Bienvenidos seáis todos. Aquí os traigo una parte más de esta historia y con ello poco a poco me voy

acercando al final de la trama; al principio tenía pensado hacer dos historias distintas que estuvieran

relacionadas entre ellas, pero viendo lo corto que está quedando, había pensado en continuar publicando

aquí pero bajo otro punto de vista, como una segunda parte de esta historia que la complementa. Todavía

no se que voy a hacer así que me tomaré un poco de tiempo para meditar sobre ello. || Los personajes

no me pertenecen.


Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura. Edgar Allan Poe.

Aquella misma noche la nieve cayó con fuerza.

La visita de Anna había traído un fuerte y creciente viento que atormentaba los cimientos de mi casa y hacía crujir la estructura de madera. Su bravura daba miedo pero era consciente que siendo la casa de la familia Solberg, posiblemente sería una de las pocas casas capaz de aguantar aquel feroz temporal que amenazaba con nevar bajo la imagen de un cielo encapotado.

Sin prestarle demasiada atención al tiempo, obsesionado y desquiciado, me serví una copa de whisky mientras miraba al fuego crepitar. Las pocas ideas que tenía las debía poner en orden para espantar a los demonios que me atormentaban, mas aquella tarea ardua me estaba resultando imposible. El fuego me recordaba a aquellos horribles ojos que había visto una vez y el viento me hacía estremecerme; el pueblo dormía cuándo la furia blanca se cernió sobre él y yo supe que si en algún momento había podido dormir aquella noche, con la caída del primer como de nieve toda posibilidad se había esfumado.

Con los primeros rayos diurnos y el despertar de la ciudad, todos fuimos conscientes de que iba a ser imposible hacer nuestra vida diaria. El suelo estaba recubierto de una gruesa capa de nieve que impedía bajar por la colina sin miedo a resbalarse, eso por no mencionar que habían pequeñas capas de hielo que se habían formado por zonas y las nubes amenazaban con continuar nevando, y las pocas personas que se atrevían a salir de casa lo hacían para refugiarse en casa de otros o ocurrir a la taberna en busca de un trago caliente.

Mi whisky se había acabado a media noche y el efecto del alcohol estaba desapareciendo, necesitaba un trago más.

Ensimismado por las pocas figuras que corrían hacia la taberna, me decidí a hacer lo mismo y olvidar la imagen de mi compañero de universidad envuelto en llamas y gritando de dolor.

Por suerte para mi, o eso creí al principio, se podía escuchar desde el exterior del local un gran jolgorio; aquel pequeño sitio lleno de parroquianos parecía ser mi salvación pero al entrar las caras alegres se tornaron en rostros funestos que reflejaban el miedo que yo sentía sobre mis espaldas. Las miradas se clavaban en mi y los murmullos crecían por allí donde pasaba, me sentía incomodo y quería salir corriendo pero sabía que el único remedio para olvidar era beber y, sin bebida en la despensa, el único sitio para beber era allí.

Sentado en mi silla y cabizbajo llamé al tabernero y pedí una copa de whisky cargada.

El hombre que tenía al lado se echó a reír por mi elección, para él aquello mi pedido era una bebida de niños ricos y así me lo hizo saber. Por suerte eso fue el inicio de una larga conversación y una gran muestra de decencia. Fue el único que me habló directamente.

A los pocos minutos, el hombre me explicó su situación. Al parecer se dedicaba al comercio entre pueblos y se había quedado atrapado a causa de la gran nevisca en Geirangerfjord, había llegado por la noche y pese a que el reno con el cual atravesaba las regiones estaba acostumbrado a ello, el animal estaba cansado y prefería dejarlo descansar unas horas más.

-Sven, ¿Podrías hacerme un favor?- Pregunté casi sin esperanzas.

-Cómo negar le algo a alguien que parece que vaya derecho a la fosa.- Dijo riendo.

-¿Podrías compararme unos libros? El cielo aquí está demasiado gris y no me atrevo a salir del pueblo.

-Por supuesto, en tres días estaré por aquí. Dime que quieres y te lo conseguiré.

