PREPARATIVOS DE BODA II:
Había visto a Rukia quitarse a Keigo de encima con un solo gesto, con una sola mirada airosa y el pervertido había retrocedió asustado, sabiendo muy bien que no era la clase de mujer a la que debería acercarse. E Ichigo lo recordaba muy bien porque no podía olvidar la cara de terror de su subordinado.
Keigo había soltado la mano de Rukia casi como si acabase de darse cuenta de que había tocado algo increíblemente peligroso y aunque Ichigo trataba de auto convencerse de que había sido por él, porque se había dado cuenta de que trataba de seducir a su mujer, no estaba demasiado seguro de ello. Rukia no se había presentado a si misma, ni siquiera le había dicho una simple palabra solo lo había mirado airosa y había sacudido la mano que Keigo sostenía. Había sido él, Ichigo, quien se la había presentado. Oír la nueva noticia solo había confirmado a Keigo que había metido la pata hasta el fondo, la misión que Ichigo le asigno a continuación termino por confirmárselo.
Si debía ser sincero consigo mismo, y no era algo que Ichigo hiciera amenudeo, debía reconocer que la situación le había jodido. Había querido romperle la cara a Keigo por atreverse a sujetar la mano de Rukia, había avanzado hacía él con aquella única intención pero ella no había necesitado su ayuda, se había deshecho de él intimidándolo con una sola mirada. Y le jodía, no podía entender porque, pero le jodía.
Keigo había estado tonteando con sus novias desde que se conocieron en el instituto, era algo que el bastardo no podía evitar, las mujeres hermosas lo hacían perder la cabeza. Lo había visto babear tras ellas, cogerlas de las manos y ponerles ojitos y nunca, nunca le había molestado en lo más mínimo. Tal vez se debiese a que nunca había sentido verdadero aprecio por esas mujeres, no las había considerado nunca nada suyo, y ahí estaba el problema: Rukia era la primera mujer que podía considerar suya en toda su vida. ¡Joder iba a casarse con ella! No tenia porque sentir nada, pero si podía considérala de su propiedad.
Y era una propiedad jodidamente esquiva. Era como aquel maldito cachorro que su padre compro a él y a sus hermas de niñas. Tenía el lejano recuerdo de haber querido jugar con él, sacarlo a pasear y todas esas chorradas que los niños quieren hacer con sus mascotas pero el animal no había querido saber nada de él, había gruñido enseñando los dientes cada vez que él se había acercado y en una ultima ocasión el animal le había mordido. Sin embargo era encantador con sus hermanas, incluso sobre protector, exactamente igual que Rukia. Gruñía y mordía cada vez que intentaba jugar con ella, la noche anterior, cuando la había asaltado en la cocina la muy puta casi le había arrancado una oreja, o la tarde anterior a esa cuando había mordido tan fuerte su labio inferior que le había echo sangrar.
Pero igual que el perro podía acercarse y jugar con otras personas que no fuesen él. ¡Oh! Por supuesto que no eran los mismos juegos con los que él trataba de ganarse su fidelidad, si solo alguien lo intentase frente a sus ojos lo mataría o al menos lo mandaría a una misión suicida, como a Keigo, la duda era como deshacerse aquel bastardo que trataba tan descaradamente de seducir a su nueva mascota frente a sus ojos.
El desconocido era alto y delgado, tenía los ojos almendrados y el pelo castaño pajizo, había algo completamente anómalo en aquel hombre, era un verdadero pervertido. Y aquel desconocido se doblaba ante Rukia como un jodido payaso que pretende seducir a una mujer con un simple gesto de respeto.
- ¡One-san, te he echado tanto de menos!- exclamó aquel pervertido en mitad de la entrada de su casa antes de lanzar a la mujer.
¡Y Rukia no hizo nada por deshacer el abrazo! ¡Joder! ¿Dónde estaba la mujer que se deshizo de Keigo de una sola mirada? ¡¿Por qué no hacía nada?!
- Kon, me estas asfixiando- fue la única queja de Rukia.
- ¡Oh! ¡Perdóname One-san! – se disculpo el delgado hombre.- ¿Por qué no me has llamado antes? ¡Te echaba de menos! Y todo el mundo estaba insoportable en la casa de Byakuya… Renji va por ahí gruñendo a las esquinas, la caliente mujer de tu hermano huyó antes de que el resto supiésemos que pasaba y Byakuya esta más serio de la habitual… ¡Todos te echamos mucho de menos! ¿Por qué simplemente no vuelves?
- ¡Ojala pudiese!- exclamó Rukia.
Y eso fue todo lo que Ichigo pudo soportar.
