EL DIA DE LA BODA:
Ichigo esperaba junto a la puerta de su habitación, le sentaba bien la ropa tradicional, todo vestido de oscuro lo único llamativo en su atuendo era su extraño pelo de color naranja.
- ¿Tenias que llevar el pelo teñido incluso el día de "nuestra boda"?- Rukia casi se atraganto con sus ultimas palabras.
La profunda vena en la frente de Ichigo se hincho producto de la irritación.
- ¡No me tiño el pelo! ¿Y no se supone que tú deberías llevar una de esas horribles capuchas blancas tapándote el pelo?
Rukia frunció el ceño molesta.
- Tu lo has dicho, "horrible capucha blanca tapándome el pelo". ¡Antes muerta!
- Además,- sonrió Yuzu retocando pliegues de tela a su alrededor – el peinado es precioso, no podemos ocultarlo, ¿a que no? Bueno, ¿estáis listos?
- ¡No!- respondió la pareja mandándole miradas de odio a la organizadora de su boda.
- ¡Pues os aguantáis! Mirad, he trabajado 24 horas al día las últimas 2 semanas para preparar esta boda. Como uno de los dos la estropeé, le envenenare el te, ¿entendido?
Definitivamente Yuzu era de las que mataban por veneno.
-¡¿Por qué tengo que llevar yo esta maldita sombrilla?!- se quejo Kon apareciendo de la nada con una yukata verde y una enorme sombrilla roja.
-Eres el criado de la novia, ¿no? Ese es tu trabajo.
Kon lanzo una irritada mirada a la mujer, pese a que Yuzu era completamente su tipo de mujer el hecho de que no dejase de tratarlo como a un niño y un criado al mismo tiempo repelía por completo al muchacho.
-¡No soy su criado! Soy … soy … ¡su subordinado!
-Lo que es lo mismo que criado- indicó Yuzu con calma- ¿Qué crees que estás haciendo?
Rukia se detuvo a mitad de su flexión de piernas tratando de sentarse.
-¿Sentarme?
-¿Quieres arrugar el vestido?
Definitivamente Yuzu había sacado la líder que llevaba dentro, Rukia se enderezo rápidamente. ¿Dónde se había metido la mujer comprensiva de su habitación de hacía un par de minutos?
-Bien, ya sabéis como va esto, no hay templo así que no hay largo desfile, caminaremos hasta donde están los invitados, como ninguno de vuestros padres sigue con vida solo os acompañaremos nosotras y tu hermano, Rukia-chan, por cierto, ¿dónde están?
Ichigo y Rukia se miraron, realmente no les sorprendería que estos hubiesen huido. Hasta empezaban a considerarlo comprensible.
-Siento llegar tarde-Byakuya no llegaba realmente tarde , pero aún a si se doblo ante Yuzu.
La muchacha retrocedió algo impresionada, Byakuya la aterrorizaba durante años había oído cosas terribles sobre aquel hombre sin embargo ahí estaba, inclinándose ante ella.
-No… no ocurre nada Kuchiki-san… bien… bienvenido… ¿Dónde esta Karin? –trató de huir- ¡Iré a buscarla!- y huyó definitivamente.
Byakuya completamente imperturbable giro a mirar a la pareja frente a él y algo pareció romperse en mis pedazos en su expresión. Ichigo abrió los ojos sorprendido y Rukia aparto la mirada sintiéndose infinitamente culpable, era idéntica a Hisana, ¿verdad?
-Sonríe, Rukia, Hisana quería esto, ¿no?- lo oyó reprocharle con voz dura.
Rukia se obligo a si misma a enfrentarlo.
-¡Dios sabe porque! – se oyó a si misma exclamar.
-Creo que todos sabes perfectamente el porqué- gruñó Ichigo nada dispuesto a oír sentimentalismos fraternales, luego inclino un poco la cabeza hacía Byakuya- Gracias por venir.
-No he venido por ti.- gruño Byakuya.
Rukia y Kon estuvieron casi seguros de que si las miradas matasen ambos habrían caídos fulminados en ese momento. ¡Dios! El odio podría cortarse con un cuchillo en aquel momento.
-Me duele el estomago- gimió Kon aplastado por la atmosfera que desprendían aquellos dos.
-Este es sin duda el peor día de mi vida.- gruño Rukia.
Ambos hombres giraron a mirarla.
-No puedes hablar en serio- gruño Ichigo, no creía que casarse con él fuese tan malo.
-¿El peor? Puedo entenderlo.
-¡Oh! Por favor, seguro que cambia de idea en cuanto consiga que se habrá de piernas.
Rukia retrocedió espantada, pero Bykuya avanzó furioso hacía él.
-¡Ya estamos aquí!- exclamó Yuzu arrastrando tras ella a una molesta Karin ataviada con un kimono rosa y flores en el pelo, estaba preciosa pero realmente no parecía demasiado agusto con su aspecto debido a la forma en la que lanzaba miradas furiosas a su hermana pequeña.
Byakuya giró a mirarlas y pareció tranquilizarse, no iba a montar una escena porque Ichigo hubiese dicho una grosería, ya encontraría otro motivo para romperle la cara antes de irse de allí. Rukia por su parte se sintió considerablemente más tranquila por la presencia de las muchachas, hacían menos probable que Byakuya e Ichigo se liaran a golpes, aunque bien mirado era algo que sin duda sería divertido de ver.
Ichigo a la derecha, Rukia la izquierda, protegidos por la sombrilla de Kon tras ellos iniciaron el pequeño recorrido hacía los invitados a la ceremonia. Detrás de Rukia, Byakuya hacía las veces de único familiar y tras Ichigo sus dos hermana.
