MALAS NOTICIAS:

.

.

.

Aquella semana el informe sobre las actividades de Ichigo había llegado a ella de forma más inusual que la vez anterior. Vino en un USB, escondido en una caja de bombones. El hecho de que estuviese dentro de uno de los bombones casi provoco que muriera ahogada, pero incompetencia aparte, había conseguido llegar a ella sin levantar la más mínima sospecha de nadie de su alrededor.

Rukia sabía que su email y su móvil no eran precisamente vehículos seguros, por lo que había empezado a desarrollar todo un sistema de comunicación alternativo con Yachiru. Podría hacer conocer a Ichigo su existencia, desde que había aceptado su protección, pero no era tan estúpida como para exponer a su activo más valioso.

Sin embargo la pelirosa seguía enviándole mensajes cifrados al móvil, lo que era un dolor de cabeza incluso para ella. Si Yachiru ya cometía tropecientas faltas de ortografía cuando escribía de forma normal, cuando cifraba sus mensajes eran completamente inentendibles, más de una vez en los últimos días había estado tentada de llamarla y exigirle que se los explicase. Pero el hecho de que si ella la llamara o enviase un mensaje la descubriría con carteles luminosos, incluidos, la contenía. Mientras Yachiru también mantuviese codificado el numero de su teléfono la única manera de descubrirla era que Rukia lo escribiera directamente en su teléfono, bien llamándola o bien respondiendo uno de sus mensajes.

Por lo que podría decirse que empezaban a tener una relación un tanto unidireccional. Por suerte siempre podía seguir enviándole mensajes a través de Hanatarou.

Pero solo durante la noche pudo concentrarse en el informe semanal, sobre Ichigo. En un principio todo era asombrosamente normal, hasta que choco con el detalle de que al parecer se reunía todas las noches con una misma mujer…


-Yo no debería de estar aquí…-murmuró Kurotsuchi Nemu, lo que eran las primeras palabras que Rukia le había escuchado en toda la noche.

-¡Oh! ¡Pero es tan emocionante!- chilló Yachiru- ¡Nunca he espiado a nadie! ¿verdad que no Kia-chan?!

Rukia quería cortar a su segunda al mando en pedacitos, pero estaba más preocupada porque fueran descubiertas.

-¡Oh! Mira como se contonea esa perra…- acusó Rangiku señalando a una peliroja que caminaba directamente hacía Ichigo en la locura de la discoteca- ¿Quieres que la intercepte por ti?

Rukia lanzó una mirada a dicha pelirroja y negó con la cabeza, su intuición no le fallo, Ichigo ni siquiera la dejo acercarse a él.

-Eres consciente de que tengo que escribir un informe sobre esto cuando lleguemos a casa, ¿verdad?- se quejó Hiyori cuando Rukia las obligo a todas a esconderse detrás de una mesa para no ser descubiertas por Ichigo.

Eran, en su opinión, el grupo más patético de espionaje del mundo, una esposa celosa, una policía despistada, la secretaria de un yakuza, la hija de un científico loco y ella, que estaba obligada por juramento a contarle todo aquello al marido de la esposa celosa.

-¡Oh! ¡Por favor!- le gruño Rukia- No vas a hacerlo .

-No es que vaya, es que debo- le replicó.

La esposa celosa le lanzó una mirada irritada.

-Hazlo y colare esa carta de amor por debajo de la puerta correcta…

-¿¡De que carta estás hablando?!

-No creerás que no he registrado tu habitación, ¿verdad? Recuerdo el principio…- tosió para despejarse la garganta. – "A mi amor imposible…"

Hiyori se le tiro literalmente encima para hacerla callar con los ojos abiertos al doble de su tamaño y tan roja como un tomate.

-¡Ni siquiera se te ocurra, puta!- amenazó.

-Entonces, mantén esto en secreto o no colare la carta por debajo de la puerta, ¡se la daré en mano!

