Día 7. Viernes.
¿Qué hubiera pasado si Yuri Katsuki hubiese cedido ante la insistencia de Viktor?
- Eres patético - chasqueó la lengua el rubio, mirando con fastidio hacia akita, borzoi, y caniche.
¡Yuriooooo!
- Bien - siseó, - saldremos, pero solo un rato.- ¿Extraño que el menor no se hubiese negado? La explicación era sencilla: patearlo a unas horas de volver a ser humano no tenía sentido, lo haría cuando volviera a tener pulgares.
La plateada cola se agitó enérgicamente, igualando y sobrepasando el ánimo con el que la color canela lo hacía.
La cola crema, en cambio, estaba tensa, aunque nadie lo notara debido a que la misma estaba enrollada.
A Akita Yuri definitivamente no le parecía una buena, no, y no.
Pero Yurio ya había aceptado, y nada en el mundo haría a Viktor cambiar de opinión.
El borzoi le indicó al hada rusa la ubicación del collar del caniche, en la cocina, bajo el estante en el que se encontraba la comida para perros.
- Supongo que no tienes collares extra, ¿verdad?
¡En realidad sí tengo!
Yuri Plisetsky no entendió aquel mensaje en un primer momento, pero se sorprendió de que la respuesta fuese afirmativa.
Un collar rojo y uno azul, en el interior de uno de los múltiples cajones.
- Quédate quieto, viejo.
Espera, ¡yo no voy a usar eso!
- ¡Dije que te quedes quieto!
Viktor gruñó, y salió corriendo hacia la sala.
¡Corre, Yuri! ¡Yurio quiere ponernos collares!
¿Tienes más collares además del de Makkachin?
¿Por qué les sorprendía tanto?
Si Viktor hubiera tenido tiempo para ofenderse, lo habría hecho.
- ¡Viktor! - rugió Plisetsky, - ¡ven aquí o no iremos a ninguna parte!
¡Pero no quiero usar un feo collar!
Viktor. Akita Yuri negó con la cabeza. Es por seguridad.
Pero, Yuri...
El aludido se puso de pie, y se acercó al ruso menor, levantando la cabeza.
Yuri Plisetsky se acuclilló frente al akita, y pasó el collar rojo por el hocico, la cabeza, hasta llegar al cuello del can y acomodarlo.
- ¿Lo sientes apretado?
Yuri Katsuki negó con la cabeza. No, está bien. Gracias, Yurio.
Marrón rojizo giró en dirección de azul cielo. Pero nada, Viktor.
Las plateadas orejas bajaron, y el borzoi retrocedió dos pasos.
No quiero...
Habría retrocedido más, pero algo obstruyó su retroceso.
Giró la cabeza, topándose con nada más y nada menos que con Makkachin.
Y fue como si una daga atravesará su corazón.
Yuri Plisetsky se enderezó y acercó al can plateado.
Yuri, creo que mejor ya no vamos a ninguna parte.
Pero el akita lo ignoró.
Cinco minutos antes de las nueve, Yuri Plisetsky abría la puerta, y permitía que los tres perros salieran antes de hacerlo hoy, cerrando la puerta tras de sí, con llave, por una vez.
Viktor tomó la delantera, adelantó el paso en tres ocasiones en las que akita Yuri trató de alcanzarlo, y dos en las que Makkachin probó suerte.
Caniche y Akita compartieron una mirada, asintieron al mismo tiempo y se detuvieron en seco.
- ¿Hah? - Yuri Plisetsky detuvo su andar, también, y fue a llamar la atención del borzoi.
Pero akita Yuri negó con la cabeza, y el menor guardó silencio.
Viktor continuó avanzando un promedio de doce pasos antes de reparar en que había demasiado silencio. Se detuvo, y aunque luchó consigo mismo, puesto que seguía enfadado, giró el rostro.
El borzoi se erizó, comprobando que no solo no había nadie cerca, además, Yuri, Makkachin y Yurio se alejaban por la dirección opuesta.
