AMENAZA:

.

.

.

Estaba siendo la recepción de la boda más rara a la que Ichigo hubiese asistido. Y todo se debía un pequeño comentario, que su mujer, había hecho nada más iniciar la ceremonia. La novia, era la amante de Sousuke Aizen.

Comentario que había provocado que Renji prácticamente secuestrase al novio al poco de terminar la ceremonia, después los había seguido la novia.

Así que sin los recién casado presentes, por algún motivo Rukia y el padre de la novia, un anciano delgado y nervioso habían acabado recibiendo los saludos y felicitaciones en su lugar.

Si no estuviese al borde de su propia crisis personal, Ichigo, podría haber encontrado divertido las expresiones faciales de Rukia, de fastidio existencial a sonrisa forzada y de ahí a agradecimiento vacio. La muy zorra era mejor actriz de lo que parecía. Había tenido que sujetarla para evitar que montase un espectáculo en la ceremonia y sin embargo ahora se inclinaba y se fingía avergonzada como si no fuese más que una niña pequeña.

¡Dios! ¡Aquel kimono era horrible!

Podría haber considerado la historia graciosa si aquella mujer no hubiese sido la amante, de precisamente, Aizen Sousuke. No era tan estúpido como para creerse que aquella boda era un preciosa casualidad. Lo que lo irritaba era que hubiese ocurrido delante de sus propias narices y no hubiese hecho nada para impedirlo. ¿Y de quien era la culpa? De la misma persona que se suponía no quitaba un ojo de encima de los arrancar.

¡Dios! ¡Los vizard existían para algo más que para tocarle a él los huevos! ¡¿Y ahora Hirako quería hacerle creer que no sabía que la amante de Aizen se había casado con su cuñado? Como no tuviese una maldita y buena escusa iba a degradar a ese bastardo a la inmundicia.

¡Pero primero debería cogerle el puto teléfono!


Hirako decidió contestar al móvil, que llevaba cerca de media hora sonando, solo para que dejase de hacer ruido.

¡Dios! Le dolía la cabeza… ¡Y él jamás tenia resaca! Pero Love y Lisa había tocado su puerta en mitad de la noche con los pechos henchidos de orgullo porque habían descubierto una nueva bebida. El licor de café, compuesto a base de café, coñac y azúcar… Shinji había querido explicarles que eso ya existía desde los albores de la humanidad con el inocente nombre de carajillo, pero eso no le había librado de probarlo, ni de beberse… ¿cuánto? ¿Cinco litros?

¡Como fuera! El maldito carajillo estaba provocándole la primera resaca de su vida… ¡Iba a matar a Love en cuanto lo volviese a ver! Por suerte para él ,el bastardo estaba durmiendo en el suelo de su habitación hecho un ovillo y Lisa estaba completamente cao al otro lado, incluso vestida con uniforme escolar, esa mujer era la cosa menos inocente que podías encontrar. Y ninguno de los dos parecía consciente de que el jodido teléfono no paraba de sonar.

Aceptó la llamada.

-¿¡Para qué coño servís?- le dio los buenos días la armoniosa voz de Ichigo, al otro lado de la línea.

-Buenos di…- se interrumpió a sí mismo y miro el reloj- … tardes… ¿qué pasa?

No podía verlo pero estaba casi seguro de que al otro lado Ichigo estaba rechinando los dientes. Pero se encontraba tan mal que ni ganas tenia de hacer una maldita broma. Joder, no iba a volver a probar nada de lo que esos dos hubiesen hecho, ¡jamás!

-¿Sabes donde estoy ahora mismo?- le gruño la voz de Ichigo al otro lado del teléfono.

-Deberías estar durmiendo…

-¡Estoy en la boda de Byakuya!- le chilló Ichigo con tanta fuerza que incluso con el impedimento del teléfono Hirako creyó que había perdido la audición de un oído para siempre… ¡Y eso que llevaba media vida escuchando a Hiyori gritarle al oído a cada hora!- ¡Adivina quien se ha casado con él! Te daré una pista: ¡se acuesta con Aizen!

Las nauseas, el dolor de cabeza y la resaca en general, se esfumaron en un sentimiento de pura alarma. Eso no eran precisamente buenas noticias.

-¡¿Hinamori era la amante de Aizen?- se horrorizo Hirako incorporándose en la cama.-¡Mierda! ¡Joder! ¡No tenia ni puta idea!

-¡Eso espero o ahora mismo estarías muerto!

Ichigo siempre había tenido una gran afición a lo inesperado. Se tomaba como nadie las sorpresas.

-¿Por qué coño iba Kuchiki a casarse con ella? ¡Es ridículo!- se quejo Hirako, demasiado enfermo como paran razonar adecuadamente.

-¡Usa tu maldita cabeza, gilipollas! ¡Obviamente, no ha sido idea de Kuchiki! ¡Averigua que esta pasando o te…

Hirako le colgó el teléfono harto de que le gritaran nada más despertarse. Lo lanzo contra Lisa que roncaba envuelta todavía en su uniforme escolar y luego despertó a Love de una patada en la cara.