Hiyori rechino los dientes con ira y empujo a Yachiru contra la pared cuando esta se expuso demasiado.

-¡Oh! ¡Oh!-se exaltó Rangiku emocionada- ¿Ya estás en esa edad Hiyori? ¡Que romántico! ¿Y quién es el objeto de tus sueños eróticos?

-¡Nadie!-chilló enrojeciendo hasta la raíz del pelo.

En un principio solo había sido Rukia siguiendo a Ichigo en su tour diario por los clubs nocturnos. Hiyori había creído que simplemente trataba de espiar a Ichigo por asuntos de negocios, y entonces ella sola había espantado a tres de las mujeres que había hecho un intento por acercarse a Ichigo con blusas demasiado escotadas. A Hiyori le había costado exactamente los tres enfrentamientos para comprender que Rukia no espiaba a Ichigo como kumichou, sino que lo hacía como esposa.

Y entonces en uno de los clubs se había encontrado con una Rangiku tan borracha que simplemente había decidido seguirlas por diversión y en el siguiente se habían cruzado con Yachiru y Nemu . Rukia y la policía parecían conocerse así que simplemente esta ultima había decidido que la aventura era divertida y había arrastrado a su extraña amiga al grupo con ella.

Así que allí estaban las cinco, agachadas tras un conjunto de mesas con la firme intención de evitar que Ichigo cometiese el error de engañar a su mujer. Hiyori podría haberlo considerado hilarante, si Rukia no hubiese nombrado cierta carta, cuya existencia no debería de conocer nadie.

-Esto es ridículo- gruñó Rukia siendo absolutamente consciente del hecho- ¿Por qué estamos todas detrás de una mesa? ¿Es que ninguna de nosotras ha hecho trabajo de campo antes? ¡Por dios! ¡Todas somos yakuzas!

-¡Yo no!- chilló Yachiru exudando felicidad.

Por algún motivo Rukia se vio como si quisiese matarla.

-Sinceramente no hay nada de raro en un grupo de amigas tomando una copa en un bar…- decidió Rukia poniendo en pie todo la dignamente que pudo.

Nemu la imitó con lentitud y el resto, entiéndase por Rangiku y Yachiru bufaron desilusionadas.

-¿No vamos a seguir espiando a Ichigo?-se desilusiono Rangiku a un paso de hacer un puchero.

-¿Grupo de amigas?- cuestionó Hiyori- ¿Esperas que alguien crea que eres amiga de la secretaria personal de Ishida y de la hija de Zaraki Kempachi?

-¡Kia-chan y yo somos amigas!- se indigno Yachiru estrechando a Rukia entre sus brazos- ¡Igual que Nemu-chan y yo!

A regañadientes las cinco se sentaron en una misma mesa y Rangiku empezó a pedir bebidas para todas, sin preguntarles primero.

-¡Ichigo se está marchando!- chilló Yachiru indignada, señalando hacía la salida.

-Solo quería saber lo que hacía todas las malditas noches fuera- gruño Rukia agradeciendo que el camarero hubiese llegado con un mojito tras el que poder esconderse.- Ahora ya sé que el imbécil estaba trabajando. ¡No tengo porque seguirle toda la noche!

Pero todas eran conscientes de como su pie golpeaba impacientemente el suelo.

-Bien…-murmuró Rangiku- Porque en realidad no se está marchando… De hecho se está acercando a la rubia de la esquina…

Rukia casi se cayó del taburete, cuando giro con todas sus fuerzas sobre si misma, para localizar la escena. Su marido, estaba reclinándose sobre la barra y solo un par de centímetros separaban su cabeza de la de aquella mujer. Era la misma cara bonita que había inundado los informes que Rukia había recibido aquella tarde…

Pero ella no tenía un solo motivo para montar una escena, las escenas solo eran para las esposas que sentían algo por sus maridos… Ella era más bien la que creaba desastres solo porque odiaba a su esposo. Inspiro hondo y giro de nuevo hacía el grupo que la miraba fijamente, a espera de una reacción.

