EL TRATO:
Tatsuki alzó una ceja cuando descubrió a su jefe sentado en la barra de su bar favorito, rodeado de vasos de chupito. Ichigo borracho nunca auguraba nada bueno. Estuvo muy tentada de huir discretamente pero un Ichigo ebrio en un sitio publico era un blanco excesivamente fácil y no quería tener la responsabilidad de su muerte sobre sus hombros. Y bueno, luego estaba el tema de que habían sido amigos de infancia y todo eso… Sea como fuera Tatsuki se armo de valor y se obligo a si misma a fastidiar su noche de copas con su nuevo bombón pelirrojo por el gilipollas de su jefe.
La ultima vez que Ichigo se había emborrachado había sido cuando a los 16 años Karin se había escapado de casa después de una pelea monumental con él acerca de su madre. Por algún motivo el tema de Kurosaki Masaki siempre sacaba lo peor de Ichigo al exterior. La ultima vez que alguien había preguntado por ella el bastardo había aparecido en un cuneta con un agujero de bala en la frente.
-¡Yo! Ichigo- saludó alegremente golpeándolo en el hombro de forma amigable.
Probablemente Tatsuki era una de las pocas personas que podían hacer aquello sin arriesgarse a perder la mano.
Ichigo le lanzo una ebria y furiosa mirada.
-Me he casado con una hiena peligrosa- siseó.
Tatsuki tuvo que contener una carcajada, ¡¿estaba bebiendo por ella?!
-¡Felicidades!- exclamó ella sentándose el taburete junto a el suyo.- ¡Debes de ser el ultimo en saberlo!
Aunque sinceramente a Tatsuki no le parecía que Rukia fuese tan mala. Era una mujer dura y podía respetar por ello.
-La muy zorra ha insinuado que le depara el mismo destino que a mi madre…
Tatsuki pidió un tequila al camarero al tiempo que asentía pensativa. Ichigo si estaba bebiendo por su madre. Él solo bebía cuando no podía desahogar su ira de otra manera. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Llorar por la madre que lo abandono? ¿Matar a su mujer por recordárselo? ¿O golpearla por amenazar con abandonarlo? No lo creía posible.
-La muy puta se ha comparado con ella…
Masaki había huido dejando una familia atrás. Ichigo jamás había conseguido superarlo y gran parte de su personalidad y su relación con las mujeres se basa en ello. Nunca podría perdonárselo a ella pero tampoco a si mismo.
Pero Rukia no tenia forma de saberlo, en otras palabras, la mujer tenia que haber insinuado que ellos se deshicieron de Masaki. La ignorancia creaba suicidas. Se pregunto preocupada si seguiría viva.
Tatsuki sabia mejor que nadie que a un Ichigo borracho solo podía hacérsele frente con la cruda realidad.
-¿Y crees que ella también desaparecerá un día?- pregunto bebiéndose su tequila de golpe.
Ichigo estampó el vaso de whisky contra la barra con tanta fuerza que se astillo en sus manos, los trozos de vidrio roto se clavaron entre sus dedos y la sangre se mezclo con el alcohol
- Si esa zorra trata de abandonarme, la matare.-siseó muy lejos del dolor.
Tatsuki no pudo sentir otra cosa que una cruda alarma de preocupación en el pecho, no por Rukia, sino por Ichigo. Un sentimiento como aquel solo podía ponerlo en peligro a él.
Ichigo pidió otro whisky al camarero ignorando el desastre de su mano herida. Su madre había sido su mundo. El centro en torno al cual todos en su familia se movían, un maravilloso sol que llenaba los días de color y felicidad. Había sido el mundo de toda su familia pero ellos nunca habían sido el mundo de ella. Y un buen día simplemente había desaparecido, sin despedirse, sin dejar una nota, sin llamadas telefónicas o cartas esporádicas. Los había abandonado.
La persona que más había querido en el mundo, lo había abandonado. Abandonado en los resentidos brazos de un padre que lo culpaba por haber perdido a la mujer que amaba.
Ichigo se bebió el nuevo vaso de un trago y pidió otro al asustado camarero. Su vida había sido un infierno desde entonces. Pero su madre le había enseñado algo, nunca te fíes de una mujer.
Irónicamente con aquel pensamiento en la cabeza, Tatsuki atrapo su mano al vuelo y envolvió esta en el pañuelo que había llevado al cuello. Noto asombrado como la sangre impreganaba la tela. Ni siquiera le dolia.
-Vamos a casa- gruño ella con firmeza tirándole del brazo para ponerse en pie.
E Ichigo estaba lo suficientemente sobrio como para saber que ella tenia razón.
