El lenguaje del significado y no de las palabras.

Maria estaba agradecida del cambio de ambiente, comenzar a conocer a las mujeres de los asesinos podía ser muy divertido, sobre todo cuando implicaba ver la cara de espanto de algún incauto, pero pasar mucho tiempo tomando infusiones entre bordados y chismorreos era algo a lo que se podía exponer poco. Las pláticas insulsas de algunas de las mujeres le daban dolor de cabeza.

—Desde la infancia eres muy osada, Saida. —afirmó el hombre mientras cabalgaban por el escarpado camino.

La actitud siempre afable de Ra'uf era algo contra lo que no tenía escudo, o lo que era peor no tenía ganas de encontrar uno. Era muy sencillo ser sincera con él, hablar de cualquier cosa que le pasara por la cabeza sin preocuparse, él era todo un encanto, ni siquiera pudo enojarse mucho tiempo con él por tener dos esposas, además ambas mujeres eran tan parecidas a Ra'uf que en cuanto Maria les dio una oportunidad, la trataron como si fueran amigas de toda la vida, de hecho el que el día de hoy trajera uno hermosos diseños de henna en las manos era obra de ellas.

—No creo que mis padres hubieran ocupado esas palabras. —Su madre la llamaba mauvaise fille, mientras padre le llamaba sgriota, que para el caso casi era lo mismo—. Pero vivir mi vida encerrada en casa no era algo que me gustara, siempre pensé que había tantas cosas por descubrir para limitarme a ver la vida pasar tras una ventana.

—Salir del pueblo para realizar misiones es una de las cosas que más se anhela cuando se es novato —comentó el asesino—, sin embargo, pocos son los que quieren hacerlo para ver el mundo exterior, ni siquiera creo que piensen de esa manera, son llevados por el deseo de probarse ante los templarios.

—¿Eras uno de ellos también? —Altaïr le había comentado que llegar a ser Maestro Asesino era un camino muy largo, uno que muy pocos alcanzaban pese a estudiar desde pequeños, pero nunca le había comentado sobre sus épocas de estudiante. Maria tampoco le había preguntado, no es que no sintiera curiosidad, no obstante creía que si ella le pedía que desenrollara su pasado, lo justo era que ella hiciera lo mismo, no se sentía a gusto con aquella idea.

—Sí, como todos tenía ansias de probar mi valía dentro de la Orden. El más sensato de nosotros siempre fue Malik, él quería conocer Damasco, creo que su padre le había contado de la ciudad y sentía curiosidad por la diversidad de mercancías que existen en el soco.

—¿Altaïr, Malik y tú estudiaron juntos? —Moría de ganas por escuchar historias embarazosas de Altaïr.

—Se podría decir que sí —contestó deteniendo su caballo para que Maria observara el valle desde el barranco—. Altaïr entró en la hermandad desde que cumplió los nueve años, yo logré pasar las pruebas hasta que tuve diez años y medio, Malik llegó cuando tenía casi doce años.

—¿Se puede entrar a diferentes edades? ¿Cómo deciden quién entra? —Ahora que lo pensaba, Maria no sabía mucho sobre la Orden de los Asesinos, es decir sabía a qué se dedicaban, cómo lo hacían, pero nunca había pensando en el proceso para convertirse en uno de ellos.

—Si se quiere entrar como asesino, se puede entrar desde los nueve hasta los doce años, según las aptitudes que uno demuestre, los eruditos pueden entrar hasta los quince y no hay límite de edad para los informantes. Al menos una vez al año los sanadores y algunos maestros realizan una serie de pruebas físicas para aceptar a quienes pueden ser candidatos a ser mustajib(1), a partir de ahí se realizan entrenamientos como el correr por las mañanas para determinar si en verdad los chicos tienen habilidades para ser asesinos o es mejor acoplarlos como informantes o eruditos con capacidades para adentrarse en territorios hostiles.

—Nunca he visto a menores corriendo en la mañana. —A veces se levantaba con Altaïr a correr, mientras que él lo hacía al menos tres veces a la semana, ella si acaso iba una.

—Sería muy cansado para ellos correr largas distancias, los mustajib practican solo algunos días a la semana y es fuera del pueblo. —Así que por eso ella nunca los había visto.

—¿Cuál es la diferencia entre estos niños, un mustajib y un novicio? ¿Por qué algunos entran a los nueve y otros no?