- ¿Qué esta pasando aquí?- gruño acercándose a ellos.
Ambos lo miraron molestos por ser interrumpidos en su mundo feliz.
- ¿Querías algo Ichigo?
- ¿Quién es tu efusivo amigo?
Su efusivo amigo dio un paso hacia delante como un animal dispuesto a enfrentarse al macho dominante de la manada por una hembra, es decir, como un suicida.
- Kon- se presentó con todo altivo.
Ichigo no pudo evitar alzar una ceja al poder verlo más de cerca, no es que fuese un hombre delgado es que era un simple adolescente. ¡Maldita fuese! ¡Ni siquiera debía haber salido todavía del instituto! ¿Se había sentido amenazado por un niño? ¡Por favor! Rukia no podía ser de esa clase de mujeres, ¿verdad?
- ¿Kon? ¿Kon que más?
El pervertido adolescente frunció el ceño desconcertado por la pregunta.
- Pues… no lo sé… - murmuró antes de volverse hacía Rukia- ¿Cuál debería usar One-san?
Rukia puso los ojos en blanco molesta.
- ¡A mi que me cuentas! Usa el que te de la gana. Kaizou, Kuchiki …
- Pero es que no me gusta usar un apellido, es tan frio…
- ¿Quién coño es este crio?- preguntó un irritando Ichigo.
- Ya te lo ha dicho es Kon.
- ¿Y que hace aquí?
- Yo lo he mandado llamar. Va a quedarse aquí, con migo.
- No puedes hablar en serio. ¿Quién te ha dado autoridad para ello?
Rukia alzo la cabeza autoritaria.
- Creía que pretendías convertirme en la señora de la casa. ¿Necesito autorización?
- Para empezar no planeo convertirte en la dueña de la casa. La casa en mía y yo decido quien entra y quien no. Solo planeo convertirte en mi mujer, para lo cual tendrías que empezar a abrirte de piernas…
- Muérete Ichigo. Kon acompáñame, te enseñare tu habitación.
Kon lanzo una furiosa mirada a Ichigo antes de asentir alegremente a Rukia. Y ambos desaparecieron en el interior de la casa pasando por encima de la autoridad de Ichigo, pero lo tenían claro si iba a permitir que Rukia alojase a desconocidos en su casa.
Yachiru frunció el ceño enfurruñada ente la pila de papeles frente a ella. ¿Cómo podía su jefa estar de vacaciones y dejarle todo a ella? ¡El pluriempleo era una mierda!
Ken-chan le había aconsejado que no se comprometiese a aquello, pero había sido el trabajo de mama y no podía ignorarlo. El problema era que Ken-chan era policía y ella tampoco había podido ignorar a aquello. Y así es como había complicado innecesariamente su vida.
¡Estaba tan cansada!
Si todo esto de jugar a la agente doble no fuera tan divertido y Ken-chan no la apoyase lo dejaría. ¡Pero no era tan malo! ¡De hecho, era realmente divertido! Podía hacer lo que quisiese, encerrar a quien ella desease y enterarse de todos los cotilleos la primera. ¡Era muy divertido!
¡Si solo no hubiese tantos papeles! Papeles con cosas aburridas que escribir para clientes aburridos. Normalmente su jefa se ocupaba de todo, pero como se iba a casar se había tomado vacaciones y ahora todo le tocaba a ella. ¡Los clientes eran un aburrimiento!
Tal vez pudiese decirle a Ken-chan que los encerrase a todos… Ken-chan siempre hacía lo que ella le pedía, pero claro si se deshacía de los molestos clientes Kia-onesan se enfadaría con ella. ¡Todo era tan complicado!
- ¿Qué estás haciendo Yachiru?- preguntó la cansada voz de Ken-chan tras ella.
- No me gusta el papeleo. ¡Extraño a Kia-neechan!
Zaraki frunció en ceño tras ella.
- No puedo creer que todavía tengáis papeleo por hacer. ¿Qué coño pasa con Ichigo? ¿Es que no puede controlar a una mujer?
- ¿Es que Ken-chan puede?- preguntó Yachiru inocentemente.
Kempachi casi se ahogo solo por la pregunta, nunca había podido controlarla a ella, una niña y ahora no podía hacer nada por controlar a Unohana. La maldita mujer lo tenía sujeto de su dedo meñique, ¡maldito fuese el sexo!
- Seguramente no dejaría que mi propia mujer me traicionase a mis espaldas.- gruño tratando de defenderse, pero es que Unohana no lo traicionaría, ¿verdad?
- Pero es que Kia-neechan no traiciona a Ichi… Ha cancelado todos los tratos que había echo sobre el clan shinigami… ¡El matrimonio es un aburrimiento!
