AISLADA


La música resonaba tan fuerte en sus oídos, que Rukia, apenas podía pensar. Pero no necesita pensar claramente para saber que su marido acababa de malinterpretarlo todo. Igual que sabía, que Kaien lo había estado provocando desde el principio, que todo lo que había hecho, no había sido por incomodarla a ella, sino para provocarlo a él.

Ichigo la sujetaba con tanta fuerza del hombro que podía sentir como sus dedos se hundían en su carne, como garras afiladas, hubo un momento en el que creyó que estaba sangrando.

Presiono de tal forma que por unos segundos, solo pudo pensar en la música chillando en el interior de su cabeza y en el dolor. Los segundos, que a Ichigo, le costó sacudirla violentamente fuera de su camino. Rukia cayó contra el suelo, golpeándose con el todo el cuerpo, como una muñeca rota.

El golpe la aturdió, pero al mismo tiempo la libero de todo, como si la música se hubiese extinguido de golpe y dolor, la ayudo a centrarse, a pensar. A pensar en la mueca de odio de Ichigo, en la forma en la que su expresión anunciaba un baño de sangre.

El miedo se apodero de ella de una forma casi instintiva, visceral.

Miró a Ichigo desesperada, lo vio avanzar directamente hacía Kaien, lo vio alzar el puño y estrellarlo con todas sus fuerzas contra la irritante sonrisa de aquel hombre. Vio como la nariz de Kaien estallaba en sangre y como se veía obligado a retroceder. Pero no se dejo intimidar, alzo de nuevo la cabeza hacía Ichigo y dijo algo con tono burlón. Algo que Rukia no pudo escuchar a causa del pánico y de la música estridente. Algo que hizo que Ichigo temblase por la rabia y volviese a preparar un golpe cruel.

Rukia chilló mientras luchaba por ponerse en pie, pero ninguno de los dos se percato de ello. El pánico se había alojado en la garganta y en la mente de la mujer.

No podía permitir que peleasen. Kaien podría hacer daño a Ichigo. Podría matarlo.

Desesperada se lanzo sobre el brazo de Ichigo para detener el segundo golpe.

Su intervención desestabilizo a su marido y apunto estuvo de perder el equilibrio. Pero solo consiguió que aquella rabia en los ojos de Ichigo se dirigiese a ella. No le importo, no en aquel momento al menos. Era preferible que se enfrentase a ella mucho antes que Kaien.

Ichigo lucho por sacudirla, por sacársela de encima, pero Rukia se había agarrado desesperada a su brazo y no estaba dispuesta a soltarlo. Furioso, Ichigo, alzo la mano izquierda y la abofeteo.

El golpe fue sordo y doloroso y tubo la potencia suficiente como para arrancarla de su brazo. Rukia cayó de nuevo al suelo húmedo y pegajoso de la discoteca sintiendo el gusto metálico de la sangre en la boca.

Por un instante, mientras se palpaba el labio roto se lleno de rabia contra Ichigo. ¡¿Es que no entendía que trataba de ayudarlo? ¡Maldito bastardo!

Trastabillando se puso de nuevo en pie dispuesta a patearle personalmente el culo. Ichigo presidia un círculo en la multitud que se había formado para ver la pelea, pero estaba solo, Kaien había desaparecido.

Se sintió absurdamente aliviada.

Kaien había huido, había abandonado aquella pelea sin devolver el golpe.

Ichigo estaba a salvo por el momento.

Y entonces, lentamente, Ichigo giró a mirarla.

Su mirada era fría como el hielo. La mirada de un hombre que va a matar a alguien.

Retrocedió un paso antes de ser consciente de que esa mirada estaba dirigida a ella. Retrocedió dos pasos, chocando violentamente contra la multitud, cuando comprendió que Ichigo iba a matarla.

Un nuevo tipo de pánico resonó en su mente.

Por primera vez en su vida, sintió miedo por su propia seguridad. Y cuando Ichigo avanzó directamente hacía ella, no se lo pensó dos veces, echo a correr.

Avanzar entre la multitud era como avanzar en un campo de obstáculos, entre una marabunta humana que amenazaba con desestabilizarla y hacerla caer. Pero Rukia no podía caer, no podía detenerse, lo único en lo que podía pensar era en huir. Ya ni siquiera oía la música, todo lo que podía escuchar era el sonido de su propio corazón resonando en sus oídos a una velocidad anormal.

Alguien le bloqueo el paso. Una mujer morena de ojos grandes y expresión perpleja. La mujer vocalizo su nombre, pero no pudo escucharla. Le costo un poco comprender que era Karin quien se interponía en su camino, quien le había sujetado los brazos y la miraba asustada.

Quiso explicarle que tenía que huir. Que él iba a matarla. Pero no serviría de nada. Era demasiado tarde.

Ichigo la había alcanzado.

..000…


000…

La empujo con tanta fuerza dentro de la parte posterior coche, que Rukia, se golpeo la cabeza con el marco de la puerta y cayó desmadejada entre el hueco de los asientos. Así que mientras trataba de incorporarse, Ichigo, tuvo el tiempo suficiente como para rodear el coche, sentarse frente al volante y arrancar.

Rukia sentía como la bilis la devoraba por dentro. Estaba furiosa, quería gritar, golpearlo, exigirle una explicación. Pero, al mismo tiempo, estaba demasiado aterrorizada como para hacer nada. Estaba asustada, solo un tonto no tendría miedo en aquella situación.

