Noche y errores
Eran casi las tres de la mañana y Mei estaba deseando poder acabar de limpiar el pasillo del hotel para poder irse a dormir. Su turno era diurno pero una baja la había obligado a permanecer dos turnos de limpieza en el hotel y ¡estaba agotada!
Llevaba 10 años en aquel trabajo y la verdad es que aunque seguía siendo la que fregaba los pasillos y hacía las camas, le gustaba su trabajo. Siempre era divertido contemplar las vidas de las gentes que hacían de aquel lugar su hogar temporal. Y el hecho de que fuese uno de los mejores hoteles de la ciudad ayudaba bastante a atraer a clientela importante. Había visto con sus propios ojos los devaneos amorosos de personajes influyentes en la vida de la ciudad y de la misma forma había visto como lo que en la televisión parecía un firme matrimonio no era más que una fachada. Tenia que reconocerlo: era muy cotilla. Y aquel trabajo le proporcionaba más de un cotilleo interesante. ¡Todavía recordaba varios de los líos amorosos que habían surgido en el hotel! En una ocasión habían venido a alojarse dos parejas al hotel y cuando la estancia termino estas se habían intercambiado. O la ocasión en la que una mujer sorprendió a su marido en la cama con su amante y lo hubiese matado si ella no hubiese estado por allí cerca.
¡En fin! No podía negar que no le divirtiese su trabajo, el problema ahora es que estaba exhausta y no había ningún nuevo cotilleo en el hotel. Era temporada baja, los únicos clientes eran una pareja de ancianos que seguían juntos por la monotonía, un grupillo de estudiantes extranjeros con padres lo suficientemente ricos como para pagarles a sus hijos una semana en el hotel, los americanos demasiado amables que apenas habían salido de sus respectivas habitaciones y aquellos japoneses que le ponían los pelos de punta.
Sin duda de todos ellos los más interesantes eran los japoneses, los ancianos no daban problema alguno, los estudiantes apenas habían entrado al hotel para dormir al contrario que los americanos, tres hombres y una mujer , que apenas habían salido de sus habitaciones. Los japoneses estaban dando más juego sin duda. Al parecer se trataba de un joven empresario japonés que se teñía el pelo de naranja, sus dos ayudantes, un hombre rubio con aspecto extraño, una mujer que había descubierto que el bar del hotel era más cómodo que su habitación y el guardaespaldas del empresario, una enorme mole de casi dos metros y músculos que harían pensar dos veces a cualquiera acercarse a dicho empresario.
Al menos le quedaba la esperanza de que el empresario y su ayudante femenina fueran amantes o que comenzaran a serlo en el hotel, así ella podría bajar al cuarto de calderas con el resto de criadas a comentarlo entre susurros.
Aunque tal vez resultara más interesante centrar su atención en el grupo de estudiantes, seguro que había más de una rivalidad entre ellos y ¿quién sabe?, puede que algún día se trajesen a una mujer al hotel que resultara ser el amor de sus vidas…
Interrumpió sus pensamientos al tiempo que se daba cuenta de que ya había terminado de fregar el pasillo, como de costumbre se había estado moviendo mecánicamente al limpiar mientras su cabeza se centraba en otras cosas. Con un suspiro de alivio dio por terminada su labor por aquel día. ¡Ya podía irse a casa! Además estaba claro que aquel grupo de snob que llenaban el hotel no iban a darle ningún cotilleo interesante. Ya estaba recogiendo todos sus útiles de limpieza en su carrito cuando un grito al otro extremo del largo pasillo la hizo detenerse. El ascensor del fondo acababa de detenerse en su planta, así que sin duda eran uno de los japoneses, con toda la experiencia de los años agarro el primer trapo que encontró y fingió limpiar el espejo de mitad del pasillo que ya había limpiado hacía media hora. Normalmente aquella gente estaba acostumbrada a los criados y muchos de ellos pasaban al lado de ellos sin mirarlos dos veces o interrumpir sus conversaciones. Tenía la esperanza de que los japoneses la ignoraran de la misma forma en la que el empresario tendía a fingir que sus ayudantes no existían.
Ella no podía entender la discusión, pero diferencio antes de que entraran en su campo de visión la voz alterada de una mujer, que gritaba lo que sin duda eran insultos en japonés y los también furiosas respuestas de un hombre. Cuando dio la vuelta disimuladamente descubrió la escena que la dejo perpleja, el joven empresario japonés del que no había esperado gran cosa arrastraba a una pequeña mujer morena vestida de negro con él por el pasillo. La joven chillaba y lo golpeaba completamente furiosa, pero no podía evitar que él la siguiese arrastrándola con él por el pasillo.
En un intento desesperado de evitar su arrastre la joven se agarro rabiosa a la esquina del pasillo por el que acaban de aparecer, lo que freno el avance del pelinaranja de pleno. Este se giro furioso hacía ella y volvió a tirar del brazo de la joven con un nuevo grito en japonés al que la jovencita respondió airada e igual de furiosa. El hombre bufó furioso pero esta vez en vez de tirar del brazo que ya sujetaba intento soltarle del brazo que la mantenía agarrada a la pared, lo que sin duda fue una mala idea pues la joven aprovecho para escapar de su agarre y cuando él intento volver a capturarla esta vez con la plena intención de inmovilizarla ella sujeto su brazo y con una llave que Mei sería incapaz de describir lo derrumbo contra el suelo. Posteriormente le dedico una no muy amable patada en la entrepierna y salto sobre él con la plena intención de escapar hacía el ascensor , el joven estaba demasiado adolorido como para percatarse de los movimientos de la mujer pero si pudo gritar algo que sonó como un gemido entre el dolor y el odio. A este gritó la puerta de la habitación de sus guardaespaldas se abrió y este salió al pasillo a comprobar lo que ocurría.
Su aparición detuvo por completo los movimientos en el pasillo, la masa de dos metros de piel oscura estaba entorpeciendo el escape de la joven pues el hombre había aparecido delante de ella y de repente esta se veía rodeada.
Mei siguió mirando la escena incrédula y pudo distinguir la pregunta muda del guardaespaldas cuando vio a su jefe derrumbado en el suelo.
