Divinas diablesas
—Anda, pasa, es un gusto tenerte aquí. —No podían culparla si dudaba de entrar en aquel cuarto. Usualmente las mujeres del jardín la miraban con suspicacia, rehuían a su paso y definitivamente no la invitaban a integrarse a sus actividades, todo lo contrario, les gustaba hacerla sentir una intrusa.
—Halima dijo que... esto sería adecuado.
—Ella detesta el lugar, la mayoría lo hace —afirmó la mujer con una sonrisa de lado.
En un lugar así podría sentirse casi como en casa.
—¿Y qué es lo escabroso de este lugar?
No era más que un cuarto pequeño, con una mesa baja rodeada de cojines y tapizada de papeles.
—Desde aquí toda la fortaleza se organiza.
Maria frunció el ceño, no es que ella dudara de las capacidades de la sarracena que tenía por delante, pero los asesinos eran demasiado arrogantes para darle tanto poder a una mujer.
—Halima también hace esa mueca, pero sin esto —exclamó moviendo sus manos para señalar todo el cuarto—, los hombres no tendrían qué comer, dormirían en sus propias ropas sucias, probablemente también trabajarían en su basura y no podrían encontrar una sola vela.
Oh, ahora era obvio. La mujer que tenía por delante, era quien organizaba a los sirvientes de la fortaleza, aquellas manos invisibles que permitían el funcionamiento impecable del castillo. Era fácil pensar a los asesinos como hombres prolijos porque estaban acostumbrados a mantener un orden, poner la ropa sucia en un canasto o colocar los platos sucios en la bandeja adecuada, no obstante, ninguno de ellos lavaba la ropa sucia, menos aún los platos.
—Pero si desde aquí impartes las órdenes ¿qué es lo detestable de este lugar?
—Sé que sabes usar la espada, pero ¿Qué sabes de mantener un hogar?
Maria había mantenido Bamburgh sin la ayuda de su ilustrísimo esposo, quien lo único que le importaba era recoger los impuestos de su secretario. Madre se sentía demasiado noble para interactuar con la servidumbre constantemente, así que Maria también había intervenido en Castle Rock.
—Déjame adivinar, ninguna de ellas sabe hacer sumas o restas.
La mujer negó con la cabeza.
—Las mujeres del jardín reciben una educación, ¿o crees que eres la única con un cerebro? —Sí claro, educadas, en su país también las educaban para parir hijos—. Aunque tampoco negaré que algunas parecen olvidarla con gran facilidad. No, pero cómo van a ordenar si no saben cómo funcionan las cosas por experiencia propia.
En otras palabras, esta mujer les hace realizar tareas que sienten como degradantes. No le incomodaría ayudar en algunas labores, pero si la ponía a fregar pisos o lavar la ropa, ella simplemente se iría.
—¿Cuál es la primera labor del día?
La desconocida le sonrió y por primera vez Maria le devolvió el gesto a una mujer que pertenecía al Jardín de la Orden.
Vashti había nacido en Hamadan, la capital oeste del imperio selyúcida. No podía decirle mucho a Maria sobre la ciudad, puesto que solo había vivido los primeros seis años de su vida en ese lugar. En 1156, cuando el sultán Ahmed Sanjar fue asesinado, el estado selyúcida cayó en caos, las guerrillas entre aquellos que deseaban imponerse, la falta de alimentos y el desorden en general, había orillado a su familia al borde de la desesperación para sobrevivir. Así que cuando un hombre le ofreció una cantidad de dinero considerable a su padre por ella, él aceptó. Iban a llevarla a Ascalón en donde Amalarico acababa de casarse con Agnès de Courtenay, varios de los nobles del reino estaban presentando sus felicitaciones por tanto la afluencia de francos con dinero era basta. Venderla como sierva sería muy fácil. Nunca llegó a Ascalón, estaban pasando por Homs cuando los asesinos se encontraron con la caravana llena de esclavos.