Físicamente Ichigo podría someterla con facilidad. Ya lo había hecho antes, sabía que no podía luchar contra él y vencer. Su única oportunidad era encontrar una manera de huir antes de que fuese demasiado tarde.

Lucho desesperada contra las puertas traseras del coche, pero estaban cerradas de tal forma que no podían abrirse desde dentro, Rukia no tenía posibilidad de escapar. Se planteo atacar a Ichigo mientras estaba distraído conduciendo, pero eso solo conseguiría que se matasen los dos y desistió.

Se obligo a si misma a clamarse, a centrarse, a permanecer quieta y en contar conejitos.

El pánico remitió. Se disolvió en una extraña humareda de calma, que llego tan de golpe como había llegado antes el miedo. Abrió los ojos en la oscuridad con serenidad. Acababa de recordar que aquella noche había salido a matar a un hombre. Recordó que estaba armada.

Palpo el revólver todavía escondido en su chaqueta y estuvo a punto de soltar una carcajada. ¡¿Cómo podía haberse puesto así de nerviosa? ¿Por qué había estado tan asustada?

Fue mientras empuñaba el arma, mientras sentía que volvía a ser dueña de sí misma cuando comprendió que no sabía que era lo que estaba pasando.

Ichigo conducía aquel coche a toda velocidad y con todo el cuerpo tensado. Desde el asiento trasero podía ver como sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que sujetaba el volante. Oía como el embrague gemía y el motor se revolucionaba cada vez que cambiaba bruscamente las marchas. Podía ver claramente que estaba fuera de sí.

Pero no podía comprender que estaba pasando.

Todo era por Kaien.

Porque la había abrazado, porque le había visto besarla…

Pero, no tenía ningún sentido que reaccionara de aquella manera tan exagerada.

Sabia que Ichigo se creía su dueño y que por tanto no le haría gracia saber que podía estar compartiéndola. Pero aunque Ichigo hubiese llegado a esa errónea conclusión, en la que ella tenia alguna clase de relación sentimental con Kaien, estaba sobre exagerando.

Rukia volvió a luchar contra una oleada de miedo visceral cuando recordó la forma en la que Ichigo la había mirado. Cuando comprendió que él iba a matarla.

Aquello no eran meros celos. Aquello iba mucho más allá de cualquier sentimiento de propiedad y traición.

Rukia no era tan vanidosa como para creer que aquella reacción desmedida era por ella. A Ichigo no le importaba tanto.

Era Kaien.

Todo aquello tenía que ser por Kaien.

Porque Ichigo lo había mirado a él primero con sus ojos de hielo, porque la había apartado de un empujón de su camino…

Era porque ella había estado entre los brazos de Kaien.

Se preguntó que clase de relación había entre ellos dos.

Ichigo frenó de golpe el coche.

El frenazo la lanzo fuertemente hacía delante, prácticamente salió despedida de su asiento. Esta vez se golpeo la cabeza contra el respaldo del asiento del copiloto y mientras recuperaba la respiración noto que había perdido la pistola. Se agacho en la oscuridad alterada, pero no podía ver nada así que palpo la alfombrilla del coche con las manos. No la encontró.

El pánico le volvió a trepar por la garganta mientras buscaba desesperada bajo el asiento del copiloto, rozo algo metálico con los dedos y suspiro aliviada demasiado pronto.

La puerta junto a ella se abrió con la misma brusquedad con la que se había cerrado antes e Ichigo la arrastro fuera antes de que pudiese alcanzar el revólver.

Esta vez se resistió. Gritó, pataleo, le lanzo puñetazos. Había perdido su arma. Pero de nada le sirvió todo aquello. La fuerza física de Ichigo se interpuso violentamente mientras tiraba de ella, le retorció el brazo con tanta fuerza que solo pudo chillar de dolor.

Tardo más de lo esperado en comprender donde estaban yendo. La luz eléctrica del vestíbulo de lo que parecía un bloque de apartamentos la deslumbro y cuando abrió los ojos Ichigo la estaba empujando dentro de un ascensor. Vio de reojo el vestíbulo cuando las puertas metálicas se cerraban. Lujoso, con su propio guardia de seguridad, guardia que no levanto la vista del periódico ni una sola vez. Rukia lo insulto a gritos furiosa, pero las puertas del ascensor ya se habían cerrado.

Gritar a alguien más la hizo sentir un poco mejor, un poco menos indefensa y se calmo entre los brazos de Ichigo. Sin embargo este no cometió el error de aflojar su agarre.

Cuando el ascensor se abrió y él volvió a tirar de ella, Rukia recordó aquella primera noche en el hotel de Hong Kong, donde realmente se había impuesto a él, donde había podido golpearlo y había tratado de huir.

Pero también recordó que Ichigo la había vuelto atrapar, que la había encerrado en aquella habitación y que la había sometido a la fuerza. Recordaba muy vívidamente estar inmovilizada contra el frio suelo, con la cara aplastada contra el borde de una de las alfombras, arañándole la mejilla. Con Ichigo sobre ella, desgarrándole el vestido.

Aquella noche, él se había compadecido de ella. Aquella noche, él no había querido hacerle daño y la había dejado ir.

Pero ahora todo era distinto.

Lo sabía, lo sabía por la forma en la que él la había mirado en la discoteca, lo sabía por la fuerza que utilizaba al sujetarla del brazo, por su falta de consideración en su seguridad física, en la forma en la que se movía y los músculos del cuello se le tensaban.

