A rolling stone gathers no moss(*)

Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano mientras su tío le acariciaba el pelo tratando de calmarla, mas esta vez, ella no confiaba en su palabras ¿acaso no le había dedicado las mismas palabras hacía unas semanas atrás? ¿acaso no eran las mismas desde la primera vez que la habían molestado? Sin embargo, por más que había tratado de comportarse como Dios manda, ser amable con las niñas del pueblo e incluso ir tan lejos como jugar con ellas, o ser cortés con los niños que merodeaban por el patio central del castillo, nada de lo que había hecho la había llevado a congratularse con ellos.

Hice todo lo que me dijiste, bràithrean athar —se lamentó frotándose los nudillos que aún le escocían—. Esta vez, cuando Alickina me tiró de las trenzas no la empujé, ni siquiera me quejé.

Cuanto lo lamento, àilleag. —Esta vez su tío no sonaba tan convencido, Maria sabía que a su tío no le gustaba que la lastimaran, la protegía incluso de su madre, pero no parecía convencido de que los niños estuvieran haciendo algo malo—. Pero sabes que golpear a los niños no va a ayudarte. Ahora sus padres están molestos.

¡Ellos empezaron! —Ella solo se había defendido—. ¿Qué se supone debo hacer? ¿Dejar que me golpeen cuando quieran?

—Àille...

No seas estúpida, niña —Maria se sobresaltó, su padre rara vez iba a visitarla, sobre todo si eso implicaba tener que ver a su hermano el escribano—. No le metas ideas tontas en la cabeza, Helori.

—Bràithrean, son solo niños...

Que deben aprender a obedecer —aseveró su padre con severidad—, camina conmigo.

Maria se bajó de la silla en donde su tío trabajaba con sus preciados libros. Su padre le indicó que saliera del cuarto, su tío hizo el amago de seguirlos, pero su padre se negó. Maria no sabía porqué su padre y su tío no se llevaban bien, cuando tenían mucho en común.

No deberías escuchar las tonterías de tu tío.

Pero él...

¿Te he dado permiso de que hables? —La niña negó con la cabeza—, nadie quiere escuchar lo que tienes que decir, niña, a nadie le importa. Apréndelo de una buena vez. —Maria opinaba de manera diferente a su padre, a su tío Helori le gustaba escuchar sus pensamientos acerca de los cuentos que le leía a Maria, o simplemente lo que le sucedía en Dun Scathiag(1)—. Tal vez solo a los sirvientes les debe importar. Tienes que asegurarte que les importe, no quiero que seas como Sorcha, de quien hasta los porquerizos se burlan.

Sorcha era la segunda esposa del tío de su padre, una McLeod a la que todos detestaban. Ella no era desagradable, pero los McLeod eran los enemigos del Clan desde hacía varios años.

¿Sabes quién eres? —le preguntó su padre mientras salían de la torre del homenaje para caminar sobre el adarve.

Maria. —Su padre le miró furibundo—. Tu hija —aventuró de manera dubitativa.

Su barba negra se estremeció con el resoplido que dio.

Sí, tu madre asegura que eres mi hija, aunque a veces lo dudo. —Padre era difícil de complacer, de hecho no recordaba una sola vez en la que le hubiera dedicado algún cumplido. Pero ella estaba segura de ser su hija, su madre decía que se parecía en todo a la familia de su padre y nada a la de ella—. ¿Sabes quién soy yo?

Maria suponía que se iba a enojar si le respondía con un simple: mi padre. No obstante, ¿qué otra respuesta podía dar? no lo conocía, ni siquiera sabía dónde estaban sus aposentos.

Él negó con la cabeza, deteniéndose en las almenas de la parte interna de la muralla cortina.

¿Al menos sabes quiénes son ellos? —le cuestionó señalando el patio.

Maria se encaramó sobre las almenas observando a la gente que su padre le señalaba. En el patio se encontraban el herrero, los muchachos que cuidaban de los caballos, el carpintero, las mujeres que abatanaban la lana, algunas de las cocineras, había tantas personas que Maria no podía distinguir a quién se refería su padre.

La gente que vive dentro de las murallas.

Bueno al menos eso sabes. —Su padre no podía esperar que Maria recordara el nombre de todos, a algunos ni siquiera les había hablado—. Son vasallos, niña, ignorantes que Dios ha puesto a tu cargo, hacen las labores más pesadas porque no tienen la capacidad de pensar más allá de su reducido entorno.

Pero si todos tienen el mismo apellido que mi tío(2)...

Por dùthchas, ellos pueden establecerse en las tierras de los MacDhòmhnaill pero por oigreachd(3) es que se decide en dónde y quiénes se establecen. Nosotros pertenecemos a los que tienen oigreachd, por eso vivimos en la torre del homenaje, estamos por encima de la gentuza.

