Día 1. Sábado.
Definitivamente habría preferido no hacerlo, pero allí estaba, con tres perros, dos antes humanos y el otro siempre animal, frente a la puerta de la casa de su abuelo. Le había explicado la idea general por teléfono lo mejor que había podido, y aunque sin duda había resultado confuso para el anciano, acabó por aceptar su petición. Así que allí estaba, tocando con suavidad. Su abuelo apenas tardó en abrir la puerta, esperando el abrazo fuerte y cariñoso de su único y adorado nieto. Con lo que se encontró en primera instancia fue con el rostro del mismo, en efecto, pero no con la sonrisa animada, sino con una sonrisa avergonzada... No, una sonrisa que pedía perdón. ¿Por los perros? Si no era...
Woof! Makkachin se abrió paso entre las piernas del hombre, por poco tumbándolo. Viktor ladró en reprimenda del mismo, y echó a correr a su vez, tras su mascota que ahora era su igual, o más bien de quien era igual. Como fuese, salió corriendo tras el caniche.
Yuri Plisetsky maldijo en voz baja, apresurándose a ayudar a su abuelo, estabilizándolo.
Yuri Katsuki no se había movido un ápice en el transcurso de todos esos hechos, nervioso.
En verdad, lamento mucho esto, Yurio. Y se disculpaba internamente.
A nadie debía extrañar, en realidad, que de una reprimenda, Viktor hubiese pasado a unirse a la travesura de su mascota. Corriendo de aquí para allá, el borzoi persiguiendo al caniche y luego el caniche persiguiendo al borzoi, ambos correteando al rededor del akita, este mismo solicitando que se detuvieran, tanto a uno como a otro, enfatizando en el borzoi. Viktor ignorando olímpicamente los pedidos de su prometido y en su lugar instándole a unirse a ellos. La cortés negativa del akita, sacudiendo la cabeza de izquierda a derecha.
-¡Ustedes, deténganse, maldición!
- Yuri, no maldigas.
- Ah, lo siento mucho, abuelo.
- Está bien, solo no maldigas.
- M-Mh...
Viktor se había quedado muy quieto. Akita Yuri tenía los ojos tan abiertos como un perro de su raza podía tenerlos. Makkachin estaba como siempre, con la lengua fuera y la cola en movimiento.
Yurio acaba de tomar una reprimenda con sumisión.
Viktor corrió hacia el abuelo del rubio, impulsándose en sus patas traseras y apoyando las delanteras en las piernas del canoso hombre.
Usted es maravilloso, realmente maravilloso, señor. ¡Díganos su secreto! ¡Hágalo!
Como era obvio, el hombre de avanzada edad no oía más que ladridos, e intentaba que el borzoi le dejara en paz.
Yuri Plisetsky tenía el ceño verdaderamente fruncido. - ¡Deja de molestar a mi abuelo, viejo!
- ¿Viejo?
- ¿E-Eh? ¡Ah, tú no, abuelo, me refería a Viktor!
- ¿Viktor? ¿Qué tiene que ver ese patinador?
Yuri Plisetsky tragó grueso.
- El perro se llama Viktor...
El anciano miró de regreso al can.
Viktor Nikiforov a su servicio.~
- Vaya, no me había fijado en lo mucho que se parece.
El borzoi dejó de mover la cola.
El ruso menor no se molestó en aguantar la carcajada.
Yuri Katsuki agachó la cabeza, alegrándose de no poder reír.
Makkachin ladeó la cabeza.
- Es inevitable no notar el parecido - se mofó con malicia el rubio.
- Sus ojos son azules también, y el color de su pelaje... No sé casi nada de perros, ¿es un color común?
- No lo creo - comentó con una sonrisa el más joven.
- Es una pena - opinó el mayor. - Cuando muera, ese bonito color se perderá.
Yuri Plisetsky encogió los hombros.
Viktor regresó las cuatro patas al suelo, y empezó a girarse.
- Ojalá tenga cachorros del mismo color antes de que eso suceda.
Las orejas del borzoi se elevaron.
- No creo que eso sea posible - habló el menor, algo incómodo.
- ¿Por qué no? ¿Tan viejo está?
El rubio se incomodó más. - No, no es eso...
- Entonces no veo dónde está el problema - el anciano se inclinó y sacudió sus pantalones, - te aconsejo buscar una perra en celo pronto y cruzarlo.
Yuri Plisetsky miró de reojo cómo el borzoi se lanzaba a atacar al akita, hundiendo el hocico en el cuello del mismo, y lamiéndolo con mucho ímpetu. Suspiró.
