EL DESAFIO:
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Rukia estaciono el coche justo delante del restaurante donde había quedado con Yachiru y saludó con entusiasmo a Hanatarou que la esperaba en la puerta del mismo, con los ojos tan entornados que era difícil saber si estos estaban abiertos o cerrados. A su lado, Hiyori boqueo.
-¿Por qué el sacerdote tiene un conejo pintado con rotulador en la mejilla?
Rukia se rió en voz alta. Era una especie de costumbre de Yachiru, le decía que habían encontrado en persona.
-¡Tiene un montón de hermanas pequeñas!- exclamó, si Hiyori supo que mentía no dijo nada.
Hanatarou se acerco en silencio hacía ellas pero con una suave sonrisa en la cara, sonrisa que desapareció una vez vio a Hiyori. Miró a su jefa preocupado, esta se encogió de hombros.
-Hanatarou te presento a Sarugaki Hiyori, aunque seguro que la recuerdas de tu informe sobre los vizard…- el hombre palideció varios tonos empezando a sentirse un poco nervioso- Y Hiyori este es Yamada Hanatarou el sacerdote del que te hablaba.
Ambos la miraron con la misma expresión de dolorosa incredibilidad. ¿Y aquella era la kumichou de un clan especializado en el secretismo?
-¡Bueno!- exclamó la kumichou bastante poco preocupada por estar aireando secretos a gritos en mitad de la calle- Tengo que hablar con Hana en privado, ¿qué posibilidades hay de que te mantengas al margen?
Hiyori se conformo con cruzarse de brazos y alzar una ceja.
Rukia puso los ojos en blanco y cuando entro al restaurante pidió al camarero una mesa para tres.
-Por supuesto, tu invitas- replicó a Hiyori en cuanto los tres tomaron asiento en una mesa cerca de la ventana.
Hiyori tenía mucho que decir respecto a la nueva esposa de su jefe empezando porque era ¡una completa idiota! ¡Parecía no tener ni puñetera idea del más mínimo sentido de la seguridad! Coche descapotable, mesa cerca de la ventana a la vista de todo el mundo, ¡de espaldas a la puerta! ¡Dios! ¡La mujer la había sentado a su mesa! ¿En qué demonios estaba pensando? A Ichigo le daría un ataque cuando se lo relatase. Con lo sobreprotector que era con sus hermanas si fuese solo una decima parte así con Rukia no volvería a dejarla salir de casa. La idea la congelo. ¿Estaba haciendo aquello aposta?
Después de pedir el plato más caro que encontró en la carta Rukia se giro hacía Hanataruo que a pesar de estar medio dormido parecía muerto de miedo.
-Dime Hana, ¿cómo esta tu familia?
-Mis hermanas están bien, gracias-contestó con tono monocorde.-¿Y cómo esta usted?
-Recién casada-contestó Rukia con una enorme sonrisa pero su voz sonaba terriblemente forzada- ¡En fin! Tengo que irme, solo quería decirte que he aceptado la protección de mi marido para nuestra empresa.
Y golpeo dos veces seguidas la mesa con la mano derecha mientras se ponía de pie. Tanto Hiyori como Hanatarou la imitaron.
-¡Camarero!- llamó Rukia alegremente- ¡Mi amiga pagara la cuenta! Por favor quedaros y terminar de comer sin mi .
Hiyori quiso protestar y seguirla pero mientras Rukia salía por la puerta un camarero la interceptaba con expresión confundida.
-Señorita la cuenta…
Cuando Hiyori salió el ferrari de Rukia había desparecido y el radar que había puesto en su teléfono móvil no funcionaba.
-¡Joder!- maldijo el voz demasiado alta.
¡Esa zorra se la había jugado! Pero ella no había conseguido su puesto actual a los 15 años por ser una incompetente. ¡Le demostraría con quien estaba jugando!
