Capitulo 17: Esposas
Las guerras eran devastadoras, suponían victimas y violencia. Las guerras eran terribles y sangrientas. Despiadadas e inclementes. Karin lo sabía, había vivido una, pero había más, cuando solo había sido una niña, había estado a punto de enfrentar otra. Otra mucho peor, una guerra interna.
Sabia mejor que nadie lo que una guerra podía hacer, lo que una rebelión podía desencadenar. Ichigo había tenido que sujetar a su clan con mano de hierro, lo había arrastrado a la guerra precisamente para justificar su legitimidad al frente del poder. Una guerra externa para evitar una guerra interna.
No mucha gente sabía aquello y ninguno fuera de los límites del clan. La propia Karin no debería de saberlo, pero lo sabía. Lo sabía absolutamente todo, igual que sabía que ella misma podría ser el centro de una nueva rebelión, que había sido el comienzo de una cuando solo era una niña.
La paz no era una buena época para el clan Shinigami. La guerra había sido una coyuntura favorecedora para su hermano, un marco en el que ningún anciano con demasiado buena memoria podía alzar la voz.
Aunque, ¿qué pasaría si lo hiciesen? Karin no tenía ninguna intención de usurpar el lugar de su hermano, ninguna intención de asumir ninguna clase de responsabilidad. Karin no quería ser la maldita kumichou del clan shinigami. ¡Ese era el lugar de Ichigo y nadie debería discutírselo! Karin podía muy bien arrastrar al gumi a un guerra interna solo para defender el derecho de su hermano mayor. Ni ella, ni mucho menos Yuzu se opondrían nunca a Ichigo. Esa era la lealtad que las unía a su hermano.
Sin embargo, Shiba Kaien, era un asunto completamente diferente.
Karin inspiró hondo mientras volvía a rebobinar la cinta de seguridad de la discoteca. Kaien salía por la puerta trasera con la nariz sangrando. Aquella era la primera vez que Karin veía a Kaien. Su rostro era un desastre, lleno de sangre, la calidad de la imagen distorsionada, y sin embargo, hubiese sido imposible no reconocerlo.
Aquel hombre tenía al menos 20 años más que Ichigo pero no aparentaba más de 30 años, tenía el pelo oscuro y… allí acababan las diferencias entre ambos.
Eran prácticamente idénticos, y allí era donde residían todos los conflictos del clan.
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La única satisfacción que Ichigo había tenido en días fue cuando tomo la decisión de encerrar a su mujer. Quizá la hubiese privado de su libertad, pero aquella libertad había sido peligrosa. No sabía hasta que punto dejarla circular libremente había sido una estupidez por su parte, pero era un error que no pensaba volver a cometer.
¿En que había estado pensando? La mujer tenía una vida aparte de él y le había permitido mantenerla. ¡Que imbécil!
Rukia era independiente y fuerte. Era inteligente y valiente.
No podía dejarla libre de nuevo, no hasta que ella le fuese leal. No hasta que no encontrase una forma de controlarla.
Pero había precios, algunos todavía no los estaba pagando, pero los pagaría, como la información que podría obtener de su grupo; la ira cuando comprendiera que estaba encerrada de forma indefinida; su desprecio. Otros los estaba pagando ya, la incertidumbre, era la peor de todas.
Pero ahí estaba esa satisfacción, esa seguridad de que ella no podía traicionarle. Desde que se habían casado aquella era la primera vez que era suya por completo. No importaba lo que ocurriese en el mundo, ella estaría segura, estaría bien, nada podría alcanzarla. Era suya.
No estaba satisfecho con la situación, pero estaba seguro de haber tomado la mejor opción posible, solo hasta que la tuviese por completo, solo hasta que ella le fuese completamente leal, solo hasta que no tuviese la seguridad de que ella no iba a correr hacía los brazos de Shiba Kaien en cuanto él se diera la vuelta.
Aunque, quizá, todo seria mucho más fácil si pusiera una bala directamente en la cabeza de ese hijo de puta.
Todavía tenia los nudillos despellejados por el puñetazo. Todavía recordaba como la nariz del bastardo se había hundido bajo el golpe, la sangre salpicando en todas direcciones… Había sido la sensación más agradable que había tenido en mucho tiempo. Y había durado tan poco… Rukia lo había estropeado todo. Ya no importaba a cual de los dos hubiese estado tratando de proteger, aunque había sido jodidamente importante la noche anterior. Todo había estado malditamente distorsionado aquella noche. Todo lo que realmente había estado viendo en aquella discoteca era a Rukia, a Rukia en los brazos de ese bastardo hijo puta, ese jodido cabrón asqueroso y malnacido. No había palabras para expresar lo mucho que lo odiaba, y Rukia había estado ahí, entre sus jodidas manos, dejando que él la besara. Si ella no se hubiese interpuesto habría tenido la oportunidad de matarlo directamente. Una muerte rápida y compasiva. Quizá debería agradecérselo a Rukia, cuando volviese a poner sus manos sobre Kaien su muerte iba a ser tan jodidamente lenta y dolorosa que iba a escucharlo suplicar clemencia, no iba a dársela.
El día entero había sido una neblina teñida por la ira, la sangre le había calmado, pero no consolado, por eso había ido a por Rukia. Todavía no sabia si había querido respuestas o sangre, o quizá, las dos cosas. Pero no había tenido ni una cosa ni la otra. Había descubierto algo completamente diferente a lo que había estado buscando.
Había descubierto que no podía dejar ir Rukia, no importaba porque, pero no podía perderla, no podía dejar que nadie más que él la tuviese.
Fue un descubriendo colosal, devastador…
Por eso no podía dejar la ir, por eso le había arrebatado su libertad.
Ella era peligrosa.
Rukia había planeado la escena con lujo de detalles. Iba a esperarlo junto al ascensor y cuando él intentase salir del mismo ella le golpearía con la sartén en toda la cabeza hasta dejarlo inconsciente. Saltaría dentro del ascensor antes de que las puertas de este se cerrasen y correría. Cuando Ichigo recuperase la conciencia, si es que se despertaba, ella estaría en Jamaica tomándose un margarita en la playa.
