Lamento la tardanza, me hubiera gustado poder subir antes el capítulo pero por desgracia se me

han juntado varios trabajos y exámenes, por eso este capítulo es más corto que los anteriores.

Sólo espero que les guste y que lo disfruten.


El tiempo es el ladrón de la memoria. Stephen King.

No tengo palabras para expresar lo que sentí. Aquellas horas vacías de las que apenas recuerdo algo son, y serán, los retazos que me atemorizan incluso en los días más claros; He guardado para mi durante mucho tiempo el hecho de que aquella delirante mañana de invierno fuera mi primera gran revelación. Jamás le dije a nadie lo que descubrí pues he procurado que esas palabras se perdieran en el tiempo y en lo más oscuro de mi memoria. Mas ahora, envalentonado por lo que estoy escribiendo, se que debo explicarte a ti también lo que escuché a fin de que comprendas un poco más mi relato y mis temores.

-No voy a salvarlo.

-¿¡Cómo que no!?

-No pienso salvar al hombre que traerá la desgracia a nuestro pueblo.

-Usted debe salvarlo, por el amor de Dios.

-Anna, por favor, no uses el nombre de Dios en vano.

-Esta bien, está bien pero hizo un juramento, ¿Va a incumplirlo?

-No, pienso salvarlo la vida pero no voy a recetarle nada. Si sobrevive será todo un milagro.

-¡Ugh! ¿Es consciente de que usted está vivo porqué mi hermana quiere?

-Por supuesto que lo soy.

-Entonces no tiente a la suerte.

-No la tiento, hice lo que hice por ti. Tu alma todavía se puede salvar...

-Y Elsa le estará eternamente agradecida por lo que hizo, aún así no juegue con su paciencia.

Anna dijo algo más y se fue dando un portazo de la sala, parecía bastante enfada por la osadía del anciano que parecía no temer a la muerte.

-Más te valía estar muerto. Pobre muchacho... No sabes el horror que te espera en esa casa, ojalá Jaska hubiera acabado contigo. Ah... El viejo Jakka, quién le iba a decir que su hija se iba a convertir en un monstruo.

El médico me colocó las vendas y dejé escapar un suave quejido de dolor.

-Se fuerte muchacho, este dolor no se parecerá en nada al que sentirás cuando él muera.

Pese a que mi cabeza estaba un poco ida y mis ideas confusas, logré balbucear algo mínimamente coherente en noruego. Quería captar la atención del hombre y que me explicase quién era ese tal Jaska y que quería decir con "monstruo". Sobre mi se cernían cientos de interrogantes que requerían ser contestados en ese preciso instante, y de haberlo sido quizás, tal y como el médico le dijo a Anna, " Mi alma se salvaría". Por desventura no hallarían respuesta hasta los siguientes días.

-Elsa... Monstruo... Huésped...- El viejo se mostró sorprendido por mis palabras en noruego y supuse que Anna le había dicho que yo solamente hablaba inglés.

-Muchacho ¿Hablas noruego?

Asentí débilmente con la cabeza.

-Escucha bien, no tengo demasiado tiempo para explicarte esto así que atiende y no hagas preguntas.

De nuevo asentí con la cabeza.

-Elsa es un demonio. Se alimenta de la energía de los hombres que se hospedan en su casa, les roba la vida poco a poco y los sume en la locura. Les hace llegar a un punto en el que no distinguen las visiones de la vida real y entonces les ofrece una solución. Cualquiera puede pensar que es fácil huir de su casa pero no es verdad, todos vuelven. Los rumores dicen que contra más lejos estés de ella peor serán las visiones; Jaska era su padre, juro liberarla de su maldición y por ello partió a tierras lejanas en busca de una solución. Pasaron tres años hasta que volvió, tres agonizantes años en los que nuestros hijos desaparecieron uno por uno para luego ser hallados como masas de cárnicas carbonizadas... Él lo sabía, y cuándo volvió con una solución, juro ante todo el pueblo que él mismo mataría a su hija mayor.

Por desgracia Anna se interpuso en el intento de asesinato y recibió un balazo. Después de eso ambas hermanas dejaron de salir de casa por miedo a que el padre apareciera de nuevo e intentase matarlas.

Hans Southerfield fue el hombre anterior a ti, le avisamos de todo esto , tal y como ahora hago contigo, y huyó. No creo que tarde demasiado en volver pero mientras tanto tu serás su comida.

-¿Por qué?- Murmuré con dificultad. -¿Por qué no la matáis vosotros?