Rukia se lo estaba pasando en grande, ¿por qué negarlo? Hiyori la divertía, pero todavía lo hacía más el hecho de ponerla aprueba. No era buena siguiendo a la gente en silencio, pero se pregunto cuanto tiempo tardaría en encontrarla si decidía desparecer usando sus mejores tácticas. Si quería quedar con cierto alguien en persona era fundamental que lo supiese.
Yachiru estaba decepcionada y aburrida y ni siquiera haber estado pintado cosas en la cara de Hana había conseguido animarla. ¡Con lo feliz que había sido aquella mañana! ¡Creía que todo le estaba llenado sobre ruedas!
Pero Kia-chan cada vez era un poco más aburrida. ¡Había aceptado la protección del clan Shinigami! ¡¿Qué podía haber más aburrido?! Claro que luego estaba la segunda orden de que quería los informes de las actividades de Ichigo cuanto antes… Solo que Yachiru no podía recordar a quien le había encargado aquello, seguro que lo había hecho a una mujer… ¿o a un hombre afeminado? ¡Kia-chan se iba a enfadar sino lo recordaba pronto!
Yoruichi lanzó una mirada desconcertada a la mujer que bebía una coca cola en mitad de uno de sus clubs a media tarde.
-¿Rukia?- cuestionó desconcertada.
Escondida tras una novela de misterio Rukia sonrió a su interlocutora con despreocupación.
-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó Yoruichi sentándose frente a ella.
-Estoy poniendo a Hiyori aprueba – sonrió antes de mostrarle su móvil en versión cronometro, marcaba tres horas y 47 minutos.
-¿Por qué demonios querría alguien poner a esa chica a prueba?
Yoruichi no solía mostrar mucho interés por los empleados de otras personas pero es que Hiyoria era la hija ilegitima de un viejo amigo.
Rukia se encogió de hombros no encontrando ningún motivo para guardárselo a Yoruichi en secreto.
-Por algún motivo la han puesto a vigilar mis espaldas lo que por cierto hace de forma desastrosa… tenia curiosidad, ¿cuánto tardaría en encontrarme si yo decidía desaparecer de su radar de forma voluntaria?
Y Rukia era la mejor en ello.
-¿Y por qué has decidido venir hasta aquí?- preguntó Yoruichi con curiosidad, aquel local no era precisamente un gran escondite y aunque era de su propiedad la gente de los demás clanes entraba a él con cierta libertad, era algo así como un lugar de reunión para la yakuza.
-Bueno, me he apiadado de ella. – murmuró.
Yoruichi no necesitaba un gran esquema para saber que estaba tratando de que la subestimaran, el porque solo picaba su curiosidad.
Rukia parecía pensativa más allá de su novela o de su juego con Hiyori y la miraba como si acabase de recordar algo fundamental e importante.
-Dime una cosa Yoruichi… tienes la misma edad que Kurosaki Isshin, ¿verdad?
-¡Por supuesto que no!- se ofendió ella -¡Soy mucho más joven!
Rukia la miró divertida, su "mucho más joven" comprendía tan solo un par de años y sinceramente nunca había sospechado que aquella mujer pudiese estar preocupada por su edad. Hizo un gesto con la mano quitándole importancia.
-¿Conociste a su mujer, Masaki?
Yoruichi podría decirle que ella también la conocía, pero eso seria traicionar la confianza de una vieja amiga.
-Si, claro que si- respondió completamente alerta.
-¿Qué paso con ella?- Rukia no era de las que se iban por las ramas.
-Se lo mismo que todo el mundo Rukia, desapareció.- contestó con premeditación, nunca se era lo suficientemente prevenido con una mujer como aquella.
-Yo me refería más bien al antes de desaparecer…
Lo cual si era una sorpresa, a Rukia solía preocuparle muy poco las razones que llevaban a la gente a actuar.
-Bueno, no sabría decirte. Eran un matrimonio típico… o tan típico como pueden ser en la familia Kurosaki. El padre de Masaki estaba arruinado, su empresa multimillonaria estaba en las ultimas y antes de perder la vida disipada que había mantenido vendió a su hija a Isshin…
-¿La vendió?-se horrorizó Rukia.
