EDWRAD POV.

Otro día nuevo que mal, pensé para mi mismo cuando me levante.

Ya había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que veía un rayo de luz, mucho tiempo desde que distinguía la noche del día, mucho tiempo desde que había perdido la esperanza de volver a ver estas cosas, si era cierto que mis oídos y mi olfato se habían intensificado pero eso no me servia de nada, solo para notar mas mi falta de visión.

Mamá aun seguía con esperanza de que ocurriese un milagro, pero yo ya la había perdido, ya ni sabía si valía la pena levantarme de la cama, no tenía una razón para levantarme e intentar tener esperanza, ya apenas y sentía algo importante.

-Hijo hora de desayunar – dijo Esme mi mamá.

-Listo mamá, ya voy.

Mi madre entro a mi cuarto y me ayudo a salir de el, me llevo a la casina y como siempre me dio desayuno, para ese momento debían de será algo como las nueve pues me saco a el jardín.

Desde hacia varios meses ese jardín se volvía mi compañía, mi aliada, lo único que sabia me esperaría al despertar, podía intentar imaginar las cosas que me rodeaban, los pájaros, las flores, los árboles y todo lo que debía de rodearme, todo para mostrarme mas como estaba mi condición.

La puerta se abrió, eso si que era una novedad.

-Edward alguien vino a verte – dijo Ali –Aww – dijo al parecer algo le había pasado.

-¿A mi? – dije a decir verdad algo extrañado.

-Sí, una vieja amiga, ¿puede pasar? – pregunto, ¿una vieja amiga?

-Bien – dije mientras suspiraba.

-Hola – dijo una voz temblorosa que se quebró - ¿Cómo estas Edward?, t...tiempo sin verte.

-Perdón pero… ¿Quién eres?

-Isabella Swan – dijo la voz de la chica, Isabella, mejor dicho Bella, como no iba a recordar a esa persona después de todo ella fue siempre mi amor, siempre mi único amor de la niñez, ella era de ese tipo de personas que nunca olvidaba, o al menos yo nunca olvidaría.

-Hola – dije mientras en mi mente intentaba recordarla físicamente, de seguro que había cambiado mucho en todos estos años, pero aun tenia un recuerdo muy claro de ella cuando era pequeña, con su cabello café oscuro un poco mas largo que los hombros, sus ojos cafés oscuros y su hermosa sonrisa además de sus cachetes cuando se sonrojaba, pero era muy pequeña en ese entonces de seguro que había cambiado mucho en todos esos años, me gustaría verla, pero eso seria imposible.

-¿Como estas? – pregunto, note en su tono de voz que estaba un poco apenada, de seguro le pasaba lo que al resto de la gente.

BELLA POV.

-¿Como estas? – Pregunte, ¿porque me estaba pasando eso?, es decir sentía como unas ansias por dentro de mi, me estaría volviendo loca, pero me dolía, me dolía mucho verle allí sentado con una cara triste, parecía que le tuviese lastima, pero no yo no podía tenerle lastima, sabia como se sentía que te la tuvieran a ti, te sentías indefenso como si la gente a tu alrededor pensara que no eres capaz de hacer nada productivo por tu cuenta, yo no le podía tener lastima, él no se merecía eso, me acerque a él después de hacerle esa pregunta y me arrodille a su lado – hacia mucho que no hablábamos, muchos años – dije ahora mi tono de voz era mas controlado.

-Estuve mucho tiempo por fuera del país como ya te deben de haber contado Emm y Ali.

-Así es – respire hondo y sin querer toque mi mano con la de él, una pequeña descarga eléctrica me atravesó el cuerpo, sentí como si mi calor corporal sed hubiese concentrado en ese diminuto lugar en que se rozó nuestra piel. Nunca fui buena para poner tema de conversación, era terrible esta situación en la que estaba pues además de ese pequeño problema sentía como si me estuviese faltando el aire desde que vi a Edward, era una situación extraña, ilógica.

-Tu ¿como has estado? – pregunto, suspire de alivio.

-Pues no me puedo quejar.

Él rió, tal vez por mi tono o de pronto por la forma que lo dije pero eso no importaba, esa era la risa mas hermosa de este universo.

-Hueles bien ¿sabes? – dijo, sentí como mi corazón paraba por unos instantes y después arrancaba de nuevo aun mas rápido que antes.

-¿Si?, gracias. – dije algo apenada, sentí como mis cachetes se volvían muy, muy calientes y enseguida supe que estaba sonrojada.