Se fiaba de ella, sopesó con amargura mientras salían del oscuro local. Pero por un razón tan simple como que jamás la había visto como a una verdadera mujer. Tenia el mismo problema con la mayoría de sus empleadas: Inoue, Matsumoto, Hiyori,… una parte de él las admitía cerca por el mero hecho de que no sentía nada por ellas.
Y aún así vivía con el terror constante de que algún día sus hermanas lo abandonasen. Por eso jamás había permitido a una mujer estar demasiado cerca de él, ser importante para él, porque si esta lo abandonaba mataría a una parte de él con la que no quería enfrentarse. Rukia era la primera en ocupar un lugar tan cercano a él y le gustaba demasiado sentirla como algo suyo. Si ella lo abandonaba de la misma manera que había hecho su madre, no podría soportarlo.
Se tambaleo en mitad de la calle y maldijo en voz alta. Joder estaba borracho, debía de estar muy mal para ser capaz siquiera de admitirse todo aquello a si mismo.
¡Aquel maldito bastardo arrogante!, pensó Rukia mientras se miraba el cuello magullado en el espejo de su nueva habitación. ¡Casi la había estrangulado! Motivo por el cual había tomado la sabia decisión de trasladarse al otro extremo de la mansión cinco minutos después de que Ichigo hubiese salido por su puerta. Todavía no estaba lo suficientemente loca como para seguir exponiendo su vida durmiendo a diez metros de él. Se pregunto irritada porque no lo habría hecho antes.
Su nueva habitación, seguís siendo una estancia enorme , con suelos de madera y paredes de papel pero en esta era la habitación que normalmente se guardaba para las visitas importantes y se encontraba en un pabellón completamente distinto a la residencia principal. Lo más lejos posible de Ichigo pero todavía bajo su mismo techo.
Había estado tan aterrorizada cuando él la había inmovilizado de aquella forma… Nunca había sentido un terror semejante, ni siquiera cuando sujeto una katana de verdad cuando todavía era una niña, ni siquiera cuando su maestro se lanzo sobre ella dispuesto a obligarla a defenderse. El terror nunca la había golpeado de aquella manera. Pero ya no estaba aterrorizada, ahora solo estaba irritada, muy irritada y se preguntaba molesta si habría huido de su habitación por el miedo que Ichigo le había provocado. Lo que fue como golpear su propio orgullo.
-¿Rukia-san?- balbuceó Orihime asomándose por la puerta entre abierta- ¿Qué está haciendo aquí?
Rukia se puso de pie de un salto y decidió recuperar su orgullo.
-Me vuelvo a mudar- anuncio con resolución.
-¿Se muda a esta habitación?- preguntó la confusa jefa de servicio.
Rukia negó enérgicamente con la cabeza.
-Ya me he mudado aquí. Ahora vuelvo a mudarme a mi habitación.- contesto recogiendo la maleta abandonada junto a la pared.
Tal vez, sopesó, si que estaba loca.
Orihime no tenia forma de saber que había ocurrido para que Rukia se mudara dos veces en un mismo día, pero no era lo suficientemente tonta como para preguntar. Sobre todo después de haber visto la marca rojiza de una mano en su cuello. Fuera lo que fuese lo que había ocurrido no quería saberlo. Apenas si quería saber algo sobre la vida sentimental de Ichigo y Rukia.
La idea de que no se quisieran era tan tolerable que casi se sentía culpable por ello. Había pasado tanto tiempo enamorada de Ichigo que no podía simplemente cortar aquellos lazos sin más, ni siquiera aunque lo intentase con toda su fuerza. Algo iba tan mal consigo misma que le dolía siquiera sopesarlo.
Pero de alguna manera aquella marca en Rukia todavía le dolía más. ¡Ojala pudiera hacer algo para ayudar y dejar de sentirse culpable! Pero era demasiado cobarde y sensata para preguntar.
A Renji acababan de darle plantón y la idea lo molestaba tanto que casi no le dejaba respirar. Sabía que no podía fiarse de aquella mujer, ¿pero había hecho caso a sus instintos? ¡Por supuesto que no! ¡Había creído en ella como un soberano gilipollas!
Había aceptado aquella especie de cita sin pensárselo dos veces cuando ella se lo había propuesto con aquella sonrisa torcida. ¿Qué tenia aquella mujer que no lo dejaba pensar con la cabeza? Se movía entorno a ella con estúpida lujuria, no importaba si su corazón estaba con otra mujer, su cuerpo y su imaginación lo llevaba directamente hacía Arisawa Tatsuki.
Bufó furioso consigo mismo antes de pedir un tequila a la camarera más cercano con tanta brusquedad que la pobre mujer casi salió huyendo de él.