Maria sabía que ella no era igual a todos ellos, los que vivían dentro de las murallas a veces ni siquiera habían ido al otro lado de la isla de Skye, solo hablaban gaélico escoses, no tenían más posesiones que aquellas en sus cabañas; ella había nacido en Inglaterra, hablaba francés y comprendía el inglés(4), su padre tenía un castillo en Nottingham, madre a veces rumeaba sobre su tierra natal, en otras palabras su familia no pertenecía a la isla de Skye, eso los hacía extranjeros.

No necesitas juntarte con esa gente, no perteneces a ellos y nunca lo harás. Lo que necesitas es que te obedezcan.

•••

Maria abrió los ojos en medio de la madrugada sin que algún ruido o movimiento la despertara. Hacía mucho tiempo que no soñaba con su padre, hacía mucho tiempo que no pensaba en su padre... no le gustaba pensar en él. Vituperar el recuerdo de su madre era algo que le venía de manera natural, su relación siempre había sido terrible, ni siquiera podía pensar en una sola ocasión en la que ellas no pelearan, sin embargo con su padre las cosas habían sido diferentes. Jamás había sido el tipo de padre que se preocupaba por sus hijos, nunca se preocupó por la educación de su heredero, menos aún le importaron aquellos que madre perdió antes o después de nacer, a todos les miró como un mal necesario. Si madre se entrometía en la vida de sus hijos para fastidiarlos, padre fue el gran ausente. No obstante, le permitió tener su propio caballo, nunca la castigó por aprender a usar la espada, la dejaba comprar más botas que calzas, la llevaba en su grupo de caza cuando era la temporada(5). Él nunca le ofreció apoyo directo para ninguna de sus actividades, pero tampoco se opuso ni le negó el dinero que le correspondía. Si esto lo hacía porque lo que ella hiciera le era indiferente o porque era la mejor forma de incordiar a su madre, Maria no sabría decir. Pocas veces le había dirigido la palabra, la mayoría de ellas fue para recordarle que ella era de la nobleza y su lugar se encontraba por encima de todos los demás.

•••

Corrió por el campo, la cebada estaba lista para ser cortada, mas Maria no creía que se recogiera toda la cosecha ese año, la invasión iniciada por el rey William the Lion de Escocia había provocado que los hombres fueran a defender la frontera del país, si eso no era suficiente, todos sabían que su padre era aliado de los escoses, no era el mejor momento para estar fuera de la seguridad de las murallas, Gunna ya le había rogado que no saliera, no obstante tenía que saber la verdad, necesitaba saber la verdad.

Regresa al castillo antes de que te encuentren merodeando.

Maria se giró para observar a su interlocutor, ahí estaba la causa de haber salido de su hogar.

¿Es cierto? —demandó ignorando lo que el hombre le había dicho.

Todo el mundo está hablando de la invasión, ¡claro que es cierto!

Ella negó con la cabeza.

Lo sé, pero pregunto si es cierto lo que dijo Lord Charles.

Él la miró con compasión, Maria detestaba ser observada de esa forma, ella no necesitaba la lástima de nadie.

¿Hace alguna diferencia si es verdad o no?

¿Cómo podía decir eso? Él sabía lo mucho que Maria valoraba la honestidad, lo mucho que detestaba a las personas hipócritas, ¡claro que era importante saber si era verdad!

Si él está mintiendo, entonces yo lo confrontaré.

Una vez más aquella mirada que odiaba.

Él no está mintiendo, pero tampoco dice toda la verdad.

Explícate —exigió cruzándose de brazos.

Él rió como si lo que ella estuviera pidiendo fuera algo ridículo, tras lo cual golpeó la tierra húmeda por la llovizna de la mañana con la punta de su pie, antes de volver a alzar la mirada.

Los de tu clase siempre son así, demandando cosas sin importarles si los demás quieren o no —Maria abrió la boca para protestar—, no eres una de nosotros, Maria. No importa que uses camisas de lana o deambules por ahí con pintas de campesino, tu actitud, tu forma de hablar, de caminar hasta tu forma de mirar te separa de nosotros.

Pero yo no soy como ellos —profirió antes de que él continuara con su perorata.

En su rostro apareció una mueca sardónica, quizás quiso sonreír o quizás no conjuró el coraje suficiente para mofarse de ella.

Eso es lo mejor de todo, ahora nunca podrás ser cómo ellos, anhelarás tanto la libertad que te he mostrado que nunca podrás ser feliz entre ellos.

•••

Desde que era niña, cuando sentía que estar dentro de casa era demasiado agobiante corría hacia el bosque hasta que lo único que sus ojos alcanzaban a ver eran árboles, a veces no necesitaba sentir que su madre la asfixiaba para salir corriendo, simplemente deseaba estar en un sitio en donde se sintiera libre de hacer lo que ella quisiera. Magdalene siempre creyó que corría al bosque para hacer cosas de niño, pero no era del todo cierto, hubo ocasiones en las que Maria simplemente se tiraba en la tierra para escuchar el correr del río, el canto de los pájaros o el viento pasando por los árboles. Al estar entre la naturaleza, podía hacer lo que quisiera sin que nadie se lo reprochara.

