En mi lecho de muerte: Diario de un amor imposible.
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Disclaimer: Naruto no me pertenece, le pertenece a su creador Masashi Kishimoto.
Advertencia: Posible OoC, What If?
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Capítulo 1: Primer encuentro.
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En mi lecho de muerte: 27 de diciembre.
«Uno, dos, tres y cuatro»
Entre el sol y las ramas de los árboles distinguí las sombras de ninjas enemigos rodeándome.
Cuatro ninjas, para ser más preciso.
Gracias al emblema que llevaban en sus ropas supe de inmediato que eran miembros del Clan Senju, desde luego ese detalle no me preocupó en lo más mínimo. A pesar de tener trece años en esa época podía pelear con diez enemigos a la vez sin recibir daño alguno.
Es importante mencionar que no solo divisé a esos ninjas, sino que a la vez pude sentir un chakra muy misterioso y diferente emanar desde la zona del bosque. Por un momento no estuve seguro de si se trataba de un enemigo o un aliado, pero mis instintos me advirtieron que aquella energia elemental no pertenecía a un Senju.
La esencia que irradiaba no era la misma, lo cual hizo que me percatara de algo importante: al parecer no era el único al que los shinobis enemigos perseguían.
— ¡Que no escape!
Escuché a unos de los ninjas gritar a lo lejos esa frase, lo cual fue una clara confirmación de que no solo planeaban matarme a mí ese día, sino también a alguien más.
Restandole importancia a ese detalle, mientras que la víctima no perteneciera a los Senju, no me molestaba en lo más mínimo tratar de salvarla.
Esquivé a los agresores y comencé a correr con la intención de llegar hasta el río.
Me escondí entre los arbustos.
Creo que no está demás destacar el hecho de que me sorprendió ver lo que el viento y las hojas llevaron hacia mi destino, o mejor dicho... hacia mi realidad.
No esperaba encontrarme con una niña más o menos de mi edad amarrada y llorando contra el suelo. Estaba siendo forzada y sujetada de los brazos por un Shinobi desconocido, obligada a quedarse en silencio a pesar de las lágrimas que salían de sus ojos verdes.
Era como ver correr el agua de una cascada en pleno páramo de bosque verde y luminoso.
Las emociones que me invadieron al verla indefensa fueron muy fuertes. Mi vida en general se regía por esa clase de sensaciones. He visto la misma escena repetirse a costa de mis enemigos y fallecidos hermanos.
Tal vez fue por impulso o por instinto, no lo supe en ese entonces, pero no pude evitar salir de mi escondite y pelear en contra de quienes querían lastimar a esa niña. Hice notar mi presencia en ese lugar arrojando un kunai hacia la cabeza de un enemigo, aunque no recibió mas que un ligero raspón en su mejilla derecha.
El deseo de protección se apoderó de mi cuerpo, como si estuviera dando la vida por uno de mis hermanos pequeños.
No logré matar a ese Shinobi, ya que muchos más aparecieron de la nada en plan de refuerzo. A pasar de eso pude salvar a la niña de las garras de la muerte. La tomé en mis brazos; tuve el privilegio de sostener el frágil cuerpo de una princesa. La luz del sol iluminó el páramo y me dejó ver su hermoso y refinado rostro aniñado con todo esplendor. Su edad era aproximadamente igual a la mía, no debía de tener más de doce años.
Se sintió mágico el contemplar su mirada fija en la mía.
Nuestras pupilas se cruzaron por un momento. Mis ojos ennegrecidos como la noche se encontraron envueltos en un par de esmeraldas tan verdes como la naturaleza misma. Me hubiese gustado que ese momento durara para siempre.
Pues mala suerte: nada es eterno.
— ¿Te encuentras bien? —Le pregunté aterrizando suavemente en el suelo. Ella bajó su mirada hacia el suelo, asintiendo de forma leve.
—Sí, estoy bien. Gracias por ayudarme, pero yo se cuidarme muy bien sola —Le sonreí con mucha gracia y sinceridad ante esa respuesta.
Su voz sonaba muy suave al hablar; el agradecimiento no tuvo ni una pisca de sarcasmo, y mucho menos de groseria. A decir verdad, se escuchó como si los mismos ángelese estuvieran dirigiéndose a mi persona.
—Pues lamento decirte que te cuidas muy mal la espalda. Esos ninja te tenían como gusano sobre el suelo —Me puse nervioso, así que decidí hablar en broma como para aligerar un poco la tensión y el impacto.
—Y yo lamento decirte que tú eres muy malo a la hora de no distraerse —Ella señaló mi brazo derecho, en donde dejé que por accidente un Kunai se clavara.
Terminé por mirar hacia otro lado con molestia, al comprobar que ella tenía razón. La herida me dolió un poco, pero no tanto como mi orgullo.
—Dame tu brazo —La miré de reojo por un momento. Aun existen dos grandes reglas que los Uchiha debemos cumplir: la primera es nunca dar nuestros apellidos a desconocidos, y la segunda se basa en no confiar en nadie —. Te ayudaré a sanarlo, solo confía en mí.
Rompí con la segunda regla.
La sonrisa de esa hermosa niña me inspiraba ternura, bondad y confianza. En esas épocas de guerra nadie era capaz de ayudarse unos a otros, existía el temor entre todos los shinobi. No obstante, ella se dispuso a regalarme su ayuda sin esperar nada a cambio.
Sin siquiera saber quién era yo.
— ¿Cómo te llamas? —Pregunté. Estaba interesado en saber cuál era su nombre, por si volviamos a encontrarnos.
