Una aclaración aquí: Esta última parte estaba destinada a ser un meloso one shot. xD
Pero a las finales decidí agregarlo aquí. :3

Dicho esto, y gracias por leer. 3


Algo más

Yuri era perfecto. Y algo más.

Viktor podía repetirlo tantas veces como fuese necesario, y muchas, muchas veces más, y aún así el significado jamás se desvirtuaría para él, nunca jamás de los jamases.

Viktor estaba perdidamente enamorado.

Viktor era condenadamente cursi cuando quería serlo.

De acuerdo, Viktor era condenadamente cursi cuando quería serlo, y cuando no, también.

No era su culpa, le salía natural. Igual que respirar, igual que buscar el calor del cuerpo a su lado, igual que pasar sus brazos al rededor de la cintura del pelinegro, igual que acortar la mínima distancia que mantenía, y que en realidad no debería existir, igual que acomodar su barbilla en el espacio entre el cuello y el hombro ajeno.

Viktor suspiró, cerrando los ojos.

Yuri era cálido.

Y, que el japonés fuera altamente friolento provocaba un curioso contraste, pero Viktor no se quejaba. Oh, claro que no se quejaba, ni lo haría nunca. Yuri era friolento, y él, siendo ruso, era sinónimo de un calentador ambulante. No era difícil adivinar a quién acudía el medallista de plata cuando lo atacaba el inclemente bajón de temperatura, ¿verdad?

Tampoco era difícil adivinar que Viktor no permitiría, bajo ningún término, que alguien más, quien fuera, ni siquiera Makkachin, sirviera como fuente de calor para el pelinegro.

No. No, no y no.

Ahora que estaban en Rusia, aquello le otorgaba la perfecta excusa al penta campeón para no alejarse del lado de su entrenado, además de prometido.

No como que necesitara de una excusa, era decir, otra más.

Porque vamos, vivían juntos.

Pero, de cualquier forma, Viktor se aseguraba de tener argumentos a la mano, solo por si surgía el tema.

Yuri se removió, y Viktor abrió los ojos.

El peliplata apenas y se dio cuenta de la fuerza con que abrazaba el cuerpo entre sus brazos.

Ups.

- Perdón - susurró, aflojando su agarre.

Yuri continuaba dormido, y dejó de removerse, antes de soltar un suspiro.

Viktor sonrió.

Yuri era adorable.

Sí, Yuri Katsuki era la persona más adorable que Viktor Nikiforov hubiera tenido la dicha de conocer.

Y qué dicha.

Viktor rió bajo su aliento, recordando fugazmente las escenas ocurridas en el banquete del Grand Prix Final en el que conoció al cerdito que se convertiría en el amor de su vida.

Tenía que ser todo un acontecimiento. Después de todo, ¿quién espera conocer a su futuro esposo borracho como una cuba?

Viktor definitivamente no. Bueno, Viktor no había esperado encontrar al amor de su vida, y ya estaba. Punto final. Fin de la historia.

Viktor entrecerró los ojos.

Sí... Fin de la historia.

Viktor ya había reflexionado sobre elll en el pasado; se había dejado consumir por entero por su carrera, olvidando por años el par de importantísimas palabras con L que Yuri había devuelto a su vida.

Le había devuelto el significado a su vida, y le había otorgado uno a su amor.

Life and Love.

Yuri Katsuki había devuelto el color a una vida que se había tornado gris, llenándola de tantos tonos que Viktor nunca había soñado existían, pero, sobre todo, de azul. De azul, pero no el azul al que estaba acostumbrado, no al azul del hielo, o al de las flores que ya conocía, ni siquiera el azul, que estaba consciente, el menor amaba portaba él en sus ojos. No, ninguno de esos azules. Más bien, un azul puro. Sí, esa era la palabra. Un azul tan puro, tan profundo, que Nikiforov no le hallaba fin. Y le encantaba. Sí, le encantaba. Le encantaba como le encantaba el tono marrón rojizo de los orbes contrarios. ¿Y cómo no? Yuri tenía los ojos más impresionantes que Viktor hubiera visto jamás. Aunque quizá eso se debiera a que estaba ha acostumbrado a ver ojos claros... y, por supuesto, a que se encontrara hasta el cuello hundido en el pozo de amor que sentía hacia el dueño de mirada oscura y maravillosa.