¿Qué estaba mal con él? ¿Por qué se rodeaba siempre de aquella clase de mujeres? ¿Por qué dejaba que estas lo controlasen? ¡Era sencillamente un bastardo estúpido!
¡Pero ya no más!
Si él quería a aquella mujer, ¡la tendría!
Y olvidándose de la copa que acababa de pedir salió del local dirección hacía mansión Kurosaki.
Tatsuki dejo caer a un Ichigo inconsciente contra el suelo de tatami de la entrada. El muy capullo se había quedado dormido en el coche y nada de lo que había echo para tratar de despertarlo había funcionado. Y sinceramente ya había sido suficiente suplicio arrastrarlo aquellos pocos metros hasta el porche. Ni siquiera se planteaba llevarlo hasta su habitación al otro lado de la mansión.
Con un profundo suspiro se pregunto porque seguía considerando a aquel imbécil como su mejor amigo. Debía haber algo realmente con ella que le había llevado a crear lazos con su jefe, se pregunto si crecer juntos tendría algo que ver. Le gustaba el niño que había sido Ichigo, siempre feliz, siempre sonriendo, había sido terriblemente débil y lloraba con facilidad cada vez que lo golpeaba o perdía un combate y entonces había empezado a sonreír como un estúpido solo porque su madre había pasado cerca. Y entonces todo había cambiado… Pero cuando lo miraba ella seguía viendo a aquel niño llorón que quería a su madre más que nada en el mundo.
Estaba maldiciendo a aquella mujer cuando su teléfono móvil empezó a sonar. Era Renji y tuvo que sonreír pese a que ni siquiera había mandado un mensaje a este para decirle que no podría acudir aquella noche a su cita.
Sonó furioso por teléfono y le exigió, ¡a ella!, que se reuniera con él en la entrada de su casa.
Tatsuki le colgó sin decir una sola palabra. Normalmente su personalidad le habría obligado a mandarlo a la mierda. ¡Nadie le exigía a ella nada! Pero entonces los detalles de la noche anterior acudieron con presteza a su cabeza. Aquel hombre despertaba un parte de ella que ni siquiera había sabido que tuviese, una primitiva y exigente, una que quería explicarle punto por punto el porque nadie le exigía cosas a ella, una que se moría por él. Y con aquella idea a en la cabeza salió de la mansión.
En mitad de su segunda mudanza, Rukia y Orihime tropezaron con el cuerpo inerte de Ichigo en el porche principal que había que cruzar obligatoriamente para entrar a la casa principal. Ambas se lo quedaron mirando con la misma cara de incomprensión.
-Kurosaki-kun- tartamudeó Orihime conteniendo la necesidad de salir huyendo como media noche antes.
Ichigo estaba tumbado boca abajo en el poche y apenas parecía estar respirando. Rukia más practica e irritada que Orihime le dio una patada para comprobar que siguiese vivo. Ichigo gimió pero apenas se movió. Tuvo que contener una carcajada de furiosa indignación. ¡El bastardo estaba borracho!
-¿Qué le ocurre a Kurosaki-kun?- se asusto Orihime toda ella preocupación y angustia.
-¡No es nada!- se irrito Rukia cuando ya no creía posible hacerlo más- ¡Solo esta borracho!
Y como si quisiera comprobar un hecho le dio otra patada con todas sus fuerzas. El golpe lo hizo girar sobre si mismo hasta quedar de espaldas al suelo pero aparte de un ligero gemido no dio la sensación de que le doliera en lo más mínimo.
-¡¿Borracho?!- se horrorizo Orihime-¡Pero Kurosaki-kun nunca esta borracho! Solo bebe cuando alguien nombra a Masaki-sama…
Rukia se tensó y Orihime recordó la marca de su garganta. Incluso ella podía ver que ambos hechos estaban relacionados.
-Tenemos que llevarle a su habitación…
-¿Por qué? Si es lo suficientemente idiota como para emborracharse se merece todo lo que pueda pasarle estando borracho.- indicó Rukia.
Orihime podría haber evitado el tema y ayudado ella misma a su jefe pero por algún motivo sentía que aquella era su oportunidad para ayudar y rebajar un poco su sentimiento de culpabilidad.
-Pero no podemos dejarlo aquí…- murmuró tratando de buscar una escusa lo suficientemente convincente- Si alguien lo descubre y se ríe de él por ello lo matara…
Ichigo carecía de sentido del humor. La ultima vez que alguien le había gastado una broma Keigo había estado ingresado tres meses. Todo el mundo se preguntaba el porque seguía vivo.
-Si carece se autocritica no es mi problema- replico Rukia pasando por encima de Ichigo.