-¡Moved el culo!- ordenó haciéndose crujir el cuello- Tenemos trabajo…


Por suerte para Rukia, los novios regresaron cuando se disponía a estrellar su rodilla contra la entrepierna del ministro de finanzas, y tomaron sus lugar recibiendo a los invitados a la boda.

Byakuya no parecía disgustado en lo más mínimo, era una estatua fría y cordial. Los sentimientos no eran algo que transmitiera con facilidad, ni siquiera cuando su mundo se hundía. Por otra parte, la pequeña novia, parecía más pálida de lo normal y era evidente que había estado llorando, sin embargo ahora sonreía abiertamente a los invitados que se arremolinaban a su alrededor para felicitarla.

Frunciendo el ceño Rukia busco a Ichigo con la mirada y lo encontró gritándole a alguien por teléfono al otro lado de la habitación. Pero al mismo tiempo también capto el pelo rojo de Renji entrando a la sala de recepciones y se dirigió directamente hacía él esquivando a los molestos invitados que se interponían en su camino. Cuando llego junto a él lo empujo fuera de la habitación con ella en un disimulado plaje.

-¿Y bien?- exigió .

Renji parecía incomodo y molesto y se encogía hacía delante resintiéndose el golpe que Rukia acababa de darle en todo el estomago..

-Joder, ya conoces a tu hermano, ni siquiera parpadeo.- gruñó tratando de enderezarse- No sé qué coño ha ocurrido. Se ha encerrado en la habitación con ella y no he podido escuchar una mierda. Pero cuando han vuelto a salir tenían el mismo aspecto que ahora…- suspiró- Byakuya me ha hecho jurar que no volveríamos a tocar el tema.

Ella se llevo las manos a la cabeza desesperada.

-¿Va a deshacerse de ella, verdad?- no era una pregunta, se lo estaba exigiendo y Renji trago saliva abundantemente.

-No tengo ni puta idea de lo que ocurre en la cabeza de tu hermano, me temo. No sé que va a hacer. ¡Dios! ¡Ni siquiera sé como ha reaccionado!

Rukia querían darle una patada en la espinilla por incompetente, pero en el fondo sabía que Renji no había podido hacer más. El resto quedaba completamente en sus manos.

¡Y una mierda si volvía a dejar algo en manos de Ichigo! ¡Por una vez que se fía, ¿y qué ocurre? Su hermano se casa con la mujer menos adecuada del planeta.

Conocía lo suficientemente bien a Aizen como para saber que no renunciara a uno de sus juguetes sin obtener nada a cambio.

Lo había visto jugar antes con otros clanes y había visto a estos desmoronarse como castillos de naipes en sus manos.

¿De verdad creía que podría hacer algo como eso a su clan? ¡Soñaba despierto!

No sabía que planeaba, ni lo que pretendía con aquella boda, pero no iba a permitírselo.


Ichigo iba por su tercer vaso de wisky en diez minutos pero, antes de sentarse junto a él, Rukia, se lo arranco de las manos y se lo bebió de un trago. Necesitaba un poco de valor.

Sentada en la misma mesa que ellos Yoruichi, alzó una ceja divertida por la necesidad de emborracharse de la pareja de recién casados.

-¿Qué es lo que me he perdido?-preguntó intrigada.

Pero como parte del sentido del humor de Byakuya ,también compartían la mesa de banquete con Ishida, así que la pareja desvió la vista en diferente direcciones.

-Un hombre necesita valor para comer delante de Ishida…- gruñó Ichigo.

Ishida se colocó bien sus gafas indiferente al insulto.

-No sabia que te provocaba ese tipo de sentimientos Kurosaki… ¿qué va a pensar tu esposa?

-¡Oh! No te preocupes por mi Ishida… No pienso absolutamente nada de la vida sentimental de mi marido. ¡Por cierto! Tengo nombre, es Rukia.

-Kurosaki Rukia- corrigió Ichigo de forma automática.

La mujer hizo una mueca de dolor y pidió otros dos whiskys al camarero más cercano. Yoruichi considero todo una espectáculo cuando ambos, marido y mujer, brindaron y se los bebieron como si fuesen chupitos.

No había que ser muy inteligente para saber que estaba pasando algo más que lo obvio, pero que si alguno de los dos decidía contárselo no iban a hacerlo con Ishida presente. De todas formas también era curioso como ambos parecían haber cambiado completamente su lenguaje corporal respecto al otro. Todo un verdadero espectáculo. Resultaba evidente, al menos para ella, que algo había pasado entre ambos. La tensión sexual parecía haberse incrementado a un nuevo nivel completamente distinto y ambos parecían empeñados en molestar al otro invadiendo su espació personal. Como dos personas que se torturan con sexo que no van a recibir, en una sola palabra: masoquismo.