Si, un plan perfecto. El problema fue que después de esperar todo el condenado día junto al ascensor con una sartén en las manos, Rukia había desistido de poner su plan en funcionamiento por puro agotamiento.
Y así es, como Ichigo la encontró haciendo la cena.
-¿Qué hay de comer, cariño?- se burló él.
Rukia le lanzo una mirada helada de soslayo y sujeto con más fuerza de la debida el cuchillo de cocina con el que estaba picando una cebolla.
Ichigo soltó una suave carcajada y se sentó a la mesa, como si todo aquello no fuese más que un chiste para él.
Iba matarlo, definitivamente iba a matarlo.
-Te traigo buenas noticias, querida.
Picó, pero solo, porque era tonta.
-¿Te han diagnosticado una enfermedad mortal y solo te quedan días de vida?- le preguntó ella con tono esperanzado.
A Ichigo no pareció hacerle mucha gracia.
-Si me muero ahí fuera, te deseo suerte para salir de aquí- a ella tampoco se la hizo.
-¿No decías que tenias buenas noticias?
-La tengo, Kukaku se ha hecho, finalmente, con el mando de casi todo el clan… Considerablemente mermado, pero sigue siendo un apoyo importante, sobre todo ahora que los Kuchiki y los Ishida no están en buenos términos.
A Rukia no le extrañaba, había habido cierto grado de camarería entre su hermano e Ishida Ryuken, pero nunca había visto nada entre él y Uryuu. Era evidente que los clanes se distanciarían momentáneamente antes de que recordasen cuando odiaban al clan Shinigami. En aquel momento a Rukia le encantaría ayudarles a recordar.
-Eres un soberano gilipollas y quiero salir de aquí- fue la respuesta de Rukia.
-No vas a hacerlo- le informó Ichigo.
-¿Por qué no?- cometió el error de preguntar.
-Porque no me fio de ti- replicó él, con absoluta seriedad.- Porque en cuanto me doy la vuelta tengo la sensación de que vas a tirarte a los brazos de Aizen y traicionar a ...
La sartén paso rozándole a solo unos centímetros de la cabeza. Rukia maldijo en voz alta su falta de puntería. Él cometió la estupidez de sonreírle socarrón.
En aquel momento estaba tan furiosa con él… La noche que la había llevado a aquel lugar ella había estado demasiado asustada para luchar. No lo había empezado a odiarlo hasta la tarde siguiente cuando él apareció exigiendo respuestas y entonces… ¡Bien! Prefería no pensar en ello, hería su orgullo. Lo importante es que su ira, no era suficiente como para causar mella en él y eso le dolía.
Le dolía, porque había tenido todo un día sola con sus pensamientos, para comprender que bajo toda aquella ira, no había un verdadero odio.
Iba a tener su venganza, estaba determinada a ello. Pero quería algo más, no sabía, que exactamente, pero lo quería con toda su alma. Pero hasta que no encontrase la forma de vengarse y superarlo, trataría de odiarlo con toda su alma.
-Sigo esperando una explicación- le gruño Ichigo.
Menos mal que Ichigo le ponía fácil lo de odiarlo, porque si no, se habría vuelto loca.
-¿Yo te debo una explicación? ¿A ti? ¡¿Qué clase de broma es esa?!
Él no se amedrento por su ira, nunca lo hacía.
-¿Por qué fuiste a la discoteca esa noche?- preguntó él.
-No vamos a volver a tener esa conversación- le gruño entre dientes.
No había acabado bien el día anterior, no lo haría aquel.
Ichigo golpeo los dedos impaciente sobre la superficie de la mesa de la cocina.
-No vas a salir de aquí hasta que no empiece a confiar en ti, Rukia. Colabora.
Sonó a una orden, suficiente como para ignorarlo.
-Puedo encontrar la manera de salir de aquí yo sola- lo desafío.
-Solo hay una manera, y ya te la he dicho.
Rukia se planteo envenenarle la comida con amoniaco, pero el sabor la delataría, también pensó en un cuchillo de cocina en su espalda, pero… una contraseña de doce dígitos, era demasiado, incluso para ella.
Pese a todo no estaba dispuesta a rendirse fácilmente.
-Si te digo la razón por la que quería matarlo, ¿me dejaras ir?- preguntó, finalmente.
Ichigo se recostó sobre la silla como si se lo estuviese pensando.
-Depende de tu explicación.
-En otras palabras: no. Prefiero jugármela con la contraseña de doce dígitos.
-Necesitaras la tarjeta de seguridad. – se burló Ichigo.
-¡Oh! Créeme, la conseguiré.
-Puedes venir a buscarla cuando quieras.
Por algún motivo sonó obsceno, tanto que Rukia dejo el cuchillo sobre la tabla de cortar.
-¿Y si nunca consigues confiar en mi?- le preguntó ella.
Ichigo se encogió de hombros como si fuese obvio.
-¿Y si me pongo enferma?
-Te traeré un medico.
-¿Y si me corto haciendo la comida?
-Sobrevivirás.
-¿Y si me caigo en la ducha y muero desangrada?
Él no contesto. Pero ella no se calló.
-¿Y si hay un incendio? ¿Y si me quedo atrapada por el humo y el fuego? ¿Y si hay un terremoto y el edificio se hunde conmigo aquí encerrada?
Ichigo se puso violentamente en pie, evidentemente irritado.
-¡¿Y si te callas de una maldita vez?! – le gritó.- ¡Aquí estas a salvo no va a pasarte nada malo!
-¡¿Eso crees?!- le gritó ella.
Presa de la ira estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para demostrar su punto. Cogió el cuchillo de nuevo y extendiendo el brazo izquierdo se hizo un corte en la muñeca.
Ichigo supo lo que iba a hacer antes de que lo llevase a cavo, pero no pudo llegar a ella tiempo para evitarlo. Cuando por fin pudo arrebatarle el cuchillo la herida sangraba copiosamente. Se había cortado una vena.
¡Dios! ¡¿Qué es lo que había hecho?!
-¡¿Es que has perdido la cabeza?!- le gritó furioso mientras buscaba desesperado algo con lo que cortar la hemorragia.
El trapo de la cocina parecía demasiado sucio, así que la arrastro hasta el cuarto de baño con él y uso una de las toallas limpias para presionar la herida.
