Una sola mano no aplaude
Se pasó los nudillos por la barbilla, sintiendo la barba perfectamente recortada. Era un hábito que había adquirido tras pasar mucho tiempo meditando el problema que tenía frente al escritorio, como si irritarse la piel le sirviera de algo. Aunque era un claro recordatorio de lo poco que había avanzado en una sola cosa.
Cuando uno se une a los asesinos, jamás se imagina que tal vez las decisiones con más peso se toman con un papel en la mano. Observó la pila de papeles en el escritorio con hastío, todavía había muchas cosas por revisar, tenía que discutir con Altaïr el nombramiento de un administrador, Malik no podía hacerse cargo de ello, suficiente tenía con todo su trabajo para estar revisando periódicamente todos los reportes, además eso requería cotejar la información cada vez que se encontraban discrepancias. Maria les había estado ayudando, mas no podían delegarle toda la carga a ella, ni siquiera si aceptaba unirse a la Orden podían hacerlo, ese puesto era de mucho poder. Además tarde o temprano alguien notaría que Altaïr no tenía idea de cómo administrar los recursos.
Labib entró en su oficina, no sabía porqué estaba nervioso le había encomendado tareas muy fáciles, mas sus ayudantes siempre encontraban formas de cometer errores. El joven le miró con aprensión antes de acercarse a él.
—Dai —le saludó apretando sus manos sobre el montón de hojas que sujetaba firmemente.
—¿Qué sucede, Labib?
El chico bajó la mirada e incluso parecía como si estuviera agachando la cabeza.
—Hice lo que ordenó. —Malik se había imaginado el pero desde que el muchacho entró—. Fui a los almacenes de tela, comparé la información que me dieron con la que usted me dio, Kebes, el encargado del lugar y yo notamos que existía un error, se compraron 6 rollos menos de tela, tenía que llevarle el reporte al Hujja de inmediato porque los vendedores de tela se irían mañana por la mañana. —¿Qué había hecho Altaïr esta vez?—. Así que fui a su oficina, el venerable Sinan salía del lugar algo molesto. —Malik contuvo las ganas de rodar los ojos, el hombre había adquirido la costumbre de ir con Altaïr cada cierto tiempo, usualmente era para quejarse de algo que no le parecía sobre la Orden—. Intenté hacer lo de siempre, decirle al Maestro que usted ordenaba que no me retirara hasta que él leyera los reportes, sin embargo, él tomó los papeles que tenía en la mano antes de cerrarme la puerta sin siquiera dejarme hablar. Vine con usted lo antes posible.
Malik se llevó la mano a la frente, entendía que Sinan pudiera llegar a ser irritable, pero la actitud de Altaïr era una falta de respeto.
—Yo lo resolveré, Labib, gracias. —Estaba seguro que el mal humor de Altaïr mantendría alejado a cualquiera todo el día.
El joven dejó el reporte de sus otras actividades antes de salir de su oficina, dejando a Malik con sus cavilaciones. Se había convertido en un hábito que cada vez que alguien no era capaz de lidiar con Altaïr, los asesinos iban con Malik como si él fuera capaz de obrar milagros con el hombre, lo cual era un error, es más había días en que sentía que no lograba nada salvo golpear su cabeza contra la pared. ¿En qué momento había firmado para ser su niñera?
Se levantó de su escritorio y recorrió el trayecto hasta la oficina del Maestro, abrió la puerta sin molestarse en tocar. Altaïr le pediría que se retirara, Malik lo ignoraría. El hombre estaba de espaldas a la puerta, desparramado sobre la silla con un libro casi colgando de su lado izquierdo. No estaba seguro si Altaïr tenía los ojos cerrados o miraba hacia afuera.
—No quiero hablar con nadie, Malik —le advirtió con severidad sin moverse de su posición.
—Qué lástima, pero parece que ya lo estás haciendo —escuchó el gruñido que perpetró el hombre sin inmutarse—, hay algunas cuestiones de importancia en la Orden, Altaïr.
—Siempre son de importancia si te involucran. —No iba a negar que forzaba la mano de Altaïr todo el tiempo, pero si no lo hacía, habría un retraso en todo porque él se la pasaba estudiando.