Las nuevas generaciones estaban empezando a resultar un tanto complicadas…

El sonido de su móvil interrumpió el transcurso de sus pensamientos. Miró desconcertada a su acompañante de aquella noche, uno de sus hombres más capaces y elegido solo porque combinaba perfectamente con ella, a la boda de tu enemigo llevabas una pareja que el resto pudiese admirar o temer. Si se tratase de un tema de trabajo Kukaku tenía órdenes estrictas de llamar primero a su acompañante. Y el numero que estaba llamándola era uno oculto, tardo unos instantes en decidir si quería aceptar o no la llamada.

-¿Si?- contestó presa de la curiosidad.

-Shinouin-san, cuanto tiempo…- respondió una voz masculina- ¿La llamo en mal momento?

Yoruichi se tenso, completamente alerta, no necesitaba preguntar quien era.

-¿Qué es lo que quieres? – preguntó secamente.


Rukia abordo a Byakuya en la pequeña pausa que su hermano hizo para ir al baño a mitad del banquete. Lo asalto en mitad del pasillo desierto del hotel y bloqueo su paso.

-Se supone que eres un mujer casada, Rukia- le recordó su hermano a modo de saludo- Y como tal ya no puedes usar esa clase de kimonos juveniles y de amplias mangas…

Por dos segundos enteros Rukia olvido el porque lo estaba emboscando. ¡No podía creer que estuviese diciéndole lo mismo que Ichigo! Tuvo que sacudir la cabeza para centrarse.

-¿Por qué te has casado con Hinamori?

Byakuya le dedico un larga y seria mirada carente de emoción.

-Ahora es Kuchiki- corrigió con tranquilidad- Y mis motivos para casarme nuevamente creo que rozan lo obvio.

E hizo un intento de marcharse esquivándola, Rukia volvió a interponerse en su camino.

-Vas a repudiarla, ¿por qué seguir con la farsa de la celebración?- ella también podía jugar ese juego de "no me importa nada una mierda".

Sin embargo Byakuya pareció casi a punto de mostrar una emoción: fastidio. Pero fue tan fugaz que Rukia creyó que estaba imaginando cosas.

-¿Y por qué habría de repudiar a mi esposa?- preguntó él con el tono exacto de apatía.

Rukia empezaba a perder los estribos.

-¡Sabes perfectamente bien el porque! ¡Es una trampa! Y la estas metiendo directamente en mi clan.

Byakuya dio un paso largo directamente hacía ella, casi amenazante. Rukia no se movió, sino que sostuvo su mirada impasible. No estaba asustada, nunca de Byakuya.

-¿Tu clan?- replicó él- Disculpa, pero creía que tu clan era ahora el Shinigami… Tengo entendido que incluso has aceptado su protección.

Solo había una cosa sagrada para ella y él creía que se la estaba arrebatando.

-¡¿A caso crees que el clan Sakura es completamente tuyo?- estalló.- ¡Despierta, hermano! ¡No es tuyo! ¡Era de Hisana! ¡El único motivo por el que ahora sujetas el poder es porque te casaste con ella y me adoptaste!¡Pero, ¿crees de verdad que te son leales? ¡¿Qué harán todo lo que tu les pidas? ¡¿Qué aceptaran a tu heredero? ¡Vuelve a pensártelo, hermano! ¡Quizá descubras que el único motivo por el que los lideras es porque yo todavía estoy detrás de ti! ¡La verdadera sangre del clan!

Byakuya ni siquiera se inmuto.

-Desgraciadamente, ya no perteneces al clan- contestó y antes de que Rukia pudiese volver a estallar la esquivo desapareciendo en una habitación cercana.

Furiosa e irritada, Rukia estallo su puño contra la pared , el puñetazo que se moría por dar. ¿Estaba su hermano declarándole la guerra a ella? ¡¿A ella?

¡No sabía con quien estaba jugando!


La sangre goteo a través de la mano que presionaba contra la herida. Un disparo...

¡Joder! ¡¿Cómo había podido ser tan descuidado?

Era una triste misión de reconocimiento… Se suponía que debía dar una vuelta al barrio y asegurarse de que todo funcionara bien. ¡Fácil! Y había acabado con una herida de bala en el hombro. ¿Se podía tener peor suerte?

Teniendo en cuenta que estaba rodeado por una pandilla de mocosos en un callejón, Keigo casi estaba dispuesto a apostar a que si.

Había estado trabajando para el clan Shinigami desde el instituto, había compartido el aula de clase con el actual líder del clan y aunque nunca habían tenido una profunda relación esta sin duda había sido amistosa, al menos por su parte. Habían tenido sus roces, desde luego, de hecho el mes pasado se había metido con la nueva esposa del jefe, un pequeño bombón aterrador, e Ichigo lo había estado utilizando como mula en venganza… unas semanas muy desagradables, cierto. Pero ya lo había superado. ¡Es más! Ichigo lo había perdonado y puesto al cargo de una de las áreas. ¿Y qué hacía durante su primera noche de supervisión? ¡Recibía un balazo!

Pero no un buen balazo, de esos que recibes del malo del turno y que en el mejor de los casos salva la vida de alguien, como en las películas, o uno de esos que recibes porque eres jodidamente importante, como el de Kennedy.

A él le acababan de disparar tres mocosos con uniformes escolares que parecían estar dándole caza.