-¡Mierda!¡Estúpida loca!¡¿Ahora quieres morir?!
Rukia lo miraba sin ninguna clase de expresión. Fría, serena, ni siquiera parecía dolerle el corte.
-¿De veras crees que estoy a salvo aquí dentro?- le preguntó ella con voz dura.- No viviré bajo tus términos. Si no puedo huir por esa puerta encontrare otra manera de hacerlo. No me tendrás. Así no.
Ichigo sintió como la bilis le trepaba por la garganta. Pero no era tan idiota, era una prueba de fuerza. ¡Maldita sea! Ella no era de las que se suicidaban, era de las que mataban para sobrevivir. Pero… la herida no paraba de sangrar.
¡Ella no iba a morir! ¡No delante de sus narices!
-Te lo he dicho- le gruño furioso, completamente fuera de si.- No voy a dejarte ir.
No recordaba haberse enfadado tanto con ella nunca. Ni si quiera hacía dos noches. Su vida era importante, joder. Era condenadamente importante y no tenía nada que ver con el jodido clan Sakura. Ella era importante en su mundo porque si. Si quería huir, de la manera que fuese, tendría que hacerlo primero sobre su cadáver.
Sujetando su muñeca con todas sus fuerzas, llamó al móvil de Unohana.
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La forense-infiltrada de la comisaria de Kempachi, se presentó solo diez minutos después de colgar el móvil.
Aquel día la mujer llevaba puesto un conjunto de traje de chaqueta gris, lo que era mucho más de lo que llevaba la última vez que la vio, ósea, nada. Lo que podría haber sido una visión más placentera si Kempachi no hubiese estado allí para joder el conjunto, literalmente. Sin embargo, la mujer no pareció absolutamente nada avergonzada por ello y cuando se inclino sobre la herida de Rukia ni siquiera parpadeo o hizo una pregunta.
Unohana Retsu, le debía un favor enorme a Ichigo, pero sobre todo, había sido la medico más cercana que conocía. A emergencias le hubiese costado 35 minutos llegar solo para pasar el control de seguridad, llamar al médico de la familia habría supuesto 50 minutos, a Unohana le había costado exactamente 11 minutos y 54 segundos, los había estado contando.
La forense era una infiltrada del concilio, puesta directamente en la comisaría para poder tener un acceso a todas las actividades de la yakuza en Tokio, sin levantar demasiadas sospechas. Aunque en realidad, todo el mundo con dos dedos de frente sabía para quien trabajaba ella. Una vez en un callejón oscuro un sicario había ido a por ella. Ichigo había estado por ahí por mera casualidad. Ella insistió solo una vez en que le debía la vida. Él nunca se había preocupado por cobrarle el favor hasta aquel día. La comisaria estaba cruzando la calle.
Unohana curo y sello la herida de Rukia, quien aunque frunció el ceño al verla no dijo ni una sola palabra, ni se quejo ni una sola vez, aunque llego tararear esa estúpida canción del conejo en una ocasión.
Cuando termino su trabajo, la forense se levanto y simplemente se fue, con un leve gesto de asentimiento a Ichigo, para indicarle que todo estaba bien.
Rukia no corrió detrás de ella pidiendo ayuda, ni hizo ningún intento de colarse en el ascensor con ella, se quedo sentada tranquilamente hasta que las puertas se cerraron, después se puso de pie y fue directamente hacía la cocina. Ichigo la siguió alarmado, no creía que fuese a volver a cortarse, ya había demostrado su punto, pero no podía fiarse de ella nunca más. ¡La mujer no tenía ni un solo gramo de respeto por su bien estar!
Una parte amarga de si mismo se pregunto si ella era realmente de las que luchaban por vivir. ¿No había tenido una herida casi mortal cuando la conoció? ¿No había ido tras la cabeza de un asesino legendario ella sola? ¿No se había mutilado solo para demostrar algo? Un peso extraño se aposento sobre su pecho, casi de forma dolorosa. Quizá no conocía a Rukia tanto como creía.
Ella no fue a por el cuchillo de nuevo, paso por encima de él y fue directamente hacía la mesa donde recogió la botella de vino abierta y le dio un largo trago directamente de la botella.
Ichigo era un experto en beber whisky cuando él mismo tenía una herida abierta, era la primera vez que veía a alguien utilizar el vino en ese contexto, sin embargo no le pareció una buena idea. Ella había perdido demasiada sangre. Así que se acerco lentamente y le arrebato la botella de las manos.
Ella gruño molesta pero no dijo una sola palabra. Se dio media vuelta y salió de la cocina. La encontró dentro de la cama tapada hasta la cabeza con las mantas.
Evidentemente ella no pensaba volver a dirigirle la palabra en toda la jodida noche.
Suspiró irritado. No creía sinceramente que ella pudiese volver a hacerse daño de nuevo aquel día, pero… por el momento no creía que fuese buena idea dejarla sola.
¡Mierda! ¿Sobreviviría el clan sin él unos días?
Tendría que arriesgarse.
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Durmió poco y mal, la muñeca le palpitaba recordándole su propia estupidez e Ichigo acostado junto a ella tampoco estaba ayudando.
No era la primera vez que se hacía daño a sí misma para demostrar un punto, pero era la primera vez que iba tan lejos. No había estado pensando con claridad, pero todavía no se arrepentía de lo que había hecho. Había demostrado su punto. Había dejado claro cuán lejos estaba dispuesta a llegar por enfrentarse a él. Estaba segura de haberlo demostrado.
Pero más aún, había visto la mirada de pánico en el rostro de Ichigo. La mueca de desesperación cuando no había sabido que hacer. La ira en sus ojos cuando le juro que no iba a dejarla ir nunca. Había sido una ira completamente distinta a la de hacía dos noches, había sido desgarradora.
No había habido otra palabra para explicarlo.
Desgarrador.
¿Por qué Ichigo había parecido tan jodidamente preocupado por ella mientras esperaban a que llegase Unohana? No había sido un corte tan importante, realmente, no se había cortado ninguna arteria y la herida de la vena se había coagulado pronto. Rukia sabia que no corría demasiado peligro, que todo iría bien. Pero Ichigo había parecido desgarrado, como si ella estuviese muriéndose.