-¡Pero también podrían reírse de ti! Dirán que eres tan insoportable que tu propio marido no podía acercarse a ti sin estar borracho… Tal vez piensen que le das asco…
Orihime sabía que estaba tocando un tema peligroso, pero quería ayudar a la pareja. Rukia sin embargo no la golpeo como se temía sino que se quedo congela en mitad del pasillo y lanzo una mirada irritada a la jefa de servicio. Acaban de golpearla en el orgullo que era lo único que podía mantener contra la horrible personalidad de su marido.
Suspiro ruidosamente, personalmente prefería utilizar la oportunidad para despeñar a Ichigo por un barranco pero entonces también tendría que deshacerse de OrIhime y al mujer le caía bien. Así que opto por claudicar. Su orgullo era intocable. Pero antes dio una patada a Ichigo en la frente. Si ella iba a lucir la huella de una mano en su cuello él no iba a librarse de una humillación similar.
A la mañana siguiente Ichigo despertó con resaca y con Rukia en su cama.
Era tal su dolor de cabeza que sospecho que la pequeña y ojerosa figura bajo su peso no fuera más que otro efecto del acohol, pero incluso cuando se restregó los ojos ella seguía allí. Además le dolía todo el cuerpo y sospecho que verdaderamente había dormido sobre ella.
¡¿Qué demonios había pasado?!
Recordaba retazos de la noche anterior, la muy zorra hablándole de su madre, el whisky, la sangre, Tatsuki llevándole a su coche y lo demás había desaparecido… Apenas si podía recordar el como había llegado a casa… Umm… recordaba el suelo de tatami de la entrada y a Rukia dándole una patada. Pero, ¿cómo demonios había llegado a su cama? Era todo un misterio pero todavía lo era más el porque ella estaba allí, bajo él y con toda la ropa puesta. Podría haberla despertado y exigir una respuesta, pero nunca antes había estado tan vulnerable y a su alcance. Y no era la clase de hombre que dejaba pasar una oportunidad como aquella.
En la ira de la noche anterior Ichigo descubrió que había dejado un moratón en el cuello de su esposa y sinceramente no se sintió orgulloso por ello. De haber podido sentirse culpable seguramente lo habría hecho, así que opto con compensar la marca con la clase de caricias que hacían que las mujeres se volvieran locas de placer.
Rukia no quería despertar, estaba tan cansada… No había dormido nada la noche anterior y había tenido un día movido un paseo de 5 horas, recuperar un trabajo, comprar un coche, lidiar con Ichigo y mudarse dos veces de habitación. Sinceramente se merecía seguir durmiendo un rato más quizás medio día más, pero había algo que no la dejaba en paz, una sensación cálida provocada por el roce de algo contra sus pechos y un cálido aliento contra su cuello. Quería cooperar en lo que fuera que estuviese pasando alzar su dolorido cuerpo hacía arribar y rozarse con mayor fricción con lo que fuera que estaba atormentándola de forma tan dulce pero antes tenia que despertar, abrir los ojos.
Su mundo se inundo de naranja, un cálido y suave naranja inundado en un olor profundo y masculino impregnado de alcohol. ¡Ichigo! Ichigo estaba sobre ella, su cabeza estaba enterrada en su cuello su mano sobre su pecho y su otra mano se deslizaba con asombrosa suavidad hacía el interior de sus vaqueros, cuando él soplo en su cuello y pellizco uno de sus pezones tuvo que gemir pero un eterno segundo después lo parto de ella con un poderoso empujón.
-¡¿Qué crees que estás haciendo?!- le chillo tratando de cubrir sus pechos desnudos con los brazo, ¡¿dónde estaba su camisa?!
Ichigo le lanzo una sonrisa torcida a escasos centímetros de ella sobre la cama. Rukia tuvo que tragar saliva, ¡Joder! ¿¡por qué tenia que ser atan sexy?! Con el pecho desnudo y los vaqueros abiertos, con un brazo apoyado sobre su rodilla y la cabeza torcida en una sonrisa maliciosa. Tuvo la profunda necesidad de huir. Y entonces se dio cuenta de que aquella no era su habitación. Y los recuerdos de la noche anterior la asaltaron con brusquedad.
Por algún extraño motivo había aceptado a ayudar a Orihime a llevar a un Ichigo inconsciente a su habitación. Cuando finalmente habían conseguido tumbarlo contra la cama habían notado el pañuelo ensangrentado y anudado a su mano y Orihime había entrado en pánico. Le había pedido que esperase en la habitación hasta que ella volviese pero no podía recordar si lo había hecho o no. En mitad de su espera el muy gilipollas había parecido estar a punto de caerse de la cama así que ella había tenido que subir a la enorme cama matrimonial para evitar el desastre, todavía seguís preguntándose porque. Momento en el que el muy gilipollas había optado por girarse en sueños y aplastarla en su camino.
