Preparativos de boda:

Kuchiki Rukia, próximamente Kurosaki Rukia miro fijamente a las dos mujeres con aquel horrible apellido frente a ella.

Las hermanas Kurosaki no se parecían en nada la una a la otra. Y ya que estábamos tampoco se parecían en nada a su hermano. Se pregunto, con curioso aburrimiento, si todos ellos serian hijos del mismo padre. Finalmente se habían dicho muchas barbaridades sobre Kurosaki Masaki, la madre de aquellos tres.

Había habido tantos rumores acerca de aquella mujer que sinceramente nunca había dado crédito a ninguno. De haber existido un único rumor hubiese tenido considerablemente más crédito pero jamás habría pasado de no ser más que un rumor.

Ella era una yakuza especializada en la caza de información y como tal había recogido cada uno de aquellos rumores con meticulosa profesionalidad.

Nunca había sentido demasiado interés por aquella mujer, tal vez porque cuando desapareció ella era apenas una niña y jamás se le había pasado por la cabeza que pudiese llegar a seguir sus pasos en algún momento de su vida.

Sin embargo, estábamos hablando de la esposa de un líder, de la madre de sus herederos. Una persona imposible de ignorar. Solo por ello Rukia recordaba haber echo un pequeño informe con la recopilación de los rumores, nunca se sabía cuando esa clase de información podría serte útil.

El problema era que dichos rumores llevaban extendiéndose por más de 5 años, la mayoría eran completamente inventados. Jamás había dado mayor importancia al tema pero por un motivo obvio últimamente se sentía bastante identificada con a aquella mujer y todos aquellos rumores e historias había vuelto a su cabeza con desesperada insistencia. Se preguntaba cual de ellos tendrían si quiera una base de realidad, por primera vez en su vida tenia el impulso de investigarlos.

¿Quién sabe? Tal vez aquel que decía que los niños no eran de Kurosaki fuese cierto, e Ichigo tuviera el mismo derecho sobre aquel clan que cualquier hijo de vecino. Umm… ciertamente interesante, definitivamente tenia que investigar aquello.

Allí estaba Ichigo, alto , con los ojos castaños y el pelo naranja, intentando explicar a sus hermanas, Karin, morena y con gesto malhumorado y a Yuzu, rubia y sonriente el porque tenían que casarse con una mujer que en los cinco minutos que hacía que la conocían ya le había dado dos rodillazos.

Rukia seguía sin entender porque se ponía así por los golpes, después de su estúpida presentación ante el servicio….

Reunidos junto a la entrada, toda la casa había salido a recibir a su jefe. Y el servicio tras inclinarse ante él con respecto habían lanzado miradas poco disimuladas a Rukia.



-Mi mujer- había informado Ichigo sin un pelo en la lengua.

El codazo, en opinión de Rukia, había estado más que justificado, así que no tenia muy claro el porque todos la habían mirado como si acabase de profanar una tumba. Bueno a excepción de las hermnas de Ichigo que habían alzado una ceja y un pequeño grupito compuesto por una mujer castaña de pechos desproporcionados con el tamaño de su camisa, una chica rubia con coletas y un tipo bastante raro también rubio, que habían estallado en carcajadas mal disimuladas.

Después de espantarlos a todos con una mirada irritada Ichigo la había arrastrado junto con sus hermanas y obligado a sentarse para un te. Al parecer Yuzu era una autentica maestra en la ceremonia.

-No puedo creer que te vayas a casar Ichi-nii – murmuró la hermana rubia con expresión melancólica.

A Rukia le hubiese gustado gruñir que ella tampoco podía creérselo, pero la niña simplemente le había caído bien, así que contuvo la ironía. Kurosaki Yuzu era la criatura más ingenua e inocente que había conocido jamás, pero lo más increíble es que era una Kurosaki. A la hijas de la familia principal de un clan no se las solía educar como a Rukia, con un pistola en la mano mirando constantemente a sus espaldas. Son mujeres cuya única utilidad, incluso en pleno siglo XXI es la de conseguir una alianza matrimonial, así que se las educa como a niñas mimadas cuya máxima aspiración en la vida es la de crear un hogar para su marido. Obviamente Yuzu había sido criada de aquella forma.

-Lo que yo todavía no puedo creer es que tu mismo buscaras esta boda- murmuró su hermana morena, Karin.

Rukia contuvo su chillido de indignación y un nuevo codazo a su prometido, de alguna forma Kurosaki Karin también le caía bien, le recordaba a ella misma. Tal vez porque era la heredera de su clan había sido educada de forma completamente diferente a la de su hermana pequeña o al menos ambas habían desarrollado personalidades diferentes. Era más probable que a Karin se la hubiese educado como a ella, preparada para liderar a un clan que para formar una familia. Era como reconocer en ella a una antigua compañera de escuela en la que había echo mella el mismo profesor.

Resumiendo, no solo no se parecían físicamente sino que los tres tenían personalidades completamente opuestas.

Ichigo: hielo.

Karin: Fuego.

Yuzu: Inocencia.

Pero lo más sorprendente de todo era la forma en la que Ichigo se movía alrededor de ellas. Era igual de frio que con todo el mundo pero era desesperantemente menos distante con ellas. 

Les ofrecía su ayuda con cada gesto y palabra al mismo tiempo que las mantenía alejadas de su espacio personal. Era un espectáculo fascinante, al menos para Rukia cuyo único hermano tan solo se dirigía a ella para ordenar o para recriminar, nunca le había transmitido la seguridad que Ichigo ofrecía a sus hermanas. Fuesen o no hijos del mismo padre, eran una familia y la idea se le atraganto con fuerza en el pecho.

-Bueno, pues es lo que hay- gruño Ichigo como si estuviese irritado por las muestras de sorpresa de sus hermanas.

Claro, ironizo Rukia, era de lo más normal del mundo que matrimonios como aquel se impusieran todos los días. ¿De que podían sorprenderse sus hermanas?

Conteniendo el impulso de lanzarle la tetera a la cabeza, se conformo con tirarle la taza llena de te , Rukia suspiro con fuerza atrayendo la atención de los Kurosaki.