¡Ustedes son de lo peor! Chilló, y salió corriendo, todo el camino de regreso, lo recorrió en unos segundos, pasó de ellos y se plantó medio metro más adelante. Inclinó el cuerpo hacia adelante, mostrando los colmillos.
Akita Yuri y Yuri Plisetsky se quedaron muy quietos.
Makkachin tomó la misma posición, respondiendo al gruñido.
- Oh, no. - El rubio tronó los dedos, - ustedes dos no van a empezar una maldita pelea aquí. Estamos regresando al apartamento.
Pero ni el borzoi ni el caniche habían relajado sus posturas.
- Cerdo - se quejó Plisetsky.
Akita Yuri dio un paso hacia adelante.
Viktor...
Iremos al parque.
Sería mejor si...
Iremos. Al. Parque. Aquel tono no daba lugar a réplicas.
Era una broma. Trató de justificarse el can color crema.
Sí, claramente lo era. El perro plateado no despego su clara mirada de la oscura de su mascota hasta largos segundos más tarde. Y, cuando lo hizo, no fue a encontrarse con la de su prometido. Una pésima, por cierto.
Akita Yuri se erizó, y no trató de abogar en su defensa; en vez de eso, optó por seguir en silencio el andar del mayor, con Makkachin en tercer lugar.
Yuri Plisetsky levantó la mirada al cielo.
- Maldita sea. - Masculló, y fue tras el trío de animales.
El puente que cruzaba el pequeño lago en mitad del parque llamó poderosamente la atención de akita Yuri, que se detuvo en seco nada más llegar a destino.
No quedaba muy lejos, calculaba que apenas y habían caminando unos quince minutos.
Se relajó.
- También te gusta, ¿cierto? - Viktor se materializó a su lado, sobresaltándolo.
El perro color crema se relajó aún más. Viktor ya no estaba enfadado.
Asintió.
¿Cuál es su historia?
No tengo idea, pero de todas formas me encanta.
Akita Yuri agachó la cabeza.
¿Yuri? Inquirió Viktor.
El aludido no se estaba riendo. No, no se estaba riendo, claro que no.
Es tan tú.
¿Uh?
Marrón rojizo hizo contacto con azul cielo.
Es tan tú, Viktor. Dices que te gusta ese puente, incluso cuando no conoces su historia.
¿Qué tiene de malo?
Que la historia podrían ser tan trágica que la belleza exterior no bastaría para desear correr la mirada lejos de la edificación.
A veces, Yuri tenía pensamientos escalofriantes.
Nada. Declaró en cambio. La sonrisa que habría dominado los labios de Katsuki, de haberse encontrado en su forma humana, se reprodujo en la mente de Nikiforov. No tiene nada de malo. Es tu forma de ser, Viktor, y te amo tal como eres.
Por primera vez, fue Viktor quien agradeció que los perros no se sonrojaran.
Makkachin llegó en aquel momento, y saltó sobre el akita.
Makkachin había salido corriendo en otra dirección, probablemente en busca de otros perros con los cuales jugar, y Yuri Plisetsky se encontraba sentado en una banca, ubicada a unos metros de la ubicación de la pareja de canes; tenía su teléfono en mano, y fingía revisarlo, porque no iba solo a quedarse mirando fijamente al par de idiotas peludos.
Lo siento. Declaró de repente, llamando la atención del borzoi.
¿Qué sientes?
La broma de hace rato.
Oh. Fue cruel.
Pensamos que tardarías menos en darte cuenta.
¿Yurio y tú?
Makkachin y yo.
El borzoi se tensó de pies a cabeza.
Está bien. No estoy enfadado contigo por fingir que él no podía hablar. Aseguró. Sé que pensaste que me asustaría, o algo peor.
Viktor se relajó un poco.
¿Cómo es que lo descubriste?
Ustedes dos hablan mucho mientras duermen. Declaró akita Yuri, con naturalidad. Escuché una voz diferente a la tuya, y mientras tú aún dormías desperté a Makkachin y le pregunté. Hizo una breve pausa. Al principio no dijo nada, pero insistí y le dije que me entristecería si es que podía hablar y se negaba a hacerlo conmigo.
