¡Buenas a todos! De nuevo estoy aquí con un nuevo capítulo. Siento haber tardado tanto
pero he tenido una mala racha y todavía me estoy recuperando de ella -nada serio. Tan
solo espero que disfrutéis de este capítulo y que la espera haya merecido la pena.
Cuando comprendes los detalles de la victoria, es difícil distinguirla de la derrota.
Jean Paul Sartre.
Entre mis manos sostuve un diminuto y raído libro que estaba lleno de polvo.
Mis esfuerzos por encontrar algo que diera sentido a la locura que era todo aquello parecían haber encontrado por fin solución. Los papeles del siervo me habían guiado hasta ella y ahora deseaba no haberlo hecho. Todo era mucho mas lógico de lo que parecía ser y eso me aterraba, no se trataba de unas confluencias al azar que desembocaban en una historia terrorífica envuelta en misterio y muerte, al contrario, todo había sido exquisitamente planeado.
Mi ciencia me había traicionado y ahora estaba solo.
"Eres tu, lector, testigo del ultimo gramo de humanidad que queda en mi; mi nombre el Elsa Solberg de Cox, hija de un pobre diablo que vio la luz cuando le ofrecieron dinero a cambio de mi mano. "
Las paginas se deshacían ante el sebo de mis manos y me pregunte por el tiempo que llevaba este escrito perdido. Pase la primera hoja y descubrí la respuesta mi ultimo interrogante.
"20 de Junio de 1890
Hoy sostuve entre mis brazos a mi hermana recién nacida. El señor Cox nos ha cedido su hogar para que mi madre diera a luz, es muy buen hombre. El me enseño a escribir y a leer cuando era mas pequeña. Soy muy feliz por llevarme bien con el señor Cox.
21 de Diciembre 1890
Esta tarde celebraremos mi cumpleaños. El señor Cox tiene una sorpresa para mi doceavo cumpleaños, espero que sea una sorpresa que pueda compartir con Anna.
22 de Diciembre de 1890
El señor Cox me ha ofrecido vivir con el, ha dicho que como no tiene hijos yo sere su pequeña princesa. Estoy muy feliz, cuando sea una gran mujer podre ayudar a Anna para que ella tambien lo sea.
15 de Enero de 1891
Hoy el señor Cox me ha pedido que le llame por su nombre: Arthur. Me da mucha vergüenza llamarle así pero lo hare por el."
Los días estaban salteados, al parecer la propietaria del diario sólo apuntaba los días que le impactaban. Por desgracia al ser una niña habían demasiadas cosas que le impactaban, lo bueno es que al ser textos muy cortos todo estaba muy condensado y podía leerlo bastante rápido; salté varias páginas y al llegar a la mitad del diario tuve que tirar hacia atrás para comprender lo que había pasado el día 8 de Enero, día que habían despedido al servicio.
"21 de Diciembre de 1891.
Mi madre está muy triste, desconozco la causa de su tristeza pero intuyo que es a causa de mi cumpleaños. Hace tiempo escuché que llegado este día me iban a perder, la pregunta es por qué, yo no voy a separarme de ellos.
22 de Diciembre de 1891.
Ahora lo entiendo todo, Arthur me ha propuesto matrimonio. Me pidió que me casara con él por dos motivos: a) para que su fortuna tuviera heredero y b) porqué me había cogido muchísimo cariño y sólo confiaba en mi.
Le he dicho que sí porqué es bastante joven, tiene veintidós años , y así evitaré que Anna y mis padres sigan llevando una vida difícil. Supongo que lo que escuché aquel día era porqué Cox ya había avisado a mis padres.
20 de Junio de 1892.
Arthur, mi ahora esposo, me ha permitido celebrar el cumpleaños de Anna en casa.
La pequeña es una niña preciosa y llena de vida, me fascina verla corretear de un lado a otro y ser el temor de los sirvientes. Es un trasto pero aún así la adoro.
18 de Octubre de 1892.
Hoy celebramos el primer año de matrimonio, Arthur me ha pedido que vayamos a hacer un viaje a la casa de la montaña. He de prepararme mentalmente para lo que esto significa, hasta ahora todavía era una niña pero supongo que con la evolución sufrida en este último año habrá desarrollado algo más que simple cariño."
Al pasar la siguiente página descubrí que había un puñado de hojas en blanco seguidas de hojas garabateadas.
Los garabatos eran similares a los de un niño pequeño intentando escribir.