-Joven, ¿Crees que si supiéramos cómo, no lo habríamos hecho? Su padre es el único que lo sabe. Cada año viene por estas fechas y lo intenta una vez más... En vano, claro está.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió de nuevo. Un hombre mayor vestido con sotana apareció por el umbral de la puerta para hablar conmigo y con el médico, supuse que intentaría darme la Extrema Unción o algo por el estilo pero la verdad es que no estaba para tonterías. Por suerte el viejo guardo conmigo mi secreto y el cura solamente rezó por mi alma y se fue. No quería aguantar a otro hombre de fe diciendo disparates.

Después de que el cura se fuese, Anna volvió a entrar y se sentó a mi lado para comprobar que el médico hacía su trabajo. Bajo la atenta mirada de los dos no tardé demasiado en echarme a dormir y en olvidar gran parte de lo que sabía.

Cuándo el médico me dio por curado, lo primero que hice fue volver a casa de las hermanas y sacar todo lo que tenía de allí. Me excuse con una historia tonta sobre no molestar más y salí del lugar como alma que lleva al diablo, me metí en la otra casa, y me cercioré de que no hubiera forma humana de entrar sin llave.

Los días que siguieron a este suceso fueron bastante tranquilos. Para empezar no abandoné mi trabajo como pescador pese a mi condición, tampoco me crucé con ninguna de las dos hermanas y por si fuera poco no había rastro alguno de extrañas visiones. Tenía la sensación de que todo estaba volviendo a su ritmo normal, de que me había salvado, pero aquello sólo fue una mera ilusión.

El dieciocho de diciembre, cuándo volvía a casa de trabajar, me crucé con una figura conocida. Al principio no supe de que me sonaba pero en cuanto me fije en sus ojos me di cuenta de que era Hans. En aquel momento había olvidado por completo lo que el médico me había dicho casi un mes atrás y, curioso, quise preguntarle por su visita a Geirangerfjord. Al acercarme pude ver que aquel muchacho de vivo rostro se había convertido en una cadavérica figura, sus pómulos se habían acentuado hasta un punto inimaginable y las cuencas de sus ojos se habían hundido tanto que estos se habían vuelto saltones. Su cuerpo había perdido masa y el color de su cabello se había apagado. Asustado por lo que veía retiré mi mano de su hombro y Hans respondío empujándome hacia un lado.

En sus ojos había ira, desprecio y un atisbo de desesperanza que jamás olvidaré.

Anonadado por su reacción observé a mi compañero descender por la colina mientras farfullaba. También lo vi hablar con varios pescadores, conseguir una pequeña barca y empezar a remar. Me parecía una acción un tanto extraña así que bajé corrienso hasta el muelle y hablé con los hombres para averiguar lo que Hans les había dicho.

Mientras hablábamos una bola de fuego empezó a arder en medio del mar. Hans se había suicidado; Sus gritos se dejaron escuchar por toda la ciudad, los perros ladraron enloquecidos y los gatos maullaron de tristeza.

Ante la escena me había quedado estático, y de no ser por uno de los pescadores posiblemente hubiera perdido mi cordura en ese momento. Mi cabeza era como una caja de resonancia que repetía una y otra vez que yo iba a ser el siguiente. Despavorido corrí hacia la taberna y allí bebí hasta caer rendido o al menos haber olvidado gran parte de la noche.

Al día siguiente desperté con una gran resaca pero igualmente fui a trabajar. Al hablar con Steensen el viejo me pidió que me marchase y así lo hice, me tomé aquello como un descanso y me dediqué a ordenar la casa como aquel que se dedica a ordenar sus pensamientos. Me negaba a salir de aquel lugar y aún menos a ver a ninguna de las dos hermanas. Por desgracia aquella misma noche la pelirroja se presento en mi casa para comprobar que todo estuviera bien.

-Sir Bjorgman, soy Anna. Anna Solberg.- La muchacha insistía en llamar a la puerta.-Sir Bjorgman, por favor, ábrame. Hace frío.

La luz de la chimenea era lo único vivo de aquel lugar; tras ordenar las cosas descubrí un pequeño escrito del puño y letra de Hans, decía cosas incongruentes y vagas que apenas comprendía pese a mi inglés, mas todo lo que había descubierto me había provocado un estado de ánimo similar al de una persona en coma. Por eso ni si quiera quise abrirle la puerta a la hermana del monstruo que me atormentaba y perseguía, porqué yo continuaba sentado en el sofá mirando el fuego crepitar.