¡Pero, ¿qué coño pasaba con la juventud de aquello días? ¡Él nunca había disparado a nadie a sangre fría y llevaba en el negocio desde los 15 años! ¡Jesús! ¡Vaya deshonra para sus familias!

Pero lo peor del asunto es que los mocosos iban a descubrir pronto su escondite y la única forma de salir de aquella con vida sería si aquella noche no hubiese olvidado sus pistolas en una de las habitaciones privadas de la Muñeca de Porcelana… En otras palabras, iba a morir.


Ichigo se había quedado solo en la mesa del convite. Yoruichi había salido disparada con su acompañante-objeto incluso antes del inicio de la comida ; Ishida se había marchado nada más terminar el primer plato llevándose con él a su apática secretaria, ¿por qué la llevaba siempre a todos lados? Empezaba a sospechar que la mujer también cumplía alguna función de guardaespaldas; y por ultimo Rukia había desaparecido a mitad del postre. Aunque tampoco era como si hubiese estado comiendo.

En resumidas cuentas: una mesa un tanto vacía.

Él había planeado marcharse lo antes posible, Hirako no le contestaba al móvil, así que su única preocupación en aquel momento era encontrar al bastardo y sacarle toda la mierda a patadas. Pero no podía mover un dedo sin Rukia, todavía no estaba lo suficientemente loco para dejarla a su aire durante todo un día.

Finalmente la pequeña mujer se arrastro a si misma a través del bullicioso comedor y ocupo nuevamente su lugar en la vacía mesa con el ceño tan fruncido que Ichigo imagino que iba a quedársele una arruga para siempre.

-Te odio-le saludo ella furiosa.

Ichigo ni se inmuto.

-¿Qué ha ocurrido?

-¡Que estoy casada contigo! ¡Eso es lo que pasa! Y que no se que es lo que Aniki, va ha hacer respecto a esa…-pareció buscar un calificativo, pero acabo por encogerse de hombros- ¡zorra!

Por eso mismo Ichigo necesitaba a Hirako y saber cuánta mierda había averiguado sobre Momo. Después podría ponerse un poco más histérico de lo que ya estaba.

Ya estaba poniéndose en pie para salir de ahí cuando antes cuando su móvil empezó a sonar. La impaciencia le llevo a contestar sin mirar el numero lo que no era nunca una buena idea.

-¡¿Qué?- chilló a la persona al otro lado.-¿Tatsuki? ¿Qué cojones…- se interrumpió- Si…. No…. ¡¿Qué? ¡Mierda! ¿Esta muerto?... Bien. Que alguien siga las pistas antes de que Ikkaku asome su horrible cabeza en la escena … ¡Encontrad a los responsables!

Rukia lo miro con cuidado.

-¿Qué es lo que ha ocurrido?

-Han disparado a uno de mis hombres…- gruñó mientras la sujetaba de un brazo y la arrastraba con él a través del comedor.

Rukia frunció el ceño, ¿por qué parecía tan afectado?

-¿Esta muerto?

-Todavía no.


Ichigo no estaba actuando de manera normal.

Para empezar no la llevo a casa directamente, como habría sido de esperar sino que la limusina los llevo primero al hospital e Ichigo la arrastro con él al interior del mismo sin darle oportunidad a quedarse a en coche.

A Rukia no le costó demasiado comprender que el hospital le pertenecía a Ichigo, básicamente porque normalmente las enfermeras y los pacientes no se solían inclinar siempre que pasaba cualquiera y lo hicieron cuando Ichigo cruzo el vestíbulo de urgencias directo al ascensor del fondo.

El vestíbulo estaba completamente abarrotado a aquel día, lleno de enfermeras y médicos corriendo de un lado a otro y los enfermos esperando su turno, la mayoría de ellos madres con niños pequeños o ancianos sentados en los incómodos bancos compitiendo entre ellos por ver cual estaba más enfermo.

Sin embargo desde el mismo instante que Ichigo puso un pie en el vestíbulo el silencio se extendió como una manta, las madres obligaron a callar a los niños, los ancianos interrumpieron su conversación y tanto médicos como enfermeros detuvieron absolutamente toda la actividad. Y a medida que Ichigo atravesó la sala , la multitud se fue apartando para crear un pasillo hasta al ascensor y todo el sonido que recibieron fueron inclinaciones de respeto.

Por mucho que el hospital perteneciese al clan y por mucho que las enfermeras pudieran saber quien era Ichigo, resultaba ridículo que los enfermos también se inclinaran ante él, porque difícilmente podrían haber sido todos sus empleados. Más probablemente parecían personas que vivían bajo su territorio.

Una muestra de respeto similar no era normal en ningún otro clan y mientras las puertas del ascensor se cerraban tras ellos, Rukia comprendió que no sabía absolutamente nada de Ichigo. Había estado espiándolo, cierto, pero había sido algo más como monitorear sus movimientos, nunca se le había ocurrido llegar más hondo en la cuestión. No sabía qué clase de líder era. Pero si lo que había ocurrido en el vestíbulo era un indicativo, Rukia tenia que decir que era uno sin precedentes. No se había respirado miedo en aquella habitación, había estado respirando respeto.

