidir donde resides y Altaïr tiene el poder de dejarte vivir dentro de la fortaleza.

—Uhm —Malik casi podía escuchar la sarta de comentarios nada favorables, detrás de ese sonido.

—Solo los que sirven al credo pueden vivir en la fortaleza, incluso las familias de los Asesinos viven en el pueblo.

—¡Oh! ¿Y cómo enriquecen las mujeres del Jardín al credo?

Malik gruñó, no se iba a enzarzar en una batalla sin sentido con ella.

—Ya te dije lo que deberías saber, ahora es tu decisión lo que sucederá después.

Ella entrecerró los ojos, como si estuviera contemplando lanzarle algún comentario mordaz.

—¿Cuánto tiempo tengo para tomar mi decisión?

—No lo especificaron, pero no creo que cuentes con muchos días. —Le vio apretar los puños como si sintiera que aquello fuera injusto, mas no lo era. No estaban dudando de su valía como guerrera o soldado, excepto Sinan, ni siquiera estaban sometiendo a voto si sus conocimientos eran útiles para la Orden. Lo único que estaban pidiendo era que demostrara compromiso con la hermandad, si es que la quería tener—. Tú detestas que se te tome solo como un apéndice de Altaïr, pero sin él ¿Cuál es tu lugar entre nosotros?

Maria se irguió de la silla y salió del lugar sin decir una sola palabra. Era la primera vez que Malik estaba seguro que la mujer no había tomado sus palabras ni como una ofensa, ni como una burla.

Continuando con las actualizaciones, aquí llega esta. Déjenme expresar mi aprecio por Malik, a quien debo escribir más seguido solo porque sí y porque sin él la vida no sería igual.

Como de costumbre, gracias por sus comentarios, le respondí a todos si a alguien no le llegó su respuesta por favor háganme la notificación para volver a responderles.

(1)Bismallah: en nombre de dios. Es una frase usada al comienzo de una acción, para recibir la bendición de Dios.

(2) Ya Allah: Literalmente, Oh Dios. Quizás en español sería más familiar "Por Dios" como una forma para denotar molestia. No implica que la persona tenga una religión en particular.

(3) Fragmento del El-Busiri's poem of the mantle

(4) Fragmento del Ka'b's poem of the mantle

(5) In sha'Allah: Si dios quiere. La expresión ojalá tiene su raíz en esta expresión árabe.

(6) al contrario o de lo contrario, etc. en francés.

(7) Aquí Maria quiere implicar, que de acuerdo a las convenciones sociales de la época, incluso la hija de un rico mercader (por ende ella no trabajaría o realizaría labores domésticos) se sentiría ofendida de ser abordada por un desconocido con semejante pregunta. Pero también pone un poco de relieve la postura ligeramente snobista de Maria. Volveremos a este punto en capítulos más adelante. De momento recuerden que aunque una familia tuviera suficiente dinero para darse una vida de lujos, estaban muy por debajo de la nobleza más empobrecida.