NO AGRESIÓN
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No le gustaba aquel lugar, la música estridente, las luces naranjas y parpadeantes le producían dolor de cabeza... ¡Y desde luego, no le gustaba nada la forma en la que aquellos hombres la estaban mirando! ¡Hacían que se sintiese desnuda!
Todo lo que Orihime quería hacer era esconderse debajo de la mesa y esperar a que Rukia volviera.
¡Ellas no deberían estar allí!
Aquel lugar era un infierno para las mujeres, un lugar en el que las chicas eran tratadas como objetos y maltratadas por hombre violentos. Era todo lo que ella odiaba y despreciaba en el mundo. ¡Ninguna mujer debería ser tratada como una muñeca!
Pero las dos chicas con las que aquella anciana, a la que había venido a ver Rukia, la había dejado se reían inconscientemente de su propia realidad, exhibiendo sus generosas curvas con absoluta desenvoltura, animando a los monstruos que las observaban entre risas y miradas. Orihime, que no podía evitar temblar, se pregunto si serían unas inconscientes o sencillamente tenían la moral tan destruida como sus clientes.
-Dime preciosa...- le sonrió la mujer en ropa interior con un profundo acento de Osaka- ¿Qué es lo que hace una pichoncita como tu en un lugar como este?
-¡Oh! Eso es obvio- murmuró su compañera mientras se pasaba los dedos por el pelo desenredando nudos imaginarios, era intensamente morena y tenia la piel tan pálida como una muñeca, el kimono le habría dado aspecto de dama si no lo hubiese llevado cerrado de aquella manera, con el obi hacia delante.- Seguro que su amiga está suplicando por un trabajo para ella.
-¡Eso no es cierto!- se horrorizó Orihime desesperada.
Rukia no le haría eso. ¡Ni a ella ni a nadie!
-¡Tranquila pichoncita!- trato de calmarla la chica de Osaka.- Todas hemos pasado por lo mismo... Pero este es un buen lugar. Oka-san nos trata con dignidad, como a señoras...
-¡Si! - la interrumpió su compañera claramente orgullosa- Y además estamos muy seguras. ¡Si uno de los clientes se propasa un pelo con nosotras los de seguridad les parten la cara y preguntan después!
¿Propasarse? Es que acaso no venían todos esos hombres precisamente a propasarse con ellas... Estaba tan aturdida que pregunto lo primero que se le vino a la cabeza.
-¿...Se...segu...ridad?
-¡Oh! Eso es lo mejor.- aseguro la chica con el obi mal abrochado- ¡Están en todas partes! Detrás de todas las puertas, enterándose de todo sin que los clientes puedan verlos... Es el lugar más seguro del mundo para nosotras.
¿En todas partes? ... Pervertidos.
-¡Vas a estar muy segura! ¡No estés tan asustada!
-Pero yo... Yo no soy u...-tartamudeó desesperada por arreglar el mal entendido.- So...solo he venido acompañando a mi ...
Pero no pudo terminar la frase porque una de las camareras irrumpió en la mesa como un pequeño torbellino de ojos brillantes, interponiéndose entre ella y las otras mujeres. La camarera, vestida por completo de blanco y negro, susurró algo a las chicas tan deprisa y con voz tan aguda que Orihime no pudo entenderlo. Las otras dos mujeres se pusieron de pie de golpe, y con sonrisas tontas, trataron de reponer cualquier error en su atuendo, mientras la camarera se alejaba a toda prisa. La chica de Osaka acentuó su escote tirando hacia abajo de su salto de cama y se pellizco las mejillas a pesar de que ya estaban rojas por el colorete. Mientras, la otra chica, se alboroto el pelo, que antes había estado peinando y torció el nudo de su ya débil obi.
-¡Tenemos que irnos pichoncita!- se despidieron de ella con sonrisas tontas, y en una carrera de pasos cortos desaparecieron de su vista, dejándola sola en aquella tenue humareda de fieras.
Orihime sintió el impulso de correr con ellas fuera de aquel angustioso lugar. Pese a lo incomoda que la habían hecho sentir, sin ellas ya no había nada que opacara las miradas no deseadas, y estás se clavaron en su espalda como agujas al rojo vivo.
Siempre había sido así, desde que podía recordar, las miradas insinuantes, los roces no deseados, el contacto no buscado,...
¡NO!
¡No podía pensar en aquello!, ¡y mucho menos en aquel lugar!
Se puso en pie con resolución y camino con la cabeza alta hacía la salida. Tenía que encontrar a Rukia y salir de aquel lugar cuanto antes. ¡Nunca deberían haber entrado! ¡No era el lugar para una dama! ¡Debería haberle impedido entrar!
¡Ichigo iba a enfadarse tanto! Cuando supiera que había dejado que la señora de la casa entrara a un lugar tan carente de moral como aquel la culparía a ella. ¡¿Cómo iba a explicárselo?! ¡Iba a perder su confianza!
Claro que... en realidad... Rukia no era la clase de mujer que necesitase del permiso de su marido para actuar.
El pensamiento solo la desconcentró un par de segundos, los suficientes como para no notar que un hombre vestido con un traje oscuro y arrugado se cruzaba en su camino. Tuvo que detenerse en seco para no chocar contra él .
-¡Oh! ¡Mira esta preciosidad!
Tenia voz y aliento de borracho, y se tambaleo peligrosamente hacía delante. Orihime dio un paso hacía atrás espantada.
El hombre se echo a reír como si ella hubiese hecho algo muy gracioso. Tenia aspecto de oficinista, uno al que acabasen de despedir del trabajo o llevase demasiado tiempo buscando un empleo. Era la clase de hombre que llenaba el local de Oka-san a aquellas horas. Su clientela habitual, la yakuza, acudía de noche, cuando hombres como aquel llevaban muchas horas durmiendo la mona.
-No huyas de mi preciosa...- dijo, pero vocalizaba tan mal que sonó como un gorgoteo desde el fondo de su garganta.