El golpe la había dejado unos instantes sin respiración, el bastardo había caído con todo su peso sobre su pecho y todo su peso muerto la había inmovilizado bajo él. Podría haber tratado de apartarlo de haber tenido los dos brazos libres pero el izquierdo había quedado atrapado por las costillas de Ichigo y nada de lo que intento o grito pudo hacer nada por quitárselo de encima. Frustrada había esperado que la llegada de Orihime la librara pero entonces todo el cansancio de dos días se había cernido sobre ella. La cama era cómoda y el peso de Ichigo absorbentemente cálido y consolador. Había tenido que quedarse dormida bajo él. Al mirar a Ichigo sin embargo descubrió que su mano ensangrentada había sido vendada y tratada de forma adecuada. ¡Iba a matar a Orihime!
Busco con desesperación su camisa la usó para cubrirse e hizo una desesperado intento para salir corriendo. Todo aquello era culpa suya, ¡si solo no se hubiese quedado dormida!
Sin embargo Ichigo la atrapo junto a él antes siquiera de que la mujer pudiese poner un pie fuera de la cama.
-Tenemos que hablar- murmuró con voz profunda.
-¿Acerca de que? ¿De qué eres lo suficientemente idiota para emborracharte o sobre que sueles aprovecharte de mujer indefensas?
La sonrisa ladeada de Ichigo se ladeo. Parecía sentirse especialmente orgulloso de aquello.
-¿Sabes? A mi también me gustaría saber que hacías durmiendo en mi cama …
Rukia enrojeció hasta la raya del pelo.
-¡Es culpa de Orihime!
Ichigo supuso que tendría que acudir a Inoue en busca de una respuesta, ahora tenia otros problemas.
-Entonces lleguemos a un acuerdo y volvamos al tema principal…
Ella lo fulmino irritada con la mirada.
-¿El tema principal es que casi me mataste anoche?- tuvo que cuestionarlo ella.
Ichigo pareció perder su sonrisa y mirar fijamente la herida que su ira había provocado en ella. Él nunca antes había golpeado a una mujer.
-Eso no volverá a ocurrir si tu no vuelves a cometer el mismo error- indicó con un tono duro en la voz.
Sin embargo Rukia no pudo sentirlo como una amenaza y aquello la sorprendió.
-El tema principal sigue siendo tu clan- continuó Ichigo sentándose con las piernas cruzadas en la cama, obviamente parecía dispuesto a mantener aquella conversación de forma definitiva y sin importarle que ambos estaban medio desnudos.
Rukia calculo lo que gritar golpearlo y salir corriendo provocaría, absolutamente nada, él iba a tener aquella conversación con ella pasara lo que pasase. Así que decidió mantener la ineludible batalla.
-Mi clan es solo mío- repitió ella con dura monotonía, lo diría las veces que hicieran falta.
Ichigo supo que si quería llegar a algún punto con ella tal vez tuviese que abordar el tema de forma diferente a la vez anterior.
-Y no es mi intención arrebatártelo- se escucho a si mismo decir, ya tenía otras empleadas femeninas, ¿verdad? ¿por qué no convertir a Rukia en una de ellas?- Imagínalo como si estuviese ofreciéndote mi protección…
A Rukia no le gustaba como sonaba aquello.
-¿Tu protección?- repitió.
Él asintió.
-Todos los clanes pequeños están bajo la supervisión de uno grande, el grande provee protección para el pequeño a cambio de un pequeño interés casi simbólico. Evita que desaparezca sepultado por otro clan rival y le ayuda incluso a buscar clientes…
¿Ichigo se estaba imponiendo a ella amenazando a su gente o estaba verdaderamente hablando de negocios?
Su clan había estado bajo la protección del clan Sakura e incluso ella era capaz de admitir lo ventajoso que aquello había sido en sus negocios. Su hermano ni siquiera le había pedido nada a cambio. Ahora sin protección no sabía que podría ocurrirle a su gente, podrían ser sepultados por otro clan más grande, incluido el shinigami. Ichigo podía destruirla si de verdad se lo proponía.
-¿Tu protección a cambio de que?- se atrevió a preguntar ella.
La sonrisa ladeada volvió. Poco a poco, pensó Ichigo.
-Te ofrezco lo mismo que a los demás y te pido lo mismo. Tu fidelidad absoluta. Pero eres mi mujer, ¿verdad? No quiere ningún interés, si lo mío es tuyo, lo tuyo es mío.
Rukia quería negarse y continuar sola pero él ya no estaba exigiéndole controlar a su gente y a sus negocios.
-Acepto con una condición- se escucho argumentar a si misma – Que la fidelidad sea mutua. Y no solo en los negocios.