-Malas noticias, señoras. Todo esto es verdad. Me obligan a casarme con el idiota de vuestro hermano. ¿No os parece enternecedor?

Había sido un sarcasmo, de verdad lo había sido y si no había sonado como tal la marca roja en la frente de Ichigo y la mancha de te de su camisa deberían de demostrarlo. Y sin embargo ambas hermanas se volvieron hacía ella con enormes sonrisas sobre sus rostros. Sonrisas diferentes, pero sonrisas al fin y al cavo.

-¡Oh! ¡Mi hermano va casarse!- murmuró Yuzu con ojos brillantes de emoción- ¡Por fin una boda en la familia!

-Si, es cierto, vais a casaros- murmuró Karin con su sonrisa burlona- Bienvenida a la familia, Kuchiki-san.

Rukia quiso llorar. E Ichigo se conformo con gruñir algo sobre mujeres odiosas.

La residencia Kurosaki, era una construcción casi tan antigua como la propia familia, por lo que todavía conservaba su estilo tradicional en la construcción, pequeños bloques de edificios de una sola planta que separaba las dependencias. Decoración austera y tradicional a excepción de alguna de las habitaciones decoradas al estilo occidental. Era completamente diferente a la mansión occidental de su hermano y sin embargo se encontró a si misma embobada mirando los jardines minimalistas de los patios interiores de la construcción.

La habitación en la que una llorosa criada la instaló mantenía el estilo tradicional de toda la construcción, pero en ella existía cierto aire femenino, como si en ella hubiese vivido hacía poco una mujer. Era grande y bonita, su único problema era que colindaba con la de Ichigo.

-Era la habitación de la antigua ama – sollozo la criada que había abierto la puerta.



Rukia parpadeo confundida, aquella despampánate mujer había estado llorando desde que Ichigo la había presentado al servicio como su mujer.

-¿Se puede saber que le ocurre?- pregunto un tanto irritada por tanta lagrima.

No sabia si es que compartía su dolor por la boda de forma abierta o si era porque se le había muerto algún familiar y no era de las que se quedaban con la curiosidad.

La mujer sollozo todavía más al tiempo que se restregaba los ojos llenos de lagrimas. Era la mujer más bonita que Rukia había visto nunca, alta, femenina, con grandes pechos y un largo y cálido cabello, se sentía bastante insignificante a su lado y toda su seguridad acerca de aspecto físico peligraba. Sinceramente, consideraba que la única que tenia derecho a estallar en lagrimas era ella.

-Pe… perdone- tartamudeo ella arrodillada junto a la puerta corrediza que acaba de abrir.- No que..queria molestarla. No lo hare más.

Pero no era cierto, no podía parar de llorar. Y por algún motivo absurdo Rukia se sentía responsable.

-No me molesta- gruño incomoda- Dígame, ¿cómo se llama?

La criada medio sonrió entre el llanto, seguramente intentando complacerla.

-Inoue Orihime.

-Bien, Inoue, al parecer tengo que quedarme aquí- insulto mentalmente a Ichigo, al Consejo, a su hermano y todos los que pudieran tener la culpa de estar allí, incluido el chofer del coche y continuo hablando- ¿Me ayudaras a deshacer mi equipaje?

Orihime pareció súbitamente tan confundida que las lagrimas dejaron de caer.

-¿Ayudarla?- murmuró desconcertada.

Rukia asintió algo molesta por semejante reacción.

-¡Oh, dios, no!- reacciono la criada finalmente agitando la manos ante ella horrorizada- ¡Usted no tiene porque hacerlo! ¡Lo hare por usted! ¡Es mi trabajo!

Gratamente sorprendida Rukia no supo sino sonreír.

-No se como serán las cosas aquí, pero a mi me gusta saber donde dejo mis cosas- explico con calma- La ultima vez que una de las sirvientas de mi hermano deshizo mi maleta estuve una semana sin encontrar mi ropa interior…

La carcajada salió con asombrosa facilidad de la boca de la ya no llorosa Orihime, quien se tapo la boca con la mano horrorizada por haberse reído de su futura jefa.



Rukia se dio cuenta de que no tenia ni idea de cómo manejar aquella situación. ¿Se suponía que debía ser un ama dura o exigente para que el servicio no la respetase y no se revelase? ¿O tenia que ser flexible para conseguir hacerse a aquel lugar y que en el proceso los criados la tomasen por el pito del sereno? Luego recordó que le daba exactamente igual y se encogió de hombros.

-¡Fue horrible!- continuo hablando ignorando la culpabilidad de Orihime- Y no pienso pasar por un situación similar. ¿Sabes lo horrible que es no encontrar tus bragas cuando tienes que ponerte el uniforme del instituto? Mi hermano casi me echo de casa…

Y la risa no pudo seguir siendo contenida. Rukia no se enfado, puesto que su intención había sido hacerla sonreír.

-Definitivamente eres mucho más bonita cuando no lloras. Casi me arrepiento de hacerte reír. Anda, ven a ayudarme.

Y entre carcajadas ambas se afanaron en deshacer las maletas de Rukia, no solo las que había traído de Hong Kong sino las que su hermano, más probablemente Renji había enviado desde la mansión Kuchiki.

Inoue era todo lo que no debería ser la jefa de servicio de la mansión de un líder: Ingenua hasta la medula.

Era como una niña encerrada en el cuerpo de una mujer adulta. Pero una mujer enamorada de quien menos debería de hacerlo: Ichigo.

Rukia todavía sentía escalofríos cuando recordaba el momento en el que había comprendido las lagrimas de la criada.

-No es que yo albergase esperanzas… - había murmurado Orihime cuando Rukia había preguntado con las nauseas bien disimuladas- ¡Oh, dios mio! ¡Claro que no! Kurosaki-kun es el líder y yo solo soy una pobre criada de su familia… pero es Kurosaki-kun, ¿sabes?

No, Rukia no sabia. No sabia como alguien podía llegar a sentir algo así por aquel individuo y mucho menos comprendía como era posible que Inoue se lo estuviese contando a ella, a la futura mujer de este.