—Los hijos de los asesinos, los hijos de la gente del pueblo y los huérfanos que llegan aquí ven a los asesinos con admiración, desean convertirse en Maestros Asesinos, pero son pocos los que se acoplan a este estilo de vida —comenzó a explicarle Ra'uf con calma—. No se le puede negar a los niños que traten de entrar a la Orden, mas no todos tienen las habilidades, los precandidatos a mustajib son niños que han demostrado tener buena condición física, las pruebas no son complicadas, en general se reducen a tener buena respiración, coordinación y sentido común. La mayoría sale de ese estado la primera vez que aplica.

Los caballos comenzaron a impacientarse por haber quedado varados, así que Maria le indicó a Ra'uf que podían seguir su paseo por los alrededores del camino a Masyaf.

—Un mustajib aún no es parte de la Orden, y puede convertirse en Maestro Asesino, Erudito o Informante, es por ello que se les enseña a leer, escribir, además de comenzar a ponerles rutinas físicas. En este estado los maestros pueden irse dando cuenta, quiénes van a ser capaces de resistir los ejercicios extenuantes de los asesinos, quiénes no tienen la flexibilidad, la coordinación adecuada o quienes no tienen la cabeza para aprender todo lo necesario. Además los chicos pueden decidir si quieren seguir en la Orden o no, hay quienes al tener una idea de las tareas que se les exigen prefieren desistir, para los que aún desean seguir les espera aprobar los exámenes que ponen los maestros encargados de cada rama. Aquí algunos pueden tardarse un poco en alcanzar los estándares requeridos.

—¿Es aquí donde te tardaste?

Ra'uf asintió asiendo las riendas de su caballo con un poco más de fuerza para que este no se acercara demasiado al barranco.

—A diferencia de algunos hijos de los asesinos, los que nacen en el pueblo no realizamos ejercicios de flexibilidad, me tomó un par de meses lograr algunas acrobacias.

Así que Ra'uf había nacido de padres que residían en el pueblo, ¿aún seguirían vivos? Maria creyó que no era el momento de preguntarle algo como aquello, además sería aún más incómodo saber que si aún vivían, no tenía ningún contacto con ellos.

—Un novicio es el escalafón más bajo de los asesinos activos, vive dentro de la fortaleza y él está en camino para convertirse en Maestro Asesino —finalizó al tiempo que llegaban a la entrada del pueblo—. Espero que le haya gustado el recorrido por los alrededores.

Ella había disfrutado de salir a cabalgar, sobretodo cuando se había tomado la molestia de explicarle los alrededores, ahora sabría que caminos frecuentaban los asaltantes que por algún motivo se detenían cerca de Masyaf, aunque sin duda ellos nunca se habían atrevido a robar las caravanas que tenían por destino el pueblo o a los asesinos, sí había registros que algunos eran lo suficientemente osados para atacar a algunos transeúntes incautos. En su opinión debían de estar muy desesperados si gustosamente se acercaban a un pueblo lleno de hombres que podían matarlos en un parpadeo. También le había enseñado las diferentes direcciones por las que se podía salir de la montaña y a dónde podían llevarla esos caminos.

—Oh, ahora sé el mejor lugar para encender una fogata —bromeó con soltura, esta vez el hombre meneó la cabeza, comprendiendo que ella no lo decía enserio.

«•»

Maria sonrió al ver a los niños jugando en la pequeña planicie que antecedía el estrecho camino a la fortaleza, para ella no había mejor indicador para valorar que tan bien se vivía en un pueblo que ver a los pequeños divirtiéndose. En Acre pocas veces había visto a los niños jugando, si acaso había visto a jóvenes sin barba que realizaban tareas para sus familias, en Jerusalén había visto pequeños grupos que siempre estaban rodeados de adultos, aquí en Masyaf los niños jugaban sin la vigilancia de los adultos, también se podía deber a que Jerusalén era una gran ciudad, los secuestros eran posibles; Talal había demostrado la facilidad con la que se podía lograr esto, los ataques por parte de creyentes de otra religión eran otra realidad.

Incluso en Inglaterra recordaba haber visto a más niños ayudando en los trabajos del campo que jugando de manera tan libre, claro que ella sabía poco de jugar con pares, quizás los niños jugaran más a menudo, pero Maria no tenía permitido jugar con ellos. Los juegos de niñas siempre le parecieron aburridos, por otro lado su hermana Elizabeth llevaba la voz cantante en ellos.