Justo en ese momento, Maria no sabía a dónde correr, Masyaf era en su mayoría roca, arena y un par de arbustos que no le brindaban protección del intenso sol, además para ir a esos lugares debía salir del pueblo, ¿a dónde podía ir dentro del mismo sin ser observada como la extraña que era? Era triste ponerlo en esos términos, pero podía estar más a gusto dentro de la fortaleza. Cruzar las puertas de la entrada iba a levantar un par de cejas, si no es que se interponían en su camino, no quería ni pensar en la letanía que le iba a aguardar a su regreso porque seguro Altaïr se enteraría y seguro que le daría uno de sus momentos mamá gallina, en donde le recitaría los peligros que le aguardaban de solo poner un pie afuera.

Pese a todo se sentía como un animal enjaulado. Sobraba decir que detestaba esa sensación.

Maria necesitaba pensar y pensar las cosas con detenimiento, su vida había ido dando tumbos desde que había abandonado Inglaterra, al punto que parecía una roca cayendo por la ladera de una montaña a gran velocidad.

—Aún lado, extranjera. —La frialdad contenida en la voz, le provocó escalofríos. El erudito que era el jefe de la biblioteca pasó a su lado murmurando enojado para sí mismo, estaba segura que lo que sea que estuviera murmurando, era en su contra, nunca se había molestado en ocultar su desagrado por ella. ¿Había alguien a quien ella le agradaba? ¿Aunque sea un poco?

¡Oh! Altaïr podría gritarle a la máxima capacidad de sus pulmones, necesitaba salir de Masyaf.

•••

El sonido de la batalla permeaba por entre las cortinas que formaban la tienda, las cosas no habían estado saliendo del todo bien para los cruzados, Guy de Lusignan acababa de perder una de las máquinas de asedio que con mucho esfuerzo Conrado de Monferrato había logrado traer. Sin embargo, su líder en vez de farfullar maldiciones contra Guy (y todos aquellos que aún le apoyaban) por su ineptitud, estaba de buen humor.

No voy a desperdiciar tus habilidades en estúpidas refriegas —rompió el silencio el franco quien respondía apresuradamente una carta—, tendrás que contener tu sed de sangre por el día de hoy, Marie.

Maria se giró para observarle, claro que tenía ganas de salir al campo de batalla, había venido a Tierra Santa para probarse en la batalla, pelear contra el enemigo más poderoso. Desde luego opinaba que Guy de Lusignan era un bueno para nada, su idea de hacer la guerra era agarrar una espada y dar mandobles a ciegas, con lo cual lograba matar a centenares de sus aliados al enviarlos a trifulcas que estaban perdidas de antemano, pero ¿qué podía perder Robert al mandarla? Ella sabía cuidarse en la batalla, no se aventuraría en los ataques suicidas de los grupos comandados por Lusignan, ella formaba parte del Temple, así que tenía la prerrogativa de decir que ella se debía al Gran Maestre. ¡Por Dios había enviado a unos muchachos imberbes a la batalla!

¿Qué hay de los jóvenes reclutas que enviaste?

El hombre alzó la vista por unos instantes, sabía que estaba contemplando la posibilidad de no contestarle.

Les dije que se apostaran en la retaguardia, solo los envíe como apoyo. De Lusignan tendrá que buscar otro que le dé soldaditos que matar por capricho. —Las fuerzas que enviaba Robert en cada batalla eran pocas, realmente no podían poner la balanza a favor de los cruzados, al menos no por ahora, así que solo era un gesto simbólico—. Él no está dentro del grupo —comentó de forma espontanea, logrando que ella centrara su atención en él—. Si logras tener un poco de paciencia te mandaré a hacer algo sumamente importante —detestaba que le tratara como si fuera una chiquilla malcriada—, puedes matar a todo el que se interponga en tu camino.

¡Oh! Era algo de esas reuniones ultra-secretas, Robert no le había dicho muchas cosas acerca de ello, mantenía los labios bien cerrados, sin embargo le había prometido contarle la verdad algún día. Maria iba a preguntar por la misión cuando se abrió la entrada de la tienda.

Vine tan rápido como pude —exclamó Sibrand—. Su Majestad, Guy de Lusignan, quería saber si teníamos noticias del Emperador.

Las noticias de la inminente llegada del Emperador Frederick Barborrosa era lo que mantenía el espíritu de los soldados a flote, pues la derrota era lo que habían conocido los cruzados desde la batalla de los cuernos de Hatti, la retención de Tiro les sabía amarga por la pelea entre Conrado de Monferrato y Guy de Lusignan.

Ese iluso va a perder su esperanza muy pronto —Maria entendía la antipatía que despertaba el Rey de Jerusalén, pero a veces Robert parecía preferir que ganaran los sarracenos a que ganara el Rey—. El Emperador no tiene paciencia para los imbéciles.

