EL DÍA DE DESPUES:
Rukia no podría haberse despertado de peor humor aquella mañana, bueno, solo si despertarse describe el acto de alzarse de la cama después de pasar toda una noche mirando el techo de la habitación. Pero la noche en vela había confirmado a Rukia dos hechos fundamentales: Uno se había casado con un cabrón pervertido y dos, tal y como había sospechado toda su vida, odiaba el sexo.
Esa maldita necesidad biológica cuya única función era la procreación y que había llevado a la humanidad a la más absoluta degradación. Por sexo, los hombres secuestraban y violaban a mujeres, guerras enteras se desarrollaban solo por la lujuria de un rey. Las mujeres eran encarceladas en sus casas solo para que los hombres aseguraran su descendencia en ellas, su egoísmo. Vendaban sus pies de niñas para que al crecer apenas pudiesen moverse, para que no pudiesen escapar de casa, para que no pudiesen huir cuando los guerreros llegaban lujuriosos sobre ellas.
La lujuria marcaba a los hombres con garras afiladas, pero lo más penoso del asunto es que esclavizaba de la misma manera a las mujeres. Por un orgasmo muchas estaban dispuestas a sacrificar sus vidas. ¿Y que tenia eso de maravilloso? ¡Solo recibías humillación a cambio!
"Es solo sexo, Rukia, no conlleva ningún tipo de sentimiento. Acostarte con él no significa que te estés rindiendo a nada. Él no te controlara de ninguna manera por ello, de hecho es la única manera en la que probablemente tu puedas hacer que él se rinda a ti"- había dicho Oka-san.
¡Pero, ¿qué demonios había querido decir con eso?! Ella había comprobado la noche anterior que no era la clase de mujer que manipula con el sexo, sino todo lo contrario…
¡Oh! En aquellos momentos de su vida, sexo, era la segunda cosa que más odiaba en el mundo, justo por detrás de su marido. Aunque de alguna forma, durante la noche anterior, ambos conceptos habían sido aterradoramente similares, como si fuesen la misma cosa.
Furiosa y frustrada aunque esto último jamás lo admitiría en voz alta, abrió la puerta de su habitación poco antes del amanecer, con toda la intención de desaparecer por el resto del día o posiblemente por el de la semana, no quería saber nada de los habitantes de aquella casa.
El hecho de que cinco minutos después se encontrase a Renji medio desnudo saliendo a hurtadillas de la habitación de Tatsuki no mejoro en nada su humor.
El que creía su mejor amigo se la quedo mirando con los ojos muy abiertos en mitad del pasillo, llevaba puesta la chaqueta del traje sin camisa bajo ella y Rukia podía ver con claridad los tatuajes que descendían más allá de su cintura creando zigzag por todo el torso.
-Ru..kia- tartamudeó mientras todo el color huía de su cara.
Rukia parpadeo como si no pudiese creer lo que tenia delante. Definitivamente el sexo era la cosa más humillante del mundo.
-Renji, - llamo la inconfundible voz de Tatsuki desde el interior de su habitación. – Olvidas tu camisa…
Pero difícilmente podría habérsela llevado pues era la única cosa que la mujer llevaba puesta y Rukia lo sabia porque Tatsuki ni siquiera se había molestado en abrocharla.
-¡Rukia!- saludó la mujer para nada avergonzad.- ¡¿Qué tal tu noche de bodas?!
La mandíbula de la recién casada crujió por si sola al tiempo que sus manos se crispaban en forma de garras, Renji dio un paso hacía a tras de forma involuntaria. Y Rukia alzó la cabeza orgullosa dio media vuelta y se fue sin decir una sola palabra. Una vez desapareció por el pasillo Tatsuki no pudo contener una carcajada.
-Parece que alguien no tuvo sexo en su noche de bodas.
Renji asintió sin decir una sola palabra, tenia demasiadas cosas en la cabeza para compartir la diversión de la mujer, y entre ellas destacaba la idea persistente de que era un maldito bastardo. Se había acostado con una mujer que hasta el día anterior había sido su enemiga motivado por un sentimiento al que no creía poder dar nombre. Había estado tan jodidamente hundido la noche anterior… y entonces había llegado ella con su sonrisa torcida y todo su mundo parecía haber cambiado en cuestión de minutos.
La miró, era hermosa, con su pelo corto y despeinado , vestida solo con su camisa mal abrochada, era la imagen más lujuriosa que había visto en su vida . La noche anterior, por unas horas, ella había sido todo su mundo, pero ahora a la luz del día no conseguía sentir otra cosa que amistad y gratitud por ella. Se llevo una mano a la cara con desesperación. A la luz del día Rukia volvía a ocupar todo pensamiento coherente de su cabeza…
Y el hecho de que ella siguiese siendo virgen aquella mañana, no ayudaba.
Al contrario que su esposa Ichigo se había despertado de muy buen humor. Amaba al sexo casi tanto como al poder y confirmar que podía usarlo para atar a su irreverente esposa hacía que lo amase mucho más.
Su pequeña mujer no tenia el cuerpo más espectacular que hubiese visto antes, todo lo contrario, pero había algo increíblemente delicioso en torturarla con orgasmos. Estaba deseando volver a caer sobre ella, con esa clase de deseo doloroso que no había experimentado desde que era un adolescente.
Tenía que reconocérselo a si mismo, era un reto y como tal, lo excitaba.