—Me llamo Mito, provengo del Clan Uzumaki —Me sorprendió que fuera tan directa conmigo. Ni siquiera se le cruzó por la mente que tal vez yo podía ser un enemigo más haciéndose pasar por un salvador —. Sé lo que estás pensando, y créeme... no te tengo miedo. Es por eso que te revelo mi apellido, porque sé que eres una persona en la que puedo confiar. Lo veo en tus ojos y lo siento en el corazón.
Eso me sorprendió aún más. Mito tomó mi brazo y poso sus delicadas manos sobre la herida, haciendo que su chakra emanara de forma dolorosa pero a la vez cálida. Decidí cerrar los ojos por el momento. Una cualidad especial de los Uzumaki es la capacidad de percibir los sentimientos negativos y positivos de las personas.
¿Por qué justamente se decidió a confiar en mí? En ese entonces ella no estaba enterada de que yo pertenecía al Clan Uchiha. De haberselo dicho en el momento lo mas probable es que haya intentado escapar.
Los Uchiha jamás fuimos de confiar. Siempre nos mostrábamos fríos y sin remordimiento a la hora de matar, esa es otra de las horribles y tristes imágenes que la guerra dejó de nosotros a través de los años.
Cuando volví a abrir los ojos nuevamente miré hacia un lado y mi brazo ya estaba curado. Sin duds ella era una excelente maestra en Ninjutsu médico.
—Gracias. Yo también confiare en ti, pero no voy a revelarte mi apellido por ahora —No quería que ella supiera mi identidad tan pronto. Extrañamente, me encantaba tenerla cerca de mí.
Nos sentamos por un momento en el suelo. Observamos a lo lejos el río en donde yacían tres ninjas muertos. Miré a Mito de reojo. Su ceño permaneció fruncido y sus ojos denotaron una amarga tristeza.
Jamás la culpé por eso.
De vez en cuando causa tristeza el tener que matar a otros, pero es el único modo de sobrevivir a los horrores de la guerra. En mi opinión personal, todas las generaciones deben acostumbrarse a la idea de que tarde o temprano la muerte llega sin avisar.
— ¿Puedo hablarte de algo? Sé que apenas nos conocemos, pero estoy segura de que puedo expresarme libremente contigo —Esas palabras me llenaron de una inmensa calidez, algo a lo que hasta hoy en día no estoy acostumbrado. De todos modos asentí y le regalé una sonrisa para darle más confianza. Ella solo me miró de forma seria y continuó —. ¿Tú crees que algún día frenará el mar de sangre que nos trae la guerra?
—No puedo mentirte. La verdad es que no lo se.
— ¿Cuál es tu nombre? Ya te dije el mío ahora quiero saber el tuyo —No vi nada de malo en decirle mi nombre.
—Madara. Mi nombre es Madara —Rogué para que no reconociera mi apellido.
—Pues veras, Madara. Los Senju y los Uchiha son los que traen la desgracia al mundo ninja. No los estoy despreciando y mucho menos lo digo en forma de ofensa, pero es la verdad... a nadie le gusta escuchar la verdad —hizo una breve pausa —. Mi Clan, el Clan Uzumaki, es el que más sufre a causa de la enemistad con el líder del Clan Senju. Aun no tenemos problemas con los Uchiha, pero estoy segura de que es cuestión de tiempo para que entremos en batalla con ellos también. Hay muertes y miedo acechando por donde quiera que mires. Lo peor de todo esto es el dolor que deja la pérdida.
Debo admitir que al comienzo me ofendí por cargar con la acusación de Mito acerca de mi Clan, pero luego la culpa y la empatía comenzaron a invadir mi alma.
— ¿Sabes? Creo que la única forma de que haya entendimiento radica en... —Antes de terminar mi frase fui interrumpido.
—... ver en el interior de los Shinobi. Mostrarnos tal cual somos —Recuerdo que mis ojos se abrieron de par en par al escucharla. No solo nos entendíamos, sino que ella pensaba exactamente como yo —. Es por eso que haré todo lo posible por conocer a fondo los sentimientos humanos. Hay que pensar en los demás y decir que ya no morirá ninguna otra persona. No importa lo que pueda pasarme en el intento, lucharé por frenar esta matanza... ¡Ese es mi camino ninja!
Si esa era la verdadera Mito, entonces me agradaba... me agradaba muchísimo.
—Quiero volver a verte. Me uniré a ti como un amigo y así cumpliremos nuestro sueño... los dos juntos —Lo acepto. Fui descarado al soltar esa frase tan de repente —. Tengo que irme por ahora, pero volveremos a vernos. Eso te lo prometo.
Vi por última vez en el día su sonrisa.
Mito Uzumaki fue una mujer hermosa, proveniente de la Tierra del Remolino. Lo que más caracterizó a su sangre Uzumaki fue una brillante melena de cabello largo y rojizo parecido al de una muñeca de porcelana. Y sus ojos... siempre me inspiraron ternura, pureza e inteligencia.
Ese dia rompí una regla muy importante, algo que jamás hice antes: no confiar en otros Shinobis que no fueran Uchihas. Pero mi experiencia en ese bosque, sentado cerca de Mito, hizo que me diera cuenta de que a veces romper las reglas no es tan malo como parece. Que a veces las mejores experiencias se basan en arriesgarse a tomar decisiones que pueden cambiarte la vida para bien o para mal.
"Si proteges, lo harás por impulso y satisfacción".
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Continuará...
N/A: Bien aquí les traigo el primer capítulo, espero lo disfruten. Son bienvenidos a comentar cuando lo deseen.
Lo dejo a su criterio n.n
Me despido de ustedes mis queridos lectores.
Attm: ANG :)