Le expliqué que clase de libros buscaba, qué podía interesarme y cerramos un trato. Sólo tenía que esperar unos pocos días y tendría algo con lo que empezar mi investigación. Por desgracia estaba tan impaciente que para que el tiempo se hiciera más corto me eché a la bebida.

-Aquí tienes.-Dijo Sven dejando una enorme bolsa de tela sobre la mesa.-Traigo quince libros, la mayoría de ellos no han sido muy caros.

-¿Cuánto es?

-Cien Krones.

-¿¡Cien!?

-¿Qué pensabas, qué te iba a salir barato? Amigo yo tengo que comer.

-Está bien, toma. Tráeme más cuando puedas; Vivo en la casa que está cerca del mercado.

-Estupendo, ha sido un placer hacer tratos contigo.

Nos dimos la mano y salí corriendo en dirección a mi casa. Por primera vez en mucho tiempo estaba verdaderamente contento, estaba entusiasmado ante la idea de poder encontrar alguna pista que me permitiese probar -o refutar- la idea de que sobre aquel lugar pesaba una extraña maldición con nombre y apellido.

Por desgracia, y pese a mi entusiasmo, mis primeras lecturas fueron infructuosas. La evolución sobre la raza humana no me aportaba nada nuevo, tampoco lo hacían los estudios antropológicos sobre los pueblos africanos o del amazonas, ni tan solo se acercaba un mínimo el libro de Magia negra de Edward Waite. Desolado por mis horas perdidas empecé a pensar en echarme a la bebida hasta caer rendido, pero justo cuando estaba por dejarlo un pequeño libro sobre filología me llamó la atención; el libro pequeño y de tapa amarilla contenía los trazos históricos de las lenguas eslavas y su origen, explicaba como a partir de las palabras actuales habían logrado encontrar una raíz común entre el Bratoslavo y como eso les había conducido al antiguo protoeslavo. Fue entonces cuando recordé vagamente lo escrito por Hans y caí en cuenta de que tenían ciertas similitudes con lo que me era imposible leer. Entusiasmado por el descubrimiento rebusqué entre mis bienes para encontrar la hoja que el hombre había escrito pero no lo hice, me había olvidado de que Anna se había llevado el papel y ahora, si lo quería, iba a tener que enfrentarme a mis miedos.

Aterrado ante la idea de enfrentarme a Elsa, escribí mis descubrimientos en un pequeño papel y lo escondí tal y como Hans había hecho tiempo atrás. Después de eso me armé de valor y salí de casa.

-¿Ladies?- Mis nudillos desnudos golpearon una vez más la puerta. -¿Ladies? Soy yo, Kristoff Bjorgman.-

La puerta se abrió lentamente y de entre la penumbra pude ver una imagen muy familiar.

-Sir, ¿Qué hace usted aquí?

-Bueno... Hace unos días le trate de forma despreciable, quisiera pedirle perdón a usted y a su familia.- Alcé una pequeña cesta donde había una botella de vino. -Además se acerca Navidad y quisiera invitarles a cenar.- La puerta se cerró delante de mi cara y pensé que no me querían en aquel lugar.

Me di media vuelta y empecé a caminar en dirección a casa.

-Kristoff.- La voz de Elsa me congeló al momento- Pasa, creo que tenemos que hablar.

De la nada apareció en mi pecho un dolor angustioso que parecía extenderse. No me esperaba que fuera el monstruo quien me abriese y aún menos quien me invitase a entrar a su madriguera.

-Hace unos días Anna volvió llorando después de ir a verte, no quiso contarme lo que había ocurrido pero puedo intuir lo que pasó. Quiero que tú me lo cuentes.

-Yo... Lamento muchísimo mi actuación. Traté fatal a Anna porqué nunca antes había visto morir a un hombre delante de mi. Se prendió fuego poco después de haber hablado conmigo y yo no pude hacer nada para evitarlo.

-Así que era eso... Bjorgman, los seres humanos no están acostumbrados a la muerte. Lo entiendo. Aunque eso no es excusa para haberle tratado mal, tiene mi perdón.