—Involucran a todos, Altaïr, aunque pareces no lograr entenderlo. —Esta vez no recibió una respuesta—. Somos hombres de guerra, sabemos combatir pero ningún ejército sobrevive si no tiene comida o abastecimientos de agua, en la fortaleza ninguno de nuestros hermanos se dedica al campo, además no tenemos el espacio suficiente, por eso dependemos de la gente del pueblo y los campesinos a los que les damos protección.
—No tienes que explicarME cómo funciona la Orden —farfulló el novicio más que el maestro.
—Todos esos reportes atrasados que no lees, que no firmas y no solucionas a tiempo involucran a todos los que vivimos bajo tu protección. —No estaba mintiendo en lo absoluto, en la fortaleza residía la fuerza militar, pero si querían hacer un vaso de arcilla pocos tendrían idea de cómo hacerlo.
—Si esto es por la disputa de tierras al noroeste, no tenía idea de cómo resolverlo sin que el perdedor se ofendiera o lograr que ambos accedieran a ceder un poco de tierra. —Pleitos de tierra que databan de generaciones atrás eran los que más dolor de cabeza le daban a Malik, no podía culparlo de eso—. Traté de consultarlo con Maria, pero ella dijo que TÚ le prohibiste hablar sobre las cuestiones de la Orden. —Altaïr se cruzó de brazos abrazando el libro en el proceso.
¡Oh esa mujer! Estaba aquí por los rollos de tela no para hablar de ella.
—Yo no le prohibí hablar, ¿hay alguna orden que ella escuche si quiera? —El Maestro alzó la cabeza, podía sentir la fuerza de su enojo en su mirada—, Altaïr yo no le prohibí nada, la decisión del Consejo fue que si no quería estar dentro de la Orden, era mejor que no se involucrara en sus asuntos. —Malik trató de controlar su molestia, muy bien sabía que dijera lo que dijera él iba a defender a Maria.
—¡Es ridículo! Quieren que ella se una a la Orden pero no la toleran, piden su respeto pero no se lo dan, se enojan porque se comporte como un hombre, se enojan porque haga lo que cualquier mujer.
Malik suspiró.
—Sabes que es más complejo de lo que planteas. —Debajo de la capucha su amigo no estaba de acuerdo.
—¿Lo es? Explícame ¿cómo te comportarías cuando no te dejan ser una cosa o la otra? —No tenía una respuesta para eso, no había pensando en ello. De ser honestos, había desaprobado muchas cosas sobre Maria, mas nunca se había dado a la tarea de pensar en cuál era la forma correcta para ella—. Yo me volvería loco.
Nadie diría que la sanidad mental era algo con lo que Altaïr contaba, menos aún contarían a Maria en ese grupo.
—¿Qué quieres que te diga, Altaïr? que su comportamiento es irreprochable. No lo es y no puedes engañarte.
—¿Y por qué no lo es? ¿Por qué no es como las demás?
Bien, esta era una discusión en arena movediza. Existían demasiadas aristas en esa problemática para dar una respuesta simple. Que Maria no se comportaba igual a las demás era cierto, pero no podía reprocharle su comportamiento solo por salirse de la norma, eso sería ser como Sinan.
—Aunque te diga que ella no tiene que comportarse como las demás, no quiere decir que todo lo que haga está bien. Jamás le reprocharía el haber puesto en su lugar a Abbas, pero sentirse superior a todos los demás, es algo que no es correcto. —No podía negar que esa mujer era arrogante, podía ver que su amigo estaba meditando sobre lo dicho, quizás sabía algo que él no—. Altaïr necesitas corregir un pedido de telas, se han comprado 6 rollos menos de tela, si no lo haces el día de hoy los mercaderes no volverán hasta la primavera, me encargaré de que tú seas el primero que no tengas un nuevo uniforme cuando lo necesites. —Discutir sobre Maria podría llevarles horas.
El hombre se incorporó buscando por todo el escritorio lo que Malik le había pedido. Sería mejor que le ayudara antes de que revolviera tanto las cosas que no lo encontrara. Tenía varios documentos revueltos por el escritorio ¿cómo lograba sortear toda la información? Suponía que a su lista de trabajos pendientes tendría que añadir ordenar el escritorio de Altaïr.
—¿Estás hablando de esta lista? —preguntó mostrándole varias hojas, Malik leyó el documento antes de confirmarle—. Bueno, solo tengo que autorizar que compren 6 rollos más o tengo que corregir la cantidad que pidieron.
