Buenas a todos otra vez, quisiera expresarles mi grata sorpresa ante la cantidad de visitas que ha tenido esta atípica historia.

La verdad es que no me esperaba que la leyeran tantas personas. Muchísimas gracias por ello y espero que la disfrutéis tanto

como yo disfruto escribiéndola para ustedes. || Los personajes de esta historia no son míos, les pertenecen a Disney.


La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más intenso y más antiguo de los miedos es el miedo a lo desconocido. H.P. Lovecraft

Ante la solitud de la habitación, mi primer impulso fue tumbarme en la cama y relajarme. Me hubiera gustado poder quitarme la pesada ropa de invierno y ponerme algo más cómodo pero aquellas paredes eran igual de frías que la brisa que había sentido minutos atrás y no quería volver a pasar por ese mal trago.

Sin pensármelo dos veces me recosté en la cama y abrí el maletín que había dejado pegado a la mesa auxiliar de madera, rebusqué entre mis pertenencias y de él saqué un pequeño y delgado libro que había comprado el mismo día que había llegado a Bergen. Poco tardé en sumergirme por completo en la lectura y tras varios minutos sumido en el más agobiante de los silencios, di un primer bostezo en un intento de romper la angustiosa y fría atmósfera que empezaba a envolver mi cuarto. ¿A caso la lectura me estaba influenciando? Negué con la cabeza y dibujé una sonrisa ladina en un intento de quitarme el extraño sentimiento que tenía encima.

Cerré el libro y me levanté de la cama para poder mirar por aquella diminuta ventana, mientras lo hacía pude sentir un suave olor a humedad que me hizo girarme; creí escuchar unos suaves golpear en la pared y, curioso, me acerqué hasta la pared para poder pegar el oído a ella. En un intento por concentrarme cerré los ojos y sentí una suave brisa helada que entraba por debajo de la puerta. La vela que iluminaba la estancia se apagó. Amedrentado pegue el culo a la cama y clavé mi mirada en la puerta, estaba esperando a que algo la abriera y se riera de mi y de mis miedos pero eso no paso. La fuerza de la brisa aumento y me sentí amenazado. Asustado apreté con fuerza los ojos y musité para mi mismo un par de mantras que se asemejaban al padre nuestro para un católico, al hacerlo pude sentir a la ventana crujir y mi cabello despeinarse.

Mi cabeza gritaba que aquello imposible y que lo racional era abrir los ojos.

Siendo un hombre de ciencias como soy, hice caso omiso a mi instinto más primario y abrí los ojos justo a tiempo para ver en medio de la oscuridad una esbelta figura de ojos rojos. Quise gritar, levantarme de la cama y huir de allí pero pronto se abalanzó sobre mi y me tapó la boca con su escuálida mano mortecina. Mi cuerpo estaba paralizado por lo que estaba sintiendo sobre mi. Mas por si eso no fuera poco, las luces de sus ojos cambiaron de posición moviéndose por aquel sitio dónde la cosa debía de tener el rostro. Supuse que el monstruo movió la cabeza porqué aquellos ojos hicieron movimientos inhumanos y, al tiempo que lo hacía, emitía un extraño sonido que me recordaba a las cucarachas crujir bajo cualquier tipo de peso. Sentí asco y miedo. Por mi espalda paso un suave cosquilleo que me hizo volver a cerrar los ojos.

Mientras me encontraba sin visión, la cosa se posó sobre mi y apretó mi cuerpo contra el lecho. Abrí la boca dispuesto a gritar y ha hacerme oír pero cuando lo hice noté un cálido aliento que apestaba a podredumbre y que lentamente se acercaba a mis labios.

-¿Sir Bjorgman?- Al otro lado de la puerta, Anna me estaba llamando mientras aquella cosa me quitaba la vida.-Mi hermana y yo hemos acabado de hacer la comida, si quiere puede unirse a nosotras en cuanto este disponible.-La muchacha ignoraba que tras la puerta algo monstruoso me estaba robando la vida y produciendo un dolor de mil demonios. Sentía como a cada segundo que pasaba la vida se me iba escapando para dar paso a un punzante dolor que desgarraba mi interior lentamente. -¿Sir Bjorgman?

La cosa me miró fijamente y movió la cabeza dejando escapar el desagradable ruido que segundos atrás había sentido. Pareció comprender que yo debía responder ante la muchacha y poco tardó el atacante en irse. Cuándo me sentí libre abrí los ojos y pude comprobar que la luz que me rodeaba era exactamente la misma que me había iluminado antes del ataque, ¿Me había quedado dormido?, palpé mis ropas pero no vi rastro alguno de hielo, escarcha o rasguño.

