Reizoku
Levi se fue a dormir a las tres de la madrugada y se levantó a las cinco. En el baño se paró frente al espejo como era su costumbre. Las sempiternas ojeras bajo sus ojos lo miraban de vuelta. Se desnudó para tomar una ducha. En lo que el agua fría terminaba de espabilar a su cerebro, apoyó ambas manos en la pared dejando que corriera por su nuca. Amanecía y los primeros rayos del sol se colaban en la ducha por la única ventana, haciendo que sus ojos grises refulgieran al mirar hacia arriba.
…
"Aquí tienes, Eren" le dijo Petra en lo que le hacía sostener una bandeja para colocarle cosas encima.
"Disculpa, ¿pero qué se supone que haga con esto?" indagó. Ella se dio vuelta un momento para sonreírle, aunque sin dejar de repartir el resto de tazas de té en las otras bandejas que tenía dispuestas sobre la mesa. En la Legión, a falta de personal, se repartían las tareas caseras entre los mismos miembros que la conformaban.
"Ese es el desayuno de nuestro Capitán. ¿Podrías llevárselo, por favor?"
"Sí, claro. ¿Sabes dónde está?"
"¿Qué hora es?" murmuró Petra más como para sí misma y se asomó a la otra habitación para echarle un vistazo al reloj. "Es temprano. Estará en el salón del patio."
"Entendido."
"Gracias. Ah, y mucho cuidado. El capitán puede ser un poquito gruñón en las mañanas."
Con esa advertencia haciéndole eco en los oídos, Eren salió a cumplir el encargo. Tuvo que pedir indicaciones para poder ubicar el salón del patio, que por fortuna no resultó estar demasiado lejos o se habría tardado de más. Llegar tarde era algo que le preocupaba y sin embargo, no le impidió detenerse un momento a escuchar unos extraños sonidos provenientes de su destino. Eran como jadeos, seguidos de golpes y gritos. Con prudencia, se asomó al interior del salón. Y los ojos se le abrieron de par en par. Ahí estaba Levi descamisado, dando patadas y puñetazos a un saco de arena. Eren se quedó mirándolo asombrado.
De pronto, Levi dejó de hacer lo que hacía como percatándose de su presencia y se volvió hacia él con brusquedad. A Eren casi se le cae la bandeja de las manos.
"¡Señor!" exclamó dejándose ver, quizá esperando disimular un poco el hecho de que lo hubiera estado observando. "Buenos días, le traje el desayuno."
Levi no dijo nada. Se acercó a Eren y le recibió la bandeja. Pero en vez de pedirle que se marchara, se quedó mirándola un rato y después le preguntó:
"¿Por qué hay dos tazas de té?"
"No lo sé, señor. Petra tan solo me pidió que se la entregara. Ni siquiera me había percatado de que había dos tazas."
"¿Desayunaste ya?"
"No."
"Bien."
Entonces Levi levantó una de las tazas y se la pasó. En la bandeja también había dos pasteles. Después de que Levi se secara el sudor, se sacara los guantes y se arreglara un poco el pelo, se sentó en el suelo. Algo atípico a su carácter siendo tan obsesivo como era por la limpieza… comer en el suelo… sudando… sin camisa…
"¿Qué haces ahí parado como un tonto?"
En efecto Eren sí parecía un tonto. Descuidadamente había dejado que un poco del té se le chorreara en el pantalón por estar ocupado analizando al otro. Trató de secarse, empeorando la mancha. Cuando por fin se acercó a Levi y estuvo arrodillado a su lado, este le dio uno de los pasteles. Eren de inmediato pegó un brinco reprobatorio.
"No, señor, por favor. Ayer en la cena usted…"
"Cállate. No pienso darte mi comida, nunca lo haría ni por ti ni por nadie. Petra puso dos de estos a propósito para que desayunaras también. No sé cuáles serán sus reales intenciones, probablemente solo quería que me fastidiaras con tu compañía. Así que cállate, siéntate y come."
Lo había dicho todo tan rápido que Eren no tuvo tiempo de pensar ni replicar nada. Hizo caso, pensando que en efecto Levi sí era un tanto más gruñón en las mañanas. Agradeció y después de eso, el desayuno transcurrió en silencio. Cuando Levi acabó, no se levantó sino que esperó a que Eren también lo hiciera.
"He escuchado que los entrenamientos para los reclutas son estrictos. Y que en sus imparticiones se incluyen los combates cuerpo a cuerpo. Así que dime una cosa, Eren. ¿Sabes pelear?" Levi se levantó sin esperar una respuesta. Eren se tomó su tiempo para dársela. Recordaba muy bien como su egocentrismo y confianza le había ganado una paliza por parte de Annie.
"No soy muy bueno" confesó.
"Arriba."
Eren dejó la tacita de té sobre la bandeja junto a la de Levi e hizo lo que le pedían. Se quitó la capa del uniforme y las botas, quedándose solo en pantalones y camiseta.
"Pégame" le ordenó Levi. Tuvo que repetirse varias veces porque al parecer Eren no daba crédito a lo que escuchaba. En consecuencia de su incertidumbre, este tiró un golpe demasiado blando, que Levi pudo interceptar con facilidad agarrándole por la muñeca y torciéndole el brazo hasta dejarlo inmovilizado tras su espalda. "Mal" le escupió en el oído. "¿Es que no te enseñaron nada antes? ¿O es que eres tonto y no aprendiste?"