Ichigo no dijo nada durante el recorrido por el hospital, no hasta que las puertas del ascensor se abrieron nuevamente en el octavo piso y la arrastro con él fuera cruzando un pasillo blanco hasto lo que sin duda era una sala de espera. En ella Tatsuki y un hombre como de la edad de Ichigo, pero considerablemente más bajo y moreno hablaban con el medico de turno.

Ichigo dejo ir la muñeca de Rukia y se dirigió directamente al médico.

-¿Cómo está?- solo Ichigo era capaz de hacer que una pregunta sonase como una exigencia.

El médico un delgado hombre de mediana edad con el pelo completamente blanco realizo una inclinación hacía Ichigo y luego se incorporo convirtiéndose en el profesional que era.

-La primera bala se alojo en su hombro y no causo mayor problema. La segunda, sin embargo, rompió la aorta y ha perdido mucha sangre. Todavía está vivo pero ha perdido demasiado sangre. No sabemos si podrá sobrevivir a la noche.

Ichigo asintió y despidió al médico con un gesto autoritario de la manos, luego se volvió hacía Tatsuki y el otro hombre.

-¿Qué es lo que sabéis?

Tatsuki no era la clase de mujer que lloraría a mares por perder a un compañero de trabajo, pero tampoco era de las que usarían el cadáver de uno como escudo. Parecía simplemente afectada, enfadada, como si alguien hubiese disparado tan cerca de ella que la bala la había rozado y ahora clamaba venganza.

Rukia no sabía a quién demonios habían disparado, pero obviamente era a un amigo.

-¡No sabemos nada!- gruñó Tatsuki- No tenemos una sola pista que seguir. Ahora mismo mis hombres están interrogando a todos los posibles testigos pero hasta que no me llamen o Keigo despierte y diga algo no tengo una sola pista que seguir.

Lo que quería decir que se sentaría junto a la cama del tal Keigo golpeando el pie con impaciencia hasta que este despertase y le dijese quien le había disparado, luego el culpable no volvería a ser visto entero nunca más.

-Hay un problema- interrumpió el hombre moreno y bajito con cara de niña.- Quien encontró a Keigo, también llamo a la policía. Cuando llegamos a la escena Ikkaku ya estaba allí y arrastraba con él a Yumichika y a la esa policía novata con el pelo rosa.

Ichigo juro en voz alta, con la policía cerca la venganza era algo un poco más difícil.

-¿Y qué cojones estaba haciendo ese gilipollas solo y desarmado, Mizuiro? Creía que os había puesto a los dos al tanto del área- gruñó Ichigo.

El tal Mizuiro se encogió de hombros tan molesto como enfadado.

-Había quedado con reunirme con él en el local principal. Nunca llego. Y cuanto a las armas me juego lo que quieras a que cometió la estupidez de volver a dejárselas en la Muñeca de Porcelana.

-¡Compruébalo!- ordenó Ichigo.

Mizuiro se encogió sobre si mismo ante semejante orden.

-Pero no puedo hacer eso… Oka-san…

Pero la mirada furiosa de Ichigo le hizo callar. Nadie tenia autoridad suficiente como para contradecir al kumichou. Nadie excepto Rukia.

-¿Y cómo esperas que haga eso?- se atrevió a preguntar- Oka-san es casi como una kumichou. Y nadie se mete en su territorio, sea cual sea el motivo.

Y el territorio de esa Ane-san era su propia casa de prostitución.

Mizuiro asintió con fuerza dándole toda la razón.

Ichigo la miro fijamente como si acabara de darse cuenta de que estaba en la habitación, a pesar de que había sido él quien la había arrastrado allí. Luego simplemente saco su móvil del bolsillo y lo estampo contra el pecho de la mujer.

-Entonces, averígualo tu. ¿O es que no puedes?

Picada Rukia atrapo el móvil al vuelo antes de que cállese contra el suelo y marco el numero privado de Oka-san sin apartar la mirada desafiante de la cara de Ichigo. Solo después del primer toque comprendió que acaba de ser absurdamente manipulada.

Maldijo interiormente y se aparto del pequeño grupo en busca de un poco de intimidad. Cuando Oka-san no contesto la llamada Rukia comprendió molesta de que no había ninguna oportunidad de que contestase al número de Ichigo, sintiéndose estúpida maldijo de nuevo, esta vez en voz alta y lanzo el aparato telefónico directamente hacía la cabeza de Ichigo, sin embargo este pudo atraparlo antes de que lo golpease y para evitar un confrontamiento en un hospital Rukia saco su propio teléfono de su pequeño bolso y llamo a la mujer. Esta vez Oka-san contesto al primer toque.

-¿Qué ocurre, querida?- preguntó inmediatamente después de asegurarse de que era Rukia.

Esta explico el problema y Oka-san rio divertida al otro lado.

