Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Yo solo los utilizo para escribir sin fines de lucro.
Notas al final.
I wanna be drunk
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El reloj se encontraba en la pared opuesta a la barra, mal posicionado, ya que estaba justo al lado de la puerta de entrada; como era una calurosa madrugada de verano, ésta estaba abierta de par en par, así que los bebedores tenían que tener buena vista o levantarse y hacer a un lado una de las hojas para ver el reloj; algo que ninguno hacía, por la pereza o porque no importaba saber en qué momento de su vida preferían estar bebiendo hasta la inconciencia. El hombre que atendía la barra y dueño del bar —entrado en años, de expresión insondable que no decía nada de sí misma, pero con unos ojos pícaros y atentos que parecían saber todo de los demás — echó una ojeada al reloj tras el vidrio rajado de la puerta —estaba seguro que el año pasado la cabeza de alguien impactó allí, pero no se molestó en repararlo—. Las manecillas marcaban con desgana, y un ligero temblor, las tres y veinte de la madrugada. En breve tendría que comprarle pilas nuevas, eso pensaba el dueño, pero aunque siempre se dijera que el reloj no funcionaría más, no recordaba una sola vez en que las haya cambiado. Y el reloj seguía marcando firme en su tarea.
—Shinji‐san —exclamó un hombre barbudo de voz rasposa; quizá sería un tono seductor para una mujer, de no ser porque pronunciaba las palabras patosamente por tener la lengua inflamada —. Deme otro trago, viejo amigo, pero cerveza, no aguantaré algo más fuerte —se derrumbó en la banqueta tras un estrépito. El taburete casi sale despedido junto al trasero del tipo, pero al anciano le preocupaba más que su vaso no se estrellara en el suelo; no lo hizo, aunque rodó por la barra hasta que su oreja de vidrio lo detuvo.
Shinji tomó el vaso y no se contuvo de componer una mueca agria en su rostro. Lo único bueno de trabajar en un bar como el suyo, era que los clientes siempre estaban demasiado tomados para hacer reclamos por mala atención. Su local, lo único que le dejó heredado su padre, y que se situaba en las afueras de Konoha —no demasiado lejos de los muros, pero definitivamente no cerca — contaba con una lista de clientes fijos pero que no pasaban regularmente por ahí, pues los que lo componían eran, en su mayoría, trotamundos. También algunos vecinos de la zona, o personas respetables de Konoha que preferían dormirse sobre su barra en lugar de cualquier otra dentro de la villa, al alcance de miradas indiscretas. La Quinta solía venir muy de vez en cuando, aunque siempre llegaba borracha de antemano y Shinji estaba seguro que no recordaba su nombre; no que él se lo hubiera mencionado, de todas formas, pero creía haberle escuchado preguntárselo mientras sacaba sus mechas rubias de uno de los vasos.
La verdad sea dicha: no pasaban cosas interesantes últimamente. Debido a la guerra tuvo que cerrar el bar, ya que el pánico de la gente había sido increíble y él no estaba en zona segura; no había ningún lugar seguro, en realidad, pero él contaba con menos protección que los habitantes dentro de los muros. De eso habían pasado casi tres años. Aunque había reabierto su bar y muchas caras conocidas pasaron a visitarlo —seguramente para verificar si él seguía vivo— muchos jamás volvieron porque las luchas se los habían llevado. Con la paz restaurada, la gente, y sobre todo los ninjas, no tenían nada interesante que contarle.
A Shinji le habían contado miles de cosas a lo largo de los años: la lengua de un borracho se suelta gracias al alcohol, pues estando sobrios el sentido común se las anuda; y si es la lengua de un descarriado, cuando se desenreda parece un látigo. A él nunca le gustó tomar al ser su naturaleza muy reservada —incluso era tímido de joven, aunque su seriedad lo hacía parecer más bien antipático —, y trabajar toda la vida como barman había fortalecido su filosofía de no querer que nadie escuchara sus pensamientos, por más banales que fueran. Eso no quería decir que no le entretuvieran las estupideces ajenas. A su edad, no tenía el ánimo ni la energía para hacer pavadas de la juventud —aunque siempre hay viejos que parecen no captar su edad —, pero él no era de esos; así que no le hacía oídos sordos a las peleas, males de amores, despidos, divorcios, amistades rotas, engaños y un largo etcétera que componían las andadas de los ebrios.
El problema era que, al visitarlo siempre las mismas personas, ya se sabía sus vidas de memoria; más de los que iban a tomar varios días a la semana. El hombre cruzó los brazos sobre su viejo pero pulcro delantal negro; observó abstraído la vieja taberna, pero limpia; él se encargaba de limpiar ya que odiaba la suciedad. Había doce hombres, de distintas edades, repartidos en las mesas: bebiendo y jugando truco o póker; muy pocos preferían juegos típicos como shogi —esos eran los dos ochenteros que se sentaban cerca de la ventana—; sus risas pesadas e insultos quemados resonaban cuando comenzaban a desconocerse. El viejo dueño carraspeó incómodo del ambiente cerrando los ojos, esperando que algo interesante pasara o echaría a todos, y no le convenía porque varios no pagaban aún.