El sonido aterrorizo más a Orihime que la mano que él extendió hacía ella. Actuó por instinto, atrapo la mano del hombre y con un grito aterrorizado lo tumbo contra el suelo gracias a una llave de aikido. Tatsuki se habría sentido orgullosa. ¡Eso enseñaría a ese pervertido a no tratar a las mujeres como objetos!
Lo contemplo desde arriba, tumbado contra el suelo, medio inconsciente por el golpe, no parecía tan aterrador y si un poco patético. Como un típico padre de familia que se desmadra a una hora indebida. Pero ningún buen hombre entraría a un lugar como aquel a aquellas horas del día. ¡Ni a ninguna otra hora!
De repente había tres hombres más junto a ella. Tres gigantes que nada tenían que envidiar a Chad, vestidos por completo de negro con pinganillos en los oídos y caras serias. Los de seguridad.
Umm... pensó tontamente, las chicas habían tenido razón, los de seguridad estaban allí, en las sombras para encargarse de cualquier incidente. Aunque habían llegado un poco tarde.
-Estoy bien, gracias- les explicó amablemente.- Me asuste por nada.
Dos de ellos se miraron entre sí, mientras el tercero se agachaba para ayudar al borracho a ponerse de pie.
-Tendrá que acompañarnos fuera, señora- dijo uno de ellos señalando la salida.
¡Uff! ¡Menos mal!, pensó Orihime, ¡estaba deseando salir de ahí sin que nadie más tratara de molestarla!
Pero cuando asintió, los dos guardias la flaquearon, y uno de ellos dejo caer una mano muy pesada sobre su hombro, el apretón fue casi doloroso. Trato de quejarse pero se había quedado sin voz, mientras era guiada, empujada, fuera del club.
En el hall de entrada, junto al guarda ropa y la salida Orihime noto que estaba siendo llevada hacía la parte trasera.
-¡Esperad!- les gritó un poco asustada tratando de liberarse clavando los talones en el suelo.- ¡¿A dónde me están llevando?!
-No se permiten los altercados entre los clientes- dijo uno de los dos musculitos.
¡¿Altercados?! , chilló una voz desconocida en su cabeza.
-¡Pero si solo me he defendido!
-Has atacado a uno de los clientes- respondió el otro hombre.
-No se permiten los altercados entre los clientes- repitió el otro como un robot.
Todas las alarmas de su mente se encendieron al mismo tiempo, chillonas, insistentes, aterrorizadas, mientras era arrastrada hacía la oscuridad del pasillo por dos gorilas lobotomizados. Todo lo que pudo hacer fue chillar pidiendo ayuda.
¡Iba a morir! ¡Iban a matarla solo por hacerle una llave de nada a un padre de familia! ¡Oh señor! ¡¿Y si no era solo un oficinista borracho sino un importante político? !¡¿Y si de él dependía la paz mundial o la seguridad de todos los océanos del mundo?! ¡Por su culpa iban a morir todas las ballenas del mundo?! ¡¿Qué es lo que había hecho?!
¡Pero ella no lo sabia!, trató de explicarles a los guardias , ¡era completamente inocente!
-¡Lo siento tanto por las ballenas y los delfines! ¡Sobretodo por los delfines! ¡Pero no merezco morir!- lloró desesperada.
No la escuchaban, seguían empujándola hacía la oscuridad.
-¡¿Qué está pasando aquí?!- tronó una voz autoritaria por encima incluso de sus angustiosos llantos.
Alguien acababa de salir de uno de los reservados y les bloqueaba el paso. Orihime apenas podía distinguir una figura alargada entre las lagrimas. Los gorilas se detuvieron de golpe.
-Una alborotadora.
-No se permiten altercados entre los clientes.
-¡Yo solo me he defendido!- trató de explicarse desesperada- ¡No sabia que fuese un dignatario extranjero que hubiese venido a Japón para detener la matanza de delfines! ¡Me gustan los delfines!
Se hizo el silencio. Sollozó aliviada. ¡Por fin la estaban escuchando!
-¡¿De qué demonios está hablando?!- rugió la figura borrosa.
Los gorilas negaron con la cabeza.
-Creo que está loca- resumió el único que sabia hablar.
-¡Dejadla en paz!- la figura borrosa estaba empezando a tomar forma, la de un hombre joven y extremadamente delgado.
-Pero señor , nosotros tenemos que...
-¡He dicho que la soltéis!- tenía una de esas voces que podían alzarse peligrosas sin necesidad de gritar.
Los gorilas se apresuraron a obedecer. Con tal brusquedad que la hicieron caer de rodillas. ¡Iba a vivir!
-Largaos a hacer vuestro trabajo. Yo me encargo de ella.
Los dos guardias de seguridad se cuadraron e hicieron una reverencia de 90º antes de dar media vuelta y desaparecer.
¡Menuda reverencia!, pensó por pura deformación profesional, ¡Ojala ella pudiera enseñar a las doncellas más jóvenes en su servicio a hacer eso! Las chicas de hoy en día eran tan descuidadas.
Su salvador tiro de ella poniéndola bruscamente en pie. Lo que la hizo volver a la realidad. Hipó mientras se limpiaba las lágrimas.
-Muchas gracias- se inclinó repitiendo una reverencia formal.- Me ha salvado la vida.
El hombre no se molestó en contestar pero tampoco aparto la mirada de ella, lo que la hizo volver a sentirse incomoda. Quería huir, pero puesto que él acababa de salvarla, creyó que sería una absoluta descortesía de su parte y permaneció frente a él esperando una orden.
No fue difícil, llevaba toda su vida manteniéndose en pie, con la espalda recta y las manos recogidas en el regazo, esperando órdenes. Lo verdaderamente difícil fue soportar la mirada, la forma en la que él la estaba mirando era como agujas al rojo vivo que le perforaban la piel. Así que, finalmente, decidió que ya había esperado demasiado y repitió la reverencia formal a modo de agradecimiento.