-Hermana, sir... Lamento hacer las cosas más difíciles.- Elsa abrazó a la muchacha y la beso en la frente con dulzura.

-Aquí la única persona que debe pedir perdón soy yo, por eso quisiera invitarles a comer en Navidad.

Las hermanas se miraron entre ellas y se cogieron de la mano en un intento de encontrar seguridad la una en la otra.

-Me parece bien Kristoff. Nosotras llevaremos una parte de la comida.

-No, no, dejeme que les cocine. Quiero mostrarles mi perdón.

-Sir, no quisiera parecer desagradecida pero no parece muy buen cocinero.- Elsa se echó a reír y yo esbocé una diminuta sonrisa.

-No se preocupe, le juro que cocino bien. ¡Ah, por cierto! Olvidaba entregarles esto. -Entregue la botella a la hermana pelirroja.-Es para ustedes, espero que les guste.

-No hacía falta.

-Insisto, quedensela.

-Bueno, quizás lo más justo sería que usted se quedase con nosotras a beber... ¿Verdad, hermana?

-Tienes toda la razón Anna.

Para mi grata sorpresa, engañar a las hermanas fue más fácil de lo que pensaba. Sólo tenía que buscar alguna excusa convincente para subir al segundo piso y adentrarme en los aposentos de las muchachas, rebuscar un poco y salir de ahí sin levantar sospechas.

-Vayamos a la cocina, Anna estaba preparando la cena.

-Iba a preparar pescado a la leña.

-¿Pescado? Hoy hace día de caldo.- Un escalofrío me recorrió el cuerpo al pensar en un buen caldo calentito.-La verdad es que hace frío.

-Eso es porqué no se ha acostumbrado a nuestro tiempo- Dijo Elsa mientras abría la botella de vino.-Aquí el invierno es muy frío.

La rubia sirvió la primera copa de vino mientras su hermana se dedicaba a cocinar y yo buscaba algún tema trivial a través del cual conversar. Cinco copas después la cabeza me daba vueltas y mis acciones las veía lentas, el alcohol se me había subido y las hermanas parecían estar en perfectas condiciones. Si seguía así no iba a poder llevar a cabo mi pequeño plan.

-Disculpadme, he de ir al baño.

Tambaleandome de un lado a otro, dando tras pies y sujetandome a las paredes logré subir hasta el piso de arriba. Planeaba ir al lavabo y deshacerme del líquido que pedía a gritos salir de mi cuerpo, pero mientras pasaba por delante de la habitación que una vez vi brillar, mi mente tuvo una idea genial.

Con sumo cuidado abrí la puerta y entre en la amplia y helada estancia. Las paredes estaban recubiertas de un extraño material que parecía ser aislante y los muebles tenían encima una pequeña capa de hielo que se extendía hacia el suelo.

Era la viva imagen del invierno.

Intimidado y fascinado por lo que veía di un paso hacia adelante y me adentré un poco más para poder inspeccionar la mesilla y el baúl que había en la habitación, mas al hacerlo algo me llamó la atención. Un maltratado libro yacía abierto sobre la cama, escrito en lo que parecía ser una variante del protoeslavo y con pequeños dibujos trazados a pluma. Curioso leí lo que había escrito y luego miré la tapa para descubrir que ahí estaba escrita una de las palabras de Hans.

Un miedo intenso se apoderó de mi y decidí memorizar el título de aquel libro y luego salir corriendo. Por fortuna lo hice a tiempo porqué poco después de cerrar la puerta y apoyarme en ella para descansar y repasar los detalles de lo que había pasado ahí dentro, sentí una mano amiga sobre mi hombro.

-¿Estais bien?

-Lo siento, estoy muy mareado y llevo un rato aquí.

-Lo suponía, pareceís muy perjudicado por el alcohol. Será mejor que os acompañe al lavabo para que no os pase nada.

Asentí con la cabeza y permití que la muchacha me acompañase hasta el baño y luego me ayudase a bajar las escaleras.

-Habeis tardado un montón. La comida ya está hecha.

-Lo lamento.

-Sh, tranquilo sir. Coma y descanse.