No había sido su decisión viajar a Masyaf, pero ninguno de los esclavos liberados quiso llevarla a la siguiente ciudad ni regresarla a Hamadan. Los asesinos la tomaron junto con otros esclavos, había vivido el resto de su infancia junto con otras niñas huérfanas en el pueblo. A los diez años cuando recibió la invitación de Al-Mualim, decidió unirse a las mujeres del Jardín, le debía la vida a los asesinos y era la única forma en la que podía retribuirles lo que habían hecho por ella. Tres años después se casó con uno de los asesinos, le había dado un niño que murió de tisis en un crudo invierno, años después su esposo murió en una misión en Trípoli.
Más o menos todo esto le contó mientras recorrían la fortaleza por los pasillos usados por los sirvientes, observando las tareas que se realizaban. Hasta ese momento no había reparado en la labor que conllevaba mantenerlo, pisos limpios en un lugar en donde sus habitantes se la pasan todo el día entre tierra y arena, no era algo que se lograra por gracia del espíritu santo, ropas siempre dispuestas para hombres cuyas actividades físicas eran extenuantes, menús que satisficieran el apetito de los hombres al tiempo que no incomodaran en sus actividades. Docenas de cosas por planear, pero ¿quién de las bellezas indiscutibles de Masyaf quería ensuciarse las manos? ¿quién de los hombres perdería el tiempo en labores tan mundanas?
Maria no sabría decir quién se sorprendió más cuando regresó al siguiente día, lista para experimentar todas las labores que Vashti comandaba. No obstante, ambas descubrieron que la presencia de la otra no las incomodaba.
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Maria estiró las piernas mientras revisaba la lista de actividades, aún confundía algunas letras pese a la paciencia de Talha, los ánimos de Altaïr e incluso la insistencia de Vashti, ellos creían que leer y escribir árabe era sencillo, pero a ella le parecía engorroso que un punto arriba, abajo o sin punto hicieran la diferencia entre sonidos tan diferentes, como en el caso de Jim, Ha y Kha, aunque no eran los únicos. Joder, el jodido alfabeto se diferenciaba por nimiedades como esa. Eso sin mencionar que la letra aislada se escribía de una manera, pero si se escribía al inicio, en medio o al final de una palabra cambiaba su grafía(1).
Eso simplemente no era de Dios. Y los escribas europeos se sentían felices por escribir rayitas o curvas perfectas en sus libros. No tenían ni idea de lo que otros alfabetos representaban.
No obstante, la práctica lo era todo, así que ahí estaba sentada cerca de Vashti, por si no comprendía la escritura o de plano no entendía nada.
—¿Si Laleh es una sirvienta, por qué está dentro del Jardín?
Vashti alzó la vista de su trabajo.
—Laleh no es una sirvienta —declaró, Maria entrecerró los ojos para ver si se había equivocado al leer—, ella es una de las mujeres más problemáticas del jardín. —La inglesa bufó, ese título le pertenecía... ella no era una mujer del jardín y nunca lo sería, la chica podía quedarse con el epíteto—. Supongo que algunos dirían que ella es la más hermosa del jardín.
—¿Ella es la que siempre está bailando? —Maria la había visto un par de veces, era una mujer de piel tostada, un cuerpo perfectamente moldeado por curvas cuya cadencia hipnótica al moverse al ritmo de la música podrían incitar a cualquiera, como si eso no fuera suficiente sus ojos avellana enmarcados por un cabello castaño claro le confería una exoticidad impactante.
—No, esa es Ra'eesah, ella es la mejor bailarina que tenemos, antes estaba con Malik. —Bueno, el hombre era guapo, aunque a Maria siempre le hiciera caras, no le parecía raro que tuviera mujeres bellas a su alrededor—. Laleh es la esposa de Mustahabb, el antiguo secretario de la Orden. —Maria parpadeó tratando de pensar si conocía al nuevo—. Es una posición que nadie ocupa ahora, el Maestro se encarga de administrar todos los recursos. —Cómo si el hombre tuviera idea de lo que eso implicara, sin embargo, Maria no iba a abrir la boca al respecto.