A un nuevo grito del empresario que se puso en pie como pudo y con una mirada de psicópata que le hizo temer por la vida de la chica, el guardaespaldas coloco una de sus enormes manos sobre el hombro de la pequeña mujer, quien dedico una mirada furiosa a ambos hombres cuando se dio cuenta de que aunque había tumbado al pelinaranja no tenía ninguna oportunidad contra el guardaespaldas.
El joven empresario pareció gritar un nuevo insulto a la joven que ahora lo miraba imperturbable y se volvió para poder abrir la puerta de su propia habitación. A una orden suya la mujer entro por pie propio a la habitación y después entro él. El guardaespaldas permaneció en la puerta de la habitación custodiándola sin tener muy claro que era lo que había ocurrido.
Mei parpadeo incrédula sin saber que acababa de ocurrir allí. Por suerte para ella ni siquiera habían recaído en su presencia, pero lo único en lo que podía pensar era en que estaban reteniendo a aquella mujer por la fuerza… No solo era un problema, ¡debía de informar al director del hotel de inmediato! Lo que era : ¡un jugoso cotilleo!
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Ichigo tenía nuevamente la necesidad de matar a alguien. Hacía años que no lo sentía tan fuerte, seguramente porque la guerra había colaborado a adormecer esa necesidad, a saciarla, más bien. Pero ahora tras un mes de tregua, con una puta loca en su habitación y por demás dolor de de cabeza y en la entrepierna, por la maldita patada que la puta en cuestión le había dedicado en el pasillo, lo único que podía saber seguro es que a quien tenia la intención de matar era a ella.
¿Como algo tan pequeño podía tener tanta fuerza? ¡No solo había conseguido derrumbarlo en el pasillo! Había destrozado el interior de su coche alquilado, le había roto la nariz en la fiesta-funeral y también destrozado todas las malditas esquinas del hotel a las que se había agarrado para evitar entrar a la habitación en la que ahora estaban y mejor no mencionar al pobre botones que se había acercado en el vestíbulo para saber si "su esposa" como él la había llamado necesitaba algo.
Ahora en la habitación, con todos los pestillos de la puerta echados y con Chad haciendo guardia, ella no podría escapar . Es decir, estaba a su completa merced. ¡E iba a hacerle pagar cada una de las humillaciones que le había causado desde que el Concilio había tenido la "amabilidad" de "cedérsela"!¡Malditas leyes patriarcales en una sociedad en las que las mujeres habían aprendido que podían llegar a ser tan independientes como los hombres!
¿Cómo demonios había criado Kuchiki a su hermana- cuñada? Aunque conociéndolo sin duda la culpa de la personalidad de aquella mocosa era de Hisana, todavía recordaba como Rukia se comportaba de niña, estaba claro que de mayor no iba ser otra cosa que lo que era ahora: ¡Una arpía egoísta! ¡¿Quién había enseñado a esa mujer que podía hacer su voluntad?! ¡Las mujeres no deberían tener esa opción!
Y allí estaba ella, mal criada y egoísta, pequeña y fea, mirando toda la habitación con gesto desconforme. O bien había descubierto que no había salida por la que escapar o no creía posible que siendo él uno de los líderes hubiese alquilado una habitación en un hotel de 5 estrellas tan común como aquella. Una cama de matrimonio con dosel de cortinas rojas a un lado y frente a ella un pequeño cuarto de estar, sofá frente a un televisor de plasma y una barra con una nevera .
A Ichigo le traía sin cuidado lo que ella opinara al respecto de la habitación, lo único que le importaba era pensar que ella era de él en ese momento.
Nunca le había agradado la idea de casarse, primero nunca había tenido intención de dejar descendencia, un heredero, para eso ya estaba Karin, y si quería una mujer en su cama era algo fácil de conseguir. Pero ahora debía de casarse con aquella mujer, bueno, prácticamente ya estaban casados. La idea no le agradaba demasiado, su único consuelo es que había quedado claro que a ella le hacía aún menos gracia que a él. Desheredada, regalada, ¡debía estar realmente furiosa! Dispuesta a todo por mantener su independencia. Una independencia que nunca había existido, si ella dependía de Kuchiki antes, ahora era completamente suya.
La miró de nuevo intentando encontrar en ella lo que al principio tanto le había recordado a la muerte. Su apariencia. Si, allí en medio de su habitación, mirándolo directamente a los ojos desafiante y furiosa, muy furiosa, seguía ofreciendo el aspecto que debería tener una diosa de la muerte, un shinigami. Y de nuevo sintió la terrible necesidad de hacerla suya. De esclavizar su cuerpo a sus deseos.
Si era así como quería hacerle pagar sus humillaciones. Quería golpearla y penetrarla sin causarle ninguna clase de placer pero satisfaciendo sus propios deseos al mismo tiempo.
Dio un paso hacia ella furioso y decidido y ella lo dio hacía atrás huyendo de él, quería mantener las distancia, dejar muy claro que no iba a permitir que la tocase. Pero Ichigo estaba demasiado furioso, la odiaba y la deseaba, no podía soportarla pero quería doblegarla a sus deseos. Aquella mujer despertaba sus más bajos instintos y los había desatado hacía ella.
De una sola zancada se abalanzó sobre ella como un león tras su presa. Ella chilló alterada cuando él la alcanzo cayendo al suelo sobre ella, esta intento una nueva llave para quitárselo de encima , ambos rodaron sobre el suelo intentando dominar la situación, pero lo único que Rukia consiguió fue golpearse la cabeza con la pata de la cama, Ichigo quedo sobre ella de nuevo. Aturdida durante unos segundos, él consiguió inmovilizarla, manteniéndola boca abajo, aplasto su cara contra el suelo, sujeto sus brazos con una de sus manos manteniéndolos por encima de su cabeza e inmovilizo sus piernas con las suyas propias. A su completa merced ella siguió sin comprenderlo revolviéndose bajo su pecho pero también gimiendo de dolor. Nada podía hacer contra él y la idea lo excito más que cualquier otra cosa. Paso su mano libre por sus piernas levantando su falda de volantes por la cintura, ella chilló todavía más fuerte e hizo un desesperado intento para que la soltase. No tenia tiempo que perder, solo quería poseerla allí mismo, quería penetrarla sin más, pero primero debía de arrancarle ese maldito ceñido vestido…
Y entonces las vio, había casi rasgado su vestido negro intentando arrancárselo y la espalda había quedado al descubierto y con ella una serie de hematomas con un terrible color negro que atravesaban su espalda de forma horizontal. Alguien la había golpeado con rudeza contra una estantería o algo similar y no le había quebrado la columna de pura casualidad. Se quedo helado en su sitio mirando las marcas y recordó el otro hematoma que él mismo había descubierto en su brazo durante la fiesta. Alguien ya había utilizado contra ella la misma brutalidad que él acababa de dedicarle. Se aparto de ella sin más, soltó sus brazos y aparto su peso de sus piernas.