Elsa alzó una ceja ante la extraña situación. Sus ojos parecían preguntarle a Anna: "Qué cojones me he perdido".

-Me lo encontré apoyado en la puerta con la cabeza agachada y mala cara. Parece que no se encuentra muy bien.

-Vaya, será mejor que coma y duerma aquí, no vaya a ser que le pase algo ahí afuera.

-Yo... No quisiera ser una molestia.

-Tranquilo sir. Nos salvó la vida, qué mínimo que ayudarle.

Le di las gracias a las hermanas por permitirme dormir en el sofá y tras la cena me fui al salón para abrigarme y esperar hasta que se fueran a dormir y así continuar con mi inspección; Elsa y yo nos quedamos en el piso inferior mientras Anna subía a por mantas, ninguna de las dos consideraba que estuviera en condición de volver a subir las escaleras y por eso me hicieron esperar sentado. Mas mientras parecía estar ausente, por el rabillo del ojo pude ver a Elsa coger un libro y dirigirse hacia la entrada para guardarlo.

-Sir Bjorgman, aquí tiene la manta.

-La voz de la muchacha me distrajo y durante un instante olvidé incluso mis intenciones de acercarme por la noche a aquel pequeño mueble.

-Muchísimas gracias.-Murmuré.

Elsa se juntó con nosotros y cogió a la hermana de la mano.-Buenas noches Kristoff, nos vamos a dormir. Que descanses.

-Buenas noches señorita Elsa.

-Buenas noches sir.

-Buenas noches Anna.

Aun sentado, esperé a que ambas muchachas se fueran a dormir y a que el silencio imperase en la casa para poder salir y rebuscarme en aquel armario. Sabía de sobras que jugar mal mis cartas me exponía a un gran peligro y por ende a una muerte prematura. Suspiré. Necesitaba unos segundos para armarme de valor, concentración y quizás algo de hombría si quería levantarme e ir hasta la entrada sin ser descubierto; de entre los libros y los folletos que había pude ver una pequeña funda de piel llena de hojas. Era lo único que destacaba así que sin pensármelo dos veces lo cogí.

Al abrirlo frente al fuego descubrí que la gran mayoría de ellos eran dibujos de alguna de las dos hermanas. Todos parecían haber sido hechos a una edad bastante temprana y los colores parecían ser bastante cálidos, tenían un aura de inocencia.

Poco a poco fui pasando las hojas y en todos vi los mismos personajes: una niña pelirroja y una mujer rubia. Indudablemente aquellos personajes eran las hermanas Solberg, siempre juntas aun cuando el paisaje cambiaba y los personajes de alrededor iban desapareciendo, pero lo que más me llamó la atención es que

la niña parecía crecer pero la mujer rubia no. Extrañado por lo que veía le di la vuelta a los dibujos y descubrí que en alguno de ellos había nombres y fechas, mas no me sorprendió descubrir que bajo el nombre de Anna siempre había un número que cambiaba pero bajo el de la otra no.

Tras el descubrimiento continué escrutando los dibujos y descubrí algo más en ellos, en algunos se podía observar una especie de casa-castillo rodeado de bosque. Aquella debía de ser la casa donde se criaron.

Eufórico por el descubrimiento, busqué entre mi chaqueta el pequeño trozo de papel y la pluma que había guardado antes de ir a la casa por si descubría algo, y lo apunté.

Como sabía que cuando bebía a veces me quedaban lagunas, me alegraba de haber guardado mi arsenal de "por si un caso".

Mientras estaba apuntando las palabras, pude escuchar pasos sobre mi, unos pasos ligeros que parecían dirigirse hacia la escalera y que amenazaban con descubrirme. Preso de la excitación del momento guardé todo como pude -arrugando algunas hojas en el proceso- y lo escondí debajo del sofá. me tumbé y cerré los ojos en un intento de hacer ver que dormía.

Conforme los pasos se iban acercando mi corazón bombeaba más rápido, incluso podía sentir los latidos con tal fuerza que parecía que mi corazón se fuera a salir de mi pecho, necesitaba respirar hondo y tranquilizarme pero ningún pensamiento parecía ser tranquilizador. De repente sentí los pasos al final de la escalera y comprendí que venía hacia mi. Contuve el aliento paralizado por lo que sentía y recé mentalmente a los dioses para que ese ser se fuera.