—Pero él es muy viejo. —Altaïr le había presentado al antiguo administrador, los dos habían platicado con él para saber si existían registros de la recolección de impuestos en las ciudades más cercanas al Condado de Trípoli. Habían tardado mucho tiempo en que les proporcionara la información, el hombre estaba medio sordo, ciego y a veces parecía como si pensara que Altaïr todavía estaba ascendiendo en los rangos para convertirse en Maestro Asesino.
—Fue el escándalo de su época —exclamó la mujer entre risas—, hace unos doce o trece años atrás, Al Mualim fue convocado a Alamut para las reuniones que de tanto en tanto sostienen los Hujja(2)... ¿Sabes cómo se conciertan los matrimonios en la hermandad? —Maria negó con la cabeza, no era algo que le interesara—. El hombre y la mujer le piden permiso al Maestro de la Orden para casarse, si no hay un inconveniente el Maestro accede tras lo cual el novio y el padre de la novia discuten el Mahr(3) que presentan al Maestro, es hasta entonces que se puede fijar una fecha para la boda.
—¿Por qué el Maestro tiene que dar su permiso?
—Los hombres pertenecen a la Orden, a veces las mujeres también, aquellas que entran al jardín de pequeñas pasan a estar bajo la protección del Maestro. En este caso es él quien tiene que negociar con los asesinos el Mahr. —Maria nunca había pensando en el poder que ejercía el Maestro de la Orden a nivel personal, mas ahora que Vashti lo mencionaba parecía aterrador—. ¿Dije algo malo?
—Él puede decidir quién se casa con quién.
—No, él no puede obligar a nadie a casarse, son las parejas las que piden el consentimiento, si el Maestro llegara a negarse es porque el hombre no cumple la edad o no tiene el rango y por ende los medios para sostener a su esposa o bien la mujer no tiene la edad mínima. Son las únicas razones válidas que se pueden dar, el hombre o la mujer pueden cambiar sus circunstancias con el tiempo así que la pareja puede formular cuantas peticiones sean necesarias.
—¿Qué es el Mahr? ¿y por qué tiene que enterarse el Maestro?
—El Mahr es dinero o bienes que el hombre está obligado a darle a la mujer antes de casarse, eso que le asigna es de uso exclusivo de ella. El Maestro tiene que saber para que el hombre no mienta o prometa más de lo que pueda dar, además de asegurarse que a la muerte del hombre sus familiares no se lo quiten. —Si lo veía desde esa perspectiva, sonaba fabuloso, pero si el Maestro de la Orden era alguien corrupto o tan rígido como Sinan, parecía terrible—. ¿No hay Mahr en el occidente?
Maria rió ante la idea ¿el hombre pagándole a la mujer? ¡Ni en sueños!
—No, de hecho es a la inversa, la familia de la mujer es la que tiene que darle al hombre dinero o propiedades, ambas es lo mejor(4).
Vashti la miró como si aquello fuera algo extravagante, lo gracioso era que a Maria se le hacía extravagante que los hombres por fuerza tuvieran que pagarle a la mujer para casarse, aunque sin duda alguna sonaba mejor que la costumbre de su país. Con todos los problemas que acarrean, el que les dieran a las mujeres propiedades o dinero era lo mínimo que podían hacer los malditos bastardos.
—Pero volviendo a Laleh y Mustahabb, hicieron la petición justo después de la partida de Al Mualim, desde luego el segundo al mando no pudo detener dicha unión, Laleh acababa de cumplir dieciséis años, la posición de Mustahabb le permitía sostener a una esposa con lujos y como no estaba Al Mualim no hubo nadie que hiciera entrar en razón al pobre hombre.
—¿Me estás diciendo que una niña de dieciséis años engatusó a un hombre que fácilmente le cuadruplicaba la edad? —Ahora, esa era una buena historia con la cual chismorrear.