¿Desde cuándo era así de importante para él? ¿Desde cuándo le preocupaba su integridad?
Joder, no conocía absolutamente nada de Ichigo, podría recitar su biografía de memoria, hora de nacimiento, instituto, notas, amantes… Pero no sabía nada de lo que le pasaba por la cabeza. No podía entender como pensaba. ¿Se preocupaba por ella porque le importaba de verdad? O, ¿se preocupaba como alguien cuando su mascota se hiere a sí misma y hay que pagar al veterinario?
Y sin embargo, ahí seguía, encerrada, impotente, sintiéndose estúpida.
¡Ella no era así! Ella no era una patética mujer que amenazaba con hacerse daño para provocar la compasión de su esposo, ¿verdad?
Pero… ¿no había hecho eso precisamente?
¡No! Ella no había querido que Ichigo se compadeciese de ella.
¡Por supuesto que no!
Ella había tratado de demostrar que no podría obligarla a obedecer, que era libre, independiente, valiente.
Pero se le había ido de las manos, la ira le había cegado momentáneamente. ¿Y qué era lo que había conseguido?
Un corte en la muñeca y una mirada desgarrada de Ichigo.
¿Por qué le dolía más aquello último?
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Ichigo tampoco había podido dormir. Había pasado toda la noche tumbado en la cama junto a Rukia tratando de molestarla lo suficiente como para que ella le gritase o lo empujase, pero ella no había reaccionado de ninguna manera y a la mitad de la noche su mente había empezado a divagar peligrosamente. Una idea se había apoderado de todos sus pensamiento. ¿Y si la acción de Rukia no era solo una prueba de fuerza? ¿Y si de verdad estaba dispuesta morir antes que quedarse con él? ¿Tanto lo odiaba?
Y sin embargo no podía dejarla marchar. De ninguna manera. Ahora menos que nunca.
Así que se había pasado toda la noche a su lado tratando de no abrazarla posesivamente como el jodido gilipollas que era.
Finalmente el agotamiento pudo con él y a cavo quedándose dormido poco antes del amanecer.
Lo despertó unos insistentes golpecitos en las costillas, golpes que cada vez se hicieron más seguidos, más fuertes, más dolorosos, pero cuando trato de apártalos, de defenderse, descubrió que no podía moverse. Se despertó de golpe.
Seguía tumbado sobre la cama, solo que esta vez sus manos estaban esposadas al cabezal solido y metálico de la cama. Rukia estaba justo a su lado sonriéndole con ironía desde arriba.
¡¿De dónde había sacado las esposas?!
¡Oh! Había encontrado los juguetes de sado, que mona. Solo que dudaba que quisiese usarlos con él de la manera adecuada.
-De todos los lugares del mundo, de todos tus jodidos apartamentos en la ciudad. ¿Me has encerrado en tu jodido picadero?- le gruño ella pareciendo absolutamente furiosa.
Le gustaba aquella Rukia, al borde de la ira, las mejillas se le encendían y los ojos le brillaban con resolución. Mucho mejor que la mujer apática de la noche anterior. Ichigo movió las piernas, no estaban atadas. Fallo por parte de Rukia, pero estaba claro que no realizaba los suficientes secuestros. Algún día debería hacer que Hiyori de diese unas lecciones básicas.
Usando las piernas de impulso Ichigo se sentó casi sobre sus manos, él ángulo era incomodo, pero podía mirar a Rukia a los ojos. No llevaba pantalones, ni camiseta. ¿Cómo le había desnudado sin que él se diese cuenta? Casi, casi, se sintió orgulloso. De aquella manera su única posibilidad de soltarse de las esposas era rompiéndose un pulgar. Estaba dispuesto a averiguar de que iba aquello antes de llegar a aquellos extremos.
-¿Dónde está la tarjeta?- le preguntó ella ligeramente irritada.
A Ichigo le había gustado más la otra pregunta.
-¿Qué tarjeta? Y este es, por cierto, mi apartamento más lujoso, creí que te gustaría.
En realidad la había llevado allí porque aquel lugar era solo por sexo. Había tenido una cosa jodidamente clara cuando la llevo allí, trataba desesperadamente de borrar algo, algo en lo que no quería pensar y que solo insinuar hacía que le ardiese la sangre. Había estado tratando de marcar su territorio.
-La tarjeta de seguridad del ascensor – replicó ella molesta.- Y este sitio apesta. Y no puedo creer que te vaya el sado.
-Umm… Eso lo dices porque no lo has probado. Te enseñare.
Ella lo abofeteo con la mano sana.
-¿Ves? Sabia que a ti también te gustaba- no pudo evitar burlarse.
Rukia resoplo furiosa antes de encerrarse en el baño de un sonoro portazo.
Ichigo sonrió, no iba a encontrar allí la tarjeta de seguridad.
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¡Por Dios! Su relación entera era un juego de sado, no importa por donde se mire, era sadomasoquista. ¡Y ni siquiera tenia una jodida palabra de seguridad!
¿Qué a Ichigo le gustaba aquellos juegos en la cama? (como bien demostraba aquella apestosa caja que encontró al fondo, muy fondo del armario) Ni siquiera debería sorprenderle. Seguro que incluso consentía ser el sometido y permitía que una perra con tacones de aguja caminara sobre su espalda. ¡Seguro que hasta conocía la terminología para todo aquello!
Se pregunto vagamente que papel tenia ella en aquella relación. Le jodió darse cuenta de que era la que se sometía.
Pero… aquel día, era Ichigo, el que estaba esposado a una cama, indefenso.
Casi se le hizo la boca agua, pero quizá tuviese algo que ver con que no había comido en días y a la pérdida masiva de sangre.
Opto por alimentarse primero y pensar después. Había buscado la maldita tarjeta por todo el apartamento seguro que había algo que no estaba viendo, algo que solo podría decirle Ichigo…
Si, comer primero, torturar después. Quizá incluso pudiese usar ese látigo con púas.
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A Ichigo no le gustaba realmente el sado… Había demasiada violencia en su vida diaria, ¿para que añadir más? Todo había sido idea de una ex, algo sobre ayuda terapéutica, la había mandado a casa en cuanto sugirió esposarlo. ¡Que irónico!