-¡En fin!- suspiro al final secándose una par de lagrimas rebeldes- Seguro que son muy felices juntos…

Pero era muy obvio que ella quería seguir llorando y Rukia no era de las mujeres a las que les gustaba hacer llorar al servicio, de echo se sentía estúpidamente responsable así que se apresuro a cambiar de tema sacando a relucir alguna anécdota tonta de su vida que hizo a la jefa de servicio estallar en carcajadas.



Tanto Tatsuki como Karin tenían la idea de que Ichigo era idiota de nacimiento. ¿Qué otra cosa podían pensar? ¡Había enviado a Orihime a enseñar a Rukia su habitación! ¡La habitación principal, la que correspondía la esposa del líder!

La posibilidad de que simplemente era un sádico egoísta todavía rondaba por la cabeza de ambas pero en realidad estaban completamente seguras de que Ichigo ni siquiera había recaído todavía en el detalle de que Orihime estaba enamorada de él. Así que no había cometido aquella crueldad a la mujer por sadismo, ¡sino por ignorancia!

-Mi hermano es un completo imbécil!- murmuró Karin sentada junto a Tatsuki en el porche de uno de los patios , frente a uno de los salones principales.

Tatsuki alargo hacía ella su paquete de tabaco, más preocupada por su amiga que por la estupidez de su jefe.

Siendo quien era se esperaba mucho de Ichigo, y este siempre había cumplido las expectativas. Era bueno con los negocios, carecía de escrúpulos y lo único que marcaba sus límites era su honor. Sádico y despiadado a veces, si, pero ¿quién no lo era en su mundo? El problema era que no entendía una mierda de sentimientos. Era un cabrón egocéntrico, cierto, pero hasta el más egocéntrico habría podido descubrir los sentimientos de Orihime ya a los 5 años. Ichigo, no.

Resumiendo: Un completo idiota.

Pero un idiota que tenia la vida de todos en sus manos.

Nadie osaría insultarlo, ni a sus espaldas, ni a la cara, pero de alguna forma cuando se trataba del niño al que habías visto caérsele todos los dientes de leche carecía de importancia cuanto poder tuviese.

-Un idiota sin solución- sentencio Tatsuki encendiéndose su cigarro.

Realmente estaban más preocupadas por Orihime que por la estupidez de Ichigo. Preocupadas porque pese a los años y las diferencias ella había seguido enamorada de él. Por eso había habido largas y dolorosas miradas a Ichigo, lagrimas de frustración cada vez que reconocía a una de sus amantes deslizarse de su habitación. Orihime nunca había podido superarlo. Por ello era de esperar lo mal que iba a llevar el echo de que el amor de su vida fuese a casarse con otra…

-¡Buenos días!- chilló una alegre voz a sus espaldas.

Ambas mujeres se giraron sorprendidas para encontrar a Orihime tras ellas con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Os he dicho miles de veces que no fuméis!- chilló horrorizada quitándoles el cigarro a ambas de la boca, pero sin perder la sonrisa- ¡La cena estará en un momento! ¡No os entretengáis!

Y desapareció pasillo abajo dirección a las cocinas.

Tatsuki y Karin parpadearon.



-Pues si que se lo ha tomado bien- murmuró Karin con la boca ligeramente abierta- ¿Estará actuando?

-Orihime no sabe fingir así- rechazo Tatsuki igual de impresionada.

Obviamente se habían perdido algo importante en los últimos, ambas miraron el reloj, ¿20 minutos?

-Yuzu, por muy de moda que este nuestra familia no puede realizar una boda al modo occidental. ¿Has visto donde vivimos?- le recordó Karin con paciencia.

Claro que teniendo en cuenta que estaban en uno de los salones de te de la mansión, la frase cobraba mayor peso.

-Y no pienso ponerme uno de esos horribles vestidos blancos con puntillas- gruño Rukia, siendo de echo la primera cosa que decía desde que aquel extraño grupo que había reunido poco después de la cena.

-Pero, Rukia-chan, ¡estarías preciosa! ¡Como una muñeca!- insistió Yuzu extendiendo hacía ella el catalogo de vestidos de boda que había conseguido de vete tu a saber donde en tan solo un par de horas.

-Motivo de mas para negarme en redondo- gruño Rukia entre mareada y desesperada.

-Yo creo que Kuchiki-san tiene razón- murmuró Matsumoto Rangiku, la secretaria personal de Ichigo-, con un vestido así estaría ridícula.

Rukia había tomado la precaución de sentarse todo lo alejada de ella que había podido, antes de que el único botón que había conseguido abrochar se soltase y saliese disparado al ojo de alguien. Pero lo más frustrante de todo es que según Karin eran de verdad.

-¡No digas eso Rangiku-san! ¡Kuchiki-san estaría adorable!- la defendió Orihime sentada junto a la susodicha.

La mesa entera se la quedo mirando alucinada, parecía simplemente encantada con la boda, lo cual no parecía tener mucho sentido en realidad. De echo habían sido ella y Yuzu quien habían aparecido en la habitación cargando con toneladas de revistas de boda y fotos de centros de mesa y listas interminables de restaurantes y comidas.



-Aunque claro…- continuo la no celosa jefa de servicio- Kuchiki-san es una belleza clásica, tal vez le quedase mejor un kimono…

¿Belleza clásica?, le hubiese gustado preguntar a Rukia pero las nauseas que todo aquello le estaba provocando no la dejaban respirar tranquila. Llevaba cinco minutos, ¡cinco! Y ya creía estar apunto de ponerse a llorar. ¿Cómo había acabado en aquella reunión de locas? ¡Oh!, si, Yuzu la había simplemente arrastrado.

-Vale,- gruño la que parecía ser la secretaria personal de Yuzu, una secretaria la que parecían estar amenazando con un arma para que tomase dicho trabajo- Entonces boda tradicional …

Y apunto el dato de mala gana en una libreta rosa que simplemente parecía darle alergia por la forma en la que la miraba.

No muy alta de la edad de las hermanas de Ichigo, rubia de ojos claros y pecosa, se había presentado como Hiyori y nadie se había molestado en explicarle a Rukia que función tenia dentro de aquel clan.