Sabía que nada de lo que ella pudiese hacer aquella noche ablandaría el corazón de su marido, sabía que no podía hacer nada para imponerse a él físicamente. Pero al mismo tiempo y sin razón aparente, sabía que él no iba a volver a golpearla, nunca más, no de la manera en la que la había abofeteado en la discoteca.

Así que, cuando Ichigo la empujo al interior de un lujoso pent-house amueblado en rojo y negro, con grandes cristaleras que traslucían un paisaje de luces, Rukia supo que él no iba a matarla. Supo que él solo iba a follarla, porque aquella era la manera en la que Ichigo había querido disciplinarla desde el principio, desde aquella primera noche en Hong Kong, y que nada iba a impedírselo aquella vez.

Rukia no estaba demasiado segura de querer ser parte de ese nada.

Entonces él la miro, directamente a los ojos.

Su mirada asesina, brillaba ahora de forma distinta, Rukia comprendió, de repente, que no era una mirada de hielo, era una mirada de cristal, que había un fuego potente y descontrolado al otro lado de sus ojos.

Esta vez no sintió miedo, no la devoro el pánico, porque ella sabía cómo sobrevivir al fuego, había sido el hielo, la ira y la indiferencia lo que realmente la habían aterrorizado.

Así que cuando él avanzó directamente hacía ella, no tembló, no retrocedió, no aparto la mirada. Lo recibió con la cabeza alta, no había hecho nada para agachar la cabeza avergonzada o retroceder. ¡Nada!

Ichigo la sujeto brevemente por el cuello, sin presionar, solo marcando su autoridad, recordándole que era mucho más fuerte que ella. Un aviso de que por su bien no debería resistirse.

Rukia lo entendía perfectamente. No pensaba oponerse, simplemente no iba a participar.

Él tiro de ella a través de la habitación. La empujo dentro del baño con tanta fuerza que ella resbaló sobre las baldosas negras y estuvo apuntó de caer de nuevo. Ichigo no lo permitió, la atrapo casi en el aire y la ayudo a incorporarse, no fue más amable que cuando la había empujado.

La soltó con la misma brusquedad y se dedico a contemplarla furiosos mientras esperaba con los brazos cruzados.

Rukia miró a su alrededor aturdida. El baño era amplio y lujoso, con una ducha de hidromasaje y jacuzzi. ¿Qué es lo que Ichigo quería?

¡¿Quería que se duchase?

¡Debía estar bromeando!

¿Y luego qué? ¿Creía que iba abrir las mantas de su cama por él?

-¡Que te jodán!- le gritó antes de pensárselo mejor.

Sus palabras despertaron cierto brillo maquiavélico en los ojos de cristal de su marido. Un brillo que ella conocía demasiado bien. Se maldijo a sí misma, era demasiado temperamental como para aguantar inerte a nada.

Sin embargo, aguanto impasible cuando él decidió avanzar hacía ella. Sus manos la alcanzaron antes de que pudiese pensar en nada. Le arranco la chaqueta con brusquedad y le desgarro el vestido desde el cuello al vientre. La tela resbaló por sus hombros desnudando cada pequeña porción de piel, no llevaba sujetador, casi nunca lo hacía y sus pechos parecieron tensos y pálidos en la habitación negra. El resto del vestido cayó al suelo convirtiéndose en un montículo arrugado a sus pies. Rukia lo miro casi hipnotizada. Se sentía como aquel vestido.

Ichigo tuvo incluso menos paciencia con las medias. Casi la tiro al suelo cuando trato de quitárselas. No sabia, o no podía recordar, donde había perdido los zapatos. Tenía la ligera impresión de que los había perdido en la discoteca, que las medias se habían desgarrado cuando él la había arrastrado por el parking, pero no estaba completamente segura.

Rukia no pudo evitar reaccionar, finalmente, cuando él extendió la mano hacía su ropa interior. Le sujeto por la muñeca con todas sus fuerzas, reteniendo su mano derecha en el aire a centímetros de su cadera.

Se miraron a los ojos. Ella ligeramente sobresaltada y él absolutamente furioso.

La sacudió tan fuerte que choco contra la pared de baldosas, apenas si pudo sentir el frio contra su espalda.

Cuando él finalmente alcanzo sus bragas, no se molesto en quitárselas, las desgarro igual que había desgarrado el vestido.

Rukia no se había sentido nunca tan expuesta, tan indefensa. Pero no iba a llorar, no iba a gritar, no iba a pensar. Todo terminaría rápido, ¿verdad? Podría pensar después, después…

Él la empujo dentro de la ducha sin misericordia y encendió el agua. Lo que parecieron horas después, él entro a la ducha con ella completamente desnudo.

Inconscientemente trato de resistirse cuando él la toco. Pero de nuevo, no tenía ninguna oportunidad. La inmovilizo contra la pared usando todo su cuerpo para ello y comenzó a enjabonarla.

Rukia se quedo sin respiración. Realmente se olvido de cómo respirar y se convirtió más en una estatua que en un ser vivo. Lo primero que lavó fue su cuello. Restregó con tanta fuerza que creyó que iba a arrancarle la piel. Pero fue inesperadamente suave, casi delicado con el resto de su cuerpo. Le enjabono los brazos el pecho las piernas y la miro directamente a los ojos cuando paso la esponja por entre sus piernas.