El recibimiento con los invitados fue corto, tras las reverencias de rigor y agradecimiento Orihime se acerco a ellos con un cuenco con agua. Rukia frunció el ceño al verla, pese a que tanto ella como el resto de las criadas se habían cambiado sus sosos y oscuros kimonos por unos más elegantes, no dejaba de vestir como una criada y no como la invitada en la que Rukia había querido convertirla, sin embargo se había recogido el pelo y sonreía hacía ellos, sin embargo el cuenco en sus manos temblaba de forma peligrosa.
Los novios se lavaron las manos en él y a continuación los invitados entraron en orden al salón de tatami en el que se celebraría la ceremonia, frente al antiguo altar de los dioses de la casa, el tokonoma.
A continuación entraron los familiares de los novios e Ichigo y Rukia se quedaron solos por un instante en la entrada a la habitación.
Rukia alzo la mirada hacía él desafiante y él se la devolvió irritado.
-Si quieres decirme algo creo que este es definitivamente el momento.- índico Ichigo.
Rukia asintió y luego sin previo aviso, lo abofeteo.
El golpe giro la cara de Ichigo hacía un lado y dejo un marca roja que perduraría por el resto del día. Maldijo irritado pero lo dejo pasar.
-¿Mejor?
- No te lo puedes ni imaginar- suspiró Rukia y realmente parecía menos tensa que hasta hacía un momento.
Y sin decir ni una sola palabra ambos entraron en la habitación para tomar sus respectivos lugares frente al adormilado monje shinoista.
Entre los invitados Urahara soltó una pequeña carcajada de triunfo y extendió una mano hacía Yoruichi que gruño algo al tiempo que trataba de encontrar algo en su bolso.
La ceremonia comenzó, los invitados se pusieron en pie y el monje comenzó su bendición por la pareja leyendo un fragmento de las escrituras sagradas, quince minutos después, Rukia cabeceaba, Ichigo lanzaba irritadas miradas al monje y la mitad de los asistentes permanecían más dormidos que despiertos. Las escrituras no solo eran repetitivas y monótonas sino que acompañando eso al tono lento y monótono del monje, era insoportable. De echo cuando Hanatarou termino y giro hacía el altar para realizar una reverencia los asistentes tuvieron que ser empujados por los que seguían despiertos para que reaccionasen y lo imitasen. Más o menos los mismo que Ichigo, que tuvo que codear a su novia para que esta se despertase, después de un agudo chillido de sorpresa y una rápida reverencia llena de alivio la cosa pareció volver a la normalidad.
El sacerdote procedió kensen, una ofrenda para los dioses, ofreció al altar una ofrenda y a continuación procedió a una nueva oración que volvió a dormir a la multitud. Estos solo se despertaron nuevamente cuando oyeron como el licor se vertía en tres tazas de diferentes tamaños frente a los novios, los novios bebieron de ellas tres veces en un brindis tradicional llamada sansankudo, que poseía un significado de totalidad. No es que Rukia no estuviese tentada de escupirle a Ichigo alguno de sus sorbos, pero realmente en aquel momento necesitaba sake, realmente lo necesitaba.
Luego vino en silencio, largo profundo en el que nadie dijo una sola palabra.
Las uñas de Yuzu se escucharon con claridad arrastrándose por el tatami y los novios la miraron sorprendidos, ¿qué habían echo?
- Los votos…- siseo ella amenazante.
Y ambos parpadearon, los votos. Los votos era lo único que Yuzu les había pedido que hicieran por si mismos, pero desde que ninguno estaba por la labor de la boda ni siquiera se habían molestado y ahora los invitados los miraban confundidos y Yuzu chirriaba los dientes.
Rukia no tenia intención de decir ningún voto e Ichigo lo consideraba la mayor gilipollez de la ceremonia.
- ¿Podemos pasar al siguiente punto, por favor?- pregunto una irritada Rukia al sacerdote.
- Claro, los anillos.
Los anillos se intercambiaron rápidamente y con brusquedad, Ichigo lo encajo con todas sus fuerzas y apretó la mano de Rukia como si estuviese esposándola a él de por vida, ella furiosa le clavo las uñas cuando le puso su anillo, realmente ambos habrían preferiros el rosario tradicional.
A continuación Hanatarau realizo una bendición hacía la pareja, una limpieza espiritual respecto a la cual Rukia se pregunto si serviría de algo, luego ofreció el cetro al altar de nuevo como un ofrenda a los dioses.
Y fue el turno de brindar de los familiares de los novios. Byakuya y Karin sorbieron como se debía el sake, Yuzu lo engullo completamente furiosa por el fiasco de los votos, ella que había esperando una emotiva escena de recién casados, ¿en qué demonios había estado pensando?
Posteriormente se retiraron las ofrendas del altar y los invitados y novios hicieron una a inclinación al altar juntando las manos nuevamente.
Ya estaban casados.
La idea se clavo de tal manera en la cabeza de Rukia que su siguiente movimiento fue completamente involuntario, giro completamente hacía Ichigo y le encajo un nuevo puñetazo en toda la nariz.
Por suerte los invitados estaban saliendo y del golpe solo se percataron Yuzu , Byakuya, Hanatarau y una mujer morena vestida de negro que soltó una profunda carcajada al comprender que había ganado una apuesta.
A Ichigo se le paso pronto el cabreo por el puñetazo porque lo reemplazo por otro, el de las fotos. Yuzu había contratado a un fotógrafo y quería hacerle fotos con todo el mundo. ¡Dios hasta le obligo ha hacerse una con Ishida! ¿Quién demonios había invitado a Ishida? ¿Y por que al muy gilipollas no se le quitaba la sonrisa de idiota de la cara?