Rukia escapo de él con más rapidez de la que alguien con sus heridas debería e Ichigo solo fue capaz de escuchar como la puerta del baño se cerraba de un portazo y echaba tras ella el pestillo.
Estaba como aturdido, ¿quién había marcado a la muerte? ¿Quién se había atrevido a levantar sus manos contra una mujer tan pequeña como aquella? Parpadeo confuso, ¿qué era lo que había estado a punto de hacer? ¿Violarla? ¿Él?
¡Él no era así! Él jamás se hubiese atrevido a levantar una mano contra una mujer, hubiera sido ir en contra de todo lo que creía. Podía matar un hombre a sangre fría sin el mayor remordimiento, pero , ¿pegar una mujer? ¡Jamás!, ¡él no era así! Podía ser un asesino, todo lo machista que su educación le había ayudado a ser, pero por favor, ¡ni siquiera le gustaban las prostitutas! Odiaba el hecho de que una mujer se acostara con él por obligación. ¿Cómo iba él a violar a una mujer, por mucho que la odiase? También odiaba Yoruichi o a Matsumoto y no les levantaba siquiera una mano, aunque ganas no le hubiesen faltado…
Se sintió terriblemente mal, peor de lo que se había sentido en su vida y supo que de no haber reaccionado a tiempo hubiese hecho algo imperdonable. Miró sereno la puerta del baño. Pero sin duda ella se había merecido aquellas marcas si se las hubiese hecho él, ¿acaso no lo había golpeado ella sin ninguna clase de miramiento más de las veces que a él le gustase recordar? Sacudió la cabeza confundido.
La odiaba, la odiaba sin más y sabía que la odiaría hasta el último día de su vida. Pero ambos estaban destinados a estar juntos. Ella era de su propiedad… la idea volvió a calentar su cuerpo de forma incomoda, le excitaba la idea de saberla suya, porque ella era "su" mujer.
Sintió la necesidad de echar aquella puerta que los separaba abajo quería meterla a su cama, a la fuerza si, pero esta vez quería obligarla a sentirse tan excitada como se sentía él en aquel momento. Esta vez no iba a ser una violación ni mucho menos, quería que ella también lo disfrutase, y ya que jamás se iban a amar él uno al otro tal vez pudieran crear intereses comunes y el sexo como tal parecía una buena opción.
Se puso en pie y dio un paso hacía la puerta del baño. Los hematomas acudieron de nuevo a su cabeza y se detuvo con brusquedad. La necesidad de matar a alguien volvió a surgir en su pecho , solo que esta vez no quería matarla ella, sino al que había puesto sus manos sobre ella. No podía comprender como habían podido hacerle aquello, pero lo que realmente le angustiaba en ese momento era pensar porque la habían golpeado y hasta donde habrían llegado con ella. Resultaba obvio suponer que el causante era un miembro del Clan de Aizen, sino era él mismo, ¿dónde más había pasado Rukia aquel mes?
Miro la puerta del baño como si fuese la misma Rukia. Ella ya no podría acudir a Aizen en busca de una escondite, pero aun así algo en él quería descubrir lo que había causado aquellos moratones y tal vez castigar al culpable… la idea lo sorprendió terriblemente dando un paso hacía atrás. ¿Quería acaso vengar a la zorra con la que iba a casarse? ¡Por supuesto que no!, se dijo a si mismo, lo que él quería era asegurarse de que ningún otro hombre pudiera volver a poner sus manos sobre la mujer que podría dar a luz a su heredero. Finalmente si quería asegurarse de que el clan Sakura cayera en sus manos no solo necesitaba que Byakuya no tuviese herederos sino tener al menos un hijo en común con Rukia.
Dio media vuelta sobre si mismo y se tumbo contra la cama.
Bien, no iban a ser un amoroso matrimonio, pero pensaba forjar con ella una alianza que beneficiase a ambos. Y pensaba usar el sexo para firmarla.
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Después de atrancar la puerta con el cerrojo, derrumbar un armario contra la puerta , intentar arrancar el lavabo a patadas y esconderse tras las cortinas de la ducha, Rukia se dejo caer sintiendo la humedad en su cara. Estaba llorando. Estaba asustada, muy asustada.
Rukia no era de las que temían a la muerte, la consideraba una invariable en la vida, todos nacíamos para morir en este mundo, así que lo único que esperaba era poder por la menos influir en su forma de vida. Por ello no había sentido miedo alguno cuando luchaba con la espada con Aizen o cuando Kaien la entrenaba, si moría en una de aquellas situaciones habría sido porque eran dos situaciones que ella había buscado.
Pero aquella noche no había estado buscando aquel enfrentamiento, y de todas las maneras no era la muerte lo que había sentido cuando él la tumbo de espaldas contra él suelo. Él había querido hacerla sufrir, pero no había querido matarla. Y ella había sentido verdadero terror a la idea de estar indefensa bajo él. No podría defenderse si él intentaba algo, y él lo había intentado había levantado su vestido y desgarrado su corpiño. Pero no había llegado más lejos, no sabia porque la había soltado, pero lo había hecho. Tal vez solo hubiese sido una muestra de su superioridad sobre ella, un aviso de lo que podría pasarle ahora que era de "su propiedad".
No lo sabía y la verdad, ¡le daba igual! Él no iba volver a poner una sola mano sobre ella ni mucho menos. ¡No iba permitir que la volviese a tocar! ¡Le iba a hacer pagar aquella humillación con creces!