-¡Oh! ¡Keigo-kun! Es uno de mis mejores clientes! Aunque un tanto despistado, la verdad, cada vez que viene mis chicas lo despluman… Muy ingenuo para ser un yakuza si es que me comprendes… Y si, se dejo aquí las pistolas. Pero, ¿por qué te interesa?

-Le han disparado.- lo que en realidad no era una cosa demasiado fuera de común en el mundo yakuza, sino más bien algo de todos los días- Ichigo está un poco alterado- le que si era algo fuera de lo normal.

Oka-san guardo silencio durante unos segundos.

-Fueron juntos al instituto- contesto al final.- No han disparado a uno de sus hombres, han disparado a un amigo.

Si, Rukia podía verlo casi tan bien como veía los puños crispados de Ichigo mientras gritaba a alguien por teléfono. Aquel no era el Ichigo al que estaba acostumbrada. Aquel tenia sentimientos.

Tras un pequeño intercambio de palabras más ambas mujeres se colgaron. Rukia se acerco de nuevo hasta el grupo e Ichigo le lanzo una mirada interrogativa todavía colgado al móvil. Ella asintió.

-Se las dejo allí. Oka-san dice que lo hace constantemente…

Ichigo maldijo. ¿En qué coño había estado pensando? ¡Era Keigo! ¡Por supuesto que iba a pasarle algo! ¡Era gilipollas! Pero después de todas las misiones suicidas a que le había mandado a lo largo de los años, había creído que tenia la suerte suficiente como para merecer un ascenso. Y ahora el bastardo estaba debatiéndose entre la vida y la muerte en la cama de un hospital. ¡Joder!

Comprendiendo que estaba atrapada en el hospital con Ichigo, Rukia se movio lentamente alrededor de la sala de espera hasta sentarse junto a la impaciente Tatsuki.

-¿Qué tan importante es el tal Keigo?

Tatsuki la miro sobresaltada.

-¿Importante?- repitió- Keigo no es importante. Es solo un idiota suicida. Se ha metido en más problemas él solo que el resto del clan junto. De hecho el año pasado estuvo en la cárcel, ¡por escándalo público! Ichigo podría haberlo sacado con una llamada pero opino que semejante imbécil no merecía su ayuda. Sin embargo mando un coche a buscarlo el día que salió de la cárcel- suspiró.- Mira, se que comprendes este mundo, has vivido en el siempre y sabes lo importante y escasos que son los amigos…

Si, Rukia lo sabía. Pero nunca había creído posible que Ichigo fuera la clase de persona que se preocupa por sus amigos. Parecía que había todo un mundo que no sabía sobre su marido, uno que apenas sentía empezaba a descubrir aquella noche.


La policía, representada por Ikkaku, Yumichika y Yachiru se presentaron en el hospital a medianoche. Para entonces Ichigo se había trasladado a una habitación privada del hospital que tenía más aspecto de suite que de otra cosa. Baño privado con jacuzzi, y una pequeña sala de estar con sofás, televisión y mini bar.

De hecho cuando el trío de policías entro, Rukia estaba completamente dormida en uno de los sofás. Tal vez podría haberse ido a casa cuando Ichigo había enviado a Mizuiro a buscar cierto papeleo para él, pero ni siquiera había hecho el intento.

La cuestión fue que el ruido de la puerta al cerrarse la sobresalto tanto que dio un pequeño salto en el sofá, despeinada, con la baba colgando y el precioso moño desecho en una maraña de pelo negro a su alrededor.

Ichigo sentado frente a ella en otro de los sofás, rodeado de papeles, no pudo evitar una sonrisa cuando la vio, pero al mismo tiempo tuvo que maldecir. ¡Joder! ¿Cómo podía una mujer parecerse tanto a una niña?

Sin embargo los policías la ignoraron, a excepción de Yumichika que hizo una mueca de desagrado y se centraron completamente en Ichigo.

-¿No es un poco sospechosos, que después de los adolescentes muertos en tu territorio ahora hayan disparado a uno de tus hombres con el mismo tipo de arma?- saludó Ikkaku sentándose despreocupadamente junto a Rukia, frente a Ichigo.

Completamente dormida, la mujer bostezo y trato de peinarse el pelo. Yachiru estuvo sobre ella en un suspiro.

-¡Kia-chan!- chilló feliz la policía- ¡He oído que su hermano se ha casado hoy! ¡Felicidades!

Rukia lanzó una mirada furiosa a su subordinada al tiempo que se recordaba a si misma que la necesitaba viva.

Ichigo frunció el ceño fulminado al policía con los ojos.

-Por si no te has dado cuenta, nosotros somos las víctimas de este incidente.- remarcó.- Y por lo qué insinúas tal vez deberías estar teniendo esta conversación con Ishida.

-No es el mismo tipo de arma- interrumpió Rukia sin poder evitarlo, atrayendo hacía ella la atención de todo el mundo- ¿De verdad está este incidente relacionado con el clan Quincy? ¿Qué pruebas existen? Todo el asunto parecía más bien como una guerra de territorio muy infantil, niños jugando a ser adultos, pero las cosas se les fueron de las manos a los críos del clan Quincy y acabaron con la vida de 5 estudiantes, de los cuales solo uno de ellos estaba relacionado con la yakuza. Supuestamente el padre de dicho estudiante se vengo. ¿Qué relación podría tener Keigo en todo el asunto? Aún si el clan Quincy quisiese tomar represalia por la muerte de tres de sus miembros no parece muy de Ishida vengar la muerte de tres idiotas.