Sentía interés por su mujer, un interés que nunca había creído posible. Lo que sin duda explicaba el haberse despertado con aquella dolorosa erección aquella mañana. Quería caer sobre Rukia de nuevo y no dejarla escapar hasta que todo él dejase de doler. Quería oírla gritar en su oído por él, por más. Pero en realidad deseaba mucho más oírla suplicar, rogar… La quería dispuesta y participativa y definitivamente no iba a conseguirlo dejándola satisfecha. Así que su propia necesidad tendría que esperar un poco más.
Pero aquella mañana tenia asuntos más importantes que resolver, asuntos para los que también necesitaba a Rukia, por desgracia, la pequeña zorra había desaparecido.
Hirako no parecía en lo más mínimo preocupado porque la esposa de su líder hubiese desaparecido, más bien todo lo contrario.
Ichigo lo había encontrado durmiendo la borrachera entre los restos de basura de la fiesta de la noche anterior. Quiso romperle la cara a patadas, pero se contuvo porque si por error lo mataba tendría que ceder su puesto a Hiyori y eso no sería más que un persistente dolor de cabeza…
-¡¿Cómo que no sabes donde esta?!- le gritó.
-¿Por qué debería de saberlo?- se defendió Hirako frotándose los ojos para poder ver con claridad.- No se caso conmigo ayer, es Tatsuki la que se encarga del espionaje y Chad el de la seguridad… Pregúntale a ellos…
Ichigo se crujió los nudillo.
-¿Puedes recordarme cual es tu papel en mi clan?- le siseo.
Hirako se incorporo de golpe pese a la resaca y le lanzo una mirada torcida.
-Sin nosotros, estás jodido…
-Cierto, pero nadie es completamente imprescindible en este mundo.- contraataco Ichigo.-¿Dónde está mi mujer?
Sabiendo que había perdido la discusión casi antes de empezarla, Hirako se puso de pie con aire aburrido.
-Mandare a Hiyori tras ellas…- bostezó.
Ichigo asintió indiferente.
-Quiero cada maldito paso que de sobre mi escritorio esta noche y todas las noches a partir de ahora.
Para variar, Ichigo estaba subestimándola. Pero lejos de incomodarla o cabrearla lo aceptaba de buen grado. Ser subestimada por su flamante esposo era humillante, desde luego, y le hacía querer romper cada hueso del cuerpo de Ichigo, bueno, en realidad, cualquier cosa le hacía querer destrozarlo, pero en este caso en particular le beneficiaba enormemente. Porque si el muy bastardo la creía tan inofensiva ella podría moverse a su antojo aun con uno de sus perros tras sus faldas.
Hiyori era la espía más desafortunada que se había cruzado en la vida. No podía negar que era una hábil rastreadora. La había localizado solo 3 horas después de abandonar la mansión, aun cuando ella había estado tratando de borrar su rastro, así que punto para la pequeña. Pero si de verdad esperaba seguirla por el resto del día Hiyori no era demasiado hábil. ¡La había perdido tres veces en una media hora y ni siquiera había tratado de despistarla! Rukia simplemente había fingido mirar un escaparate y dejado que ella la alcanzase. Y después estaba el tristísimo detalle de que Hiyori no estaba haciendo ningún intento por pasar desapercibida. Lo había intentado los primeros 10 minutos de su extraña persecución, pero en el momento en el que la había mirado con una ceja alzada , Hiyori había asomado a través de su precario escondite en un portal y simplemente había empezado a seguirla a plena vista. Si hubiese sido uno de sus hombre Rukia la hubiese degradado a hacer los recados. Pero siendo sincera, Hiyori parecía tan emocionada e involucrada en aquella misión como Rukia feliz de que la siguiesen.
- ¿Eres mi guardaespaldas o me estas espiando?- le preguntó una vez se las ingenio para que Hiyori estuviese a menos de 10 metros de ella.
La joven alzó una ceja furiosa con todo .
- Puesto que nunca antes he trabajado como espía y sinceramente no creo que necesites guardaespaldas doy por asumido que soy algo así como tu jodida niñera. Me aseguro de que te portes bien y si no lo haces se lo cuento a tu marido.- gruñó.
Rukia estuvo muy tentada de echarse a reír.
- ¿Qué es lo cree Ichigo que voy a hacer? ¿Buscarme un amante? ¿Vender a su clan? ¡Por favor! ¿Quién se cree que soy?
- ¿Eso ha sido una pregunta retorica o de verdad esperas una respuesta?
Rukia se rió en voz alta, definitivamente Hiyori le gustaba. No sabía porque, pero el carácter adusto de la chica le hacía sentir más cómoda que las sonrisas fáciles y confiables. Siempre podía saber lo que pasaba por la cabeza de aquella mujer y eso le gustaba.
- Sinceramente me sorprende que Ichigo envié a un vizard a hacer un trabajo tan degradante…
Hiyori ni siquiera alzó una ceja porque Rukia supiese lo que era, otra cosa la hubiese decepcionado.
- No se fía de ti, - murmuró la rubia- Y probablemente este enfadado con Hirako por algo… y como de costumbre yo pago los platos rotos.
No, no era explicación suficiente, pensó Rukia algo molesta, aquella clase de trabajo podría hacerlo cualquiera, ¿Por qué enviar a un vizard tras ella? Era ridículo. Lo único en lo que Rukia podía pensar es que Ichigo sabia de su relación con los Arrancar y le preocupaba lo suficiente como para poner tras ella a uno de sus enemigos naturales.
