Día 5. Miércoles.

Ese día Viktor no insistió en acompañar al rubio a las prácticas, en su lugar se acurrucó más al akita en cuanto el ruso menor se hubo ido.

Yuri Plisetsky regresó más temprano de lo habitual, sin ninguna nueva, ni buena ni mala. No se molestó en comentar que Mila le hizo varias preguntas con respecto a los "adorables perros que trajiste ayer".

A Viktor se le ocurrió que quizá ni él ni Yuri fueran capaces de ver lo que pasaran por televisión, recordando algo sobre ello que había leído hace un tiempo mientras vagaba por internet. Tras largo rato consiguió que Yurio le entendiera y encendiera el televisor.
Se alegró al comprobar que no era el caso y tanto Yuri como él veían a la perfección.

Viktor quería ver una película, Yuri estuvo de acuerdo. Yurio encogió los hombros.
Se decidieron por un thriller. Ninguno la había visto antes. Hicieron sus respectivas especulaciones conforme la película avanzaba.

Viktor estaba seguro de que el hombre era el culpable y había asesinado a su esposa, en cambio el par de Yuris coincidieron en que era demasiado obvio y por lo tanto la esposa era la verdadera culpable, aunque se suponía que la misma estaba muerta. Habrían podido apostar. Viktor y Yurio habrían estado más que dispuestos a hacerlo, pero ninguno dijo o trató de indicar que era lo que quería. Así que la película transcurrió sin más que exclamaciones por parte del rubio y diversos sonidos cortesía del par de perros, más de uno que de otro.
Cuando se descubrió quién era el culpable, Yurio no se contuvo ni un poco en restregar su triunfo ante la cara del borzoi. E incluso extendió la palma derecha hacia el akita, que, tras medio segundo de vacilación, apoyó una pata contra la mano ajena.

- No eres tan tonto después de todo, cerdo - sonrió Plisetsky.

Yuri agitó la cola sin proponérselo.

Viktor no estaba demasiado feliz.


Unas horas más tarde, Yurio se había quedado dormido sobre el sofá.

Adorable.

Yuri...

¿Si, Viktor?

¿Por qué nunca has chocado los cinco conmigo?

¿Eh? Giró a ver al contrario, que le miraba con ojos de borrego. Parpadeó. Eso debía contar como puchero cuando eres perro. ¿A qué viene esa pregunta tan de repente?

No es repentina, se quejó Viktor, hace rato chocaste los cinco con Yurio y en cambio conmigo jamás lo has hecho.

Eso es porque nunca me has pedido que lo haga.

Chocar los cinco no es algo que se pida.

Claro que si, ¿qué pasa con la frase "choca esos cinco", si no?

Umh... Pero Yurio no te pidió que se los chocaras.

No, y tú tampoco lo has hecho, ni directa ni indirectamente.

Really?

Really.

Oh... De pronto el borzoi parecía apenado. Lo siento, pensé que sí lo había hecho.

No, lo que hiciste fue, en su mayoría, abrazarme, entrelazar tus dedos con los míos, lanzarte contra mí y besarme...

Viktor rió mentalmente. Me salté por completo el chocar los cinco.

Sí, lo hiciste. Asintió Akita Yuri.

Chocaremos los cinco cuando volvamos a ser humanos.

Hecho.

¿Y cuándo volverían a ser humanos?


Yurio despertó poco después de la plática mental del par de canes antes humanos.

- ¿Qué...? - frunció el ceño, - ¿se la pasaron ahí mirándome dormir todo el maldito rato? - un asentimiento por partida doble. - ¡Idiotas!

Y un movimiento de cola coordinado.

Makkachin se les unió minutos más tarde.


Horas más tarde, Plisetsky se despidió del trío de perros y abandonó el apartamento, deseándoles unas buenas noches, muy a su manera.

Makkachin fue el primero en llegar a la habitación de su dueño y subir a la cama que el mismo compartía con el antes pelinegro.

Incluso cuando los tres eran perros, el caniche dormía a los pies de la cama, en posición horizontal.

Y Yuri se quedó mirando largo rato en dirección del siempre can.

¿Yuri? Llamó Viktor.

No obtuvo respuesta.

Yuri. Insistió.

Pero nada.

¡Yuri!

¡Estoy escuchando! La respuesta, violenta, sobresaltó al borzoi, que calló por largos segundos. Estoy... Te oí, Viktor.

El perro de pelaje color plata se acercó más al de pelaje crema.

Perdón.

No te disculpes. Suplicó Yuri, en un tono lastimero. Solo haces que me sienta peor...

Yuri.

¿No te preocupa lo que dijo la doctora Morikawa, Viktor? Quiero decir. El Akita sacudió la cabeza. ¿Ni siquiera un poco? Yo no... Por mucho que quiera pensar en positivo, solo no lo consigo. La suave voz en un principio se iba tornando aún más suave, convirtiéndose en un murmuro. No puedo...

Yuri. Viktor tenía la espalda muy recta, todo el porte de la altura que poseía como perro mostrándose y realzando su presencia en todo su esplendor. Yuri, mírame.

El mencionado clavó la mirada en las patas delanteras contrarias.

A los ojos, Yuri.

Soltando un pesado suspiro, el akita obedeció.

Azul contra café. Café contra azul.

No sé si volveremos a ser humanos.

Yuri sintió una oleada de renovado pánico golpearlo con crueldad.

La veterinaria fue muy honesta al no ocultarnos ese dato, aunque también pienso que fue una idiota, pero ella no tenía forma de saber lo ansioso que puede llegar a ser mi lindo Yuri.

Vik- comenzó Yuri.

No, espera. Déjame terminar. Viktor le interrumpió. Tenía muchas ganas de gruñirle en alto y hasta morderla por soltar algo como eso enfrente de ti, incluso cuando tu reacción fue... casi nula.

Yo ya-

Que me dejes terminar. Chasqueó la lengua en su mente.

Yuri asintió, pidiendo perdón con la mirada.

Sé que desde el primer día tratas de hacerte a la idea de que podríamos permanecer de este modo por el resto de nuestras vidas, Yuri. Lo sé. Te conozco, sé que te repites cada noche, luego de rogar por tener pulgares en silencio por la mañana, y antes de dormir, que "a fin de cuentas no se está tan mal siendo un perro". La mirada azulada fija en la marrón. Lo sé, y por eso he estado tratando de animarte, Yuri... ¿Lo hago tan mal?

El akita se erizó en su lugar, rompiendo el contacto visual al negar una y otra vez con la cabeza.

No. No,no,no,no. ¡Por supuesto que no!

Yuri...

¡Lo juro! ¡E-Everything's okey!

Mientes.

¡N-No! Viktor, estás en lo cierto, yo no puedo no pensar en esa posibilidad pero...

Aún si es así. Interrumpió una vez más Nikiforov.

¿Eh...?

Aún si así fuera. Repitió Viktor. Aún si nos quedáramos como perros, yo sería feliz, porque estaría a tu lado. Eso es lo único que me importa.

Viktor...

Yuri sintió que podía ponerse a llorar en ese preciso momento, pero no lo hizo.

Aunque claro que quiero mis pulgares de regreso. Acotó el mayor.

Viktor.

¿Si?

Perdón.

No te disculpes. Agitó la cola el borzoi, Yuri lo interpretó como una sonrisa. Haces que me sienta peor.

Makkachin se había quedado dormido mientras aquella conversación tenía lugar.