Kenpachi sonrió divertido. Todo el tema le recordaba que tenía una deuda pendiente con Ichigo, algo relacionado con violar su intimidad.
- ¿Cuándo se casan?
- ¡Dentro de una semana! ¡Han sido rápidos! ¿Es eso lo que se considera amor a primera vista?
- Más bien es un tema de imposición e interés. Dime, Yachiru, ¿estamos invitados a la boda?
- ¡Pues claro!
- ¡Bien! Porque iba a ser una boda muy divertida.
- Me debes una explicación- gruño Ichigo colandose en la habitación de Rukia cuando esta estaba sufriendo una sesión de prueba de maquillaje organizada por Yuzu.
Solo llevaba una semana en aquella casa y lo único para lo que había tenido tiempo era para decirle a Yuzu que no quería casarse pero que le gustaban más los centros de flores de color blanco. Había tratado de retrasar la boda de darse tiempo a si misma para evitar todo aquello, pero no había tenido tiempo casi ni para respirar. Yuzu y orihime eran terriblemente eficientes, se habían movido con tal rapidez que habían organizado una boda en dos semanas y ella había pasado de mano en mano sin miramientos, no le habían dado tiempo para respirar, ni siquiera para quejarse, no tenia ninguna autoridad respecto a la boda, solo se había convertido en un elemento más de esta. Aunque realmente había sabido siempre que no podía evitar todo aquello. Así que después de una semana había simplemente decidido seguir con su vida pese a las nuevas circunstancias en la que esta se le presentaba, por lo que había mandado traer a Kon. Así que ahí estaba, con Yuzu apuntando cosas en una libreta al tiempo que gritaba a alguien por teléfono, no estaba muy segura pero organizar una boda debía ser algo terriblemente estresante; una maquilladora arrodillada a su lado; aplicando ungüentos en su cara mientras ella trataba de entender como una cosa del mismo color de su piel la haría ver mejor y a Ichigo furioso en la puerta. Casi agradeció su interrupción, la maquilladora había sacado un objeto metálico que tenia un cierto parecido con una arma de tortura.
- ¡Ichi-nii!- saltó Yuzu cuaderno y teléfono en manos- ¡Este no es momento!
Ichigo trato de parpadear. ¿Por qué a Rukia le brillaban tanto los labios? Sacudió la cabeza irritado.
- Necesito hablar con ella, ahora.-les gruño a ambas.
La delgada y pintarrajeada maquilladora no dudo en huir a Yuzu le costó un poco más decidir seguirla.
- ¿Y bien…?- pregunto cruzándose de brazos en la entrada.
Rukia alzo una ceja lanzándole una de sus airosas miradas, esa que había hecho retroceder a Keigo, que no había usado con Kon y que a él no afectaba. Luego giro hacía el espejo frente a ella frunció el ceño y empezó a retirarse el maquillaje con un toallita. Cuando lo labios dejaron de brillar fue una autentica lastima, pero Ichigo se encontró a si mismo sopesando que ahora serian más suaves de besar.
- Kon es mi responsabilidad- gruño Rukia ausente.
- ¿Qué?- se desconcertó Ichigo volviendo al mundo real.
- ¡Mi responsabilidad! No voy a dejarlo en la casa de mi hermano para que sea lanzado a la calle o Byakuya lo use como mula.
- ¿Qué tal si empiezas desde el principio esa historia?
Rukia lanzo la toallita sucia hacía él antes de gruñir.
- ¿Lo dejaras quedarse aquí?
Pese a la forma en la que lo había introducido en la casa sabia que no podría mantenerlo allí si Ichigo trataba de echarlo.
- Dame una razón.- propuso Ichigo.
- Los Quincy lo quieren muerto.
Ichigo alzo una ceja curioso.
- Te escucho.
- Lo encontré viviendo en la calle cuando tenia seis años. Fue la primera vez que escape de la mansión de mi hermano… Una larga historia... La cuestión es que cuando decidí volver a casa, lo lleve conmigo. Vivía en la calle completamente solo, porque huía de los Quincy, había escapado de uno de sus laboratorios…
Realmente Ichigo no tenia que saber nada más.
- Kaizou Kon …- murmuró recordando uno de los apellidos que Rukia le había sugerido.
- En realidad, Kaizou Konpaku.
Ichigo asintió. No es que fuese a fiarse de su palabra, pero era algo definitivamente interesante y que pensaba comprobar.
- Puede quedarse- cedió- Pero como lo encuentre haciendo algo que no debe. Le cortare las piernas y los brazos y se lo devolveré a Ishida. ¿Entiendes?