A Yachiru le dolía la cabeza aquella mañana. Su nueva amiga no era para nada lo que aparentaba, bebía como un cosaco y tenia alma de súcubo, si no fuese por el trabajo estaba muy tentada de convertir a Mayuri Nemu en su nueva mejor amiga… Pero hacerlo sería involucrarse y si se involucraba más de lo seguro, no solo `perdería su trabajo sino que podría perder la vida. Y la idea no le gustaba para nada.
Pero aquello no evitaba que Nemu-chan , la aparente fría secretaria de Ishida le gustase. ¡Era realmente divertida! Y tenía un alma pervertida… Sip, era completamente de su gusto y le iba a costar más de lo normal traicionarla… No, espera ella no estaba traicionando a un amiga, ella solo iba a hacer su trabajo y meter las narices en el clan Quincy lo más hondo que pudiese usando a su nueva amiga para ella. De todas formas, pensó, Nemu-chan no parecía muy feliz con su trabajo, de hecho no parecía feliz en absoluto así que Yachiru se había puesto por meta ayudarla a liberarse de todo ello. ¿Dónde estaba la traición? ¡No la había! Así que ella y Nemu podían ser perfectamente amigas.
La única terrible consecuencia es que intentar seguir su ritmo de bebida le había producido resaca aquella mañana y toda la comisaria parecía haberse dado cuenta de ello y no estar dispuestos ayudarla a dormir, de echo Ikkaku parecía sumamente divertido por ello. Pero la bola de Pachinko siempre estaba buscando nuevas formas de burlarse de ella. Pobre, debía de aburrirse muchísimo… Así que no paraba de dejar caer cosas a su alrededor e incluso había encontrado una trompeta ….
Finalmente Yachiru había caído en la tentación de devolverle el dolor de cabeza motivo por el cual Ken-chan la había encontrado amarrada al inspector de policía mordiéndole la cabeza.
Kenpachi ni siquiera se inmuto.
- Ha habido un caso de tiroteo en las afueras- gruño Kempachi hacía ambos- Ikkaku, tu te encargas asegúrate de que no hay ninguna tregua rota y encuentra a los jodidos culpables, tengo cinco putos cadáveres y a la prensa en los talones. ¡Y odio a los periodistas! ¡Y Joder Yachiru! ¡Tienes 19 años! Si quieres joder a Ikkaku simplemente dale un patada en los huevos! ¡Madurad de una puta vez!
Madurar era un palabra muy fea, pensó Yachiru haciendo un puchero, implicaba que ella era una fruta y otro montón de cosas aburridas.
Ikkaku frunció el ceño en medio de la escena del crimen. Cinco muertos a tiros diseminados por todo el escenario, cinco adolescentes, con el mismo uniforme de instituto.
No era un lio de la Yakuza. La yakuza limpiaba sus propios desastres y jamás romperían la tregua de esa una guerra de bandas.
Quiso patear uno de los cuerpo cerca suyo, pero había demasiados policías y otros tantos periodistas dando por culo. ¡Joder! ¡Putos críos! ¡¿De dónde cojones habían sacado las armas?! Esto era Japón! Solo podrían obtenerlas en el mercado negro. ¡¿Y donde coño habían dejado su orgullo?! ¡Una batalla demostraba tu fuerza y la de tu oponente! ¿Dónde estaba la fuerza en un arma de fuego?!
Cuando encontrase los responsable iba a joderles la cabeza a cada uno de ellos. ¡Putos mocosos!
Junto a él Yumichika, su habitual compañero parecía bastante indiferente por la estupidez de los adolescentes y más preocupado por el olor.
-¡Dios! ¿Por qué he tenido que venir? No me gusta el trabajo de campo…- lloriqueó.
El único motivo por el que Yumichika se había hecho policía era porque consideraba que el uniforme lo hacía irresistible. No era de extrañar que hubiese acabado trabajando donde lo hacía, bajo la supervisión directa de Kenpachi. Pero sin duda el estrafalario detective tenia ideales no muy distintos a los de su compañero Ikkaku. Un enfrentamiento era algo directo, algo humano y no antiséptico.
Yachiru, que nadie sabía porque se había subido al coche con ellos, pero que siempre hacia lo que le apetecía, estaba enviando un mensaje con su móvil de color rosa en forma de osito, parecía la menos irritada de los policías del grupo, de hecho casi parecía eufórica.
-¡Las he encontrado!- canturreaba alegremente mientras escribía algo en su móvil.
-¿Qué coño has encontrado?- se irritó Ikkaku.
Yachiru dejo lo que hacía y señalo los cuerpos dispersos a su alrededor.
-Prácticamente los han fusilado en mitad de una pelea. Y puesto que los muertos pertenecen al mismo instituto supongo que estaban enfrentando a un grupo rival, probablemente otro instituto y también supondré que sus rivales fueron sus asesinos.
Ikkaku y Yumichika se miraron el uno al otro. A veces Yachiru los desconcertaba.
-Sigue sin explicar que has encontrado.
-A juzgar por las heridas de bala de los cadáveres había tres tipos de armas de fuego, una 9 mm, una de 22 mm y probablemente un rifle. Y obviamente estas armas han tenido que salir del mercado negro lo que me lleva a seguir un viejo rastro… ¡En fin! ¡Voy a hacer esta investigación con vosotros!
Inspector y detective casi se echaron a llorar.
-¿Un mensaje?-preguntó Hiyori de forma indiferente al oír la melodía del móvil de Rukia.
El móvil de la mujer tenía forma de conejito, lo cual era escalofriante en opinión de Hiyori, era como el que tendría una niña de seis años, Rukia comprobó el mensaje y lo cerró sin cambiar un ápice de su expresión facial.