-De nuevo, le doy las gracias, pero debo marcharme- se despidió sintiéndose realmente incomoda.
Estaba dando media vuelta cuando el hombre se abalanzó sobre ella cogiéndola por la muñeca.
-¡Espera!- exclamó mientras la arrastraba hacia él.- ¡¿Qué demonios está haciendo el ama de llaves de Kurosaki en un lugar como este?!
¡¿Cómo era el dicho?! ¿Saltar de la hoya para caer al fuego? ¿De la sarten? ¿Algo acerca de un mango? ¿O un grajo y un cuervo?
¡Como fuera! Orihime sintió que había esquivado un peligro para caer de lleno en otro peor.
-¡Habla!- exigió el hombre con voz fría apretando con fuerza su muñeca.
-Yo... yo... - tartamudeó, pero por su honor, ella no podía decirle nada a aquel hombre, ni siquiera aunque le hubiese salvado la vida.
-¿Esta aquí Kurosaki? ¿Te ha traído él aquí? ¿A esto es a lo que os gusta jugar?
¡¿Por qué estaba comportándose así?! ¡No sabía a lo que se refería!
¡No quería saberlo!
-¡ISHIDA!
La voz de Rukia corto el aire como una espada, como un arma arrojada con una furia infinita.
-¡Suelta a mi amiga! ¡ Ahora mismo!
La mujer estaba en mitad del pasillo, desafiante, como una heroína en mitad de una entrada melodramática. La amenaza era más intensa en sus ojos de lo que había sido en sus palabras.
Orihime parpadeó maravillada ante la aparición de su salvadora... ¡La había llamado amiga!
-Kurosaki Rukia- saludó Ishida Uryuu con voz fría pero sin llegar a soltarle la muñeca.
Rukia avanzó directa hacía ellos.
-¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo este idiota?- le preguntó.
Orihime dudó: él le había salvado de los gorilas.
-¡Oh!¡No!- al final la gratitud gano al miedo. -En realidad me ha ayudado.
Rukia alzó una ceja mirando la muñeca que Ishida todavía sujetaba contra sí y luego dirigió una mirada de advertencia a este.
Por instinto, Uryuu, la soltó. Kurosaki Rukia no era precisamente famosa por tomarse las cosas pacíficamente.
- Orihime, vuelve al coche, por favor. Tengo que hablar con Ishida- le pidió Rukia extendiéndole las llaves del ferrari.
-¡Pero Ishida-san no me ha hecho nada!- repitió nerviosa, ¡era su deber mediar por la paz!
Rukia no vaciló, no tenía la necesidad de preguntarle a Ishida si aquello era cierto o no, el capullo era un caballero del tipo que corre a ayudar a las doncellas en apuros. Esa era su principal debilidad. Si Orihime había estado en algún tipo de situación el muy gilipollas habría corrido en su auxilio.
-De acuerdo- aceptó Rukia tratando de tranquilizar a Orihime.- Te creo. No voy a hacerle nada. Ahora vuelve al coche y enciérrate dentro.
Finalmente, Orihime aceptó las llaves y se marcho sin decir palabra.
- ¿Por qué alguien traería a una amiga a esta clase de sitio?- preguntó Ishida en cuanto se quedaron solos.
-Eso no es de tu incumbencia- le contestó con la mayor dureza que pudo.- Y como vuelvas a poner una mano encima de ella, te la cortare.
Ishida tuvo que sonreír ante la amenaza.
-¿Sabe tu marido que estás aquí?
-No lo creo, pero si gustas podrás explicárselo tu mismo.
-¿De qué estás hablando?- se alarmó aunque trato de mostrarse frio.
Rukia le dedico una mueca.
-Nos están atacando. ¡A todos nosotros! Quizá sea hora de hablar de ello.
Ishida se tensó furioso.
-¡Si descubro que habéis tenido algo que ver...!
-¡Trágate tus amenazas!- lo interrumpió.- Esta noche voy a enviar banderas blancas. Así que piensa con cuidado en lo que está pasando y en quien puedes confiar.
Pero Ishida lo sabía muy bien.
-Hace solo dos meses, estábamos en guerra. ¡No confío en vosotros!
-¡No te equivoques! Era tu padre quien estaba en guerra contra el clan Shinigami, tu te mantuviste al margen hasta casi el final. Y en cuanto a mi, hace dos meses pertenecía a un clan que era aliado de tu padre. Las cosas han cambiado mucho en poco tiempo. Si quieres sobrevivir tendrás que adaptarte a ello.
¡Nos vemos esta noche!
Uryuu tuvo que tragarse la bilis que aquella mujer acababa de provocar. ¡Así que eso era lo que hacía Ichigo con su esposa! ¡La convertía en su aliada!
¡Maldito bastardo! ¡Esa mujer iba a comérselos vivos!
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...ooo...
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-Orihime- la llamó Rukia una vez hubo subido al coche con ella.
-¿Si?- preguntó esta sonriente.
Rukia enrojeció suavemente y desvió la mirada.
-Lo siento. No debería haberte traído a un lugar como este.
Orihime pareció confusa.
-¿Por qué ? ¡No ha pasado nada! ¡Además somos amigas, ¿verdad?! ¡Las amigas van juntas a todos los sitios!
"Amigas"
Rukia dudó. Ella no tenía amigas. Nunca había tenido una, tenía subordinadas , mujeres de confianza, pero ¿amigas? Ni siquiera estaba segura de poder considerar a Yachiru como tal.
¿Cómo sería tener una verdadera amiga? Alguien a la que no dar órdenes, ni manipular. Alguien en quien confiar.
Pero ese era un sueño para otro día.
...ooo...
Rukia todavía no había puedo un pie fuera del ferrari, al llegar a la mansión Kurosaki, cuando Yuzu se le lanzó a cuello sollozando como una histérica. Algo sobre que era inmensamente feliz de comprobar de que seguía viva.