Pero nada podría hacer encerrada en aquel cuarto de baño, tenia que idear un plan para escapar del hotel, luego ya vería lo que hacía, puesto que si huía debería hacerlo del resto de clanes por el resto de su vida. Sabía que huir era una mala idea, una locura, pero estaba desesperada. Su cuerpo todavía temblaba al recordar el cuerpo de Ichigo sobre él de ella, lo había odiado tanto, pero sobre todo se había odiado a si misma cuando por un segundo se planteo permanecer quieta y simplemente alzar las caderas. Durante unos segundos había ansiado con desesperación sentirlo dentro de ella, el dolor la había devuelto a la realidad y aquel deseo había sido lo primero que había provocado sus lagrimas, el asco hacía si misma.
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Tres horas después de dar vueltas en el cuarto de baño Rukia comprendió horrorizada que estaba metida en un callejón sin salida, no tenia si quiera la opción de escapar de aquel maldito hotel, porque aunque consiguiese escapar ¿qué es lo que haría? Vivir en la calle eternamente no era una opción que le llamase mucho la atención, claro que era mil veces preferible a convertirse en la próxima señora Kurosaki. ¿Qué había ocurrido con la ultima? La madre de aquel hijo de puta de Kurosaki Ichigo, si no recordaba mal había desaparecido de la noche a la mañana, los rumores habían asegurado que había sido su propio marido quien se había deshecho de ella en favor de una amante. Nunca había habido confirmación y Kurosaki Ishin nunca se había vuelto a casar… ocurriera lo que ocurriese a ella no le hacía demasiada ilusión convertirse en la próxima esposa desaparecida de los Kurosaki.
Su reflejo, en el espejo del lavabo, la hizo detenerse en seco. Tenía el maquillaje corrido por las lagrimas, el vestido roto y el pelo enredado, estaba realmente espantosa. Ella que había invertido toda la tarde en maquillarse y peinarse, ahora tenia el maquillaje destruido y su bonito peinado completamente desecho.
Mando una furiosa mirada a la puerta del baño tras la que todavía la esperaba Kurosaki y procedió a lavarse la cara y cepillarse el pelo. Cuando termino el espejo le devolvió de nuevo su aspecto habitual, su rostro sin maquillar y el pelo suelto sobre los hombros. Suspiro de rotada ante su propia imagen. La mujer del espejo era Kurosaki Rukia, la hermana y heredera del líder del clan Sakura, se esperaba mucho de ella.
Ella iba a suceder a su hermano, recuperar el clan de Hisana y ejercer plenamente el poder que le pertenecía desde el principio. Pero ahora ya no estaba demasiado segura de quien era en realidad. Seguía siendo Kuchiki Rukia, cierto, pero ahora era la prometida de Kurosaki Ichigo y era muy probable que nunca fuese a heredar su propio clan. Se había convertido en una de los juguetes de los clanes, como si no fuera más que un mero trozo de territorio.
La rabia que sintió apenas le dejo respirar, cuando esta misma rabia le regalo una idea, una idea que se convirtió en una realidad. Era un juguete en las manos de los clanes, pero era un juguete con poder, con mucho poder.
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La habitación que había elegido para Rukia todavía conservaba su olor. Su perfume estaba en el aire, dulce y sereno, desentonado completamente con su propietaria. La idea hizo sonreír a Aizen antes de dejarse caer contra la cama, donde su olor todavía era más intenso.
Sus cosas todavía estaban desperdigadas por la habitación y lo inundaban todo como un caos de ropa y complementos. A veces le daba por preguntarse que demonios estaba mal con aquella mujer. Era una Kuchiki y parecía haber reunido en una hoja todo lo que aquello significaba, todo lo que supuestamente se esperaba de ella, para luego romperla en trocitos lanzarlos al fuego y hacer todo lo contrario.
"Eres una señorita", debía haberle dicho alguien cuando era una niña, lo que le habría indicado a esta que debía hacer cualquier cosa para no actuar como tal. Y daba gracias a todos los dioses en los que no creía por ello.
Si Rukia hubiese sido la mujer serena que se esperaba o la niña obediente que debió haber sido jamás la habría conocido.
La primera vez que sus caminos se encontraron fue porque ella se había escapado de su hermano como de costumbre, era una niña morena perdida en la calle con mirada desafiante, nada dulce o angelical había en ella, y había sido lo que le llamo la atención en primer lugar. No recordaba que edad había tenido en ese momento pero no le importo, la obligo a seguirlo sin ni siquiera preguntarle su nombre. El hielo que inundaba sus ojos, el vestido caro destrozado y el orgullo que traspasaba todos sus movimientos decían más de ella que cualquier otra cosa. Había visto en ella a una perfecta futura asesina. Solo necesitaba un poco de entrenamiento y seria un miembro más de su clan, ¿cómo creía la gente que sus hombres llegaban a hasta él? Él los sacaba de la calle, les daba un hogar, una familia, un arma y una profesión. En ese momento Rukia solo había sido una más y ni siquiera le importo descubrir quien era en realidad, puso una espada en sus manos y la rodeo de sus peores asesinos, dio colmillos y garras a una orgullosa fiera que buscaba su independencia.
Por desgracia ella no estaba destinada a ser una de sus hombres, o al menos aquello había creído ella, pero cada vez que escapaba acudía a él y cada vez que escapaba de él para volver a su hermano lo hacía con las marcas de su clan en todo su cuerpo. La suya era una relación difícil de entender, ambos habían aprendido a necesitarse mutuamente. Rukia necesitaba protección y él la necesitaba a ella. Necesitaba sus miradas orgullosas tanto como necesitaba usar a sus espías o intentar atarla a él de por vida.
Aquella noche el Consejo lo había humillado. Pero más aún lo había infravalorado. Y con ello su plan había salido a la perfección. La sonrisa de satisfacción no pudo evitar escapar de sus labios. Todos los clanes habían firmado una tregua impuesta , imposibilitados de alzar una mano si quiera para defenderse … ¡Atados de pies y manos por una guerra de territorio! Todos habían firmado, todos menos él.