Yoruichi se encogió de hombros despreocupada, todo aquello era una vieja historia, indignarse por un hombre que llevaba años muertos carecía de sentido.
-Bueno, en realidad la comprometió con él. Masaki era la que gritaba que había sido vendida.
Rukia podía comprender perfectamente el porque.
-Así que Isshin compro a una esposa por una suma tan excesiva que contuvo la quiebra de la empresa de su suegro… ¿Qué ganaba a cambio?
En aquel mundo aquella clase de cosas no se hacían tan solo por una cara bonita.
Yoruichi se encogió de hombros.
-Según creó recordar el padre de Masaki, cuyo nombre no puedo recordar, no vivió más de dos o tres días después de la boda de su hija. Isshin recupero toda su inversión de forma integra. La empresa desapareció poco después.
Rukia jadeó.
-Sigo sin verle la lógica. ¿Hizo todo eso para poder casarse con Masaki?
Su interlocutora se encogió de hombros poco preocupada.
-Lo único que se seguro de esta historia es que Isshin necesitaba una mujer que le diera herederos y que Masaki supo desde el principio la clase de hombre con la que la obligaron a casarse.
-¡Pero pudo haberse negado! - chilló.
Yoruichi le lanzó una mirada compasiva.
-Deberías de saber mejor que nadie que las cosas nunca son tan fáciles…
-Si tenia la opción de huir – gruñó Rukia con fuerza-¿Por qué no lo hizo después de darle a Isshin su heredero? Se quedo junto a él el tiempo suficiente para darle dos hijas más. Y sin embargo fue muy capaz de huir abandonando a tres niños tras ella. ¡¿Dónde está el sentido en todo eso?!
Yoruichi se estremeció ante su indignación. Ella jamás se había atrevido a culpar a Masaki por sus acciones, porque nunca había logrado entenderlas del todo.
-Nadie asegura que verdaderamente huyese por su propio pie- murmuró Yoruichi tratando de recordar cuales eran los rumores.- Si de verdad hubiese huido, ¿no crees que Isshin la habría obligado a regresar?
No, Rukia no lo creía.
-Ya le había dado a su heredero, ¿no?
-Si, pero también la había elegido. Isshin muy bien podría haberse casado con la hija de algún otro clan, un matrimonio fácil que le hubiese proporcionado innumerables facilidades. Y sin embargo eligió casarse con ella. Una mujer que no aportaba nada a su matrimonio y que ni siquiera pertenecía a su mundo…
Lo cual tenia aún menos sentido para Rukia. Pero no hubo tiempo de preguntar más una pequeña y rubia figura se acercaba hacía ellas con una expresión psicótica en la cara, Hiyori la había encontrado. Paro su cronometro, 4 horas y 16 minutos, ¡todo un record!
-¡Felicidades!- tuvo que exclamar Rukia cuando Hiyori llego junto a ellas con una expresión de puro odio en la cara- ¡Has roto el record! ¡Nunca nadie me había encontrado tan pronto! ¡Deberíamos de celebrarlo!
-¡¿Celebrar el qué, zorra asquerosa?!- chilló Hiyori con todas sus fuerzas y una paso más allá de simple ira.
Rukia la ignoro.
-¡Saca tu botella de mejor vino Yoruichi! ¡HIyori se la merece!- exclamó Rukia.- Los hombres de mi hermano me encontraban en seis horas como poco, ¡tu lo has hecho en cuatro! ¡Eres la mejor!
La ira de Hiyori pareció rebajarse.
-¿En serio?-tanteó con expresión desconfiada.
-¡La mejor!- repitió Rukia.
Hiyori se relajo.
-¿Su mejor vino?
-Voy a buscarlo- sonrió Yoruichi, una de las cosas que más le gustaban de Rukia era que la mujer era una manipuladora nata.