Rukia alzo una ceja molesta.
- Le gustan las mujeres mayores y de grandes pechos, no va perseguir a tus hermanas…
- No estaba hablando de ellas.
Como cada vez que estaban solos, Ichigo fue a ella. Pillarla desprevenida era sorprendentemente fácil, como si ella nunca esperase que él la atacase de esa manera, pese a todas las veces que había tratado de arrinconarla en el pasillo.
Besarla fue tan sencillo como siempre, era siempre el primer movimiento que ella no parecía esperar pero al que se amoldaba con asombrosa facilidad. Ella realmente no parecía saber nada sobre el sexo y eso le encantaba, hablaba de lo inexperta que era, él solo se preguntaba constantemente cuanto sabia realmente sobre sexo.
Nuevamente bajo él, ella trato de defenderse una vez se recupero de la sorpresa, ¿por qué siempre le hacía lo mismo? ¿Por qué siempre bajaba la guardia cuando estaban juntos? ¿Es que no había tenido suficiente de aquello durante la última semana? ¿Por qué no podía él quitarle las manos de encima?
- ¡Maldita sea! ¡Suéltame capullo!
Pero desgraciadamente habían echo aquello tantas veces que Ichigo había aprendido a bloquear sus golpes, todos sus golpes, inmovilizándola por completo bajo él. Hacía días que su credo de no doblegar a una mujer a la fuerza se había evaporado, quería a aquella y si solo podía tenerla por la fuerza la usaría, maldita fuese si no la usaba. Alzo sus brazos en lo alto de su cabeza sujetándolos con una sola mano mientras la otra se dedicaba a colarse bajo su vestido, separaba sus piernas con las rodillas y su boca se dedicaba a mordisquear su garganta.
Rukia gimió desesperada por su libertad, odiaba que le hiciese aquello, pero sobretodo se odiaba a si misma por sentirse siempre cerca de ceder, pero no podía soportarlo, no de aquella manera, no sin su consentimiento y sobre todo, no con él.
Intento hacer lo que siempre hacía, quitárselo de encima, golpearlo, pero realmente no podía moverse bajo él, ni siquiera podía morderle. ¡Maldita sea! parecía que él si había aprendido la lección y ella iba perdiendo. Cuando sintió que el vestido había superado el margen de sus pechos y su sujetador se había desabrochado tuvo la escalofriante sensación de que iba a perder aquel enfrentamiento, sentir como sus braguitas resbalaban por sus caderas fue suficiente como para hacer lo único que podía y que nunca había hecho, gritar. Grito furiosa y espantada , chillo con todas sus fuerzas todos los insultos que conocía pero Ichigo no dejo de hacer lo que estaba haciendo. Su mano rozo el interior de sus piernas y su boca atrapo uno de sus pechos, mordisqueando y succionando al mismo tiempo. Los insultos se detuvieron de golpe y Rukia olvido absolutamente todo lo que estaba pasando. Dios, se sentía tan bien, tan ansioso, era como el inmenso anticipo de algo mejor. Sus dedos rozaron finalmente su centro y el calor aumento. Tuvo por primera vez la sensación de que el sexo no era tan malo pero al mismo tiempo supo que su cuerpo estaba traicionándola a ella misma. Siempre ansioso por ceder mientras su cerebro luchaba con desesperación por ello. ¡Ella era más fuerte que todo aquello! Se mordió su propio labio tratando de que el dolor alejase el calor de nsu cabeza y en parte funciono, pensó más claramente y creyo que podía encontrar la manera de detenerlo… ¡Un momento! ¿Por qué Ichigo seguía bajando su boca por debajo de su ombligo? La alarma brillo con absoluto terror en su cabeza!
- ¡One-chan! – chilló una tercera voz abriendo de golpe la puerta de la habitación.
Kon acababa de entrar en la habitación enfriando todo el calor en la habitación. Ichigo gruño furioso y soltó a Rukia que se arrastro por el suelo al tiempo que reacomodaba su vestido mientras respiraba con alarmante rapidez. Kon no pudo quedarse de brazos cruzados.
-¿Qué tratabas de hacer a Rukia- onesan?- chilló furioso incapaz de quedarse quieto.
Ichigo puso los ojos en blanco al tiempo que se ponía en pie.
- ¿Cuántos años se supone que tienes?
- ¡Dieciséis!
- Entonces estoy seguro de que has leído suficiente pornografía como para saber de que va esto. Ahora, niño, hazte a un lado. – y lo empujo de su camino con un solo dedo.
