Aquí BlAnWhide. Aquí se acaba la historia, y antes de que empiecen con Día 7. Viernes. Quiero agradecerles. ¡Muchas, muchas gracias! Por sus reviews, por sus favoritos, por seguir la historia, ¡y sobre todo por leer! Agradezco infinitamente a todos y cada uno de ustedes. Y aquí hago mención de: AdelY-sensei, quien fue la primera persona en dejar un review, así como Gotti Calavera, que fue la segunda, invaso'rs Queen, la tercera, Taurus95, la cuarta, zryvanierkic, la quinta (y es compatriota, crjo! XD), Kiku, quien no tiene cuenta, y fue la sextra, y por último, en menciones, a Coco, del mismo modo sin cuenta. ¡Sólo 7 menciones directas porque es mi número predilecto! XD

Una vez más, gracias, gracias, gracias. Y espero les guste el final.

Abrazos a la distancia.


Día 7. Viernes.

En menos de 24 horas empezaba un nuevo año. Tanto Viktor como Yuri podían aseverar que jamás estuvo en sus planes de corto, mediano ni largo plazo empezar un año como perros, literalmente.


El reloj de pared dio las 8:30 en punto cuando Yuri Plisetsky abrió de golpe la puerta principal del apartamento.

- ¡Escuchen, Cerdo, Viktor! - la pareja de canes, a la que se agregó Makkachin poco después, conformando así el trío, se acercó a buen paso a la sala. - La doctora vendrá en el transcurso del día, no dijo hora exacta, pero definitivamente vendrá. No quiso darnos ningún detalle ni a Yakov ni a mí, así que sabemos tanto como ustedes, que es prácticamente nada - resoplando, apenas dejó entrever el amago de una sonrisa, - más vale que se dé prisa.

Viktor trató de saltarle encima al rubio, olvidando por completo la promesa del mismo de castrarlo a lo bruto. El menor trató de patearlo, fallando por poco.

Yuri Katsuki estaba tan aliviado... Bueno, comenzaba a estarlo.

Todo estaría bien. Volverían a ser humanos.

Porque la visita recién anunciada de la veterinaria tenía que significar una cara encontrada, ¿no era así? Tenía que ser.

El estómago del akita gruñó audiblemente, reclamando alimento.

Oh, ¡tan lindo!

Akita Yuri ya no sabía cuantas veces había agradecido el que los perros no pudieran sonrojarse.

Desayunaron.


El reloj marcaba quince minutos pasadas las nueve cuando Viktor decidió que estaba aburrido y por lo tanto quería salir a dar una vuelta.

Viktor, la doctora Morikawa vendrá, no podemos salir del apartamento. Le recordó el antes pelinegro.

Pero ella seguramente llamará cuando esté por llegar, Yuri, y yo en serio estoy aburrido. Miró a su prometido con ojos suplicantes. Sin contar aquella vez en que fuimos a la práctica con Yurio, ¡no hemos dejado el apartamento en lo absoluto! Quiero caminar un poco. Insistió.

No, Viktor. Es una mala idea.

Yuriiiii.~

Katsuki sacudió la cabeza, no cediendo en lo absoluto.

Plisetsky enarcó una ceja ante la escena. Eso no se veía todos los días, muy aparte del factor de que el par de mayores fueran perros, el rubio se refería al inusual aplomo en la negativa del akita.

Por favoooooooooooor.

No, Viktor. No cambiaré de opinión.

El borzoi parpadeó repetidas veces, pasando de agitar la cola eufóricamente, a moverla de forma muy lenta.

Pero...

Viktor. Yuri dio un único paso hacia el mayor. No.

El perro color plata suspiró.

Okey...

Yuri se acercó dos pasos más. Ahora mírame.

Viktor levantó el hocico, y su nariz chocó con la del menor.

El akita presionó, apenas, y se alejó. Agitó la cola.

Lo siento, pero en verdad no podemos salir a ninguna parte.

Viktor se mantuvo callado largos segundos. Y, después, saltó sobre el perro color crema.

¡Eres tan maravilloso!

Yuri Plisetsky resopló, recordándoles a los antes humanos que él seguía ahí.

- Asquerosos - resopló.

En serio, ¿cuántas veces podía agradecer Yuri Katsuki que los canes no pudieran sonrojarse?

Makkachin ladró, agitando la cola, con la lengua fuera.


A las 10:45, Yuri Plisetsky le lanzó uno de los cojines del sofá al dueño del mismo, que no hizo más sacudirse y continuar acosando al pobre akita.