-Vamos Elsa, no me jodas. No me puedes dejar a medias.- Continué pasando hojas y rompí sin querer un par de las garabateadas. -Mierda- Murmuré.- Suerte que no estaban escritas...
"10 de Septiembre de 1908"
-Wow- El cambio de fechas era tan brusco que me sorprendió y me dejo más que intrigado.
"Hace tiempo que cargo con una extraña sensación en el cuerpo.
A veces siento que me desvanezco por horas, pierdo la sensación del tiempo, y cuando recobro el sentido resulta que me he pasado el día haciendo Dios sabe qué. Es una extraña sensación que se me aparece como si perdiera mi identidad y algo en mi se hiciera cargo de mi cuerpo.
Algunos médicos me han dicho que es a causa del incidente en las montañas y que aún me estoy recuperando pero yo no se que creer. Empiezo a temerme lo peor.
1 de Enero de 1909
Hoy he sido plenamente consciente de todo y me he horrorizado por lo que he tenido que hacer. Prefería no saber nada.
29 de Febrero de 1909
Hoy he visto a Anna, es una muchacha preciosa. Jamás pensé que aquella pequeña niña podría convertirse en una adolescente tan hermosa, aunque a decir verdad tampoco imaginé que aquel pequeño trasto se convirtiera en una mujer medianamente seria.
Pronto podré enseñarle todo lo que sé.
[Sin fecha]
Cox ha muerto, lo he matado.
Después de descubrir la verdad dejé que me dominase, permití que la rabia se hiciera cargo de mi cuerpo y le arrebaté la vida.
El muy hijo de puta pretendía deshacerse de mi hermana y eso no iba a permitirlo, era él o ella. Obviamente ganó ella.
De no ser por lo que él era lo hubiera matado mucho antes, mas no sabía cómo hacerlo. Tuve que encontrar el libro para averiguar cómo acabar con él."
Las siguientes páginas explicaban porqué habían echado al servicio, qué iba a hacer ahora y pequeños detalles que poco me importaban. Ahora sabía qué tenía que conseguir y sospechaba dónde estaba. La lengua era lo único que me preocupaba puesto que no sabía protoeslavo; cerré el diario y lo guardé en el mismo sitio que lo había encontrado: en la biblioteca privada de los Cox.
Después de haber vomitado a causa del muerto había decidido huir por la parte que aún quedaba en pie de la segunda planta, tenía la esperanza de que hubiera alguna otra forma de bajar pero de momento no había ninguna. Si bien es cierto que aún me faltaba una zona por inspeccionar, no pensaba ir hasta allí hasta que la lluvia no aflojase un poco.
Para pasar de un lado a otro tenía que correr por la zona sin techo y la verdad es que no me apetecía mojarme otra vez.
-Recapitulemos, Elsa encontró un libro, supongo que ese libro, el cual le permitió descubrir cómo matar a su marido...-Me llevé la mano al mentón y lo acaricié.- Eso significa que su marido tampoco es normal. Bueno, eso lo sospeché al ver la fecha de los retratos. La cosa es que quizás Elsa y él no sean la misma cosa...- Poco a poco empecé a dar vueltas por la habitación preso de la inquietud.-Pero si su padre ha intentado matarla más de una vez eso quiere decir que alguna forma habrá, aunque sólo él la sepa...- Mis palabras se perdieron en el aire al recordar al muerto que me había hecho vomitar.
Fuera la tormenta todavía golpeaba con fuerza los cristales y las desnudas paredes.
En mi cabeza resonaba como un eco lejano la idea que había deseado negar desde un principio, aquel cadáver descompuesto debía de ser el de una persona del pueblo mas me negaba a creer que fuera el del padre de las hermanas. De ser así estaba perdido.
No se cuanto tiempo paso entre mi hallazgo y mi período de ausencia psíquica en el que me sumí pero cuándo abrí la puerta para despejarme con el aire húmedo y el olor a petricor, descubrí que al otro lado de la planta de arriba aún quedaba un pequeño cuarto casi intacto.
No quería tener que enfrentarme a mi realidad no tampoco tocar al muerto para despertar de mi fantasmagoría, me aferraba a la ilusión que aún me mantenía cuerdo y por eso decidí huir hacia el resquicio de vida que quedaba en aquel lugar.
Tan sólo abrir la puerta un fuerte hedor me golpeó la cara. El cuarto olía a comida rancia junto a sudor, todo estaba desperdigado y parecía que en algún momento un huracán hubiera vivido allí. Por encima de los papeles había rastros de comida, pequeñas migajas que denotaban vida, también había montones de ropa sucia en una esquina que apestaban a sudor y grasa.