Kon fue hacía él y Rukia lo vio, por eso lo sujeto con todas sus fuerzas reteniéndolo junto a ella. No es que no quisiese romperle la cara a Kon, es que sabía que el chico no tenía ninguna oportunidad contra Ichigo.
Kon grito ofendido e Ichigo giro a mirarlos.
- Vuelve a interrumpir a los mayores, niño y te echare de aquí.
Kon se relajo sorpresivamente.
- Entonces, ¿puedo quedarme?
- Solo si no me cabreas.
- ¡No cuentes con ello!
Rukia quiso golpear a ambos con algo muy duro en la cabeza.
- ¿Qué demonios estás haciendo?
Cazo en mano, delantal sucio y mejillas manchadas de harina, Orihime se volvió hacía su mejor amiga que asomaba por la puerta de la cocina.
- ¡Tatsuki-chan! – exclamó alegremente- Pasa, he hecho un montón de comida.
Tatsuki podía oler la comida desde su posición en la entrada, motivo por el que había tenido que apoyarse mareada contra la puerta, incapaz de dar un paso más.
- No gracias no tengo demasiada hambre...
- Tatsuki no come lo suficiente- se lamentó Orihime volviendo hacía una de las humeantes hoyas que llenaban los fogones.
Orihime tenia completamente prohibida la entrada a la cocina, o más bien prohibido el acceso a los ingredientes y a los utensilios de cocina, pero en cuanto la cocinera se despistaba la jefa de servicio se hacía con sus dominios sin miramientos. O así había sido al principio…
- ¿Sabe alguien que estas aquí?
Orihime se encogió de hombros despreocupada.
- ¡He perdido practica!- le informó- ¡Hacía tanto que no cocinaba!
Desde la noche en la que la ultima amante de Ichigo había salido por la puerta a la vista de todo el servicio.
Durante los últimos años Orihime solo trataba de cocinar cuando estaba triste o angustiada.
Dando un profundo suspiro Tatsuki se atrevió a ingresar en la cocina. Orihime parecía haber dejado finalmente de hacerse la fuerte.
- ¿Qué estás haciendo?- le volvió a preguntar con suavidad.
- ¡Caldo de verduras con miel, carne de ternera y helado de pistacho! ¿Quieres probarlo? Todavía tengo que añadir un poco de azúcar…
- No me refería a eso- contestó Tatsuki- ¿Por qué estas cocinando?
- ¡Me gusta cocinar!
- Mentira.
Orihime vaciló en mitad de la cocina con un kilo de azúcar en las manos, mirando fijamente a su amiga.
- ¡No miento!- se defendió saliendo de su repentino sopor.
- Es por la boda, ¿verdad?
- No tiene nada que ver… ¡Me encantan las bodas!
Pero parte de su seguridad parecía estar desapareciendo en los temblores de sus manos. Temblores que se extendieron por todo su cuerpo e hicieron brillar sus ojos peligrosamente.
- Me gusta Rukia-san… - balbuceó- Es divertida y tiene mucho carácter… sabe poner a Kurosaki-kun en su sitio… Es perfecta para él…
- Y si se casa con ella la fila interminable de mujeres saliendo de su habitación desaparecerá, ¿cierto? Y Rukia no siente nada por él, difícilmente lo dejara entrar en su cama… ¿Es eso lo que piensas?
- ¡No! Creo sinceramente que son perfectos él uno para el otro… - confesó casi sin voz- Por eso quería organizar yo su boda…
El sollozo se escapo finalmente sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
- Siempre he sabido que nunca podría casarme con él… Pero siempre quise estar allí cuando se organizase su boda… Y Rukia-san es tan … tan agradable con migo… que yo solo quería ayudarla…
Y en el proceso se había destrozado los nervios.
-¡Oh! Orihime…- se lamentó Tatsuki antes de envolverla en un abrazo- ¿Por qué te fuerzas tanto a ti misma, tonta?
- Porque quiero hacerlo…- sollozó devolviéndole el abrazo desesperada- Porque quiero ayudarles… Quiero organizar la boda de Kurosaki-kun y Rukia-san…
Y no había nada en el mundo que Tatsuki pudiese hacer para solucionarlo, nada que pudiese aliviar los sentimientos de su mejor amiga.
Cinco días antes de la boda:
-El te esta demasiado amargo… - susurró la voz del tranquilo sacerdote.
Vestido con yukata llevaba dos horas tratando de probar el te que Yuzu tan servicialmente le había ofrecido. Pequeño con los ojos entornados parecía apunto de quedarse dormido.
Ichigo estaba usando todo su autocontrol para no lanzarse sobre él y zarandearlo hasta que abriera completamente lo ojos para asegurarse de que estaba despierto.