De pronto, unas pisadas claras y agudas: de tacón, rompieron los ruidos monótonos del bar. ¿Cuándo fue la última vez que escuchó ese tipo de sonido allí? Abrió los ojos encontrándose con una mujer muy joven, una muchacha diría, de cabello rosa y ojos verdes. Era muy menuda, tenía casi la contextura de una adolescente por sus curvas suaves, pero eran muy marcadas para ser las de una muchachita: sobre todo la cadera, que sin duda era más desarrollada. Venía ataviada en un sencillo pero elegante kimono de fiesta, y aunque estaba un poco manchado en la parte baja de la falda, solo se podía notar porque el verde de la tela era muy claro. El dueño supuso que había recogido su cabello con un moño de bucles, pero parecía haberse soltado porque éstos caían largos hacia su cintura, comenzando a perder su forma ensortijada para volver a su lacio natural.
Obviamente los hombres se giraron a verla, retorciendo la espalda cuando ella pasó rápidamente sin mirar a ninguno, taconeando firmemente hacia la barra donde él la observaba con viejos ojos curiosos. ¿Por qué una chica que a todas luces se veía delicada pasearía por su bar, y aún más en esas fachas? ¿Había un evento importante en la villa?
Bueno, le interesaba saberlo.
Decidió llenar en ese momento el vaso del hombre derrumbado en su barra. Mientras la espuma de la cerveza bordeaba el final del vidrio escuchó a la chica tomar asiento, pero él no levantó la vista. No tenía intenciones de fingir no haberla visto porque ya la había estudiado al entrar, pero ella no parecía tener prisa por irse, y Shinji era un hombre muy paciente que se deleitaba en indagar a los demás de a poco y cuando ellos quisieran dar el primer paso.
Escuchó un resoplido. Por un momento pensó que la chica se había cansado de esperarlo: las mujeres, sobre todo las jóvenes, no manejaban bien que las ignorasen por mucho tiempo. No era el caso de la chica de pelo rosa, parecía estar enojada por otra cosa; su mirada perdida no tenía un objetivo específico el cual repudiar.
Cuando volteó hacia ella la encontró derrotada, sosteniendo su cabeza con ambas manos sin importarle que estuviera despeinando sus largos cabellos. Había un pergamino arrugado entre sus codos. Ella levantó la vista directo a él, esperando que le ofreciera una bienvenida quizá, pero como él no habló, dijo con voz cristalina: "Deme sake, mucho, yo le diré cuando no quiera más".
Shinji sacó un pequeño vaso y el tokkuki, que llenó con una botella de sake; dejó todo al lado de ella y no alcanzó a apoyar del todo el tokkuki ya lleno cuando la mujer se lo sacó de las manos, rápido pero sin ser brusca. Comenzó a servirse la bebida, ignorando que debería ser Shinji quien lo hiciera. Repitió los tragos hasta que se terminó la primera botella y así él le fue pasando más, sorprendido de su aguante, ya que tenía un pequeño rastro rosa sobre sus pálidas mejillas que no le desmejoraban el aspecto, pero ninguna otra evidencia de borrachera.
Intentó persuadirla de parar a la cuarta botella. Nunca tomaba esa actitud con sus clientes; en honor a la verdad: le convenía que bebieran lo más posible, eso le dejaba más dinero; pero ella le parecía muy joven para castigarse de esa forma, porque eso hacía, castigarse por algún dolor o decepción y buscar anestesiarlo con algo mundano y fácil de conseguir.
—Debería parar, aunque sea por un rato, señorita… —comenzó con su voz cascada pero tenue, vestigio de su antigua timidez.
—Sakura, Haruno Sakura, y estoy bien. Tal vez le suene Tsunade Senjuu: eterna perdedora, Quinta Hokage y bebedora empedernida de sake; ella es mi maestra.
Haruno… ese apellido.
Shinji separó sus párpados, sorprendido. No necesitaba que le mencionara a Tsunade, todos sabían que Haruno Sakura era su sucesora directa en el arte de la curación y manejo de chakra. Ella era una heroína de guerra, reconocida no solo en el País del Fuego, sino en todas las naciones ninja… y estaba sentada en su taberna, bastante fresca a pesar de bajarse botellas de sake como si fuera agua, muy pagada de sí misma sobre este aspecto; pero angustiada por alguna razón a pesar de tener un futuro prometedor desde todos los ángulos.
Supuso que la guerra destruía a todos por más logros que tuvieran.
Tras la sexta botella, su sentido del equilibrio se vio afectado, por lo que apoyó el torso en la barra para contrarrestar el pequeño vaivén del mareo. Incluso así, con los efectos del alcohol comenzando a expandirse por ella, seguía pareciéndole una muchacha guapa — lo pensaba sin rastro de lujuria, Shinji ya no estaba para esas cosas—. Y tal parecía que el resto de hombres pensaban igual, observándola como aves rapases, aunque el viejo dueño suponía que cualquier criatura de sexo femenino les parecería lo más llamativo de la noche; sin duda Haruno Sakura lo era, con ese cabello rosa chillón que caía cuan largo era sobre su menuda espalda, y las ropas elegantes que desentonaban totalmente con el ambiente turbio de su humilde bar.
