¡Bienvenidos a todos! Lamento haber tardado muchísimo en escribir este último capítulo
pero por desgracia se me juntaron los exámenes de Dieciembre junto con los de Enero y no he
tenido tiempo para hacer nada.|| Espero que disfrutéis de este último momento. ||Ninguno
de los personajes me pertenece.
Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas [mas] existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo... [Quizás,] recordar sea el mejor modo de olvidar [para llegar a esta felicidad] Sigmund Freud.
Mi relato ya llega al final.
Después de haber releído, re escrito y corregido varios puntos que no eran necesarios para mi historia, por fin concibo un pequeño halo de esperanza al librar de mi alma la experiencia más aterradora que viví. Recordar todo me ha hecho más fuerte, me ha dado un motivo para luchar y no dejarme vencer por lo que pasó, tan sólo espero que estos papeles que entre tus manos yacen sean quemados y mi historia se pierda en los anales del tiempo.
Seré un superviviente libre del doloroso peso del recuerdo, habré olvidado y olvidado seré para que pueda intentar vivir... Y aunque el precio a pagar es elevado, tal y como dijo un amigo, cada día que pasa es una lucha contra el suicidio que merece ser luchada.
Perdona lector por irme por las ramas, mas ahora que ya nos hemos familiarizado, deseaba expresarte mis más recientes sentimientos. No deseo que os quedéis con la imagen de un Kristoff despedazado cual títere en manos de un titiritero.
Mis manos temblaban.
La ciudad se había cubierto de un hermoso y pacífico manto de nieve que no amenazaba a los ciudadanos, las calles estaban alborotadas de geirangerfjordgianos que corrían de un lado a otro en busca de lo últimos preparativos y yo tan sólo podía contemplarles a través de la ventana con el cuchillo en mano y sin saber por donde empezar.
Zarandeé la cabeza y baje la mirada hacia el pedazo de carne que estaba limpiando para preparar el cocido; si mis cálculos no erraban, Anna no debía de poseer catalizador alguno y era la más vulnerable. Por eso debía matar la antes de intentar hacer nada con Elsa, tan sólo debía arrebatar le la vida a un ser medianamente inocente con tal de llevar un bien mayor a la sociedad... Clavé con fuerza el cuchillo en la carne y pequeñas gotas de sangre salpicaron mis manos.
El muerto de la mansión... Podía simpatizar con él y comprender porqué había preferido acabar así antes de matar a su propia hija, también podía comprender porqué Hans me había odiado y porqué había preferido suicidarse antes que continuar siendo devorado por aquel estrafalario ser.
Apreté con fuerza el mango del cuchillo y me desplomé. Varias lágrimas brotaron de mis ojos y recorrieron mis sonrojadas mejillas mientras comprendía que el único hombre con valor se había muerto días atrás por mi culpa. Tan sólo si no hubiera intentado ser un héroe...
Lloré desconsolado y abandoné la cocina mientras me encerraba en la despensa junto al alcohol, mi único gran amigo.
Ebrio pero libre del sentimiento de culpa y lleno de aceptación y resignación, entre pensamientos incoherentes y extrañas y temblorosas visiones decidí acabar lo que había empezado aquella mañana.
Las horas bajo el efecto del alcohol pasaron volando, y entre ingredientes y olores variados logré preparar una comida medianamente decente para las hermanas; la preparación de la mesa fue más sencilla puesto que nada se bamboleaba de un lado a otro. Un mantel no muy viejo por aquí, unos cubiertos de plata por allí y voilá, ya tenía todo listo y justo a tiempo.
"Mente fría campeón. Tu puedes", me dije por primera vez mientras las agujas del reloj marcaban las seis menos cinco, sólo faltaban cinco minuto para que las hermanas llegasen y el paripé empezase.
"Mente fría campeón...", repetí para mi mismo cuándo tan sólo faltaban tres minutos para mentalizarme de que aquella tarde iba a ser agradable para todos.