—Corrige la cantidad y haz la acotación de que en el pedido anterior faltaban 6 rollos, será más fácil archivarlo de esa manera. —No tenía sentido que se añadieran dos hojas por un solo pedido.
Altaïr mojó la pluma en el tintero antes de añadir lo que le habían pedido en el papel, honestamente quizás por cuestiones de legibilidad debió decirle que autorizara la compra de 6 rollos más de tela. Esperaba que las generaciones venideras no necesitaran leer semejante garrapateo.
—Ahora vete —le dijo entregándole la nota de mala gana.
Malik puso los ojos en blanco.
—No seas infantil, novicio. —Ahora estaba verdaderamente ofendido el Maestro de la Orden—. Incluso ella reconoce que es necesario aclarar si está con nosotros o no.
—¿Y eso va a terminar con todas sus acusaciones?
—No, pero no van a empeorar —Entre lo malo y lo peor, siempre suena mejor lo malo.
—Nunca le hemos negado a nadie ayudar a la Orden, ¡tenemos mujeres informantes!
—Las mujeres informantes no administran los recursos de la Orden —intervino Malik, Altaïr intentó protestar una vez más—. Esto no es porque es mujer, déjame explicarte ¿quieres? Pregúntate Altaïr ¿cómo crees que se ve para nuestros hermanos que una persona que no es parte de los asesinos, entrene novatos, entre a los consejos de guerra y administre los recursos de la Orden? Aunque esto último no lo he dicho. —El hombre apretó los labios en una línea recta—. El que sea tu amante, es una forma de expresarlo no empieces con la perorata de que ella se pertenece a sí misma, bueno su relación solo lo hace peor. Para una mujer que detesta ser medida por el hombre con el que está, resulta irónica su situación ¿no?
No había nada que Altaïr pudiera objetar a ello, los dos habían estado tan ensimismados tratando de lidiar con fantasmas para notar la más simple de las realidades.
—¿Qué clase de líder quieres ser? ¿Uno que deja sentimientos personales mezclarse con el trabajo?
—Ella es muy buena en lo que hace —argumentó vehementemente.
—No lo dudo, Altaïr. Lo ha demostrado una y otra vez, no estamos poniendo en duda sus conocimientos o habilidades. —Para la mayoría del Consejo el problema no estaba en el hecho de que pudiera hacer las cosas o no, sino en que no era parte de la Orden—. Pero ¿por qué razón debemos dejar que ella intervenga cuando no es parte de nosotros y hay otras personas capacitadas para ello?
—¿Debemos esperar a que complazca las exigencias de todos para que le dejen hacer lo que ya sabe hacer y es buena haciendo? Sabes que nunca la dejarán.
—¿Ella ha expresado interés en administrar la Orden?
—No —Malik le dio una mirada de circunstancias. Una cosa es lo que él deseaba y otra lo que María quería, aquello era esencial. Por mucho que Maria fuera buena administrando, eso no quería decir que ella quisiera continuar haciéndolo, todos sabían lo desagradable que podía llegar a ser cuando la obligaban a hacer cosas que no quería—, pero...
—¿Cómo crees que te verías si le das un mando de alto poder? —al verlo dudar se adelantó a comentar—: No habías pensado en eso. Tampoco había prestado atención a ese detalle hasta que el Dai Faysal lo hizo notar. Sé que teníamos que acostumbrarnos a ella tarde o temprano, no nos diste opción al respecto, no estoy diciendo que esté mal, Altaïr —añadió al ver la cara de pocos amigos que le hacía—, de haber sido otra cosa que tu amante, quizás también te cuestionarían su estadía dentro de la fortaleza, no lo sé, pero trata de meditar sobre cómo ambos se ven ante los ojos de los demás.
—No voy a dejar que otros me digan cómo vivir mi vida.
—Nadie está pidiendo que no sea tu amante, tampoco deberías vivir sujeto a lo que ellos comanden, pero ¿Cuánto tiempo crees mantener la estabilidad de la Orden ignorando a tu oposición? Sabes que existen asesinos que no te quieren como Maestro.