—Maldito Uchiha —murmuró furiosa sobre la fría madera. Shinji casi cae en el impulso de inclinarse para escucharla mejor, repentinamente interesado por sus palabras. Aun así no pudo escuchar el resto de murmullos ahogados, que salían despedidos con tono duro y sibilante ya que seguramente estaría apretando la mandíbula —¿Cómo puede hacer esto? ¡Es tan insensible!
Estrelló un puño en la barra y el hombre de opacos ojos marrones, casi negros, dio un imperceptible bote ante el estruendo; pero sobre todo porque, con el golpe, una fina grieta se estiró en la madera. Bueno, le recordaba bastante a Tsunade.
—Hoy se casa Uzumaki Naruto, ¿sabe, anciano? —Shinji sintió una gota de sudor deslizarse por su frente y una pequeña cuota de indignación ante la impertinencia de esa chica. Le recordaba terriblemente a su fallecida esposa, lo cual no era extraño porque… —. ¡De hecho, ahora debe ser lo mejor de la fiesta! Lo que más detesto de todo es que, por su culpa, ¡por su maldita culpa! No disfruté uno de los momentos más importantes en la vida de mi mejor amigo y de Hinata como debería haberlo hecho —un sollozo furioso se ahogó en su garganta—. ¡Mire esto! —Haruno lanzó el pergamino; que se había manchado con gotitas de sake, o con la aureola húmeda que dejaba la base del vasito al ser apoyado; directo a las manos del sorprendido barman.
Mientras Shinji leía la pulcra caligrafía que se manifestaba en el papel, notando cómo en su interior crecía una gracia evidente ante la inusual situación, Sakura continuó con su verborrea de desprecio hacia el único Uchiha: —¡No le importa una mierda a ese… a ese… bastardo! Mandar un pergamino con dos simples oraciones de: "No podré ir al casamiento de Naruto. Mándale mis felicitaciones y condolencias a su futura esposa". ¿Qué se cree? ¿¡Quién se cree que soy yo!? Casi se me cae la cara de la vergüenza por tener que decirle eso a Naruto; él lo considera su mejor amigo, su hermano incluso. ¡Caradura, eso es lo que es ese engreído!
Los hombres en el bar se acercaron cada vez más, sin poder evitarlo, a la histérica y envalentonada mujer. Incluso los que vagaban en la somnolencia, o directamente estaban dormidos, despertaron ante los chillidos: agudos e irritantes, como campanitas desbocadas. Los ochenteros del fondo se olvidaron de su aguerrida y larga partida ante el espectáculo: las mujeres de hoy en día insultaban bastante y siempre era más gracioso escucharlas a ellas lanzar improperios.
—Oye, preciosa, no te preocupes por ese idiota —murmuró con tono seductor un hombre alto y corpulento, que parecía aún más enorme al lado del enjuto cuerpo de Sakura contraído por la furia. Era el mismo que, antes, casi dio con su culo en el suelo al desplomarse sobre una de las banquetas frente a la barra —. Esa cara linda que tienes se vería mejor sin esa agria expresión —e intentó acariciar el curioso rombo que adornaba la frente de la kunoichi, con la mano del brazo que rodeaba los hombros femeninos.
Shinji no pudo evitar molestarse ante el atrevimiento del tipo. Esa niña podría ser su nieta y no consentía esos comportamientos en su propiedad. Se preparó para increparle, quizá alejar de un manotazo la mano del hombre, pero Sakura se levantó rauda como un vendaval antes de que pudiera hacer algo. Sostuvo al confundido y tomado hombre del cuello de su camisa; inevitablemente tuvo que curvar la espalda por la diferencia de alturas, ella le observó con una rencorosa mirada de fiera; Sakura dio un medio giro, chirriando contra el suelo el tacón del pie que usó como apoyo para girar y darse impulso; ante los rostros incrédulos y pálidos de los espectadores, lanzó por sobre ella al hombre, como si fuera una jabalina de poco peso. Se estrelló contra la pared contraria y por poco no la traviesa dejando un boquete en su lugar.
—¿¡Quién demonios se preocuparía por ese idiota!? ¡Shannaro!
Todos lanzaron una terrible carcajada que resonó en la noche. Esperaban que la kunoichi estuviera molesta por la invasión a su espacio personal, pero le preocupaba mucho más que se metieran con su orgullo herido. Shinji sofocó una risa, ni siquiera reparó en los escombros a los que quedó reducida parte de su pared.