—Sí, como dije Laleh puede ser considerada la más bonita del jardín y los hombres son hombres aunque tengan setenta. Laleh siente que no tiene que exhibirse como Ra'eesah, quien no tiene marido, por eso no la ves a menudo, aunque si te la encuentras notarás como se siente superior a las demás por eso Halima la manda constantemente a ayudar en las cocinas.
—¿Y ella acepta con gusto? —Para los aires que se pretendía dar esta señorita, Maria encontraba aquello insólito.
—Bueno, ella no cocina, pero sí supervisa la calidad de los alimentos, a veces baja al pueblo a verificar la calidad de los ingredientes, aunque lo hace más para comprar cosas que luego les presume a las demás. —Añadió la mujer con cierto aire de fastidio.
—¿Eso es lo que causa problemas? ¿No podrían comprar cosas del pueblo y ya?
—Las mujeres del Jardín no pueden ir al pueblo —le aclaró Vashti, Maria agradecía la paciencia que le estaba teniendo la mujer, suponía que algunas de sus preguntas debían parecerle ridículas—, no salen del Jardín a menos que sus maridos las saquen. —Y Maria creía que vivir bajo el yugo de su marido era malo, al menos ella siempre tuvo la opción de salir del castillo—. Escuché que hubo una época en la que podían salir pero hubo problemas con los hombres del pueblo, algunas mujeres tenían amantes. —La inglesa se rió aunque Vashti tenía un gesto bastante serio—. El orgullo de los asesinos no es algo con lo cual debas jugar.
—Pero eso no ha detenido los amoríos, recuerdo haber escuchado que un ayudante de cocina...
—Eso fue obra de Laleh —Maria alzó una ceja—. Ra'eesah, Aasiyah y Laleh tienen una rivalidad de años por el poder dentro del Jardín, Halima es quien se asegura que se cumplan las reglas, pero no necesariamente quien más adeptas tiene. Hay otras mujeres con mayor rango que Ra'eesah o Aasiyah como las esposas de Ra'uf —¿Maria escuchó bien? dijo esposas, en plural. Oh, sabía que algo malo debía suceder con Ra'uf, tanta perfección no podía existir en un hombre—. Laleh usa su posición como esposa de Mustahabb para presumirle a Ra'eesah y Aasiyah cosas que ellas no tienen, también lo hace porque salvo por su belleza no destaca en ninguna otra actividad. Tanto Ra'eesah como Aasiyah usaban este ayudante de cocina para comprar cosas del pueblo, cuando Laleh se enteró, encontró la manera de saber si a este ayudante le gustaba alguna de las mujeres del Jardín que fuera amiga de Ra'eesah o Aasiyah, usó su influencia para que Elisheva siempre estuviera cerca de este ayudante cuando vienen a dejar la comida o bien buscar la forma de que ella fuera a las cocinas, lo demás te lo puedes imaginar.
Eso era simplemente mezquino. Esa tal Laleh no le gustaba en lo absoluto.
—¿Por qué nadie dijo nada de las acciones de Laleh?
—¿Quién va a decirlo? Ra'eesah está enojada con Elisheva, y no hay pruebas fehacientes de las acciones de Laleh.
—¿Qué pasará con esta mujer?
—Al parecer Elisheva no tuvo contacto físico con el ayudante, de todas formas el Maestro tendrá que sacarla del Jardín, nadie querrá estar con una mujer que prefirió a un ayudante de cocina. Supongo que irá a ayudar a alguna Guarida de Asesinos haciendo el aseo. El hombre no podrá volver a trabajar en la fortaleza.
Sonaba injusto, ella había sido parte del plan maligno de una mujer envidiosa. Aunque también Maria suponía que la mujer debió advertir que a nadie le haría gracia cuando se enterarán de su amorío con una ayudante de cocina y si creía que aquello nunca iba a descubrirse, es que era demasiado tonta.