¡Vaya con el idiota de Ichigo!, pesó irritada, ¿a eso se dedicaba? ¿A aterroriza a sus hermanas cuando ella no estaba en casa!? ¡Bastardo!
Pero no pudo seguir adelante con su reflexión porque Yuzu había desviado sus sollozos hacía Orihime.
La casa era un caos.
Nadie se había acordado de llevarle a Hirako sus dulces de mediodía, y este había mandado a Love a la cocina a buscarlos, quien se había puesto a coquetear con la cocinera y la comida no había estado hecha a la hora, lo que había provocado un pequeño motín de proporciones bíblicas en la sala del comedor de servicio, que había acabado con la destrucción de todos los muebles y tres heridos de bala, ¡Ichigo había tenido que poner orden personalmente!. Por otra parte, Urahara que estaba débil por la falta de sangre se había desmayado al no tomar suficientes líquidos y Hiyori había tratado de ayudarlo dándole sake, lo que había sido una muy mala idea, y ahora la mitad del jardín trasero había sido arrasado...
Rukia miró su reloj, ignorando la lista de catástrofes que seguía y seguía, solo habían hecho falta 4 horas sin Orihime para que la casa se convirtiera en una zona de guerra. ¡Que conocimiento más útil!
Tanto Orihme como Yuzu se despidieron hacía la cocina para poner orden.
Y ella pudo sonreír divertida por primera vez en días. Una autentica bocanada de aire fresco en el preludio de una guerra.
Volvió a la realidad con un cabezazo. Tenía que hablar con Ichigo.
Kon la intercepto antes.
-¡One-chan!- gritó el adolescente lanzándose al cuello, en un abrazo desesperado. -¡Gracias a Dios que estás bien!
-¡Kon! ¡Me estás asfixiando! ¡¿Se puede saber qué te pasa?!
Tuvo que utilizar toda su fuerza para quitarse al mocoso de encima. Apenas si pudo reconocer su cara. Tenía la nariz rota .
-¡¿Qué demonios te ha pasado?!- le gritó horrorizada.
Kon, como el adolescente que era, sollozo todavía más fuerte.
...ooo...
Rukia encontró a su marido en su despacho, mirando la pantalla de su ordenador como quien mira a su peor enemigo. No era la primera vez que notaba que el clan Shinigami al completo parecía tener ciertos problemas con la tecnología, sin ir más lejos acababa de ver a Hirako hacer mapas de posición a mano en el comedor en lugar de utilizar una app.
-¿Qué es lo que has estado haciendo tanto rato fuera con mi jefa de servicio? No me han servido el té a su hora.
-Tu no tomas té.
-¡Precisamente!- exclamó sin levantar la vista.
-¿A caso importa donde haya estado?
Ichigo alzó finalmente la vista y la clavo en ella. Pareció evaluar algo en silencio.
-No realmente- le dijo con voz grave.- Solo importa que ahora estás aquí.
Rukia se quedo completamente en blanco y necesito apoyarse en una de las sillas, disimuladamente, porque habían empezado a temblarle las piernas.
¡Mierda!
¡¿Qué se supone que le pasaba?!
Tenía que centrarse.
-Dime, Ichigo. ¿Alguna vez te he contado porque traje a Kon conmigo a tu clan?
Él hizo una mueca de puro desdén. Y a Rukia se le pasaron los temblores.
-Eso es algo que lleva un tiempo molestándome. ¿Por qué lo aguanto?- preguntó él en voz alta.
Ichigo notó claramente como ella trataba de no rechinar los dientes y se esforzaba por dedicarle una sonrisa cínica en su lugar.
-Verás...- empezó ella apoyándose en el respaldo de la silla con las dos manos.
Apretó tanto el tejido de cuero que sus uñas lo perforaron, fuera lo que fuese lo que quería contarle estaba furiosa
- Hace diez años, cuando solo era una adolescente viví en la calle por un tiempo.
¡¿Qué?! Se puso alerta por puro instinto.
-¡Tu no eres el primer hombre que trata de decirme lo que tengo que hacer!- lo interrumpió ella como si pudiese leer sus pensamientos.
¡Maldito Byakuya!, maldijo instintivamente. Rukia le sonrió burlona.
-Estaba tratando de controlarme- continuó, como quien comenta el tiempo.- No recuerdo exactamente cuál era el punto, pero sé que no podía soportarlo más. La vigilancia constante, los intentos de autoridad... Así que me escape.
Se escapó.
Ichigo trato de no sentirse tan decepcionado como lo hizo. Quería pensar que ella no era de las que huían de sus problemas como una adolescente prototipo. Rukia no se parecía a ninguna otra y no podía soportar la idea de que hubiese actuado como una estúpida niñata engreída.
- No era la primera vez que vivía en la calle- siguió ella ignorándolo por completo.- Ya lo había hecho antes, cuando solo era una niña. Cuando mi hermana murió y Byakuya se quedo con todo... No me lo tome demasiado bien y, desde luego, él no me gustaba especialmente.
Ichigo hizo un esfuerzo sobrehumano para permanecer callado, estaba empezando a hervir de furia. Cuando su hermana murió ella solo era una niña. ¡¿Había vivido en la calle con 9 años?!
-Es bastante sencillo vivir en la calle cuando eres una niña, robas: sobrevives; pero... la gente quiere otras cosas de ti cuando eres una adolescente...
No pudo contenerse más, se puso en pie dando un puñetazo sobre la mesa.
-¡Callá! - ordenó ella sin amedrentarse.-¡Estoy hablando!
Si, comprendió, estaba hablando, estaba tratando de contarle algo, se tragó la bilis y se volvió a sentar. Rukia lo miro desde arriba con desdén, como una profesora autoritaria.