Sibrand se giró hacia Maria tratando de buscar su ayuda, más ella negó con un suave movimiento, Robert creía que el Rey de Jerusalén era un bueno para nada, no habría nada en este mundo que le hiciera cambiar de opinión.

De todas formas él es el Rey de Jerusalén —comentó Sibrand.

Un asno de Rey —afirmó Robert bruscamente—, como todos aquellos que lo siguen.

Maria estaba segura que Sibrand no estaba de acuerdo, sin embargo a pesar de que tuviera sus dudas no se atrevería a rebatirle al Maestre de los Templarios. De hecho, él nunca le decía no a Robert, debido a ello muchos buscaban congratularse con Robert pues sabían que a donde él fuera irían los Caballeros Teutones, como casi cualquier otra de las Órdenes Religiosas.

He hecho las preparaciones cómo las has pedido —dijo el teutón evitando confrontar la postura de Robert sobre el Rey de Jerusalén—, no habrán contratiempos, los caballos estarán listos incluso antes del alba.

¿El dinero está en donde debe estar?

Sí, nadie sabrá que lo sacaste de las arcas. —Maria trató de contener que la pregunta se vislumbrara en su rostro, ¿para qué querría Robert esconder que estaba tomando dinero? quizás más importante era saber ¿a quién se lo estaba hurtando?

Muy bien, ¿traes informes de Tiro?

Lo último que me llegó es que las cosas van de acuerdo a lo planeado, acaban de localizar al hombre que tiene parte de lo que estás buscando...

Necesito que estés listo al amanecer —le cortó Robert—, si es que quieres ir.

Sibrad miró de reojo a Maria.

Si esto es sobre el Rey...

Guy de Lusignan es un asno de Rey, pero como has dicho, es el Rey.

Sibrand confirmó que estaría listo al amanecer, mientras Maria intentaba descifrar cuál era el motivo de dicha reunión tan secreta. A diferencia de Sibrand, ella sabía que Robert no trataría de quitarle el trono a Guy, ambos estaban convencidos de que él solito haría el trabajo, pero si esta reunión secreta no se trataba de derrocar a un Rey ¿qué otra cosa podía requerir tanto sigilo?

Nos vemos mañana, Maestre, my Lady —el hombre hizo la cortesía adecuada antes de retirarse, no sin escuchar el gruñido de Maria.

—Marie, sé educada. Solo porque portas una espada no significa que te tienes que comportar como un vulgar soldado. —La inglesa rodó los ojos, no podía decir que le disgustaban los modales impecables de Robert, hasta su madre estaría impresionada por él, pero la fastidiaba el hecho de que tratara de hacerla apegarse a esas convencionalidades. Se vería ridícula haciendo la genuflexión propia de una dama vestida de soldado.

Si me sigue llamando así, pronto todos sabrán la verdad. —No requería de la condescendencia de Sibrand aunque sus modales no le incomodaran en lo absoluto.

Robert negó con la cabeza.

Siempre tienes que encontrar algo por lo cual protestar. Eres feliz peleando con el mundo.

¿Qué crees que pasará si los demás se enteran de que soy mujer? —farfulló cruzándose de brazos, no le incomodaba la formalidad de Sibrand per se, pero la posibilidad de que alguien lo escuchara era grande.

Les digo que es ridículo y punto.

¿Y si no puedes convencerlos a todos?

¡Puedo hacerlo porque soy el Gran Maestre! —bramó Robert golpeando con ambas manos la mesa en la que estaba trabajando—. ¡Mira lo que provocaste!

Tú golpeaste la mesa con el tintero abierto y no puedes tener a todo el mundo bajo tu control, Guy de Lusignan es un ejemplo. —A Robert le disgustaba que le señalara los errores en su lógica, era como si le echara sal sobre una herida abierta.

Me has colmado la paciencia. No te voy a mandar a ninguna misión importante, te quedarás aquí hasta que regrese, y que esa cabecita tuya no elucubre nada, porque me voy a enterar. Será mejor que medites tu lugar en esta orden, Marie, antes de que te dé por contradecirme.

•••

A Robert le daba por amenazarla sutilmente con esa frase, medita tu lugar, lo cierto es que Maria nunca lo hizo, siempre había confiado en exceso en la extraña relación entre ambos. Robert nunca lo dijo, pero por mucho que Maria discutiera con él (y a veces discutían hasta el cansancio), jamás hizo el más nimio movimiento para sacarla del Temple. Sibrand, cuando se sintió lo suficientemente cómodo para hablarle, siempre le dijo que todos sabían lo mucho Robert la apreciaba, por eso ni siquiera Abul Nuqul se atrevió a sobrepasarse con ella (él hombre parecía no poder contener sus manos cuando tenía una mujer enfrente, hermosa o esperpento, le ponía las manos encima). Basada en esas acciones, Maria había cerrado sus ojos a cualquier señal de alerta, porque seguro habían existido.