Un grupo de hombres rieron, provocando que se detuviera. Abbas estaba platicando con algunos guardias que estaban apostados en el inicio del sendero para subir a la fortaleza, según recordaba él era el jefe en guardia de esa sección, pocas veces lo había visto a las afueras del castillo, usualmente rondaba los adarves centrales o la casa de guarda.

No tenía nada que hacer por el resto de la tarde, había pensado en ir con Vashti para convencerla de dejarla ir con las lavanderas —sentía curiosidad por saber cómo lograban ese blanco prístino en los uniformes de los asesinos—, pero no sabía cómo iba a reaccionar Abbas al volverla a ver. No temía su reacción, mas se sentía insegura de lo que otros opinaran acerca de lo que sucedería, aún no había tomado una decisión final acerca de su posición en la Orden, no quería ser forzada a tomar una por Abbas.

Quizás si trataba de mezclarse con los demás transeúntes que iban y venían de la fortaleza, Abbas no la notaría, podía hacerlo, Altaïr le había enseñado un par de cosas mientras viajaban juntos. Se puso la capucha sobre la cabeza antes de comenzar a caminar lentamente, manteniendo la vista abajo ¿por qué no había regresado con Ra'uf a la fortaleza? al menos así se hubiera ahorrado tener que pasar por esto.

Pasó por ambos guardias que estaban apostados a la entrada del sendero, el grupo de Abbas seguía su plática sin haberse fijado en ella, alzó el rostro, unos pasos más y estaría lejos de su campo visual.

—¡Saida!

—¡Maestra!

Le saludaron abruptamente algunos novatos, provocando que incluso los guardias se volvieran para mostrarle sus respetos. Trató de mostrarse ecuánime ante la situación, total quizás el hombre se irritaba tanto por la deferencia que le daban otros que decidía no moverse de su círculo de protección. Maria les respondió a los jóvenes con tranquilidad, en bendito momento se les ocurrió ser amables con ella.

No escuchó los comentarios, pues estaba muy ocupada tratando de evadir las preguntas de los novatos, sin embargo, el rostro de sus interlocutores le dijo que algo no estaba bien. Sintiendo el ambiente tensarse, creyó que lo más prudente era abandonar el lugar.

—¿Su nueva tarea es estorbar el paso?

Si algo podía envidiarle a ese hombre, era el poder que irradiaba, su simple presencia ponía a temblar a más de uno, aquello no tenía absolutamente nada que ver con el miedo o el rango que tenía, Malik inspiraba admiración y con ello las ganas de ser reconocido por él.

Los novatos se apresuraron a disculparse mientras intentaban abrirle el paso al Dai. Maria suponía que era el mejor momento para escabullirse, aunque eso supusiera hacerle un desaire al hombre, pero prefería tener que cruzar palabras con él que con Abbas. No obstante, Malik tenía otros planes porque se plantó delante de ella.

—Saida, harías el honor de acompañarme al pueblo —la interpeló extendiendo el brazo derecho.

María parpadeó, era la segunda vez que se sentía agradecida de portar batalonats y capa, porque estaba segura que acababa de caérsele la ropa interior. ¡Dios! Este hombre sabía hacer saltar el corazón de una mujer con un par de palabras ¿cómo es que no tenía tres esposas por lo menos?

—Hace un buen día para caminar —respondió. Recordando sus modales hizo la deferencia correspondiente con la cabeza y colocó su mano delicadamente sobre el antebrazo de su nuevo acompañante como toda educada damisela sabía hacerlo.

Él le correspondió con una mirada perpleja, no tenía derecho a quejarse cuando había sido quien había iniciado el juego. Malik observó la mano de Maria por unos instantes, pero ante las nuevas murmuraciones del grupo de Abbas se alejó del lugar.

—¿Por qué hiciste eso? —Maria no sabía por qué estaba enojada con ella, por primera vez había sido más que amable con él.

—¿Ser educada? —Malik entrecerró los ojos, tratando de decirle que su chiste no era apreciado—. No te entiendo, soy amable contigo y te enojas, no lo soy y te enojas ¿cómo quieres que te trate?

—Me estás tocando —exclamó con un tono similar al que Altaïr ocupaba cuando se escandalizaba de algo.

—Tú me ofreciste tu brazo para caminar —se quejó con justa razón—. Tú estabas siendo a gentleman y no es educado que una dama le deje con el brazo extendido cuando éste le invita a caminar, a menos que rechace su oferta.