"Mente fría campeón..."
En cuánto Elsa se separase de Anna tendría mi gran oportunidad.
"Mente frí..."
El sonido del timbre me interrumpió.La obra de teatro había comenzado.
-Pasad, pasad.
Las hermanas se adentraron en la casa portando con ellas una pequeña cesta; en la calle hacía frío pero ninguna de las dos llevaba ropa especialmente cálida.
-El frío nunca me molesto.- Mencionó Elsa como si me hubiera leído el pensamiento.
-Ya veo... Aunque espero que os apetezca un poco de caldo.
Anna dibujo una tierna sonrisa que me ablandó el corazón y me hizo dudar de mis intenciones.
-Hermana, ¿No estáis deseando probar lo que sir Bjorgman ha preparado? - La menor se aferró al brazo de la platino mientras nos miraba sonriente.-Huele de maravilla.
-Claro, pequeña.- Se miraron a los ojos de una forma profunda. -Quiero ver lo que un hombre es capaz de cocinar.
-Os advierto que quedaréis enamoradas. Es todo un arte mi cocina.-Bromeé sin dejar de observar los pequeños gestos cariñosos entre las dos mujeres.
Ambas rieron ante mis palabras y Elsa me entregó la cesta mientras Anna se quitaba la chaqueta.
-Hemos traído un pequeño pastel y vino.
-Rayos, me olvidé del postre. Suerte que ustedes lo trajeron.
-Ves, Anna. Un hombre no puede estar en todo.
Aunque era una broma pude sentir como aquellas palabras intentaban herirme, ¿A caso era tan extraño que un hombre hiciera lo mismo que una mujer? Algún día las cosas cambiarían.
-Bueno, pónganse cómodas. He dejado la chimenea encendida para que no pasen frío, ahora vengo.- Sin más dilaciones huí a la cocina en busca de solitud, estar cerca de las mujeres me ponía nervioso y me hacía sentir extraño.
-Sir ¿Estudia usted filología?-Desde mi escondite pude escuchar a Anna hablarme.
-No exactamente- Salí de la cocina con copas para servir el vino.-Hago una doble carrera ¿Por qué lo preguntais?- Deje las cosas sobre la mesa y les invité a que probasen el queso y el pan que había comprado para Navidad.
-En algún momento se le cayó este libro.-Anna se acercó con el libro que había usado para entender el protoeslavo.
-Deberías limpiar mejor antes de invitar a dos mujeres a tu casa.-Bromeó Elsa.
-Vaya, lo siento.-Estaba tan nervioso que derramé algo de vino por la copa.-Que desastre... -Recogí el estropicio y corrí a por el libro antes de que alguna de las dos lo abriera. ¿Cuándo se me debió de caer el libro del demonio?
-Así que haces una doble carrera... ¿De qué exactamente?
Raudo y veloz pensé en una respuesta que fuese medio verdad.-Filosofía e ingeniería.
-¿Es usted ingeniero? -Preguntó Anna.
-En ello estoy, siempre me gustaron las matemáticas y quisiera hacer de ello mi profesión.
-¿Y filosofía? No veo la conexión.
-Tengo... Tengo cierta curiosidad por el mundo pero se que de ella uno no puede vivir así que es más bien un hobby.
-¿Y el libro?- Inquirió Elsa.
-Para una tesis. Existe un autor eslavo, un autor menor del que nadie conoce, que es un experto filólogo en lenguas eslavas y a veces utiliza antiguas palabras para hablar de las cosas. Como apenas hay gente que lo conoce no ha sido traducido y me toca hacer el trabajo sucio a mi.
-Es usted muy interesante.- La mirada gélida de la rubia pareció derretirse y tornarse cálida por un instante.
No se si las mujeres sospechaban algo de mi pero al parecer todo estaba yendo bastante bien.
-¿Y ustedes no estudian nada?