Por supuesto también había sido el momento en el que todo el mundo había tratado de felicitarlo y el tono burlón de estos no había ayudado demasiado a su buen humor. Hirako, ridículamente vestido con un traje azul con bordados y pajarita incluida había hecho un estúpido comentario sobre su nariz, Hiyori que alguien había embutido en un vestido de fiesta beis, probablemente Yuzu había dado su pésame con voz demasiado alta a Rukia; Byakuya casi le había rotó la mano cuando sorpresivamente se la estrecho o Renji que para nada delicado le había encajado un puñetazo en el estomago con todo el disimulo del que era capaz. ¡En fin! Tenia la sensación de estar allí para ser humillado y golpeado y sinceramente no podría estar de peor humor, sino fuera porque Rukia estaba allí sufriendo lo mismo, lo habría considerado un infierno, pero la idea de saber que ahora era completamente suya ayudaba un poco a soportar el puñetazo de Renji sin querer buscar su pistola, bastaba con soltar un: "Va a pasar la noche conmigo" en su oído como toda venganza.
¡Oh, si! Una de las mejores cosas de haberse quedado con Rukia, además de todo ese rollo del poder y la posición, era que podía restregárselo a Renji por las narices. Siempre había formas de divertirse en el infierno.
Rukia no estaba de mucho mejor humor que su ahora, marido, si la ceremonia había derrumbado su estabilidad emocional y había acabado lanzándole un puñetazo a Ichigo, el haber firmado a continuación los papeles del ayuntamiento no había ayudado a su integridad mental.
¡Dios! Lo había hecho por ella misma, ¿verdad? Había bebido sin que nadie la sujetase por la fuerza, nadie la había estado presionando con un arma para que firmase los malditos papales, ¡¿qué demonios le había pasado?! ¡Había cedido! ¡Había consentido!
¡Maldita fuese llevaba consintiendo desde el primer jodido día! ¿Dónde estaban sus garras? ¿Dónde sus dientes? ¿Dónde su voluntad? Se había dejado arrastrar hasta aquello mientras se decía a ella misma una y otra vez que no tenia opción, que nada de lo que hiciese podría evitarlo. Y así era como se había convertido en Kurosaki Rukia.
¡Dios! Sentía tantas nauseas en aquel momento… Se sentía débil ausente y cada vez que realizaba una reverencia a la persona que trataba de felicitarla temía que no pudiese volver a incorporarse. Una parte de ella había querido desde el principio todo aquello, convertirse en lo que hora era. La esposa de un líder, independiente de su hermano, sujetando con toda su fuerza su propio clan. Había querido la independencia que solo un matrimonio como aquel podía otorgarle. Ichigo creía estar jugando con ella, pero era ella la que jugaba con él. Ser su esposa, ¿no la volvía una intocable? ¿No seguía manteniendo a su facción lejos de las garras de Ichigo? ¿A caso su clan iba a rechazarla por aquel matrimonio? ¡Por supuesto que no! Por eso se había asegurado de dejar todo momentáneamente en manos de Yachiru y de Hanatarou. Su apellido ahora era Kurosaki, pero de alguna manera se volvía más fuerte que cuando era Kuchiki. Ichigo solo era una molestia secundaria que no detenía la vida que había llevado hasta el momento, seguía en Tokio, en el centro de sus negocios, algo que los matrimonios que Byakuya había planeado para ella no le ofrecían. Pero entonces, ¿por qué se sentía tan mal? ¿tan débil?
Ishida casi estaba disfrutando de la situación. La demostración de poder de Ichigo estaba siendo de lo más entretenida y ya no solo por el carácter irascible de la novia, sino por las propias expresiones de Ichigo. Estaba a punto de creer, que el muy maldito sufría por atar por completo su vida a una sola mujer cuando esta única se había girado al final de la ceremonia y le había roto la nariz. No es que lo hubiese visto en persona pero había visto la nariz rota de Kurosaki y los nudillos desgarrados de Rukia, definitivamente aquella pequeña mujer poseía una fuerza impresionante.
-¿Vas a quedarte al banquete?- lo interrumpió la dura voz de alguien al que por desgracia conocía muy bien.
-Hola Abarai, cuanto tiempo…-saludo de forma monótona.
Renji se encogió de hombros apoyándose contra la pared junto a él.
-He oído que por fin has suplantado a tu padre…
-Si, algo así, una mala broma del Concilio supongo.
-¿Por qué has venido?- le pregunto con voz dura.
Ishida se encogió de hombros.
-Nunca me he perdido una exhibición de fuerza por parte de Kurosaki, siempre son ostentosas, desmesuradas y absurdas. Me entretienen. Y si he de ser sincero sentía curiosidad por conocer a la pequeña mujer de Kurosaki, es tal y como la describías en el instituto, ¿verdad? Indomablemente inaguantable.
Renji dejo escapar una dura carcajada cargada de sarcasmo.
-¿Crees que Ichigo la domara? – preguntó el pelirrojo burlón.
-Creo que ya ha empezado a hacerlo…
Renji se tenso más de lo normal, pero Ishida prefirió no decir nada al respecto, siempre había creído que Renji era un idiota por enamorarse de la hermana de su jefe. Había sido siempre tan obvio que a veces se preguntaba porque Byakuya no se había deshecho de él.
-Voy a quedarme al banquete, además de la mujer de Ichigo hay algo más por lo que siento curiosidad en esta casa, pero si fuese tu me iría antes de montar una verdadera escena.- y con aquella única sugerencia Ishida se fue.
Renji suspiro con cansancio. Uryuu era el mismo gilipollas estirado que también recordaba del instituto. Pero realmente estaba demasiado ofuscado por la situación como para recordar el porque el líder de los Quincy le caía tan mal.
Rukia acababa de casarse con Ichigo, en toda su vida había imaginado una absurdo como ese y de alguna manera hacía que le doliese el pecho. ¡Joder! Debía ser el ser más patético de aquella boda, se sentía absolutamente miserable.