-¿También tienes que informar a Ichigo de mis llamadas telefónicas?- preguntó con una ceja alzada.
Hiyori se encogió de hombros más interesada en acabar de comerse el helado de fresa que acababa de comprar.
-Probablemente si- murmuró- Pero si escribo en mi informe, "recibió un mensaje a las 11:44" Ichigo me exigirá saber lo que contenía dicho mensaje, lo que implica que tendré que poner rastreadores de señal o robar tu móvil mientras no te des cuenta… Odio mi trabajo.
Rukia pareció divertida ante la sinceridad de la mujer. Después de su conversación acerca de porque alguien enviaría a un vizard a espiar a una espía, ambas habían continuado el camino lado a lado, como si fuesen dos amigas de paseo, incluso habían parado a comprar un helado.
-¡Oh! ¡Hemos llegado!- exclamó Rukia cinco minutos de paseo después.
Hiyori alzó una ceja y miro a su alrededor, frente a ella estaba el Museo Nacional de Tokio, lo que explicaba el porque Rukia llevaba cerca de un ahora dando vueltas alrededor del parque Ueno.
-¿Has venido hasta aquí para ver el museo?-preguntó desconcertada.
Rukia la miro divertida al tiempo que avanzaba hacía la cercana construcción sin decir una palabra.
-¿Has pasado prácticamente dos horas de viaje entre metro y autobús solo para llegar al museo nacional?- se irritó.
Rukia giró y la miro curiosa.
-¿Es que no lo sabías? Soy restauradora, trabajo aquí.
Y Hiyori estuvo apuntó de sufrir un ataque de pánico. ¡Eso era ridículo!
-Creía que tus negocios estaban con el clan…- siseó un poco a la desesperada.
Tenía un problema, ¡no podría seguir a Rukia ahí dentro!
Era una maldita vizard, lo que entre otras cosas quería decir que iba armada hasta las cejas, jamás podría pasar el control de seguridad de la entrada. Tendría que deshacerse de todas sus armas primero lo que significa seguir a la mujer en su territorio completamente desarmada. En cualquier circunstancia eso era un suicidio.
Maldijo en voz alta a Shinji y a Ichigo y siguió tras Rukia lo más lejos que pudo. ¡Malditos sistemas de seguridad! Pero al menos podría asegurarse de que Rukia entraba al edifico antes de tratar de seguirla.
La mujer de su jefe paso sin problema alguno por el detector de metales y su bolso por el escáner y paso unos buenos cinco minutos interactuando de forma animada con los guardas de seguridad, por suerte o por desgracia no parecía haber muchos turistas aquella mañana. Cuando finalmente termino Rukia giro sobre si misma y le guiño un ojo a Hiyori antes de internarse en el edificio lejos de su vista.
Hiyori estuvo muy tentada de ponerse a gritar. ¡Y una mierda si esa mujer estaba completamente desarmada! ¿Cómo lo había hecho?
Irritada dio media vuelta tratando de encontrar la mejor manera de seguirla al interior.
En días como aquel solo podía desear romperle la nariz a Ichigo y descuartizar a Shinji, claro que si mataba a su superior eso la colocaría en su puesto y tendría que soportar a Ichigo constantemente todos los días del resto de su vida y a Ichigo ni siquiera soñaba con poder matarlo.
Rukia no podía evitar sentirse satisfecha mientras avanzaba sola a través de los pasillos de servicio del museo. Había tolerado la presencia de Hiyori, incluso había decidido que la chica le gustaba, pero nada de eso quería decir que la aceptase.
No iba a ponérselo fácil y tampoco iba a permitir que interceptase su vida, esa que nada tenia que ver con la yakuza. Y en aquel momento, tenia un trabajo que recuperar.
-¿Te… te has ca…sado?- tartamudeo la directora del museo mirándola fijamente.
Rukia tuvo que tragarse las bilis y sonreír tontamente, era más consciente que nadie que esta era la única baza que tenia para recuperar su trabajo, a la directora no le había sentado bien que hubiese desaparecido por más de un mes por causas personales y la había despedido, pero también sabía que aquella mujer era una romántica empedernida. Cincuenta años y un desastroso historial amoroso a sus espaldas no la habían desalentado para nada en el amor .
-¡Fue tan repentino!- canturreó Rukia con voz chillona uniendo sus manos en su pecho para hacer visible su anillo de boda- Y todo fue tan rápido y tormentoso… ¡que no hubo tiempo para nada!
Por suerte el haberse educado en la mansión Kuchiki la había convertido en una maravillosa actriz, sabia como adaptar su personalidad a las circunstancias y la persona que tuviese delante. La manipulación era todo un arte.
-¡Santo dios! Mis más sinceras felicitaciones Rukia-san, ¿cómo debo llamarla ahora?- la directora parecía más confundida que otra cosa.
-Ahora soy Kurosaki Rukia- e incluso supo como parecer avergonzada- ¡Nunca me acostumbrare!
-¡Oh, querida! ¡Tienes que contármelo todo!
Por suerte Rukia no solo era una gran actriz sino que en su adolescencia había leído demasiados mangas shoujos y tenia una enorme cantidad de material que utilizar a su favor.
Cuarentaicinco minutos después Rukia había recuperado su trabajo y había conseguido un aumento.