-Como te decía, había vuelto a vivir en la calle, a dormir a la intemperie, a escapar de la policía, a robar pequeñas cosas para vender, comida en los supermercados, carteras, relojes, y … otras cosas. Un día descubrí en la cartera de un pobre pringado al que acababa de robar la nota de su amante. Pensé: ¿que pasaría si su mujer se enteraba? Conocía a los hombres de su tipo, pasan por delante de los vagabundos y de los niños sin mirarlos, cargados con sus maletines de miles de dolares y sus trajes caros, cargados de dinero, egoístas e idiotas. Los despreciaba. Así que lo chantajee- sonrió satisfecha, como un gato que se relame ante un plato de leche.- ¡El imbécil estaba dispuesto a pagar lo que fuera para que su mujer no se enterara! Fue cuando comprendí que se podía ganar mucho dinero con los secretos ajenos y que la información es un arma tan poderosa como una pistola.
¿Adolescente prototipo? Ella nunca. Ichigo no pudo hacer nada con la oleada de orgullo que lo embargo.
-Así que empecé a trabajar en ello. Cree toda una pequeña red de información reclutando a casi todos los vagabundos de la ciudad que todavía no estaban comprados... Es curioso lo poco que la gente acomodada nota a los vagabundos a su alrededor.
La gente era estúpida.
- Por un largo tiempo todos ellos fueron como una familia para mi... Y entonces uno de ellos desapareció.
-Los vagabundos desaparecen constantemente- no pudo callarse Ichigo, le desesperaba no saber de qué le estaba hablando ella, le molestaba imaginarla viviendo en la calle, sucia y hambrienta, ¡lo estaba sacando de quicio!
-No los míos- le cortó ella. - Alguien lo había hecho desaparecer. ¡Y no fue el único! Dos días después desaparecieron tres más en la misma noche. No era normal, no era lógico, algo ahí fuera estaba cazándolos. Decidí que era mi obligación intervenir. Seguí un rastro que no llevaba a ninguna parte así que opté por el camino más rápido.
-Hiciste de cebo.
-Deje que me secuestraran - confirmó ella con un preocupante deje de orgullo en la voz.- ¿Sabes a donde me llevaron?
Ichigo tomo aire.
-Puesto que todo esto tienen algo que ver con el mocoso, voy a jugármela y decir que uno de los laboratorio del clan Quincy.
-Los muy hijos de puta estaban traficando con órganos humanos.- escupió.
Se tenso inconscientemente. Esa era un practica no permitida en su territorio, prohibida desde los tiempos de su abuelo. El clan Shinigami no traficaba con seres humanos. ¡Nunca!
-Hijos de puta- resumió tragándose un nuevo acceso de rabia.
Cuando solo era un niño su padre había desarticulado un grupo que se dedicaba a la trata de seres humanos. Lo había llevado con él en una de sus particulares redadas. Un quirófano clandestino, un matadero de paredes oscuras y plásticos nauseabundos. Los recuerdos todavía le generaban arcadas.
De repente se encontró pensando que no había matado a suficientes miembros del clan Quincy en la última guerra.
-Nunca había visto algo tan brutal...- de repente Rukia parecía abstraída.- Todavía puedo recordar el olor...
Si. Ichigo también lo hacía, a veces el recuerdo lo asaltaba de improvisto como una pesadilla recurrente.
Ella sacudió la cabeza, librándose de las emociones, dispuesta a contar su historia para demostrar cualquiera que fuese su punto.
-No solo estaban traficando con órganos. También estaban experimentando nuevas formas de trasplantes, y los vagabundos eran las victimas perfectas, nadie nota su ausencia, nadie denunciaba su desaparición...
Me metieron en una jaula... una de esas jaulas para animales, pequeñas y cuadradas, tenia que mantenerme encogida sin poder sentarme ni tumbarme, era una tortura. Junto a mi, en el mismo almacén había al menos cinco personas, también encerradas en las mismas jaulas, ninguno de ellos era uno de los míos. En la más cercana había un niño, tan delgado que de él solo quedaban los huesos, le pregunte su nombre, pero no lo recordaba. Me dijo que llevaba demasiado tiempo en aquel infierno, que le pinchaban todos los días un líquido azul y que le sacaban sangre hasta que perdía la conciencia y se despertaba de nuevo en la jaula. Estaban experimentando con él, e iban a hacerlo con todos nosotros a no ser que primero nos vaciaran como a una piñata.
Vinieron primero a por el niño, eran tres hombres vestidos con trajes de quirófano y mascarillas, lo sacaron de su jaula sin que este tuviese fuerza para resistirse. Les grite, les insulte hasta que finalmente vinieron a por mi... Me ataron a una camilla junto a la del niño, tuvieron que sujetarme con correas para inmovilizarme antes de ponerme un gotero. No sé que era esa cosa, pero inmediatamente empecé a sentirme somnolienta...
Buscó la mirada de Ichigo sin parpadear.
-Nunca antes he estado tan asustada como en ese momento, ni siquiera cuando creía que ibas a matarme. Estaba indefensa, débil, a merced de tres psicópatas cuyas batas estaban manchadas de sangre humana. ¿Puedes imaginarte lo que es eso?
No, no podía. Tubo que apretar los dientes con fuerza para no gritarle que ella misma había provocado esa situación. ¡Que se había dejado atrapar solo por ayudar a un puñado de vagabundos!
-Recuerdo que el pequeño niño estaba justo junto a mi, tan débil y pálido que ni siquiera se habían molestado en atarlo, ni en sedarlo. Suplique su ayuda con una mirada...Pero, ¿qué iba a poder hacer esa pequeña cosa contra a esos tres bastardos?
Cada vez me costaba más esfuerzo mantenerme consciente pero aquel niño cada vez parecía estar más despierto... Espero hasta que los tres estuvieron ocupados con diferentes cosas, a que ninguno nos estuviese mirando. Y entonces de un solo movimiento se arrancó los goteros y saltó fuera de su camilla. A penas tuvo tiempo de quitarme el gotero antes de que lo atraparan y lo arrastraran fuera de la habitación. Los muy hijos de puta me dejaron sola en el quirófano. Sin el gotero recupere la conciencia lo suficiente como para volver a pensar por mi misma. Estaba muy débil, tanto que apenas pude liberarme de las correas y cuando por fin conseguí ponerme en pie me derrumbe mareada contra el suelo arrastrando conmigo una mesa llena de material de cirugía. Fue así como encontré el bisturí. Seguro que puedes imaginarte el resto...