Ichigo la esperaba cruzado de brazos y piernas en el mismo sitio que lo había abandonado la noche anterior. Si no fuese porque alguien había vendado su mano y se había cambiado de ropa , Tatsuki podría haber llegado a creer que no se había movido.
-¿De dónde vienes a estas horas?- pero no era una pregunta, se lo estaba exigiendo.
Una de las condiciones para vivir en la mansión Kurosaki era estar disponible las 24 horas del día para el jefe. Tatsuki supo que su móvil sin batería no había ayudado a controlar el genio de Ichigo.
-¡Que mono!- no pudo evitar burlarse- ¿Estabas preocupado por mi?
Pero Ichigo ni siquiera pestañeo, tuvo que suspirar resignada. No le molaba nada tener un jefe sin sentido del humor. ¡Dichosa lealtad!
-Relájate, solo he estado en un Love hotel- trató de quitarle importancia.
La ceja de su jefe se alzó con curiosidad. Tatsuki solía tratar a los hombres como juguetes y sin embargo jamás había pasado toda una noche con el mismo y mucho menos toda una mañana.
-¿Tengo que preocuparme? – quiso saber él.
Pero de nuevo, no era verdadera preocupación. Era la forma en la que le preguntaba si su relación era lo suficientemente seria para bien ella retirarse o incluir un nuevo miembro a la familia. El clan nunca deja las cosas a medias.
Soltó una carcajada completamente involuntaria.
-Ni yo planeo retirarme ni Renji abandonar a Kuchiki.-contestó con una sonrisa burlona.
Ichigo la miró como si esta acabase de volverse loca y estuviese haciendo el pino con un gorro de cumpleaños en los pies.
-¿Te acuestas con Abarai Renji? ¡Dios! Eso es asqueroso… No te estará manipulando, ¡¿verdad?!
Ella lo miró con resignado aburrimiento.
-No soy tan estúpida como para caer en mis propias redes. ¡Solo es sexo!
Él se encogió de hombros, no tenia ningún interés sobre el tema.
-Bien, porque tenemos trabajo. Sígueme.
-¡Pero todavía tengo que ducharme y cambiarme de ropa!- exclamó.
Él la miró molesto mientras se ponía de pie.
-¿Es que no había ducha en el hotel?
Por supuesto que la había habido, pero no había pero no había cumplido precisamente aquella función.
Ichigo ni siquiera le había dado las gracias por lo de la noche anterior, pero tampoco es como si lo hubiese estado esperando.
Aquella noche Rukia encontró a Kon acurrucado en una de las esquinas de su habitación. Entorno los ojos, por algún motivo que no lograba a comprender, los sentidos de auto conservación del adolescente no funcionaban en torno a las mujeres de pechos enormes. Estaba muy tentada de preocuparse por él pero desistió.
Kon siempre había sido algo así como una hermano pequeño para ella y solía tratarlo como a tal de forma consciente, el verdadero problema es que por desgracia para Kon Rukia no era la clase de hermana comprensiva y cariñosa sino todo lo contrario. Era una hermana mayor despiadada.
-¿Has hecho lo que te pedí?
-¡One-san!- chilló Kon con lagrimas en los ojos corriendo hacía ella.
Y como una persona con tolerancia cero a las lagrimas Rukia lo estampo contra el suelo en un movimiento de Aikido.
-¡Pero, ¿qué demonios te pasa?!- le chilló, Kon parecía un muñeco sollozante.
-¡Se ha encogido!- chilló sin consuelo- ¡Mi diosa se ha encogido!
Rukia volvió a entornar los ojos y lo soltó irritada.
-¿Y mi carta?
Cuando Kon se la paso Rukia lo hecho de la habitación irritada. El papel verdemar estaba inundado con una torpe y enorme letra infantil. "Mama dice que te ayudara" rezaba este. Suspiro con cansancio, aquel había sido un día largo pero el siguiente no prometía ser mejor. La cosa más sensata que podía hacer irse a dormir temprano. Suspiro de forma anhelante, un dulce y tranquilo sueño en su propia cama… pero por algún motivo se visualizo a si misma entre sabanas blancas con un fuerte y cálido cuerpo sobre ella.