-¡En fin!- exclamo bebiéndose de golpe su mojito y después el caipiriña de Yachiru.- Disfrutemos el resto de la noche.

Las mujeres sin embargo miraron más allá de ella, hacía Ichigo y la rubia. Era imposible que el yakuza no hubiese notado la presencia de su esposa en el bar y sin embargo seguía allí inclinado hacía otra mujer, que por cierto era físicamente imposible que llevase menos ropa. ¡Hasta Matsumoto iba más vestida!

Rukia chasqueo los dedos en el aire para llamar al camarero y casi al mismo tiempo uno de los clientes del bar derramo accidentalmente su bebida sobre la descocada rubia. El hecho de que Rukia estuviese sonriendo satisfecha indico a las mujeres que había tenido algo que ver y si no fue con la bebida derramada, desde luego tuvo algo que ver con el hombre alto y musculoso que se acerco a Ichigo poco después. La presencia del tercer hombre puso obviamente histérica a la rubia que se puso en pie de un salto y por poco salió corriendo seguida del musculitos.

Ichigo se quedo atrás, mirando fijamente el lugar donde la mujer había estado, al alcance de su mano, antes de girar lentamente la cabeza hacía la mesa de Rukia. Las mujeres en ella dieron un respingo y giraron la cabeza fingiendo que no habían estado cotilleando.

-La zorra estaba casada- explicó Rukia con naturalidad, era la única que no había estado mirando hacía Ichigo.

-¡Bueno!- chilló Rangiki desesperado por cambiar el tema de conversación- ¡Tengamos una noche de chicas! Consiste en emborracharnos y contar secretos embarazosos que jamás diríamos de otra manera. ¡Empiezo yo! ¡Empiezo yo!-y se bebió su tequila de un solo trago.

Pero antes de que pudiera empezar, un camarero se acerco a ellas con una bandeja en la que llevaba copas y una botella de champan.

-De parte del caballero de la barra- explicó con una enorme sonrisa señalando a Ichigo.

Todas giraron a mirarlo y cuando los ojos de este se cruzaron con los de Rukia alzó su copa hacía ella en forma de brindis, ella le sonrió con la sonrisa más falsa que las mujeres le habían visto nunca y le devolvió el brindis con su reciente copa de champan.

Ichigo se marcho sin decir una sola palabra.

A la mañana siguiente Rukia tenía recuerdos difusos de tequila y champan. Todo era considerablemente confuso en su mente después de que Ichigo se hubiese ido del local.

No sabía porque pero había sido una de las peores noches de su vida y sin embargo recordaba haberse reído un montón….

Aunque lo que más recordaba es que había hecho uno de los mayores ridículo de su vida, cuando su impaciencia la había llevado a seguir a Ichigo aquella noche. Por algún motivo que no podía comprender le molestaba que aquel idiota hubiese estado siempre fuera durante las últimas noches y que en sus informes apareciera constantemente la misma mujer. Simplemente había tenido que hacer algo, quedarse de brazos cruzados no era su estilo. Pero entonces había empezado a cruzarse con todas aquellas locas en su camino y estas habían creído que estaba espiando a Ichigo por motivos personales. ¡Como si ella fuese a estar turbada porque él pudiese buscarse un amante! ¡Ja!

Total, que había tenido que recuperar un poco su orgullo obligándolas a sentarse en la misma mesa. Después de aquello, todo eran mojitos y tequila…

¡Uf! La resaca era una puta, y la había hecho dormir un lunes hasta las 11 de la mañana. Se congelo así misma con el despertador en las manos. Aquel era su primer día en el museo y ya llegaba dos horas tarde.

Ochii-sensei, la directora del museo, la esperaba cruzada de brazos en mitad del laboratorio-estudio de Rukia. No parecía muy contenta, no era para menos, llegaba cuatro horas tarde al trabajo. Tomo aire y se armo con todo su repertorio interpretativo.