Malik se detuvo, frunciendo el entrecejo la observó meditando sobre lo que Maria le acababa de decir.

—¿Es costumbre de los francos permitir que las mujeres toquen a los hombres que no son de su familia?

Maria soltó el antebrazo de Malik dándose cuenta de su error, bueno ¿y cómo diablos ella iba a saber que estaba haciendo algo impropio?

—Lo haces sonar como si estuviéramos cometiendo adulterio. —Ahí iba esa mirada entre la incredulidad y el enojo—. No hay nada pecaminoso en que un hombre, quien es conocido por la dama, le ofrezca su brazo para caminar. Es un gesto amable, habla de tener buenos modales(1). —Usualmente también había un chaperón, pero esos por menores no se los iba a explicar en ese instante.

—Para nosotros no es propio que hombres y mujeres se toquen, a menos que sean familia directa.

Botch up! Aparentemente acababa de tener un tocamiento escandaloso en público. Ahora que lo pensaba, el maldito bastardo con el que dormía nunca le explicó a Maria que no debía colocar su mano en el brazo de nadie, cuando ella se lo hizo a él, Altaïr jamás se quejó. En retrospectiva entendía porqué, pero Maria pensaba que él sabía de la regla.

—Bueno, lamento no saber sus costumbres —se disculpó, aunque sentía que era una tontería, eran una mano y un antebrazo en público, no partes privadas en lo oscuro—. No era mi intención insultarte.

Malik le cortó el paso cuando iba a irse.

—Y yo lamento no haber reconocido tu gesto de amabilidad. —Maria vio en sus ojos sinceridad, era la primera vez que él le ofrecía tal gesto—. Estudiamos algunas costumbres de los francos, se supone que debemos estar familiarizados, aunque no recuerdo haber escuchado de esta.

Maria alzó una ceja tras lo cual sonrió.

—Salvo que estén siendo entrenados para cortejar a una dama, supongo que no deberían estar informados.

—Ah, ese tipo de misiones no son permitidas —comentó volviendo a retomar el camino—, aunque los novatos sueñan con ellas.

Sin importar su lengua, etnia o color, de Alba(2) al Imperio Chino y de regreso podría llenar libros con historias sobre hombres que anhelaban conquistar el corazón de una damisela en peligro.

—¿Tú soñabas con una misión así?

—No, nunca lo hice. Siempre supe que era demasiado ridículo pensar que Al Mualim nos ordenaría conquistar a una dama.

—Ra'uf comentó que de todos tú siempre fuiste el más centrado. —Ella no había pensando mucho en Malik, el hombre era distante en la mejor de las circunstancias, parecía que no importaba lo que ella hiciera, estaban destinados a no llevar una buena relación, sin embargo sabía reconocer que él era una persona muy sensata—. Él me contó que ustedes estudiaron juntos —añadió al ver la pregunta en el rostro del sarraceno.

—No sé si realmente era el más centrado, haber seguido las locuras de Altaïr en algunas misiones dista de ser prudente. Ra'uf siempre se mantuvo alejado de eso. —Así que Altaïr no siempre había sido ese hombre filosófico que se prepara cuidadosamente para cada uno de sus objetivos. Maria tenía que conseguir todas esas historias embarazosas de su juventud.

—¿Y Altaïr soñaba con conquistar damiselas en apuros?

—Hubiera hecho un trabajo tan terrible que no hubiera ascendido de novicio —respondió tajantemente, provocando que Maria riera. No le sorprendía que Altaïr fuera un muermo conquistando damas, el hombre no tenía noción alguna del romanticismo, era bastante parco con las palabras; a menos que parloteara de filosofía, no sabía distinguir entre un coqueteo y un cumplido. Si lo mandaban a seducir a una dama de la corte, fallaría magnánimamente—. Lo único con lo que soñaba era con ser asignado a misiones importantes.

En eso lo podía entender, ella todo lo que había soñado desde que aprendió a manejar la espada era a batirse en duelo en una batalla importante.

—Ra'uf también mencionó algo de eso, enfrentarse a los templarios ¿no?

—Suponiendo que nuestros enemigos aparentes eran ellos, sí, pero también teníamos amenazas ocasionales de Salah Ad-Din.

—¿Tú querías enfrentarte a Saladino o a los templarios?

Como Ra'uf le había mencionado antes, Malik negó con la cabeza.