La imagen la hizo chillar y sacudió la cabeza tratando de deshacerse de ella. No lo consiguió.
-¿Qué demonios te pasa?- gruñó Ichigo asomándose a la puerta de la habitación.
Rukia chilló más fuerte y cerró la puerta tan deprisa que pillo los dedos de su marido.
Cuando escucho a este maldecir, le había pillado la mano herida, Rukia sintió una suave sensación de triunfo. ¡¿Qué derecho tenia ese idiota para colarse en sus fantasías?!
-¡Maldita seas enana!- lo escuchó.-¡Solo venía a decirte que te ha llegado un paquete! ¡Algún gilipollas te ha enviado una katana de color blanco!
Rukia abrió la puerta de golpe y salió de la habitación con tanta fuerza que choco de forma inevitable contra Ichigo, pero ni siquiera tenerlo tan cerca la detuvo.
-¡Pero, ¿qué coño …?
-¿De color blanco?- lo interrumpió ella con expresión ansiosa.
Ichigo frunció el ceño. ¿Por qué le importaba tanto?
-Compruébalo tu misma- gruñó señalando una pequeño montón de seda roja en el suelo junto a su puerta.
Rukia se lanzo hacía el paquete de seda, seda que envolvía una vieja katana, tanto la funda como la empuñadura de la que colgaba una larga cinta de raso eran de color blanco, es más incluso el propio filo del arma no podeís un color metalico sino que tiraba más hacía el blanquecino. La abrazó contra su pecho. Era un tesoro familiar.
-Sode no Shirayuki…-susurró, por primera vez en semanas se sentía entera, como si hubiese recuperado un parte de su propio cuerpo.
Ichigo la miró confuso y divertido. Sinceramente era de la opinión de que debería alejar toda clase de armas de las manos de aquella mujer cuando él estaba cerca pero para ser sincero nunca antes la había visto reaccionar así ni sentirse tan en paz como en aquel momento.
-¿Eso es tuyo?
La primera noche que la había conocido ya le había quedado claro que la mujer sabia usar una espada, había estado llena de heridas de batalla.
Rukia lo miró molesta como si acabase de interrumpir un momento privado entre ella y su katana , "arma estúpida", se sorprendió así mismo pensando.
-¿Quién ha enviado esto?- preguntó ella.
Ichigo no lo sabía y tampoco le importaba para ser sincero, tenia la cabeza llena de otras cosas.
-¿Sabes usarla?-se burló él.
Ella pareció tan ofendida como él había imaginado que estaría.
-¿Quieres que te lo demuestre?- gruñó ella empezando a desenvainar el arma.
Ichigo se rio en voz alta y dio un paso de depredador hacía ella.
-Me encantaría…- susurró a su oído con aquel tono ronco que hacía que le temblaran las rodillas.
Pero tan rápido como se había acercado, se alejo de ella.
-En cinco minutos, en el dojo.- y despareció en su propia habitación.
Rukia se quedo allí parada durante unos instantes Ferrada a una espada a medio desenvainar. ¡¿Qué acababa de pasar?!
¡¿Acababan de desafiarla?! ¡¿A ella?!
¡Oh! Ese bastardo no sabía con quien se la estaba jugando.
Lo primero que Rukia vio al entrar al dojo fue la tenebrosa imagen de un dios de la muerte. El shinigami que Ichigo llevaba tatuado a la espalda la miraba con cruda intensidad y parecía extender sus esqueléticas manos armadas por una katana hacía ella.