Miro a su alrededor satisfecho, Rukia no dormiría aquella noche en aquella habitación puesto que ahora su cama era la de Kurosaki. El cual no demostraba ser muy inteligente al meter una víbora en su cama, ¿verdad?
Pero Rukia era mucho más en aquel juego, era la niña que a la que él mismo había matado para intentar convertirla en una asesina. Era su pieza favorita, la reina que le daría la victoria. Puesto que nadie la conocía mejor que él, nadie sabia mejor que él como manipularla en su favor.
Una espada blanca apoyada en una esquina de la habitación le recordó que seria muy significativo de su parte armar a su pequeña reina.
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- ¡Oh, dios mío!- chilló Tatsuki horrorizada corriendo hacía ella.
Rukia parpadeo desconcertada al tiempo que se tapaba con la toalla. ¿Cómo demonios había entrado aquella mujer al baño cuando se duchaba? Miro hacía la puerta, seguía atrancada con el armario.
- ¡¿Cómo demonios te has hecho esa herida?!- le chillo Tatsuki de nuevo.
Rukia se sintió terriblemente incomoda no por su desnudez sino por lo expuesto de sus heridas. Se tapo todavía más con la toalla, pero los ojos de la intrusa no se alejaban del lugar en el que la katana la había cortado, en el costado.
- ¿Quién eres tu y como demonios has entrado aquí?- le pregunto terriblemente incomoda, luego parpadeo desconcertada al reconocer su cara- ¿Makoto?
Makoto era el nombre de una de las nuevas sirvientas de la mansión de su hermano, ¡¿qué diablos estaba haciendo allí vestida con un traje de noche?!
La mujer alzo la cabeza finalmente y le sonrió.
- Es Arisawa Tatsuki- se presento formalmente- Makoto solo era un pequeño disfraz para espiar en tu casa…
Rukia alzo una ceja saliendo completamente de la bañera. En realidad no podía decir que se sintiese siquiera sorprendida, siempre había habido algo terriblemente extraño en aquella mujer. Suspiro resignada antes de volver a mirar a su alrededor.
- ¿Cómo has entrado aquí?- pregunto de nuevo , la estantería seguía atrancando la puerta.
Tatsuki se encogió de hombros despreocupada antes de señalar la ventana abierta a la izquierda.
Rukia abrió los ojos horrorizada.
- ¡Estamos en un quinto piso!- chilló.
- Eso es lo que le dije a Ichigo, pero el muy capullo estaba histérico porque llevabas tres horas encerrada en el baño sin salir.- explico la mujer encogiéndose de hombros- Creo que creía que habías decidido finalizar tu vida o algo así. Los hombres son estúpidos ya sabes…
Y con la mayor de las resoluciones se dirigió hacía la puerta alzo la estantería hasta colocarla en su lugar y continuo hablando antes de que Rukia encontrase voz para quejarse.
- Él idiota de tu prometido ha decidido darte un poco de espacio para que te acostumbres a él, cosa imposible en mi opinión pero el muy capullo no lo ve así, realmente cree que es posible. ¡Ahora esta es tu habitación!
Rukia la siguió al interior de la misma con expresión desconfiada sujetando con mayor fuerza la toalla a su alrededor.
- Te he traído algo de ropa- indico señalando una pequeña pila de ropa doblada sobre la cama- Soy algo más alta que tu, pero mi ropa debería valerte al menos por esta noche. Mañana podemos ir de compras si quieres, la tarjeta de crédito de Ichigo no tiene limite…
Parecía querer ser amable con ella pero había algo terriblemente burlón en su tono de voz y algo terriblemente desconcertante en la forma en la que se movía a su alrededor. No era la típica subordinada acostumbrada a escuchar y seguir ordenes sin cuestionarlas, era de la clase de persona que las cuestionaba solo por el puro placer de hacerlo y que no temía las consecuencias, igual que no la temía a ella. Lo cual era realmente difícil de encontrar.
- ¿Eres la amante de Kurosaki?- le pregunto abiertamente Rukia .
Tatsuki se detuvo en seco en su recorrido hacía la puerta y giro a mirarla con una cara de puro asco.
- ¡Dios, no!- medio chilló horrorizada- Compadezco a cualquier mujer lo suficientemente estúpida como para sentirse atraída por ese energúmeno…
Rukia parpadeo confundida, en realidad ella había estado casi convencida de la respuesta cuando había formulado la pregunta, ¿por qué si no una subordinada se referiría tan familiarmente a su jefe yakuza?, ¿por qué hablaría sin temor a las consecuencias? Solo una amante parecía reunir las cualidades suficientes como para encajar en esos espacios. Sin embargo parecía que se había equivocado. ¡Bien por ella!, pensó lo contrario la hubiese obligado a matarla.
- Es que hablas con demasiada familiaridad de él … - se explico Rukia a modo de escusa.
- Lo conozco desde el día en que naci- acorto Tatsuki secamente- Me crie con él, puede ser mi jefe pero no mostrare demasiado respeto por alguien al que he visto caérsele los dientes.
Y Rukia comprendido asintiendo con suavidad, eran amigos, lo cual era realmente raro en aquel mundo, no pudo evitar sonreírle. Ella tenía una relación similar con Renji.
Tatsuki asintió seriamente e hizo intención de salir de la habitación cuando se detuvo a medio camino y giro a mirarla.
- Se que no es de mi jodida incumbencia pero esa herida…
- No es de tu incumbencia- confirmo Rukia con sequedad.
Tatsuki asintió, obviamente no iba conseguir nada de ella al respecto, pero nunca había esperado una larga explicación.
- Solo quería decirte que tenias un punto infectado…
No esperaba contestación por eso le sorprendió tanto recibirla.
- Lo sé, era de esperar. Tuve que coserla apresuradamente si quería que dejase de sangrar… ¿Podrías conseguirme el material suficiente como para desinfectarla y volver a coserla?
Tatsuki se sentía tan confusa por su pregunta que tan solo fue capaz de asentir. Cuando cerro la puerta tras ella y parpadeo completamente desconcertada cuando escucho a Rukia tararear una canción de fondo.