Rukia nunca había sido suya, nunca. Ni una sola vez, ni una le había dedicado siquiera una mirada insinuante, realmente ni quiera estaba seguro de haberla abrazado alguna vez. Estaba completamente seguro de que ella siempre había sido lo que era, su intocable responsabilidad, esa persona completamente inalcanzable que lo veía como una especie de mejor amigo y hermano mayor y la chicas no se sienten atraídas hacía esa clase de personas, ¿verdad?
Y pese a todo, pese a saber que no tenia ningún derecho sobre ella se sentía jodidamente infeliz.
"Va a pasar la noche conmigo"
"¿Crees que Ichigo la domara?"
"Creo que ya ha empezado a hacerlo…"
Si solo esas tres frases no se repitiesen contantemente en su cabeza hasta casi volverla loco todo podría ser más fácil, pero no podía evitarlo. Sabia que había perdido a Rukia para siempre…
Tal vez Ishida tenía razón y él debería irse de allí antes de que hiciese algo de lo que pudiese arrepentirse toda la vida.
-Que visión más lamentable…-se burló una voz casi en su oído, no había oído a nadie acercarse.
-¡Makoto!-exclamó sorprendido.
La mujer frente a él frunció los labios pintados de rojo con absoluta molestia.
-Te dije que era Tatsuki, ¿recuerdas?
Desgraciadamente Renji no podía olvidarlo. Igual que no podía olvidar con facilidad el peso de aquella mujer en sus brazos, el arma oculta en su muslo, su sonrisa tramposa cuando ofrecía un trato que solo estaba poniendo en peligro su vida.
-¿Cómo coño conseguiste que te ayudase? ¡Eras una jodida espía y te deje ir con completa impunidad!- no recordaba cuando tiempo llevaba haciéndose esa pregunta a si mismo.
Tatsuki soltó una suave carcajada al tiempo que se pasaba una mano por el pelo alborotando sus cortos mechones. Llevaba un vestido rojo de estilo chino y los labios coloreados de rojo y Renji no tenia palabras para describir lo sensual que esa mujer simplemente era.
-Bueno, necesitabas mi ayuda, ¿no? Dejémoslo en que ambos nos necesitábamos el uno al otro.
Renji sacudió la cabeza irritado, realmente no tenia ningunas ganas de discutir con aquella mujer, si era sincero lo único que en aquel momento le apetecía era emborracharse.
-¿Qué es lo que quieres?- le pregunto tratando de deshacerse ella lo más rápido posible.
Tatsuki le lanzo una sonrisa torcida.
-¿La verdad? Me gustaría presentarte a alguien. Creo que ambos tenéis mucho en común.
-¿Qué estás haciendo tú aquí?- preguntó Urahara con tono seco.
La mujer a la que dirigió la pregunta se volvió hacía él sacudiendo sus oscuros rizos en el proceso y bombardeándole con una sonrisa conspiradora.
-¡Cuánto tiempo Kisuke-san!- exclamó ella con una voz extremadamente chillona e insoportable, muy acorde con su estridente vestido de color negro.
Definitivamente no era la clase de mujer que trata de pasar desapercibida, exuberante, con curvas generosas, pelo llamativo y con un vestido de color negro que difícilmente dejaba nada a la imaginación. Urahara podría haber considerado todo aquello divertido en otra ocasión, no en aquella y mucho menos tratándose de aquella mujer.
-¡Hace años que no te pasa por la Muñeca de porcelana! ¡No te habrás aburrido de nosotras, ¿verdad?!¡Ya sabes lo susceptibles que somos las mujeres!
Urahara no pudo evitar una melancólica sonrisa pese a su contrariedad.
-¡Oh!¡Jamás podría aburrirme de ese lugar!- exclamó soñador.
-¿Y por qué nos evitas?- pregunto ella agitando con fingida inocencia sus pestañas postizas en un rostro demasiado maquillado.
-Por ti, Oka-san. Exclusivamente por ti.
La sonrisa que ilumino el rostro de la mujer fue definitivamente burlona.
-Eso me ha dolido, Kisuke- susurró con su verdadera voz, un tono completamente distinto al que había estado usando hasta ese instante.
-Este no es tu sitio- le recordó Urahara con suavidad- Por mucho que me puedan divertir tus juegos, no creo que tu presencia pueda ser bien recibida en esta casa…
-¡Urahara-san!- los interrumpió Karin en ese mismo instante.
Ambos se volvieron sobresaltados hacía ella. Ataviada con un kimono y flores en el pelo incluso sin maquillaje nunca había parecido tan femenina como en aquel momento, Yuzu había hecho un buen trabajo.
-Preciosa…-susurró Oka-san.
-¿Perdón?- se extrañó Karin volviéndose hacía ella.
La mujer pareció recuperarse bruscamente de un extraño trance antes de sonreírle con lentitud.
-¡Esta preciosa!- chilló con la voz aguda e irritante del personaje- Creo que es la hermna del novio, ¿verdad? ¿Qué le ha pasado en la nariz a su hermano?
Karin frunció claramente el ceño antes de simplemente ignorarla y volverse hacía Urahara.
-Ichigo te esta buscando, algo acerca de un trabajo no terminado a tiempo- se explicó- Así que cuando dejes de filtrear tal vez debas hablar con él.
-¡Oh! No esperara que trabaje el día de su boda, ¿verdad? ¡Que vergüenza! Dile que acudiré en cuanto pueda.
Karin sabia que aquella era la forma en la que Urahara se desentendía por completo del asunto pero realmente a ella le daba igual, así que asintió y se largo sin dedicar una segunda mirada a ninguno de los dos.
Una vez que se aseguro de que la muchacha estaba lo suficientemente lejos Urahara borro su sonrisa y giro a mirar a la mujer.
-¿A qué crees que juegas?- le pregunto más serio de lo que había estado en todo el día.
Oka-san hizo un gesto con la mano quitándole importancia.