A las 11:05, Makkachin aprovechó que su dueño, transformado en perro, fue a por unos tragos de agua y ocupó el lugar de éste, al lado de akita Yuri, que apenas y lo notó.

El borzoi se mostró divertido al encontrar a su caniche pegado al lado derecho de su prometido, y se acercó para hacerlo a un lado.

Viktor definitivamente no esperó que su adorada mascota lo ignorara, en un primer momento, tampoco que agitara sus orejas, en clara muestra de fastidio, pero el colmo fue que le gruñera. ¡A él! Respondiendo con otro gruñido, atacó una de las orejas del caniche.

¡Viktor, no pelees con Makkachin!

¡Pero...!

¡Pero nada, no lo molestes!

¡Yuri! Sintiéndose traicionado, el borzoi se acercó a donde se encontraba el rubio: el sofá, y se impulsó en sus patas traseras, apoyando las delanteras sobre la blanda superficie.

Yurio, Yuri escogió a Makkachin por sobre mí...

-¡Maldita sea, viejo! ¡Comprende de una vez que no entiendo lo que dices!

¿¡Por qué todos están contra mí!?


No.

Viktor.

No.

Viktor...

No.

Sabes que Makkachin no te dejará en paz hasta que le hagas caso.

El caniche continuaba olfateando una de las orejas, la izquierda, de su amo convertido en perro, y se le notaba el entusiasmo, lo suficiente como para que continuara por largos minutos.

Debió pensar en que querría mi atención antes de meterse contigo.

¡Eso suena a que te engañé con tu perro! Se quejó Akita Yuri.

Hm.

¡Viktor!

- ¡Deja de chillar, cerdo/perro estúpido! - exclamó Plisetsky.

¡Pero Viktor acaba de llamarme infiel, además de zoofílico, Yurio!

- ¡Dije que cerraras el hocico!

Marrón rojizo se clavó en verde jade.

El dueño del segundo par enarcó una ceja.

- ¿Qué? ¿Quieres que golpee a Viktor?

¡Por supuesto que no! se erizó el akita, sacudiendo la cabeza en una negativa.

- ¡Entonces cállate!

Akita Yuri agachó la cabeza.

Las 11:12.


Tres minutos más tarde...

¿Yuri?

Nada.

Yuri...

Silencio.

Yuri,Yuri,Yuri,Yuri.

Pero no obtuvo respuesta.

¡Yuri! ¡Sólo bromeaba!

Hmm...

Yuriiiiiiiiiiiiiii, lo sieeeentooo.

El akita miró hacia otro lado.

Perdón, Yuri. ¡Yuri!

Está bien...

¡Yuri!

En verdad...

¡Pero no estás mirándome!

No quiero mirarte.

Viktor abrió sus ojos tanto como un borzoi podía hacerlo.

Yuri...

Por favor, deja de decir mi nombre.

Viktor sacudió la cabeza, negando, como si se le fuera la vida en ello.

¡Me niego a dejar de decirlo, no hasta que me perdones!

Viktor, por favor...

¡Era una broma!

Lo sé. Solo... Dame algo de espacio.

Yo...

Por favor.

No quise...

Viktor.

El borzoi soltó un leve gemido.

- Oigan - Yuri Plisetsky elevó la voz, obteniendo la atención de la pareja, y señaló al caniche, al cual se encontraba acariciando, - háganme el jodido favor de pelearse cuando vuelvan a ser humanos, y no antes. ¿Es mucho pedir?

Makkachin ladró dos veces, apoyando la solicitud/orden del rubio.

El akita suspiró.

¿Yuri?

Sé que fue una broma, y que no debería afectarme, pero...

¡Por ser tú, inevitablemente iba afectarte, Yuri! Aquellas palabras equivalieron a una pesada roca sobre la espalda del akita. ¡Debí pensar en eso antes de decir nada! ¡Lo lamento mucho!

Tú... el antes pelinegro rió suavemente, tú realmente no sabes cómo animar a otra persona.

El aún peliplata asintió.

Prometo besarte más tarde.

Marrón rojizo observó azul cielo con ternura.

Quizá yo me adelante y te bese primero.

La cola del borzoi se agitó.

Eso me gustaría.

Yuri Plisetsky entrecerró los ojos.

- Makkachin - murmuró; el caniche volteó a mirarlo, - ve y muérdelos de mi parte.

La peluda y esponjosa cola se agitó. Makkachin salió corriendo.

Era un perro muy obediente.


Almorzaron a las 14:00.