-¡Lo comprendo perfectamente!- chilló la cincuentona directora que todavía esperaba encontrar un sexto y definitivo marido- ¡Las llamas de la pasión! ¡La locura de la juventud! ¡Un amor tan desafortunado, pero que ha sabido sobrepasar todos los obstáculos para alcanzar la felicidad! ¡Por supuesto que te comprendo!- siguió gritando con un puño en alto y los ojos llenos de lagrimas-Mi cuarto matrimonio fue igual, movidos por las tormentosas circunstancias… Lo único que podías hacer en tu situación era fugarte con tu amor. Pero querida no te preocupes, estoy segura de que algún día tu hermano comprenderá lo mucho que os queréis y aceptara vuestra unión…
Rukia se limpio unas cuantas lagrimas falsas de los ojos.
-Entonces … ¿puedo recuperar mi trabajo?
-¡Por supuesto que si, querida! ¡Oh! Pobrecilla! ¡Todo lo que has tenido que sufrir por ese horrible hermano tuyo! ¡Las privaciones que has tenido que soportar estos meses para ayudar a tu amor verdadero a salir de esa terrible enfermedad! Pero no te preocupes chiquilla sabes que puedes contar con todos nosotros! Voy a arreglarlo todo con recursos humanos. Empiezas de nuevo al mes que viene. Ahora necesitas pasar una pequeña luna de miel con tu esposo, ¡os lo merecéis!
-¡Oh! Muchísimas gracias, Ochii-sensei- y salió huyendo antes de que la mujer pudiese cambiar de opinión.
Una vez cerró la puerta del despacho tras ella las lagrimas se convirtieron en una sonrisa burlona, había sido tan fácil que casi se sentía avergonzada.
-¿Habré exagerado?- se preguntó así misma en voz alta.
-Si, lo has hecho- confirmó Hiyori sentada en el suelo con las piernas cruzadas y un paquete de patatas fritas en el regazo.- A sido la mayor basura que he escuchado soltar a nadie.
Rukia estaba muy lejos de sentirse avergonzada.
-Cuando redactes esto para Ichigo, asegúrate de remarcar el hecho de que soy tan buena actriz que nunca sabrá si estoy fingiendo o no.
-Instituto Karakura,- leyó Yachiru en voz alta al mismo tiempo que lo escribía en su teléfono móvil.-¿Cómo habrán llegado las armas a Karakura?
Sentados en la parte delantera del coche Ikkaku y Yumichika la miraron molestos a través del espejo retrovisor. Habían pasado toda la mañana investigando el caso del tiroteo y la única pista que tenían al respecto era sobre el instituto al que pertenecían los chavales y al parecer según Kempachi era su responsabilidad informar de ello al centro e investigar el caso. Lo que explicaba el porque ambos estaban subidos en el coche dirección Karakura, ¡no que demonios hacía Yachiru en el mismo! Y obviamente filtrando información confidencial.
-¿Qué no nos estas contando sobre las armas?- rugió Ikkaku molesto e incomodo.
Yachiru le devolvió la mirada a través del espejo.
-No es confidencial - dijo encogiéndose de hombros- Ya sabéis, esas armas que fueron robadas a Yoruichi hace tres meses…
-¿Crees que podría tratarse de las mismas?- se sorprendió Yumichika- No hay pruebas, podrían ser tres idiotas con las armas de caza de sus padre…
-No eran esa clase de heridas…- se molesto Yachiru.
-No hay forma de saber qué clase de armas fueron hasta que no nos llegue el informe de balística- le recordó Ikkaku al volante.- Que fuesen tres armas distintas es solo una suposición tuya.
-Eran tres armas distintas- se molesto Yachiru ofendida. - E incluso podrían haber sido 5 distintas. Pero pensad lo que querías, vuestro trabajo me trae sin cuidado…
-¿Qué clase de trabajo estás haciendo?- gruñó Ikkaku.
-El de mama- contestó Yachiru con tono inocente volviendo a su móvil.
-Karakura…- leyó Rukia en voz alta mientras salían del museo por la puerta de servicio.
Hiyori la miró un poco molesta.
-¿Ahora quieres ir a Karakura?- gruñó. -¿Por qué simplemente no volvemos a casa?
Rukia se detuvo de golpe con el móvil en las manos y toda ella se puso de color rojo brillante. Hiyori parpadeo desconcertada, ¿qué le pasaba?
-¡De ninguna manera voy a ver a ese bastardo hoy!- chilló.
Hiyori puso cara de asco.
-¿Ichigo? ¿No quieres volver a casa por Ichigo? – bacilo- ¿Qué clase de recién casados sois vosotros? ¿Qué ha pasado con la apasionada relación que has descrito a esa patética mujer hace cinco minutos?
La que puso cara de asco ahora fue Rukia.
-No te lo habrás creído, ¿verdad? Se llama manipular las emociones de las personas para obtener algo a cambio…
-A mi más bien me ha parecido mentir para recuperar un trabajo de limpiadora…
-¡No soy una criada! ¡Soy restauradora! Me aseguro que las obras de arte del museo no se degraden…
-En otras palabras, les limpias el polvo…- simplificó Hiyori.- ¿Dónde vamos ahora? ¿Karakura?
Rukia negó con la cabeza con resignación.
-En realidad, había pensado ir de compras…
Hiyori quiso llorar. Odiaba ir de compras.
-¡Prefiero Karakura!
Pero resulto que Rukia tenía un concepto muy extraño de lo que era ir de compras para la mayoría de las mujeres. Rukia no iba a un centro comercial o a una tienda de diseño a cargarse de bolsas y más bolsas como a menudo hacía Yuzu, Rukia iba un paso más allá.
-Las únicas cosas que me gusta comprar son grandes y rápidas- sonrió mirando el escaparate del concesionario con ojos soñadores.
Hiyori no podía creérselo.