Pero no fue el tatuaje lo que casi la hizo huir despavorida, fue la cruda necesidad que la asalto, quería extender la mano hacía al tatuaje, quería palpar uno a uno los músculos de aquella espalda y definir el contorno del tatuaje con la yema de los dedos…
Entonces él se volvió hacía ella con una sonrisa burlona y la impresión se diluyo en el auto aborrecimiento. ¡¿Qué demonios le pasaba?!
-Llegas tarde- se burló él.
Rukia estuvo muy tentada de tirarle su preciosa arma a la cabeza. Se había vestido con su hakama lo más deprisa que había podido, de hecho había acabado atándose el nudo del obi con los dientes mientras buscaba algo con lo que recogerse el pelo, que por cierto no había encontrado. Ichigo sin embargo había optado por vestirse solo con una hakama de color negro por lo que permanecía desnudo de cintura para arriba , mostrando sus tatuajes y tentándola de forma vergonzosa. Se pregunto irritada si estaría haciéndolo aposta.
-¿Quieres luchar con espadas de verdad así vestida?- cuestionó su marido mirando fijamente su katana anudada a su cadera.
Rukia parpadeó.
-Es así como lo he hecho siempre.
Ichigo apretó los dientes con tanta fuerza que creyó que se arrancaría el esmalte.
-¿Es por eso por lo que llegaste a mi llena de heridas?- siseó amenazante.
Pero Rukia estaba lejos de sentirse mortificada por ello.
-¿Cómo puedes aprender a defenderte de verdad si luchas con espadas de mentiras?
Ichigo le lanzó un bokken antes de terminase de hablar. Rukia recogió en el aire la espada de madera.
-Al menos en esta casa la vida de las personas se respeta- le siseó- Apreciamos la vida y no la arriesgamos en estúpidos entrenamientos …
Rukia alzó una ceja divertida.
-¿Por eso os hacéis llamar shinigami?- se burló.
Ichigo se lanzó hacía ella con su propia bokken y Rukia desprevenida a duras penas consiguió detenerla. De haber sido una espada de verdad la habría ensartado.
-Precisamente por eso nos hacemos llamar así- sonrió su marido burlón.
Furiosa Rukia giro el arma en sus manos y lo obligo a retroceder.
-Sabes sujetarla pero apenas tienes disciplina de combate- gruñó ella atacando primero.
El arma de Ichigo detuvo el golpe alto, el bajo y giro con ella cuando esta tratando de golpearlo por detrás. Era como un viejo baile que ambos llevaban ensayando toda la vida. Y cuando Ichigo trato de golpearla ella le detuvo con asombrosa facilidad y ambos volvieron a girar usando sus bokken como eje.
-Esposa, he tenido un arma en las manos desde antes que tu nacieras…
-¡No me llames así!- gruñó ella tratando de hacerle perder el equilibrio- Y para llevar tanto tiempo sujetando una apenas si sabes empuñarla.
Un choque brusco hizo a ambos retroceder un par de pasos.
-Me sorprende que sigas en pie cuando ni siquiera estas sangrando- se burló Ichigo.
Rukia se vio obligada a retroceder cuando él golpeo pero ni sus reflejos fueron suficientes para hacerla perder el equilibrio. Ichigo aprovechó la oportunidad golpeándola en el costado y Rukia la distracción para golpear su cuello.
Ambos se miraron. Un arma real y Rukia hubiese estado muerta antes de poder devolverle el ataque. Furioso ante la idea Ichigo la empujo hacía atrás obligándola con fuerza bruta a soltar su arma. Rukia chilló ofendida y ultrajada luchando por su libertad y tratando de golpearlo pero el forcejeo lanzo a ambos contra el suelo. Ichigo cayó sobre Rukia pero esta usando el mismo impulso del golpe para girar acabo sentada a horcajadas sobre él. No pudo evitar un chillido de triunfo, como si hubiesen estado jugando.
Todavía irritado Ichigo alcanzo sus manos en el aire reteniéndola sobre él aún cuando ella estaba tratando de huir, y antes de darle tiempo a reaccionar la empujo con fuerza hacía él la envolvió en una brazo y la beso.