…
Una figura alta se deslizaba silenciosamente por un camino alternativo y poco transitado que llevaba a la villa de Konoha. Ataviado con su poncho a pesar del calor, Uchiha Sasuke regresaba a los caminos. Se había encargado de que el mensaje le llegara a Sakura, anunciando que no iría al casamiento de Naruto; pero al final un cosquilleo incómodo no lo dejó tranquilo: en definitiva, no podía ser tan basura de no ver el casamiento del Dobe. Lo observó desde la lejanía dar el sí gracias a sus agudos ojos, y aunque ocultó su chakra, estaba seguro que, en cierto momento, el Uzumaki volteó en su dirección, intuyendo que estaría escondido como la esquiva criatura que era.
Aunque no solo fue a ver a Naruto. No tardó nada en encontrar a Sakura, con la cabeza gacha para ocultar sus lágrimas de emoción. Sasuke fue presa de un impulso terrible que le obligaba a situarse a su lado como una sombra y levantar ese rostro para poder verlo; pero no lo hizo. En algún momento ella superaría su arranque emotivo y le permitiría verla.
Y cuando lo hizo… vaya, estaba tan hermosa. Distinta con esos bucles y el cabello recogido, pero hermosa. Las manos le picaban. Deseaba acercarse a ella y tocar ese rostro tan blanco que debía ser muy suave para sus callosas manos; no podía evitar comparar su ruda y tosca esencia con esa delicadeza de la mujer de cabellos rosas. En gran medida le avergonzaban sus pensamientos, y hasta hace un tiempo le frustraría todo eso: sentir un descontrol tan ajeno a alguna experiencia del pasado; una debilidad distinta aunque igualmente molesta. Pero se había vuelto una costumbre esa forma de verla. Sus pensamientos, que podían ir de los más castos a otros que no lo eran en absoluto, aparecían como un refucilo y no había manera de contenerlos. Aunque en su rostro no se demostrase nada, ahí estaban, buscando la manera de reflejarse en sus ojos.
La noche era tranquila y silenciosa, suponía que todos debían estar en la fiesta del matrimonio. Conociendo al rubio, no se limitaría a que sus amigos —que de por sí ya eran demasiados— estuvieran en su festejo; oh no, de seguro toda la aldea encontraría la manera de participar. Como unas criaturitas fiesteras que le había mencionado Sakura de unos libros, esos "hobbits".
Entonces lo sintió: ese chakra tan particular, cálido y brillante que lo invitaba a las emociones más confusas, a los instintos básicos y a la añoranza; aunque no fuera capaz de reconocer esta última verdad. Sakura estaba cerca; por alguna razón que desconocía absolutamente, pero así era. ¿Por qué no estaba en la celebración? ¿Y en qué momento se fue sin que se diera cuenta? Admitía haberse dormido un rato: sentir los chakras de ella, Naruto y Kakashi, aunque estuvieran lejos, inevitablemente conseguían bajarle la guardia. Claro que el último chakra que sondeaba, y con el que se dormía, era el de ella; pero no tenía por qué darle importancia a eso, ni admitirlo. No quería presentarse directamente, porque, seguramente, estaría ofendida y dolida por su ausencia, y más aún luego de haberle rogado en decenas de cartas que no faltara ese día. Él no estaba listo para regresar, o eso creía.
Mientras se acercaba sigilosamente a su posición, se dio cuenta de dos cosas: la primera era que esa zona del bosque estaba talada, así que podría haber un edificio; la segunda fue que habían muchas otras presencias con ella: el brillo de sus chakras eran como diminutas estrellas al lado del lucero verde que era Sakura; debían ser civiles. Curioso y ligeramente ansioso, ya casi estaba sobre su ubicación cuando escuchó un ruido potente de madera partiéndose, entonces le llegó su grito de guerra:
¿¡Quién demonios se preocuparía por ese idiota!? ¡Shannaro!
Y luego las carcajadas de muchos hombres. ¿Qué demonios estaba haciendo Sakura?
Ya no le interesaba mantenerse oculto. Saltó desde las ramas de los árboles y con paso firme se acercó a la entrada de ese bar, definitivamente lo era, recordaba haberse detenido una vez allí. ¿Pero qué hacía Sakura en ese lugar? Le incomodaba un poco, más aesas horas; no tenía sentido, pero le molestaba de igual forma. ¿Estaría con Tsunade, acaso? Observó apático al hombre bajo los escombros que intentaba levantarse. Dedujo que él fue la víctima que sufrió la arrolladora fuerza de la de ojos verdes; honestamente, prefería no pensar la razón por la que ella lo había atacado, o la molestia que sentía crecería más. Pateó un pedazo de madera sin darse cuenta para abrirse paso.
Su sorpresa fue enorme cuando la vio saltando y riendo de contenta, con el cabello suelto en suaves ondas, descalza porque los tacones se habían roto tras la inyección de chakra pura que envió a sus piernas cuando lanzó al desubicado hombre; una botella de sake viajaba a su boca y se iba luego de sorbos largos.