Aventó parte de una rama seca en su pequeña fogata, no deseaba pensar mucho en sus días como parte del Temple, pensar en Robert aún dolía demasiado. ¿Y acaso no es parte del por qué estás sentada en medio de la oscuridad expuesta al peligro? Con Robert se había ido todo por lo que había luchado en Tierra Santa, al mismo tiempo se había llevado todas sus creencias acerca del mundo en donde vivía. Regresar a su tierra natal no tenía nada de atractivo, es más, si su madre se llegaba a enterar de lo que había pasado, era capaz de ponerla ella misma en la hoguera: los infieles deben ser purificados por el fuego. Haber ayudado a uno, la condenaría lo suficiente a los ojos de su madre. Dormir con uno... no quería saber qué tortura se le ocurriría. Quizás pudiera pedir asilo a su hermano mayor o al pequeño quejicas, tal vez incluso con Magdalene, ella era tan buena con todos, pero ¿y luego que haría? ¿vivir de su caridad? ¿contarle a sus sobrinos que después de todos sus viajes volvió a casa para engordar a lado de la chimenea mientras bordaba? Nah.

¿Qué harás entonces de tu vida, Maria?

¿Acaso el viajar con Altaïr hasta Masyaf no era una indicación? En realidad cuando estaban en Damasco investigando si en Al-Raqqah o Taysafun las guaridas de asesinos tenían dinero suficiente para cubrir el viaje de Maria hasta la India a través de la Ruta de la Seda, Altaïr se vio involucrado en un altercado en el soco, lo cual los obligó a salir de la ciudad, luego fueron perseguidos por beduinos —no importa lo que relate Altaïr, no fue culpa de Maria—, los sucesos que siguieron los puso al límite, llegar a Masyaf fue un acto de mera sobrevivencia.

¿Y tenía ganas de partir a la India? Incluso estando en Damasco Maria había pensando en decirle a Altaïr que ya no iría a la India, lo único que no sabía es qué iba a hacer de su vida y era demasiado orgullosa como para pedirle al hombre que le dejara intervenir en la lucha, al mismo tiempo ¿qué podía ofrecerle? Estaba muy vieja para aprender a correr entre los techos, además con toda honestidad eso le daba miedo, podía espiar a los Templarios, conocía las rutas por donde enviaban los mensajes, sabía en dónde estaban sus centros de mando, quienes los comandaban, sabía leer sus mensajes encriptados, ¿pero estaba dispuesta a pasar su vida tras un escritorio? Era mejor opción a sentarse a bordar cerca de una chimenea, mas no era algo que realmente le gustara.

¿Quería aún lanzarse a la batalla?

Su amor por el fragor de la batalla no había disminuido, lo único que había cambiado era la forma de ver la guerra, no tenía deseos de derramar sangre sin sentido. ¿Estaría contenta simplemente practicando sus técnicas en el círculo de entrenamiento? Sonaba a desperdicio no usar lo que sabía, no obstante ¿acaso no significaría que estaba ansiosa de sangre?

¿Sería capaz de separarse de Altaïr?

Maria removió las brazas de la fogata, no quería pensar en la respuesta a ello. Hubo un tiempo en su viaje en donde estaban sucediendo tantas cosas como para pensarlas con detenimiento, huir de los beduinos, esconderse de los soldados de Saladino, evadir los espías templarios, los problemas de la caravana, su situación como extranjera, escases de alimentos y dinero, sentimientos no dichos flotando como molestos moquitos, los dos estaban tan presionados tratando de sobrevivir que las peleas entre ambos estallaban con gran facilidad... luego aquel día en la arena la fuerza de todo los impactó a tal grado que no pudieron contenerlo.

¿Alguna vez había pensando en unirse a los Asesinos? Antes de verse envuelta de esa manera con Altaïr sí lo había contemplado, aunque nunca lo hizo con seriedad. ¿O simplemente te dejaste llevar por lo que despertaba en ti? Ya no tenía dieciséis años, pero no podía negar que Altaïr le hacía perder la cabeza, la ropa interior... y algo mucho más aterrador.

¿A dónde quieres ir, Maria?

¿Cuál era el problema de unirse a los asesinos? Además de que nadie confiaba en ella, algunos querían prohibirle usar la espada, no se llevaba bien con nadie ¿Y de quién era la culpa? La Orden de los Asesinos no era el Temple, no debían permanecer alejados los unos de los otros, en silencio, orando o rumeando planes de manera secreta. Estaban unidos por lazos de amistad, de camaradería... eran una hermandad.

—¿Estás bien? ¿Qué haces aquí? ¿Tienes idea del peligro al que te expones? No debes encender fogatas en esta zona ¿En qué estabas pensando? —Maria suspiró sin alzar la vista de su fogata, suponía que no podía invitarlo a tomar asiento—. ¿Tuviste un accidente? No debiste salir sola, Maria el peli...