Cuando termino de lavarla la empujo de nuevo contra la pared. Y ahí bajo el agua cálida de la ducha la sujeto de las caderas y casi alzándola en el aire la penetro con brusquedad.

Rukia se había preparado a sí misma para la envestida, pero no dolió. Quizá el agua y el jabón habían sido una perfecta preparación o quizá una parte de ella había estado esperándolo desde el principio. Fuera como fuese, lo único que pudo sentir fue el agua cálida resbalándole por la cara y a Ichigo dentro de ella.

A penas duro unos segundos, él gruño contra su oído muy pronto. Pudo sentir la cálida humedad entre sus piernas antes de que el simplemente la dejase caer. Las piernas no la sostuvieron cuando rozo de nuevo el suelo y resbalo hasta quedarse sentada en la ducha.

Ichigo ya se había ido para cuando levanto la cabeza, lo único que pudo percibir de él fue el portazo que dio al marcharse del pent-house. Y por un segundo, solo durante un segundo, se sintió vacía, como si acabase de perder algo importante.

Sola, en la ducha, con la humedad del agua en la cara y la de Ichigo entre las piernas, no pudo hacer nada cuando se le desgarro el pecho en un profundo sollozo.


Rukia nunca supo cuanto tiempo paso llorando dentro de la ducha, pero cuando al fin consiguió ponerse en pie y cerrar el agua, fuera, estaba amaneciendo.

Estaba agotada, pero por primera vez en días se trataba más de un cansancio físico que de uno sicológico. Quizá romperse, desahogarse, había podido ayudarla de alguna manera. Quizá pudiera permitirse ser débil, siempre y cuando estuviese sola.

Choco sin querer con su reflejo al salir de la ducha. Tenía el cuerpo lleno de marcas. Desde el golpe de la mejilla, a los brazos amoratonados con las marcas de los dedos de Ichigo, pasando por el cuello que él casi había despellejado la noche anterior.

La rabia la devoro por dentro.

¡¿Quién demonios se había creído que era?

¡Ese miserable bastardo!

Iba a cobrarse el precio de cada una de aquellas marcas aunque fuese la última cosa que hiciese en el mundo.

…000…


Karin no cometería la estupidez de interponerse en el camino de su hermano. No estaba así de loca, sin embargo Yuzu no había tenido tiempo de mirarlo a los ojos y se había acercado a él con la tranquilidad que tienen las hermanas que se sienten queridas y protegidas por sus hermanos. La que tienen las mujeres que no han visto como sus cuñadas les dedicaban suplicantes miradas de pánico en medio de una multitud.

Y ahora Yuzu estaba inconsolable. Ichigo le había gritado. Le había gritado como si realmente la odiase y se había refugiado con ella en busca de consuelo.

Karin no estaba realmente preocupada por Yuzu, porque la propia Yuzu no estaba llorando porque creyese que su hermano la odiase, sino porque había visto aquellos ojos de cristal en él.

La última vez que Ichigo había tenido aquellos ojos había sido en el funeral de su madre. Había mirado con ellos a su padre.

No había salido nada bueno, de aquel día, de aquella mirada, no importaba cuanto tiempo pasase, ambas podían recordarlo perfectamente.

Así que no le sorprendió cuando encontró a Hirako con la nariz rota frente a la puerta de su habitación.

-He salvado el meñique de casualidad- la saludó, por primera vez desde que lo conocía no estaba sonriendo, no estaba tomándose aquella situación a coña.-Y lo he hecho porque Yuzu ha entrado al despacho justo cuando estaba sacando el cuchillo del cajón.

A veces Karin se preguntaba porque con el carácter de su hermano no había más mutilaciones. A veces Ichigo solo podía calmarse con sangre. Y aquella era una de ellas.

Hirako no cometió la estupidez, de preguntarle si sabía lo que le ocurría a Ichigo, pero por la forma en la que la miro al pasar, supo que sabía que ella había estado implicada de alguna manera.

-Karin …- la retuvo cuando ella dio media vuelta- Si… si ves a Hiyori… No creo que pueda salvarla de la misma forma que he salvado a mi meñique.

Karin asintió. Sabia exactamente lo que quería decir.

Orihime también estaba llorando en la cocina. Pero no porque Ichigo le hubiese gritado, sino porque creía que este había matado a Rukia. No importaba cuanto se esforzara Tatsuki en hacerla cambiar de opinión, Orihime estaba desconsolada.

Karin salió sin decir una palabra. Ella carecía de la seguridad de Tatsuki. Ella había visto como Ichigo había mirado a Rukia la noche anterior. Lo había arrastrarla con él.

Pero sobretodo había visto el video de seguridad. Había visto a Shiba Kaien salir de la discoteca con la nariz rota.

No sabía lo que había ocurrido con Rukia. Pero no creía que siguiese de una pieza .

Se sentía culpable.

Todo aquello era por su culpa.

Si ella no hubiese avisado a Ichigo, si no hubiesen seguido a Rukia …

Pero en aquel momento, cuando la había visto huir de la mansión, se había sentido todo tan correcto.

Ichigo era su hermano y Rukia estaba haciendo algo a espaldas de este. ¿No era su obligación avisarle?

Pero lo cierto era que se lo había tomado todo como una broma. No había creído realmente que Rukia estuviese haciendo nada malo, porque era una mujer inteligente, porque creía sinceramente que podía hacer buena pareja con su hermano.