¿Sado? No, lo suyo era el sexo viejo y salvaje, como el que Rukia y él habían tenido sobre aquella cama no hacía tanto tiempo. Duro y apasionado. Viejo y sucio sexo. De hecho las sabanas todavía olían a sexo. Todavía se le ponía dura solo de recordarlo.
Había estado jodidamente bien. Mejor que la mayoría de lo que había tenido. A Rukia le faltaba un poco de experiencia, pero aprendía rápido y era intuitiva, había aprendido en una sola vez lo que le gustaba, lo que le molestaba y lo que lo ponía a cien. Un poco más de experiencia y hasta podría plantearse la monogamia.
Ella era jodidamente perfecta entre sus brazos, parecía encajar perfectamente en ellos, igual que encajaba sobre su regazo, era como una pieza de puzle perfecta, cuando la abrazaba sentía que podía rodearla por completo. Él también había empezado a memorizar sus puntos débiles, como la curva de su pecho izquierdo, el ombligo, el final de su espalda… Y cuando la hacía gemir ella lo hacía justo en su oído como si quisiera que solo él la oyese.
¡Oh! Mierda, ahora sí que tenía una jodida erección y la puta palpitaba impaciente. Se revolvió incomodo lamentando profundamente las jodidas esposas. Miro molesto hacía la puerta del baño justo cuando esta se abrió de golpe y Rukia paso a su lado, vestida solo con unas de sus camisas y desapareció hacía la cocina sin dedicarse una sola mirada. Se pregunto si aquella sería su idea de torturarle, ¡porque lo estaba haciendo de puta madre!
De repente romperse un pulgar ya no parecía una mala idea. Cuando lo hiciese podría ir a por ella en la cocina. Seria fácil desnudarla, no llevaba nada debajo de aquella camisa, solo había que levantarla y si se ponía difícil solo la desgarraría por los botones. Después podría colocarla sobre la mesa de la cocina, preparar el camino con su lengua, llevarla hasta el límite… Compensar todo el daño que le había hecho hasta ese momento.
¡Espera!
¡¿De dónde cojones había venido ese pensamiento?!
Dios, iba a volverse loco.
Rukai volvió, al poco tiempo, con una tarrina de helado de fresa, tamaño 5 litros. Con toda la tranquilidad del mundo, se sentó frente a él en la cama, cruzo las piernas y se apoyo la enorme tarrina entre ellas.
Vale, aquello tenia que ser completamente consciente. La polla de Ichigo le dio tal sacudida que tuvo que apretar los dientes para no lloriquear como una nena.
¿Por qué estaba tan excitado tan de repente?
¡Solo había estado fantaseando!
-He registrado absolutamente toda la casa- le informo ella mientras se metía la cuchara llena a rebosar en la boca.- ¿Dónde está la tarjeta del ascensor?
-¿Vas a torturarme hasta que te lo diga?
Tal y como él lo veía, estaba en el estado de ánimo perfecto para confesar cualquier cosa, incluso el doble fondo del cajón de los cubiertos. Ella solo tenia que jugar las cartas adecuadas y él seria mantequilla.
Rukia engullo dos cucharadas más y se dedico a lamer la cuchara pensativa.
Tor..tu..ra…
-Había pensado en ese látigo con pinchos… pero creo que es meramente decorativo, si te mato, aunque sea sin querer, me tomara demasiado esfuerzo salir…
-¿Por qué pareces tan feliz?
-Me encanta el helado de fresa.- confesó como si nada.
¡Dios! Helado de fresa, conejitos estúpidos… aquella mujer tenía un severo caso de doble personalidad.
Ella dio otra lametada a la cuchara y la imaginación de Ichigo le hizo pasar una mala jugada. No quería que ella lamiese la cuchara exactamente.
-Total, que a cavo de comer y estoy de buen humor. Si me dices donde está la tarjeta no te torturare,… demasiado.
Y le sonrió con malicia.
Sinceramente, empezaba a creer que la iracunda y verdadera Rukia se había quedado en la cocina y aquella era su maliciosa y vengativa hermana gemela.
Tuvo que inspirar hondo para centrarse. Trato de pensar en cosa no eróticas, pero entonces, Rukia engullo otra cucharada, esta vez el helado se derritió contra su boca y le mancho la comisura de los labios hasta que una gota resbaló por su barbilla hacía dentro de su camisa.
Quizá fuese cosa de la erección, pero aquello era lo más erótico que había visto nunca. Olvídate de todas las actrices porno, de todas sus examantes en camisones transparentes… lo más erótico del mundo era Rukia comiendo helado.
-Me estás matando…- susurró tratando con toda su alma de no sonar desesperado.
Ella se inclino hacía delante con la cuchara en la boca. Se puso a cuatro patas para dejar la tarrina de helado en el suelo, el ángulo fue demoledor, pudo ver todo su pequeño cuerpo desnudo a través del escote, la mancha de helado junto al pezón derecho, reclamando ser lamida. Gimió, joder, ¡claro que gimió!
-¿Por qué?- le preguntó ella.- ¿Tanta hambre tienes?
Y avanzó peligrosamente hacía él.
-Dime donde está la tarjeta y te dejare comer- prometió élla.
No pudo contenerse más.
Utilizando las piernas libres la envolvió con ellas y la arrastro hacía sí. Cayó justo sobre su regazo. Cuando ella trato de apartarse solo tuvo que abrazarla con más fuerza y besarla aprovechando el desconcierto.
Le gustaba besarla de forma imprevista. De hecho era la forma en la que la besaba siempre. No podía imaginarla acercándose a él para ofrecerle un beso libremente. No, todo lo que ella le daba, él tenia ganárselo. Merecía la pena. Siempre.
Aquella vez, ella estaba luchando por sí misma, iba a jugar sobre sus propios términos, así que realmente a Ichigo no le sorprendió cuando se lo quito de encima con un golpe en toda la mandíbula, un codazo después y ella esta saltando fuera de la cama, de su alcance.
-¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!
Después de asegurarse de que no tenía nada roto, pese al dolor, Ichigo se permitió una sonrisa de satisfacción.