-¡Pero las occidentales son mucho más bonitas!- se quejo Yuzu no dispuesta a dar su brazo a torcer.

-Yuzu, ni siquiera sois católicos, ¿cómo van a casarse en una iglesia?- murmuró Tatsuki que sentada en una esquina junto a la puerta las ignoraba todas mientras fumaba un cigarro.

Había intentado fumarse junto a las demás mientras toman el te, pero como maestra del arte del te Yuzu se había puesto histérica y le había negado su sitio y su te, pero no le había dejado salir de la habitación. Rukia, Hiyori y Karin habían intentado el mismo truco haber si corrían una suerte similar o mejor aun las excluían, pero Yuzu había convertido a Hiyori en su secretaria y había roto los cigarros de Karin y Rukia.

-Sera una boda shintoista- sentencio Karin de mala gana- Con kimonos, sake y todas esas chorradas…

Yuzu lanzo una mirada irritada a su hermana, antes de asentir.

-Dime Rukia, ¿tienes una kimono familiar para la boda?

Las nauseas se interrumpieron ante la pregunta. El kimono de Hisana. Era uno de los recuerdos más nítidos que Rukia conservaba de su hermana mayor. La recordaba envuelta en aquellos viejos kimonos con su olor de jazmín inundando el aire y su mirada de resolución ante el espejo. Era el día de su boda y apretaba tan fuerte la mano de Rukia, casi un bebe todavía entre las suyas que Ruikia había creído que su hermana estaba apunto de echarse a llorar, sin embargo nunca había parecido tan hermosa como en aquel momento bajo aquel rígido y polvoriento kimono.



-Mama se caso con esto y algún día tu también lo harás- le había sonreído con algo similar a la resolución.

¡Y ahora que lo pensaba! ¡Era ella la que tenia la culpa de aquello! ¡Maldita sea! ¡Se iba a casar por su culpa!

-¿Rukia-chan?- se asusto Yuzu viendo como su futura cuñada convertía en confetis una de las revistas que había dejado cerca de ella.

-¡Si!- exclamó volviendo a la realidad- Tengo uno.

-Pero, ¿Kuchiki-san no debería usar el de la familia Kurosaki? – murmuró Rangiku pasando de forma distraída las paginas de uno de los catálogos.

-¡¡DE NINGUNA DE LAS MANERAS!!- chilló Rukia perdiendo finalmente los papales.

Rangiku ni siquiera alzo la cabeza al contrario que el resto que retrocedió un poco desde sus posiciones.

-Kimono de los Kuchiki…- apunto Hiyori distraída.

-Sirayuki- corrigió Rukia con dureza- Es el kimono de los Sirayuki.

Yuzu y Orihime se la quedaron mirando confusas.

-Pero eres una Kuchiki…- murmuro Yuzu.

-Mi hermana renuncio a nuestro apellido cuando se caso con Byakuya y cuando él me adopto como su hermana, me dio su apellido.- se vio obligada a explicar.

Yuzu asintió pensativa y distraída.

-Muy bien siguiente punto. ¡Necesitamos una fiesta de compromiso!

Todas, incluida Orihime, se la quedaron mirando.

-¿Por qué?- consiguió preguntar Orihime distraída.



-¡¿Cómo que porque?!- se escandalizo Yuzu- ¡Estamos hablando de la unión de dos de las familias más importantes de todo Japón! ¿Cómo vamos a hacer una boda sin una ceremonia de compromiso?

-Uno- la interrumpió Rukia con dureza-, por mi la boda no se celebraría. Y dos: ya hubo una firma de contratos matrimoniales. Tu padre y mi hermana firmaron los suyos hace años. Tu hermano se lo restregó al mío por las narices y de paso también en las del Concilio y estos me informaron a mi. ¡Que mierda! ¡Creo que ni siquiera me miraron!

-Entonces, ¿no hay motivo para una ceremonia de compromiso?- se extraño Yuzu algo desconcertada.

-Ni siquiera es necesaria una boda- murmuró Tatsuki desde su rincón- El Concilio hablo y decreto. Rukia es una Kurosaki con boda o sin boda…

Rukia rechino los dientes ante el recuerdo.

-Siguiente punto- murmuro Hiyori ignorando la situación.

-Creo que es elegir un lugar.- comento Rangiku.- Debería ser un templo shintoista, ¿no creéis?

-Un templo da oportunidades de sobra a la novia para escapar- comento Karin como quien no quiere la cosa.

-Entonces la celebraremos en nuestra casa- decidió Yuzu arrancándole el cuaderno rosa a Hiyori de las manos y esgrimiéndolo como un arma por encima de su cabeza- ¡Yo me ocupare de todo! ¡Desde ahora me nombro la organizadora de boda oficial y vosotras seréis mi comité de ayuda!

Solo Orihime y Rangiku le aplaudieron emocionadas, Rukia, Karin, Hiyori y Tatsuski gimieron de espanto.

-¿Y cómo esperas que Kuchiki Byakuya pise esta casa para la ceremonia?- se intereso Tatsuski desde su esquina.

Todo el aire de suficiencia y resolución de Yuzu vacilo, Rukia supo que la mención de su hermano daba escalofríos a la muchacha.



-Buscare un buen sitio- decidió al final antes de encasquetar el cuaderno de nuevo a Hiyori- Toma nota …

-¡No me lo puedo creer!- chilló una furiosa voz femenina abriendo la puerta corrediza de forma brusca.

Que Shinouin Yoruichi y su mano derecha Shiba Kukaku estuviesen en la mansión Kurosaki a aquellas horas de noche no presagiaba nada bueno. Resultaba obvio para todas que la líder estaba buscando el cuello de Ichigo para rompérselo por algún asunto de negocios.

-¡No me puedo creer que hayáis empezado los preparativos sin mi!- chilló.

Rukia volvió a ser asaltada por las nauseas.

-No quiero una boda… - lloriqueo.

Yuzu y Yoruichi giraron las cabezas horrorizadas hacía ella.

-¡No puedes hablar en serio!- chillaron las dos- ¡¿Es que quieres vivir en pecado?!