Kuchiki Rukia tenia todo el costado derecho cosido a causa del corte de un arma afilada, seguramente una katana. La herida no podía tener más de un par de días y ser lo suficientemente grave como para tener a un hombre adulto tumbado dos meses en la cama sin poder moverse sin llorar de dolor y sin embargo la pequeña mujer que acababa de abandonar no solo se movía con la libertad de una persona sana sino que no hacía ni una sola mueca de dolor, Tatsuki se encogió sobre si misma angustiada, había algo realmente malo con aquella mujer. Sin olvidar el pequeño detalle de que no solo parecía inmune al dolor sino que no había pedido un medico sino material para curarse a ella misma. Dando un paso hacía delante no pudo evitar sonreír, una mujer capaz de aguantar así el dolor y de coserse a si misma merecía su respeto.
La mueca de dolor de Rukia apareció en el mismo instante en que Tatsuki había cerrado la puerta. Tuvo que apoyarse contra la cama e inspirar hondo para mantener un gemido a raya. Comenzó a cantar intentando olvidar el dolor. "El dolor no existe", le había dicho Kaien una y mil veces, "Solo los débiles sienten dolor, los fuertes se mantienen en pie. Y si lo sienten ¡jamás! dejan que este los domine".
Su maestro del arte de la espada había dejado una profunda huella en su forma de ser. El dolor no existía para él y ella lo había sabido mejor que nadie, lo había aprendido de la peor manera en los últimos años. Si ignorabas el dolor este desaparecía, para eso la habían entrenado. Solo los débiles sentían dolor. Y ella no era débil. Ella no sentía dolor y si lo sentía no se dejaba dominar por él. Continuo cantando con suavidad hasta a que la distracción hizo más soportable el dolor. Con una inspiración honda se puso nuevamente en pie y volvió a fingir no estar herida. Se vistió con la ropa sobre la cama unos pantalones de chándal que le quedaban enormes y que tuvo que doblar varias veces en las perneras y una camiseta roja enorme lo que agradeció de forma inconsciente pues no apretaba su herida de la forma en la que el vestido lo había hecho. Miro de forma distraída el vestido negro tirado en un montón desordenado en el cuarto de baño y sintió como la furiosa la envolvía dejando de lado cada resto del dolor que la envolvía. En realidad sus emociones solían ser tan abrumadoras que eran capaces de opacar el dolor físico de su maltratado cuerpo y su odio por Ichigo era terriblemente intenso en ese momento. El maldito bastardo había destrozado su precioso vestido en busca de vete tu a saber que, prefería pensar en aquel detalle lo menos posible o probablemente la ira la haría salir de la habitación en su búsqueda y lo ultimo que quería era encontrarse con él en ese momento. Primero tenía que decidir que clase de esposa querías ser.
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Mei estaba completamente horrorizada en aquel momento , como buena empleada que era le había informado al director del hotel acerca del secuestro que el empresario había cometido y este se había reído en su cara.
- Es su prometida- había razonado él con suavidad una vez hubo cesado de reírse- Sin duda estaban teniendo una discusión de pareja.
Mei no estaba tan segura pero lo había aceptado sin mayor problema o lo hubiese hecho si no se hubiera cruzado con la secretaria del empresario japonés, alias el secuestrador, en el ascensor.
La mujer en cuestión iba vestida de fiesta, muy elegante toda ella con un vestido oscuro y tacones altos, por lo que resultaba de lo más llamativo la bolsa de plástico en sus manos. Como buena criada cotilla que era , echo un discreto vistazo a dicha bolsa cuando la mujer la dejo caer despreocupadamente contra el suelo del ascensor para poder estirarse con expresión agotada y resignada. La bolsa estaba llena de vendas, gasas, desinfectante y cosas de esas. Mei quiso llorar cuando la bolsa y la mujer se bajaron en la planta en la que el secuestrador tenia retenida a su prometida. Las cosas en aquella bolsa no eran los típicos componentes de un botiquín casero. ¡Pobre niña! ¡¿Qué le habría echo ese demonio?!
El sentido común le hablaba de avisar a las autoridades, pero no tenia pruebas. ¿Qué les iba a contar? La paliza que la niña le había dado al empresario en el pasillo. Se detuvo pensativa, tal vez el que necesitaba las cosas de aquella bolsa no era la niña sino el secuestrador…
La idea le hizo sonreír antes de correr en busca de una amiga a contarle el ultimo cotilleo.
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Ichigo acaba de salir de la habitación de Chad agobiado por el silencio de su guardaespaldas por primera vez en su vida y tenia intención de encaminarse al bar del hotel cuando Tatsuki apareció en su camino con un bolsa de plástico por la que asomaba un paquete de vendas.
- ¿Para quién es eso?- preguntó suspicaz.
Su teoría era que Urahara había intentado volver a meterle mano a Yoruichi y esta había vuelto a intentar matarlo.
- Para tu pequeña prometida- informo Tatsuki alegremente.
Ichigo frunció el ceño más de lo habitual.
- Rukia no necesita todo eso. ¿Es que nunca te has curado una moradura? ¿Para que quieres vendas?
Tatsuki parpadeo antes de recordar la espalda marcada por golpes de la mujer. ¿Cómo sabia Ichigo eso? El vestido debería haber ocultado los moratones de la espalda. No pudo suprimir una mirada burlona y suspicaz. Ichigo era incapaz de quitarle las manos de encima a una mujer. Completamente incapaz.
- No es para las moraduras es para curar el corte del costado.- explicó con suavidad, supuso que si la había visto la espalda desnuda el resto del vestido tampoco debería haber estado cerca.
- ¡¿Qué corte?!- pregunto irritado.
Tatsuki no supo si reírse de semejante respuesta o molestarse. Ichigo era despistado, pero no ver semejante herida cuando te estas acostando con una mujer… Claro que Rukia no parecía de las que se dejaban arrastrar hasta la cama la primera noche en la que la comprometían a la fuerza con alguien.
- Tiene un corte de espada en el costado- explico con suavidad comprendiendo por el brillo sicópata de los ojos de Ichigo , la verdad de la situación- Los puntos están infectados y me ha pedido que le traiga esto para curarla…
La cara de Ichigo se volvió de piedra antes de arrancarle la bolsa de las manos hacerla a un lado de un empujón e irrumpir de golpe en la habitación de Rukia.