-¿Qué creías que iba a pasar? Me estabas provocando…- le susurró.
Rukia pareció súbitamente soqueada.
-¿Provocando? ¡Si!¡Con el helado!
¿Qué?
-¿Quién narices compra una tarrina de helado de 5 litros si no tiene una especial debilidad por él?- le gritó ella.
A Ichigo le costo un poco asimilarlo. Cuando lo hizo siguió sin poder creérselo del todo.
-¡Yo no hice la compra! ¡No compre el maldito helado! ¡Lo hizo el personal de servicio del edificio!
Rukia palideció, miró la tarrina como si se sintiese estúpida y luego lo miró a él.
-¡Oh!- vocalizó finalmente.
¡Dios! Ichigo quería darse de cabezazos contra las paredes, ¿qué demonios tenia esa mujer en la cabeza? ¿De verdad era tan inocente?
Por algún motivo se sintió decepcionado, no con ella, sino consigo mismo. Todo lo que ella sabia del sexo se lo había enseñado él. Si ella no podía utilizar aquella situación en su propio beneficio, sin duda era culpa suya, no había sabido entrenarla de forma adecuada.
Sin embargo la decepción le duro poco. De repente, Rukia se subió directamente sobre su regazo, apoyó las manos en sus hombros.
Le costo un poco comprender que ella era solida y no un producto de su imaginación.
-¿Ru… Rukia?
Ella sonrió de forma maliciosa y sin dejar de mirarlo a los ojos, empezó a desabrocharse los botones de la camisa, uno a uno, desde el cuello hacía abajo. Se detuvo en el botón a la altura de sus pechos y apoyando las manos de nuevo sobre su cuello balanceo las caderas adelante y atrás de forma provocadora. Su sexo rozando directamente sobre el suyo, la única separación era su propia ropa interior, la áspera tela de los bóxers.
Era demoledor, todo pensamiento consciente se evaporo completamente de su cerebro, solo contaba aquel punzante y placentero dolor.
-Pobre, pobre Ichigo…- susurró Rukia directamente en su oído, casi como un gemido.
Mientras su mano derecha descendía en una caricia de su pecho hacía su estomago, directa hacía el punto de encuentro entre ambos, acariciando el borde se sus boxes, hurgando bajo la tela, llegando mucho más abajo.
Ichigo nunca había soportado una tortura más sencilla, más demoledora, nunca se había sentido al borde del orgasmo sin haber entrado siquiera dentro de una mujer. Se dejo llevar con los ojos cerrados.
Rukia se demoro conscientemente entre su ingle, rozando la erección con la yema de los dedos, sin liberarla.
-Dime, ¿te duele?- preguntó ella - ¿Es doloroso?
-Dios, si…- gimió él.
-¡Bien! ¡Pues te jodes!- le gritó ella alejándose de golpe de él.
Y lo dejo ahí sobre la cama, caliente como el condenado infierno, mientras se apartaba bruscamente, se cerraba la camisa y desaparecía dentro del baño con la cabeza erguida. Incluso dio un sonoro portazo.
Ichigo permaneció aturdido durante unos condenados cinco segundos. ¡Joder! Aquel había sido el condenado peor balde de agua fría que ella le había arrojado jamás. ¡Había estado jugando con él! ¡Rukia!
Y lo había excitado, ¡joder, si lo había hecho! No recordaba haber estado tan caliente en su condenada vida. Pequeña zorra manipuladora, pequeña y caliente zorra, si se creía que podía iniciar esa clase de juegos y no terminarlos es que lo estaba subestimando.
Si no hubiese estado tan jodida y dolorosamente frustrado, hasta se habría sentido orgulloso.
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Rukia se metió dentro de la ducha sintiéndose más caliente de lo que debería pero sintiéndose enormemente satisfecha.
No podía creerse que ella hubiese jugado aquella clase de juego con Ichigo, ¡y mucho menos que lo hubiese ganado!
Había sido algo tan condenadamente inconsciente, que sin duda había sido la baza ganadora, si hubiese planeado algo como aquello de antemano jamás se habría atrevido a llevarlo a cavo.
No es como si hubiese creído que iba a conseguir algo con el helado, pero nadie compraba una tarrina de 5 l. sin tener debilidad, nunca se le paso por la cabeza que podría ser cosa del servicio, hambre, falta de sueño, perdida de sangre… no había sido su mejor momento.
Sin embargo, se había sentado con el helado frente a él y había visto como funcionaba. ¡Jesús! Ichigo había estado salivando, así que la idiota de ella se había creído que su plan funcionaba.
Pero Ichigo no había estado salivando por el helado, no precisamente solo por él, descubrirlo había sido un shock.
¿Él la deseaba tanto? ¡¿A ella?!
Había actuado por instinto… y joder, ¡él había estado tan condenadamente duro!
No había sido un buen movimiento cuando se había sentado en su regazo, no había calculado bien las implicaciones, y antes de ser consciente su sexo estaba rozando directamente su polla...
Ichigo había parecido tan suave bajo sus manos, había sido la primera vez en la que había podido controlarlo por completo. Se había sentido dura, invencible, peligrosamente sexy. Podría haber hecho cualquier cosa con él en aquel momento, lo sabía, podría haberle exprimido hasta que el confesase cada uno de los doce dígitos del código de seguridad, podría haber conseguido incluso el número de su cuenta bancaria… Pero no había confiado lo suficiente en sí misma, ella misma había estado sumamente excitada. Por eso había optado por la victoria rápida.
Seguía encerrada, pero al menos había tenido una pequeña venganza, insignificante en el mar de ofensas que había recibido, pero una venganza al fin y al cavo.
Lo que no había pensado fue en lo difícil que iba ser luego salir del baño. No había sabido cómo actuar a continuación, todo aquello era nuevo para ella. Pero el plan seguía estando claro, no iba a soltar a Ichigo hasta que este no la dejase ir primero.
Lo que realmente la hizo salir del baño fue el timbre del móvil de Ichigo. Se lo había quitado cuando lo esposo y lo desnudo, pero la jodida cosa había estaba bloqueada así que había optado por dejarlo de lado en su búsqueda de la tarjeta de seguridad. No había vuelto a pensar en él hasta que no escucho su chirriante melodía y a Ichigo maldecir furioso por ni poder alcanzarlo.