-Kristoff, supongo que estás al corriente de la situación de las mujeres en la universidad...
-Claro, Elsa. Aun así podéis estudiar en casa.
-Elsa.- Anna hizo un gesto de reproche a su hermana en un intento por hacer que no se metiera tanto conmigo.-Mi hermana es una experta "teóloga", su difunto esposo era un hombre muy inteligente que sabía casi de todo y ella aprendió de él.
-Anna, no hace falta que hables así de Cox. Me alegra saber que el hombre te agradaba pero no es ningún dios.
-Hermana, no seaís así. Cox era un buen hombre y muy inteligente.
-¿Cox?- Pregunté haciéndome el idiota.
-Cox es, como bien ha dicho Anna, mi difunto esposo. Era teólogo pero abandonó esa vida cuando decidió expandir sus horizontes y averiguar más cosas sobre otras religiones. Él me enseño a escribir, leer, a tener modales y fue mi mentor en muchos ámbitos.
-Elsa me enseño latín, griego y hebreo.- Anna se veía tan eclipsada por la inteligencia de Elsa que incluso me conmovió.
-Sois toda una eminencia lady, una lastima que no se os permita dar clase en las instituciones.
-Lo se pero no me quita el sueño, me basta con darle a Anna todo lo que se merece.- Ambas hermanas se miraron y la pelirroja se sonrojo ligeramente ante la rubia.
-Bueno chicas, ¿Qué tal si comemos?
Todos estábamos de acuerdo en empezar a cenar con tranquilidad así que me llevé a Anna a la cocina para que me ayudase.
-Si que sabe cosas tu hermana...
-Es un genio, si quisiera incluso sería mejor que Madam Curie.
-Wow, eso es esperar mucho de alguien.
Mientras hablábamos fui sirviendo la sopa en pequeños cuencos que coloqué sobre una tabla de madera.
-Lo digo enserio sir, ni su difunto esposo fue tan inteligente.
Reí y mientras le daba la tabla para que la llevase a la mesa añadí: "Una inteligencia de otro mundo".
En ese momento me giré para coger el caldero y llevarlo a fuera por si alguien quería más caldo y escuche a Anna murmurar.
-Si usted supiera...
Haciéndome el sordo y con mucho cuidado deje el caldero en el centro de la mesa.
-Ahora vengo, voy a por la jarra de agua.
De nuevo me escabullí a la cocina para mentalizarme del rol que debía jugar y mientras lo hacía coloqué la carne sobre las brasas y rellené la jarra de agua.
-¡Que aproveche!- Dijimos los tres al unísono poco antes de empezar a comer el espeso caldo preparado.
La noche estaba yendo de maravilla y todavía me reservaba un par de ases en la manga para cuándo llegase el postre.
-No quisiera ser poco cortés pero... Siempre he tenido curiosidad por saber de qué viven.
-La familia Cox poseía un gran patrimonio y un buen título, daba trabajo a la gente del pueblo y a día de hoy aún pagan sus arrendamientos.
-¿Cómo un feudo?
-Algo así...
-¿Y no se han planteado instaurar la nueva tecnología?
Elsa negó con la cabeza.
-La tecnología es dañina...
"Para ti", pensé para mis adentros.
-... Una amenaza para el pueblo y su belleza natural.
-No entiendo que tiene de malo.
-Tampoco podría explicarlo, creo que la gente le llama tecnofóbia.
De repente, al otro lado de la mesa se dejo escuchar un sonoro gemido de placer que provenía de la pecosa pelirroja. Al parecer la pequeña no había probado los pequeños trozos de hasta el momento.
-¡Qué carne más buena!
Elsa rió por la expresión infantil de Anna y le acarició la mejilla mientras seguía riendo.
-Anna llevaba toda la tarde imaginando cómo sería su comida. Primero se imaginó un esplendido festín y al recordar le que usted es demasiado joven como para saber cocinar tanto empezó a divagar y a creer que cocinaría fatal.