Tatsuki parpadeo tras el portazo. ¿Era ella o aquel matrimonio no iba a estar marcado precisamente por la indiferencia?
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Rukia casi tuvo un ataque al corazón cuando la puerta de su habitación se cerro de golpe dando paso a su odioso prometido. Ella había estado canturreando en un rincón en espera de Tatsuki cuando el portazo la había pillado desprevenida.
Dedico una furiosa mirada a Ichigo al tiempo que se llevaba una mano al lugar en el que su corazón había chocado contra sus costillas.
- ¡Joder!- lo saludo furiosa- ¿No puedes entrar con un poco mas de cuidado a las habitaciones ajenas?
Ichigo la ignoro al tiempo que volvía caer contra ella con violencia. Rukia solto un chillido indignado mientras ambos caían contra la cama.
- ¿Qué crees que estas haciendo hijo de puta?- se indigno ella furiosa golpeando sus puños contra su inamovible pecho.
Su chillido se volvió todavía más indignado cuando Ichigo le subió la camiseta. Pero no había erotico en aquel movimiento y Rukia comprendió que estaba buscando su herida . La encontró y sus furiosos ojos se clavaron sobre ella furiosos.
Rukia gruño algo entre dientes asegurándole a la nada que iba a matar a Tatsuki encuanto la volviese a ver. ¡No necesitaba que el idota de su prometido descubriese un punto débil por donde atacarla.
- ¿Qué coño es eso?- chilló alejándose de ella.
Rukia puso los ojos en blanco molesta.
- Una herida de katana – explico como si Ichigo fuese un niño de tres años.- Veras, aveces los mayores tenemos pequeños accidentes y …
- ¡Ese accidente podría haberte costado la vida!- le grito un Ichigo completamente fuera de si.
Rukia frunció el ceño furiosa.
- ¡Uy! Pobrecito… Has estado apunto de quedarte viudo antes de casarte. ¡Tengo una idea porque no me la vuelves a abrir muero desangrada y les decimos a todos que la herida se abrió sola y yo morí por mi estupidez! ¡Preferiría estar muerta que seguir soportándote!
La furia de Ichigo no solía estar tan a flor de piel como aquella noche.
- ¡No me des ideas! ¡Zorra! ¿De qué coño estas hecha? ¡Un ser humano normal no podría moverse con esa herida! ¿Y quién cojones a intentado matarte?
- ¿Quién a intentado matarme?- salto Rukia a la defensiva- ¿Nunca te has herido entrenando?
- Nadie a intentado matarme mientras entrenaba. Yo intentaba matarlos a ellos.
Rukia no tenia ganas de resolver aquellas palabras.
- ¡Oye, mira! No se porque coño te importan tanto mis heridas, me duelen a mi no a ti, así que no actúes como si te importase.
Ichigo rechino los dientes furioso. ¿Es que no quedaba de que ella era suya? ¡Joder! ¿Por qué coño era tan jodidamente testaruda? ¿No podía simplemente actuar como el resto de mujeres que conocía?
- ¡Ahh! ¡Cállate de una maldita vez!
- ¡Que te jodan! ¡No eres tu el que esta herido!
Ichigo gruño furioso y reprimió las ganas de hacerle tragar el algodón que llevaba en las manos y ahogarla con él. ¿Podría alguien ahogarse con un pequeño trozo de algodón? ¿Y si se tragaba el paquete entero?
No tenia muy claro como había acabado así , pero después de media hora gritándose el uno al otro finalmente él había terminado inclinado sobre ella curándole el horrible corte. Por suerte había tenido su propia ración de estos como para no saber como curarlos. Aunque la negligencia todavía le rondaba por la cabeza. Pero claro Kurosaki Ichigo no hacía nada mal, ni siquiera curar un corte terrible en el costado a una mujer odiosa. Una mujer que no gritaba ni se quejaba de dolor sino que cantaba una horrible canción infantil.
- ¿Se puede saber que coño estas cantando, chalada? – le gritop incpaz de seguir escuchándola.
- Chappy- explicó ella con suavidad para nada preocupada o avergonzada.
Ichigo se quedo a dos velas completamente desconcertado. Chappy era el nombre de un programa infantil protagonizado por un conejito que volvía a locas a Yuzu y a Hiyori cuando habían sido pequeñas por lo que lo habían obligado a ver el programa con ellas más de una vez. Cada horrible, cutre y cursi imagen de aquel programa estaba graba a fuego en su cerebro como si fuesen las secuencias de un accidente de coche que jamás podía olvidar o superar. Tuvo un escalofrió involuntario y la necesidad de salir corriendo. ¡Aquella mujer lo estaba torturando!
- ¿Por qué estas cantando Chappy?- el nombre se le atraganto en la garganta.
- Es mi programa infantil favorito.
Ichigo hizo un esfuerzo increíble por ignorar que había dicho "es" y no "era". Otro escalofrío le recorrió la espalda confirmando que aquella mujer estaba completamente loca.
Estaba tumbada sobre su cama con la camiseta remangada bajo los pequeños pechos y los brazos bajo la cabeza, había cerrado los ojos y tarareaba distraídamente mientras él se dedicaba a desinfectar una herida abierta. Parecía completamente inmune al dolor. ¡Era simplemente odiosa!
Si fuese una niña e Ichigo un hombre normal decidiría que ella era algo así como adorable, pero ella no era una niña, sino una odiosa mujer y no había nada normal en él. Así que ignora la punzada cálida del pecho y pincho la herida con intención de hacerle daño. Ella dejo de cantar un segundo pero no emitió un solo gesto de dolor antes de volver a cantar de nuevo.
- ¡¿Pero de que coño estas hecha?!- le chilló furioso reprimiendo las ganas de golpearla con algo muy duro, ¡ni siquiera gemía de dolor!
- ¿Y ahora que demonios te pasa?- se irrito ella- ¡Si no querías curar la herida podía haberlo hecho yo sola!
- ¡No es eso!- se defendió por algún motivo.
