El chico de al lado
Dos semanas después, Lucy había descubierto una heladería a dos cuadras de su casa. Lo suficientemente cerca y a la vez lejos para alejarse por un rato de su vecino.
Cada tarde, cuando tenía dinero y terminaba sus tareas iba caminando hacia la heladería y pedía un gran helado de chocolate y limón y se sentaba en la vereda a tomárselo mientras veía a sus pequeños vecinos jugando.
Cuando llegaba a casa encontraba a Natsu en la sala, esperándola para iniciar sus clases. Su madre se excedía en amabilidad hacia el chico, solía invitarlo para quedarse a cenar y conocer a su marido. A Lucy la idea le parecía horrorosa pero no decía nada.
Natsu se negaba a quedarse excusándose de que tenía que ir a buscar a su hermano e ir a trabajar.
-No sabias que trabajabas- le había dicho Lucy cuando se enteró de ello.
-Yo no sabía que te interesaría- Lucy frunció el ceño. Natsu sonrio y se fue a su casa.
Las conversaciones con él eran molestas, Natsu quería hacerla parecer tonta a veces y ella odiaba eso, el hecho de que el fuera quien le enseñara matemáticas no ayudaba a cobrárselas.
Ese día, Lucy fue a la heladería como todas las tardes. Cuando estaba a media cuadra le pareció escuchar su nombre, muy lejos. Volteo para ver quien la llamaba, y pensó que si se ponía a correr no la alcanzaría. Podía decir que había creído que era un ladrón queriéndola atacar, un ladrón que sabía su nombre, con el cabello rosa y una estúpida bufanda alrededor de su cuello, muy parecido a él.
Pero eso sería maleducado, ella no hacia cosas así, solo él las hacía y hacerlo, hacía que se viera exactamente igual a él y ella no quería ser igual a él.
Suspiro.
Vivía mejor en Estados Unidos, lejos de él.
Natsu llego junto a ella, sonrio como si hubiera acabado una carrera y eso hizo que Lucy dejara de pensar por unos instantes.
Amaría golpearlo.
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Lo miraba de vez en cuando como esperando a que se convirtiera en un monstruo y la devorara en un segundo. Nada de eso ocurrió, Natsu lucia inquietantemente tranquilo y eso la ponía nerviosa.
Lo escuchaba silbar, Lucy agachaba la cabeza, mientras no lo viera todo estaba bien dentro de ella y eso era lo quería.
-Oye- pero cuando hablaba sentía como si alguien le gritara al oído para despertarla. Lo miro -¿Qué sabores sueles comprar?-
-Limón y chocolate- respondió, con la cabeza inclinada pero mirándolo.
-¿Limón? ¿Es rico?-
-Lo suficientemente rico como para comprarlo-
-Lo comprare- volvió a silbar. Lucy dejo de mirarlo y camino más a prisa, aun estando a unos cinco centímetros lograba incomodarla ¡Diablos!
Llegaron a la heladería. Como Natsu había dicho se compró el helado de limón con el de granizado, Lucy pidió el suyo y cuando iba a pagar el chico que la atendía le dijo que su acompañante lo había hecho por ella. Lucy miro para atrás, Natsu se tomaba su helado afuera, sentado donde ella se sentaba. Frunció el ceño, no sabía si agradecerle o pedirle que dejara de meterse en su vida.
Se sentó a su lado. Natsu ponía graciosas caras cuando le tocaba lamer el limón.
-Es muy agrio y frio- dijo sacando la lengua.
-El limón es agrio y el helado tiene que estar frio- respondió queriendo sonar sarcástica. Natsu ni se inmuto y molesta, empezó a tomar su helado.
-¿Desde cuándo vives por aquí?- pregunto, lamiendo la parte del chocolate. Si tenía que estar con él, averiguaría un poco.
-No lo sé, supongo que desde que nací. Es el barrio de mi familia-
-Mhm-
-¿Por qué te mudaste aquí?- Lucy lo miro, dejando que su helado se derritiera en su mano.
-Era muy difícil el idioma- mintió. La verdadera razón de que su estadía en Estados Unidos hubiera acabado era a los problemas legales de su padre. Tanto Lucy como su madre habían decidido volver para iniciar desde cero.
-Encaja, no pareces la clase de chica que se sabe más de un idioma-
-¿Me estas llamando tonta?-
-Tú lo estás haciendo-puso los ojos en blanco. No tenía que haber hablado con él, cuando lo hacía siempre terminaba enfadada y no podía desquitarse con él porque todas sus tácticas de desquite eran inmunes a él.
Siguió tomando su helado, ya no lo miraba, fingiendo estar sola. Al terminar se levantó y empezó a caminar hacia su casa, no hizo falta que voleara para saber que él la estaba siguiendo.
Al poco tiempo la alcanzo, aun tomaba su helado. Batallaba con no dejarlo derramarse, era patético en eso.
-Eres patético- le dijo.
-Solo porque digo lo que pienso- dijo, lamiendo el cono.
-Por eso y por todo ¿siempre eras tan… imbécil?-
-Supongo que solo contigo-
-¿Y porque conmigo?-
-No lo sé- la miro, las comisuras de sus labios estaban manchadas de chocolate –tal vez porque me gustas- Lucy se paralizo. Lo miro shockeada, tratando de averiguar si estaba o no bromeando.
Era difícil de saberlo, Natsu se puso a lamer de nuevo su cono.
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Cerro la puerta al llegar, subió las escaleras hacia su dormitorio y se encerró en el.
Natsu prácticamente se la declaro, sin estar nervioso o sonrojado, como si fuera lo más normal del mundo.
Había dicho que le gustaba ¿de qué forma? ¿Amiga? No, ella trataba de dejarle en claro que no quería ser su amiga ¿compañera? Tampoco podía ser ¿novia? Mucho menos, Natsu podía ser un idiota, pero era un idiota con cerebro y tacto. Hasta su madre se daba cuenta que su sola presencia la fastidiaba.
Pero que trataba de decirle cuando le dijo que le gustaba.
Podía ser una broma, siendo él era lo más probable.
-Sí, solo es una de sus estúpidas bromas para ponerme nerviosa-
En la noche siguió pensando en eso. Tratando en vano de convencerse de que así era.
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Muchas gracias a Hanasaki95 y Eagle Gold por sus reviews, por supuesto por sus Follows y favoritos también.
No hay mucho que decir, solo que nos leemos en el siguiente capítulo.
Bye.