Sus ojos se llenaron de lagrimas y fingió tropezar al entrar como si estuviese demasiado débil para andar, lo que no era realmente mentira.

-¡Oh! Siento llegar tarde, pero he tenido que pasar toda la noche en el hospital y …

Cinco minutos después Ochii-sensei lloraba desconsolada a su lado y Rukia estaba cada vez más cerca de un aumento que sin duda no necesitaba.


La invitación, envuelta en un caro sobre de color crudo lo esperaba aquella mañana sobre la mesa de su comedor. Ni si quiera tenia porque abrirla para saber su contenido, pero lo hizo por pura satisfacción.

Su pequeña muñeca había cumplido con su insólita petición.


Cuando Rukia volvió a casa aquella tarde había una invitación esperándola en las manos de Ichigo.

Miró el sobre extendido hacía ella y luego fijamente la mueca de su marido.

Apenas si conocía a Ichigo de un mes, pero podía decir sin ningún miedo a equivocarse que fuera lo que fuese lo que contenía aquel sobre, no le hacía la más mínima gracia.

-¿Qué ocurre?- le pregunto a la defensiva.

Seguía enfada por lo que había ocurrido entre ellos hacía días y no podía olvidar que había estado siguiéndole la noche anterior sin ninguna clase de motivo. Aquel bastardo siempre sacaba lo peor de ella.

-Tenemos una boda para dentro de dos días- replicó Ichigo sin más.

Parecía tan indiferente a ella y a su relación en general que Rukia solo quería estrangularlo. ¡¿Por qué demonios había estado un mes entero acosándola?! ¡¿Para ignorarla una vez había obtenido lo que deseaba?! ¡Sucio bastardo!

Le arranco el sobre de las manos y lo que en él encontró le hizo olvidarse de todos sus pequeños problemas personales, que eran eso, pequeños. Entre las manos tenia uno mucho más grande. Tan grande que casi amenazaba con asfixiarla.

-Mi clan… - susurró con los ojos tan abiertos que le dolieron los parpados.

Había estado tan agobiada con su propia vida personal y otros negocios, que había olvidado lo más importante, su clan.

El clan de su hermana, el de su padre, el de su abuela… ¡El clan que le pertenecía a ella por derecho de nacimiento!

Ese clan, estaba siendo alejado un poco más de ella de lo que ya estaba.

Ella todavía era la heredera de Byakuya, todavía podía recuperar a su gente. Pero si Byakuya se casaba, si esa mujer le daba un maldito heredero, ella perdería al clan para siempre.

Y lo que sostenía entre las manos era la invitación a la boda de su hermano con una tal Hinamori Momo.

-Déjalo casarse… - gruñó Ichigo como si pudiese leer sus pensamientos- Es preferible que se case con una mujer que no está embarazada a alguien que si lo está.

Rukia lo miró casi con desesperación, ella no podía dejar que su clan y su gente se le escaparan de entre los dedos. Ya era lo suficiente duro ser una Kurosaki y pertenecer a otro clan, para que ahora le arrebataran la sucesión de algo que le pertenecía por nacimiento. Sin embargo era muy consciente de que Ichigo, deseaba tanto al clan Sakura como ella. En otras palabras, en aquel tema era el único aliado que poseía.

-Nadie ha dicho que esa mujer vaya a tener a su bebe… - murmuró el kumichou del clan Shinigami antes de desparecer en el interior de la casa.

Ichigo no podía matar a Byakuya ni tampoco a aquella mujer, fuera quien fuese. No después de una guerra y con el Concilio alterado.

Rukia sabía que podía dejar el asunto en sus manos, y así, no verse salpicada por la sangre de un inocente.