Todo aquello era un caos, la obra maestra de una mente enferma y obsesionada por algo.
Recogí varios papeles y les eché un vistazo, una gran mayoría de ellos expresaban planes inverosímiles de cómo huir de aquel lugar, otros pocos eran cartas en las que apenas se podía leer nada por la tinta corrida y un pequeño puñado de ellas eran instrucciones sobre cómo leer el eslavo primitivo. Fue grata mi sorpresa al encontrar entre los folios perdidos una especie de vocabulario traducido.
¿De dónde había salido toda aquella información? Ni lo sabía ni quería saberlo, tan solo era consciente de que en aquel lugar alguien había estado viviendo y había acabado desangrado. No quería correr su misma suerte así que me apresuré a recoger todo lo que pudiera antes de volver a pasar por delante del muerto.
Con mis bolsillos llenos de papeles y unas pequeñas libretas, salí de la estancia para descubrir que apenas me quedaba una hora de luz.
-Lo siento sir.- Sentía un nudo en mi garganta que me impedía tragar saliva. Mis guantes acariciaron con temor la mortecina piel del cuerpo descompuesto para darle la vuelta, necesitaba acallar mis miedos y comprobar de una vez quién era.
Una repentina arcada me hizo voltear al hombre bruscamente.
Horrorizado di un brinco hacia atrás y caí sobre la pestosa sangre seca. Sin decir media palabra huí del padre de las hermanas.
La noche ya se había cernido sobre mi cuando llegué a mi hogar entre jadeos y sudor, aquella horrible visión me había espantado igual que la noche lo hace con un chiquillo. Tenía en mi mente grabado con fuego aquella asquerosa imagen del hombre muerto, los ojos vidriosos y aquella expresión... Un escalofrío recorrió mi cuerpo y decidí darme un pequeño descanso antes de intentar hacer nada.
Para recobrar calor me senté frente a la chimenea junto a una botella de vino y empecé a leer todo lo que tenía encima, no pensaba perderme detalle alguno por muy insignificante que fuera y si debía pasarme la noche en vela no tenía problema en hacerlo; mis primeras lecturas me desvelaron pequeños detalles de la vida del autor, eran cartas que hablaban sobre hermanos y un reencuentro. Otros papeles trataban de sacar a la luz el hábitat de los trolls, seres que pueden solucionar todo tipo de problemas mágicos, y detallaban que regiones encajaban a la perfección con las leyendas.
-Demente...- Murmuré al leer la última anotación y dejar el papel sobre una pila de folios.
El tercer tipo de papeles me gustaban mucho más. En ellos habían decenas de palabras traducidas de un idioma a otro, también habían anotaciones de como pronunciar las cosas y que otros posibles significados podía haber. Por desgracia no tenía el libro para intentar leerlo.
Con cuidado aparté esos papeles y me dispuse a leer lo que había en las libretas que aún no había registrado. Aquellos cuadernos contenían más anotaciones extrañas, parecía una reproducción parcial a mano de algún otro libro en antiguo eslavo - y digo algún otro libro y no aquel libro porqué algo me decía que Elsa no sería tan estúpida como para abandonar una cópia lo único que le puede matar. Aferrándome a un clavo ardiendo, a mi última esperanza, abrí el otro cuaderno y casi salté de alegría al leer el título: Elementium primium, el origen de la vida.
De inmediato me di cuenta de que los dos libros se complementaban, uno era una reproducción de algún libro perdido del cual se habían rescatado fragmentos y el otro un comentario de lo que había escrito en otro idioma; estaba excitado por mi descubrimiento y deseoso por empezar a leer, mas la fatiga y el sueño se empezaban a apoderar de mi. Obediente a Morfeo, recogí las cosas y decidí dormir unas cuantas horas antes de levantarme a estudiar y a preparar las cosas para la fiesta de Navidad.
Casi a medio día desperté en la cama con la misma ropa que me había puesto para ir a investigar, apestaba a alcohol, sudor y por su fuera poco tenía unas marcadas ojeras. Bostecé y decidí darme una ducha. Para mi sorpresa descubrí que mi rostro parecía el de alguien que malvivía, tenía barba de varios días, un cabello indomable y la tez increíblemente pálida. La cuenca de mis ojos parecía haberse hundido y mi musculatura empezaba a desaparecer, no se en que momento había cambiado tanto pero si de algo estaba seguro era de que aquella maldición debía acabar ya.