-Sir Bjorgman, voy a abrir. ¿Está usted bien?

La puerta se abrió y la brisa que entró apagó el fuego.

-¿Sir Bjorgman?

La muchacha llevaba algo en la mano, lo sé porqué resbalo de entre sus dedos y chocó contra el suelo. Volteé a mirarla y me sobresalté al ver a Anna recoger los pedazos de cristal.

-¡Largo! ¡Largo de aquí!

Asustado me levanté de la silla y me acerqué a ella con paso firme, la cogí de la muñeca y la levanté. Quería sacar a esa pequeña y frágil muchacha de mis dominios antes de que mi cordura desapareciera por completo e hiciera algo de lo que podría arrepentirme; al levantar la me di cuenta de que ella estaba fría, como si hubiera pasado varias horas en la calle esperando.

-Sir... ¿Qué le pasa?

-¡Qué te largues joder!

-Sir... Por favor, no lo haga.-Sus ojos mostraban una preocupación real por mi.

-¿¡Qué no lo haga!? ¡Habéis matado a un hombre!

Alcé a la muchacha y la arrastré hasta la mesa donde aún yacía la hoja rota que había encontrado. Sabía que Anna podría leer lo que había escrito e incluso quizás entendería ese otro lenguaje; cuándo Solberg leyó el escrito se llevó las manos a la boca con la intención de sofocar el pequeño grito que apenas pudo contener.

"Rāhj ā f-fght[...]Todavía me pregunto por lo que sostuve entre mis manos, se que no debí de haberlo cogido sin permiso alguno [...] no estaba escrito en ningún idioma que yo conozca[...] Rhlē s'ahj phæ [...] estaba lleno de varias frases que en un intento de pronunciarlas me dolía hasta la garganta [...] Cuándo me descubrió con el libro entre las manos me juró una muerte lenta y llena de sufrimiento[...] y aquí estoy yo, cuestionándome si realmente el final aún no está escrito."

-¡Lo vi con mis propios ojos! ¡Hans se prendió fuego! ¡Lo acosasteis hasta que lo hizo!-Anna cogió la hoja de papel y la guardó en uno de los bolsillos que llevaba. En verdad no le di demasiada importancia al hecho porqué la ira todavía me recorría las venas.

-Sir ¿Conocía a Hans?

Mi rostro se tornó pálido al escuchar esa pregunta, no quería decirle que lo conocía pero tampoco quería que la ira de Elsa volcara sobre mi.

-¿¡Qué clase de pregunta es esa!? Los pescadores me dijeron que había un loco vagabundeando por vuestras tierras, temí por mi vida y cuando vi a una persona que encajaba con la descripción fue para ver como se prendía fuego. ¡Delante de mi!

-Tengo que volver a casa.

-¿¡Qué!?- Me sentía amenazado, sabía que mi excusa apenas había sido creíble.-¿¡No te vas a defender!? ¿¡Es verdad!?

-Sir, tranquilícese. ¿Qué le hace pensar que fuimos nosotras?

Si le hubiera dicho la verdad hubiera caído en sus redes mucho antes y posiblemente me hubiera ahorrado la agonía que sufrí después y los intentos por mantener mi mente sana, eso por no mencionar las horas perdidas en las bibliotecas y el dinero gastado en todos mis viajes.

-Está bien, está bien. Esa mierda me ha afectado demasiado.-Me llevé las manos al rostro y volví junto a la chimenea para encender fuego.-Me encontré esto aquí, entre los libros. Creo que formaba parte de algún diario que desapareció.

-Ve como no es para tanto... sus sospechas son sin fundamento.

-Creo que sólo necesito dormir...

-Vuelva la cama sir, mañana hablaré con mi hermana sobre esto y buscaremos nuestros documentos. Seguro que podemos averiguar quien escribió esto.

-Gracias Anna.

-No me de las gracias sir; procure descansar y no haga caso a las viejas historias de estos lares.- La muchacha me dejo sólo mientras continuaba intentando encender la madera.-Por cierto sir, Hans volvió hace bastantes días. Volvió con un aspecto bastante demacrado y prácticamente sin racionalidad alguna. Creo que en su viaje a la capital consumió alguna extraña droga, yo no le daría importancia a ello.

Volteé para despedirme y tan solo la muchacha se fue decidí que investigaría la muerte de Hans y todo aquello que le rodeaba a la ciudad.