Se había equivocado. Y ahora Ichigo estaba fuera de control; Rukia podría estar muerta o algo peor y todo era por su culpa.

Si, se sentía culpable.

…000…

Ichigo estaba fuera de control. No sucedía muy amenudeo, de hecho solo había sucedido una vez. Y no había acabado bien.

Se pregunto que lo habría desatado aquella vez. Pero no estaba verdaderamente interesado en descubrirlo. Apreciaba demasiado su propia integridad.

Urahara Kisuke estuvo tentado de dar media vuelta y volver a desaparecer, pero había una fiera niña con coletas detrás suyo para impedírselo.

-Arréglalo, bastardo- le había chillado Hiyori con su melodiosa voz antes de empujarlo dentro del despacho de Ichigo y cerrar la puerta tras él.

Porque Hiyori no comprendía nada. Pero no la culpaba, al fin y al cavo él había tenido un poco de culpa en todo ello. No había sido un padre para ella, ni siquiera un amigo. No podía esperar que ella fuese una hija para él solo porque la necesitase.

Aunque… quizá Hiyori no entendiese lo que perder a Yoruichi había supuesto para él… ¡pero seguro como el infierno que comprendía que entrar a aquel despacho seria perder la vida!

-¿Es que quieres que me muera?- le había preguntado mientras ella lo arrastraba sin consideración por la mansión.

Ella le había lanzado una mirada irritada.

-¿No era eso lo que estabas intentando anoche?-le gruño .- ¿Morirte?

No contesto, porque había tenía razón. Aunque no pudiese recordarlo demasiado bien, ella tenia razón.

Todo era brumoso desde que había reconocido el cadáver…

Su propia manera de perderse a sí mismo, suponía. Ni siquiera había sido consciente de que los días habían pasado. Había estado simplemente allí, sentado en aquella vieja habitación de aquel viejo motel. Ni siquiera recordaba como había llegado hasta allí… En su mente, desde que había reconocido el cuerpo hasta que Hiyori había irrumpido en la habitación habían pasado solo minutos.

Muy bien podría haber muerto por inanición.

Así que tenía la sensación de que el mundo se había vuelto del revés en solo minutos. Un mundo en el que la mujer de su vida no existía, en el que su hija le hablaba y en el que su jefe se había vuelto loco.

De todo ello solo podía vivir con la segunda cosa.

Probablemente porque las otras dos iban a matarlo, seguro.

Y ahora allí estaba Ichigo, con la misma mirada que cuando supo la verdad acerca de si mismo. La mirada que pudo haber desencadeno una guerra interna.

-¿Ha vuelto ya Hiyori?- preguntó Ichigo con voz dura.

Un pánico insustancial, uno que no había sufrido jamás, le recorrió la espina dorsal como un escalofrío. Urahara se olvido de respirar.

-¿Para que la quieres?- preguntó.

Ichigo no se molesto en contestar. No hacía falta, él creía que Hiyori le había fallado.

Así que había perdido el control por Rukia. Lo que era tan interesante como preocupante.

-¿Qué es lo que ha ocurrido?- se atrevió a preguntarle.

-No hace su trabajo, me es completamente inútil.- gruñó Ichigo apartando la mirada.

Urahara trago saliva.

-Cuidar de tu mujer no es el trabajo de mi hija.

Ichigo volvió a clavar esa mirada furiosa en él.

-Ocuparse de mantenerla alejada de los Espada, si es, el trabajo de "tu hija"- remarco cada palabra.

Al parecer, la situación era más grave de lo que pensaba. Ichigo estaba verdaderamente fuera de si, podía hacer verdadero daño a Hiyori, de esa clase de daño que no se supera nunca.

Cuando vio el cuchillo sobre la mesa, supo que solo había una salida, yubitsume.

Se acerco al escritorio en dos zancadas y antes de que Ichigo pudiese reaccionar, Urahara alcanzo el arma.

-Por favor, acepta mis más sinceras disculpas, en mi nombre y en el de mi hija…- y con un gesto rápido se secciono a sí mismo el dedo meñique.

Ichigo lo miró incrédulo. En su mundo no había un gesto más sincero de disculpa.

-Perdónala, por favor.- articulo Urahara todavía con el cuchillo ensangrentado en las manos.

Pero Ichigo no podría haber hecho otra cosa después de aquello. Incluso él era un hombre de honor.

Asintió a Urahara con cuidado.

-Acepto tus disculpas, en tu nombre y en el de ella. Y ahora limpia el estropicio y lárgate de aquí.

Sin embargo no había un ápice de compasión en sus ojos.

Cuando Urahara consiguió salir del despacho se encontró a Hiyori mirándolo con los ojos muy abiertos. Casi parecía en shock. Había escuchado toda la conversación.

-¿No te sorprendía que hubiese llegado a mi edad con diez dedos?- trató de bromear pero no pareció hacerla reaccionar.

…000…


…000…

Estaba desnuda.

Estaba encerrada.

Y estaba hambrienta.

Ichigo había destrozado su ropa, desde su vestido a su ropa interior y lo único que había para cubrirse en aquel maldito lugar era una toalla y ropa de cama. Podría haberse puesto una de las camisas de Ichigo que había encontrado dentro del armario pero estaba demasiado furiosa con él como para tocarlas siquiera, o también podría haberse puesto ese horrible camisón semi trasparente que había encontrado olvidado en uno de los cajones, pero antes se cortaría las piernas así misma que acercarse a esa cosa.