-No juego a nada. Soy una invitada de la novia, Karin-chan estaba preciosa y creo que sabes que he ganado una apuesta entre tu y Yoruichi, ¡Rukia le golpeo dos veces!
-¿Una invitada de la novia? ¿A quién tratas de engañar? ¿Y a quien le has robado la personalidad?
-A una de mis chicas, desde luego. Tiene la personalidad perfecta para que ninguno de los Kurosaki me lance una segunda mirada. No soportan a las mujeres como Misae.
Urahara tenia que admitir que era cierto. Chillona e irritante todos ellos desviarían la mirada asqueados de la misma manera en la que lo había hecho Karin hacía solo unos instantes.
-¿Y esa Misae es amiga de Rukia?- pregunto poco convencido.
-¡Oh, no! Rukia no la soporta. No la ha invitado a ella, me ha invitado a mi.- sonrió con malicia.
Urahara suspiro temiéndose de donde podría provenir aquella relación.
-Hisana.
-Hisana- asintió Oka-san con tranquilidad.- Pero no te agobies, ella solo cree haber invitado a una amiga al peor día de su vida. Creo que odia a Ichigo.
Aquel comentario derrumbo todas las defensas de Urahara, quien no pudo sino sonreír con diversión.
-¡Son de los más divertidos!-exclamó olvidando por el camino el porque estaba furioso con aquella mujer- Se pasan todo el día peleando, pero lo mejor es que se sienten atraídos sexualmente el uno por el otro lo cual crea situaciones de lo más hilarantes… ¡Oh! ¿Quieres ver las imágenes del día en que Rukia supo que tenía que casarse con él?
-¡Ya lo vi! Yoruichi me paso el video.
La enorme sonrisa aguanto en la cara de ambos unos segundos hasta que tan pronto como había aparecido esta desapareció.
-¿Crees que conseguirán ser felices?- pregunto la mujer desviando la mirada hacía la multitud que rodeaba a los novios en la lejanía del patio.
-Estoy casi seguro de que al menos conseguirán llegar a un acuerdo. A ninguno le es indiferente el otro.- aventuro Urahara.
-No estoy de acuerdo no son compatibles, chocaran constantemente hasta que uno de los dos no pueda más..
La mano de Kisuke en su hombro la interrumpió.
-La historia no va a volver a repetirse, Masaki.
Todo ella se tenso ante aquellas palabras.
-¿Por qué no dices un poco más fuerte mi nombre? Creo que mis hijos todavía no te han oído. Y no estoy tan segura de ello como tu-confesó ella con fuerza.- Ichigo no cederá terreno y Rukia no agachara la cabeza obediente. No está en la naturaleza de ninguno de los dos compartir.
Urahara la soltó con una sonrisa.
-Por eso es una suerte que no puedan matarse al uno al otro, ¿no crees? Es lo que hace esta historia no solo posible, sino también divertida.
La mujer desvió la mirada molesta.
-En ese caso tal vez debamos rezar para que no se enamoren el uno del otro.
Urahara no tenía nada que decir al respecto, opinaba exactamente lo mismo. Amor era sinónimo de debilidad.
Era la hora de entrar al banquete de la boda y Rukia permanecía sola frente a la puerta, dudando si entrar allí y afrontar lo que había hecho o simplemente huir. Todo el mundo estaba ahí dentro, escapar sería realmente sencillo, pero no podía hacerlo. No era una cobarde que huye al darse cuenta de que no había podido superar una dificultad. Se había casado con Kurosaki, pues bien afrontaría su error con la cabeza malditamente alta. Era muy malditamente capaz de valerse por si misma. Ya no había más dudas, ya no más miedos ni indecisiones. Había elegido aquello porque la hacía poderosa y era el momento de ostentar su poder. Sin embargo no podía moverse, no podía abrir aquella puerta.
Según la tradición debía de entrar a aquella sala acompañada de su madre y salir de ella acompañada de la madre de su marido. Ella solo había conocido a una madre en su vida, y esa era Hisana. Parecía que durante aquel día la sombra de su hermana se negaba a desaparecer.
-¿Necesitas ayuda?
Yoruichi estaba allí dedicándole una tranquila sonrisa muy diferente a sus sonrisas habituales cargadas de malicia.
-¿Qué pasaría si te dijese que extraño a Hisana?
-Te diría que te mirases en un espejo, pero creo que el problema es que ya lo has hecho.
Rukia desvió la mirada incomoda.
-Me he casado con Ichigo por mi propia voluntad, ¿verdad?
-No creo que a una imposición del tipo que enfrentabas pueda llamársele voluntad propia, ¿tu?
-Me siento débil.
-Oka-san me ha contado lo del puñetazo, créeme, no eres débil.
Rukia le dedico una suave sonrisa.
-Este matrimonio también me hace fuerte a mi, lo sabes, ¿no?
La sonrisa maliciosa de Yoruichi volvió.
-En realidad, lo sabemos todos menos Ichigo.
A continuación Yoruichi extendió una mano hacía ella.
-Te acompañare, se lo prometí a Hisana.
Rukia asintió y ambas entraron juntas al salón del banquete.
Kon no se sentía a gusto, su Nee-chan se había casado.
¡Rukia se había casado con Ichigo!
Así, sin más, había llegado y había permanecido tranquila y quieta durante toda la ceremonia. ¡Había sido tan descorazonador!
¡Y estaba tan sexy vestida de novia! ¡Ichigo era un jodido bastardo con mucha suerte!
¡Su pobre One-san! ¡En las sucias manos de ese bastardo de Ichigo!
Ni si quiera estar sentado en la mesa de la descocada secretaria de Ichigo era compensación suficiente. ¿Qué probabilidades había de que ella lo abrazase si fingía echarse a llorar? De momento solo había conseguido un capón de aquella diosa.