Había algo que quería que le quedase fundamentalmente claro: era suya.
Rukia jadeó contra su boca, más asombrada por el golpe que acababa de darse que por el hecho de que estuviese besándola. Pero Ichigo era infernalmente dominante y antes de ser consciente de lo que ocurría él estaba lamiendo sus labios y obligándola a abrir la boca para él. Su cuerpo se movió por puro instinto cuando simplemente le dejo entrar. Y entonces la lucha de espadas que habían mantenido segundos antes se convirtió en una lucha distinta en la que ambos luchaban por mantener el control y ninguno de los dos lograba conseguirlo, un doloroso y placentero empate.
Pero sus bocas no eran la única parte de sus cuerpo en contacto. Las caderas tan unidas hacían que todo ellos doliese; las manos de Ichigo que la habían abrazado con tanta fuerza se deslizaron hacía las nalgas de ella y las acunó con tanta fuerza que Rukia perdió momentáneamente la control de su pelea y gimió contra su boca de nuevo, mientras que sus propias manos se deslizaban por el pecho de Ichigo. Habían perdido completamente el control.
Pero cuando las manos de él se deslizaron bajo su ropa, acariciando su espalda y desabrochándole el sujetador, a ella se le olvido todo y dejo que la boca de Ichigo se deslizara hacía su garganta. Antes de poder darse cuenta habían intercambiado posiciones. Él la montaba a ella sobre el suelo.
Y lo único que Ichigo quería era deshacer los maldito nudos de la ropa de Rukia , poder quitarle el dichoso kimono. ¿Se enfadaría si se lo destrozaba? Sinceramente no quería arriesgarse. Si se enfadaba ella huiría.
Pero Rukia estaba un poco más allá del razonamiento, no podía recordar porque había luchado tanto contra aquello si se sentía tan asombrosamente cálido y su triste inexperiencia era muy capaz de decirle que solo estaban empezando. La idea le encantaba.
Por fin los nudos se deshicieron e Ichigo pudo deshacerse del maldito kimono y enterrar la boca en un de aquellos pequeños pechos que tan inexpertamente se ofrecían ante él.
El suave lametón contra sus pezones la hizo gemir e Ichigo se dedicó atormentarla con placer. Desconcertada Rukia hundió las manos entre el pelo de Ichigo y casi por puro instinto lo empujo hacía abajo. Lo quería mucho más allá de sus pechos como la noche de su boda. Cuando lo comprendió Ichigo sonrió malicioso y torturador, concentrando su lengua en su ombligo y sus dedos en sus pezones. Pero bajo él Rukia empezaba a impacientarse y se retorcía molesta.
Ichigo quería burlarse, quería oírla suplicar, pero no se atrevía provocarla por temor a que el sonido de su voz la espantase. La deseaba más de lo que había deseado jamás a un mujer y la idea de que ella huyese lo atormentaba. Así que al fin se atrevió a deslizar su propia mano por debajo de la hakama desabrochada y busco su centro por encima de su ropa interior. Ella estaba asombrosamente humedad por él y eso lo complejo de una forma primitiva y pasional. Quería entrar en ella hundirse en su cálida humedad y no salir jamás. Pero sabia que era su primera vez y tenia que ser tan suave como pudiese, aunque la idea de ir despacio lo mátese.
Decidido se deshizo del resto de la molesta ropa y hundió la boca en ella. Y esta vez no se aparto cuando la sintió llegar al limite sino que permaneció allí avivando aquella llama.
El orgasmo llego a Rukia como un desalentador escalofrío que surgía de la boca de Ichigo y se extendía por toda ella. Hizo que su espalda se curvara de placer y que sus rodillas se replegaran entorno a él, como invitando a ir más lejos. No podía comprender que le pasaba, se sentía como borracha pero asombrosamente complacida, mareada y feliz y quería llegar hasta el final. Ichigo la hacía sentirse hermosa y deseada y lo quería dentro de ella.