-¿Vas a comprar un coche? – preguntó, pero era una pregunta estúpida, obviamente si, iba a hacerlo.
-No exactamente – murmuró mostrándole una pequeña tarjeta de crédito que llevaba en el bolsillo de los vaqueros - Ichigo va a regalármelo.
Llegadas a este punto Hiyori decidió que Rukia le gustaba.
-¿Se puede comprar un coche con una tarjeta de crédito?
Rukia se encogió de hombros.
-También tengo su talonario…
Tres horas, dos llamadas a un banco y un vendedor de coches histérico después, Rukia no tenía ni idea que coche había comprado. Solo sabia que era obscenamente caro, blanco, descapotable y podía alcanzar los 200 km por hora en dos segundos. Hiyori por su parte todavía temblaba ante la idea de que acababa de ver a alguien comprar un ferrari valorado en 300 millones de yens sin parpadear.
-¡Estoy tan contenta!- canturreó Rukia- Siempre he querido un coche…
Hiyori que todavía alucinaba y eso que supuestamente los Ferrari california eran un modelo económico, se sentía un poco intranquila al respecto.
-¿Es seguro que uses esa cosa?- tartamudeó presa de la conmoción.
-¿Por qué no iba serlo?
-Bueno, es un convertible, no está blindado… Te convierte en un blanco fácil.
Rukia le guiño un ojo.
-¿Y quién querría acabar con mi vida antes de proporcionar un heredero a la familia Kurosaki?
Ichigo alzo una ceja ante el informe que lo esperaba aquella noche en su escritorio.
Había sido un día jodidamente largo. Al parecer el hecho que la tregua continuase hasta el final de aquel mes, quería decir que las bandas de poca monta con un carácter independiente y extremista habían convertido la ciudad en su campo de juegos. Había tenido más que un jodido problema para mantenerlos en su lugar a base de amenazas y sangre. Por supuesto que no se había involucrado directamente en ello, pero las consecuencias que arrastraba solo era trabajo para él.
El primer gilipollas que volviese a insinuar que su vida era fácil recibiría una bala entre las cejas.
Por supuesto su mujer, era un problema más, y este no podía encajárselo a nadie.
Suspiró profundamente presa del cansancio, tenía que hablar con ella lo antes posible y dudaba que esta fuese arrastrarse a su despacho por voluntad propia, así que salió en su busca por la mansión. Si el informe estaba en la mesa quería decir que estaba en ella.
Pese a que ya era de noche, la encontró junto con Orihime en el jardín trasero, en el pequeño huerto que Yuzu había plantado de niña y abandonado en la adolescencia. ¿Qué demonios hacían allí aquellas dos?
Y esto de aquí son tomates…- explicó Orihime alegremente señalando lo matorrales- ¿Alguna vez los has probado con miel y pistacho? ¡Están deliciosos!
Ichigo se quedo petrificado cuando Rukia devolvió a Orihime la sonrisa.
Rukia sonreía a todo el mundo. Tenía una sonrisa suave y preciosa que hacía que todos los rasgos de su cara se suavizasen. Cuando sonreía era hermosa. Y sonreía a todos menos a él. Sin embargo había otras caras que solo le dedicaba a él, como las de la noche anterior… El pensamiento lo hizo volver a sentirse incomodo en su pantalones. ¡Dios! No quería hablar con ella, quería hacerla gemir.
-Tienes unos gustos culinarios muy raros …- murmuró Rukia divertida- ¿Y que son estos matorrales?
-¡Oh! Eso es marihuana. Hirako-san la planto el año pasado…
Ichigo se olvido completamente de su libido. ¡¿Qué quién había plantado qué y dónde?!
-¿Maria?- preguntó Rukia, por supuesto que la había visto antes, y ciertamente se parecía, lo que la desconcertaba era el lugar en el que estaba.
-Sip, -confirmó Orihime inocentemente – Hirako dijo que tenia propiedades medicinales así que de vez en cuando hecho un poco en la comida… Nadie parece notar el sabor, pero debe hacer algo porque luego todo el mundo está más contento, ¡como relajados!
-No creo que debas a hacer eso…- murmuró Rukia completamente pálida- ¿Sabes acaso lo que es la marihuana?
Orihime pareció desconcertada e Ichigo decidió intervenir antes de que la vena de su frente estallase.
-Orihime, deshazte de esas plantas, ¡ya! ¡Y por amor de Dios! ¡No te la comas!- gritó.
La ama de llaves soltó un profundo chillido al ver a ichigo y salió corriendo hacia el interior de la casa. Ichigo y Rukia se la quedaron mirando sorprendidos.
-¿Qué coño le has hecho a Orihime?- le chilló Rukia acusadora.
Ichigo que todavía miraba el escape de su jefa de servicio se rasco la cabeza confundido. Que él supiese, nada. Sacudiendo la cabeza para ignorar el tema se volvió hacía su mujer en la penumbra.
Rukia se sofoco cuando sus ojos se encontraron y sintió como toda ella se ponía roja , ¡Dios! Podía recordar perfectamente lo que había ocurrido la noche anterior, más claramente de lo que le gustaría y sinceramente si no hubiese sido por su orgullo habría salido corriendo tras Orihime. ¡No quería estar cerca de Ichigo! ¡Jamás! Así que la cosa más sensata que podía hacer era huir con la cabeza alta y la ropa puesta.
Ichigo lo noto, incluso en la semioscuridad pudo ver como la pálida piel de Rukia se coloreaba de rojo y su respiración se entrecortaba… Definitivamente iba a tener que dejar aquella conversación para más tarde.