- Yuzu trae café, por favor…- siseó Ichigo.
- ¡¿Qué tiene de malo mi te?!- se ofendió la maestra.
- ¡Ve! - rugió autoritario.
Y la pequeña mujer huyo con su bandeja y su te de la habitación.
- No debería hablar a si a su hermana Kurosaki-san…-regañó el sacerdote con su voz tranquila y relajada.
- Puedo hablarle como me de la gana- siseó Ichigo amenazante.
Tal fue la mirada que le dedico que el pobre hombre retrocedió hacía atrás asustado.
- Perdone al idiota de mi prometido Hanatarou-san, no tiene modales…
El somnoliento sacerdote sonrió complacido hacía la pequeña y tranquila mujer sentada frente a él.
- No pasa nada Kuchiki-san, todos los novios están nerviosos antes de la boda…
Ichigo decidió que había un rollo muy raro entre el sacerdote y su prometida, como si ya se conociesen de antes. Y no podía ignorar la forma en la que el sacerdote se doblaba ante ella, como si le debiese no solo su respeto si no su vida, la adoraba de una forma servil. La de un criado dispuesto a morir por su señora. E Ichigo se sentía bastante irritado.
- ¿De que coño os conocíais vosotros?- preguntó al final.
Tanto la mujer como el sacerdote parecieron desconcertados.
- No nos conocíamos hasta hace unos minutos- contestó Hanatarou.
- ¡Mientes!- se irritó Ichigo haciendo retroceder de nuevo al pobre y asustado sacerdote.
- Ichigo, no seas ridículo, ¿de que voy a conocer yo a un sacerdote sintoísta? Perdónele, es un completo estúpido. ¿Quiere ver el lugar donde se llevara a cavo la ceremonia?
- A eso he venido- sonrió el pequeño hombre complacido.
- Acompáñeme, por favor- guio ella amablemente.
Más sospechoso que la servidumbre del sacerdote resultaba el suave y amable comportamiento de Rukia. ¡¿Qué demonios pasaba allí?! ¡¿Desde cuándo la arpía que había conseguido en Hong Kong podía actuar como una señora?!
Cuatro días antes de la boda:
A Yachiru le gustaba Hana-chan, era tan tranquilo tan pacifico que incluso podía dibujarle cosas en la cara con rotuladores permanente sin que este se quejara . El único problema con Hana-chan es que siempre suponía más aburrido papeleo. ¡Su jefa era una vaga!
- Rukia-sama me ha pedido que le diga que tratara de ocuparse de toda una vez termine el asunto de la boda.
¡Por una vez Hana-chan tenia buenas noticias para ella!
- ¡Oye! Hana-chan, ¿cómo es que vas a oficiar tu la boda?
- Soy sacerdote, puedo hacerlo.
- ¿Pero quieres hacerlo?
El adormilado sacerdote frunció el ceño desconcertado. ¿Qué tendría aquello que ver?
Tres días antes de la boda:
Ishida Uryuu parpadeo confundido por la carta que había estado esperando por él en su despacho. La invitación para lo boda de Kurosaki. ¿Qué era todo aquello? ¿Por qué habría Kurosaki de invitarlo a su boda? ¿Era una broma?
Kurosaki había tenido una guerra con su padre, no con él en realidad, su relación a lo largo de los años no había sido más que mera rivalidad adolescente. ¡Dios! Habían ido juntos al instituto. Si el instituto había sido una mierda, pero al mismo tiempo un campo de batalla interesante en el que Ishida había comprobado con absoluto disgusto que difícilmente podría acabar con Kurosaki Ichigo con sus propias manos, pero que este tenia las mismas posibilidades contra él.
Su relación no justificaba la invitación, pero realmente se trataba de algo más relacionado con la etiqueta que con otra cosa, pero Ishida sospechaba de más bien de una aparente exhibición de poder. ¡Oh, si! Invitándolo Ichigo estaba alardeando de su situación frente a él. Se casaba con la todavía heredera de los Kuchiki, ¿no?
Definitivamente no iba a perderse aquello, igual que nos se había perdido sus exhibiciones de kendo en el instituto e Ichigo no había faltado a ninguna de sus competiciones de tiro con arco. Siempre se había tratado de medir el poder del otro, ¿no?
Dos días antes de la boda:
- Me ha llegado una invitación a la boda de Ichigo y Rukia- murmuró Oka-san al tiempo que llenaba de whisky dos copas con hielo.
Yoruichi sentada en su sofá la miro con curiosidad, vestida con un kimono blanco y el rizado cabello por los hombres, incluso sin maquillaje resultaba difícil tratar de adivinar su verdadera edad.