Salió dispara del baño con una de las camisas de Ichigo a medio abrochar y sin mirar al tipo se lanzo directamente sobre su móvil.
-¿Si?- contestó de manera ansiosa.
Hubo un largo silencio al otro lado.
-¡Oh, Rukia! ¡Gracias a Dios!- exclamó finalmente la voz de Karin.- Sigues viva…
-¿Quién es?- exigió saber Ichigo.
Rukia le lanzo una mirada por encima del hombro y lo ignoro, decidiendo encerrarse esta vez en la cocina. El maldito loft no tenía intimidad, todo el dormitorio era a su vez el cuarto de estar, sin paredes, completamente diáfano, a excepción del baño y la cocina.
-¿Por qué pareces tan aliviada de que este viva?- preguntó a Karin cuando cerró la puerta y las exigencias de Ichigo quedaron sofocadas al otro lado.
-Siento tanto lo de la discoteca… Dime, ¿estás bien?
Había chocado con ella mientras trataba de huir, era cierto, le había suplicado ayuda, pero Karin no había entendido lo que ocurría hasta que Ichigo no la alcanzo.
-Tampoco podrías haber hecho nada, perdió los papeles por completo…
Oyó como Karin respiraba hondo. No había que ser un genio para comprender que la chica se sentía responsable. Le hubiese gustado poder decirle que estaba bien, pero no hubiese sido verdad.
-Esa mirada…- susurró Karin desde el otro lado.- Tenia esos ojos de cristal… Creí que iba a matar a alguien.
Un escalofrió le recorrió la espalda de forma involuntaria. Si ella también lo había creído. Creyó que iba a matarla. Tuvo que sentarse en la mesa de la cocina cuando las piernas le temblaron. Cuan diferente era el Ichigo de aquella noche frente al Ichigo que había esposado a la cama, ¿de verdad eran la misma persona?
-Yo…- susurró Karin. – Vi la grabación de seguridad de la discoteca. Vi a Shiba Kaien.
La forma en la que lo dijo, en la que pronuncio aquel nombre, sonó de la misma forma en la que un niño se refiere al monstruo de sus pesadillas.
-¿Lo conoces?- se atrevió a preguntar Rukia.
Hubo otro momento de silencio entre ambas.
-Nunca antes lo había visto- confesó Karin finalmente.-Pero… ¿quién más podría ser?
Rukia se quedo en blanco.
-¿Qué quieres decir?
-Esa mirada de Ichigo, eso ojos eran de cristal, pedían sangre a gritos…-siguió Karin- ¿Sabes cuándo fue la última vez que miró a alguien con ellos?
Claro que no lo sabia.
-Fue durante el funeral de nuestra madre… Cuando estuvimos al borde de una guerra interna. Y hubo sangre.
¿Una guerra interna? ¿El clan Shinigami?
-Karin, ¿qué quieres decir?
-¡Oh, mierda!- maldijo ella de repente, como si acabara de darse cuenta de que había hablado demasiado.- Joder, ignórame. Solamente me alegro de que Ichigo no te hiciera daño… Por cierto, ¿dónde demonios estáis?
¡Otra gran pregunta!
-¡En su jodido picadero!- no pudo evitar gritar.- En un maldito loft con un ascensor que ni la CIA podría hackear y sin puta idea de cómo escaparme de aquí.
Le llegó la risa de Karin demasiado claramente.
-¿Te ha encerrado?- preguntó con un peligroso tono de diversión en la voz.- Le he oído gritar así que se que está bien, pero, ¿por qué no ha respondido él su móvil?
-Lo tengo esposado a la cama- confesó antes de darse cuenta de las repercusiones de semejante declaración.
Karin se rió con ganas pero al mismo tiempo pareció un poco incomoda.
-¡Oh, Dios! No quiero saber los detalles de vuestra vida sexual…
-¡¿Qué?! ¡No es eso!
-Si claro- ironizó ella.- Sin duda hay una gran explicación pero no quiero saberla. De todas formas me alegro de que estéis resolviendo vuestros problemas… Dile a Ichigo que no se preocupe, Urahara y yo nos ocuparemos de todo mientras no esté. ¡Suerte!
Y colgó antes de que Rukia pudiese impedírselo.
-¡Mierda!- maldijo como si el jodido móvil fuese el mayor de sus enemigos.
Había perdido su oportunidad de pedir ayuda y la jodida cosa estaba empezando a quedarse sin batería. Sin la contraseña le era completamente inútil así que lo abandono sobre la mesa.
Tenía que empezar a pensar.
Cuando cerró los ojos estaba de nuevo en la discoteca, la música le taladraba los oídos sonando casi tan alta como los latidos de su corazón. Ichigo estaba allí, una fiera peligrosa con ojos de asesino a sangre fría.
El miedo con el que Karin había recordado aquello la había marcado, había estado tan lejos de la personalidad de la chica, que le había impactado, casi tanto como la manera en la que había pronunciado el nombre de Kaien.
Todo estaba relacionado, ¿verdad?
Aquello era una idea que había tenido ya, aquella noche. La ira de Ichigo no había estado volcada hacia ella, había sido solo una cabeza de turco. La sangre que Ichigo había deseado con desesperación había sido la de Kaien.
Él mismo Kaien al que Karin nunca había visto, pero aun así reconocido.
Ahí estaba de nuevo la pregunta: ¿por qué?
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Ichigo había tenido un mal rato para diferenciar entre la ira y la excitación. Sin embargo, para cuando su móvil había empezado a sonar la sangre ya le había vuelto al cerebro y era capaz de tener pensamientos racionales.
Así que cuando Rukia salió de la cocina con gesto severo, después de estar hablando con quien fuese por el móvil, lo único que podía pensar era en que la persona con la que había hablado había accedido a ayudarla a huir. Y no le hacía ni la más mínima gracia la sensación de congoja que eso le hacía sentir en el pecho. ¡Dios! ¡Como si la noche anterior no hubiese sido una pesadilla!
Si quería retenerla iba a tener que soltarse de aquellas jodidas esposas y eso iba a doler como el infierno. Forcejeo impaciente.