Anna enrojeció de la vergüenza ante la confesión de Elsa.
-¡Elsa! No digas eso.
-¿Pero lo pensasteis?
-Yo... Sí, creí que estaría un poco mala.
-Entonces Elsa tiene todo el derecho del mundo a explicármelo, tan solo espero haber mejorado la visión que tiene de mi.
Anna asintió sonrojasa y proseguimos con la comida y la pequeña charla hasta que el caldero se hubo vaciado y la carne hecho.
-Espero que todavía tengan un poco de hueco en sus estómagos.
Dudaba de la capacidad de los pequeños estómagos que debían de ser los de las muchachas, mas Anna parecía más dispuesta que su otra hermana a incarle el diente a la carne.
-Por supuesto, sir. La carne siempre es bienvenida.
Esta vez comimos con mayor silencio, todos estábamos concentrados en un intento de terminarnos lo servido. Y de no ser por mi, que deje el plato a medias, ninguna de las hermanas se hubiera permitido dejar resto alguno.
-Estaba delicioso, lastima que estuviera tan llena.
-Entonces será mejor que dejemos el postre para más tarde.
Las hermanas estuvieron de acuerdo así que las invité a sentarse en el sofá mientras recogía la mesa.
Sólo y con tiempo de sobras, lavé los platos y busqué por la cocina dónde había puesto el pequeño brevaje que había pedido especialmente para combatir el "insomnio". La mezcla de plantas, las vitaminas y el alcohol eran la combinación perfecta para provocar sueño y mandar a dormir a las dos mujeres, eso crearía el momento ideal para que se separasen puesto que Elsa era incapaz de dejar las cosas a medias y mandaría a Anna a ayudarme a acabar de recoger.
Vacié el pequeño frasco en diminutos vasos y los saqué junto a unas pocas galletas.
-Mi madre me mandó un pequeño regalo.- Las hermanas se asustaron al escucharme hablar tan cerca de ellas, las dos estaban tan ensimismadas la una en la otra, cuchicheando, que ni siquiera se dieron cuenta de que había entrado en el comedor.-Y quería compartirlo con ustedes. Es un tipo de alcohol muy tradicional de mi zona, está hecho con hierbas. Espero que les guste.
Las dos muchachas cogieron los vasos y me miraron preguntándome por el mío.
-No se preocupen, el mío está ahí.-Señale la mesa y al pequeño vaso lleno de otro tipo de alcohol muy parecido y Elsa sonrió al ver que no me quedaba sin.
-Ahora te.-Antes de que Elsa pudiera acabar la frase, Anna ya se había bebido el vaso.-¡Anna! Tus modales.
-Perdona hermana, es que olía muy bien.
Elsa lo olfateó y el olor dulzón de las hierbas pareció agradarle puesto que lo bebió en un abrir y cerrar de ojos.
-¡Está buenísimo!
-Ves.
-Me alegro de que les haya gustado, ¿Quieren más? Va estupendo para la digestión.
Con aquella excusa les lleve la pequeña botella para que se la acabasen entre las dos y el efecto de somnolencia empezase antes, mas como todavía teníamos varias horas antes de que empezasen a sentir sueño, Elsa y yo nos pusimos a hablar de literatura mientras Anna se recostaba sobre el hombro de su hermana y le acariciaba la mano izquierda.
-Madam Bovary es una estupenda obra de literatura.
-Lo siento, no estoy de acuerdo.
-Me asombra que una mujer diga eso.
-Concuerdo con sus argumentos a favor de la obra en cuanto al estilo de la prosa y el desarrollo de la historia, pero no puedo aceptar la imagen de Bovary como la imagen de la mujer moderna.
-Comprendo que no le agrade la idea de una mujer tan libertina.
-¿Libertina? Bovary es una mujer enloquecida por las novelas románticas, ¿Qué tiene eso de libertino?, si quisiéramos hablar de libertinaje podríamos hablar de Madame Saint-Ange, la institutriz de Eugenia.