No hay necesidad de hacer eso, se dijo a sí mismo, ya tiene a su cerdo, no necesita ninguna perra.
.
La mañana había pasado en un vuelo, así como la tarde, salpicada por una que otra correteada de caniche a borzoi o viceversa, y entretanto, mucho, pero mucho acoso, era decir mimos, de parte del borzoi hacia el akita, que llegado a un punto se había rendido en negarse y ya solo se dejaba hacer, no precisamente a regañadientes.
Entrada la tarde, Viktor y Makkachin habían caído dormidos. Akita Yuri se cercioró tres veces antes de acercarse al Yuri humano y tratar de llamar su atención con la mayor sutileza posible. El abuelo del rubio acababa de salir a comprar unas cosas. Akita Yuri acabó por verse obligado a imitar la acción realizada por el borzoi horas atrás; se apoyó en las patas traseras y colocó las delanteras contra una de las piernas del menor.
Yuri Plisetsky se extrañó de encontrar los ojos color tierra mojada con gotas de sangre en lugar del azul cielo, - ¿qué sucede, cerdo?
Ugh, se reprendió a sí mismo el antes peli negro, ¿cómo hago para que me entienda?
Girando la cabeza para un lado y para el otro, se alegró de encontrar desperdigados, a un lado de una pequeña cómoda por donde Viktor y Makkachin habían pasado bastante antes, hojas blancas y unos cuantos lápices. Bajó y trotó hacia el lugar, haciéndose con uno de los lápices, afortunadamente con punta, y se apresuró a escribir, apoyando una pata sobre el papel y ladeando la cabeza de tal modo que el grafito chocara contra la superficie incolora. Escribió de la mejor manera que pudo, con la mayor simpleza y a la vez consistencia, en inglés.
Viktor. Birthday. Gift. Help. Need. You. Please.
Plisetsky se acuclilló junto al akita, aún más extrañado. Tomó la hoja de papel con una mano y leyó.
- Ah, quieres... Más bien, necesitas, mi ayuda para hacerle un regalo de improviso al viejo. Ya veo.
Akita Yuri meneó la cola, esperanzado. Él tenía el regalo para Viktor en el apartamento del mismo, un CD con diversas canciones muy significativas para él, con un mensaje algo cursi y corto escrito con tinta indeleble en el mismo, además de una bufanda tejida a mano cortesía de su madre, y algunas otras cosas por parte de Minako-sensei, la familia Nishigori, hasta Mari-chan, pero dada la situación...
- ¿Qué tienes en mente?
Si Yuri Katsuki se hubiera encontrado en su forma humana, que nadie tuviera dudas en que se habría abalanzado al menor y lo habría abrazado con la fuerza propia de una madre emocionada. Como no era el caso, tuvo que conformarse con menear frenéticamente la cola.
Birthday Card. Heart. Se sintió algo avergonzado al escribir lo siguiente. Love. Y lo pensó breves segundos antes de agregar una cosa más. Russian.
Yuri Plisetsky enarcó una ceja ante lo último, - ¿ruso? ¿El idioma?
El akita asintió.
- Pf, bien... Pero seguro vas a tardarte con lo que sea que quieras que ponga...
Akita Yuri se apresuró en negar con la cabeza, y volvió a la tarea de escribir. Yuri Plisetsky decidió darle su espacio, cuál no fue su sorpresa cuando el can le llamó con un ladrido, relativamente poco después. Se acercó una vez más, y leyó. Por alguna razón se sonrojó levemente.
- Tsk, cursi. - Y conciso, debía admitir.
En el papel se leía: Thank you for everything. I Love you. Happy Birthday, Viktor.
Y un poco más abajo: Yurio wrote this, I Love him for his help, too.
- Tú no quieres que yo escriba lo de abajo, ¿verdad?
El akita lo miró de un modo que el rubio interpretó como "ofendido".
¡Estúpido cerdo cursi!
.
El abuelo del rubio regresó antes de que su nieto hubiera terminado con el pedido especial del akita, por lo que el menor le encargó al mismo distraerlo, a menos que quisiera que la tarjeta acabara echa trizas; incentivo más que suficiente para que el can se apresurara a ir al encuentro del hombre de avanzada edad y, sin ideas, moviera la cola, esperando que aquella acción bastara para dar a entender que quería atención, que le acariciara la cabeza o algo por el estilo.
El canoso hombre miró por unos segundos al perro crema, antes de sonreír e inclinarse a posar su arrugada mano en medio de las orejas del can.