Vashti volvió a su trabajo, al tiempo que Maria volvió a leer las hojas de las actividades, aunque ahora sentía curiosidad por el rostro de los nombres que estaban siendo mencionados, además de preguntarse si conocía a los hombres con los que estaban, eso nunca se lo había preguntado a los hombres ¿tendría Abu Ali esposa? ¿qué había de las esposas de Ra'uf? ¿sería igual de desagradable la mujer de Abbas? Suponía que no había nada de malo con conocer a las mujeres de los asesinos.
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Las cosas no habían estado saliendo de acuerdo a lo planeado, mensajes retrasados debido a beduinos asaltando caravanas, un par de contactos desaparecidos entre Sidón y Jaffa, una baja producción de armas por la escasez de acero, pérdida de cosechas por la escasez de agua; las lluvias estaban tardando en llegar, si en dos semanas más no llovía iban a tener que ayudar a los agricultores de la región a sobrevivir hasta el siguiente año, lo cual no les favorecía en nada, lejos de tener que sacar de sus reservas, además de dar las semillas para la siguiente temporada, podría aumentar el número de huérfanos que buscaran refugio con los asesinos.
—Venerable Dai, ¿en qué podemos servirle? —Malik dejó las notas esparcidas por su escritorio. Le habían sido asignados dos pupilos nuevos, eran diestros en cuanto a escritura, lectura inclusive en cálculo, pero aún no podían ver más allá de sus narices. Él no los necesitaba, con Rayhan y Labib lograba ocuparse de todos sus asuntos sin ningún problema, el que necesitaba alguien que le ayudara era Altaïr, pero el muy necio no dejaba que nadie se metiera en su oficina.
—Mared, irás con el sheikh para ayudarle en la recolección de este mes. —El joven no pareció muy contento, sin embargo, contuvo su mueca de desagrado. Los aspirantes al rango de asesinos nunca se mostraban contentos con tareas que no involucraran asesinar a alguien. Hacer de contador no era muy divertido, Malik lo sabía por experiencia, no obstante, si quería seguir trabajando con él, debía aprender que las dagas no hacen todo el trabajo—. Umayr, la armería ha mando decir que se requieren nuevos materiales, irás a recoger la información de qué necesitan, cuánto requieren, además de hacer el inventario de lo que necesita ser reparado y lo que ya no tiene uso.
Los dos asintieron con la cabeza, no obstante, se quedaron de pie frente a él.
—¿Qué están esperando?
Ambos se observaron, llevaban una semana trabajando juntos pero todavía no se había habituado a la presencia de Dai. Les llenaba de miedo no alcanzar sus estándares o incordiarlo, cosa que sucedía muy a menudo. El mayor suspiró exasperado, sería mejor que soltaran lo que trajeran en la cabeza antes de que su mal humor aumentara.
—¡Buenos días, Dai, muchachos!—Esto era lo último que le faltaba, A-Sayf tuvo ganas de bufar ¿qué carajos hacía la mujer de Altaïr en su oficina?—. ¡A que hace un espléndido día! —exclamó con alegría sonriendo de oreja a oreja. Tenía demasiados problemas para lidiar con una gata licenciosa cuyas elucubraciones no alcanzaba a desentrañar—. Ustedes dos son nuevos por aquí ¿verdad?
—Saida —intervino antes que la inglesa enredara a los jóvenes en cualquiera de sus peligrosas ideas—, ¿a qué debo el honor de tu presencia? —No estuvo seguro de contener el sarcasmo en su voz.
Ella le sonrió dejando la bandeja que cargaba sobre la mesa vacía, aquella en la que solía poner los mapas en los que estaba trabajando.
—El honor es mío. —A Malik pareció darle un tic en el ojo, mientras que Maria no disminuyó su alegría ni un ápice—. Como me recomendaron, estoy sirviendo a la Orden, —le explicó mostrando el agua de rosas y los bocadillos—, así que me encargo de servirles a los hombres que trabajan duramente.
¿Quién había atentado contra la Orden de tal manera? Merecía ser colgado por traición.
