¡Bienvenidos todos otra vez! Me alienta saber que la historia les está gustando, eso me anima a

continuar escribiendo y a intentar mejorar mi escritura. Dicho esto aquí os dejo un capitulo más.

Disfrutad.


Cuando un loco parece completamente sensato es ya el momento, en efecto, de ponerle la camisa de fuerza. Edgar Allan Poe.

Tras amanecer en la casa de las hermanas Solber, mi primera meta era dar una buena impresión a los pescadores que me habían contratado aún sin saber quién era. Así que mis intenciones eran las de bajar al muelle después de comprar algo de comer y de pagarle la noche a Elsa pero, poco antes de salir de casa e ir a por pan, la hermana pelirroja se cruzó conmigo y me pidió que les pagase por la tarde, justo después de acabar de trabajar.

En ningún momento me pareció extraña aquella actitud, al contrario, pensé que las muchachas pese a jóvenes eran muy consideradas, pensé que posiblemente lo hacían para que yo tuviera algo de dinero y no pasara penurias tras mi primer día en las frías tierras de Geirangerfjord.

Después de desayunar Anna volvió pedirme otro favor. La muchacha quería darme las llaves de la casa que me iban a alquilar cuando le pagara la noche de ayer. Acepté.

Así pues, junto a los primeros rayos de sol matutinos y los fríos vientos del norte me encaminé hacia el puerto en busca del Señor Steensen; cerca de la zona de los barcos había un grupo de hombres de avanzada edad preparando las líneas, las cañas y las pequeñas embarcaciones que iban a usar.

Zarpamos a las doce del medio día, cuando el pequeño grupo se había convertido en una docena de hombres bien provistos. Nos repartimos en grupos de tres y hacia las doce y media ya estábamos cada barca en una zona distinta para pescar.

-Muchacho, debo decir que me has sorprendido. No pensé que fueras a hacernos compañía desde buena mañana.

-El señor Andersen me dijo que vuestro día empezaba a las...

-Lo sé, lo sé. El viejo Andersen... Ah, ese viejo siempre cargado de viejas costumbres... Seguro que con él pescabais en mejores barcos.

-La verdad es que el señor Andersen no tenía grandes barcos...

-Vaya...

Mientras charlábamos, el otro hombre se dedicó a sacar todas las líneas que ibamos a necesitar y nos las fue pasando.

-Aunque si es cierto que con Andersen solíamos volver a las cinco a casa.

-Aunque no lo creas allí hay más peces que aquí, la diferencia está en que los peces de aquí están más buenos.- El otro hombre se echó a reír y añadió: "Además de caros".

Los tres reímos por el chiste y lanzamos las líneas.

-Por cierto muchacho, ¿Vienes de Bergen? -El hombre barbudo que nos acompañaba parecía estar interesado en conocerme un poco más.

-Uf, si hubiera venido de Bergen no hubiera dormido.-Reí.- Me hospedo en casa de lady Solberg.

Ambos hombres se miraron entre ellos y se callaron durante varios minutos.

Sin saber que hacer me dediqué a pasar el tiempo observando el agua y comprobando que todo estuviera en orden; cuándo la noche empezó a caer, los pescadores y yo nos encontrábamos en tierra firme, había superado mi primer día de trabajo y al parecer Steensen estaba bastante contento conmigo, tan contento que incluso me invitó a tomarme unas cervezas con él en la Taberna el Viajero. Por desgracia tuve que rechazarla para poder ir en busca de las llaves.

Mientras ascendía por la colina tuve tiempo para pensar. Rememoré la escena tan tensa que había tenido con Steensen y su compañero, analicé mis palabras y traté de hacer lo mismo con los gestos de ambos hombres. Era incapaz de creer que pasaba algo raro con aquellas hermanas, habían sido demasiado buenas conmigo pero entonces ¿Qué les atormentaba? Alcé la cabeza hacia el cielo en un intento de pedirle a los dioses que me mandasen la respuesta mas lo único que recibí fue la impactante idea de que iba a nevar.
Centrado ahora en otra cosa, subí la colina con una rapidez sorprendente que incluso a mi me llamó la antención, ¿Tanto temía a la oscuridad? Parecía un chiquillo miedoso y me avergonzaba de ello.