-¿Qué has hecho hoy?-preguntó avanzando hacía ella con lentitud, como un depredador hacía su presa.
Rukia retrocedió por puro instinto, siempre se había movido de forma descuidada a su alrededor, ignorando su posición, que hacía o a donde miraba, no aquella noche. No podría haber sido más consciente de él. De la forma en la que la miraba, en la que se movía, en el espacio que quedaba entre ellos… Se obligo a si misma en tratar de salir de allí con la cabeza fría.
-¿No te has leído el informe? Ayude a Hiyori a redactarlo, esta encima de tu escritorio.
Ichigo estuvo muy tentado de soltar un carcajada, pero no podía evitar notar la forma ansiosa en la que Rukia se movía. Nunca antes había parecido tan consciente de él , tan nerviosa, ni tan asustada…
-No me gusta mucho leer, prefiero que me lo cuentes tu…
Rukia choco contra los arbustos que delimitaban el huerto y encontró que era demasiado baja para saltarlos y demasiado orgullosa para intentarlo.
-Me…me has comprado un coche.- tartamudeó mirando a su alrededor, a cualquier parte menos a él.
Ichigo avanzó un poco más hacía ella hasta que estuvo tan cerca que podía notar la respiración de esta en su pecho, atreves de la camisa. Y en dicha distancia también podía permitirse oler su perfume de vainilla. La mujer tenía los gustos de una niña pequeña y lejos de disgustarle le volvía loco.
-Vaya, si que soy generoso…- murmuró divertido lo más cerca posible de su oído pero sin tocarla.
Rukia sintió un escalofrío cuando su aliento le acaricio el cuello, un escalofrió que nada tenia que ver con el disgusto o la humillación.
-¿Qué clase de coche te he comprado?
Pero Rukia no podía siquiera pensar. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Por qué no podía moverse? ¿Es que no recordaba la humillación de la noche anterior? ¿O el problema es que la recordaba demasiado?
-Umm… dime Rukia, ¿quieres que haga algo más por ti? Cualquier cosa…
Su voz nunca había sonado tan ronca, tan sensual… Rukia quería golpearlo y correr, a la mierda con su orgullo, pero hacerlo significaría tocarlo.
Fue una caricia suave, la caricia más suave que nunca le había dedicado, un delicado beso en su cuello que se sintió como el aleteo de una mariposa o la suave caricia de una pluma y sin embargo tuvo el poder de hacerla temblar como una hoja de papel. Perdió completamente el equilibrio sobre sus rodillas y cayó al suelo de forma estrepitosa.
Ichigo no pudo evitar una carcajada cuando su mujer resbalo fuera de su agarre de aquella inocente manera.
El golpe y las carcajadas fueron como una jarra de agua fría en la muchacha. Consciente de su humillación Rukia le soltó una patada en la espinilla y se puso en pie apartándolo de su camino con un empujón.
-¡Gilipollas!- le gritó antes de salir corriendo exactamente igual que Orihime.
Pese a una molesta erección, Ichigo sonrió consciente de que había vuelto a ganar el enfrentamiento. Y no es que llevase la cuenta.
Un ducha fría después, necesitaba la cabeza fría, Ichigo encontró a Rukia haciendo extraños intentos de bloquear la puerta de su habitación.
-Nunca conseguirás hacer impenetrable una puerta de papel – no pudo evitar decir.
Con una tabla en las manos y una barra de hierro en la otra Rukia le lanzó una mirada furiosa, dispuesta de convertir ambos objetos en armas contra él. Consciente de la agresividad que un beso en su cuello había provocado Ichigo decidió guardar las distancias. Sinceramente le gustaba más la Rukia que se defendía con uñas y dientes que la que se derretía en sus brazos.
-¿Qué es lo que quieres?-preguntó a la defensiva.
-Necesito hablar contigo de algo importante.
-No voy a dormir contigo-lo interrumpió ella.
Ichigo alzó una ceja, una ducha atrás había dado la impresión contraria, pero no podía darse el lujo de discutir con ella aquella noche o nunca conseguiría nada.
-Necesito estar al tanto de tus actividades.- contestó mordiéndose la mejilla antes de responder de forma mordaz y acabar de nuevo sobre ella.
-Motivo por el cual has puesto a Hiyori tras mis pasos- recordó ella furiosa sentándose de malos modos contra el suelo frente a él.
-No, Hiyori está ahí, porque no confió en ti.- replicó sentándose frente a ella con las piernas cruzadas.- De la misma manera que tú has mandado a alguien tras mis pasos.
Rukia sabía que aquello era una suposición por parte de Ichigo, no había forma de que hubiese descubierto a su hombre. No iba a negarlo y tampoco a confirmárselo, así que permaneció callada.
-A lo que me refiero es a tus negocios…- continuó Ichigo con el mismo tono que uno se refiere a un niño pequeño- Te permitiré mantenerte a la cabeza por el momento , pero como un clan más bajo mi supervisión necesito conocer y aprobar todas vuestras actividades y también percibir la suma de beneficios obtenidos….
Rukia alzó una mano interrumpiéndolo.
-Creo que no te sigo. ¡¿De qué cojones me estás hablando?!
-Tu facción, te ha seguido incluso hasta aquí porque estaba unida a ti, creada por ti y sin ningún lazo con el clan Sakura, ¿me equivoco?
Rukia negó irritada con la cabeza.
-Es mi clan- remarcó ella por si Ichigo no lo tenía muy claro.
-Bien, pero ahora está bajo mi responsabilidad.
-¿Por qué?