-¿La hermana del caballero?
-Exacto.
Mi rostro se tornó rojizo y pude notar como el calor aumentaba en la habitación, conocía de sobras la obra de la cual me hablaba pero jamás había imaginado a una dama leyendo semejantes cosas.
-Hermana, creo que sir Bjorgman no quiere hablar de estos temas.
-Por qué lo... -Elsa se fijo en mi rostro descuadrado y confuso que intentaba evitar pensar en los pasajes más subidos de tono de la obra.-Entiendo. Espero no haberte incomodado, lo siento.
-Oh, no es nada. Es sólo que... Bueno, la imagen de dos mujeres...
No sabía porqué estaba confesando aquello pero mi cuerpo me pedía hacerlo.
-¿De verdad?- Preguntó Anna acercándose aún más a su hermana y abrazándola por la cintura.
Por un instante creí que Anna iba a devorar la boca de su hermana con la misma dureza que la Madam y Eugenia lo hacían en la obra, mas justo cuando las muchachas vieron mi rostro dejaron de mirarse y se echaron a reir.
-La doble moral es algo que ha existido durante muchos años, ¿No cree que ya va siendo hora de deshinibirnos? Se ha puesto nervioso al vernos acercarnos tanto y ni siquiera ha pensado en que somos hermanas o mujeres, tan sólo ha disfrutado del momento y ha intentado reprimirse.
-Yo... ¿No creéis a caso que es algo extraño y violento?
-¿Cómo puede ser violento algo que durante muchos años ha sido normal? Aunque la homosexualidad animal no es la misma que la humana, los humanos la aceptamos en la Antigua Roma y la Antigua Grecia. Fue algo que no hizo daño a nadie y que por el contrario, nos aportaba mucho placer.- Esta vez fue Elsa quien contesto.
-¿Y el incesto? ¿No lo veis como algo repugnante?
-Vaya... Kristoff, creo que deberías de leer un poco más a Freud y menos a Sade. Quizás descubras que es sólo un mecanismo de protección.-En ese momento las pupilas de Elsa se dilataron y un escalofrío recorrió mi espalda.
-Hermana... Tengo un poco de sueño.
-Kristoff ¿Podríamos dormir aquí? No me gusta que Anna salga de casa cuando es tan oscuro.
-Sí, claro.- Mi plan se vio truncado por azares del destino.-Podemos dejar el pastel para mañana, subamos a las habitaciones. Tengo ropa de cama de sobras.
Molesto por la nueva dirección que tomaban las cosas, me apresuré a llevarlas hasta el segundo piso y darles todo lo que necesitaban.
-Será mejor que les deje dormir.
Cerré la puerta de su cuarto y maldije para mis adentros mi suerte; mientras limpiaba todo lo sucio, en medio del silencio más sepulcral, los pasos de alguien al salir de la habitación llamaron mi atención. Fuera quien fuere la que había salido era el momento ideal para intentar llevar a cabo el asesinato.
Silencioso como un felino subí las escaleras sin hacer ruido, me escabullí entre las sombras y me asomé a la habitación de las hermanas. Sobre el lecho yacía Elsa, bañada por la luz de la luna que resaltaba su platino cabello y su blancuzca piel, estaba preciosa en esa posición bajo las delgadas sábanas blancas que marcaban su delicado cuerpo.
-¿Pasa algo?- El susurro y cálido hálito de Anna al rozar mi oído me dejo petrificado.-Seguro que la conversación de esta noche le ha sugerido ideas...
¿De qué estaba hablando la pelirroja? Mis intenciones eran funestas y no lujuriosas, mas ahora que lo había imaginado podía verlas retozar en mi imaginación.
-Vaya, vaya con nuestro sir...
Sus manos me apartaron delicadamente de la puerta y aquello fue como un bofetón. De vuelta en la realidad, con Anna delante de mi y dándome la espalda, coloqué mi mano sobre su boca y la atraje hacia mi.