-Recuérdame, porque cojones decidí dejar esto en tus manos-siseó Rukia cuando dos días después se vio, a sí misma, en uno de los hoteles más lujosos de todo Tokio, envuelta en un kimono de color azul claro y rosa.

Ichigo había montando una escena cuando la vio con el kimono. Algo relacionado con que las mujeres casadas no llevaban kimonos tan llamativos, ni tan juveniles, sino que era hora de que luciese un kimono apropiado para su posición, en otras palabras sobrio y oscuro. Después de mandarlo a la mierda y fastidiarlo poniéndose una flor rosa en el pelo solo para añadir un aspecto virginal a su apariencia, Rukia lo había obligado a subir a la limusina a empujones.

-No sabía que hubieses decidido confiar en mi… - replicó la voz de Ichigo más grave de lo normal, lo que como de costumbre le puso la piel de gallina.

Irritada por sus propias reacciones hormonales le golpeo discretamente con un puñetazo en el brazo. Estaban rodeados de altos cargos políticos, hombres de negocios y yakuza, Rukia no podía darse el lujo de crear rumores.

Ichigo estaba furioso, y no porque Byakuya se casase, lo había estado esperando desde que su matrimonio fue anulado hacía un mes, sino porque su mujer parecía una niña de 11 años.

¡Dios! ¡¿Es que no se daba cuenta que así vestida y sin maquillaje parecía una niña?! Junto a ella él parecía un jodido pederasta. Estaba casi seguro de que lo había hecho aposta.

Rukia era una de las mujeres más pequeñas que había visto nunca, era la clase de mujer que daba igual cuantos años pasasen, ella siempre iba a parecer una adolescente que todavía no había dado el cambio a mujer. Caderas estrechas, pechos pequeños y ojos enormes… Nadie en su sano juicio le daría más de 18 años de normal. Ahora añádele un kimono casi infantil y recógele el pelo con una flor.

¡Una maldita niña de 11 años!

¡Dioses! Se moría por hacer algo pecaminoso a esa provocativa niña. Quería soltarle el pelo y revolvérselo, quería besarla hasta que se le hincharan los labios y deseaba tocarla hasta que sus ojos brillaran con pasión adulta. Deseaba ver como aquella niña se convertía en una mujer bajo sus manos y después quería alardear de esa mujer delante de todas aquellas miradas reprobadoras. Pero no podía hacerlo. No podía consentirse a sí mismo tocarla…

-Kurosaki-san- se burlo una irritante voz acercándose a ellos, Ishida.

Rukia frunció el ceño al kumichou de los Quincy, apenas si había tratado a aquel hombre, los negocios de su hermano siempre habían sido con el padre de este, Ishida Ryuuken y ya puestos a pensar ni siquiera sabia que clase de yakuza era su hijo. Por suerte para ella había mandado a Yachiru al centro de aquel clan, y ella había elegido colgarse del brazo de Kurotsuchi Nemu.

Nemu, que caminaba silenciosamente detrás de Ishida, no solo era su secretaria sino que también era la única hija de Kurotsuchi Mayuri, un famoso científico japonés conocido no precisamente por sus aportes científicos, que sin duda habían sido considerables, sino más bien por los métodos que había utilizado para alcanzar resultados.

Kon todavía tenía pesadillas con ese hombre.

-Ishida- gruñó Ichigo envolviendo a Rukia en uno de sus brazos como si tratase de alejarla de él.

El movimiento posesivo desconcertó a la mujer el tiempo suficiente como permanecer kao el resto de la conversación.

-Me sorprende verte por aquí… - murmuró Ichigo- Creí que estarías encerrado en tu despacho tratando de encontrar una forma de eludir al concilio…

Ishida se coloco bien las gafas con un solo dedo .

-Son mis hombres los que han aparecido muertos Kurosaki, sería mi derecho tomar represalias, no veo que podría hacer el Concilio en este tema.