¡Era la mujer más caliente que había visto nunca! Con aquellos pechos enormes que parecían estar constantemente a punto de salirse del vestido, ¿Qué haría si eso ocurriese? ¡No sabia que había echo con su cámara de fotos! ¿Fotos? ¡No! ¡Mejor un video! ¡Necesitaba una cámara de video apuntando constantemente a los pechos de aquella mujer! Sin duda eso sería lo único que podría alegrarle el día, aunque probablemente le alegrase el resto de su vida.
Pero el mayor problema era que él estaba allí. Nunca lo había visto, no lo conocía y One-san había insistido muchas veces que él no sabía nada de su existencia que ella se había ocupado de ello a los 15 años. Pero entonces, ¿por qué no dejaba de mirarlo? ¿Por qué lo miraba como si fuese un ratón de laboratorio? ¡Era una persona! ¡Era un ser humano! ¡Quería que dejara de mirarlo así!
Solo por eso corrió hacía Ruklia cuando vio a esta entrar con Yoruichi a la sala.
-No deja de mirarme y no me gusta que te hayas casado con Ichigo.
Ambas mujeres miraron al adolescente confundidas.
-¿De qué estás hablando Kon?- se irrito Rukia.
-¡Ishida, no deja de mirarme! ¡E Ichigo no te merece!
Rukia frunció el ceño y pidió a Yoruichi que le dejase esto a ella. Yoruichi se encogió de hombros y se dirigió con tranquilidad a su propia mesa.
-Ishida no te está mirando a ti, Kon- susurró Rukia con suavidad- En realidad está mirando a la mujer que se sienta a tu lado.
Kon dudo pero al girarse y mirar al líder comprobó que era cierto, el tipo seguía mirando hacía su mesa pese que él ya no estaba allí. Sinceramente no le extrañaba Matsumoto era la mujer más caliente de todo la sala. Recordó la cámara de video.
-Oye, One-san, ¿no tendrás una cámara de video?
El codazo no tardo en llegar.
-¡Siéntate en tu sitio y pórtate bien!- le gritó.
Kon obedeció en silencio, sentarse al lado de semejantes pechos no era nada desagradable para él.
Rukia frunció el ceño mientras lanzaba una furiosa mirada a Ishida. Le había mentido a Kon, ese bastardo si había estado mirándolo a él, pero si pretendía hacer algo primero tendría que pasar por encima de su cadáver.
La siguiente cosa que supo fue que había alguien adherido a su brazo derecho al volverse encontró un mundo de rosa abrazada a ella.
-¡Yachiru!¿Qué haces?
-¡Extrañaba a Kia-chan! ¡El trabajo me aburre!
Rukia se la sacudió con firmeza y le lanzo una sonrisa traviesa.
-¿Qué pasa si te digo que tengo una misión para ti?
- Mientras no sean papeles…
La comida fue relativamente tranquila, si obviamos claro está, los disparos que se oyeron fuera, que parte de la tarta de bodas acabara en el suelo después de que una despistada novia la empujase al pasar y pisara sin querer las figuritas de los novios hasta convertirlas en polvo o que Kon acabase estampado dos veces contra el suelo después de tratar de tocar a una de sus compañeras de mesa.
Los invitados se esparcieron pronto pero antes Rukia se marcho. No paso en realidad del segundo plato que necesitaba vomitar y cambiarse de ropa. Así que intentaba huir cuando alguien la sujeto del brazo.
La reconoció al instante, Misae. Una de las mujeres que trabajaban en la Muñeca de porcelana, en otras palabras Oka-san. Le sonrío ampliamente. No la había visto en toda la mañana y agradecía sentirla cerca, siempre le había gustado aquella mujer.
-Oka-san- susurro-¿Por qué vas así disfrazada?
La mujer le guiño un ojo divertida.
-Me apetecía cambiar y dejar de ser una anciana. ¿Qué tal me veo?
-Exactamente igual que Misae. Es decir, fatal. Yo en tu lugar volvería a las pelucas blancas y al maquillaje claro.
Oka-san sujeto con fuerza su brazo y la guio a través de la salida.
-¡Tengo un regalo para ti!
Oka-san sabia exactamente donde estaba su habitación, lo cual en opinión de Rukia fue simplemente escalofriante. La encontró sin titubear en el mar de edificios de la mansión e incluso abrió con asombrosa facilidad una puerta corrediza que Rukia todavía se le resistía. Sin embargo Rukia creyó comprenderlo cuando vio la caja que la esperaba en mitad de la habitación, el regalo de Oka-san, ella ya había estado allí antes.
Con envidiable soltura, la mujer atravesó la habitación hacía la caja y la arrastro hacía Rukia.
Rukia se agacho junto a ella y la destapo con desconfianza, era un adorno para el pelo de color blanco en forma de mariposa.
-¿Por qué este regalo?- preguntó, realmente Rukia había estado esperando un regalo pervertido proveniente de aquella mujer.
Oka-san rio con suavidad, al principio había pensado en regalarle algo verdaderamente pervertido, un conjunto de ropa interior o algo similar, pero tratándose de quien era lo había considerado algo muy frívolo.
-Quería regalarte algo personal.
-Estas siendo absurda.
-Hoy me siento algo absurda, ven, te ayudare con el pelo. Ese peinado no pude ser más incomodo…
Masaki lo deshizo con asombrosa facilidad y lo volvió a recoger en un lateral utilizando el adorno que acababa de comprar.
-Preciosa.
Rukia se sobresalto, por un instante había sido igual que cuando Yuzu había arreglado su peinado aquella mañana.
-¿Y ahora que?
-Ahora querida, es tu noche de bodas.
Y Rukia lo recordó. ¡Oh! ¡Dios mío! ¡¿cómo podía haber olvidado algo como eso?! El matrimonio no sería válido hasta que no fuese consumado aquella noche. Hubiese huido si Masaki no la hubiese sujetado con fuerza en ese instante.