Yachiru justo detrás de ella se inclino hacía delante y susurro algo a su oído. Los ojos de Rukias e abrieron al doble de su tamaño habitual y maldijo.

-… o simplemente hay más críos involucrados en el asunto y están marcando su territorio atacando al jefe de un área. Corta la cabeza y mira como el resto del león se desploma…- todos miraron fijamente a las dos mujeres.

-Una de las balas de Keigo coincide con parte del arsenal robado a Shinouin-explicó Yachiru en voz alta.

Ichigo entrecerró los ojos.

-Las armas se vendieron en el mercado negro- les recordó el kumichou irritado- Cualquiera podría tenerlas.

-Las heridas de Keigo son de novato- interrumpió Rukia- Dos balas distintas, dos personas distintas en dos momentos distintos. Si querían matarlo han hecho un trabajo terrible, lo dejaron vivo cuando se marcharon y si querían dar un aviso hiriéndolo, casi lo han matado. Un punto intermedio muy absurdo. No eran profesionales.

Nadie podía replicarle aquello.

-Después de todo el asunto de estas semanas pasadas y basándonos en el hecho de que todos ellos eran críos, yo diría que un grupo de adolescentes esta tratando de hacerse hueco por la fuerza en el mundo de los clanes. Pero que no tienen ni idea de lo que están haciendo.

Ichigo e Ikkaku miraron fijamente a la mujer en silencio.

-¡Un placer hablar con usted, Kurosaki-san!- exclamó Ikkaku poniéndose en pie y haciendo un gesto a sus hombres hacía la puerta.

Una vez la puerta se cerró tras ellos, Ichigo llamó a Tatsuki en voz alta.

La mujer asomo su cabeza desde el baño.

-Lo he oído todo- respondió ella asintiendo como si fuese un buen soldado.- Yo me ocupo.

Y también salió por la puerta.

Una vez a solas con su marido Rukia se encogió de hombros y volvió a tumbarse en el sofá para recuperar el sueño. Ichigo no dijo una sola palabra.

Dos horas después el médico que había estado atendiendo al herido llamo a la puerta de la habitación, volviendo a despertar a Rukia en el proceso.

Keigo había recuperado el conocimiento, lo que era una buena señal, viviría.

Solo entonces Ichigo decidió marcharse del hospital, sin ni siquiera asomarse a la habitación del herido.

Rukia acepto volver a ser arrastrada nuevamente a través del hospital sin decir una sola palabra de protesta, estaba demasiado cansada para discutir, había sido un día muy largo. Sin embargo Ichigo no la llevo a casa directamente sino que hizo tres paradas más. Podría haber estado atenta a ellos, pero se volvió a quedar dormida. Lo único que supo es que al día siguiente despertó en su habitación. Ni siquiera recordaba como había llegado a ella o quien le había puesto el pijama.


Ichigo no durmió aquella noche. No había tiempo para algo tan banal como el sueño cuando tu mundo había decidido ponerse patas arriba en un solo día, aunque si lo pensaba bien, quizá hubieran sido los últimos dos meses lo que lo había cambiado todo.

La guerra había acabado, había perdido territorio, conseguido una esposa y visto como Aizen se atrevía a salir de las sombras en las que llevaba años sumergido solo para realizar una jugada que sin duda había pretendido ser un jaque. Pero de ninguna manera iba a permitirle hacer un jaque mate. La suya era una partida de ajedrez que no pensaba perder.

Así que después de dejar a Rukia en casa había conducido directamente hasta la oficina central del clan al tiempo que convocaba en ella a la mitad de sus subordinados. No era de los que se quedaban de brazos cruzados cuando su territorio o su futuro territorio eran atacados. Así que cuando llego a ella eran las 3:57 de la mañana pero allí ya estaban esperándole Urahara, que dormitaba en la silla junto al escritorio; Hirako, que gritaba a alguien por el móvil; Tatsuki afanada en un mapa de la ciudad y un puñado de rotuladores de colores y su jefe de seguridad Chad, el más silencioso de todos ellos, apoyado contra la pared junto a la puerta de su despacho.

Todavía ataviado con el traje de chaqueta que había llevado a la ceremonia Ichigo irrumpió en la habitación con un portazo.

-¿Qué es lo que sabemos?- pregunto al tiempo que se deshacía de la chaqueta tirándola sobre una de los sofás y tomando asiento en su sillón al otro lado del escritorio.

-¡Nada!- gritó Hirako, que por primera vez en su vida parecía histérico por algo.

Ichigo podría haberse regodeado en ello sino fuera porque lo encontraba igual de preocupante.

-¿Qué quieres decir?- siseó al hombre.