—Ellos me dieron el poder, Malik, yo no lo pedí. —Sabía la historia de principio a fin, él había estado en el jardín, había visto a Abbas con la manzana, había vivido a lado de Ataïr los días siguientes llenos de caos, incertidumbre, disputas e incluso deserciones. Las batallas internas por poner a alguien con más experiencia a cargo de la Orden y del artefacto, en vez de un joven arrogante que a pocos le agradaba pero que podía dominar la manzana, duraron varias semanas.
—¡Y ellos pueden quitártelo! ¿No escuchaste las palabras de Faysal y Hashim? Tienes que hacer concesiones te gusten o no.
—Maria merece...
—¿Vas a vivir poniéndote de lado de ella y no de la Orden?
—Estoy haciendo esto por ambos, Malik. No quiero escoger entre ambos.
—In sha'Allah, hermano, pero ¿qué hay si tienes que hacerlo?
Altaïr no estaba listo para dar una respuesta a ello, podía ver la confusión que producía en él la simple idea de meditarlo.
—¿Y qué hay si ustedes terminan? ¿seguirás luchando para integrarla en nuestras vidas? ¿ella huirá dejando de lado a sus estudiantes, a las vidas que dependen de su decisión? ¿lo has pensando?
—No es del tipo de persona que huiría de sus responsabilidades. —Malik no estaba seguro, todo lo que hacía estaba dominado por sus pasiones, una vez elegido el objetivo era capaz de luchar contra el mundo entero por lo que quería, sin importarle lo que los demás pensaban de ella. Aquello no era malo, sus emociones eran tan puras que se permeaban al punto de contagiar a los demás, quizás esa actitud tan abierta era lo que le parecía a Altaïr tan fascinante, quien pocas veces expresaba sus emociones, además debía parecerle avasallante ser el centro de los arrebatos de Maria. El problema venía cuando emociones negativas la dominaban porque en su furia era capaz de quemar a todo lo que se interpusiera en su camino. Si ella elegía estar en la Orden se volvería una de sus más leales defensoras, pero qué pasaría si su relación con Altaïr fallaba ¿Su lealtad sería suficiente para contener su enojo o su tristeza?—. No quiero que solo la acepten a ella, quiero que abramos la mente a otras posibilidades. Hace unos años atrás no hubiera imaginado que una mujer podría elegir el camino de la guerra, y ahora al verla, creo que cualquier mujer que de corazón lo desee puede hacerlo. ¿Cuántos de nuestros jóvenes se dan por vencidos cuando no logran las cosas de inmediato? Tú creciste conmigo, Malik, sabes de todos aquellos que prefirieron acomodarse en puestos menores antes de volver a intentar superar las pruebas. Maria no tuvo aplausos por lo que hacía, ella eligió aprender a luchar cuando todo el mundo le decía que no debía hacerlo, o le negaba el derecho o la castigaban por intentarlo. Contra todos los obstáculos, ella está aquí ¿no crees que merece la oportunidad de ser valorada por lo que sabe hacer y no por el hecho de ser mujer?
Altaïr estaba perdidamente enamorado de esa mujer, salvo por sus soliloquios sobre el fruto del edén, no recordaba haberle escuchado hablar con tanta pasión sobre algo.
—En este momento, no sé si es peor que ella sea tu amante o que sea mujer, tal vez tiene que ver con la mezcla de todo. —El hecho de que era mujer constituía un problema en sí mismo para algunos, que fuera su amante constituía otro, el que fuera extranjera, el que tuviera una actitud tan altanera... en realidad ella era como una amalgama de problemas—. Entiendo que quieras establecer una forma diferente de concebir las cosas, no creo que el hecho de ser mujer establezca una limitante para que sea un miembro activo. Mas no puedes meterla en la Orden si no es parte de la misma, tampoco puedes permitir que esté por encima de las reglas de la Orden, si uno lo hace los demás creerán que pueden hacerlo. Confiar en ella vendrá con el tiempo, eso no lo podemos decidir tú o yo, tendrás que dejárselos a ellos, pero mientras más confronte a las reglas o a los altos mandos, más difícil será para ella. Sé que será imposible el no tener esas luchas, sabes que Sinan piensa que no debería permitírsele ni siquiera hablar, es algo inevitable, mas tiene que aprender a escoger sus batallas, además no le vendría mal solo confrontar aquellos que quieran prohibirle cosas porque se sienten con el derecho y no a cualquiera que se le cruce en el camino. Tienes que aceptar que su actitud de ver a todos como enemigos e inferiores no le favorece en nada.