¡Asqueroso bastardo! ¡¿La había encerrado en su jodido picadero? ¡¿Quién se había creído que era ella? ¡¿Una de sus putas?

¡Oh! Iba matarlo, por supuesto que iba a matarlo, el camisón había sido la gota que había colmado el vaso.

La ira que sintió cuando vio la ropa interior femenina eclipso incluso la que la embargo cuando comprendió que estaba encerrada.

La única salida del pent-house era el ascensor por el que habían accedido la noche anterior, pero para abrirlo era necesario un código alfanumérico de 12 dígitos y una tarjeta de acceso. Ni una sola oportunidad de salir por ahí.

¡Bueno! Al menos había aprendido que Ichigo tenía cierto criterio al elegir a sus putas si estas eran capaces de memorizar los doce dígitos que componían la contraseña de acceso.

Busco otras posibles salidas. La galería exterior. Ni una triste cornisa, la única salida sería desplomarse hacía el vacio.

¡¿Qué es lo que pasaba en aquel lugar si se producía un incendio? ¡¿Morías asfixiado a la espera de los helicópteros de rescate?

¡Tenia que haber otra salida!

Pero no la encontró.

Como tampoco encontró ningún teléfono, ni ningún ordenador, ni nada que pudiese ayudarla a contactar con el mundo exterior.

Estaba encerrada.

Y para colmo no había absolutamente nada de comer en aquel maldito lugar.

El pent-house tenia una cocina que haría enrojecer de envidia a los mejores cocineros del país, pero lo único que había en ella era café.

¡Por supuesto! Las putas de Ichigo seguro que eran modelos anoréxicas. ¡¿Para qué iba a haber comida en aquel lugar?

Lo único que Rukia podían hacer era sentarse pensar. A pensar en las formas que iba matar a Ichigo, arruinar su clan y bailar sobre su tumba.

Estaba tan furiosa. Realmente no recordaba haber estado nunca así de enfadada antes. ¡Y todo era por culpa de ese hipócrita hijo de puta que con el que el Concilio la había obligado a casarse!

¡Dios! ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba como nunca había creído posible odiar a nadie!

¿Él había estado enfadado la noche de anterior? ¡Pues ni siquiera se comparaba a lo furiosa que ella estaba en aquel momento!

Porque él había estado infinitamente más furioso que ella en ese mismo momento.

Sintió que se desinflaba como un globo al comprenderlo. No importaba cuanto lo odiase, cuanta ira hubiese sentido al encontrar el camisón, nada se comparaba con aquella furiosa mirada de cristal.

Todavía podía sentir como se le helaba la sangre cuando recordaba la forma en la que él la había mirado, incluso cuando le había hecho el amor en la ducha, salvajemente, él la había seguido mirando así. Con esa intensidad que hablaba de dolor y de odio.

¿Anoche, la había odiado? ¿La odiaba más de lo que ella lo odiaba a él?

¿Por qué eso le dolía?

¿Por qué sentía que no podía respirar cuando recordaba aquella mirada?

Al final el cansancio pudo con ella y se quedo dormida en uno de los sofás de cuero.

Soñó. Soñó con gemidos violentos bajo el agua, con música electrónica tan alta que la dejaba sorda, con tambores estridentes, que en realidad eran el latido de su corazón. Soñó que estaba de nuevo en la discoteca, que trataba de huir de alguien, podía sentir como el miedo la devoraba por dentro…

No, no estaba huyendo. Seguía a alguien, a una sombra anaranjada en la discoteca, la seguía porque estaba en peligro, porque alguien iba a hacerle daño, pero no podía alcanzarla porque la gente no paraba de interponerse en su camino. ¿Eran desconocidos? No, todos eran la misma persona, todos tenían aquella hipócrita y perversa sonrisa…

Quiso gritar, pero la voz se le había muerto en la garganta y se ahogaba, se ahogaba bajo la ducha, Ichigo la ahogaba…

Y entonces cayó al vacio.

Se despertó gritando sobresaltada.

Ichigo estaba delante de ella, en la habitación. No había soñado que caía, él la había arrojado a la cama.

Lo miró furiosa, luchando contra los restos de pánico que se habían alojado en su garganta. ¿Iba a volver a violarla? Porque definitivamente no estaba de humor para ello.

Él la miraba furioso, pero parte de la intensidad de la noche anterior había desaparecido.

Él la odiaba tanto como ella lo odiaba a él, ni más ni menos. No debería haberse sentido tan aliviada cuando lo comprendió, pero lo hizo.

-¡¿Qué es lo que quieres ahora?- le gruñó tratando de volver a sentirse furiosa.

-¿Qué relación tienes con ese hijo de puta?- le preguntó él a bocajarro.

Le costo ubicarse.

-¿Estás hablando de Kaien?- dudo ella.

Ichigo gruñó. Emitió un sonido casi animal desde el fondo de la garganta, un aviso furioso. La sujeto con ira de los hombros y la zarandeo.

-No vuelvas a decir su nombre, delante de mí, nunca más- le siseó completamente fuera de sí.

Rukia lucho contra él librándose de su agarre, cuando él la soltó, ella se reacomodo la toalla a su alrededor y se puso todo lo dignamente que pudo en pie sobre la cama, era la primera vez que no tenía que mirar hacia arriba para mirarlo a los ojos y la hizo sentirse segura. Al parecer había tenido razón todo el tiempo, aquello no era por ella, aquello era por Kaien.

