Día 5. Miércoles.
Por la mañana, después de que Yuri Plisetsky saliera de casa de Viktor.
Viktor se acurrucó más contra el cuerpo de su prometido, que continuaba profundamente dormido.
Yuri. Susurró en su mente, esperando por una respuesta que no llegó.
Ni la segunda, ni la tercera, ni la cuarta vez que llamó.
Viktor suspiró, resignado.
Se puso de pie, con lentitud, y caminó hacia la sala, tras haber pegado su húmeda nariz del tope de la cabeza del akita.
Makkachin se revolcaba en el sofá, a sus anchas, y se detuvo en seco cuando sintió la mirada azulada sobre él.
Viktor ladeó la cabeza, divertido.
¿Qué se supone que haces, Makkachin?
El caniche, todavía de espaldas, agitó la cola, apenas.
Está bien. Indicó el borzoi. Yuri está durmiendo.
Oh. Makkachin giró, y se sentó. Bien. Yo... Uh...
Dilo con confianza. Animó Viktor.
Es que el sofá tiene su olor, el de ambos. Quiero decir... Huele a Yuri, y a ti.
El can color plata abrió bastante los ojos. Así que se trata de eso.
Sí... Las largas orejas del perro marrón bajaron un poco. Aunque puedo estar cerca de ambos, no es igual...
Viktor suspiró.
Makkachin, la veterinaria dijo que Yuri y yo quizá no volvamos a nuestras formas humanas.
¡¿Eh?! La cola del caniche se tensó, y las orejas se elevaron. ¿Serán perros por siempre?
La veterinaria aún está buscando una cura, no se da por vencida, sin embargo eso fue lo que nos dijo.
¡Yuri! El caniche gimoteó. ¡Él debe...!
Yuri no hizo nada, Makkachin. Él solo escuchó en silencio, nada más.
Eso no es bueno.
No, no lo es. La mezcla de preocupación y tristeza en aquella oración golpearon al perro color marrón, que bajó del sofá de un salto, y se apresuró a llegar junto a su dueño, convertido en perro.
¿Y qué fue lo que le dijo para calmarlo?
La culpa se reflejó en los orbes azul cielo.
Amo...
Calló dormido apenas luego de cenar, Makkachin. Viktor bajó las orejas, y aún sigue durmiendo...
Amo.
Hablaré con él en cuanto despierte.
No.
¿Qué?
Si aborda el tema de golpe, apenas Yuri abra los ojos, no hará sino asustarlo. Asustarlo más.
Tienes razón. Viktor se sintió tonto.
No se sienta mal, amo. Makkachin leyó los orbes claros de su dueño, que eran los mismos que tan bien conocía. Usted nunca piensa bien cuando se trata de Yuri.
El borzoi resopló, riendo mentalmente.
Y me lo recalcas. Se quejó.
Usted necesita que le recalquemos todo constantemente, su memoria es muy mala.
¡Makkachin!
Pero es la verdad.
Lo es, pero no me gusta oírla.
Eso es porque está muy mimado.
¡Makkachin!
El caniche meneó la cola.
La verdad, amo, solo digo la verdad.
Viktor frunció el ceño.
Y amo y mascota se echaron a reír.