Bien jugado. Rió Nikiforov.
Gracias. Concedió Katsuki.
¿Qué fue lo que le preguntaste?
Secreto.
¿Eh?
- ¡Cuidado!
La advertencia llegó de repente, y Viktor se apresuró en abalanzarse sobre su prometido, aún sin saber qué sucedía.
¡Hey! Algo golpeó contra el costado izquierdo del borzoi, con fuerza, y lo arrastró consigo.
¡Viktor! Chilló el akita, poniéndose de pie con rapidez.
Un gran danés se encontraba ahora sobre el borzoi, agitando la cola con entusiasmo. Parecía ser joven, y definitivamente rebosaba energía.
- ¡Elliot! - una voz femenina desconocida se dejó oír segundos más tarde, y una chica de complexión media llegó, trotando, vestida con una polera amarilla, pantalones negros deportivos y unas zapatillas blancas. - ¡Elliot, deja en paz a ese borzoi ahora!
Yuri Plisetsky se acercó, y frunció el ceño hacia la desconocida.
- Deberías sacar a tu perro con correa - espetó.
- Lo siento mucho - la pena reflejada en su clara mirada, grisácea, un contraste claro con su cabellera rubia, amarrada en una apretada coleta alta. - Él es tranquilo por lo general, no sé qué le pasa hoy.
- Tsk. - Plisetsky chasqueó la lengua. - Solo quítalo de encima de Viktor, es un perro viejo, no está para juegos bruscos.
- Comprendo. - La chica asintió, y llamó a su perro una vez más. - Elliot, ven aquí. Ven.
Pero el San Bernardo la ignoró.
Akita Yuri se acercó.
Disculpe.
Los grandes ojos cafés giraron en dirección de marrón rojizo.
¡Disculpado!
Yuri ladeo la cabeza.
¿Había sido eso una burla?
¿Podría, por favor, dejar de apostar a Viktor?
¡Pero huele muy bien!
Yuri decidió que no se estaba burlando.
Sí, pero sucede que es mi prometido y...
¡Prometido!
El San Bernardo se abalanzó ahora hacia el akita, que no fue lo suficientemente rápido en apartarse.
¡Ya veo! ¡Eres una hembra con una voz muy rara!
¿Hembra?
¡Hembra!
Yuri es macho. Viktor se quejó, poniéndose de pie.
- ¡Elliot!
¡Tú hueles incluso mejor que Viktor! ¿Cómo no me di cuenta antes? Ignoró la declaración hecha por Viktor.
Oye. El borzoi mostró los dientes. Aléjate de mi Yuri.
¿Eh? ¡Oh, es verdad! ¡Lo siento!
El San Bernardo se quitó de encima del akita, sin dejar de agitar la cola.
¡Qué bien huelen, ustedes dos!
- ¡Elliot, ven aquí ahora!
El aludido elevó las orejas.
¡Ama! Antes de salir corriendo en dirección de la rubia, y por poco tumbarla a ella también.
La chica suspiró.
- Buen chico, Elliot...
- En absoluto - negó Yuri Plisetsky.
- Yo en verdad lamento lo que acaba de pasar.
- Sí, claro. - El rubio asintió, - vete ya.
- ¡Ah, pero, espera! - Ella frunció el ceño. - No puedo irme y ya, sería demasiado grosero.
- ¿En serio? - el menor enarcó una ceja.
La chica asintió.
- ¿Y qué harás?
- ¿Te interesa que tus perros salgan en alguna revista?
El quinceañero frunció el ceño, a la par en que el par de perros agitaba las orejas.
- ¿Qué?
- Soy fotógrafa profesional - explicó la fémina, - si te interesa, podría tomarle una foto a tus mascotas, y saldrían en una revista, o varias.
El chico bufó.
- Eso es lo más...
¡Genial que he oído en toda la semana! Viktor saltó, echándose a ladrar, emocionado, cosa que se reflejaba en el movimiento frenético de su cola.
La rubia rió.
- Eso parece ser un sí.
Yuri Plisetsky definitivamente patearía a Viktor en cuanto el mismo fuera humano otra vez.