-Ahora mismo bajo.-Mi vista vago de un lado a otro por si en aquella habitación había algo extraño.

-De acuerdo.-

Me acerqué a la puerta y antes de abrirla eché un último vistazo sin descubrir nada por lo que había pasado me quedé unos cuantos segundos en el umbral de la puerta esperando entender lo que me acababa de pasar. "Será un mal sueño", pensé poco antes de cerrar la puerta tras de mi y dirigirme hacia el piso de abajo.

-Hermana, no te preocupes.

-¿Pero cómo no me voy a preocupar?

Desde el piso de arriba pude escuchar a las dos hermanas hablando en un fluido noruego.

-Sabes de sobras que no hay nada que temer, mientras él esté aquí estas aquí.

-¿Y si vuelve?

-No va a volver.

Intenté escuchar algo más pero me fue imposible, al parecer había hecho demasiado ruido mientras caminaba por el corto pasillo y las muchachas se habían dado cuenta.

-¡Sir Bjorgman! Esta es mi hermana.

-Lady Solberg, un placer conocerla. - Me incliné ligeramente mostrando le mi más sincero /-Lamento no haberle recibido antes.- Aquellos ojos glaciales me miraban con fiereza como si intentasen traspasar mi ficisidad y llegar hasta mi alma.

-No es nada mi lady, usted tenía cosas que hacer.-Durante un efímero instante sentí como el silencio se cernía sobre nosotros tres.

-Bueno, bueno, será mejor que sirva la comida

-Tienes razón Anna, deberías de servirnos.- Su voz era suave y delicada pero potente y amenazante, aquella mujer me daba respeto; Ante la orden de la muchacha de cabellos níveos, la pelirroja salió del comedor y quedamos ambos a solas sin yo saber muy bien que hacer.

-Así que viene de Bergen...

-Si mi lady. Soy...

-No hace falta que seas tan cortés conmigo, se te ve tenso y disconforme con mi presencia así que si te sientes mejor puedes tutearme

-Y-yo...-Por mi cuerpo pasó un chispazo desagradable de electricidad que me hizo tensarme aún más.

- Lo lamento señorita...

-Elsa.- Sentenció la rubia.

-Lo lamento señorita Elsa pero es la primera vez que veo a una persona tan impresionante.

-Tranquilo.- La mujer de cabellos níveos dibujo una sonrisa.-No te voy a comer.

Fue instante. Un parpadeo. Un destello que me hizo enmudecer y que mi sangre se helase; sus facciones se perdieron, se desdibujaron lentamente mientras dos puntos rojos aparecían de la nada. Su cuello emitió un suave ruido similar al que emiten los títeres de madera cuando sus partes chocan entre sí. Sentí como aquellos ojos se ensanchaban en un intento ver a través de mi carne y, de repente, cuando parpadeé, la muchacha continuaba sonriendo.

-Parece que se encuentra mal.- Su voz resonó en mi cabeza como un punzante dolor helado ante el cual no pude hacer nada más que llevarme la diestra a la cabeza.

-T-Tiene usted razón, parece ser que el frío me ha afectado demasiado. Por no mencionar que mi última lectura ha hecho mella en mi...

En aquel instante la muchacha pelirroja apareció por la puerta con una olla de barro cargada de sopa que olía exquisitamente.

-¿Le gusta leer, sir?- Anna dejó la olla sobre la madera que había en el centro de la mesa mientras yo me sentaba.

-Me encanta, soy gran entusiasta de Sir Poe.

-Poe...-Murmuró la hermana nívea.

-Sir Allan Poe es un gran escritor de cuentos.

-Sí, sí, le conozco. Aunque me sorprende que un joven como usted se interese por la fantasía.

-¿Y por qué no debería de interesarme?

-Parece usted un hombre de ciencias, un cientificista incapaz de ver más allá de las creencias .

Aquellas palabras tensaron mi cuerpo, ¿Cómo podía saber esa mujer que yo creía en la ciencia experimental? En ningún momento había expresado mi interés por el mundo físico

-Un humanista realista.- Añadió Anna.

Tanto Elsa como yo miramos a la muchacha que había acabado de servir los platos. Por un instante había olvidado que aquella mujer estaba sirviéndonos la comida como si de una sirvienta se tratase. Quizás en otro momento hubiera pensado que tenían una relación de dominación pero teniendo en cuenta que gracias a Elsa poseían un buen patrimonio, creí que actuar así era una forma de darle las gracias por mantenerla.

-No se ofenda pero es su forma de relacionarse con nosotras la que me da a entender que es usted un hombre de la modernidad, no parece seguir las directrices del Enquiridion ni creer en lo que hay escrito en él; lamento si he pecado de soberbia, no debería de emitir juicios a la ligera.