"Le advertí que no era bueno… ¡Ah!" la llave que Levi le estaba aplicando, le recordó de nuevo a Annie. Con seguridad ella podría dar batalla a su capitán, o al menos ser más útil que él. Aunque quién sabía. Todos sus movimientos, así hubiera ganado ya un poco de confianza, se vieron frustrados una vez tras otra. Hasta que… hasta que le atestó un codazo a Levi en la nariz. Los ojos de Eren se abrieron ante el horror. Los labios le temblaron. El rostro de Levi había quedado de perfil por el impacto. Con el pelo cubriéndole los ojos, se veía terrorífico. Eren pudo imaginar sus manos alrededor de su cuello, la expresión asesina que le clavaría cuando lo encarara. Pero cuando esto ocurrió, se encontró con la misma mirada estoica de siempre.
"Capitán" balbuceó asustado, su voz era apenas un hilo. "Perdóneme, perdóneme. Por favor."
"¿Le pedirás perdón también a los titanes que asesinaron a tus amigos cuando aciertes un golpe?" lo regañó Levi con severidad. "He sido yo subestimándote y bajando la guardia, un error imperdonable que en un campo de batalla me hubiera costado la vida. Vamos, vuelve a pegarme."
¿Pero qué dice? ¿Qué le pegue otra vez?
Como el chico dudaba, al mayor se le ocurrió una idea. Empezó a provocarlo, con palabras, con golpes molestos a la cara. Los momentos en que a Eren le había dado la impresión de que su superior solo jugaba, se extinguieron. O tal vez era porque se estaba enfadando de verdad. Sin meditarlo, olvidándose de todo, Eren mandó un puñetazo con mucha, demasiada fuerza, fuerza que no sabía que tenía. Levi se hizo a un lado y lo recibió por el estómago con un rodillazo. Eren quedó doblado y sintió las manos juntas de su capitán impactándole en la espalda, haciéndolo caer bocabajo al suelo.
"¿Por qué pierdes la calma? Le permites a tu enemigo adivinar tus movimientos porque los revelas al enojarte. Una pelea no puede ganarse así. No necesitas fuerza, sino inteligencia. Usa la cabeza."
"La cabeza…" la voz de Eren cortó el rollo de Levi. Había sonado muy extraña. ¿Era por qué le había sacado el aire y seguía en el suelo? Eso pensaba hasta que Eren se empezó a reír. Se puso de pie. Tenía sangre en los labios y se la limpió con el dorso de la mano antes de lamerla. Algo en su mirada había cambiado, su sonrisa era distinta, no era el mismo de antes. "Voy a matarte."
Levi abrió los ojos. Sin darle tiempo de procesar lo que acababa de decir, Eren se le abalanzó. De nuevo, había sido un movimiento impulsivo que Levi pudo evitar. Le dio una palmada a Eren en la mejilla.
"Bajas la guardia cada vez que das un golpe. Ese pudo haber sido el fin de tu vida" Eren se tocó como si tratara de imaginarse eso que acababa de escuchar. Había algo en sus ojos... sin pensarlo o entender por qué, Eren se le arrojó encima de nuevo. Levi lo detuvo por los brazos, pero el plan del otro nunca había sido golpearlo sino… morderlo.
Los dientes de Eren se clavaron en el cuello de Levi.
"¿Qué dem…? ¡EREN!" rugió. De inmediato salieron de su escondite Hanji y dos de sus soldados. Pero Levi les ordenó que se mantuvieran al margen. Le parecía sentir que Eren murmuraba contra la piel de su cuello la palabra 'matar'. Recordó sus propias palabras: de perder el control..., lo asesinaré. "No seré tu maldita cena, monstruo."
Levi le atestó un puñetazo entre las costillas. Eso bastó para hacer que Eren retrocediera, pero no para ponerle fin a su desquicio. El adolescente volvió a la carga. Tropezaron y rodaron por el piso, forcejando. Hanji gritaba, los soldados intentaron intervenir y Levi los devolvió a su sitio con una mirada. Se había puesto tras Eren en el piso, disminuyéndolo.
"Eren" habló más bajo esta vez. Eren le mordió el brazo, aunque no tan fuerte como la primera vez. "¿Es que has perdido la razón, basura? Escúchame, pedazo de mierda, tienes tres segundos para soltarme o te voy a retorcer el cuello hasta arrancarte la cabeza, hasta volverte…"
"¡Levi es él!" gritó Hanji. "¡Ha vuelto! ¡Detente!"
Levi vio que Eren lo miraba como podía por las esquinas de los ojos, confundido y asustado. Había dejado de morderlo, pero como el mismo Levi le presionaba la cabeza contra su pecho con el brazo, seguía teniéndolo en su boca.
"Esta ha sido una grandiosa idea de mierda" le dijo Levi a Hanji entre jadeos, tratando de sofocar al muchacho que tenía entre los brazos.
"¿Qué he hecho?" gimoteó Eren con una voz estrangulada cuando pudo apartar su boca del brazo ajeno. Vio la sangre en el cuello de su capitán y sintió terror. No se acordaba de nada.
"Demostrarnos que eres una basura inútil en la que no se puede confiar."
"Llamaremos a Erwin de inmediato" dijo uno de los soldados.
"Le pondremos fin a esto" siguió el otro.
"¡No llamarán a nadie! ¡No le pondrán fin a nada! ¡La única vida que tienen derecho a exterminar es la vuestra!" Levi solía gritar, pero nunca así. Hasta Hanji sintió un poco de temor. Eren todavía más. Cerró los ojos, ya no podía aguantar sin respirar. Volvió la vista a Levi antes de desmayarse. Este sintió un escalofrío y tuvo que soltarlo.
…
Mikasa y Armin venían en busca de heno para dar de comer a los caballos cuando se toparon con que había varios otros reclutas amontonados en las ventanas de uno de los salones. En cuanto Mikasa también estuvo en medio para verlo, casi le da un infarto. El enano maldito jadeando, Eren desmayado, sangre. La historia se contaba sola.