Viktor en definitiva era condenadamente cursi.

¡Oh! Pero él no era el único que pensaba que los ojos de Yuri eran preciosos.

No, no. Por apuesto que no.

Viktor apostaba sus cinco medallas de oro a que no habría una sola persona en toda San Petersburgo, ¡En toda Rusia!, que se atrevería a decir que los ojos de su prometido eran feos.

Yuri soltó un suave quejido, y Viktor volvió a abrir los ojos del todo.

No podía ver si quiera el perfil de su amado desde esa posición, pero despertarlo no era algo que deseara hacer.

Así que se inclinó hacia adelante, acercando sus labios a la oreja izquierda contraria.

- Yuri.~ - pronunció con suavidad. - Estoy aquí, Yuri, contigo. - Sus labios rozaron la suave piel, y Yuri tembló. - Tranquilo...

Viktor quería besar la frente del menor, justo en medio, y luego besar en inicio del puente de su nariz, donde normalmente descansaban las gafas de montura azul, que en aquel preciso momento se encontraban sobre la cómoda, al lado del lado en el que el pelinegro permanecía recostado, luego besar la punta de su nariz y proseguir con sus labios. Esos labios, ni muy gruesos ni muy finos. Y tan rosados... Viktor casi se sentía culpable cuando, al separarse tras una intensa sesión de besos, esos preciosos labios estaban rojos, así como los propios. Ah, pero esa casi culpa no contaba, nunca, si se hablaba de marcas en el cuerpo. Oh, no, no, no. Ese era un asunto totalmente diferente. Los chupetones eran todo un motivo de orgullo. ¡Claro que lo eran!

Yuri era suyo y todo el mundo debía saberlo.

Una nueva risa, igual de efímera, emanó de los labios del mayor.

Acababa de recordar la ocasión en que había marcado mucho el cuello del pelinegro, y el mismo se negó a salir de casi sin una chalina bien gruesa.

Yuri ya se había calmado, y el suave compás de su respiración arrullaba a Viktor como una canción de cuna, tan suave y agradable que el ruso sabía que podría quedarse dormido en cualquier momento, si se entregaba de lleno a aquella sensación de paz.

Paz.

Yuri era pacífico.

Pacifico en un sentido estricto.

Yuri no era el tipo de persona que permitía que todos los demás le pasaran por encima, al menos, ya no.

No ahora que lo tenía a él a su lado.

Yuri era pacífico en el sentido de no lastimar a nadie, incluso cuando esa otra persona si podía haberlo lastimado a él. Sin importar la medida del daño, Yuri nunca voltearía el rostro al pasar, nunca miraría mal, nunca guardaría rencor.

Quizá la palabra no era pacífico.

Pero, Yuri no era rencoroso... no terminaba de cuadrarle como afirmación puntual.

Sonaba mil veces mejor decir Yuri era pacífico a Yuri no era rencoroso.

Yuri era tan amable. Tan considerado.

A veces lo era demasiado.

Viktor promulgaba la sana competencia y el compañerismo, ¿cómo no? Pero de eso a...

Oh.

Viktor estaba recordando el incidente con Chris.

La ocasión en que Christophe impunemente toqueteó el trasero de Yuri. De su Yuri. Ah, pero eso ya era pasado.

Viktor tampoco era una persona rencoroso.

No, tampoco le gustaba cómo sonaba para él, pero como él no era Yuri, podía dejarlo pasar.

Yuri era perseverante.

Aquí entraba, definitivamente, a colación la increíble resistencia del japonés.

Viktor estaba seguro que ni en sus años como junior practicó tantas horas de corrido, sin detenerse a descansar un solo minuto.