—No, mamá, no me ha pasado nada.

—Asaltantes de caravanas pasan por aquí, las mujeres de piel blanca y ojos claros son codiciadas. —Blinkin' heck! Altaïr no venía solo, por favor que el hombre no hubiera despertado a la fortaleza entera.

—¡Oh! ¿No tienen estándares tan altos, no? —Había soltado una estupidez estaba muy consciente de ello, pero el hecho de que Malik y Ra'uf lo acompañaran la dejó sin pensamientos racionales.

—¡¿Cómo puedes burlarte?! —gritó Altaïr, no solo estaba enojado, su lenguaje corporal le decía que estaba experimentando varias emociones desagradables.

—Piel blanca y ojos claros es la descripción de más de la mitad de la población franca. —Sabía que ese no era el punto, es más sabía que solo estaba acrecentando el enojo del hombre.

Vio a Altaïr negar con la cabeza mientras ella se levantaba para apagar la fogata, sabía que a veces su actitud desinteresada lo sacaba de quicio, pero no le gustaba cuando la trataba como si fuera una tonta. Al terminar su labor Altaïr la tomó por la muñeca.

—No te alteres —le previno al sentir como la apretaba con más fuerza cuando notó las manchas de sangre en las muñequeras—, ¿tenía que comer algo, no? pues solo es eso. —Su presión disminuyó más se mantuvo firme.

El asesino no dijo nada, se limitó a caminar a lado de Ra'uf quien portaba la antorcha, a su lado Malik la miraba de reojo con una mueca que le recordaba a su tío cuando le contaban de los problemas en los que se había metido. Prefería cuando la ignoraban. Suponía que tampoco era un buen momento para decirle que en más de una ocasión había tenido que enfrentarse sola al peligro, sus constantes merodeos tanto en Sleat como en Nottingham le habían enseñado un par de cosas sobre enfrentarse a posibles secuestradores o violadores. No sin mencionar que había viajado desde el norte de Inglaterra hasta Tierra Santa sin que alguien la protegiera.

—Es una noche tranquila, ¿no? —dijo cuando Malik volvió a fijar su mirada en ella. Maria no estaba segura si lo mejor era iniciar una conversación, los hombres parecían haber bebido algo amargo, pero el que Malik la mirara de esa forma la incomodaba.

El asesino murmuró o quizás gruñó en contestación a su pregunta, no sabía si aquello era algo positivo o negativo.

—¿Sabes? En mi país hay algunos bosques en donde los árboles son tan altos y las copas de los árboles son tan pobladas que no ves el cielo, incluso a veces la niebla entre los altos matorrales es tan densa que tampoco puedes ver muy bien a la distancia. —Cuando Maria se sentía nerviosa, ella no movía las manos o los pies, pero sí le daba por parlotear.

—¿Y nunca tuvo miedo de perderse, Saida? —Ra'uf, siempre el más amable de los tres.

—Me perdí un par de veces, por mucho que conozcas el bosque en esas circunstancias todo te parece igual. Aquí el camino se ve incluso en la oscuridad.

—Hay muchos peligros fuera del pueblo —bramó Altaïr, aumentando la presión de su mano sobre su muñeca.

—¿También hay lobos o hay osos? He escuchado de los lobos árabes, pero no he visto ninguno. —No le agradaba en lo absoluto el tirón que le había dado, pero no quería armar más escándalo del necesario.

—Los lobos son más comunes en el Reino de Jerusalén, pero de vez en cuando se ven osos por esta zona —comentó Ra'uf, al sentir la mirada de Altaïr añadió— no obstante, el peligro mayor viene de los humanos, los asaltantes de caravanas suelen acampar por la zona debido al río. —Maria rodó los ojos.

—Sí, en Inglaterra había de esos también, bueno no asaltaban caravanas, carruajes sí, también había gente que había sido raptada por elfos, hadas, duendes y hasta gnomos.

—No es un cuento para niños, Maria, las personas son raptadas y vendidas como esclavas. ¡Esto no es tu país! —Si Altaïr fuera un oso, en ese momento estaría parado sobre sus patas traseras gruñendo con todo su poder. A Maria no le gustaba ese trato.

—Sean cuentos para niños o no, la gente lo cree, mi propia madre lo creía. Pasé gran parte de mi infancia tratando de convencerla que no me habían robado las hadas y ahora era un ente demoniaco, mientras ella me azotaba la biblia en la cabeza(6). —Altaïr se detuvo en seco, girando sobre sus talones para observar a Maria—. Tomar personas de un pueblo y venderlo a otro como esclavo no es exclusivo de aquí. ¿O crees que en Europa la esclavitud no existe?

—¡Claro que existe, pero no es lo mismo! No sabes de los peligros a los que te enfrentas al merodear fuera del pueblo.