—¿¡Qué les pareció, eh!? Ya me hacía falta un poco de batalla —perdió el equilibrio pero lo recuperó al instante tras una maniobra graciosa —. ¿Alguien más quiere luchar? ¡Estoy más que lista! De un interminable trago se terminó la novena botella de la noche y se la entregó a un hombre de mediana edad, acompañada de una sonrisa coqueta, aunque Haruno ni siquiera se diera cuenta de lo que estaba haciendo. El hombre la recibió como si fuera un trofeo de guerra, embobado hasta la estupidez. Sakura se agachó y rasgó la falda de su kimono; claro que no fue su intensión, pero la rotura se extendió varios centímetros arriba de lo que ella hubiera querido. Por supuesto que ni siquiera se dio cuenta, estaba demasiado eufórica y animada para percatarse, aunque los ojos de todos los hombres se fueron a sus piernas blancas en un instante, incluyendo los de Sasuke —. ¡Mucho mejor! ¿Tienen idea de lo incómodo que es esto para moverse? ¡A ver! ¿¡Quién sigue!? —Y como si fuera una gamberra de prontuario ejemplar, levantó los puños y adelantó la pierna que el kimono roto dejaba en libertad. Sorprendentemente, no se tambaleaba demasiado.
Nadie se esperaba una reacción como esa, así que no supieron qué responder. Shinji observó en todas direcciones; esperó que ninguno de los idiotas fuera lo suficientemente estúpido como para enfrentarse a una kunoichi borracha y de pocas pulgas. Se extrañó de ver al nuevo y joven hombre, de porte lúgubre, que tenía en la mira a la chica.
—Sakura —exclamó el recién llegado, fuerte pero sin llegar a gritar, con censura en el tono.
La mencionada volteó a verlo al instante; en su rostro se deslizó una víbora de cinismo y furia.
—Pero miren nada más quién se dignó a aparecer —Sakura lo encaró de frente, irguiéndose como lo haría un gigante buscando pleito. La borrachera pesada que traía pareció desaparecer por un segundo ante su amenazante postura. Sus ojos brillaron letales y Sasuke respondió a su desafío, furioso por sus propias razones —. Si es nada más que el narcisista egoísta que lastima a sus amigos. ¡Pero ya me encargaré yo de pagarte con la misma moneda!
Sakura se lanzó a Sasuke. Al ser pequeña, sus movimientos eran ágiles y rápidos; arremetía con patadas y puños, su brutalidad fue desatada, y provocó heridas al moreno aunque no lo golpease, pero su chakra rodeaba el cuerpo femenino como navajas y lastimaban como tales si rozaban la piel del adversario. Al Uchiha no se le dificultaba esquivar sus arrebatos, pero sí se le escapaba cada vez que le tomaba los brazos, ella ponía toda su fuerza y empeño para soltarse de los agarres. Exasperado, Sasuke recibió de lleno una trompada en su estómago, logró amortiguarla al interceptar la mano de ella, pero igualmente se zafó y estaba seguro que debía tener, mínimo, dos costillas fisuradas. La apretó contra su pecho, atrapando sus brazos al estar ambos de frente; Sakura se removió furiosa, pero Sasuke reforzó su extraño abrazo con gran parte de su fuerza. El cuerpo de ella quedó avasallado ante el porte de él, con el rostro hundido entre sus ropas y Uchiha no pudo evitar sentirse curiosamente bien de tenerla allí, como si encajara perfecto o fuera su lugar; claro que su momentáneo bienestar se esfumó ante los sollozos de ella.
—Te escapas de nosotros todo el tiempo, Sasuke —reclamó, arrugando con sus manos su ropa, para luego soltarla y empujarlo sin conseguir alejarse —. ¿Qué se supone que tenemos que esperar de ti? —los verdes y dolidos ojos de Sakura chocaron con los negros parcos de Sasuke. Estaban tan cerca, como nunca antes. La situación era tan extravagante… no estaban solos, pero se sentían aislados en un universo propio, apartes de la mismísima existencia. El olor a alcohol flotaba entre sus narices y bocas, pero se saturaba con el aroma floral de ella, sutil y femenino; y con el de bosque, indómito y misterioso, que él solía cargar tras sus numerosos viajes. En la profundidad de sus mentes: confusas por el sake, el encuentro violento y las expectativas de cada uno, sabían que les gustaba estar así: frente a frente. Verse las caras después de tanto tiempo, en que solo las cartas estrechaban un vínculo aparentemente superficial y cortés, pero que iba más allá. Ambos lo sabían en su fuero interno; lo admitían para sí mismos, pero no al otro —. ¡Suéltame! —gritó Sakura al recordar todo lo que él le hacía: toda la confusión, pensar que ya había logrado superar su amor por él, para que su resolución se derrumbara ante cada nueva misiva suya, por más austeras que fueran; la desilusión de cada día que pasaba lejos de la aldea… de ella; el dolor de su rechazo, y no solo con ella, sino con Naruto, con Kakashi, con todos los que esperaban por él.
Cuando la kunoichi logró escabullirse, ya libre secó sus lágrimas con furia. Shinji, que había decidido acercarse, esperaba unos pasos detrás de Sakura; su recién descubierta simpatía por la muchacha le decía que debía intervenir; envió una rígida mirada al Uchiha causante de todo el desastre, pero ese hombre de apariencia densa y ominosa solo tenía ojos para la criatura rosada llena de confusiones.