-Porque te has casado conmigo y todo lo tuyo me pertenece.
-Entonces según eso, todo lo tuyo también es mío.
-Te equivocas- corrigió Ichigo- Un objeto no puede poseer un dueño, el dueño posee al objeto.
Rukia alzó una ceja incrédula de hacía donde estaba yendo la conversación.
-No se si sentirme más ofendida porque me trates como una cosa o por si consideres que te pertenezco.
Pero Ichigo verdaderamente no entendía la respuesta. Ella era suya.
-¿Qué parte no entiendes? Eres mi mujer.
La idea todavía provocaba nauseas a Rukia.
-Y según ese razonamiento tu mi marido.
-¡En efecto!- concordó Ichhigo- Tu dueño.
-Vete inmediatamente de mi habitación.
Pese a su histeria su tono no podría haber sonado más calmado. Ichigo sin embargo no se movió. Su opinión acerca del tema era completamente inamovible, un hecho tan natural como que el sol salía todas las mañanas por el este.
-¡He dicho que te vayas!- volvió a gritar Rukia perdiendo cada vez un poco más los nervios.
El podría creerse su dueño, pero ella jamás se sometería ni a él ni a nadie.
Ichigo suspiró sabiendo que los meros razonamientos no podrían funcionar con ella. Era muy consciente de que la única manera de someterla era sometiendo su cuerpo. Pero si hacía esto se arriesgaba a no poder someter su espíritu. Ese arrogante y estúpido espíritu que la hacía creerse su igual.
Si la sometía sin su consentimiento se arriesgaba a inflamar ese espíritu independentista suyo. Se arriesgaba a la traición.
Se daba cuenta ahora de que aquella mujer era peligrosa y que la única forma de mantenerla cerca era si antes acaba con su espíritu de lucha. Necesitaba a una mujer dócil y no a esa fiera salvaje.
-Estoy seguro de que podemos llegar a un trato…- se escucho decir a si mismo sintiendo nauseas al mismo tiempo.
No podía creer que estuviese cediéndole terreno a esa mujer . Pero a las fieras con las que se debía convivir había que domarlas.
Pero Rukia estaba una paso más allá de todo razonamiento.
-¡Fuera de mi habitación!- volvió a chillar señalándole la puerta todavía abierta de par en par.
Ichigo la ignoro.
-Estás siendo ridícula, te estoy habalando de negocios y tu no dejas de gritar…
-¡No! Lo que tu estas haciendo es exigir que rinda mi clan a tus pies y me someta a ti con la cabeza baja. Lo que quieres es que me quede callada e inactiva en esta habitación y que te de el heredero que te permitiría hacerte con el poder del clan de mi hermano. Me pregunto que pasaría conmigo entonces. ¿Me ocurriría lo mismo que a tu madre? ¿Desapareceria sin dejar rastro?
Ichigo se puso en pie y la empujo contra la pared con el mismo movimiento y la hizo callar estrangulándola con una sola mano. Acababa de tocar un fibra sensible. Una que nadie, ni siquiera Urahara o Hirako se habían atrevido a tocas jamás. Si había un tema tabu para Kurosaki Ichigo ese era Kurosaki Masaki.
El pánico caló a Rukia hasta el punto de que sintió verdadero terror por tal vez segunda vez en su vida. ¡No podía respirar! Lucho aterrorizada contra la mano que la ahogaba pero apenas si podía sujetarla. Ichigo iba a matarla y ella era demasiado débil como para impedírselo.
-Jamás… vuelvas…a nombrar a mi madre- le siseo Ichigo con una mirada cargada de un odio tan profundo que helo la sollozante alma de Rukia.
Y con la misma intensidad con la que la había sujetado Ichigo la soltó. Rukia callo contra el suelo desesperada por aire que inundó tan rápido sus pulmones que dolió como dagas ardiendo. Se llevo las manos a la garganta con desesperación. Cuando busco furiosa la mirada de Ichigo el odio que todavía se sostenía en aquellos ojos la congelo en una emoción desconcertante entre la angustia y el odio.
-Nunca vuelvas a comportarte con ella.- y con aquella amenaza Ichigo se marcho.
Más aterrorizada de lo que nunca había estado en su vida Rukia hizo un ovillo consigo misma en una esquina de la habitación y pensó que bien podría llorar en aquel momento, pero ella no se permitía aquella clase de debilidades. Había visto la muerte de cerca innumerables veces en su vida pero jamás se había sentido tan impotente ante ella.
Pero mientras se rehacía así misma y palpaba su adolorida garganta supo que era hora de descubrir la verdad sobre Kurosaki Masaki.
NOTA DE LA AUTORA:
No tengo ni idea de que acaba de pasarle a Ichigo, parece increíble pero ha salido más de él que de mi misma… ¡Mis personajes hacen lo que quieres! Y lo que es peor creo que cada vez se alejan un poco más de su personalidad original (la del manga) Por otro lado , ¡¿Qué demonios le ha contado Rukia a Ochii-sensei?!!
¿Qué por qué he tardado tanto en escribir esto? ¡Dios hace un año que no actualizaba! ¡Que vergüenza!
Pero no tengo ninguna escusa para ello y tampoco una disculpa aceptable , así que si todavía me cada algún fan después de todo este tiempo solo puedo daros las gracias por leer este ultimo capitulo mío. ¡Muchísimas gracias!! Y solo para vosotros os chivaré un secreto: en el próximo capítulo estoy dispuesta a dejar que Ichigo y Rukia lleguen a un acuerdo…
¡Hasta la próxima!
Bsks.