Akita Yuri caminaba de un lado al otro, frente a la puerta, sin poder ocultar su creciente ansiedad.

La veterinaria tardaba demasiado.

Yuri.

Viktor se unió al ir y venir de su prometido.

Lo siento.

Está bien. Aseguró el borzoi. Es una forma muy eficiente de digerir la comida.

El perro crema meneó la cola.


15:00.

- ¡Argh! - Yuri Plisetsky estalló. - ¿¡Dónde mierda está esa veterinaria!?

Viktor le ladró.

- ¡A mí no me grites, viejo! ... ¡Ni me ladres!

El borzoi gruñó, e indicó al akita con la cabeza, que ahora estaba muy quieto.

El rubio lo comprendió al instante.

- Tsk. - Chasqueó la lengua. - Ya no debe tardar...


Makkachin rascaba la puerta, mientras Viktor acariciaba una de las semi puntiagudas orejas de Akita Yuri con su húmeda lengua, y Yuri Plisetsky intercambia su foco de atención entre su teléfono celular, el caniche, y la fastidiosa escena de la pareja.


Exactamente a las 15:02, el tono del timbre inundó la sala. Tres pares de orejas se alzaron, un par de piernas salieron disparadas con dirección a la entrada, y tres cuartetos de patas le siguieron.

Yuko Morikawa no perdió absolutamente nada de tiempo.

- Serán canes hasta el fin de sus días.

Uno.

Dos.

Tres.

Akita Yuri se desvaneció.

Viktor ladró.

Yuri Plisetsky gritó.

Makkachin babeó.

Yuko Morikawa se acuclilló, sin mostrar una pizca de miedo ante las más que obvias intenciones del borzoi por atacarla.

- Cálmate - expresó, motas de fastidio sobre su profesional voz inexpresiva. - Mentí.

¿Eh?

La veterinaria tomó una muestra de sangre del akita, agitando el pequeño recipiente con fuerza tras sellarlo, y agregar dos gotas de un líquido que quizá fuera agua. Clavó la oscura mirada en el reloj que adornaba su muñeca.

Regresó la sangre al interior de su dueño.

- Ahora tú - indicó hacia el borzoi, sin mirarlo. - No te muevas.

Armó la segunda jeringa y extrajo el líquido carmesí con una eficiencia brutal. Tres gotas. Sellado. Agitar. Cronometrar.

Azul cielo chocó contra verde jade, totalmente desconcertado, antes de que el primero sintiera el segundo pinchazo y el ligero dolor mientras la sangre, ya no pura, se mezclaba con el resto.

- Bien.

Viktor fue a suspirar, pero sintió un tercer pinchazo que no vio venir.

Soltó un quejido.

- Anestesia de rápido efecto. -Explicó, ignorando el claro reproche en la mirada azulada. - Buenos noches, Viktor Nikiforov.

Cinco segundos más tarde, la consciencia del borzoi cedía y se alejaba hasta perderse tras la puerta del sueño.

15:06.


15:07.

- ¿Debo aplicarle la segunda inyección a Yuri, también, joven? - Negro azabache se trasladó hasta encontrar verde jade.

Yuri Plisetsky sacudió la cabeza. - No. Sí... Argh - se turbó. - Sí. Hágalo.

Observó a la veterinaria aplicar mucha menor cantidad en el akita.

- ¿Qué...?

- Le aconsejaría que llame al señor Feltsman, joven Plisetsky - la pelinegra se puso de pie, tras guardar los escasos instrumentos médicos que acababa de emplear de regreso a los bolsillos internos de su bata. - Pero antes, solicito su ayuda, para levantar a estos pacientes, y guía, para llevarlos a alguna habitación, de preferencia por separado.

El rubio se extrañó ante aquello último, pero no puso objeciones, olvidando la pregunta que había estado por formular.

- Bien. Sí.

Juntos, levantaron al borzoi, que acabó sobre las mantas de su propia cama, relajado.

- Yo me encargo del akita - declaró la mujer, tomándolo entre sus brazos. - Es mucho más liviano.

El ruso menor observó por cortos segundos al can color crema en brazos de la mujer. Sí que se veía pequeño.

- Es por aquí.

Una habitación mucho más pequeña, que nunca se usaba, pero aún así contaba con una cama debidamente complementada.

Yuko Morikawa arropó al akita con sumo cuidado.

- Asumo que se quedará aquí hasta que ellos despierten, ¿no es así?

La mujer asintió, sin apartar la mirada del can.

- Deben despertar en una horas, aproximadamente.