-Sir Bjorman.

La cálida voz de la hermana pelirroja me hizo sobresaltar, había estado demasiado absorto en mis pensamientos y casi pasé por alto el sitio dónde habíamos quedado.

-Mi hermana me ha pedido que le entregue la llave y le invite a cenar.
-La verdad es que preferiría que me llevase hasta la casa.
-Comprendo sir, pero recuerde que se ha dejado sus pertenencias en casa. Va a tener que ir igualmente.

Golpeé mi frente con la palma de mi mano ante semejante descuido, ¿Cómo podía ser tan tonto?

-Se me había olvidado.
-Lo sé, por eso mi hermana insistió en que le invitase a cenar.

Azorado por mi descuido decidí aceptar la invitación al tiempo que le pedía a la tierra que se abriera bajo mis pies y me enguyera.

-Por cierto señorita Anna, ¿Conocen ustedes al señor Steensen?
-¿Por qué lo preguntas, dijo algo sobre nosotras?
-No, no, mal rayo me parta si hablaron de ustedes.- Algo dentro de mi me advirtió de no decirle la verdad.- Es sólo que me pareció un hombre un poco... Peculiar.
-¿Steensen? El viejo pescador es muy supersticioso, seguro que es eso lo que os ha sorprendido.
-Sí, la verdad es que sí. No quiso salir hasta pasada las doce, decía que tenía algo que ver con una tradición.
-No se sorprenda sir, la gente de por aquí teme a los más intelectuales. Cuándo el esposo de mi hermana vivía, la gente le tenía miedo. Ahora que ha muerto la mayoría temen a mi hermana porqué estuvo en contacto con él.
-Como una cadena...
-Exacto, conmigo tenían cierto recelo pero conforme fue pasando el tiempo me acabaron temiendo.
-La ignorancia es uno de los mayores males humanos...

Mientras andábamos por las irregulares y mal iluminadas calles observé que nadie más se atrevía a pasear por las calles, ni si quiera los pescadores que me habían invitado a la taberna pululaban por la zona.

-Bueno... A veces puede procurarte una gran felicidad.

La muchacha abrió la puerta de la casa principal y al cruzar la puerta nos encontramos con Elsa. La rubia se hallaba sentada en el sofá que miraba directamente a la chimenea mientras leía un denso libro, a su izquierda había una pequeña mesa y en ella reposaba una humeante taza de lo que parecía ser té de menta. Una elección un tanto extraña teniendo en cuenta el regusto de frescura que deja y el viento permanente que parecía haber en aquel lugar.

-Buenas noches Bjorgman, buenas noches hermana.
-Buenas noches Elsa.
-Veo que has aceptado la invitación de Anna.

La muchacha apareció de detrás mio con una dulce sonrisa.

-Sir Bjorgman se había dejado las cosas en casa así que no fue muy difícil convencerle.- Mientras hablaba fue hasta donde estaba su hermana para saludarla con un delicado beso en la mejilla.
-Su hermana tiene razón, pensaba ir a la otra casa a descansar pero me olvidé aquí mis cosas.
-Así que ese es su verdadero motivo... Y yo que me había emocionado por vuestra presencia, me gustan los hombres inteligentes.

Mi tez se tornó roja y mi cuerpo se puso caliente. ¿De verdad había dicho eso de mi? ¿Me estaría tomando el pelo? No creía que alguien como yo mereciera ser alabado por aquella nívea que ahora se me antojaba como una diosa.

-Elsa... -La voz de Anna sonó como un quejido de un animal herido.- No bromees con estas cosas.

El calor que se había extendido por mi cuerpo aumentó considerablemente al ver que aquello había sido una cruel broma por parte de la rubia; Elsa se levantó del sofá tapándose la boca en un intento por sofocar su risa y luego beso en la frente a su hermana.