Si, lo hacía. Trato de no sonreír, pero fracaso. Rukia tenía carácter y un pulso firme, haría lo que hiciese falta para sobrevivir.
-Ese niño, que me salvo la vida, era Kon- prosiguió ella con voz dura rodeando la mesa hacía él.- Él me ayudo cuando más lo necesitaba, arriesgo su vida por salvar la mía. Y a cambio, yo, lo acogí, lo protegí y lo mantuve a mi lado. ¡Él significa para mi más de lo que tu podrías llegar a imaginar alguna vez!
Y sin previo aviso, le soltó un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas. El golpe hizo que todos los dientes chocaran entre si desgarrándole la parte interna de la mejilla. Duro, contundente y doloroso.
-¡Así que como vuelvas a ponerle una mano encima, te juro, Kurosaki Ichigo que te arrancare los ojos!- le gritó.- ¡¿Te ha quedado lo suficientemente claro?!
Aturdido, se meso el golpe sin mirarla. Eso no lo había visto venir. Su error. Abstraído como estaba no había recordado que siempre había que tener controlada las manos de aquella mujer.
Se puso en pie dispuesto a recordarle un par de reglas básicas. Pero cuando encontró su mirada algo en él se detuvo. Fue la determinación que ella esgrimía en su contra, dura, protectora, decidida, eso era lo que más le gustaba de ella.
Rukia le sostuvo la mirada decidida a pelear contra él con puños y dientes. ¡Ese bastardo no tenía ningún derecho a poner sus manos sobre Kon!
-¡¿Te ha quedado claro?!- volvió a gritarle.
Ichigo dio una gran paso hacía ella hasta que sus cuerpos chocaron entre si.
-Cristalino- siseó él con algo indefinido en la mirada.
La corriente que se generó entre ambos era tan fuerte que perdieron de vista por completo si estaban peleando a muerte o haciendo el amor apasionadamente.
Fue así como Kempachi Zaraki se los encontró al entrar. Cuerpo contra cuerpo mirándose a los ojos como dos enemigos acérrimos que no saben si estrangularse o desnudarse el uno al otro. Soltó una carcajada.
-Debería haber tardado cinco minutos más. Seguro que habría encontrado algo interesante.
Ambos giraron toda aquella tensión demoledora hacía él, lo miraron como un enemigo al que hay que exterminar. Les sonrió burlón en su lugar, ¿querían pelea? ¡Oh! Él siempre estaba dispuesto a un buen enfrentamiento.
De los dos, Ichigo, fue el primero en reaccionar, se colocó delante de Rukia, territorial hasta el final, valoró Zaraki.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí?- exigió.
El comisario de policía bufó despreocupado mientras entraba por completo en el despacho.
Urahara entró como un relámpago tras él, con la mano vendada contra el pecho y su sonrisa burlona exactamente donde siempre.
-¡Se me ha colado!- reconoció abiertamente señalando al inmenso hombre con la mano sana.- ¡Rukia-san! Me alegra ver que sigue entera. ¡Yo no puedo decir lo mismo!
Rukia no supo muy bien que decir. Orihime le había contado acerca de Hiyori y yubitsume, no sabía si sentirse culpable o impresionada. Pero de alguna manera ganaba la última. No muchos hombres pondrían en peligro su vida y su honor por sus hijas.
Sin esperar ninguna respuesta Urahara se marchó agitando la mano herida.
Rukia esquivó a Ichigo para poder colocarse a su altura.
No le gustaba Kempachi Zaraki, principalmente porque Yachiru lo idolatraba, era un competidor, y para colmo uno al lado de la ley. Nunca se sabía cuando un poli corrupto iba a hacer lo correcto.
Zaraki con su impresionante altura y su estrafalario peinado era una presencia difícil de pasar inadvertida, parecía ocupar todo el espacio físico de la habitación. Se dejó caer en uno de los sofás , como si fuera el dueño absoluto del despacho y les lanzo una mirada burlona. Rukia escuchó claramente como Ichigo rechinaba los dientes.
-¡Nadie te ha invitado a mi casa! ¡Largate!
La inmensa mayoría de las personas habrían salido corriendo, no por las palabras en si sino por la forma de formularlas, como un demonio que te da una única oportunidad de correr antes de arrancarte el corazón. Kempachi no era uno de ellos.
-Tenemos negocios que atender- replicó con un gruñido de amenaza.-Dos de mis hombres han desaparecido en tu territorio. Quiero una explicación.
Ichigo se relajó mientras caminaba hacía él.
-¿De qué estás hablando?
-Ikkaku y Yumichika, estaban en tu territorio investigando el ataque a uno de tus jefes de zona. Han desaparecido.
-Pero, ¿qué mierda...- se interrumpió Ichigo llevándose una mano a la cabeza- ¿Desde cuándo es mi responsabilidad hacer de niñera de tus hombres?
-Desde que tenemos un acuerdo de no agresión- silbó Zaraki como una serpiente enseñándole los colmillos.
Ambos se lanzaron una mirada asesina carente de toda simpatía. ¿Tratado de no agresión? Ambos estarían encantados de mandarlo al infierno y molerle todos los huesos del cuerpo al otro
- ¡Además! - añadió Kempachi cambiando súbitamente el tono.- Yachiru estaba histérica diciendo algo sobre que podías haber matado a tu mujer y no está siendo nada útil en su trabajo... Quería que viniese a patearte el culo y rescatar a "Kia-chan". Pero por lo que veo "su Kia-chan", puede defender su cuello ella sólita...