¡A la mierda las consecuencias! Ya se lamentaría por ellas a la mañana siguiente.
Ichigo sonrió sobre ella a pesar de que su erección empezaba a provocarle un dolor físico. Deslizar sus dedos dentro de ella, sentir su calor y la forma en la que se contraía entorno a él fue incluso peor, pero se trataba de prepararla para él.
Rukia gimió de nuevo ante su incursión y se agito de nuevo inquieta al borde de otro orgasmo. Pero las manos que había sostenido como puños a su costado estaban volando hacía Ichigo con desesperación y se concentraban en la cinturilla de su hakama tan desesperada por deshacer lo nudos, como él lo había estado antes. Algo tan sencillo como eso hizo que Ichigo se sintiese poderoso y deseado. Y cuando fue ella quien libero su erección y lo miro con cierto pánico apenas si pudo contenerse.
Tuvo que besarla para tranquilizarla y ella se anudo a su cuello casi por puro instinto. Entro a ella con tanta facilidad, pero el dolor por la rotura de su himen hizo que Rukia despertase y lo mirase con absoluta sorpresa, como si acabase de darse cuenta de lo que estaban haciendo.
Por unos aterradores segundos ambos se miraron a los ojos .
-Muévete, joder- lloriqueó Rukia e Ichigo lo hizo.
¡Oh! No le importaba recibir aquella clase de ordenes, en lo más mínimo.
Rukia sintió el dolor como una fuerte punzada de realidad pero ni siquiera eso iba a hacer que se echase atrás. Había elegido aquello por propia voluntad y acarrearía con las consecuencias con la cabeza alta y las armas preparadas.
Llego nuevamente al orgasmo con tanta facilidad que se pregunto que habría pasado con el dolor y poco después Ichigo la siguió.
Se quedaron allí, el uno sobre el otro durante minutos enteros, disfrutando de los restos de sus orgasmos y tratando de recuperar el aliento.
Cuando Ichigo se aparto con suavidad y la ayudo a ponerse en pie, ambos volvieron a mirarse a los ojos. La sonrisa de pura satisfacción de Ichigo la congelo. Había elegido aquello por su propia voluntad… ¡¿Qué demonios acababa de pasarle?!
Entonces él dio un paso hacía ella y la cubrió con la parte de arriba del Kimono.
-Sabia que acabarías colaborando…- rió Ichigo demasiado satisfecho con sigo mismo como para razonar adecuadamente.
Rukia lo miró adolorida y horrorizada. ¡¿Se estaba burlando de ella?!
-¡GILIPOLLAS!- le gritó con todas sus fuerzas antes de salir huyendo de entre sus dedos.
¡Oh! ¡Mierda! , pensó desesperada. ¡¿Qué cojones había hecho?!
Ichigo vio su huida con verdadero asombro. ¡¿Qué había hecho mal?! ¡Ella había colaborado encantada!
¡Dios! Había empujado las caderas contra él con tanta fuerza que había tenido que luchar para controlarla. ¡¿Por qué demonios huía ahora de él?!
¡Joder! ¿Quién coño entendía a las mujeres?
Pero los restos de su ropa, desperdigados por el suelo lo hicieron sonreír. Una pasión como aquella seria difícil de seguir controlando. Ella iba a volver a él por su propio pie.
Poco a poco, se repitió a si mismo.
Nota de la autora:
Tengo que admitirlo, cuando Rukia ha empezado a ceder he soltado un grito de alegría y expandido los brazos con tanta fuerza que he golpeado la estantería y volcado un libro que ha provocado una reacción en cadena con todos mis cuadernos. Cuando mi compañera de piso ha venido corriendo ante el estruendo explicarle lo que pasaba a sido uno de los momentos más vergonzosos de mi vida. Ahora no solo cree que estoy loca, sino que está convencida de que soy una pervertida.
Creo que por fin está empezando a conocerme.
¡¡¡Muchas gracias por todos vuestros review!!!