-¿Y a ti que te importa?- le increpó furiosa antes de pensárselo mejor.

Él volvió a gruñir y Rukia supo que se estaba exponiendo a terminar de la misma manera que la noche anterior, llorando en la ducha. No le importo en lo más mínimo.

-¡Capullo!- le gritó ella antes de que pudiese empezar a hacerlo él.-¡¿Quién te has creído que soy? ¡¿Crees que soy una de tus putas para tratarme así?

Él solo tuvo que extender una mano hacía ella para que esta tropezase hacía atrás y se cállese de culo contra la cama, perdió la toalla en el proceso.

-¡Dios! Me reiría de ti si no resultases tan patética- le gruño Ichigo cruzándose de brazos frente a ella.

-¡Vete a la mierda!- le grito una humillada Rukia mientras trataba de huir desnuda hacía el baño.

Él la sujeto del tobillo y esta vez ella se cayó de cara contra la cama. Desesperada se sujeto a lo primero que encontró, que fue la almohada y la estampo con todas sus fuerzas contra la cabeza de Ichigo, lo que naturalmente no sirvió de mucho. Este le arranco la suave arma de las manos y la empujo de nuevo contra la cama, sujetándole las muñecas por encima de la cabeza. Trato de darle patadas pero de nuevo él la había inmovilizado.

-¡Quédate quieta de una puta vez!

Pero ella ya se había quedado quieta la noche anterior, no volvería a hacerlo nunca más. Siguió luchando desesperada bajo él.

-¡¿Qué relación tenéis?

-¡Que te jodan!

-No me des ideas- le gruño él, pero sonó más como una amenaza.

Rukia chilló todo lo fuerte que pudo hasta que él le tapo la boca con una de sus manos.

-¡¿Qué relación tenéis?- volvió a exigir, la ira volvió a estallar en sus ojos.- ¡Dime la verdad! ¡¿Sois amantes?

¡¿Qué?

-¡¿Es que te has vuelto loco?- le chilló ella furiosa- ¡Era virgen hasta que te conocí! ¡Hijo de puta!

Esta vez la sujeto de la garganta para hacerla callar.

-¿Sabes? No creo que sea una buena idea que nombres a mi madre en este momento.-le gruño antes de soltarla.- ¡¿Qué estabas haciendo con él anoche?

-¡¿Y a ti que te importa?

-¡¿QUÉ ESTABAS HACIENDO CON ÉL ANOCHE?

-¡IBA A MATARLO!

Ichigo se aparto de ella con la misma brusquedad con la que la había asaltado, como si lo hubiese electrocutado. La miro incrédulo desde arriba.

Rukia se acaricio la garganta adolorida mientras se sentaba en la cama.

-¡Repite eso!

Ella lo miró con desafío.

-I-ba a ma-tar-lo- repitió remarcando silaba por silaba.

-¿Y cómo planeabas hacer eso? ¿Mediante frustración sexual? ¡Porque se te da condenadamente bien!

¡Oh, Dios! ¡No podían estar teniendo esa conversación!

-¡No podía dispararle en una discoteca abarrotada!- no le habría contestado de no haberse sentido tan irritada.

Ichigo parecía tan furioso que la vena de su cuello podría reventar en cualquier momento. Como si estuviese conteniendo un grito desgarrador. Sin embargo cuando volvió a hablar fue suave y calmado.

-No me lo creo- le dijo.- ¿Dónde está el arma?

-¡Esta debajo del asiento del copiloto de tu coche, donde la perdí ayer mientras me sacabas de el arrastras! ¡Y me importa una mierda si me crees o no!

Él trago saliva irritado mientras empezaba a pasearse por la habitación, claramente nervioso. Al final se decidió y salió de la habitación dando un portazo.

Rukia suspiro momentáneamente aliviada. Luego recordó que seguía desnuda, expuesta y que eso la hacía sentir indefensa.

Al final lucho contra sus reparos y descolgó una de las camisas de Ichigo del armario. Estaba terminando de abrocharse el último botón cuando Ichigo volvió a entrar a la habitación.

-He encontrado el revólver- le soltó.

Lo miró irritada.

-Da gracias de que lo perdiese o ahora tendrías un agujero en la frente.

Ichigo la contemplo en silencio durante lo que parecieron minutos enteros, hasta que ella no pudo soportarlo más.

-¿Puedo irme ya?- le preguntó señalando en dirección al ascensor con la barbilla.

Él no le hizo caso.

-Supongamos que te creo- murmuró él.- ¿Por qué querrías matarlo?

Pero Rukia también tenía sus propias preguntas.

-¿Por qué lo odias tanto?

Él trago bilis.

-No te importa- respondió de nuevo con ira en la voz.

A Rukia ya no le importaba estar jugando con una fiera rabiosa. Ella misma estaba fuera de sí.

-Entonces, tampoco te importan mis motivos- replicó ella.

Estaba harta. Harta de que le gritasen sin razón, de ser un jodido títere, de no enterarse a tiempo de los secretos, de ser un ser insignificante. Harta de que Ichigo la tratara como si fuese una niña que necesita disciplina.

Era una mujer adulta, dueña de sí misma, independiente, libre…

¡Había luchado por ello toda su vida!

Ichigo no podía seguir arrebatándoselo.