Ichigo sonrió burlón y Rukia boqueo, incluso ella sabía que los hombres asesinados de Ishida habían tenido las armas que había acabado con la vida de cinco adolescentes que vivían en el territorio de Ichigo. Por supuesto ella había tenido allí a Yachiru, pero no había forma de que Ishida no lo supiese ya. ¡Ichigo estaba acusándole de atacar su territorio en mitad de una tregua, ¿y él se defendía haciéndose el loco!? No, Ishida no estaba haciéndose el loco, estaba lavándose las manos en el tema… Era su forma de decir que él no tenia nada que ver con el primer asesinato.

Ichigo tiró de ella en dirección contraria dejando a Ishida atrás sin despedirse.

-¿Qué es lo que sabes del tema?- le pregunto Ichigo con tono fuerte cuando estuvieron lo suficientemente lejos de Ishida como para no ser oídos por este.

Rukia se revolvió incomoda entre sus brazos y este la soltó de golpe.

-¿Por qué debería decirte nada?- gruño Rukia.

Ichigo la empujo discretamente hacía una esquina.

-Porque tu gente está bajo mi protección y soy el único que puede ayudarte a impedir que tengas un sobrino algún día.- replicó él.

Horrorizada Rukia le dio una patada en la espinilla, nada preocupada por los rumores. ¡Ya sabía ella que iba a arrepentirse de aceptar su ayuda! ¡¿En qué coño había estado pensando?!

-Probablemente se lo mismo que tu- le siseó furiosa.- Alguien está tratando de manipularos para que entréis nuevamente en conflicto… ¿un Quincy con armas que llevan gravados el símbolo de Yoruichi? ¡Tiene más orgullo que eso!

Ichigo la miró con una extraña mezcla de satisfacción y curiosidad.

-Me encantaría saber como sabes todo eso…

-¡Y a mi me encantaría obtener el divorcio! ¡Pero no podemos tenerlo todo!

La sonrisa de Ichigo ni siquiera bacilo y Rukia quiso pegarle por ello. ¡Imbécil!

-Tenemos problemas más acuciantes que nuestro matrimonio, querida. Por ejemplo, la boda de tu hermano…

Y tiró de ella de nuevo hacía el concurrido vestíbulo.

Para su sorpresa Byakuya había organizado una boda occidental en apenas semanas. ¡¿Cómo había encontrado tan pronto esposa?! Resultaba un poco molesto, la verdad. Había estado tan enfrascada en su vida personal y en tocarle las narices a Ichigo, que había descuidado vigilar al clan Sakura. Ahora su hermano se casaba y era culpa suya.

-¿Qué sabemos sobre la novia?- preguntó Ichigo arrastrándola hacía la sala donde se celebraría la boda.

Rukia suspiro, en dos días apenas si había conseguido algo. Tenia demasiados negocios abiertos al mismo tiempo y poco personal.

-Hinamori Momo, es la única hija y heredera del grupo Hinamori- recitó Rukia en voz baja- Curiosamente los Hinamori nunca han tenido un contacto con la yakuza hasta antes de este compromiso matrimonial, por lo que nunca me habían interesado. Sin embargo el grupo controla un 9% de la economía japonesa, legal. Byakuya saca sin duda una gran tajada con este matrimonio. Algún día él lo heredara todo…

Rukia tenia miedo de mirar a Ichigo, si lo que Yoruichi le había contado era cierto entonces este matrimonio era exactamente igual al que habían tenido sus padres. Sin embargo cuando lo hizo se quedo helada, había una mirada de pura satisfacción en su cara. Rukia no tenia que preguntar a que se debía. De alguna forma, no importaba cuan poderoso se volviera el clan Sakura, él lo controlaría por completo algún día. La idea le provoco un escalofrío. ¿Qué es lo que planeaba aquel hombre?