-"La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso."

Ambas mujeres me miraron aterradas por lo que acababa de decir, casi como si fuera yo el único monstruo de la casa.

-Por supuesto que me lo he leído, ¿Qué hombre sería yo si juzgase un libro sin conocimiento previo? No creo que Rotterdam haga justicia a la verdadera esencia de la mujer, ¿A caso Curie por ser mujer no debería de ser reconocida ante la comunidad científica?

-¿Cree usted entonces en la igualdad?

-No exactamente, vuestro cuerpo no está hecho para soportar lo que un hombre soporta en la industria pero por el contrario sí creo que intelectualmente son igual que nosotros.

-Interesante.- Murmuró Elsa mientras se sumía en sus pensamientos.

-Parece usted un gran hombre, sir.- Mis mejillas se tornaron rojas ante tal halago que no creía merecer.

-No es cierto, solamente soy un estudioso más.

Poco a poco la conversación fue decayendo hasta llegar a un punto en el que ninguno de los tres tenía nada que decir; cuándo la comida acabó, la hermana pelirroja recogió la mesa y preparó un poco de té con la intención de recrear el ambiente que habíamos tenido en la mesa./

-Anna...- Elsa le hizo un gesto a su hermana para que se acercase hasta donde ella se encontraba.- Lavaré yo los platos.

-Pero...
-Nada de peros.-Sentenció Elsa en noruego.-Tus manos no soportan el agua fría y yo no quisiera que te pasará nada.-La rubia cogió la mano de su hermana y la acarició con delicadeza antes de esbozar una cálida sonrisa -gesto que realmente me extrañó viendo lo dominante que era la nívea.

-G-gracias.

Ante el cálido ambiente que habían creado las hermanas sonreí como un bobalicón. Aquellas muchachas parecían quererse de forma sincera y efusiva, era algo digno de admirar; Anna me vio sonreír y su rostro se tornó rojizo, parecía avergonzarse de algo que yo no comprendía así que reí, reí al creer que le daba vergüenza que yo viera lo mucho que quería a su hermana y lo mucho que dependía de ella

-No se preocupen por mi, parecen tener un amor muy puro, les envidio. Hubo una época en la que yo quise un hermano con quien jugar y pasar el rato pero eso nunca sucedió... Verlas tan a gusto la una con la otra, tan sinceras y cariñosas me parece algo precioso.

-Y-yo...- Tartamudeó Anna.
-La verdad es que amo a mi hermana más que a nada en este mundo.

-¿Y su esposo?- De repente caí en la cuenta de que había dicho algo que no tendía que haber mencionado, realmente no sabía si aquellas chicas tenían marido o simplemente estaban solas en el mundo.
-Soy viuda, Anna es todo lo que me queda en esta vida; mi marido murió hace ya cinco años, falleció debido a un infarto y me dejo varias posesiones de las cuales yo disfruto junto a mi bella hermana.- En las palabras de la rubia creí entrever lujuria pero en cuanto me di cuenta de que eran hermanas deseché la idea. ¿Además, las mujeres podían gustarse entre ellas?

-Vaya... Entiendo que quiera protegerla, es demasiado hermosa como para pasarla por alto, seguro que tiene muchísimos pretendientes.

-Y no se equivoca Bjorgman, si no fuera por mí seguro que alguno de esos borrachos y pobretones ya le habría puesto las manos encima. - La rubia escupió las palabras con rabia y su hermana le acarició el hombro para tranquilizarla.

-Sabes que no. Sería incapaz de alejarme de ti.

Poco a poco el ambiente empezó a calentarse y mi mente a pensar cosas enfermizas sobre la relación que tenían aquel par de muchachas. No lo niego, me hubiera encantado ver como dos mujeres jóvenes retozaban junto a mi pero me sentía sucio al pensar eso sobre aquellas muchachas. ¿Qué sabía yo sobre ellas? Me llevé la mano al rostro y traté de respirar profundamente, necesitaba salir a dar una vuelta y que el frío tranquilizase mi agitada alma.

-Señoritas, no me encuentro muy bien, creo que saldré a dar una vuelta y luego volveré para dormir.

-De acuerdo Bjorgman. Si se espera un par de minutos le daré la llave la puerta para que pueda entrar.

-Muchas gracias Elsa.

-Veo que poco a poco se va relajando. Me alegro.-La nívea rió mientras iba en busca de las llaves.


Lamento que la historia este yendo un poco lenta pero creí que era necesario separar este texto del que viene a continuación para que no quede demasiado largo; quisiera disculparme por los posibles errores que haya en este capítulo, la verdad es que se desconfiguro y tuve que escribir ciertas partes desde cero.