Día 2. Domingo.
Por la mañana, luego de que Viktor se quedara dormido.
Yuri Plisetsky cruzó los brazos, y recargó el cuerpo del marco de la puerta de la cocina, paseando la mirada color jade por los estantes cerrados, mientras Yuri Katsuki bebía agua, inclinado sobre el bebedero perteneciente a Makkachin.
- ¿Cómo lo haces? - preguntó el rubio, ladeando la cabeza. - ¿No sientes rara la lengua?
Plisetsky se erizó, observando al akita sacudirse.
- ¿¡Cerdo?!
Akita Yuri se apresuró en girar, y el ruso notó la risa bailando en los orbes color marrón rojizo.
- ¡Maldito seas! - chilló el rubio, furioso. ¡Se acababa de preocupar por nada!
Akita Yuri se erizó. ¡Lo siento!
.
Por la tarde.
Yuri Plisetsky revisaba su teléfono celular.
Yuri Katsuki lo observaba en silencio, antes de intentar subir al sofá, donde se encontraba sentado el menor.
El rubio no lo notó sino hasta varios segundos después.
Enarcó una ceja.
- ¿Cerdo?
El antes pelinegro agitó ligeramente la cola.
¿Me ayudas? Preguntó inocentemente con la mirada.
Yuri Plisetsky resopló, rodando los ojos.
Las orejas semi puntiagudas bajaron levemente.
- No te muevas - espetó el menor, y Akita Yuri se vio levantado segundos más tarde, encontrándose sobre el sofá después.
Marrón rojiza observó con sorpresa hacia verde jade, o lo intentó, porque Yuri Plisetsky había regresado su total atención a la pantalla de su celular.
La oscura mirada brilló.
Y la espiralada cola se agitó.
Gracias, Yurio.
.
Más tarde, esa misma tarde.
Yuri Plisetsky miró de reojo hacia dónde se encontraba Yuri Katsuki, y lo encontró dormido, descansando la cabeza sobre las patas delanteras.
El rubio bufó, sonriendo levemente.
Qué idiota.
Decidió echarse, del mismo modo, y cuidó que su cabeza no chocara con la del can bajo ningún término.
Pero antes...