—Asesinar a las personas no es algo por lo cual deberíamos enorgullecernos —Y aquí Maria pensaba que era la única anomalía en la redonda—. Soy un asesino, cumplí con mis misiones, ayudé a la hermandad, pero no ansiaba derramar sangre.

—¿Por qué decidiste convertirte en asesino? —Maria eligió el camino de la guerra por su propia cuenta, amaba el fragor de la batalla, sentir el corazón salírsele por el pecho, la sensación de tener fuego en las venas, probar su fuerza contra todas las adversidades, saberse victoriosa en una actividad que todos le decían no era para ella. Pero él había decidido convertirse en un miembro activo dentro de la Orden cuando pudo haber sido un Erudito—. No quiero decir que para serlo debas desear derramar sangre... creo que si la gente fuera más prudente no...

—No me ofendiste, solo me sorprendió tu pregunta. —Maria era una caja de sorpresas—. No decidí ser asesino. —Ella frunció el cejo sin entender—. Cuando tenía once años, el pueblo donde vivía fue arrasado por templarios, quemaron las casas, la cosecha, acabaron con el ganado, no quedó nada, creo que los únicos sobrevivientes del ataque fuimos mi hermano Kadar y yo. —Ella nunca participó en las escaramuzas dentro del territorio enemigo, arrasar pueblos no era su estilo, se hubiera negado por completo conocía la desolación que esto provocaba—. Queríamos ir a Hama o alguna gran ciudad, pero Salah Ad-Din estaba peleando con los consejeros de As-Salih Ismail(3), los cruzados estaban recorriendo los territorios para evitar que alguno de los dos tomara la frontera de Trípoli o al menos esa era su excusa.

—¿Los asesinos te rescataron? Eso le sucedió a Vashti.

—Estábamos cerca de Bahra cuando los templarios se enfrentaron con los soldados de As-Salih Ismail, mientras las fuerzas de Salah Ad-Din reclutaban a jóvenes en los pueblos aledaños. Todas las facciones estaban creando caos, los únicos que intentaron ayudar a la gente fueron los asesinos. En ese momento yo era muy joven y no había escuchado nada sobre la guerra en el imperio seluyida, así que cuando escuché las noticias que traían los asesinos creí que lo mejor para mi hermano era viajar con ellos a Masyaf.

—¿Es lo que hacen cuando Altaïr dice que reciben huérfanos? —Los asesinos hablaban de aceptar a los huérfanos, pero Maria nunca había visto a los niños harapientos apareciendo en las puertas de Masyaf.

—Si no conoces el camino hacia Masyaf es un poco complicado que llegues a pie. —Cierto, el castillo se veía a la distancia más subir hasta las puertas desalentaba a más de uno por los acantilados—. Solo bajo ciertas circunstancias se viaja con huérfanos hasta aquí, mi hermano y yo tuvimos suerte.

—¿Así fue como decidiste que también querías ayudar a la gente?

—Te lo dije, yo no lo decidí. —Bueno a ella le había parecido la historia bastante congruente, el asesino los salva, los asesinos le dan asilo y él entonces decide retribuirles el favor—. No podíamos quedarnos si no hacíamos algo, yo podía trabajar en el pueblo pero no tenía quien se encargara de Kadar, además no podíamos dormir a la intemperie. —Una de las cosas que más sorprendía de Masyaf es que no existía la mendicidad, todos tenían trabajo además de un lugar donde vivir—. La única forma de que Kadar fuera admitido en las casas de menores de los asesinos es que yo me convirtiera en un miembro activo, los eruditos y los informantes no tienen los mismos privilegios.

Así que Malik lo hizo por su hermano menor, él no le había dicho que era el mayor, no obstante resultaba bastante obvio, hablaba como si toda la responsabilidad recayera en él, así que además debía de llevarle varios años a su hermano.

—Eso fue muy noble de tu parte, ¿por qué nunca he visto a tu hermano? —los dos debían ser extremadamente diferentes si no lo había visto antes o quizás Kadar estaba en otra ciudad.

Malik se detuvo en seco.

—¿Altaïr nunca te habla de nada? —preguntó con cierta irritación y Maria se sintió perdida en el mar de la ignorancia—. Mi hermano murió hace dos años a manos de los templarios.

Ese era el cruel momento en que todo cobraba sentido, no lo culpaba de tratarla como lo hacía.

—Ahora entiendo porqué me odias tanto.