-Vale. Creo que es mi deber como amiga tuya que soy prepararte mentalmente para esta noche.
-¿De qué demonios me estás hablando?- la interrumpió Rukia furiosa.
-Es tu primera vez, ¿no? Urahara me ha contado que Ichigo lleva un tiempo intentándolo pero que no le has dejado. Mira, Rukia-chan, no tienes porque tener miedo, el sexo es…
-¡Yo no tengo miedo!- la volvió a interrumpir pero en aquel instante su cara se había teñido de un gracioso color rojo.- ¡Simplemente no quiero hacerlo con él!
-¿Y por qué no? Es tu marido y estoy segura de que es muy bueno en el sexo, mis chicas me lo han confirmado…
-¡No necesito oír eso!
-¡Por supuesto que si! Es solo sexo, Rukia, no conlleva ningún tipo de sentimiento. Acostarte con él no significa que te estés rindiendo a nada. Él no te controlara de ninguna manera por ello, de echo es la única manera en la que probablemente tu puedas hacer que él se rinda a ti. No lo dudes. Solo compruébalo por ti misma.
Y sin una sola palabra más, la mujer se marcho dejándola a ella allí sola. Rukia quiso golpearse la cabeza contra algo, aquella mujer tenía la desagradable capacidad de leer en ella como un libro abierto. Pero ni todas las razones del mundo iban a darle la escusa de ceder ante Ichigo… ¿verdad?
-Se han casado- murmuró el hombre con cierta incredibilidad.
Parte de él había estado esperando que Rukia hiciese una completa locura, hubiese sido tan típico en aquella niña loca.
-Si, se ha casado- confirmo Aizen con tranquilidad.
Si no lo hubiese conocido mejor habría pensado que hasta sonaba complacido, pero claro era a él a quien le interesaba que aquel matrimonio se consumase, ¡por supuesto que estaba complacido! Desde el principio Rukia había sido un peón para él un peón que a cavaba de convertirse en una reina. La pregunta en realidad era, en que bando jugaba.
-Sonríe Aroneiro, estas a un paso de tu venganza.- le insto Aizen con malicia.
Kaien aparto la mirada asqueado. Todo su odio por los Kurosaki no hacía más que balancearse en la duda ahora que Rukia era parte de ellos. Pero él había enseñado a esa mocosa todo lo que sabía, le había enseñado a ser fuerte a no mostrar dolor o dudas y creía haberlo hecho lo suficientemente bien como para que ella todavía supiese a que bando debía lealtad.
Yachiru frunció el ceño ante su nueva misión. Había tenido que dejar la fiesta y ni siquiera había podido dar una escusa a Ken-chan, pero claro Ken-chan también había desparecido de la fiesta y ella no había podido dar ninguna clase de explicación a nadie…
-¿Por qué nunca sonríes?
Kurotsuchi Nemu giro a mirarla confusa, había acompañado a Ishida a la boda pero había sido de las primeras en irse junto con su jefe.
-Tu eres la hija de Kempachi Zaraki- no fue una pregunta.
-Algo así – se encogió Yachiru de hombros-Oye, la fiesta era un absoluto aburrimiento, ¿te apetece ir a tomar algo y a ligar con chicos? A Ken-chan no le guste que vaya a por chicos, pero…
-Vale- cedió Nemu con asombrosa facilidad.
Yachiru dejo escapar un pequeño chillido, la misión no parecía tan aburrida como había creído en un principio.
Ichigo no estaba de buen humor cuando entro en la habitación de la que ahora era su mujer, había sido un día infernalmente largo, más de lo normal, pero en el momento en el que la vio simplemente olvido el mal humor.
Rukia estaba sentada junto a su tocador intentando desabrochar el nudo del obi de su kimono sin demasiados resultados y una idea se clavo en la mente de Ichigo con una fuerza abrasadora. "Mía" Ella era suya.
Y no se trataba de que el Concilio se la hubiese dado, se trataba de que acababa de convertirla en su mujer, era su esposa, de su propiedad. Y como siempre, la idea le provocó una erección casi instantánea.
Nunca había tenido una mujer que fuera solo suya. Había tenido un montón de mujeres antes en los brazos, en su cama, pero todas ellas habían sido compartidas con alguien más, mujeres casadas con otros amantes, siempre sexo ocasional, nunca ninguna virgen. Rukia era la primera y estaba casi completamente seguro de ello. La forma en la que cedía a sus besos en la que se estremecía bajo sus caricias antes de quitárselo de encima, todo ello le hablaba de su poca experiencia, sentía aquellas cosas por primera vez con él. Ella era virgen y era suya. Era la única mujer que no estaba dispuesto a compartir con nadie.
La urgencia casi hizo que volviese a atacarla por sorpresa, pero aquello todavía no le había dado resultado, asi que decidió cambiar de estrategia.
-Puedo ayudarte- le ofreció con toda la caballerosidad de la que era capaz.
Rukia frunció el ceño con un insulto en la punta de la lengua, pero Ichigo no le dio tiempo, deshizo el complicado lazo de un solo tirón. La mujer parpadeo impresionada y luego señalo el obi que había caído.
-Ayúdame a recoger el kimono. Es importante.
Ichigo no se movió, difícilmente podría haberlo echo, ella se estaba desnudando delante de él, capa tras capa, lazo, tras lazo lo fue deshaciendo frente a sus ojos, hasta que solo quedo con la blanca y delgada enagua y la camisa interior. Ella alzo los ojos molesta indicándole que si no iba ayudarla que se largase, pero Ichigo no inmuto. Y Rukia procedió a colocar las capas de kimonos en el maniquí junto a la pared para protegerlas de cualquier peligro.