—¿Tú crees que en mi país no había peligros? He vivido toda mi vida entre guerras, entre complots para asesinar a éste o aquel, "mi familia" trató de asesinarme cuando era pequeña para quedarse con la tierra de mi padre. Hierro o sangre, mueres por la voluntad de hierro de los otros o mueres por tu sangre, así se vive en Inglaterra. —Ra'uf miró de reojo a Malik, tratando de averiguar cómo se comportaba uno bajo dicha circunstancia, pero el Dai no sabía qué hacer, la discusión solo parecía ir escalando—. Disculpa si no me comporto como una delicada florecita del valle que tiembla cuando sopla el viento.

—¿Y por eso crees que está bien exponerte al peligro?

—Sí porque es la puta mar de divertido que intenten violarte, o escuchar cómo están violando a una niña inocente, es como un pasatiempo para mí. ¿Crees que no tengo idea de lo que es esa situación? —Ella sabía que estaba siendo injusta con Altaïr, pero su postura la enervaba—. Tenía trece años la primera vez que intentaron violarme, era un soldado inglés que se supone debía protegerme, y piensas que lo primero que voy a pensar de alguien que merodea por aquí es que es mi amigo. —En algún momento de su argumento se soltó de la mano de Altaïr—. Déjame aclararte algo, los instintos básicos de los hombres no cambian porque hablen otro idioma. ¿Olvidas que no es la primera vez que soy extranjera en un lugar?

—Escocia no está lejos de Inglaterra.

—He estado en Portugal, en Francia, en Sicilia, en Chipre(7) y no tenía nadie que me cuidara. Toda mi vida me he protegido yo misma.

—¡Pero ya no estás sola y nos preocupamos! —Maria le miró con cara de circunstancias, podía creer que él pusiera la fortaleza patas arriba, de los demás lo dudaba.

—Los hermanos que vigilaban la entrada del pueblo corrieron a avisarnos cuando oscureció que usted no había regresado, Saida. —Sí claro, podían ser regañados por permitir la huída de la mujer del maestro—. Teníamos miedo de que los templarios hubieran aparecido.

—¿Y no tenían miedo de que hubiera huido con ellos? —El enojo sacaba lo peor de ella y Ra'uf no tenía que pagar su mal humor.

Ra'uf hizo una cara de espanto, buscó a Malik para que le ayudara a enmendar su error.

—Por favor, miente diciendo que nadie lo hubiera pensando —le retó Maria, Ra'uf era todo amabilidad, lo cual era agradable mas Malik aunque de gestos adustos era franco.

—Algunos lo harían, pero creíamos que te había sucedido un accidente.

—¿Tú preocupándote por mí? —Franqueza en amabas partes a veces era poco diplomático—, no tienes que fingir, tu abierto desagrado no me incomoda, estoy acostumbrada a ello.

Esta vez fue Malik quien rodó los ojos.

—Tenemos más desacuerdos que acuerdos, pero eso no quiere decir que me desagrades. —Bollocks! Le gustaba más el hombre cuando no fingía—. Regresemos a la fortaleza, por favor, así podrás confirmar por ti misma si nos preocupamos o no.

Maria lo observó con aprensión, se giró hacia Altaïr buscando una explicación, pero este no dijo nada se limitó a guiar el camino. El hombre estaba furibundo, y como de costumbre él solo se estaba desangrando por la herida. Ella solo había salido a meditar, su lugar de meditación no había sido la mejor elección, pero tampoco era para tanto. Maria era lo suficientemente experimentada para lidiar con la mayoría de las situaciones, ella solita.

Esta es la última actualización semanal, para el siguiente capítulo tendrán que esperar un mes, y si ustedes tampoco son florecitas del valle, ya saben dónde van los reclamos.

(*) A la piedra movediza, el moho no la cobija. Es un famoso dicho con varias interpretaciones, se puede decir que hay dos explicaciones generales, una que es en forma halagüeña, pues siempre se están buscando nuevas cosas o bien puede hacer referencia a ser incapaz de adquirir un compromiso, por tanto es dicho a manera de crítica.

(1)Es el nombre del castillo del clan McDonald (MacDhòmhnaill en gaélico escoses) en la isla de Skye. Actualmente solo quedan las ruinas.

(2, 3)Es conocido el sistema feudal de la edad media en donde estaba el señor del castillo y sus siervos, el apellido de la familia pasaba de padres a hijos. Este sistema era el imperante en Inglaterra, sin embargo, en Escocia esto no sucedía de la misma manera, sería muy largo explicar los detalles, pero en general ellos se organizaban en clanes, es decir toda la gente que le jurara lealtad al jefe de un clan pertenecía al clan, con ello podían usar el apellido de ese clan, aunque no estuvieran relacionados por sangre. Cuando un clan era reconocido tenían algo denominado: Dùthchas, es decir se reconocía que ese clan (todas esas familias) administraban ciertas tierras y podían pasarlas a sus descendientes, pero cuando denominaban a un jefe de clan que era reconocido por el rey, existía algo llamado: oigreachd, lo que le confería al jefe de clan algo similar a un título nobiliario inglés, por lo que eran dueños de las tierras por derecho propio, en este caso también se podían heredar las tierras, pero a diferencia del sistema feudal inglés, en donde el título y las tierras las heredaba el primogénito varón, en Escocia, el jefe del clan tenía la capacidad de decidir quién era el próximo jefe, aunque este no fuera ni el primogénito ni su hijo.