- Sí.
- ¡Genial! De acuerdo, vivo cerca de aquí, no demoraré, voy por mi cámara. ¡Vamos, Elliot!
¡Hasta pronto! El San Bernardo se despidió, saliendo corriendo tras su dueña.
- Cerdo - declaró Yuri Plisetsky, - estarías mucho mejor por tu cuenta.
¡Oye! Se quejó Nikiforov.
Pero Katsuki estaba muy ocupado, todavía pensando en que le habían confundido con una perra.
Cinco minutos más tarde, la chica había vuelto, con Elliot detrás.
- Mmhhh... No, así no.
El paisaje era perfecto, la fotógrafa había declarado. Ya solo restaba lo más complicado: La pose perfecta.
Ya llevaban cerca de veinte en esa búsqueda, y Yuri Plisetsky estaba al borde de un ataque de ira.
- ¡Ah! ¡Ya lo tengo!
Una rubia ceja se elevó, perteneciente al más joven.
- Los collares - gris giró a encontrar verde jade; - los collares son el problema.
- Entonces - el rubio rodó los ojos, - ¿sin collares?
- ¿Qué? ¡No! ¡Necesitamos cambiar los collares! Viktor con el rojo, y Katsudon con el azul.
Sí, Yuri Plisetsky había reciclado la mentira que contó a su abuelo, pero sin la parte incómoda del significado.
- Haz lo que quieras - refunfuñó.
Ella sonrió.
Tomó unos pocos segundos.
- ¡Es perfecto!
Ella los acomodó, y se alejó diez pasos, en cuclillas, tomando su cámara.
- Digan Ice. - Solicitó.
El flash disparó una media docena de veces.
- ¡No puedo creerlo!
- ¡Oye, tranquilízate!
- ¿¡Cómo no me di cuenta antes?!
Yuri Plisetsky se encontraba siendo zarandeado, y no estaba feliz.
¿Quién habría imaginado que la fotógrafa era fan acérrima del patinaje artístico?
Incontables selfies fueron tomadas en cuestión de segundos, dejando abrumado al rubio más joven.
- ¡Por favor, dale mis saludos a Viktor Nikiforov, y a Yuri Katsuki también!
Los aludidos dejaron de prestarle atención al Elliot, el San Bernardo.
- ¡Adoré el tema Yuri On Ice!
El akita agitó la cola.
- ¡Por favor, promete que lo harás!
- Uh... Bien...
Los orbes grises resplandecieron.
- ¡Muchas gracias! Mi nombre es Lizza, por cierto.
Yuri Plisetsky asintió.
- Les diré, Lizza.
La chica chilló.
- ¿Puedo invitarte un café?
El chico se sonrojó con fuerza.
- No... Estoy bien.
- ¡Por favor!
Viktor ladró en dirección de la pareja de rubios.
¡Acepta!
Yuri Katsuki se unió.
¡Si, Yurio, acepta!
Elliot decidió apoyar igual.
¡Mi dueña no acepta negativas!
Makkachin hizo acto de presencia, corriendo.
¡Siiiiiiii!
Yuri Plisetsky maldijo todo por lo bajo.
- Bien, pero yo pagaré.
Lizza rió.
- Ni hablar. Acepto si dices mitad y mitad.
- Bien...
Así, lo que se suponía sería un rápido vista al parque más cercano, acabó convirtiéndose en una cita más que improvisada.
Makkachin. Viktor llamó, caminado junto al mismo, con Yuri del otro lado, y Elliot al lado de este.
¿Si, amo?
¿Dónde estuviste?
Secreto.
Viktor habría querido poder inflar las mejillas.
¿¡Por qué tanto secreto?!
Oh, pero él se enteraría.
Por supuesto que lo haría.
Aquí Blan(whide).
¡Y los extras llegaron a su fin! :"D
¡Gracias por seguir la historia!
No esperé que este extra quedara más largo que varios de los capítulos de la historia x"D.
Mañana estaré revisando toda la historia y corrigiendo horrores. :"D
Hasta la otra.~ 3
Abrazos a la distancia.