-Es posible que desee otra cosa.
Anna intentó zafarse pero yo todavía conservaba fuerza; asesté una puñalada sobre su cálido cuerpo y la posé sobre el suelo creyéndola muerta. En ese instante algo extraño paso y todo sucedió extremadamente rápido.
Casi como si estuvieran conectadas, Elsa se levantó de la cama y se abalanzó sobre su hermana.
La ventana estalló haciendo volar diminutos cristales por la amplia estancia.
Me encogí sobre mi mismo para cubrirme; El frío empezó a inundar el lugar, el viento penetró con fuerza y una extraña brisa cargada con pequeñas chispas de nieve me atraparon. Estaba dentro de una afilada ventisca que desgarraba mi ropa y mi piel con la misma facilidad que una navaja talla el ébano.
-Sucia escoria- Murmuró el extraño y deforme ente que ahora yacía sobre Anna.-¿Cómo te atreves a tocarla?
Intenté retroceder pero era casi imposible.
-¡Sufrirás como nunca antes ha sufrido mortal alguno!
Fuera no sabía que estaba sucediendo pero allí donde yo había apuñalado a Anna, a una altura idéntica, Elsa tenía una profunda herida que indicaba que en algún momento había sido el catalizador de la hermana.
-Elsa... Yo no...
Un gemido gutural cortó mi estúpida suplica y entonces descubrí cuan idiota había sido al no suicidarme como Hans.
-¿¡Tu no qué!?
La ventisca, ya de color rojiza, cogió mas fuerza y me hizo dar un tras pie y caer de culo.
-¡Estúpido!- Bramó el ser- ¿De verdad pensaste que permitiría que Ana muriera con facilidad?
La ventisca ceso y pude observar como mi magullado cuerpo sangraba por todas partes, deseaba morir pero sabía que la hermana no me lo iba a permitir.
-Cox me dio la inmortalidad y yo se la di a Anna.- Una figura oscura similar a una raquítica mano acarició el rostro de la moribunda mujer que peleaba contra su cuerpo por respirar.- Anna... Déjate llevar, no sufras más- Murmuró la oscuridad sin dejar de clavar los rojizos orbes que tenía por ojos en los de la pelirroja.
La menor sonrió mientras su boca se llenaba de sangre; mis intenciones habían sido atravesar su corazón pero desconocía que la muchacha sufría de Situs inversus y en vez de apuñalar el órgano de la vida había asestado mi puñalada en una pequeña parte del pulmón.
-Vamos, cariño...
Anna convulsionó y pequeñas burbujas de aire estallaron en el gran charco que se había formado en el interior de su boca. Aquella terrorífica y desagradable imagen compungió a Elsa que dejo escapar un extraño ruido similar al de un resorte. Anonadado, comprendí que entre ambas hermanas había un amor más fuerte que el fraternal.
-Anna, por favor. En cuanto mi herida cure despertaras.
El ente perdió su forma abstracta y yo me empecé a arrastrar con el culo pegado al suelo hacia atrás. Tenía miedo, estaba aterrado y no quería que se fijase en mi, mas cuando mi mano se encontraba tanteando el suelo golpeó contra una mesilla y de la mesilla cayó un jarrón provocando que Elsa me mirase.
-¡Tu!
Tragué saliva y traté de ponerme en pie apoyándome en la pared que había estado ahí todo el tiempo para salir corriendo.
-Seguro que mi padre te dijo como matarnos... Tenía que haberle matado cuando asesino a Anna- Sus ojos estaban rojos y de ellos correaban unas lagrimas negras que dejaban en sus mejillas una estela roja.-Pero no lo hice porqué en verdad jamás hubiera tenido el valor necesario para matarla yo. Le di las gracias por hacerlo, de no ser por él jamás hubiera podido hacerla inmortal.