Uno de los hombres, el más joven de todos los clientes de Shinji, sintió un puntapié en el tobillo. Volteó molesto y observó a los dos viejos jugadores de shogi con rostros serios, luego le sonrieron con picardía, mientras cabeceaban en dirección a los ninjas. Evidentemente querían que rompiera la tensión insoportable que habían creado esos dos. El muchacho de veintitrés años, que de por sí era osado, pero que gracias a unas copitas de más —y a la presencia de una mujer muy bonita, por lo tanto debía hacerse notar—, decidió lanzar un chiste de mal gusto, aunque con dobles intensiones más que evidentes:
—Oye, preciosa —Sakura lo observó, por la única razón de que no había otra mujer en varios kilómetros a la redonda —. No necesitas sake, o golpear a ese creído para sentirte mejor —apunto hacia Sasuke; fue una suerte que solo mirara a la muchacha, ya que se salvó de la peligrosa expresión del moreno, llena de promesas aterradoras. Oh, pero los demás sí que lo notaron, sobre todo cómo giró el torso hacia el incauto chico —. Yo sí que puedo hacerte sentir mejor que nunca, solo acompáñame aparte y verás.
Haruno volvía a sentir su cabeza abotagada, para colmo de males, terriblemente pesada. Más o menos escuchó la propuesta del chico, pero ya no tenía mucha idea de dónde estaba o por qué se sentía tan mal. Recordaba la presencia de Sasuke solo porque él era imposible de ignorar, aún más para ella. Shinji llegó a su lado y la sostuvo cuando un tropiezo casi la hace caer. Entonces Sasuke se interpuso entre el suelo y ella, agachándose, alzó su cuerpo sin problemas, cargándola sobre su hombro ante el terrible disgusto de Sakura; su orgullo explotó casi rompiéndole el cráneo, o quizá era que su cabeza colgaba incómodamente por la espalda del ex vengador y le daban ganas de vomitar.
—¡Suéltame, carajo! —removiéndose como una oruga, solo consiguió sentirse patética porque Sasuke no había vacilado ante sus movimientos bruscos; además, el malestar era imposible de ignorar, empeorando a cada maniobra suya.
—¿Qué no ves que no quiere ir contigo? —reclamó el mismo muchacho de la propuesta, molesto porque la de cabello rosa lo había ignorado. Los viejos sonrieron con perversa alegría cuando Uchiha se detuvo, volteando a ver al chico mayor a él por pocos años. El sharingan brilló, rojo como la sangre, y el chico cerró la boca en menos de un segundo. Sasuke no podía sentirse más irritado por toda la situación: encontrarse a Sakura borracha, peleando con unos, coqueteando con otros, y encima ese enclenque queriendo enfrentarse a él ¡A él! La única razón por la que no le había atravesado el rostro de un puñetazo, era que cargaba a una molestia ebria que debía regresar sana y salva a su casa. Oh, pero tenía tantas ganas de meter en un genjutsu a ese imbécil… Cada vez que recordaba la forma en que se dirigió a Sakura, se le revolvían las entrañas.
Shinji, consciente de lo brutalmente criminal que podía llegar a ser ese muchacho, empujó al chico, que pálido y asustado por la postura fulminante de Uchiha, intentaba escurrirse de esa situación. El viejo barman le susurró: "Mantén la boca cerrada. Este no es un ninja compasivo como los que acostumbramos a ver en Konoha. Es Uchiha Sasuke… pero supongo que ya te diste cuenta por sus ojos". Helado, el chico observó el suelo con insistencia, ese desertor…. ¡Mierda! Casi cava su propia tumba ¿En qué pensaba? No volvería a tomar, o eso esperaba.
Uchiha no perdía de vista al hombre, que ya se había encogido como una araña. Tensó el cuerpo cuando sintió al viejo dueño del bar empujarlo hacia la salida, y aunque plantó los pies, negándose a ser movido de su posición, al final lo terminó aceptando porque ya estaba hasta la coronilla de esa taberna. Y él que pensó que sería una noche tranquila… Sakura sonrió con maldad, levantó lo más que pudo su torno y le lanzó un beso sonoro al aterrorizado Don Juan, que casi se esconde bajo la mesa de los ochenteros por temor a que Uchiha le hiciera algo. Sasuke gruñó ante la acción de la chica, y la dejó deslizar hacia abajo para asustarla; Sakura dio un grito que luego fue cortado por una risa de demente. Luego la reacomodó sobre su hombro, aunque accidentalmente le tocó el redondeado trasero y Sasuke enrojeció sin poder evitarlo, más que nada porque Shinji lo acompañaba y estaba seguro que vio eso; luego le siguió la catarata de insultos de Sakura, a lo que él respondió: "Es tu problema". Ciertamente no se arrepentía.