Como familia del novio Ichigo y Rukia tenían reservados los primeros asientos, lo que se debía más a un tema de apariencias que a otra cosa. Era la forma en la que Byakuya decía a todo el mundo: "Mirad, el clan Shinigami está al alcance de mi mano, tened cuidado conmigo"

Rukia era el nexo que unía a ambos clanes. Pero era una unión terriblemente inestable.

Cuando llegaron a sus sitios Renji ya estaba allí sentado en el asiento junto al de Rukia.

Agradecida por un cara amiga, Rukia casi corrió hacía él soltándose de los brazos de Ichigo en el proceso.

-¡Oh, Renji!- exclamó ella cogiendo de las manos.

Por unos meros instantes Renji e Ichigo cruzaron miradas cargadas de intensidad.

-"¿Has visto a quien prefiere ella?"- no se burló Renji.

-"Suéltala o te mato"- no amenazó Ichigo.

Pero justo entonces Rukia estrujo las mano de su viejo amigo con todas sus fuerzas y retorció sus brazos con toda la intención de hacerlo gritar de dolor.

-La próxima vez que algo así ocurra en el clan, me gustaría no enterarme por una invitación- sonrió ella con expresión inocente mientras Renji se doblaba por el dolor .

¡Joder! ¡Sabía que no podía fiarse de una Rukia sonriente! Pero la tentación de burlarse del bastardo de Ichigo había sido tan poderosa… ¡Y mierda! ¡Rukia iba a arrancarle los brazos!

Ella lo soltó con una sonrisa cargada de inocencia.

-¡En fin!- exclamó tomando asiento con delicadeza, como si de verdad fuese toda una señora, lo que resulto ridículo pues pareció una niña de 10 años jugando a ser una adulta- Estoy completamente segura de que hay una buena explicación, que no incluya traicionar la confianza de tu mejor amiga…

Renji pareció tan avergonzado que Ichigo tuvo la tentación de sacarle toda la mierda a patadas.

-Estoy seguro de que es culpa de Tatsuki- no pudo evitar decir – A penas si le deja tiempo para comer…

El pelirrojo lo miró furioso pero también alterado antes de sentarse junto a Rukia con la cabeza baja. Ichigo lo imito cargado de satisfacción.

-¡Oh! ¡Me encantaría!- exclamó Rukia sin previo aviso, girándose completamente hacía Renji- Si te casas con Tatsuki podrías venir al clan Shinigami, ¿verdad?

-¡Por encima de mi cadáver!- chillaron Renji e Ichigo a dúo.

Rukia se rio a carcajadas.

Tan rojo como su pelo Renji desvió la mirada. El comentario de Rukia no había dolido tanto como debería, no tanto como lo hubiese hecho un mes atrás, apenas si podría decirse que dolía. De alguna forma comprendió, por primera vez en 20 años estaba dejando ir a Rukia y no se sentía tan solo o tan vacio como siempre había creído que se sentiría. Era como si algo o alguien estuviera llenado ese vacío… La imagen de la sonrisa burlona de Tatsuki acudió a su cabeza.

En las últimas semanas ni si siquiera había tenido tiempo para pensar en su amiga de la infancia, había estado demasiado ocupado persiguiendo a otra mujer, lidiando con evasivas y burlas. Demasiado ocupado en imponerse a ella en un juego en el que siempre quedaban empate… Y ahora que tenia a Rukia cerca la necesidad de tocarla, esa que lo había marcado de por vida, parecía tan amortiguada que apenas si la reconocía.

Y el brazo posesivo que Ichigo mantenía sobre ella y que esta no parecía notar no le provocaba ganas de salir corriendo.

Por supuesto que quería tocarla, Rukia siempre seria Rukia y desde luego que deseaba romper la cara Ichigo y hacerle sufrir un verdadero infierno, pero las sensaciones eran abrumadoramente distintas. Se pregunto, qué demonios estaría pasándole.

Pero antes de llegar a ninguna conclusión, se hizo evidente de que la boda había empezado Byakuya estaba frente a ellos sosteniendo un duelo de miradas con Ichigo.