Rukia iba a chillar algo indignada cuando sin previo aviso un recuerdo la golpeo. La calidez de los labios de Ichigo sobre los suyos, la extraña sensación de comodidad y el calor… sobre todo el calor …

Sacudió la cabeza horroriza por lo que estaba recordando solo para ver como Yoruichi pasaba olímpicamente de ella y atravesaba la sala hacía Yuzu.

-He pensado que los novios podrían llevar los kimonos durante la ceremonia y usar trajes occidentales durante el banquete. ¡Rukia-chan parecería una muñeca con uno de esos!

-¡¿Verdad que si?!- se iluminaron los ojos de Yuzu y Orihime.

-Kukaku toma nota- pidió Yoruichi alegremente.

-¡Hiyori apunta!- la imito Yuzu.

Kukaku y Hiyori gimieron en desesperación.

Pero ninguna de las dos consiguieron tomar un solo bolígrafo puesto que la cabeza naranja de Ichigo se asomo justo en ese momento por la puerta.

-Karin necesito tratar un tema con…



Rukia no pudo evitar parpadear al verlo, era la primera vez que lo veía vestido de forma casual con vaqueros y camiseta, hasta aquel momento solo lo había visto en traje que escondían lo que ahora descubría como hombros anchos y piernas musculosas …

-¿Qué demonios ocurre aquí?- siseo mirando fijamente a Rukia como si esta fuese la culpable de que hubiese una reunión no autorizada en uno de sus salones.

Y la frágil ilusión se rompió…

-¡Primera reunión del comité de boda!- chillaron Orihime y Yuzu a la vez.

-¿Comité de que?- pareció desconcertarse Ichigo.

-¡Boda!- rio Yoruichi- Vamos a organizar tu boda! ¿No es emocionante?

-¡No!- chillaron Ichigo y Rukia a la vez.

La pareja se lanzo miradas duras en uno al otro.

-¡¿Qué quieres decir con no?!- se irrito Ichigo- ¿¡Es que no piensas organizar nuestra boda?!

Rukia parpadeo incrédula ante la pregunta.

-¡¿Qué?! ¿¿Qué quiere decir eso?! ¿Qué soy yo quien tiene que organizar una boda que no ha pedido?! ¡¿De que vas?!

-¡Lo pidieras o no! ¡Tenemos que casarnos!- le recordó Ichigo perdiendo los papeles- Y si tu no lo organizas, ¿quién va hacerlo?

-¡Tu, por ejemplo!- no pudo evitar chillarle Rukia.

Ichigo cometió la osadía de reírse en su cara, soltó una larga y profunda carcajada como si Rukia hubiese echo el primer chiste desde que se habían conocido.

-¡Oh, por favor! ¡Como si no tuviera cosas más importantes que hacer! Además este es un asunto de mujeres- comento burlón.

El puñetazo lo pillo desprevenido, pero aún así fue capaz de atrapar el puño de la mujer al vuelo.

-¡¿Qué crees que haces?! ¡Loca!



Rukia estaba furiosa, tan furiosa que creía que se le iban a saltar los puntos del estomago. Con el puño atrapado no dudo en recurrir a las piernas y asentó un tremendo rodillazo a la entrepierna de su prometido.

Ichigo se puso rojo, luego blanco y finalmente azul y no dijo una sola palabra mientras se encorvaba hacía delante en una mueca desmedida de dolor. Se había quedado sin aire.

-¡Que te jodan Kurosaki! ¡Porque yo no pienso mover un dedo por esta mierda de ceremonia!

Y sin mirar a tras la joven Kuchiki se largo de la habitación.

Fue la mirada de ocho mujeres lo único que evito que Ichigo cállese gimiendo contra el suelo. Se incorporo como pudo, les lanzo una mirada irritada y sin atreverse abrir la boca por dejar escapar la voz más aguda de lo normal salió tras Rukia.

Las carcajadas que escaparon después de que cerrase la puerta le pusieron por meta matar a la pequeña zorra. ¡Acababa de humillarlo delante de todas las mujeres de su familia! ¡Iba a descuartizar a esa puta!

Diez minutos después, que fue lo que le costo conseguir erguirse de nuevo Ichigo se dispuso a localizar y asesinar a su prometida cuando recordó un pequeño detalle que lo obligo a volver al salón de te.

-¡¿Qué demonios haces tu aquí?!- grito acusatorio hacía Yoriuchi que intentaba verter leche en su te sin que Yuzu se diera cuenta y la echase.

El pequeño detalle de que una líder estuviese tomando el te con sus hermanas no le daba buenas vibraciones precisamente.

-Relájate Ichigo… - suspiro Yoruichi despreocupada- Solo he venido a ayudar a Yuzu con la boda puesto que asumí que ninguno de los dos estaría por la labor de colaborar… - soltó una irritante risita antes de asegurar- Y no me equivocaba…

-¡¿Y que ganas tu con todo esto?!

-Reírme a vuestra costa-confeso sin tapujos- ¡Sois tan divertidos!

Ichigo tuvo que cerrar la puerta de un portazo antes de violar la tregua impuesta por el Concilio.

Encontró a Rukia mirando fijamente la puerta cerrada de la mansión, la única salida a la calle. Tal vez pudiese trepar los muros y huir…

Sabia que por muchas puertas que cerrase, por muchos guardias que pusiese, ella nunca estaría completamente encerrada, que tenia el poder y la habilidad suficiente para huir de él en el momento en que quisiese y durante todo el tiempo que desease. Ella era la clase de 

mujer que jamás podría controlar, ni siquiera si usaba la fuerza. Y lo comprendió en ese mismo instante, ese en el que planeaba asesinarla y la encontró mirando una puerta cerrada.

Ella era tan libre como ella eligiese ser. Y la idea se le atraganto no dejándole respirar. No le gustaba. Por algún motivo que no lograba comprender no podía soportar aquella idea.

Siempre creyó que de casarse algún día su mujer seria una pequeña marioneta, una muñeca a la que usar un par de veces , alguien que le daría un par de herederos y que se mantendría siempre en las sombras, indefensa, dócil. Una mujer que no le diese ni un solo problema.