Esa perseverancia, además de dedicación, le había granjeado la aprobación de Yakov, el viejo entrenador de Viktor, casi al instante.

Sí, Viktor había tenido que soportar innumerables ¿cómo es que a alguien como él puedes gustarle, Vitya? Y sabía que le esperaban muchos, muchos más por oír.
Y los aceptaba feliz, aunque... No, no tan feliz. Gustarle, no hacía honor al sentir de Yuri. No, claro que no.

¿Cómo es que alguien como él puede amarte, Vitya?

Sí, esa debería ser la interrogante.

Corregiría a Yakov la próxima vez, en definitiva lo haría, frente a todos sus compañeros, a la ex esposa de Yakov, Lilia, y a Yuri, si se encontraba todos presentes, ¿por qué no?

Yuri estornudó, entre abrió los ojos unos segundos, soltó un apenas audible ¿hm? Y volvió a cerrar los ojos segundos más tarde.

Viktor se derretía.

Yuri era adorable.

Mila estaba más que de acuerdo con él en ese aspecto, Georgi se había limitado a sonreír, Yurio había chasqueado la lengua y gruñido algo que no entendí, salvo por la palabra cerdo en ruso, Yakov le había gritado que de concentrara en practicar y Lilia... bueno, a Lilia no le había preguntado. No era como si lo intimidara, claro que no, Viktor confiaba en que fuese una mujer de lo más amable bajo esa superficie de... emh... bajo esa superficie algo marchita. No había que juzgar al libro por la portada, sino por el contenido, así debía ser. Pero, bueno, Viktor no tenía que preguntarle a todos, el mismo día, ¿cierto?

- Viktor...

Yuri era precioso.

Y no, Viktor no se referirá al físico, que también, pero en ese caso habría dicho hermoso.

Porque Yuri era hermoso, apuesto, despampanante. Yuri era todo eso y más.

Sin embargo, Yuri era precioso por dentro.

El tipo de persona con un corazón tan grande, que parecía imposible que pudiera conservarlo puro. Pero, de algún modo, así era.

Viktor se sentía, se sabía uno de los seres más afortunados del mundo. ¡El más afortunado!

Debía ser un crimen tener a alguien así de maravilloso a tu lado.

Y Viktor estaría más que dispuesto a pagar su condenada, fuese cual fuera, con tal de no separarse de él, de su precioso Yuri.

Yuri tenía defectos.

Como todo ser humano, Yuri no podía librarse de los defectos.

Yuri apenas y poseía confianza en sí mismo.
Yuri podía enojarse, y nadie te iba a salvar si eras el culpable de esa ira.
Yuri solía mentir constantemente sobre su verdadero sentir con tal de no ser una molestia ( o un estorbo según sus propias palabras) para los demás.
Yuri era cruel sin proponérselo.
Yuri no tenía una idea de cuánto significa en la vida de Viktor.

Yuri no era perfecto.

Pero lo era.

Así como Viktor tampoco lo era, aunque pareciera.

Y, sin embargo, sí lo era.

Yuri no era perfecto para el resto del mundo, pero sí lo era Viktor.

Viktor era perfecto para el resto del mundo, pero no lo era para quienes lo conocían en verdad, y, nadie lo conocía tan bien como Yuri. No. Nadie lo conocería tan bien como lo haría Yuri con el paso del tiempo. Y, aún así, Viktor era perfecto para el pelinegro nipón.

Yuri era perfectamente imperfecto.

Viktor era imperfectamente perfecto.

Yuri y Viktor eran perfectamente no perfectamente imperfectamente no perfectos juntos.

Un suave escalofrío recorrió al pelinegro, que finalmente abrió sus ojos color tierra mojada, mojada con sangre.

- ¿V-Viktor? - llamó con suavidad.

- ¿Umh? - el mencionado separo sus labios de la parte trasera del cuello contrario. - Oh, lo lamento, Yuri. - Sonrió, - no quise despertarte.

- Está bien - suspiró el más joven.

- ¿Yuri?

- ¿Sí, Viktor?

- Quiero decirte algo.