-Gracias por venir- dijo el novio y sin esperar respuesta se dirigió junto a la mesa presidencial donde le esperaba el juez que iba a celebrar el enlace.

Junto a él Rukia hizo un ruidito de desesperación, era evidente que se moría por impedir la boda de alguna manera.

-Ne te molestes- se obligo a si mismo a replicar después de asegurarse que estaba lo suficientemente lejos de las extremidades de la mujer- Todo esto no es más que una fachada.

Ichigo y Rukia se giraron con brusquedad hacía él.

-¿Perdón?- se irritó ella.

Fue Ichigo quien contesto.

-Se casaron ayer por la noche para evitar cualquier problema en la ceremonia- explicó con voz seria, pero el muy imprudente estaba demasiado cerca de las manos de Rukia, manos que clavaron sus uñas con todas sus fuerzas sobre su antebrazo, sin misericordia.

-Repite eso.- siseó furiosa.

Ichigo le devolvió la mirada ajeno al dolor.

-Ya están casados, esto es solo un mero formalismo. Muy al estilo de tu hermano, quedar bien ante el resto de la sociedad.

-¡¿Y cuando pensabas decírmelo?!- chilló ella incapaz de contener su enfado.

-No creí que tuviese importancia. Ayer u hoy, iba a dejarlos casarse de todas maneras.- replicó.

Ella lo soltó furiosa y se cruzo de brazos enfurruñada como una niña pequeña muy al estilo del aspecto que había decidido lucir para aquel día.

Entonces la música nupcial empezó a sonar y las nauseas de Rukia disiparon su enfado. ¡Dios! ¡Ya estaban casados! ¡Eso era lo que pasaba cuando dejaba algo en manos de Ichigo!

Y entonces las puertas se abrieron para dejar pasar a la novia. Pequeña, morena y delgada parecía una hada vestida de seda y raso blanco, incluso lucia un velo sobre el pelo sujeto con pequeñas rosas blancas. Era la imagen de la inocencia y la belleza juvenil, apenas podía tener 20 años.

Rukia se quedo de pie mirándola fijamente hasta mucho después de que esta hubiese llegado hasta Byakuya y hubiese empezado la ceremonia. Ichigo tuvo que tirar de ella para obligarla a sentarse.

-¿Qué te ocurre ahora?- le siseó.

Rukia lo miró fijamente.

-Ya la conocía de antes- susurró con voz estrangulada.

Ichigo tuvo el detalle de parecer confundido.

-Creía que habías dicho que no sabias nada de los Hinamori.

-Bueno, obviamente me equivoque- soltó recomponiéndose a si mima- Ya la había visto antes pero nadie me la ha presentado y nunca se me ocurrió preguntar su nombre. Y después en los malditos informes que recibí sobre ella estos días, la idiota integral de mi subordinada, olvido las fotos…

-¿De qué cojones la conoces entonces?- se irritó Ichigo.

Rukia tomo aire como si buscase valor.

-Es la amante de Aizen.


NOTA DE LA AUTORA:

¡Hola todos!

Ya sé que ha sido un poco más corto de lo normal, pero es que era el final ideal…

Y bueno, ¿en mi defensa? Bueno, supongo que podría decir que si tenía que colgar a una mujer del brazo de Aizen, no existía mejor opción. ¿Qué que hace casada con Byakuya? ¡Ah! ¡Tiempo al tiempo!

Además he instaurado una nueva forma de escribir. Me obligo a mi misma a escribir al menos una página por cada review que recibo, de esta manera la historia avanza poco a poco, y también es una forma de agradeceros la molestia de escribirme.

Así que de nuevo, muchísimas gracias y espero que os haya gustado el capitulo, al menos la mitad de lo que a mi escribirlo.

Y para despedirme os chivare un secreto, ¿recordáis mi alusión a los celos? Pues bien, ni siquiera han empezado.

¡¡Besikos!!