Rukia era lo contrario a esa mujer… Rukia era completamente diferente a todas las mujeres que conocía y no sabía que pensar al respecto.

Ella no iba a someterse por las buenas y él no estaba dispuesto a compartir su poder con una mujer, ni aunque fuese una mujer como ella. Sin embargo era ella la mujer destinada a pasar la vida a su lado. Tenia que encontrar la manera de atarla a él de alguna manera, de dominarla sin usar la fuerza. Pero, ¿cuál?

Justo en ese instante ella giro la cabeza hacía él con irritación en la mirada.

-No planeare algo que no deseo hacer- gruñó ella y a Ichigo le costo un poco recordar de que demonios estaba hablando.

La boda.

Le habían impuesto aquella boda y él acababa de imponerle a ella la tarea de organizarla. Rukia no era la clase de mujer que aceptaba lo que le imponían. Ella era como él, rechazaría cualquier cosa que otro intentase imponerle por la fuerza.

La idea lo hizo sonreír cuando en realidad tendría que haberlo echo maldecir.

Ella se parecía a él más de lo que creía, pero seguía siendo una mujer y por ende más débil, según su razonamiento. Por lo tanto tal vez pudiese dominarla de la misma forma en la que otras mujeres habían intentado dominarlo a él sin éxito.

¡Seria perfecto! Mantenerla a su lado sin usar la fuerza y al mismo tiempo cumpliendo esa alianza que se había propuesto firmar con ella la primera noche que se encontraron en el hotel.

-No te preocupes por la boda. Yuzu se hará cargo de todo. No tiene otra cosa mejor que hacer con su tiempo…

Eso podría haber sido cruel pero Ichigo no había sonado de forma despectiva, simplemente era un hecho, Yuzu se moría de ganas de organizar algo así.

-¿Qué tal tu herida?

-Curándose, supongo…



El plan de Ichigo se fue por los suelos al notar como perdía la paciencia.

-¡¿Supones?!- casi gritó.

-No me grites- gruño ella- Duele menos así que supongo que se esta curando…

Eso o había perdido por completo la sensibilidad, pensó Ichigo con resentimiento.

-Oi, quiero salir. – dijo Rukia cambiando brutalmente de tema.

-¿Qué?- se desconcertó Ichigo.

-¡Quiero salir!- gruño con convención.

Ichigo no quería dejarla salir, porque sabia que al hacerlo la expondría a no volver, a traicionarlo y no estaba seguro de poder soportar algo así. Pero sabia que si quería dominarla no tenia opción.

-Pues sal- gruño él por su parte.

-¿Tengo libertad de acción?- parpadeo Rukia desconcertada por algún motivo.

¡NO!, quería gritar Ichigo, quien planeaba encerrarla en su habitación.

-Si,- escucho a si mismo decir- Puedes hacer lo que te de la gana.

Quiso golpearse a si mismo por aquellas palabras. ¡Y una mierda si quería darle libertad! pero negársela solo haría que ella buscase la traición y era lo único que tenia que evitar.

-¿Por qué pareces tan malditamente impresionada, zorra? ¡Eres mi mujer, no mi prisionera! ¡Te dejare hacer lo que te pase por los cojones!

Pareció que daba la vuelta para marcharse cuando giro sobre si mismo y atrapo la barbilla de Rukia con una mano arrastrando su cara hacía la suya, Rukia grito e intento alejarlo de ella. Ichigo se detuvo a tan solo unos centímetros mirándola directamente a los ojos. Por unos instantes Rukia sintió el mismo miedo que había sentido la noche anterior, cuando él la había inmovilizado contra el suelo de la habitación.

- Traicióname- le siseo en modo de advertencia- Divulga uno de mis secretos; vende a mi clan; haz daño a uno de los míos; mira a otro hombre… y te juro que te matare. ¡¿Has entendido?!

Y la soltó, empujándola lejos de él.



Rukia se acaricio la garganta adolorida por la fuerza con la que él la había sujetado y le lanzo una mirada cargada de odio.

-Aplícate la misma norma, bastardo.

Ambos se dieron la espalda antes de desaparecer por diferentes caminos.

La mansión Kuchiki nunca había estado tan en calma. Una calma fría y sin vida que se había clavado en la espina dorsal de todo el servicio. En cuestión de una sola semana, la casa había perdido a sus dos mujeres.

Resultaba curioso como una figura tan tranquila y autoritaria como la de hubiese dejado una vacio tan palpable en tan solo unas horas, que era lo que a la mujer le había costado hacer sus maletas y huir de la casa mucho antes de que su ahora exmarido volviese de Hong Kong. Podría haber sido una orgullosa y terca mujer pero si había algo que la aterrorizase ese era Kuchiki Byakuya y ahora sin la protección que el Consejo le había otorgado no podía permanecer más tiempo en aquella casa si quería conservar su cuello. Había huido sin mirar atrás.

Y la otra ausencia era la de Rukia. La casa estaba acostumbrada a sus continuas desapariciones, a su lucha constante con su hermano. Pero su ausencia siempre era sustituida por la fría furia de Byakuya. Pero no había tal furia en aquella ocasión y tampoco había la posibilidad de que la joven fuese a volver. Rukia se había marchado para siempre de la casa. El clan había perdido a su heredera. Todavía no era oficial, cierto, pero ¿cuánto le costaría a Byakuya engendrar un hijo?

Un niño Kuchiki, la sangre de Hisana se había perdido en la sucesión del clan… Sin tan solo no hubiese renunciado a su apellido a favor de su marido…

Pero esa era otra historia.

Ahora el clan debía de prepararse para recibir a una nueva señora, a una que portaría el apellido Kuchiki y que no tendría sangre Sirayuki. Pero, ¿dónde iba a conseguir Kuchiki Byakuya a otra esposa?

Y esa era precisamente la idea que Renji no podía quitarse de la cabeza. Bueno, esa y ¿qué demonios estaría haciéndole el bastardo de Kurosaki a Rukia? Pero desde que sabia que Rukia podía cuidarse sola, a sus oídos había llegado una curiosa anécdota de una silla volando hasta la cabeza de Kurosaki en el vestíbulo de un hotel, lo que no podía apartarse de la cabeza era la idea de que su jefe tenia que volver a casarse.