Rukia no podía ignorar que el pañuelo que la noche anterior había sujetado su mano herida era el de una mujer y tampoco el perfume femenino que había impregnado la ropa de Ichigo.
-Acepto-sonrió Ichigo extendiendo una mano hacía ella.
Rukia tuvo que reunir todo su coraje para estrechársela.
-Pero si yo voy a serte fiel…- murmuró Ichigo aprovechando la mano que sujetaba para acercarla a él- … espero que estés dispuesta a complacerme… La castidad no va conmigo.
Rukia salió huyendo antes de traicionarse a si misma.
Yachiru estaba obteniendo más resultados aquella mañana que en meses de trabajo. ¡Había encontrado el rastro de las armas de Yoruichi! Cosa que estaba segura nadie más que ella podría hacer. Era la mejor y eso no podría discutírselo nadie con dos dedos de frente.
Pero aquello no era todo, ¡había conseguido entrar a la mismísima mansión Ishida! Al propio centro del clan Quincy! ¡Ni ella misma podía creerse sus logros! ¡Y todo gracias a un concurso de bebida con Nemu-chan! Su nueva a miga había estado tan borracha que la escusa de acompañarla a su casa había resultado de lo más natural, claro que el alcohol había cobrado facturan también en ella en vez de hacer su trabajo por la noche se había quedado dormida en el suelo de la habitación de Nemu-chan. Así que el tiempo de exploración era aquel antes que la mujer despertase.
Con todo el sigilo que era capaz salió al pasillo de la casa. Los Ishida también vivían en una casa de estilo tradicional lo que la irritaba un poco puesto que apenas podía orientarse en una lugar como aquel. Así que solo le quedaba probar suerte fingir que no estaba relacionada con Kuchiki Rukia y sonreír tontamente fingiéndose perdida si alguien la descubría donde no debía. Nadie era tan tonto como para tratar de matarla, nadie se atrevería a provocar la ira de su padre.
El pasillo exterior al que comunicaba la habitación de Nemu-chan estaba desierto y gracias a que era la secretaria de Ishida su habitación tenia que estar cerca del despacho de este.
No le fue difícil encontrarlo. Ishida Uryuu el actual líder del clan se había mudado a aquel lugar hacía pocas semanas. Anteriormente había estado viviendo en un aparento obscenamente grande en el centro de Tokio. El hecho de que la enorme estancia estuviese llena de papeles indico a Yachiru que el pobre hombre estaba tratando de ponerse al día.
La verdad es que el Concilio era la cosa más aburrida del submundo. Se habían desecho ellos mismos de Ishida Ryuken, el anterior líder evitando una guerra interna en un clan poderoso… ¡Con lo divertido que podría haber sido estudiarla desde dentro!
Sacudió la rosa cabeza. ¡Tenia un trabajo que hacer!
Pese a lo mal que había empezado su día Rukia tuvo que sonreír cuando recibió un email de Yachiru. Tenerla como segunda al mando no era en lo más mínimo un error sino más bien un grandísimo acierto.
Decir que su clan era algo de su creación no era mentir en lo más mínimo pero tampoco era decir completamente la verdad. Rukia lo había creado a raíz del la facción de investigación del clan de su hermana cuya cabeza al mando había sido Kusajishi Yachiru, la madre de su Yachiru. De alguna forma su segunda al mando había heredado su puesto sin que ella pudiera darse cuenta de ello, simplemente había sido siempre la mejor, incluso partiendo del hecho que todavía no había cumplido los 20 años. Ya era la mejor cuando solo tenia 10.
Y aquel email era una nueva confirmación de ello. ¿Qué otra persona podría haberse infiltrado en la mansión de los Ishida en tan solo 24 horas?
Tenía que hablar personalmente con ella acerca de haber aceptado la protección de Ichigo así que contesto a su email enviándole una citación para aquella noche. Y entonces recordó a Hiyori, sabia que estaría allí cuando se encontrasen que descubriría a Yachiru, algo que no podía permitirse. Envió otro email. Hasta que no se librase de Hiyori no podría reunirse directamente con su segunda al mando, así que le pidió que le pidió que enviase a un intermediario y como era un tema de seguridad, pidió a Hanatarou.
Pero antes de apagar su ordenador portátil recordó que había algo más que le gustaría investigar, algo personal que normalmente designaría Yachiru, pero la pobre ya estaba cargada con más trabajo del que era capaz de sobre llevar. Y solo había una persona a la que podría pedir algo así después de a ella, pero a la que enviar un email sería una estupidez.