Sakura cantó todo el camino, desde canciones infantiles hasta algunas groseras que seguramente aprendió de Kiba y Naruto. Uchiha sentía que esa noche no terminaba más. Ni siquiera recordó la presencia del silencioso dueño del local, que caminó junto a él todo el camino hasta la casa donde los padres de Sakura debían estar durmiendo. Al final fue útil la presencia de Shinji, ya que Sasuke no imaginaba la manera de tocar la puerta sin que Sakura cayera al suelo.
Minutos más tarde, Haruno Kizashi abrió la puerta tallándose los ojos. Llevaba puesta una bata y no mostró mucha sorpresa del cuadro frente a él, o sencillamente no terminaba de despertar; en cualquier caso, Sasuke no pudo evitar sentirse avergonzado por tener que despertarlo. El padre de Sakura se tomó su tiempo para superar la modorra: bostezó y se encogió del frío. Cuando por fin terminó el ritual observó a Sasuke, luego sus ojos azules se desviaron a su hija, sobre el hombro del pálido shinobi. Aunque no tenía una vista "ideal" de ella, podía reconocer el kimono con el que había ido al casamiento de su amigo rubio, adelantándose a él y Mebuki.
Sasuke detalló al padre de su compañera de equipo: era un hombre alto de complexión fuerte. Sus ojos eran azules, por lo tanto, los verdes de Sakura debían ser herencia materna; su peinado era lo más extravagante visto desde la cabellera rosa chicle de su hija: adoptaba la forma de una estrella de mar, y su color rosa oscuro —casi lavanda— enaltecía la extravagancia. En definitiva, los Haruno resaltaban físicamente sin ningún esfuerzo, pensó el de ojos dispares.
—No me digan que volvió a competir con Naruto‐chan e Ino‐chan, o peor: con Tsunade‐sama —Kizashi suspiró dramáticamente. Sasuke enarcó una ceja ante el "Naruto‐chan" —. Y dime, Uchiha‐kun, ¿fue así?
El moreno quedó helado ante la confianza de ese hombre sin saber qué responder, aunque pareciera que cualquier cosa que dijera el Haruno se lo tomaría bien. Era completamente despreocupado, ni siquiera reparó demasiado en el estado de su hija, que seguía sobre su hombro. Ella se durmió en algún momento antes de llegar a la casa de sus padres, pero su consciencia recién decidía regresar ya que la sintió removerse con flojera; así que Sasuke consideró oportuno dejarla en el suelo para evitarle a la madre —si es que salía— el ver a su hija prácticamente desmayada sobre el hombro de un ex criminal como él. Sakura era estricta en varios aspectos de su vida; debía haberlo sacado de la madre sin duda, el padre quedaba completamente descartado. No le gustaría dejar una mala impresión… ¿Por qué demonios pensaba eso?
A todo esto, Kizashi ya había sacado charla con el barman.
—¡Pero si sigues vivo, Shinji! ¿Por qué no pasas a visitar a la familia?
¿La qué? Uchiha observó confuso al tal Shinji. ¿Era un Haruno? El canoso le regresó la mirada con un brillo de burla en los ojos.
—No tenía idea que habías tenido una hija tan bella, Kizashi —Sasuke sentía que no debía entrometerse, pero toda la situación por demás extraña invitaba a su curiosidad. La familia de Sakura captó su atención por completo —. Me recuerda a tu tía cuando la conocí. Y respecto a tu segunda pregunta: le prometí a tu abuelo no pisar la aldea mientras él viviera. Jamás me perdonó que me casara con su hija.
—Bueno, es en parte tu culpa, viejo mañoso. ¡Te saltaste varios pasos llevándote de casa a mi querida tía, y sin casamiento! Pero, aunque creas que te odiaba por ser civil, en realidad no soportaba tu silencio. No conozco a un padre Haruno que se llevara bien con yernos mudos —Kizashi explotó en carcajadas, como si hubiera dicho un chiste genial, pero a Sasuke no le pareció gracioso en lo absoluto; el vacío en su estómago ante las palabras del Haruno lo validaba. Debía ser el hambre… claro.
—Tienes razón —remarcó Shinji —. Para ganarse a los Haruno hay tener buen ánimo. Es una pena que Uzumaki se haya casado, hubiera sido un yerno ideal para ti —Pero a pesar de hablarle a Kizashi, el comentario mordaz de Shinji iba dirigido directamente a Sasuke, mismo que no hizo ningún esfuerzo en ocultar su desdén; ¿el Dobe como esposo ideal? Já.
—¡Oh, cierto, el casamiento de Naruto‐chan! Recién llegamos con Mebuki, pero ya se me pasó el sueño. ¡No pienso desaprovechar una fiesta! —el hombre de ojos azules se asomó a la casa pero sin abandonar la entrada, y con un poder pulmonar que, seguramente, los vecinos odiarían, gritó: —¡Mebuki querida, levántate ya, que apareció el viejo chacal de Shinji y aún hay fiesta! —luego observó a Sasuke con una sonrisa bonachona, el chico terminaba de acomodar a Sakura en el suelo —. Es una alegría para mí que Mebuki no tenga la súper fuerza de mi linda hija, porque ya estaría en el infierno; odia que la despierte, en eso madre e hija son iguales. ¡Gracias por cuidar de mi Sakura! Qué fiestera me ha salido, igual a su padre —infló el pecho con orgullo. Sasuke no logró contener del todo una sonrisa: una de las comisuras se elevó con elegancia.