-Lo defendiste- le gruño Ichigo entonces, con un hilo de voz.- Iba a matarlo y tu lo defendiste.

Aquello la desconcertó por completo. ¿Qué? ¿De qué estaba hablando ese idiota?

Recordó la discoteca, el golpe en la mejilla. Se palpo la zona a dolorida casi por instinto.

-¡No lo estaba protegiendo a él! ¡Imbécil!- estalló finalmente, no pudiendo reprimirse.- ¡Estaba tratando de protegerte a ti! ¡¿Es que no sabes lo peligroso que es? ¿¡Crees que deja pasar un golpe sin devolverlo? ¡La última vez que alguien lo golpeo apareció un día después en un descampado con tres tiros en la nuca y todos los huesos del cuerpo rotos! ¡Ese es el tipo al que golpeaste anoche! ¡¿Es que no lo sabías?

De repente Ichigo estaba a solo centímetros de ella. ¿Cuándo se había acercado tanto? Trato de retroceder, pero él la retuvo de la muñeca.

-Estás loca- le dijo como si aquello fuese una novedad y no el resumen de toda su vida. – Si sabes lo peligroso que es ese… hijo de puta. ¿Por qué ibas a ir a matarlo?

Algo en el tono de voz de Ichigo, quizá su intensidad hizo que bajase la guardia de alguna manera.

-Me entreno- confesó con suavidad.

Una emoción oscura, diferente a todo lo que había visto de él hasta entonces, brillo en sus ojos. Algo muy parecido a su mirada de cristal, pero cuando la otra había sido la de un asesino de sangre fría aquella auguraba un asesinato por pasión. Se estremeció.

-Fue él, ¿verdad?- le preguntó con un sonido tan intenso que hizo que el corazón de Rukia diese un vuelco.

Tardo un poco en reaccionar.

-¿El qué?- tartamudeo como una tonta.

-Esto- gruñó Ichigo palpándole el costado izquierdo, una herida que acababa de cicatrizar. Una que él mismo había curado en una ocasión.

Trato de retroceder abochornada.

¿Por qué de repente todo aquello era tan intenso?

-¿Qué importa?- preguntó – Se curó, sigo viva.

-¡A mi me importa!- le gritó él sacudiéndola de nuevo.

Trato de librarse de él. Todo aquello estaba empezando a carecer de sentido, empezaba a no saber demasiado bien que estaba pasando.

-¡Pues a mi no!- le grito tratando de que la soltase, él no lo hizo.

En su lugar, la beso.

La beso con ira contenida, con pasión. Nunca la había besado así, ni siquiera aquella tarde en el dojo.

La beso de tal forma que a Rukia se le olvido que estaba furiosa con él, que debía resistirse. Se dejo llevar de una manera en la que no se había dejado ir nunca.

No sabría decir cuando perdió la camisa o cuando la perdió él, ni siquiera como acabo sentada a horcajadas sobre Ichigo en la cama. Pero si recordaba el momento exacto en el que se encontró a si misma forcejeando con el cinturón de los vaqueros de Ichigo, porque fue el mismo instante en el que dudo. En el que se pregunto que demonios estaba haciendo. Pero él lo noto, se dio cuenta cuando trato de retroceder, porque le atrapo la cara entre las manos y la beso de nuevo con aquella intensidad, con aquella fuerza que la hacía olvidarse incluso de si misma.

Todo había dejado de importar. Fue como si no existiese más mundo que el que había en aquella habitación, solo existían ellos dos, nada más.

-No voy a dejarte ir…- le susurró Ichigo cuando entro en ella.- Nunca.

…000…


Cuando se despertó era de noche y las sabanas olían a pólvora y café, olían a Ichigo. Rukia se incorporo sintiéndose hambrienta y somnolienta. ¿No era ya hora de volver a casa?

Llamó a Ichigo, pero no le contesto. Cuando lo busco, no lo encontró. Como tampoco encontró la tarjeta de seguridad del ascensor, ni ropa. Pero si que encontró comida en la cocina. Alguien había llenado la nevera.

Miro incrédula la nevera a rebosar. Nevera que había estado vacía hasta hacía apenas unas horas.

Ichigo no tenía ninguna intención de dejarla ir, ¿verdad?

Debía de ser la mujer más estúpida del planeta. Había creído que aquellas palabras realmente habían significado algo.

Y ahora, como era una jodida estúpida, estaba encerrada, incomunicada, de nuevo.

Bueno, no pasaba nada. Solo tenía que encontrar el lugar donde se guardaban los cuchillos de cocina. Después, sería una viuda rica.

…000…


Nota de la autora:

¿Quién entiende a estos dos?

Porque yo no.

He destruido su relación y en cuanto he parpadeado la han reconstruido solitos...

Ya veréis la que se monta ahora que Rukia ha reaccionado.

Urahara ha vuelto, pero a partir de ahora se le conocerá como Kisuke Nuevededos. No se si todos entenderéis la magnitud de lo que ha hecho, de lo que significa haberse automutilado así mismo, pero no hay forma más sincera de disculpa en la yakuza.

Y no es que Ichigo tenga un puñal para forzar a la gente a cortarse dedos como castigo, él lo tiene solo para sugerirlo...

De nuevo, ¡muchas gracias a todos por vuestros review!

Espero que esta vez la espera no haya sido tan larga y haya merecido la pena. Y es que este que capitulo ha sido más bien difícil de escribir (por no escribir una barbaridad).

Saludos!