Le envió una sonrisa torcida a Rukia mientras se arañaba la mejilla izquierda, justo donde a Ichigo le estaba empezando a salir un moratón.
Ichigo dio un paso hacía él dispuesto a mandar su tratado de no agresión al infierno. El comisario actuó de manera similar poniéndose en pie de golpe.
Rukia considero que era su deber evitar el desastre.
-¿Qué te hace pensar que esos idiotas han desparecido en nuestro territorio?- le preguntó interponiéndose entre ambos.- El rastro de los niños que atacaron a Keigo los llevaba hasta el clan Quincy y de ahí al clan Arrancar. ¿Por qué no vas a buscar explicaciones donde Ishida o Aizen?
Kempachi chasqueo la lengua y desvió la mirada hacía ella.
-No busco explicaciones, niña. Estoy repartiendo advertencias. Seguro de que tu marido lo entiende aunque tu mentalidad femenina te lo impida...
Esta vez fue Ichigo quien tuvo que retener a Rukia, sujetándola de un hombro.
-¿Tienes algo más que decir?- le escupió este.
Kempachi le respondió dándole la espalda y caminado hacía la puerta, pero antes de salir por ella giro a mirarlos.
-¡Oh! Lo olvidaba. La próxima vez que montéis una escena en un lugar público espero que os encarguéis vosotros mismos de callar a los testigos. Las denuncias por agresión son un jodido grano en el culo. Y me acabo de subir mis honorarios un 10%. ¡Encontrad a mis hombres!
...OOO...
-Te juro que si no fuese contra el sentido común me cargaría a ese hijo de puta- gruñó Ichigo en cuanto la puerta del despacho se cerró tras Kempachi.
Pero había algo más que ira en sus palabras, Rukia podía notar cierto tono burlón en el insulto. Sus duelos con Zaraki lo divertían tanto como lo cabreaban.
-¿Cómo han podido desaparecer esos dos idiotas en mitad de tu territorio?- preguntó, no muy dispuesta a analizar las relaciones enfermizas de su marido, con la que mantenía con ella, tenia más que suficiente.
Ichigo hizo un gesto desagradable.
-¡Como si no tuviese ya los suficientes problemas! ¡¿Ahora tengo que hacer de niñera de dos gilipollas?! Se lo encargare a Tatsuki, sigue investigando el asunto del idiota de Keigo.
Más serena Rukia se sentó sobre el escritorio. Ichigo le lanzo una mirada apreciativa.
-Cariño por mucho que me gustaría jugar contigo, ahora mismo, no tengo tiempo...- le ronroneo.
Irritada ella le lanzó la grapadora a la cabeza.
-¡Tenemos que hablar!
-¿Aún más?
Esta vez lo que voló hacía él fue el bote de los lapices. Y no fallo.
-He citado a Ishida esta noche.
De todas las cosas improbables que su mujer le había dicho, aquella era la más sorprendente.
-¡¿Qué?!
-Me lo encontré en la Muñeca de Porcela acosando a Orihime.
Vale, ¡aquella era la más sorprendente!
-¡¿Qué demonios estabais haciendo allí?!
-¡¿Eso te parece importante ahora mismo?!- se irritó ella poniendo los ojos en blanco. - Estamos apunto de una guerra. Nos están atacando, a todos nosotros. Creo que antes de que caigamos en el error de convertirnos en marionetas, deberíamos sentarnos y hablar de lo que está pasando. Voy a enviar banderas blancas.
Ichigo considero que estaba completamente loca.
-No voy a sentarme a tomar té con Ishida mientras mis hombres están siendo atacados allí fuera- rugió.
-Precisamente por ello. Aizen nos está acorralando, separándonos. Y si seguimos así nos destrozara. Esta mañana me has considerado tu aliada. Si de verdad quieres mi ayuda. No solo te sentaras esta noche con Ishida, sino que lo harás con el resto de las grandes familias.
Ichigo inspiró hondo, luchando entre la emoción y el sentido común. ¡Debería haberla dejado encerrada!
-¡Envía esas malditas banderas!
...OOO...
¡Maldito fuese el Clan Sakura por toda la eternidad!
¡Sakura!
¡Hasta el nombre era ridículo!
Por primera vez en sus 16 años de vida, Hitsugaya Toshiro estaba furioso. Había estado molesto con anterioridad, ¿irritado? constantemente. Pero nunca, jamás, ¡había estado tan furioso!
Pasaba un año fuera, estudiando en el extranjero, ¡¿y qué pasaba?!
¡Momo se casaba!
Y por si eso no fuera lo suficientemente malo, ¡se había casado con un yakuza!
-¡Malditos seáis!- maldijo en dirección al odioso guardia de seguridad de la mansión Kuchiki, quien le había negado el acceso por tercera vez aquel día.
"La señora no está en casa", siempre la misma respuesta.
¡¿Y se tenía él que creer aquello?! ¡¿Por quién lo estaban tomando?!
Sabía que Momo estaba ahí dentro, en algún lugar de aquella fortificación antihacker, ¡y le estaba volviendo loco que no le dejaran verla!
Ella era su mejor amiga desde que tenía memoria, se habían criado juntos, casi como hermanos. El padre de Momo lo acogió en su casa cuando la madre de Toshiro murió.
Momo era la persona más importante de su vida, quien lo había animado a salir a estudiar a EEUU, cuando gano aquella beca para genios. Quien le escribía larguísimas cartas de aliento… ¡ Ella era la otra mitad de sí mismo!
¡Y le estaba destrozando no poder verla! ¡Saber que ella estaba allí, recluida como una prisionera!
¿Cómo podía haberle pasado aquello a Momo? ¿Cómo podía su padre haberla vendido por un acuerdo de negocios?!
¡No era justo!
Esta vez era su turno para cuidar de ella.
¡Tenía que rescatarla!