Terminada su cháchara, revolvió los cabellos de Sakura con mucho cariño y dejó dos golpes de aprobación en la espalda del alto muchacho. Luego tironeó del brazo a Shinji —aunque el señor hizo todos sus esfuerzos para escapar, pero una vez que caes en la simpatía de Kizashi, es casi imposible hacerlo —. La puerta de casa, que había quedado entreabierta, fue echa a un lado del todo por Mebuki; sus ojos verdes estaban cargados de mal humor. Sasuke detalló el color… eran más oscuros que los de Sakura. La mujer de cabello corto echó una ojeada a los jóvenes que esperaban en el portal de su casa, y sonriéndole astutamente al viajero, dijo: "Buenas noches, Sasuke‐kun". No esperó respuesta del Uchiha; pasó de largo regañando a Sakura por su comportamiento y por importunar a sus amigos a las cinco de la madrugada, pero nunca sin detener la marcha que la llevaría a su esposo; quien por cierto: estaba cantando junto a un muy fastidiado Shinji.
—Parece que les caíste bien, bastardo —oh, la borrachera y agresividad de Sakura permanecían. Se acercó al muchacho repentinamente y, tirando de la tela del poncho, lo forzó a agacharse para dejar un beso en la comisura de su boca. Sasuke abrió los ojos y separó ligeramente los labios sin darse cuenta. Podía sentir a la perfección la suavidad de sus labios, tan peligrosamente cerca de los suyos, que bastaría un simple movimiento para el esperado encuentro. Solo tenía que inclinar un poco el rostro… tan poco… toda la tensión de la noche sería liberaba por fin.
Pero ella se alejó al instante, aunque sosteniendo el cuello del poncho, y le dijo: —Pero yo, en este momento, te detesto, Sasuke‐kun —concluyó mordaz, pero con una sonrisa fulminante y coqueta. Se metió en la casa de sus padres y cerró de un portazo.
Sasuke tensó todos los músculos en enojo: por su orgullo pisoteado, y frustración: por la provocación deliberada en la que cayó como un insecto hormonado. Debía alejarse de esa ciclotímica mujer antes que terminara absorbiéndolo; antes que lo volviera loco por tantas emociones que no podía entender.
Pero, en el fondo, sabía que no sería por mucho tiempo más.
N/A: OMG, ¿hace cuánto que no actualizaba este fic? No me odien. En compensación, les traje este capítulo como "regalito" de Navidad. A que soy buena(?)
Espero que les haya gustado, a mí me divirtió bastante hacerlo, aunque me tomó como tres días y ni siquiera me di cuenta que quedó más largo al resto de capítulos. Hacer a una Sakura borracha, violenta y llorona; un Sasuke confundido, sin poder darle nombre a lo que siente, pero bien consciente de lo que quiere ¡Ojú, ojú! jajaj. Me gustó escribir sobre el curioso Shinji (nombre que, claramente, me robé de Evangelion) y sobre Kizashi xD Ya veré si el viejito familar lejano de los Haruno regresa para joderlo a Sasuke en algún momento.
Hora de responder comentarios, ¡yaaay! Como siempre: los que tienen cuenta tendrán su respuesta por privado.
Gabitha: ¡Gracias a tu comentario! Respecto a tu propuesta, ya tengo una idea. Créeme que Naruto no esta nada contento de no ser el padrino de Sarada, y algo hará, jaja.
Cierto, los celositos Uchiha son un amor. ¡Te mando muchos besos!
Abril: ¡Hola, linda! Me alegra verte siempre dejando un comentario, saber de tu apoyo. Sobre los problemas al inicio del matrimonio, ya tengo varias ideas; también durante el viaje en busca de Kaguya. Se me acumularon muchas ideas ahora que lo pienso... ¿Cómo te fue en el ingreso a la facultad? Yo rendiré en febrero, a ver qué tal me va, por eso me ha costado actualizar. ¡Muchos saludos para ti!
Y como siempre, gracias por las follows y favs (este fic en particular tiene muchos favs y follows, wow), pero si tienen ganas, yo recibo más que feliz los comentarios también :D
Les deseo a todas/os unas hermosas fiestas. Los tiempos que corren están un poco difíciles en algunos países, pero no permitamos que posibles malos momentos nos amarguen esta época del año: llena de finales, comienzos, el balance sobre todo lo que hemos crecido y obtenido con el esfuerzo, y la oportunidad perfecta para pasarla con la gente que amamos: sean la familia, amigos, o mascotas (no usen pirotecnia, ah, jajaj).
Coman mucho, que después de Año Nuevo nos internaremos en el gimnasio... a no ser... jajaja ¡Mis mejores deseos a todos! ¡Son geniales!