Sin embargo Rukia no parecía demasiado preocupada por hacer las maletas. Simplemente se sentó en la esquina opuesta de la cama con los brazos cruzados, lejos del alcance de sus piernas.
-Hablemos- prácticamente ordeno ella.
Ichigo alzó una ceja, molesto por su tono.
-Tu me exiges confianza…- siguió ella como si tuviese un discurso preparado-… pero no confías en mi.
Creía que todo aquello había quedado claro la noche anterior. ¿A dónde quería llegar ahora?
-La cuestión es, que si no confías en mi, yo nunca podré confiar en ti…- resumió ella.
-No te confundas- no pudo evitar corregirla.- No tienes que confiar en mí. Solo tienes que serme leal.
Algo en el gesto sereno de la mujer se desmorono.
- ¡¿Y cómo voy a ser leal a un gilipollas que me tiene encerrada en contra de mi voluntad?!- le chilló.
Sinceramente el tono calmado le había durado demasiado.
-¡¿Es que no teníamos ya una especie de acuerdo?!- siguió gritándole ella, evidentemente había perdido su elaborado argumento en el camino.- ¡¿No íbamos a trabajar juntos?!
¡Dios! Aquella mujer le provocaba descaradamente.
-¡Si! ¡Pero cuando te reuniste con ese hijo de puta demostraste no ser de fiar!- contraatacó gritando más fuerte que ella.- ¡¿Matarlo?! ¡No me jodas! ¡Lo único que hubieses conseguido es que él te matase!
-¿¡Y por eso reaccionaste como una hijo de puta?!- chilló ella poniéndose de rodillas sobre el colchón.- ¡¿Por qué tengo voluntad propia?!
-¡Eres peligrosa! ¡Peligrosa para ti misma!- gritó tratando de llegar lo más cerca de ella posible, aunque se estuviese desgarrando las muñecas contra el metal de la esposas.- ¡Todavía me debes una explicación! ¡¿Por qué querías matarlo?!
-¡¿Es que no es obvio, gilipollas?! ¡¿Quién cojones te crees que mató a Yoruichi?!
Se llevo las manos a la boca horrorizada. ¡Mierda! Había vuelto a hablar de más.
-¿Qué?- preguntó Ichigo retrocediendo contra el cabezal de la cama, su rostro una mueca desencajada.
Rukia inspiró hondo. ¿Qué sentido había tenido callárselo desde el principio?
-Él me enseño todo lo que se- le confesó.- Caí directamente en las garras del clan Arrancar cuando solo era una niña en busca de refugio. Me usaron y aprendí a usarlos a ellos. Shiba Kaien me entrenó. Me enseño a luchar…
Ichigo gruñó de forma tan primitiva que Rukia contuvo unos segundos el aliento.
-Era como un hermano para mí…- se atrevió a continuar. – Y ese hijo de la gran puta mató a la única otra persona del mundo a la que yo veía de la misma manera. ¡Era mi presa! ¡Tenía todo el jodido derecho del mundo a ir a por él!
-¡Y una mierda!- le rugió Ichigo de nuevo tirando de las esposas desesperado. - ¡¿Crees que hubieses podido matarlo?! ¡Despierta, estúpida! ¡No serías capaz ni de arañarle la cara! ¡Ese cabrón es una jodida víbora! ¡Y tu eres una idiota sentimental! ¡No iba a hacer nada! ¡No iba a matarlo! ¡No hubiese tenido cojones!
Ella se defendió golpeándolo de nuevo en la mandíbula. Ichigo cayó hacía atrás con un maldición en la boca, pero no se dejo abatir.
-¡¿Crees que lo conoces?! ¡No sabes una mierda sobre él! ¡No sabes una mierda sobre ti misma!
¡Dios! ¡No podía creer que ella fuera tan estúpida! ¡¿Qué cojones tenía en la cabeza?!
- ¡Eres tu el que no sabe nada de mí!- le gritó ella igual de furiosa.- ¡¿Crees que soy una estúpida y debilucha mujer con la cabeza hueca?! ¡Te equivocas! ¡He estado luchando sola toda mi condenada vida! ¡Luchando por cosas que a ti te han sido dadas desde que naciste! ¡Como la lealtad de tu clan! ¡¿Tienes idea de lo que es crecer viendo como te lo arrebatan todo?! ¡¿Cómo no te toman en serio por ser una jodida niña?!
-¡De nuevo, no tienes ni puta idea!- Ichigo había dejado de pensar claramente.- ¡Yo se mejor que nadie lo que es luchar por la lealtad! ¡¿Crees que me lo han dado todo hecho?! ¡Mi vida ha sido siempre un jodido infierno por culpa de ese bastardo hijo de puta?! ¡¿Crees que las guerras son jodidas?! ¡Trata de manejar una guerra interna cuando solo eres un niño!
-¡¿Qué tiene que ver Kaien contigo?!
-¡Por Dios, abre los jodidos ojos! ¡Ese bastardo podría ser mi padre!
Ambos jadearon con la misma intensidad, siendo conscientes de lo que estaban diciendo por primera vez.
-¿Qué?- preguntó Rukia dejándose caer de nuevo sobre el colchón.- ¡¿Qué significa eso?!
Ichigo rechino los dientes furioso mientras apartaba la mirada con un brillo helado.
-Olvídalo, ¡no he querido decir nada!
Pero lo había hecho, ¡claro que lo había hecho! Ella lo había escuchado perfectamente bien. Y mierda, no podía quitárselo de la cabeza. Era la primera vez que pensaba en ello, pero era evidente, lo suficientemente evidente como para que Karin reconociese a un hombre que no había visto nunca antes.
Ichigo y Kaien eran físicamente iguales.
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NOTA DE LA AUTORA:
¡Uff! No puedo creer que haya terminado este capítulo, ni tampoco lo que ha ocurrido en el. Creo que algunas dudas están empezando a despejarse, los protagonistas están teniendo tiempo de conocerse el uno al otro y sin duda empezar a comprender lo que sienten, por lo que encerrarlos juntos no me parece tan mala idea…
De nuevo, siento el retraso (se que no tengo perdón), y espero que os haya gustado.
¡Muchas gracias a todos por vuestros review!
¡Besos!