—Pensé que estarías trabajando con las mujeres. —Lejos de ellos por una larga, larga temporada.
Ella lo observó con detenimiento, como si supiera algo que él no, por unos instantes pareció debatirse en si decirle o no la verdad. Sin embargo, arrugó la nariz antes de volver a su postura bromista.
—¡Oh! Nunca pensé que te interesaras por la costura —exclamó alegremente, sus estudiantes lo observaron con aprehensión—. Aunque eso es por la tarde, porque en las mañanas mientras desayunamos, hablamos de un sinfín de cosas pero sobretodo, hablamos de los asesinos —comentó lanzándole una mirada triunfadora y eso no le agradó para nada—. Zahira, es una mujer fabulosa debiste presentármela antes, además está Aasiyah, Ra'eesah oh y ¿cómo olvidar el encanto que es Laleh? —Malik parpadeó ¿realmente se llevaba bien con todas ellas? ¿Por qué Halima no había hecho algo para detener que esa mujer tuviera algo que ver con Ra'eesah? Todos sabían lo problemática que era Laleh. Zahira ¿cómo no se le ocurrió advertirle? Esperaba que no hubiera cometido ninguna indiscreción. No eso no sería posible, ella era una mujer muy inteligente—. No tienes idea de cuánto hemos hablado.
Malik tuvo la sensación de que había cometido el peor error de su vida al enviar a semejante mujer a un lugar que estaba fuera de su alcance. Mujeres como Laleh y Ra'eesah eran problemáticas por sí solas, con la ayuda de Maria no quería ni pensar en la revolución que harían. En ese momento pensó, que después de todo el que Maria se mantuviera con los hombres no era malo, si no beneficioso.
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Gracias todos por sus reviews, son muy amables y alegres, como siempre espero leer sus comentarios.
(1) Si ponen alfabeto árabe o alifato en su buscador, podrán ver la diferencia entre sonidos se deben a puntos, rayitas o marcas. Aún así en mi experiencia, el alifato es más amigable que otros alfabetos/silabarios.
(2) Hujja. Ya había mencionado este término en el capítulo 13, pero se los vuelvo a poner. De acuerdo a Peter Berling, pese a que originalmente se entiende como la prueba, en el contexto de los asesinos se refiere a líder de la secta, se podría decir que es otra manera de llamar a Al-Mualim. En este caso lo uso para no crear confusiones, que decir junta de Al Mualims sonaba raro.
(3) El Mahr es una obligación que se instituye en el Corán, sin embargo el pago del novio a la novia es una costumbre común en el Medio Oriente y Asia, elegí usar esa palabra porque era más sencillo, además siendo que los asesinos están más familiarizados con las costumbres del Medio Oriente me pareció apropiado.
No confundan el precio de la novia (Excrex) con Mahr, el Excrex se paga a la familia de la novia, regularmente esto significa al padre de la novia, el Mahr es exclusivo de la novia (en teoría, pero luego veremos porque digo que en teoría).
(4) En el libro The Secret Crusade, escrito por Bowden, él aduce que Maria huyó de Inglaterra cuando su marido (Lord Hallaton) pidió la anulación de su matrimonio por tanto exigió al padre de Maria la devolución del Excrex (Bride Price en inglés o precio de la novia). No obstante, en Inglaterra no se estilaba el Bride Price, desde los romanos (quienes conquistaron Inglaterra) se establece el uso de la dote (Dowry), cuando los anglosajones (tribus germanas) establecen el reino de Mercia, se usa la dote, incluso los vikingos (periodo de Danelaw en Inglaterra) estilaban la dote, los normandos (William the conquer, primer rey de Inglaterra) usaban dote. Las tribus germanas como los visigodos, el pueblo franco (gen francorum) y los lombardos sí tenían el precio de la novia (quizás Bowden pensó que los anglosajones también), pero su influencia se apagó en 1000 DC, es decir por lo menos unos ciento sesenta años antes de que Maria naciera.