- Eres un buen chico, ¿verdad? - ¿eh? - claro que lo eres. Incluso cuando tus compañeros no dejaban de armar alboroto, tú te mantuviste sereno, hasta permitiste que Viktor te fastidiara sin responder a sus provocaciones. Qué buen chico. - Yuri Katsuki bajó un poco la cabeza. - Yuri, ¿cómo se llama éste muchacho?
- Igual que yo - masculló el rubio.
- No te oí.
- Katsudon - dijo en voz alta.
- ¿Katsudon? ¿Igual que el platillo japonés que tanto dijiste que te gustaba? - Yuri Plisetsky se erizó.
- S... Sí... - mierda.
El hombre senil soltó una corta risa. - Pues vaya, qué nombre para más raro.
.
Makkachin había despertado diez minutos atrás, y se había encargado de despertar a Viktor medio segundo después. Todavía adormilado, el borzoi ya había bostezado unas veinte veces, y en ese momento aumentaba una más.
- Cánsate, Viktor. - espetó el rubio.
Estoy cansado, suspiró mentalmente el aludido.
- Estás siendo muy duro con él, Yuri.
- Sus bostezos son molestos, abuelo.
- Es un perro, no hay mucho que pueda hacer al respecto.
- Eso hace que sea más molesto.
- Yuri - riendo, el anciano despeinó cariñosamente los cabellos de su nieto, - el cabello largo te sienta muy bien.
- Gracias - se sonrojó el menor.
- Es la verdad - afirmó el mayor, - ¿tienes hambre? Los pirozkhis ya deben estar listos, espera aquí. - Se levantó de la mesa y enrumbó a la cocina, desapareciendo en el interior de la misma.
- Deja de mirarme así, viejo - se quejó el más joven, - me molesta.
Viktor pensó que todo lo que él hacía molestaba al menor, y probablemente estaba en lo cierto.
¿Viktor?
¡Yuri!
Tal y como era de esperarse, el borzoi saltó sobre el akita, meneando la cola violentamente.
¡Yuri, Yuri, Yuri!
Espera un poco, Viktor, ¡espera!
Sin dejar de mover la cola, el borzoi se hizo a un lado.
¿Qué sucede?
Tengo algo para ti.
Really?
El akita asintió, está sobre esa cómoda, indicó con el hocico.
Viktor no necesitó de más palabras para salir corriendo, y ni siquiera tuvo la necesidad de saltar para tomar un extremo del papel doblado en dos y colocarlo en el suelo como acto seguido.
Oh, ¡mi lindo Yuri me hizo una tarjeta! ¡Es tan infantil!
¡Viktor! Se quejó el menor, ¡no hay mucho que pueda hacer en éste estado!
Mhhh, bueno... azul miró significativamente directo a marrón rojizo.
Akita Yuri agradeció que los perros no se sonrojaran.
Eso no.
Bu.
Viktor...
El borzoi rió en su mente. Está bien, está bien...
Ábrelo.
Con un obediente asentimiento de cabeza, el can plateado desplegó la tarjeta. Más bien, lo intentó. ¿Eh?
Vamos, ábrelo.
Eso trato. Un intento. Es solo que... Dos intentos. La hoja... Tres intentos. ¡No me deja!
Akita Yuri ladeó la cabeza. Negó con la cabeza y se acercó al mayor, con cuidado colocó una pata justo en el extremo sobresaliente del papel doblado, inclinó la cabeza y pegó la nariz en el medio; un par de segundos después la hoja se desplegaba sin esfuerzo.
Wow, se admiró Viktor.
¿Crees poder hacerlo tú solo si vuelvo a cerrarlo?
Claro que sí, aseguró sin vacilar el borzoi, pero ya que lo abriste por mí, dejémoslo así.
El akita suspiró y se apartó.
Espero que te guste.
Viktor asintió y se acercó a la tarjeta.
Sus ojos se abrieron un poco.
Oh...
¡Yuri! Se abalanzó de nueva cuenta. ¡Yuri, Yuri, Yuri! ¡Me encanta! ¡Es tan... TAN lindo! ¡La amo! ¡Te amo!
¡Feliz cumpleaños! rió mentalmente Yuri Katsuki. Yo también te amo, Viktor.
- Tsk, en verdad, consíganse una casa para perros - con un pirozkhi a medio comer en una mano, y sin dejar de masticar, Yuri Plisetsky rodó los ojos.
¡También te amo a ti, Yurio, por ayudar a mi Yuri!
- ¡No me ladres, Viktor, viejo!
Un fantástico cumpleaños.