Y por eso estaba allí, sentado en mitad de la cera justo enfrente de las rejas de la mansión Kuchicki, esperando su oportunidad. Con su ordenador en el regazo, tratando de hackear las cámara de seguridad sin ningún resultado.
¡Estaba empezando a volverse loco!
Alguien lo empujo de una patada.
-¡Quítate de en medio mocoso!
Su agresora era una mujer joven en sus veinte de pequeño tamaño y pelo moreno corto, vestida con un kimono de color violeta que resaltaba sus ojos y un obi de color blanco. Una dama con el lenguaje de un gamberro.
Toda la ira que estaba acumulando se desbordo.
-¡QUÍTATE TU DEL MIO! ¡ESTÚPIDA! ¿¡Quién te crees que eres para tratarme así?! ¡esta acera es un maldito lugar público! ¡Puedo permanecer aquí todo el tiempo que me de la gana! ¡¿ENTIENDES?!
Como respuesta ella le arreo otra patada, esta vez en la espinilla, y con una mirada de desprecio siguió andando.
Él se dobló de dolor y cansancio.
-¡Maldita sea! – lloriqueo frustrado.
La chica paró en seco y se volvió a mirarlo con una ceja alzada.
-Ya sé que está es una "maldita acera pública", pero si sigues mucho tiempo ahí acabaras por cabrear a los dueños de esa casa.
Hitsugaya considero que llamar "casa" a la mansión Kuchciki era pretencioso.
-¡Qué salgan y me echen!- estalló.- ¡Todo lo que pueden hacer es seguir repitiendo: "La señora no está en casa"! ¡Cómo si yo fuera un imbécil!
Ella se volvió completamente hacía él y lanzo una mirada suspicaz. Pero una vez que él había estallado no podía parar.
-¡Hace una semana que ella no sale a la calle! ¡He hackeado sus cámaras de seguridad exteriores! ¡He visto los videos! ¡Segundo a segundo! ¡Y llevo tres días aquí! ¡No ha salido de la mansión! ¡¿Por qué no puedo verla?! ¡¿Por qué me mienten?!
La mujer frente a él miro el portátil tirado en el suelo y luego lo miró a él, no con una sonrisa comprensiva o compasiva que habría terminado por volverlo loco, sino con malicia. Una sonrisa tan fuera de lugar que un escalofrió le recorrió toda la espalda dejándolo mudo.
-Has hackeado las cámaras de seguridad de la mansión, solo con ese portátil.
No era una pregunta pero aun así Hitsugaya asintió compungido.
-¡Que impresionante!- susurró ella.
-No… no es para tanto- tartamudeo.
No para él, al menos. Tenia 16 años y acababa de gradarse en el MIT.
-La señora… - continuo ella- La señora de la que hablas, la señora de esa casa… ¿Sabes con que tipo de hombre se ha casado?
-¡La han casado! ¡Y si! Sé que …- baciló- … que es un yakuza.
-¡No! -replicó ella.- El dueño de esa casa no es un simple yakuza. No es un matón cualquiera con demasiados tatuajes. Ese hombre es un kumichou. Un líder con cientos de hombres bajo su mando, con poder económico e influencia política. Si cabreas a un yakuza y este te hace desaparecer, la policía todavía lo encontrara y lo meterá a la cárcel. Si cabreas a un kumichou… ¡bueno! Digamos que será la policía quien se deshaga de tu cadáver. ¿Entiendes?
Hitsugaya tragó saliva impresionado. Pero toda esa dramática conversación solo reafirmo su determinación.
-¡Lo entiendo perfectamente! ¡Por eso tengo que sacarla de ahí! ¡Momo no pertenece a ese infierno!
Por un segundo la mujer pareció impresionada.
-Así que pese a todo quieres sacar a Momo de esa casa…- murmuró ella.
-¡SI! ¡Es mi mejor amiga!
Y allí estaba de nuevo, esa sonrisa maliciosa que le provocaba escalofríos. ¡¿Quién era aquella mujer?!
-¡Muy bien!- exclamó alegremente- Entonces solo deberías entrar y hablar con tu amiga.
-¡¿Cómo voy a hacer eso?!- se irritó.
¡¿Es que estaba loca?!
-Si yo te ayudara a entrar, ¿crees que me deberías un favor?
Hitsugaya la evaluó de nuevo. Había llegado andando hasta allí con aquel kimono elegante y esas diminutas e incomodas zapatillas, por lo que supuso debía vivir cerca y en aquel barrio las casas hablaban de un nivel de vida muy alto. Resumiendo, no era más que una jovencita rica y melodramática que se dirigía a casa de una vecina para tomar el té. ¡¿Cómo iba a ayudarle esa mujer a entrar en la casa de un líder yakuza?! ¡Debía estar loca!
-Si consigues que entre, por supuesto- gruñó molesto por estar perdiendo en tiempo.
La mujer soltó una agradable y feliz carcajada, antes de dirigirse directamente hacía la puerta de la mansión.
¡Como si la fueran a dejar entrar! ¡Que ridícula!
La chica rica inclino la cabeza cortésmente hacía el guarda de seguridad, y de repente, las verjas metálicas, que protegían la entrada al terreno de la mansión, se abrieron automáticamente frente a ella. Esta dio unos pocos y cortos pasos dentro de la casa de un kumichou antes de volverse despreocupadamente hacía él.
-¿No vienes?
Y todo lo que Hitsugaya Toshiro pudo hacer fue cerrar la boca de golpe y echar a correr tras Kurosaki Rukia.
NOTA DE LA AUTORA:
He decidido parar aquí y publicar este capítulo, como una especie de ofrenda de paz para la gente que lleva años esperando que continúe.
Pido perdón por mis, cada vez mayores, parones.
Me han dicho que Bleach termino, pero yo estoy en proceso de negación absoluta… ¿Por qué será?
Muchas a gracias a todos los que todavía seguís pasándoos por aquí, por los que todavía os atrevéis a leer esto y seguís recordándome que tengo pendiente el final.
¡Muchas gracias!