-¿Quién será?- se pregunto a si mismo mirando fijamente la puerta del despacho de su jefe.



Despacho en el que este se había encerrado nada más llegar a la mansión. Ni siquiera se había molestado en preguntar donde estaba su mujer, quien había demostrado un gran sentido común huyendo a tiempo.

-Nada de clanes… - murmuró una voz a sus espaldas.

Renji se volvió sobre saltado solo para encontrar la tranquila sonrisa de Ukitake tras él.

-¿Perdón?- se desconcertó.

-Que no creo que Byakuya elija a alguien de los clanes- comento el abogado con tranquilidad.- Y dime, ¿qué sabes de Rukia?

La angustia que Renji tenia clavada en el pecho desde el primer día resurgió con fuerza.

-Bueno, se convertirá en la señora Kurosaki… haga lo que haga de esta no podrá librarse.

-Tampoco puedes hacer nada para evitarlo- comento Ukitake.

Renji se sobresalto al oír en boca de otro lo que le pasaba por la cabeza.

Había una tensa y triste sonrisa en la cara de Ukitake, quien tan solo golpe de forma amistosa su hombro.

-Todos deberíamos poder encontrar la felicidad en este mundo de locos, ¿no crees? Pero seguro que no la alcanzaremos anhelando lo que no nos corresponde.

Y paso a su lado hacía el despacho sin una sola palabra más.

Renji no estaba tan seguro de poder dejar algo a lo que ni siquiera tenia derecho. ¿A caso no estaba en la naturaleza del ser humano desear lo que no podía obtener?

La oscuridad era tal que apenas costaba distinguir el pequeño punto luminoso del cigarro. Un cigarro sostenido por la firme mano de un hombre al que nunca le había gustado la oscuridad, a pesar de haber vivido en ella toda su vida.

-Que sitio más lúgubre- se quejo el hombre del cigarro hacía la figura que permanecía a su lado en las sombras.

-¿Ese es el agradecimiento que recibo por salvarte la vida?- pregunto una burlona segunda voz.

-No recuerdo haberte pedido ayuda en ningún momento.- contradijo el primero.

-Cierto, pero sino fuese por mi estarías muerto, Ishida.

-¡Oh! Así que como me has salvado te debo todo mi agradecimiento...- se burlo arrastrando las palabras.- No esta en mi naturaleza agradecer nada.

-Ni en la mía salvar la vida de nadie.

El silencio se extendió en la oscura habitación como de un manto de desesperación se tratara.

-¿Qué quieres a cambio de mi libertad?- pregunto Ishida al final.

La carcajada de su "salvador" se extendió por toda la habitación.

-¿Qué puedes ofrecerme a cambio? ¿Dinero? ¿Territorio? … ¡Oh! Espera… ¡No tienes nada! ¡Ahora todo pertenece a tu hijo!

El cigarro voló por el aire lanzado por la furia de su portador, hasta caer a los pies de la segunda persona que ocupaba la habitación.

-No te enfades, Ishida-san, el único motivo por el que te e salvado la vida es porque te necesito vivo. Lo creas o no quiero ayudarte.

Podría haber sonado mucho más convincente si después no hubiese apagado la colilla, aplastado la pequeña luz con la punta de su zapato.

Ishida Ryuken soltó una tensa carcajada en mitad de la oscuridad, en mitad de su cautiverio. Había huido de la muerte a manos de Concilio, solo para caer en las manos de la propia muerte. Su suerte no parecía mejorar.

-Es hora de que todo cambie, ¿no crees?- le pregunto antes de abandonar la habitación en la oscuridad.

El pasillo al que salió estaba completamente iluminado por la luz artificial de las lámparas. El contraste lo cegó durante unos segundos, pero no dio muestra de ello cuando sonrió tétricamente a la pequeña mujer que lo esperaba junto a la puerta. Hermosa, dócil pero sobre todo fiel. Fiel a él.

-Tengo un trabajo para ti, querida.- le sonrió.



-Estoy a sus ordenes, Aizen-sama.

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A solas en su habitación, mirando fijamente pared que lo separaba de Rukia, Ichigo comprendió que su plan no había ido exactamente como él quería.

Desde el principio había querido usar el sexo como arma para unir a esa mujer a él de alguna forma, para mantenerla tranquila, sumisa, pero cada vez que se acercaba a ella solo conseguía que ella lo odiase más. Lo único mínimamente sexual que había conseguido de ella había sido un beso…

Si no fuese por ese beso, si no fuese por la forma en la que ella se lo devolvió no creería que su plan pudiese tener éxito. Pero de alguna forma sabía que ella lo deseaba en su cama tanto como él a ella en la suya. Tal vez simplemente tenia que dejar de lado las amenazas y pasar directamente a la acción.

Y con esa idea en la cabeza abandono la seguridad de su habitación para dirigirse directamente a la de su prometida.

-¡¿Qué demonios quiere decir eso?!- lo detuvo la voz de Rukia a mitad de camino.

Las paredes eran tan finas que tenia la sensación de que podría haberla oído desde su habitación por la forma en la que gritaba.

-¡Si! ¡Y yo sigo siendo Kuchiki Rukia!- grito a continuación.

Por la forma en la que interactuaba resultaba obvio que estaba hablando por teléfono.

El silencio se extendió después de aquello. Rukia ya no era una Kuchiki, técnicamente, y no solo por su compromiso con él sino que en el instante en que todo aquello había ocurrido Byakuya la había rechazado. Expulsado de su propio clan como si no fuese más que un trasto viejo, pero Rukia no parecía haberse dado cuenta todavía. Abrió la puerta de la habitación sin molestarse en avisar. ¿Por qué habría de avisar? ¡Aquella era su casa!

Rukia estaba sentada en su futon, vestida con una yukata de color blanco y el pelo suelto. El móvil que sujetaba con ira contra su oreja parecía un verdadero anacronismo en la enorme estancia.