Mis piernas flaqueaban, mis pulmones ardían por estar aguantando la respiración y temía que la mujer se acercase más a mi.
-Le dimos una oportunidad a él también, le dijimos que si lo mataba le dejaríamos en paz y en vez de eso se suicido como un cobarde.
-¡Te equivocas!- Bramé desesperado y evocando fuerzas de algún recóndito lugar de mi ser.-¡Hans lo mató, Hans descubrió dónde se ocultaba pero el peso de la atrocidad cometida le hizo intentar remediar su error!
Elsa no me creía. Se que no me creía porqué cada vez se acercaba más y congelaba más la estancia.
-¡Yo impedí que Hans os matase y jamás tuve que haberlo hecho!
-Estúpido, nadie puede matarnos. Ella vivirá porqué mi recipiente no puede morir, yo no moriré porque ella no puede morir. Estaremos juntas para siempre.
Aquellas palabras resonaron por la helada estancia creando a su paso amenazantes formas cónicas que apuntaban hacia mi. Si tan sólo hubiera creído en Dios, quizás me hubiera sido más sencillo acabar con mi sufrimiento en aquel instante.
Cerré los ojos y tomé mi último trago de aire helado; me desplacé como pude, siempre huyendo de la rápida formación helada, hasta que sentí la fría brisa del anochecer sobre mi espalda.
Todo fue cuestión de segundos.
Uno, dos... El tres nunca llegó, me deje caer por la ventana del segundo piso. No grite, no sufrí, no me dolió. Tan solo me sentí libre, libre de toda la mierda que me había acompañado durante aquellos meses.
El grito de rabia de Elsa fue mi última melodía.
La carta fue encontrada en una taberna de Tafjord, un pueblo vecino de Geirangerfjord. Quién la leyó, tras hacerlo, la arrojó al fuego para que nadie más supiera de la existencia de un hombre que sobrevivió al Horror Blanco de Geirangerfjordq, ya que, el lector, sabía que él mismo lo iba a olvidar por su estado de ebriedad.
Epílogo
El 24 de Diciembre la desdicha se apoderó de Kristoff. Su suerte había sido tal que no murió por la caida, la vida le había planeado un futuro aun más funesto, la jugada más amarga que un mortal puede resistir: le había dejado vivo y sin graves secuelas físicas.
Cada noche recordaría una y otra vez los sucesos vividos aquel año y con el amargo sabor del miedo al creer que aún era perseguido por el Horror. Todas las noches despertaría empapado en sudor y gritando palabras en un idioma desconocido.
Al principio el rubio se resistió a creer lo que veía pero pronto, el miedo y los recuerdos le hicieron cambiar de vida. Dejó de ser Kristoff, mató a su persona, y huyó.
Alejarse no era una solución pero si lo mejor que podía hacer.
De las hermanas poco se sabe, ambas dieron por muerto al hombre que había saltado por la ventana y huyeron al día siguiente a la seguridad de su hogar, mas los rumores dicen que desde el incidente de Kristoff, las dos mujeres temen la bravura de algunos hombres y ahora ya no se fían de sus antiguos métodos para alimentarse.
Bueno, hasta aquí llega la historia; quería agradecer a todos aquellos que han llegado hasta este punto la paciencia que habéis tenido conmigo, también quería agradeceros el haberme leído y haberme hecho disfrutar de la ardua tarea que es escribir en épocas de exámenes, sacarme sonrisas cuando menos me lo esperaba y haber hecho reviews.
Quisiera añadir que hace un tiempo comenté que esta historia tuviera un poco más de historia, todavía sigo meditando la idea -incluso si alguien quiere ponerse en contacto conmigo para ser mi beta, y criticar cualquier clase de idea que tenga con respecto a esto, que sea libre de hacerlo. Lo que sí se es que me tomaré un descanso de esta historia y de mientras continuaré la otra que tengo abierta.
Attentamente: SoLong.