-Txhērgnobg...- La dulce voz de Anna llegó hasta los oídos de la bestia y le hizo alejarse de mi.-Ahora no.
Pude escuchar un suave quejido del monstruo, algo que se parecía al agua hervir.
-Vamos a la cama, no te alimentes de él.

"Gracias a Dios", pensé para mis adentros mientras intentaba mantenerme relajado.

-Él todavía puede venir y desde el suicidio de Hans que estamos desprotegidas.
De nuevo pude escuchar al ser quejarse, esta vez fue más bien como el chirrido de un muelle oxidado seguido de un crujido.
-Lo sé, tienes hambres... Vamos a la cama, todavía puedes alimentarte de mi.

Tras las palabras de la hermana pude sentir algo frío acercarse a mi y echarme un aliento helado que apestaba a podredumbre. Me quede quieto, estático. De repente ya no sentí nada, volvía a estar sólo junto a la chimenea, pero incluso sabiendo que ya no había nadie más ahí no me atrevía a abrir los ojos por si el monstruo se estaba riendo de mi; Conté hasta veinte y abrí primero un ojo, luego el otro y corrí a sacar lo que había encontrado de debajo del sofá para echarle una última ojeada y devolverlo a su sitio.

Los pocos escritos eran cortas redacciones que relataban anécdotas de la vida diaria de Anna, casi todas hablaban sobre Elsa y lo que habían hecho o lo que le habían enseñado. En todas ellas se repetía la misma palabra: Martense; Un ruido sordo cruzó la sala, se asemejaba al que hace una mesa al ser arrastrada sobre el piso y golpear contra la pared. Agudicé el oído por si lo volvía a escuchar y empecé a recoger las cosas para poder guardarlas en su sitio. De nuevo volví a escuchar el mismo ruido y decidí que una vez hubiera guardado todo me echaría a dormir.

-Tabernero, necesito una botella de whisky.
-¿Cómo de grande?
-Pues como los barriletes que pintan en los San Bernardos.

A primera hora de la mañana la taberna estaba vacía, apenas había asistido algún que otro borracho a su misa diaria en aquel lugar. Eso se debía a que con la llegada del nuevo día una gran parte de las placas de hielo que habían recorrido la colína se habían desecho y permitido a los habitantes caminar por aquellas tierras sin miedo a matarse.

-Aquí tienes.
-Muchas gracias.- Pretendía marcharme de aquel lugar cuando el tabernero me llamó.
-Oye joven, ¿A dónde vas?
-Me dirijo hacia la montaña. ¿Me espera un largo viaje ?
-Te voy a ser sincero, el camino más corto te obliga a pasar por delante de la mansión Martense, si no le temes a la muerte, cosa que dudo, puedes cogerlo y te ahorraras varias horas de camino.

Asentí ante sus palabras y le di las gracias al buen hombre por haberme indicado, sin el saberlo, el camino que debía tomar si quería encontrar la casa de las hermanas. Ahora ya tenía las provisiones necesarias para viajar hasta el abandonado hogar y descubrir que clase de mal acechaba en aquel lugar.


Quisiera darle las gracias a Balticbard por su review pero antes quisiera pedir perdón por no haberlo hecho antes -tuve problemas para leerla y aún no se porqué. Me alegra saber que hay gente a la que le agrada esta historia y la verdad, aunque sólo fuera por un único visitante seguiría escribiendo con ilusión.

Es difícil publicar algo que tenga cierto nivel pero más difícil es lanzarse al vacío con una historia que sabes que posiblemente no guste demasiado por la temática escogida. Nunca tuve en mente escribir algo de adolescentes enamorados sino más bien algo que muestra hastío por algún hecho que todo el mundo adora -o al menos siente simpatía por ello-, por eso es que aprecio muchísimo las visitas y las pocas reviews que tengo, porqué se que al menos hay unas cuantas personas que comparten mi punto de vista.