(4) La nobleza inglesa hablaba francés (al menos una variación anglo-normanda), es hasta mediados de la guerra de los cien años (1399) que los reyes de Inglaterra empiezan a hablar inglés y por ende se convierte en la lengua oficial de la corte.

De acuerdo a lo dicho por Ubisoft, Maria era de la alta nobleza "noblewoman", es decir que su padre tenía un título nobiliario, mínimo como Barón del reino. Aunque Bowden nunca aclara dicha situación. Partiendo de ese hecho es por eso que ella hablaba francés y latín, los nobles no requerían de hablar inglés, de hecho algunos historiadores aceptan que Ricardo Corazón de León no hablaba inglés, históricamente no existen pruebas de que él hablara o entendiera si quiera el idioma. Aunque yo creo que Maria sí hablaba inglés (old/middle english). No obstante, Maria le confiesa a Altaïr que ha leído algunos extractos de filosofía, en aquella época los libros de filosofía en Europa se encontraban en su mayoría en latín o griego, las traducciones a otros idiomas no eran tan necesarias. Más importante la lingua franca del Medioevo es el latín, todo noble o comerciante que quisiera establecer relaciones con gente de otros países debía entender latín, casi por la misma razón que ahora se estudia el inglés, la lengua de la mayoría de las cortes (francesa, alemana, italiana) y de la iglesia (eso incluye las órdenes religiosas) era el latín. Aún si esto no era suficiente, para administrar tierras se deben saber latín puesto que las leyes, litigios y todo sus derivados eran en latín. Si alguien sabe de las latin school, tiene idea de por qué durante el Medioevo fueron famosas.

En general pienso que cuando Maria y Altaïr se conocieron debieron hablar en francés o en latín, el inglés no era una lengua importante, además salvo por la intervención de un par de reyes quienes no ganaron mucho o nada, a excepción de Ricardo Corazón de León, los ingleses no participaron tan activa en las cruzadas, por otro lado los que hablaban inglés eran los soldados de bajo rango. Francia y el Sacro Imperio Romano, fueron mucho más activos, dándole al francés y al latín más peso, junto con el italiano, pero este por diferentes razones, dado que tanto europeos como sarracenos comerciaban desde armas hasta provisiones con los italianos.

(5) La temporada de caza se daba de agosto a marzo en algunas ocasiones, aunque podía acortarse debido a las sesiones del parlamento. Ambas cosas están relacionadas porque la caza solo le era permitido a la gente de la nobleza, pero si el noble era requerido en Londres por las sesiones parlamentarias o estaba en guerra, no podía hacer dicha actividad. No obstante tal vez en la época de Maria fuera ligeramente diferente, dado que por entonces el parlamento no estaba establecido pero sí existía el Magnum Concilium, aunque el tiempo de sus sesiones variaba y considerando que los reyes a veces vivían prácticamente en Francia es difícil de establecer un calendario. Pero los nobles peleándose entre sí por las tierras era algo normal. La caza a veces se efectuaba como método para controlar la población de zorros, algunas aves y otros animales, también podía ser por simple diversión. El que las damas acompañaran a los hombres a cazar no era algo inusual, aunque ellas no mataban a los animales, en verdad se limitaban a acompañar a los hombres, por lo regular a caballo. Excepto que se estuviera practicando la cetrería (caza con aves rapaces) en aquella época estaba de moda entre las damas.

(6) Changeling: Según el mito, trolls, hadas, elfos o alguna otra criatura mitológica, cambia al bebé humano por uno de los suyos, las razones que la criatura mitológica tenía para hacerlo son variadas. Los changeling era niños con comportamientos extraños y que sentían no pertenecer al lugar en donde estaban, se decía que si la madre maltrataba al bebé cambiado, el humano regresaría. Se piensa que era una vieja forma de explicar enfermedades tales como Síndrome de Down, Autismo, etc. o comportamientos que se veían inusuales de los niños. Aunque ahora nos parezca ridículo, dicho mito fue causante de la muerte de varios niños, hay registros históricos de madres que metieron a sus bebés a hornos, sí mientras estaban encendidos.

(7) De acuerdo a las crónicas históricas, los soldados que partieron de Inglaterra a Tierra Santa en la tercera cruzada, pararon en Portugal, Marsella (Francia), Sicilia, Chipre y finalmente llegaron a Acre.