-Mira, no me mal interpretes. Pero, ¿estás seguro de que Hinamori se abría de piernas para Aizen? Lo único que me queda para confirmarlo es secuestrar a un arrancar y al único al que Rose ha conseguido echar el guante es al chico de los recados que jura no haber visto nunca al jefazo en persona…. ¿Puedo recuperar a Hiyori aunque sea por un par de horas? Reconozcámoslo es única sacándole cosas a la gente por la fuerza.

De echo "por la fuerza" era la expresión clave en la oración.

-Esa es mi niña- canturreó Urahara que no se había preocupado por ella en los últimos veinte años de la vida de esta.

-¿Crees de verdad que la mierdecilla a la que habéis secuestrado sabe algo?- gruñó Ichigo conteniendo el impulso de darle un puñetazo por incompetente.

-Dame 24 horas más y tendré a uno de los peces gordos…- replicó Hirako sosteniéndole la mirada con firmeza- Entonces necesitare a Hiyori.

-Tenemos un acuerdo de no agresión con los Arrancar, ¿recuerdas?- siseó Ichigo.

Podían tomar prestada a la basura del clan por unas cuantas horas, pero si se dedicaban a soltar a Hiyori y sus técnicas interrogatorias sobre uno de los peces gordos, los arrancar harían lo mismo con los vizard y no es que a Ichigo le importase, es que sustituirlos seria una jodida mierda.

Hirako gruño algo molesto entre dientes y volvió hacía el móvil que nunca había llegado a colgar.

-Nuevo plan. Comprobar la agenda de la mujercita paso por paso en los últimos 5 años… Quiero saber hasta a que hora solía ir al baño.

Cuando fue evidente que alguien le estaba gritando al otro lado Hirako simplemente colgó y sonrió satisfecho. Resultaba evidente que disfrutaba siendo el que daba las ordenes.

Ichigo contuvo el arranque de meterle una bala entre las cejas. ¡¿Qué coño habían estado haciendo hasta ahora? ¡¿Jugar al escondite con los arrancar? ¡Jesús! El día en que le llamaran porque había acabado con una bala en la cabeza bailaría sobre su tumba.

Forzándose a ignorarlo Ichigo opto por centrarse en el tema más urgente de los que perturbaban su día.

-¿Qué sabemos sobre los atacantes del idiota?- preguntó a Tatsuki.

La mujer extendió el mapa del centro de Tokio en su escritorio y señalo con un rotulador rojo las distintas áreas en las que los clanes lo habían repartido. Y después señalo los puntos negros que habían a parecido en todas ellas.

-Además de a Keigo también han atacado a cinco jefes de área esta semana, en distintos puntos dentro de sus territorios- volvió a señalar los puntos negros. – La mayoría se han considerado minucias debido a que los atacantes apenas si lograron herir a los jefes, ya sabes que suelen viajar con una escolta considerable…

Keigo era el único gilipollas capaz de anteponer la Muñeca de Porcelana a su seguridad personal.

-En ningún caso se reconoció a los asaltantes. Pero Iba, - señalo un punto concreto dentro del territorio Kuchiki- aseguro que eran un grupo de mocosos con uniformes de instituto.

Ichigo asintió. Pero los malditos puntos estaban en puntos distintos del mapa, si la teoría de Riukia era cierta, los mocosos no trataban de conseguir un territorio. Estaba atacando a toda la ciudad. Y sinceramente no soportaba la ambición, cuando esta no provenía de si mismo.

-No se más- confesó Tatsuki. - Pero estoy en ello.

Ichigo asintió, después se volvió hacía Urahara que estaba aterradoramente callado.

-Necesito que planees una reunión con Yoruichi para mañana.

Urahara asintió en silencio con la mirada fija en el mapa de Tatsuki.

Después Ichigo miró a Chad.

-Incremente la seguridad del territorio- le ordeno- No dejes que pase una mosca sin mi conocimiento.

Y el grupo se disperso en silencio.

-.


Rukia había ido a trabajar al museo aquella mañana, porque no podía soportar la idea de quedarse en casa sin hacer nada.

Había desviado a la mitad de su clan a la caza de información sobre su nueva cuñada, pero desgraciadamente sabia que solo ella tenía opción de encontrar algo, probablemente ni siquiera los vizard de Ichigo podrían meter sus cabezas en el interior del clan de Aizen. Lo que no dejaba de ser un jodido dolor de cabeza. Para entrar necesitaría primero localizar a uno de sus miembros pero hasta que su gente no lo encontrase ella no podía hacer otra cosa que esperar.

¡Y estaba a punto de volverse loca!

Así que cuando su teléfono comenzó a sonar se lanzo sobre él sin darse tiempo a comprobar el remitente.

-¡Dime!- exigió su interlocutor.

-Tenemos un problema- saludó Ichigo con voz ronca.

-¿Otro?- preguntó sarcástica.

El silencio que obtuvo al otro lado de la línea fue crudo, espeso y le puso los pelos de punta.

-¿Qué ha ocurrido?- se atrevió a preguntar finalmente.

-Han asesinado a Yoruichi.