Se sentía segura solo con aquellos dos delgada prendas de ropa interior. De echo cubrían mucho más de algunos de los vestidos que le había visto usar pero no parecía darse cuanta de que la tela era tan fina que podía ver el contorno de sus pezones a través de la tela. Ella era tan jodidamente inesperta, tan inocente, que apenas pudo hacer nada más para controlarse a si mismo. La abrazo mientras ella le daba la espalda.
Rukia chillo sorprendida por un nuevo avance que realmente no había esperado. Ichigo era un jodido pervertido. ¿Por qué actuaba siempre así?
Sin embargo no la estaba tocando de forma obscena como otras veces, solo la estaba abrazando con fuerza contra él, como quien mete un dedo al agua para comprobar su temperatura. La falta de iniciativa de Ichigo congelo por completo a la mujer que no supo como reaccionar a aquello.
-¿Cuántos?- pregunto a su oído.
-¿Cuántos que?- se desconcertó Rukia.
-Hombres, ¿Cuántos antes que yo?
Rukia se tenso furiosa en su abrazo.
-¡y a ti que te importa! ¡Además ni siquiera ha habido un tu!
Y él la beso. La sujeto con fuerza de la barbilla y arrastro su cabeza hacía él obligándola a girar todo su cuerpo en sus brazos.
Y una vez más su beso le dio la seguridad de ser el primero. Aquellos labios habían besado a muy pocos hombre más y le gustaba, porque a Ichigo no le gustaba compartir.
Como siempre las ideas coherentes huyeron de la cabeza de Rukia. Y esta vez la razón tardo un poco más de lo habitual en llegar.
"¡No puedo dejar que me controle!"- chilló la voz de siempre en la cabeza de Rukia tratando de luchar contra Ichigo.
"Es solo sexo", resonó la voz de Oka-san en su cabeza "no conlleva ningún tipo de sentimiento. Acostarte con él no significa que te estés rindiendo a nada"
Pero justo ahí, en ese instante si se estaba rindiendo a algo, se estaba rindiendo a si misma, a las manos que resbalaban a través de la tela de su camisa y remangaban la enagua en busca de aquellas zonas de su cuerpo que ella había desatendido durante años. Y se sentía realmente bien.
"Es solo sexo"-repitió la voz de Oka-san-"No hay porque tener miedo"
Pero ella tenía miedo, temía perderse a si misma, el sexo era una idea tan incómoda como placentera en su cabeza respecto a la cual no sabía como guiarse una parte de ella quería rendirse por completo mientras la otra chillaba asustada.
-Solo yo-susurró Ichigo en su oído.
Si, maldita sea, él era el primero, el único, que trataba de hacerle algo así a ella. Era una mujer pequeña, nunca había sido demasiado atractiva y los hombres nunca había parecido sentirse atraídos por ella. Y la clase de vida que llevaba tampoco le había permitido esa clase de distracción. No había lugar para ello en su mundo.
Pero ahí estaba Ichigo seduciéndola con sus manos, con su lengua, todo su cuerpo y ella sentía calor y tenia la mente nublada. Sentía las manos de Ichigo fuertes y cálidas contra su piel, deshaciendo el nudo de su enagua hasta que esta resbalo contra el suelo , luego supo que la camisa había imitado a las enaguas y que ella estaba completamente desnuda sobre el suelo de la habitación.
La realidad de su situación la hizo gritar, volvió a la realidad solo para querer huir de ella. Pero Ichigo había aprendido mil veces la lección y la había inmovilizado contra el suelo, ninguna oportunidad de golpearlo, ninguna de huir. Y entonces él hizo la última cosa que Rukia habría esperado, metió la cabeza entre sus piernas, besando con asombrosa lentitud su centro.
La prohibición escapo mil veces de los labios de Rukia hasta que se convirtió en un leve murmulló. El estaba allí, haciendo con su lengua y sus labios lo que antes había hecho con sus dedos y el calor era tan abrasado que creía que estaba borracha. Pero era una embriaguez distinta que no le daba opción a otra cosa que gemir desesperada por algo que parecia tardar siglos en llegar. Y cuando parecía que estaba apunto de romperse en mil pedazos Ichigo se parto de ella y sonrió burlón. Y la sensación fue peor que todo el dolor que había sentido nunca, quería más, quería que él terminara lo que había empezado y se revolvió incomoda bajo él reclamado su atención
¡Oh! Ichigo quería hacerle tantas cosas y Rukia parecía súbitamente dispuesta a sufrirlas todas. La beso con suavidad, su sabor todavía en los labios, ella era arcilla en sus manos en ese momento de asombrosa debilidad. Pero era suficiente por aquella noche.
-Buenas noches, esposa- le susurró antes de apartarse de ella y abandonar la habitación.
Iba a ser una noche infernalmente larga para ambos, igual de insatisfechos, igual de incómodos, pero merecería la pena si con ello había conseguido que ella fuese a él por propia voluntad.
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Nota de la autora:
Personalmente creo que Ichigo acaba de vengarse de todos los golpes que Rukia le ha dado a lo largo de todo el capitulo…
Seguro que os sorprende la rapidez de este capítulo y es que como os comentaba en el ultimo realmente son el mismo, pero los decidí dividirlos por un tema de espacio. Por separado no son muchas paginas, pero juntos superaban las 30.
Bueno que puedo decir, se han casado. Si, yo todavía no me lo acabo de creer, pero Rukia se quedo quieta, creo que fue porque las plegarias de Hanatarou la adormilaron tanto que simplemente se olvido de que iba el asunto. Espero no haber decepcionado a nadie.
Y por supuesto tengo una sugerencia que hacer. Ya hace un tiempo va circulando por esta página un fic llamado Santuario de Eva Vidal, si le echáis un vistazo comprenderéis porque lo recomiendo. Es una precuela de este mismo fic, y no os digo nada más para ver si os pica la curiosidad.
En cuanto a Masaki, me confieso sinceramente culpable pero estoy segura que muchos ya lo sospechabais.
Bsks!!!