Kon estaba enamorado y el objeto de sus deseos era una hermosa y despampanante mujer que ni siquiera se había dado cuenta de que existía, ni siquiera cuando lo golpeaba para apartarlo de su camino. Estaba lleno de golpes, cierto, y probablemente su brazo derecho estaba roto, pero no importaba, estaba enamorado de Matsumoto Rangiku. No podía apartarse de ella, cuando no la veía su corazón sufría de dolor…
-¡Kon! ¡Te necesito!- gritó la voz de Rukia llamándolo con aquel tono impaciente que nunca auguraba nada bueno.
Y Kon se olvido de Matsumoto.
-¡One-san!- chilló antes de saltar e intentar abrazarla.
Rukia lo detuvo con una sola mano.
Rukia era su mundo, quien lo había salvado de una existencia peor que la muerte y lo había convertido de un ratón de laboratorio a un ser humano y le había dado no solo un techo, sino un hogar. Aunque ahora este fuese aquella horrible casa con aquel bastardo de Ichigo. Así pues tenia una misión muy clara, ¡proteger a su One-san de aquel tipo!
No podía recordar porque todavía no se había puesto manos a la obra…
-Necesito que lleves un mensaje para mi y que traigas una respuesta.- y extendió un sobre color verde mar hacía él.
Solo por el color del sobre Kon ni siquiera tenia que preguntar a quien estaba dirigido. A una diosa que como Venus había nacido de la espuma del mar…
-¡Cuenta conmigo One-san!
Kon vivía enamorado.
Hirako no podía dejar de reírse. Y no era para menos , alguien probablemente una pequeña y malhumorada mujer había dejado la huella de un pie en la frente de su jefe. Y sinceramente tener una marca así en la cabeza quitaba credibilidad a cualquiera.
E Ichigo no podría estar más cabreado por ello, lo que muy bien explicaría que estuviese estrangulando al bastardo en aquel mismo momento. Su mujer era un perra, pero sus subordinados unos soberanos gilipollas.
Urahara tuvo que intervenir antes de que matase Hirako, claro que no parecía que a este le importase mucho cuando tenia a aquella sonrisa en la cara y para ser sincero si Ichigo la mataba no le echaría de menos. ¡Es más! Su puesto pasaría a manos de Hiyori y él siempre había querido lo mejor para su niña.
-Entonces… - murmuró Urahara incluso detrás de una revista de cotilleos que probablemente pertenecía a Matsumoto –… los espada no han movido un dedo…
La sonrisa de Hirako se esfumo, solo había un tema que le devolviese la seriedad. Ichigo lo soltó a regañadientes.
-Ellos nunca se mueven los primeros- gruñó Hirako molesto.
-Ni siquiera tomaron partido en la guerra.- murmuró Ichigo con cierto tono de preocupación- Si de verdad pretenden algo, "este" es el momento.
Urahara se asomó desde el otro lado de su revista.
-Creo sinceramente que deberíamos de estrechar un poco el circulo entorno a ellos…
Ichigo miró a Hirako quien asintió.
-Estoy en ello.
A veces Hiyori se olvidaba de algo, había una persona a la que odiaba incluso más que a Shinji e Ichigo juntos: su padre.
Odiaba a aquel bastardo con toda su alma pero lo que más odiaba sobre él era esa parte de si misma que todavía buscaba su reconocimiento.
Hiyori lo había conocido a los 12 años, cuando después de la muerte de su madre él se había visto obligado a acogerla en su casa. Pero dicha casa había sido la mansión de la familia Kurosaki. Pero jamás había habido una relación fraternal entre ellos, él había abandonado su cuidado en las manos de otras personas, un ejercito de criadas y ella por su parte se había unido a los vizard solo por llevarle la contraria.
-"¡Algún día heredaras mi clan!"- había chillado él ofendido cuando a los 15 años consiguió el puesto justo detrás de Shinji.
Ella ni siquiera se había molestado en decirle lo que opinaba de su clan y eso en una mujer que siempre expresaba sus opiniones en voz alta era mucho decir.
Él se había movido siempre protector entorno suyo, pero los únicos momentos en los que se había girado hacía ella para mantener alguna clase de conversación habían sido burlas.
Ella podía comprender que no se había sentido cómodo descubriendo que tenia una hija de 12 años del día a la mañana, si su madre había roto lazos con él ella no podía culparla por ello, pero ella tampoco había tenido nunca un padre antes. Todo lo que había querido cuando era una niña era un poco de consuelo por parte de su padre, ¡no que la enseñara a disparar un arma!
El muy cerdo había pasado por alto su existencia incluso cuando había estado viviendo bajo su mismo techo. Nunca le había dado nada pero había exigido demasiado. Y toda su relación se basaba en ignorarse el uno al otro.
Y sin embargo él seguía interfiriendo en su vida. ¡Y aquel era un ejemplo perfecto!