- ¿En que piensas?
- Bueno, Rukia me ha invitado, ¿no?- murmuró pasándole uno de los vasos.
Yoruichi no tenia nada que decir al respecto.
- Va a ser una boda tan divertida… Urahara y yo hemos hecho una apuesta. Yo creo que Rukia lo golpeara en frente de todos una vez el sacerdote termine y Urahara cree que lo hará antes de empezar…
Oka-san soltó una carcajada divertida.
- ¿Puedo participar? Yo creo que lo hará ambas veces…
- Vas a ir, ¿verdad?
Oka-san miro de forma ausente la carta sobre la mesa.
- No me lo perdería por nada del mundo.
Un día antes de la boda:
Byakuya sabia que no debería ir, de echo no quería ir. Había roto sus vínculos con ella, ¿no? ¿Qué mejor forma de dejarlo claro? Pero el problema era que simplemente no podía, no asistir a la boda de Rukia. No es que no tuviese la opción es que no podía tomarla.
Si tal solo la muy … se hubiese casado con alguno de los pretendientes que eligio para ella. Si, cierto el Concilio podría haberlo anulado, pero también podrían haber mantenido a Rukia segura en el extranjero, lejos de una guerra entre clanes, protegida e intocable y si solo hubiese dado un heredero a uno de ellos. Habría estado a salvo por el resto de su vida.
Por desgracia, la mocosa, había cavado en el centro de todo el juego, de toda la guerra. Dios, ¿qué había pretendido Hisana?
Conociéndola, se temía que lo mismo que él. No era un desafío como había creído al principio, cuando lo anulo todo, ella había estado tratando de proteger a su hermana. La pregunta era, ¿de quién?
Le dolía pensar que la respuesta fuese: él.
El día de la boda:
Era Hisana quien la miraba a través del espejo. La misma cara, los mismos ojos, el mismo peinado, el mismo kimono…
Era la Hisana que más viva conservaba en su memoria, Hisana el día de su boda.
Se sentía abrumada. Era abrumador, porque no era Hisana quien se mantenía ante ella al otro lado del espejo.
Hasta ese mismo día, hasta ese instante, no había sido consciente de lo mucho que se parecía a su hermana mayor.
No pudo evitar extender la mano hacía su reflejo, rozar con sus dedos el borde de su propia mejilla, una mejilla idéntica a la de Hisana.
¡Dios! ¿Cómo podían parecerse tanto? ¿Cómo podía Byakuya no mirarla y ver a su esposa muerta cada vez que lo miraba a los ojos?
¿Cómo demonios no se había dado cuenta antes?
Tuvo que retirar la mano y la mirada horrorizada. Solo había un detalle que las hacía diferentes. Había habido resignación en la mirada de su hermana el día en el que se puso ese kimono. Resignación por la necesidad de un respaldo económico que solo Byakuya podía proporcionarle, aunque eso significarse rendirse ante él y rendir su clan en el proceso. Pero no había resignación en la mirada de Rukia, más bien inconformidad e impotencia.
Intentando retroceder volvió a chocar con su reflejo y descubrió que su mirada se había vuelto melancólica, nunca había sido más similar a su hermana.
- ¡Oh, no! ¡No te atrevas a mirarme así!- chillo al espejo, su reflejo se había convertido en Hisana, era Hisana quien la miraba desde el otro lado- ¡Es tu culpa que tenga que casarme con ese bastardo! ¡Así que no me mires así!
Y dando expresividad a sus palabras arranco las peinetas que sostenían aquel odioso y complicado peinado en alto y las arrojo contra el espejo.
Era culpa de Hisana que tuviera que casarse con el bastardo de Kurosaki, ¡toda su culpa! ¿En que demonios podría haber esta pensando? ¿Un aliado? ¡Y una mierda! ¡El tiro les había salido a todos por la culata!
La tarde anterior Yoruichi había tratado de explicarle a Rukia lo que Hisana podría estar pensando cuando firmo aquel acuerdo prematrimonial con Kurosaki Isshin. Le había explicado que Hisana comprendía que Byakuya iba a hacerse con el control de todo el clan, suplantándola a ella como heredera. Por lo que resultaba urgente que siendo ella una niña le buscase un respaldo, un aliado. Los Kurosaki habían sido la mejor opción y para asegurarse de que contase con su ayuda había firmado ese maldito contrato matrimonial.
Si Ichigo se casaba con Rukia a Ichigo más que nadie le interesaría que su esposa conservase su posición y su clan.