- Bien. Llamaré a Yakov ahora

- Hágalo fuera de la habitación.

Plisetsky fue a replicar, pero decidió obedecer, y salió, cerrando la puerta tras de sí.

- Todo estará bien - susurró Yuko, inclinándose más cerca del akita, y acariciando la cabeza del mismo. - Todo estará bien, Yuri.


Media hora más tarde, Yakov hizo acto de presencia en el departamento del penta campeón, junto con Lilia.

Yuri Plisetsky ya esperaba algo así.

Las dos mujeres compartieron una mirada, larga, que erizó la piel del par de hombres.

- Es un placer. - Indicó Yuko.

- Igualmente. - Declaró Lilia.

Y ya no intercambiaron más palabras.


Exactamente a las 19:00. Yuri Katsuki abrió los ojos, y volvió a cerrarlos tres segundos más tarde.


El reloj marcó las 21:40 cuando Viktor despertó.

Parpadeó.

Bostezó.

Y rascó detrás de su cabeza.

Entonces se quedó muy quieto.

Una gran sonrisa creció en sus labios, misma que no hizo sino ensancharse al oír la voz, más bien el grito, de la persona que más quería en el mundo.

No se enfadó por no encontrarlo a su lado, ni siquiera tuvo tiempo de pensar en ello.

Volteó a clavar la mirada en la mesa de noche, que se encontraba del lado que ocupaba su prometido.

Justo allí, en el medio, el par de anillos, brillando como el primer día.

Se apresuró a tomarlos, se deshizo de la manta que cubría su obvia desnudez y salió disparado hacia la puerta.

- ¡YURI!


22:00.

- Interesante. - Yuko y Lilia expresaron a la vez, pero ni así voltearon a mirarse.

- ¿¡Interesante!? - chilló Yuri Plisetsky. - ¡Viktor tiene cola! ¡Y el cerdo orejas de perro!

- Una cirugía y el problema estará resuelto - declaró fríamente la veterinaria.

Yuri Katsuki se erizó.

- Es una broma - Yuko sonrió, tomando por sorpresa al resto de presentes, sobre todo a Plisetsky, - A más tardar, se habrán ido en un par de días.

- ¿Y si no es el caso? - inquirieron a una voz, Yakov, Yuri Katsuki y Yuri Plisetsky.

Viktor estaba muy ocupado meneando la plateada cola.

- Entonces llámenme, y los veré en mi consultorio. Pero si fuera ustedes, no me preocuparía.

- A mí me gusta mucho - sonrió el peliplata, sonriendo de forma adorable.

- No puedes competir así, Viktor.

- ¿Por qué no? Nadie tiene porqué enterarse que es de verdad. - canturreó. - Además, Yuri se ve extra lindo con esas orejas.

- Yo no quiero patinar con orejas, Viktor...

- No le veo absolutamente nada de malo - infló las mejillas el mencionado.

Un suspiro general.

- De acuerdo, será mejor que me vaya. - Yuko se puso de pie.

- Oh, espera, espera. - Viktor se adelantó, y tomó las manos de la veterinaria entre las propias, - quédate, por favor.

Morikawua negó con la cabeza, - se lo agradezco, pero no puedo.

- ¿Tiene compromisos previos? - inquirió Yuri Plisetsky.

- No - admitió la pelinegra, - p-

- Entonces, quédese - Yuri Katsuki se unió, cortando la declaración ajena.

- En unas horas es año nuevo.

- Exactamente por eso - sonrió el japonés. - Por favor.

La mitad japonesa mitad rusa lo meditó.

- Muy bien, si a nadie le resulta inconveniente, me quedaré. - Cedió.

- ¡Grandioso! - celebró el ruso penta campeón.

- Pero sólo hasta la una de la madrugada.

Yuri Katsuki colocó su mano derecha en el hombro izquierdo de su prometido, el anillo resplandeció.

- Gracias, muchas gracias, Morikawa - san.

La pelinegra apreció los rasgos asiáticos de aquel chico. Y decidió que, sin importar nada más, viajaría a Japón el año siguiente.

- Fue un placer.


El reloj marcó las 00:00 horas, atrapando a Lilia repitiendo por enésima vez que no regresaría con su ex esposo, a Yuri Plisetsky evadiendo un abrazo de Viktor, seguido de cerca por Makkachin, y a Yuko aceptando un vaso de agua tibia ofrecido por Yuri Katsuki.

- ¡FELIZ AÑO NUEVO! - proclamó Viktor, y rió.

FIN