Si los vizard existían era solo por una cosa: los arrancar. La suya era una batalla sin fin, una guerra en la que ningún Concilio podía existir. Los vizard eran algo así como un control de daños.
Ya hora más que nunca, parecían estar apunto de una batalla. Hiyori podía sentirlo en todas las partes de su cuerpo como un hormigueo que no le dejaba respirar tranquila. La inactividad siempre era una tregua para el armamento. Y hacían años que esos bastardos no montaban una buena. Tenían que moverse pronto, era inevitable y su gente ya había empezado a moverse. Pero, ¿lo hacía ella? ¡Por supuesto que no!
Ella seguía atada a Kurosaki Rukia como una muy mona e inútil niñera y esta vez no tenia nada que ver con Ichigo o Shinji de mal humor, tenia que ver con que el gilipollas de su padre no pensaba dejarle poner un pie en un campo de batalla ni aunque su vida dependiese de ello.
¡¿Desde cuándo le importaba su seguridad?!
-¡Oh! ¡Vamos Hiyori!-le seguía quitando importancia Shinji en mitad de una reunión de equipo.- Solo estamos haciendo un trabajo de reconocimiento, los mantenemos vigilados para que no se nos escapen de las manos… ¡Ni siquiera es divertido!
Pero una labor tal debería abarcar a todos los activos, ¡incluida ella! Y Shinji debería saberlo mejor que nadie, por lo tanto no era su voz la que se escuchaba por encima aquella vez. ¡Era la del bastardo de su padre!
¡Oh! Definitivamente no era fácil ser la hija de Urahara Kisuke.
-¿Por qué estas tan enfadada?- preguntó Rukia a su enfurruñada copiloto.
Sentada en el coche que ambas habían comprado la tarde anterior Hiyori lanzo una mirada molesta a Rukia, en aquel momento el sumun de todos sus males.
-Porque ahora mismo podría estar haciendo algo más interesante que sentarme contigo a pasar el rato…- siseó, por muy enfadada que estuviese no pensaba explicarle su verdadero problema.
Rukia se rio en voz alta.
-No es para tanto. Ya verás como Hanatarou te gustara. Es la persona más tranquila que conozco. ¡Además! Creo que lo conoces, oficio la boda…
Hiyori la miro completamente incrédula.
-¿Vamos a reunirnos con tu sacerdote?
Rukia asintió.
-¡Por supuesto que si! ¡Me cayo realmente bien!
Pero Hiyori no era tan tonta como para tragarse aquello. Obviamente su pequeño sacerdote trabajaba con ella. Suspiró, Rukia no hacía nada por ocultar sus negocios frente a ella, lo que en otras palabras quería decir que no tenia nada que ocultar a Ichigo, ¡que aburrido! ¡Ella podría estar acosando a un espada!
¡Un momento!
Si había alguien fuera del clan de Aizen relacionado con ellos, ¡esa era Rukia!
Tuvo que contener un carcajada, tal vez no estuviese tan alejada del tema principal como creía.
Pese a que amaba a aquella mujer, bueno, a los pechos de aquella mujer, Kon tuvo que respirar hondo para armarse de valor.
Ante la bonita casa frente al mar, todavía subido a su moto y con un sobre de color verde en las manos Kon se planteaba si huir era o no una buena opción. Deslizar el sobre debajo de la puerta era asombrosamente fácil, pero One-san había querido una respuesta para su petición.
Y algo en aquella mujer lo asustaba tanto como lo embelesaban sus pechos. ¡Quería huir! ¡Era demasiado joven para morir! Pero sinceramente si moría aplastando por aquellos pechos seria una muerte feliz.
Sopeso sus opciones: podía huir en cuyo caso One-san lo mataría por no serle útil; deslizar el sobre bajo la puerta con una nota pidiendo una respuesta y cruzando los dedos para que a su One-san le llegara y morir cuando llegase a casa sin respuesta o arriesgarse a entregar el sobre en mano y ser asesinado solo porque la dueña de la casa tuviese un mal día.
No era conocida precisamente por su tolerancia hacía lo masculino aun cuando vivía con dos hombres y un perro.
Pero si moría, lo haría con la imagen de su diosa ante los ojos …
Lo que fue respuesta suficiente para bajar de la moto y acercarse a aquella puerta.
NOTA DE LA AUTORA:
¡Hola de nuevo!
¡Vaya! Ni yo misma me creo la rapidez de este capítulo… Pero ha salido casi de tirón así que perdonadme los errores que haya cometido!
Ya se que verdaderamente no es mucho , pero es que sin querer he abierto demasiadas tramas y hay que apechugar con ellas!
Solo espero que este capítulo haya servido para comprender un poco mejor la personalidad de Ichigo.
Besikos!
