Día 3. Lunes.
No había duda de que Yuri Plisetsky podía ser cruel cuando se lo proponía.
¡Quiero salir! ¡Quiero salir! Las quejas, convertidas irremediablemente en nada más que ladridos, no cesaban de escapar de garganta y hocico de quien fuera la leyenda viviente del patinaje, convertido en perro. ¡Yurioooooo!
Viktor, por favor. Apartado cerca del sofá, Yuri continuaba tratando de detener al mayor. Las personas pensarán que eres Makkachin y se crearán rumores.
¡Pero quiero salir, Yuri! El borzoi no se daba por vencido, dando vueltas como león enjaulado, más bien perro, continuaba llamando a viva voz al ruso menor de edad. Yurioooooo, ¡ya regresa!
No va a regresar, tú y yo sabemos que fue a la práctica del día. Viktor, por favor, en verdad tienes que parar. Enfatizando el en verdad, se abría cruzado de brazos de haber podido, en reemplazo se sentó muy recto.
¡Es una injusticia! ¡Injusticia, Yuri!
No es una injusticia si de todos modos no podemos pisar la pista de hielo, suspiró, además quién sabe qué excusa habrá dado el entrenador Yakov para cubrir nuestra semana de ausencia...
¡No es posible que no estés enfadado también, Yuri! ¿Qué clase de persona no se enfada con algo así? Eres demasiado bueno, pero yo no... Continuaba por su parte el borzoi.
¿¡Me escuchaste siquiera!? Se erizó el akita. No, no creía que le hubiera prestado un mínimo de atención.
Viktor era todo un cabezota cuando se lo proponía. Igual que Yuri, los dos Yuris.
¡Yurioooooooooooo!
De nada sirvieron las quejas, por poco llegando a convertirse en súplicas, del can de pelaje plateado. Las horas pasaron y no fue hasta llegada la tarde que el ruso de ojos jade menor de edad se presentó en el apartamento del ruso penta campeón.
¡Tardaste una eternidad! Atacó Viktor, nada contento. ¡Y tengo derecho a decirlo ya que mi tiempo es tiempo de perro ahora, Yurio!
Akita Yuri ni siquiera se había planteado aquello.
- Cierra la boca, viejo - gruñó Plisetsky, - tardé porque la veterinaria tenía noticias cuando Yakov la llamó tras la práctica, una vez los demás se fueron. - Las orejas del akita se tensaron ante el adelanto de la noticia.
¡Y te atreves a callarme, además! ¡Es el colmo! No puedo creer que... Pero Nikiforov estaba demasiado absorto en su incesante queja como para prestar atención a las palabras del más joven.
Yuri Plisetsky le ignoró y fue a empezar con el contenido de lo hallado por la veterinaria, - resulta que ella tiene un viejo amigo, que también es veterinario, y trabaja en... - pero...
No escucharé nada hasta recibir una disculpa. Con todo el capricho del mundo, Viktor giró en redondo sobre sus cuatro patas y se alejó, ante la mirada sorprendida del rubio y del akita.
- Tiene que estar bromeando, ¿cierto?
El suave repiqueteo de las patas del borzoi le dieron la respuesta al rubio.
- ¡Que no me joda!
Akita Yuri suspiró. ¿Por qué nada podía ser fácil? Él podía escuchar lo que el menor tuviera que decir, pero no se sentiría bien. Le pidió paciencia al contrario con una mirada.
Por favor, Yurio.
- Ah, que los jodan a ambos. Más vale que te des prisa. - Akita Yuri asintió y se apresuró a alcanzar al borzoi, que ya había subido a su cama y se había arremolinado en torno a sí mismo, enfurruñado.
Viktor...
No, Yuri, no. Quiero unas disculpas.
¿Podríamos al menos escucharlo primero y luego esperar a por las disculpas?
No.
Viktor...
He dicho que no, Yuri.
Pero es importante.
¡Que se disculpe también lo es!
No más que lo que la doctora Morikawa haya averiguado.
¿Cómo es que recuerdas su apellido?
Tiene el mismo nombre de Yu-chan, por eso me lo aprendí.
Hmmm...
Viktor.
Ah, ¡de acuerdo! Escucharé lo que tenga que decir.
Buen chico.
Oh, me gusta cómo suena eso.
¡Viktor!
¡Pero lo digo en serio!
Eso era lo peor de todo...
El par de recientes canes regresó a la sala en el preciso momento en el que Yuri Plisetsky cortaba la llamada que acababa de terminar, y por la expresión en su rostro no se trataban de buenas noticias.
- Olviden lo que les dije antes - bufó, - Yakov acaba de llamarme, me dijo que el compañero de la doctora se equivocó, y no se trataba de lo que él creía. Ella continuará averiguando.
Oh... Akita y borzoi compartieron una mirada.
- Joder... - restregó sus palmas contra su rostro el más joven. El único con palmas, a fin de cuentas.
No es tu culpa, Yurio. Pensaron al unísono.
- Lo siento.
¿Uh?
- Dije que lo siento - gruñó el rubio, - por tardar tanto, ya saben. Realmente creí que debía quedarme y oír todo junto con Yakov en lugar de salir corriendo y que él me llamara para hacerme un resumen cuando llegara.
¡Yurio! Se abalanzó Viktor.
- ¡No molestes, viejo! ¡Déjame en paz! ¡Déjame! ¡Cerdo, controla a tu perro!
Makkachin llegó corriendo, uniéndose al juego.
- ¡Agh! ¡Cerdo!
Por primera vez, Akita Yuri también se unió.
- ¡No! ¿¡Tú también!? ¡Aléjense de mí!
¡Amamos mucho a Yurio!
Cuando Yuri Plisetsky al fin consiguió deshacerse del trío de perros sobre él, les prometió con una expresión sombría que como se les ocurriera volver a hacer algo remotamente semejante, los castraría a patadones, muy lentamente.
Ninguno puso en duda sus palabras.
Y para cuando la hora de la cena llegó, ni siquiera Makkachin había intentado acercarse al rubio.