Debía haber bebido demasiado aquella noche en la fiesta puesto que no estaba en su naturaleza ayudar a los demás y menos ayudar a alguien como ella. Pero allí estaba, incapaz de abandonarla con aquella herida. A veces se daba mucho asco a si mismo.
- ¿Entonces por qué no paras de quejarte?- gruño ella furiosa.
Ichigo estuvo tentado decirle la verdad, pero asumir que tenia envidia a su aplomo al dolor se le antojaba igual que insultarse a si mismo.
- ¡Odio a Chappy!- gruño finalmente.
Rukia se incorporo sobre si misma y lo miro horrorizada y con una expresión tan indignada que parecía que acabase de insuiltara su madre y no a un conejo deforme.
- ¿Cómo puedes odiar a Chappy? ¡Es adorable!- se indigno- ¿Qué clase de ….?
Y la beso.
Nunca podría decidir si fue para hacerla callar o porque simplemente se moría de ganas de hacerlo. La mujer parecía haberse transformado en un niña inocente y simplemente no pudo evitarlo. Fuera el motivo por el que fuese envolvió sus labio con los suyos y evito que escapar de él tumbándola nuevamente sobre la cama. Jugo con sus tiernos labios evitando que los cerrara a él y por primera vez en su vida beso a una mujer a la fuerza. La verdad es que no le importo. Sabía a fresa y su aliento olía a menta. Por los segundos que el beso duro no quiso soltarla, jamás.
Ella reacciono mal al principio, lucho en sus brazos y golpeo con fuerza contra el inamovible pecho de Ichigo luchando por que él la liberase, pero antes de lo que luego seria capaz de reconocer se rindió a él con una sorprendente facilidad, se rindió a su abrazo y olvido golpear contra su pecho para luchar por el control del beso en un lucha en la que ambos resultaron vencedores.
Fue cuando Ichigo comprendió lo que estaba haciendo que la soltó. Sus ojos castaños chocaron contra los furiosos violetas de ella. Se aparto con brusquedad justo a tiempo de que la mano de ella se estampase con toda su fuerza contra su cara.
En un esfuerzo de conservar toda su dignidad intacta Ichigo le sonrío, divertido burlón y se puso en pie y le sonrió.
- Mañana volvemos a Japón por la tarde.- dijo como si nada acabase de ocurrir, como si no hubiese habido herido, como sino hubiese habido beso.
Y se fue.
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A la mañana siguiente Tatsuki quiso llevarse a Rukia de compras, pero por suerte habían llegado su ropa de parte de Aizen y cuando intento entrar a la habitación por la mañana Rukia la bombardeo a gritos y almohadazos creyendo que era un tal "bastardo, cabrón y egoísta"
La volvió a ver por la tarde en el vestíbulo del hotel. Urahara estaba junto a ella con el móvil en la mano e intentaba calmarla, Ichigo estaba al otro lado del vestíbulo con una silla volcada a su lado y la nariz sangrando sospechosamente mientras lanzaba furiosas miradas a Rukia frente a ellos.
Se encogió de hombros y apunto pedirle el móvil a Urahara más tarde. Era hora de volver casa.
La tensión en el avión privado de Ichigo podría haberse cortado con un cuchillo, por suerte ninguno de los dos prometidos tenia uno a mono o probablemente lo hubiese utilizado. En vez de sangre fue el silencio lo que marco el viaje, incluso Urahara no se atrevió a decir palabra desde su asiento y se paso la mitad del viaje lanzando miradas a la nariz rota de Ichigo y la sed de sangre de los ojos de Rukia.
Fue el viaje más largo de su vida en opinión de Tatsuki y nunca jamás se alegro tanto de volver a Tokio, tanto que casi salió huyendo del avión junto con Chad y Urahara claro que ellos parecieron hacerlo de forma más discreta. No así Ichigo y Rukia.
Habían vuelto a casa, suspiro Rukia una vez piso el suelo firme del aeropuerto. Tras ella Ichigo le lanzo una mirada burlona y ella crujió sus puños amenazadoramente.
"Vuelve a ponerme una mano encima y te la corto"- no dijo Rukia.
"Pero si lo estas deseando"- no se burlo Ichigo.
Rukia no se lanzo sobre él debido a que Chad apareció de la nada para indicarle a su jefe que la limusina los esperaba. Evito un gruñido involuntario cuando lo vio alejarse cargando con aquella aura de confianza en si mismo que lo había estado envolviendo desde que la había besado la noche anterior. Rechino los dientes furiosa y lo siguió sin decir una palabra. Por suerte ella no era una mujer estúpida que lo adoraría como la típica esposa y tampoco era la cobarde que huiría de él. Ella era ella misma e iba a seguir con su vida, aunque tuviese que aguantarlo a él en ella. Bueno, al menos podía decir que besaba genial…
Ooooooooooooooooooooooo
NOTA DE AUTORA:
¡Se fini!
Sip, se que me a costado una barbaridad actualizar esta historia y que muchos de vosotros ya estarías empezando a creer que la había abandonado como el resto de mis historias,¡ pero nada más lejos de la realidad! Esta historia me encanta y la verdad es que yo soy la primera que no quiere quedarse sin saber como termina. Y soy de las que escriben sobre la marcha…
Solo os pido que tengáis un poco de paciencia conmigo, no siempre me encuentro de humor para escribir.
Bueno , ¿qué os a parecido?
Ya se que lo de Chappy no terminaba de cuadrar con la historia pero Rukia no sería Rukia sin Chappy. Al menos le ha dado una escusa a Ichigo para besarla, ¿no?
¡Eso es todo por ahora!
¿Adelanto del próximo capitulo? Bueno como no se cuanto tardare en terminarlo creo que puedo adelantaros algo: Rukia llegara casa de los Kurosaki y los preparativos de la boda empezaran. ¿Os imagináis a Rukia eligiendo vestidos o invitaciones para la boda? Porque yo no, la verdad. ¿Y conseguirá Ichigo tener las manos quietas antes de que Rukia se las corte?
¡Ne me digáis que no es interesante! Je je.
¡Muchas gracias a todos los que me habeis dejado un review! No se que haria sin vostras.
Besikos.
Yuen Li.