En algunos aspectos, Maria le recordaba mucho a Altaïr en su juventud, sin duda otra razón por la que este último se sentía atraído hacia ella.
—Ella es amable, es compasiva... si tan solo dejaran de juzgarla verían la magnífica persona que es.
—Incluso Ra'uf encuentra difícil hablar con ella, no conozco a nadie con quien él no pueda hablar. —Mientras crecían, cuando Altaïr colmaba la paciencia de todos, él único que nunca desistió de dialogar con él fue Ra'uf.
—Sabes que Maria intimida a Ra'uf, además se siente incómodo hablando con mujeres que no son parte de su familia —trató de excusarla Altaïr, pero Malik no compró su argumento—. Malik, cuando se siente atacada, Maria toma todo lo que le digas como una amenaza, aunque no lo sea. Su primer instinto es defenderse a como dé lugar, no es la primera vez que tratan de quitarle el derecho a usar un arma o hacer lo que a ella le gusta en vez de lo que los demás esperan de ella. Creo que tú puedes entender lo que se siente cuando te subestiman por una condición que no puedes cambiar.
Malik entrecerró los ojos, esa era una declaración muy fuerte. Sí, detestaba cuando alguien lo menos valoraba por la falta de su brazo, o por su juventud como cuando los otros Dais pretendían darle menor peso a sus decisiones porque le faltaban años de experiencia, conocía la frustración que se sentía por ello, a veces su enojo también nublaba su razón, mas no había pensando en el paralelismo, no sabía si aquello le gustaba.
—Ella tiene razón en estar molesta —aceptó, no podía dar otra respuesta, la verdad estaba de lado de Maria—, pero a veces por más que tengamos la razón, si la forma en la que nos expresamos es irrespetuosa, esas acciones nos invalidan.
Altaïr sonrió al ver que le había ganado a Malik ese argumento.
—No tienes que convencerme a mí, sobre ella. —Había hecho las paces con la idea de verla con Altaïr hacía mucho tiempo, la verdad era que sentía pena por cualquier mujer que decidiera acercarse a semejante necio—. El problema son los demás.
—Lo sé, pero si más personas actuamos de manera más cordial con ella, Maria dejaría de ponerse a la defensiva, al tiempo que inspiraría a otros para hacer lo mismo.
No estaba pidiéndole eso a él, ¿verdad? Puso los ojos en blanco al ver la esperanza en la mirada de Altaïr, estaba demente.
—Ya la escuchaste, yo no le agrado ni un poco. —Cada vez que estaban los dos en el mismo cuarto terminaban en bandos diferentes.
—Ella piensa que tú la ves como una espía, no puedes negar que tienes en gran medida la culpa de ello.
¡Su desconfianza estaba justificada! Era una templaria, era la más cercana a Robert de Sablé y de pronto Altaïr más que idiotizado por ella llega cantando alabanzas, dejándole hacer lo que quiera, Malik tenía que asegurarse de que no estaba por caer en otra trampa.
—Si ella no comienza a atacarme, ni a insultarme, ella lo hace y lo sabes claramente. —No entendía a veces sus palabras, pero sus intenciones eran bastante claras—. Yo puedo intentar no contradecirla cuando no es necesario.
A veces no era absolutamente necesario llevarle la contraria, pero tenía esa aura tan plagada de sí misma como si supiera más que todos ellos, que Malik sentía la necesidad de hacerle ver las imperfecciones en su lógica.
—Eso es un buen comienzo. —Malik tuvo ganas de bufar, si creía que aquello era una forma de decir que sería amigo de Maria, se iba a llevar una gran decepción.
—Veremos.
Altaïr se encogió de hombros antes de volver a su escritorio.
—Ustedes dos tienen mucho en común, si solo dejaran de pelearse lo notarían. —Había notado suficientes similitudes con Maria el día de hoy, no quería saber de ni una más.
—Tienes cosas más importantes que hacer, que buscarle amigos a esa mujer. Sin embargo, Altaïr déjame advertirte algo, pese a que probablemente dirás que no es de mi incumbencia. —Su amigo levantó la vista esperando las palabras de Malik—. No puedes compararla con una informante, Altaïr, ellas no solo no intervienen en las decisiones de la Orden, tampoco son para tu uso.