Arreglado y con más ánimos bajé a la cocina y preparé un desayuno ligero mientras sacaba los papeles; a un lado tenía el vocabulario, al otro el libro de anotaciones y en frente la copia en protoeslavo.
Tras varias horas de estudio y un par de descansos para comer, mi investigación había avanzado tanto que apenas me lo creía, el escritor había traducido varias formas de adquirir la inmortalidad -todas a través de rituales- y el origen de algo llamado Elemento primitivo. Por suerte también explicaba los defectos de estas inmortalidades.
A las siete de la tarde aún me quedaba más de medio libro para leer. Miré el calendario que tenía en la cocina y calculé cuánto tiempo me quedaba para preparar todo, todavía podría permitirme un día de descanso.
Sin hambre y cansado subí a dormir a las siete de la tarde.
Al día siguiente desperté de mejor humor, lo vivido parecía un sueño y mi cuerpo parecía haber adquirido algo de color; el mercado apenas estaba transitado cuándo fui a comprar y me crucé con Sven. El comerciante parecía inquieto por algo así que apenas cruzamos palabra. Ahora se que me rehuía por miedo a ser el siguiente.
Al volver a casa almacené la comida y continué con mi estudio.
-¡Eureka!- Exclamé eufórico ante mi descubrimiento. Casi al final de las anotaciones descubrí que el escritor se había esmerado en traducir de la forma más precisa "el proceso del éter", un proceso de inmortalidad de carácter casi infalible y con pocas posibilidades de morir. Se trataba realmente de algo más simple de lo que parecía, lo primero que uno tenía que hacer era utilizar lo que el llamaba a veces éter, primum o quinto elemento, para ello tenía que buscar a un ser que hiciera de catalizador y al cuál insertarse ese elemento en su cuerpo sin que se enterase a través de un ritual muy desagradable, después el sujeto aspirante a la inmortalidad debía morir y, casi al instante, un médico o alguien capacitado para ejercer la medicina, debía utilizar al catalizador para que este transmitiera el éter y la energía vital junto a la electricidad. Todo debía hacerse cuidadosamente para que el catalizador no muriera en el proceso.
Todo esto podría parecer un método muy inofensivo de no ser por a) los efectos hacia el catalizador, al parecer la persona se sumía en una especie de estado vegetativo y se volvía el espejo de todo lo negativo que le sucediera al inmortal, y b) que el proceso debía de repetirse cada vez que un catalizador moría. Su punto débil era que entre muerte-proceso el inmortal se volvía mortal.
Debajo del fallo mencionado, el verdadero descubrimiento, era la mención de un método para que esto no sucediera. La anotación rezaba así: *Inmortalidad: Ritual Primigenio.
Había leído la palabra "primigenio" en el vocabulario y no tardé en descubrir que el último texto no estaba traducido pero sí que hacía referencia a esa palabra. Asustado por la falta de tiempo miré en mi reloj la hora y decidí que haría mi último esfuerzo antes de descansar en paz. Para ser justos diré que me tardé horas traduciendo palabra por palabra, pero más horas tardé para organizar las frases según el libro que Sven me había dado. Casi después de una eternidad pude ver los resultados un tanto cutres de ni traducción.
No se que son, ni siquiera a día de hoy, esas cosas primigenias de las que se hablan, tan solo se que existen y que Elsa es una.
Todo lo que encontré se resumía en la existencia de un ser cósmico sin forma capaz de producir vida (éter) gracias al hielo, tal ser no se expresa en la ficisidad sino que convive con los humanos y puede ser invocado por todo aquel que quiera. Para invocarlo es necesario un recipiente joven y que no haya llegado a la edad del declive de su raza puesto que es necesario que sea él ser quien elija en que edad física se estancará.
No se expulsa, no muere, se le fuerza a desvincularse de un ser que él previamente escoge por su admiración hacia él y por su vitalidad, luego -con el paso del tiempo- el propio ser concibe su existencia como algo vacío por la carencia de empatía y mata al recipiente no sin antes haberle obligado a traspasarlo a otro ser -natural o animal.
Si mis deducciones no era erróneas, Cox había usado el método del Proceso de éter durante años, pero supongo que el ritual -no traducido por mis carencias de vocabulario- debía ser tan complejo que no se atrevió a hacerlo hasta hace relativamente poco. Siguiendo esta idea, Elsa debía de ser el recipiente y el único ser inmortal capaz de transferir inmortalidad a otra persona. Por todo lo que había leído a su vez también debía de tener el poder de quitar la vida. Ahora bien, si Elsa estaba vinculada a alguien sólo podía ser a una persona: Anna.