El problema era que Byakuya la había desheredado y que la única forma en la que recuperaría su clan seria que este muriese sin herederos, lo cual resultaba de lo más complicado porque: 1 Rukia era incapaz de matarlo y 2, Ichigo tampoco podía cargárselo o Consejo lo descuartizaría a continuación.
Lo único que Hisana había conseguido con todo aquello era atarla a un clan distinto, alejarla del clan Sakura todo lo posible y pese a todo, mantenerla a salvo.
En realidad Rukia empezaba a cuestionarse si no era aquello lo que Hisana había pretendido desde el principio. Alejarla de las luchas de poder, subyugándola a un líder.
La esposa de un líder era muchas cosas en aquel mundo, pero sobre todo era alguien intocable. No se tocaba a la mujer sentada junto al líder del clan rival porque seguramente había otra sentada a tu lado. Ojo por ojo, diente por diente, era la ley.
Y la yakuza era un juego en el que durante generaciones solo habían jugado hombres.
Solo Yoruichi y porque se había mantenido soltera, había conseguido un posición de poder. De haberse casado, ni siquiera sus hombre la hubiesen mirado ella a la hora de recibir una orden sino que habrían girado hacía su marido.
Hisana era el ejemplo perfecto. La necesidad de apoyo económico la había obligado a casarse y por ello, había tenido que renunciar a su apellido y casi a su clan. Solo en la intimidad de la mansión sus hombre se habían inclinado ante ella antes que ante Byakuya, se arriesgaban al ridículo de servir a una mujer que dependía de un hombre.
Y ahora Rukia iba pasar a ser una de esas mujeres intocables
-¡¿Qué le ha pasado a tu pelo?!- el irritante chillido de Yuzu devolvió a Rukia a la realidad.
Desconcertada se palpo el pelo solo para recordar que había arrancado las agujas y lanzado al espejo.
- Se cayeron- mintió.
Y aunque consciente de la mentira, por la forma en la que frunció el ceño, Yuzu no hizo un solo comentario, solo le indico que se sentase de nuevo para poder arreglárselas, era una peluquera más capaz incluso que la que le había hecho el peinado en primer lugar.
- Debes ser más cuidadosa, ¿qué pasara si se caen durante la ceremonia? No querrás parecer un adefesio el día de tu boda.
En realidad a Rukia le aprecia bien parecer cualquier cosa menos una novia. No se sentía agusto, quería correr desesperada a la calle, pero no creía poder conseguirlo con toda esa gente en la casa. ¡Dios no conocía ni a la mitad!
Yuzu sin embargo parecía completamente en su salsa, había despertado a toda la familia casi al alba para obligarles a prepararse. Ella sin embargo se había vestido la ultima y Rukia tenia que reconocer que estaba radiante en aquel colorido kimono de soltera con el pelo recogido. Definitivamente si había una dama en aquella casa esa era Yuzu.
- ¡Listo!- exclamó una vez hubo acabado- Estas perfecta Rukia-chan …
Una novia perfecta, ¿no?- se burlo Rukia mirando su propio reflejo.
- Sabes que realmente no quiero hacer esto, ¿verdad? Y sin embargo me empujáis a ello como si lo estuviese deseando, es cruel.- recrimino sin darse cuenta.
Yuzu la miro a los ojos a través del espejo y por primera vez la culpa brillo en ellos.
- Lo siento mucho Rukia-chan, pero es algo que Ichi-nii si quiere. Además estoy segura de que podéis ser felices juntos, créeme, no haría todo esto si no lo creyese.
De veras lo creía y la intesidad de su mirada así lo confirmaba. Rukia aparto la mirada antes de ponerse en pie.
- Estas preciosa- la alentó la muchacha- Realmente pareces una muñeca lleves el vestido que lleves.
Rukia se obligo a si misma a sonreír.
- ¿Es eso un alago?
Yuzu le dedico una enorme sonrisa.
La boda estaba apunto de empezar.
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Notas de la autora:
La, la, la, la … (Yuen tararea mirando hacía otro lado)
Vale, ¡lo sé! ¡Se que prometí que este capítulo estaría antes de lo normal, ¡pero es que no hay quien entienda a Ichigo y a Rukia y luego recordé a Kon. Así que decidí meterlo en la historia de la forma más creíble posible. No podía ser el peluche por causas obvias y convertirlo en un gato o algo así era desperdiciar por completo su personaje, así que me invente la historia con Rukia, lo cual me alargo más de lo previsto el capitulo que originalmente iba a ser el de la boda. Pero no desesperéis, tengo muy claro como va ir esta, así que no os perdáis el próximo capitulo!
BSKS! ¡Y MUCHAS GRACIAS POR VUESTROS REVIEW!