-Lo siento pero deberíais de haberos visto la cara.
-Je- Reí secamente mientras frotaba mi nuca.-Seguro que ha sido todo un poema, no estoy acostumbrado a que las damas me agasajen.
-¿De verdad?- Anna parecía estar realmente sorprendida por mi revelación.-Sois un hombre atractivo así que pensé que si no teníais pareja era por vuestros estudios.
-Pues la verdad es que no es por eso. Nací en un pueblo pequeño donde la mayor parte de la población son hombres, las pocas mujeres que hay son mayores a mi y para colmo no tengo un físico notable. Una experiencia así no me permite conocer a muchas mujeres.
-¿Qué edad tienes?- Preguntó la nívea.
-Veintiuno.
-¡Tiene tu edad!

Miré a Elsa con curiosidad. Si esa muchacha tenía veintiún años ¿Con cuántos se había casado? ¿Qué edad había tenido el marido? La verdad es que en ningún momento me había parecido mayor pero al tener un rostro redondo y unas mejillas sonrojadas creí que era de esas mujeres que aparentan menor edad.

-Se lo que piensas, ¿Cómo que una mujer tan joven es viuda? Mi padre me casó con trece años.
Faen! ¿¡Enserio!? ¡Estamos en el siglo diecinueve! ¿Qué clase de padre hace eso?

Las hermanas se quedaron calladas ante mi brusquedad.

-Lo siento, no debí de haber dicho eso.
-No, no. Está bien- Anna fue la primera en contestar.
-Nuestro padre era un poco tradicional.
-Ya lo veo, ya.

Elsa abrió la boca para decir algo pero casi al momento cambio de opinión y llamó la atención de Anna para que la muchacha mirase hacia la mesa de centro.

-¡La comida! ¡Casi se me pasa!
-Anna, tranquila, antes de que llegaseis el reloj aun no marcaba la hora.

Para que Anna no fuera sola a servir la cena los tres nos desplazamos hacia la cocina. La pelirroja se encargó de poner la mesa, servir la comida y sentarse junto a su hermana; la velada fue tranquila, cada vez me aficionaba más a estar con las dos mujeres pese al aura de misterio que les envolvía. Me agradaba escucharlas hablar y conversar sobre todo tipo de materias. Había superado el embelesamiento inicial que me provocaban y, ahora, disfrutaba de las conversaciones profundas que me ofrecían. Las Solberg, sobre todo Elsa, parecían haber sido instruidas en todo tipo de artes.

La conversación se extendió durante horas y yo no me di cuenta; no había tiempo en aquella casa, todo parecía ser perecedero. Cuándo miré el reloj de pulsera que llevaba me sobresalte por las altas horas que eran, debía recoger mis cosas y volver a casa lo antes posible. Mas cuando abrí la puerta para irme, una peligrosa cantidad de nieve se había aposentado en el suelo. Miré mis zapatos apenado y supuse que no iba a poder salir de allí hasta el Sol no derritiera aquel pequeño muro. Salir podía ser peligroso teniendo en cuenta donde estaba la casa alquilada.

Ante la posibilidad de hacerme daño, las hermanas me ofrecieron la habitación disponible. Yo me negué. Prefería pasar la noche frente a la chimenea y no pasar tanto frío como la otra vez. Ninguna de las dos se opuso.

Sobre las cinco de la mañana la pequeña llama que tenía frente a mi acabó consumiéndose, un par de horas después me levanté con ganas de ir al lavabo; al pasar por delante de la habitación misteriosa, me fije en que por debajo de la puerta salía un tenue destello blanco cegador. Por instinto extendí la mano para abrir la puerta y cuando mis dedos rozaron la madera, mi cuerpo insistió una vez en la necesidad de ir al lavabo. Sin pensármelo demasiado corrí por el pasillo y provoqué que el destello desapareciera. Al salir del baño tuve que pasar de nuevo por delante de aquella habitación y al hacerlo, un golpe sordo se dejo escuchar desde su interior.

-¿A-anna? ¿Elsa?- Mi voz parecía ser lo único vivo de aquel lugar.- ¿Estais bien?