Los ojos de la mujere se entrecerraron al mirarlo y casi pareció estar apunto de lanzarle el móvil a la cabeza. En vez de eso lo aparto de su cabeza y lo colgó sin una sola palabra mñas a la persona que estaba al otro lado.

-Me acaban de despedir….- le dijo con rencor.



Ichigo parpadeo algo perdido.

-¿Trabajabas?

-¡Por supuesto que trabajaba! ¿Crees que he dedicado mi vida la inactividad o a discutir con mi hermano? ¡Por favor!

Ichigo se ahorro su opinión sobre el trabajo de las mujeres sintiendo más curiosidad por el antiguo trabajo de su prometida.

-¿Y que trabajo era ese?- le pregunto.

-¡¿Y a ti que coño te importa!?- chilló ella alterada.

-Sea lo sea- se despreocupo- Tenia que ver con el clan Sakura , ahora formas parte del clan Shinigami… Por supuesto has perdido tu trabajo, pero tal vez puedas encontrar algo más interesante que hacer en este clan…

No estaba hablando de trabajo, pero Rukia no podía saberlo. No distinguió la mirada de Ichigo de cualquier otra que el hombre le hubiese lanzado antes, así que no se inmuto cuando este entro a la habitación cerrando la puerta tras de si.

-¡No pienso trabajar para ti, bastardo!- casi grito ella .

Pero Ichigo no le hacía demasiado caso, acababa de notar que la yukata de la mujer estaba medio abierta y la tela casi resbalaba por uno de sus hombros dejando plenamente visible el contorno del cuello y del escote. Estaba tan hermosa en ese mismo instante. Con las mejillas rojas de ira y la ropa desabrochada. Pero lo más importante, a su completa merced.

Estaba sobre ella, con sus manos bajo la tela de la yukata y sus labios sobre los suyos antes de que ella pudiese hacer algo para evitarlo. Completamente desprevenida no había notado las intenciones de Ichigo hasta que este ya estaba sobre ella.

Y el duelo comenzó de nuevo.

Había algo completamente irresistible en forzar a aquella mujer a besarle, la forma en la que se revolvía y luchaba al principio para luego simplemente corresponder con verdadero ardor a su beso, a su toque. Su ira, su fuerza, se desprendía de ella en todos sus aspecto, incluso en aquel. ¡Y maldita sea! eso la hacía mucho más sensual de lo que podía soportar. Pequeña, con el cuerpo de una adolescente, era verdadero fuego incluso cuando se trataba de un beso robado. Ichigo no podía dejar de pensar en como seria cuando los diese por voluntad propia. La sola sensación avivo una ya de por si incomoda erección.



Rukia tardo poco en amoldarse al beso sumida en la propia traición de su cuerpo. Pero aunque cediese en aquel terreno, no pensaba traicionarse a si misma o eso es lo que creyó hasta que sintió como su yukata resbalaba completamente de su cuerpo revelando su desnudez. ¿Cómo demonios se había soltado el nudo? Tal vez el echo de que la mano de Ichigo todavía sujetase el lazo tuviese algo que ver. Estaba apunto de usar de nuevo las piernas y quitarse lo de encima por la fuerza, cuando él hizo algo de lo más inesperado acuno uno de sus pechos en su mano, rozo el pezón con una suavidad deliciosamente cruel y Rukia se oyó a si misma gemir.

Pero, ¿qué demonios estaba haciendo? Se pregunto a si misma en el limite de sus sentidos, a punto de perderse por completo, junto a su cuerpo. ¡Pero maldita fuese si lo permitía! ¡No iba a doblegarse de aquella forma ante Ichigo! ¡Ni ante él ni ante nadie!

Ichigo había bajado la guardia en el mismo instante en que la había oído gemir. ¡Santo Dios! Ella tenia una cuerpo tan perfecto. Todo en ella era tan pequeño como su altura. Pechos pequeños, cintura estrecha, piernas delgadas… Se moría por recorrer todo aquello, empezando por sus pechos. Ella había cedido, ella consentía y disfrutaba tanto como él. O al menos eso fue lo que creyó en ese instante. Por eso el golpe lo pillo completamente desprevenido.

Era un movimiento de autodefensa tan viejo que lo sorprendió su simplicidad. Rukia lo golpeo en la barbilla con la palma abierta de forma tan brusca que no solo lo lanzo hacía atrás quitándoselo de encima sino que por un instante Ichigo creyó que le había roto la mandíbula. ¡Mujer loca!

-¡Zorra!- consiguió gruñir cuando consiguió mover la mandíbula.

Para ese momento Rukia ya había conseguido cerrar su bata y ponerse en pie.

La ira de Ichigo se disipo de forma estúpida, solo era capaz de pensar que era una pena que ella usase tanta ropa… Sacudió la cabeza asqueado, ¿en qué demonios estaba pensando?

-¡Largo!- gritó Rukia histérica señalando la puerta- ¡Vete de mi habitación!

Aquella era la segunda vez que ella cedía antes de rechazarlo. Y cada vez llegaba un poco más lejos.

Por eso cuando accedió a irse, había una sonrisa de satisfacción en su cara y no una de irritación. Se moría de ganas de ver cuan lejos podría llegar la siguiente vez.

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Nota de la autora:

¡Jo, jo, jo! Rukia esta tan cerca de ceder que casi me duele más a mi que a Ichigo… Casi tengo la sensación de que hacen lo que les da la gana y no lo que yo quiero que hagan.

Bueno, ¿qué os ha parecido?



Espero que os haya gustado y si no, ya sabéis. ¡Tenis carta blanca para las criticas! De verdad, de verdad que quiero mejorar….

He de confesar que me ha costado un montón escribir este capitulo. Me pase meses atascada en la escena del principio, no sabia que hacer para mover la historia ¡y de repente tuve una revelación! No, la revelación no aparece en el capitulo, creerme, pero es algo que me apetece un montón escribir y me dio fuerza para avanzar, por lo que reconozco que tal vez no haya sido mi mejor trabajo, me apresure.

¡Pero estoy inspirada! ¡Mis musas han vuelto! ¡Y es hora seguir escribiendo!

Muchos besos y ¡GRACIAS POR VUESTROS REVIEW! ¡Os quiero!

Yuen Li