—¡No te atrevas a insultarla! —Quizás Malik no había elegido las palabras adecuadas, mas no se había esperado que Altaïr le gritara.
—Ella no es tu esposa —declaró con tranquilidad—, aunque fuera una mujer disponible del jardín, sabes que el concepto que se tendría de ella no cambiaría hasta que tú cambiaras su situación.
—No estoy dispuesto negociar en cuanto a esto. —Era la misma tozuda respuesta de siempre.
—A varios les preocupa más el hecho de que permitas que ella sea en el peor de los casos una sharm... kawli(1) o en el mejor de los casos una almet(2). Por falta a la moral. —Altaïr bufó sonoramente.
—No te veo cambiando la situación de Zahira. —Malik rodó los ojos.
—Yo no vivo con ella —asentó sin ofenderse, aunque trató de no replicar: Zahira no anda por ahí transgrediendo los límites sociales— ¿Has considerado nikah mut'ah(3)? —Altaïr puso sus manos sobre el escritorio e incluso hizo el amago de levantarse de la silla—. Se ha usado poco dentro de la hermandad, pero es legal, les sirve a ambos para mantener su relación tal y como está, sin necesidad de estar faltando a las tradiciones.
—¡Malik fuera de aquí!
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Soy un ser horrible, lo sé. Pero han existido cambios muy drásticos en mi vida y ajustarme a esos horarios me ha costado bastante, esto influye en la investigación histórica, que aunque ustedes lean a veces dos líneas, eso en materia de lectura a veces se traduce en libros enteros. Por tanto aunque tenga capítulos de reserva (y aún los tengo), no había encontrado tiempo para editar la mayoría de ellos. No prometo ser constante en las actualizaciones, mas sí puedo prometer regresar a esta historia.
Por otro lado, La manzana masculinizada tiene un severo problema, y es que no tiene una trama, son episodios con cierta congruencia pero al final parecieran ir a ningún lado, con lo cual a veces es difícil darles un sentido. He estado meditando la idea de escribir una historia como debe de ser, pero no encuentro alguna trama que me agrade. No sé si lo haga, pero sí les puedo decir que seguiré subiendo capítulos aquí.
Maki-chan, pachi-chan, guest, Vv-saya-vV, gracias por sus reviews, ya saben que seguimos en contacto.
(1)Sharmuta, Kawli: Sharmuta es la palabra árabe para prostituta, Kawli se usa más en farsi (persa).
(2)Almet: Quiere decir mujer sabia o de conocimiento, sin embargo este término por hermoso que suene se usa para denominar a una cortesana. A diferencia de la prostituta, la cortesana era una mujer educada en música, danza, canto, poesía, etc. parte de su trabajo también consistía en entablar conversaciones intelectuales con los hombres. No necesariamente tenían relaciones sexuales, pero formaba parte de su repertorio, aunque podían ser admiradas y respetadas por su conocimiento, poder y dinero, no eran consideradas como mujeres honradas. Las cortesanas llevaban el rostro descubierto, además de vestir con ropas exquisitas, joyas e involucrarse en actividades de hombres. Algunos consideran a estas mujeres como personas que debido a su estatus, eran capaces de transgredir los límites de las reglas sociales sin ser apedreadas.
(3)Nikah mut'ah: Matrimonio temporal. Practicado en arabia desde tiempos pre-islámicos, no obstante su validez en el islam es debatible, se acepta que es más común en algunas facciones de la Shi'a (hay tres vertientes en el islam, la sunna, la shi'a y jariyi, los asesinos a su vez son una vertiente de la Shi'a), como su nombre refiere es un matrimonio acordado entre hombre y mujer cuya durabilidad varía (hay libros que dicen que es permisible por horas otros por años). Se prefiere que la mujer que accede a este tipo de contratos, sea una viuda o una mujer que no es virgen. El Nikah mut'ah ha sido cuestionado dentro del islam, por su más que dudosa ética, para algunos constituye una forma de prostitución y por ende no está permitido.
Aunque las crónicas históricas tienen poca evidencia acerca de la vida de las cortesanas (almet), se tienen crónicas en donde estas mujeres vivieron con hombres poderosos bajo el nikah mut'ah.