De repente la puerta de la calle se abrió con fuerza. Recordaba como Elsa había echado la llave por dentro, era imposible que se hubiera abierto sin querer, era ridículo. Me asuste. Al borde de la escalera trate de escrutar la oscuridad cuando escuche a la madera crujir bajo el peso de alguien. "Mierda, ladrones", pensé, " Espero que las chicas sigan en sus habitaciones". No quería que nadie dañara a mis anfitrionas así que si realmente eran vulgares rateros podía enfrentarme a ellos y sacarlos de casa de las muchachas sin hacer demasiado escándalo.
Baje con cautela por las escaleras sin despegarme de la pared, busqué el origen del sonido y entonces recordé lo que habían dicho las hermanas: "Mientras él esté aquí estás a salvo". ¿Sería esa la persona que las atormentaba? Si era así iba a tener que enseñarle a dejar en paz a las jóvenes.

Al llegar abajo caminé a tientas por el pasillo cuando algo se abalanzó sobre mi y me derribó. Aquella cosa era una persona, un hombre para ser exactos, que estaba vestido con ropas negras y básicas. Forcejeamos por el suelo sin chillarnos, nos magullamos mutuamente y cuando pensaba que lo tenía bajo mi cuerpo, algo frío y cilíndrico se colocó a la altura de mi abdomen.

-Mierda, mierda, mierda. No se tendría que haber disparado.

El hombre me apartó con fuerza y yo rodé con la mano tapándome la herida. Traté de ponerme en pie pero me dolía demasiado así que en un intento desesperado por salvar a las chicas quise chillar.

-A...

El hombre se abalanzó sobre mi y me golpeo con la culata de la pistola en la cabeza dejándome inconsciente.

Desperté cerca del bosque mientras era arrastrado, los primeros rayos de Sol habían empezado a salir e iluminaban gran parte de mi atacante. El hombre vestía de negro pero no podía identificar nada más que la gran mancha que era ya que el golpe había sido demasiado fuerte y mi visión aun estaba nublada. Me sentía débil y cansado por la sangre que había perdido. Cerré los ojos y me deje llevar aceptando a la muerte.

-¡Sir Bjorgman!

La voz de Anna me hizo recomponer algo de fuerzas, las suficientes como para que intentase luchar por mi vida pero al final no hizo falta que lo intentase demasiado. Cuando el hombre miró hacia atrás pude ver sus ojos, su mirada estaba completamente perdida y desquiciada, tenía los ojos de un maníaco, pero incluso el loco que me intentaba secuestrar sentía miedo. Lo se porqué al ver a Anna soltó la cuerda con la que me arrastraba y se perdió en el bosque.

-¡Sir Bjorgman! ¡Oh Dios mío! ¿¡Qué le han hecho!?

Me sentía mareado por la perdida de sangre, apenas podía escuchar lo que la muchacha me estaba diciendo como un lejano susurro. Ni si quiera me enteré cuando colocó sobre mi herida un pañuelo y me obligó a hacer presión mientras ella se iba en busca del médico del pueblo; durante el tiempo que pasé sólo cientos de recuerdos pasaron por mi mente, estaba seguro de que iba a morir y de alguna forma me sentía aliviado. Era como si aquel loco me estuviera mostrando misericordia y cordura al haberme intentado matar, ¿Estaría empezando a desvariar?

-Ahí está.- Frente a mi apareció una anciana figura que difícilmente iba a poder cargarme, en ese momento pensé que ahí me quedaba.

-Ayúdeme a cargarlo sir Alfrid.- Entre los dos me ayudaron a ponerme en pie. -Yo cargaré con la mayor parte del peso.

Poco a poco fuimos caminando por la rojiza nieve y en menos de lo que imaginé llegamos a la casa del médico.


Ulisses, es un alago saber que lectores de Lovecraft ven en mi su esencia, la verdad es que cuando la inicié lo hice como un tributo a su obra al tiempo que buscaba parodiar el espíritu navideño. Y de esa idea tan absurda -influida por varias cosas- acabó saliendo esta pequeña historia que si realmente gusta será simplemente el inicio de otras. [Algo así como un pequeño universo]