—No te odio —insistió una vez más. Maria abrió la boca para añadir algo sin embargo el asesino se le adelantó—, no tuviste la culpa. Es la verdad, tú no tuviste nada que ver con su muerte, lo sé porque yo estuve ahí. —La gente a su alrededor no se fijó en que ambos se habían quedado cayados, fijando su vista en todos lados menos en el rostro de su acompañante—. No te odio ni te detesto, es solo que...

—Estás preocupado por Altaïr, lo sé. —A veces le irritaba la actitud de Malik, pero a diferencia de Abbas podía ver el genuino interés por el bienestar de su amigo, quizás lo más correcto sería decir de su hermano. Ellos nunca se lo dirían, pero ella conocía muy bien las actitudes sobreprotectoras de alguien que se preocupa por su familia.

—Sí, pero también eres una persona muy difícil. —Estaba convencida de que había buscado la palabra menos ofensiva de su lista para describirla.

—Tú eres muy sociable también. —Maria no era toda cordialidad con las personas, pero Malik tampoco era Mr. Simpatía.

Escuchar la verdad no era agradable, los dos podían estar de acuerdo con eso.

—Cierto. —Ahora Maria podía danzar una estampie(4) porque el hombre le había dado la razón—. Sin embargo, podemos aprender de nuestros errores.

Aquello era zanjar un tema por completo con elegancia, Altaïr se devanaba los sesos para tratar de rebatirle la mayoría de las discusiones. ¿Quién era en verdad este hombre? Primero le hace palpitar el corazón y ahora se lo detiene.

—Sí podemos. —Su respuesta era miserable, mas su cabeza se había quedado en blanco tras semejante declaración.

—Aún tengo tareas que hacer, ¿gustas acompañarme? —Malik extendió el brazo tal como lo había hecho hacía unos momentos atrás. Maria sonrió ante la idea.

—En realidad... es preferible que dobles el brazo, cierres el puño y lo pongas a esta altura —le indicó haciendo ella el movimiento—, esa es la manera elegante de ofrecerle a una dama tu brazo como apoyo, estirar el brazo puede significar que la estás invitando a bailar. —Parecía que Malik iba a preguntar algo, pero decidió simplemente imitar su posición, Maria puso los dedos de su mano en el antebrazo pegados al codo—. Ahora a esa misma altura, repliega tu brazo y ya estamos listos para ir a nuestro destino.

—¿Es ahora cuando hablamos del clima y los caminos? —le preguntó sorprendiéndola, pues él estaba recordando su insignificante comentario sobre cómo iniciar educadamente una conversación.

Maria le dirigió una mirada traviesa antes de contestar solemnemente:

—Tenemos un largo camino que recorrer, pero cuando acabemos brillarás tanto en la alta sociedad, que el Rey de Francia querrá imitarte.

¡He de admitir que este es uno de mis capítulos favoritos! Adoro la interacción de Malik y Maria, es tan graciosa que los dos me derriten el corazón. Awww.

Y sí estoy consciente de que la última vez que actualicé fue hace un año atrás, más de un año, pero ¡Hey! prometí que seguiría actualizando sin importar el tiempo. Lo ven, sigo por aquí, de vez en cuando. Lo que puedo prometer esta vez, es que actualizaré la siguiente semana.

Gracias a todos y todas las que han dejado sus reviews a lo largo de los años, sus palabras son las que me alientan a seguir escribiendo. Nunca dejen de hacerlo, ya ven me traen devuelta por aquí.

(1) No estoy del todo segura que esta regla funcionara en esta época o fueran igual de estrictos que su contraparte del medio oriente, aunque me parece que no porque en los bailes hombres y mujeres se tocaban las manos, de ahí que mucha gente deseara participar en ellos.

(2) Alba así llaman en gaélico a Escocia.

(3) En 1174 Salah Ad-Din comenzó la conquista de lo que hoy conocemos como Siria, la toma de Damasco fue pacífica, pero a partir de 1175, que es cuando conquista Homs y Hama, sus antiguos líderes se oponen a él, hasta 1182 seguiría conquistando diversos lugares de Siria y Egipto, que es cuando consolida su poder como sultán, en este periodo también visita Masyaf.

(4) Estampie: Las danzas medievales todos las conocen pero nadie tiene pruebas. Hay pinturas y libros que hablan de las danzas pero no hay registros de cómo exactamente se bailaban, la estampie es una forma musical que se cree también era una danza mas no hay pruebas certeras y se cree esta danza podría involucrar algunos saltos.