Extra. Especial
El reloj digital marcaba las cuatro treinta de la mañana.
Esas eran horas para estar durmiendo. Y, si lo tenías, acurrucarte contra el cálido cuerpo a tu lado.
Caso contrario, abrazar con más fuerza tu almohada, tamaño real, con tu personaje favorito de anime impreso en él.
Pero, claro, no todos dormían cuando debían hacerlo.
Especialmente, no cuando llevabas toda una semana sin haber disfrutado del cálido, estrecho, y resbaloso interior de tu endemoniadamente linda pareja.
Justo así pensaba Viktor Nikiforov.
- Yuri.
El mencionado se encontraba retorciéndose de placer entre los brazos ajenos; los oscuros cabellos echados hacia atrás, húmedos debido al sudor, que ya desde hace largo rato perlaba ambos cuerpos.
Los lentes olvidados sobre la mesita, del lado del peliplata.
Era la cuarta vez que lo hacían, Viktor debía estar en su límite, solo que, por segunda vez, pasar una semana lejos de ese cuerpo había sido un infierno, y era una muy buena motivación para seguir.
Desear un poco más del cielo no podía ser pecado.
Y, si lo era, entonces aceptaba el castigo de los mil amores, siempre y cuando pudiese reencontrarse con Yuri al terminar.
Sentir los brazos ajenos rodearle una vez más, observar las normalmente pálidas mejillas cubiertas del tono carmín, que se extendía hasta sus orejas, pequeñas, uno de los puntos seguros a los qué acudir cuando deseaba oír los suaves, o no tanto, sonidos escapar de los rosados labios, que terminaban rojos por todos los besos, otorgados y recibidos, aceptados y robados, sorpresivos y esperados.
Sentir las fuertes piernas enredarse alrededor de su cadera, y seguir el movimiento que la misma realizaba: deslizarse hacia fuera, y hacia adentro.
Adentro, afuera, adentro, afuera.
Todos los músculos que conformaban el cuerpo del penta campeón estaban tensos, incluyendo aquel extra.
La peluda y plateada cola se agitaba de un lado al otro, expresando la felicidad propia de su dueño.
Viktor gimió ante la mirada marrón rojiza, tan brillante.
- Viktor...
Y las peludas orejas ubicadas en la cabeza de su amante no dejaban de moverse, tampoco.
Viktor se había dado con la sorpresa de que eran especialmente sensibles, sobre todo si soplaba lentamente a una distancia muy corta.
- Ahh... Viktor...
La suave voz, cargada de deseo, empujaban al albino cada vez más y más cerca del final.
Embistió con un poco más de fuerza.
- ¡Ah! - Yuri entrecerró los ojos, y relamió sus labios, incapaces de no dejar escapar jadeo tras jadeo. - Viktor... Más... Ahh... Ne...cesito m-más...
Viktor tragó saliva, entrecerrando su ojo derecho al sentir su miembro palpitar en el interior de su amado.
Maldición, Yuri.
- Viktor... - repitió el pelinegro, apretando la blanca sábana bajo su cuerpo, - ahn...
El mencionado sonrió, - Yuri... Tócate para mí...
La repentina orden sorprendió en demasía al menor; Viktor la sabía sin la necesidad de que las paredes internas ajenas se estrecharan un poco más a su alrededor, pero no se quejaba por ello, para nada.
Nunca lo haría.
- Hazlo... - prosiguió Nikiforov, - e iré tan rápido como desees...
Katsuki permaneció en silencio, tanto como podía hacerlo mientras era profanado por el hombre con cuerpo de Dios griego, sobre todo, un trasero firme como el acero, y vaya que podía dar fe de ello, habiéndolo apretado infinidad de veces llegado a ese punto; cuyos ojos azules brillaban más que el más hermoso de los zafiros, poseedor de la sonrisa más encantadora, así como la más aterradora, e incluso la más lasciva, dependiendo de la ocasión.
Oh, no.
Yuri sintió el calor llegar hasta sus orejas.
- Viktor...
Allí estaba, la última sonrisa mencionada.
- Yuri.
El nipón arqueó la espalda, y de sus labios emanó el gemido más fuerte en lo que iba de la madrugada.
Y eso que Viktor solo había tomado su pie derecho y lo había llevado a sus labios, para besar el empeine.
El ruso rió, y tomó la cintura contraria entre sus manos, encantado.
- Estoy esperando, cariño.~
Yuri mordió su labio inferior, las ideas llegando lentamente a su cerebro, - no...
- ¿No? - Viktor era todo un experto al fingir pesadez, - ¿Yuri no quería que yo fuera más rápido?
- Si... quiero...
- Demuéstramelo. - Su mano derecha subió lentamente por el costado izquierdo contrario, la yema de sus dedos no demoró en pasar a ser la única parte con la que acariciaba la tersa piel, húmeda.
Los labios de Yuri temblaron.
- P-Pero...
Un resoplido por parte de Viktor cortó su declaración.
- Ah, Yuri, a veces eres tan difícil...
Aquella reprimenda, tan suave, hizo suspirar al mencionado, y las orejas de perro bajaron levemente.
- Lo siento...
- Mentiroso.
Yuri se atragantó con su saliva, no esperando que de repente el mayor sonara divertido.
Mucho menos porque continuaba moviéndose.
- ¡No miento!
- Lo haces - contradijo el peliplata, sonriendo.
El pelinegro infló las mejillas, y giró el rostro, - ya basta.
- ¿Uh? - el ruso ladeó la cabeza, - ¿quieres que me detenga?
- Así es - declaró el japonés.
- Muy bien. - Viktor dejó de embestir, pero no salió.
Yuri esperó a verse libre de la intrusión ajena por largos segundos.
Como no sucedió, miró de reojo hacia su prometido, y notó que la plateada cola se movía, con lentitud.
- ¿Viktor?
- ¿Si?
- ¿Por qué sigues dentro?
- Estoy esperando a que me pidas continuar. - Expuso con la mayor naturalidad, poco antes de que la misma mano que había acariciado el costado contrario se deslizara con presteza hasta el erecto miembro ajeno, - ya sabes, con lo duro que estás.~
Yuri, a muy duras penas, consiguió reprimir el gemido.
- V-Viktor...
- Eres tan hermoso, Yuri...
El mencionado negó con la cabeza.
- Nunca... Más que tú...
- Siempre - Viktor pasó dos de sus dedos, el índice y el medio, por la palpitante extensión del falo, - más que yo. Más que cualquiera, Yuri.
Las caderas del pelinegro se adelantaron.
- Ahh...
- Yuri...
- Por favor...
- ¿Quieres que me mueva de nuevo?
- Sí...
- ¿De verdad?
- Sí - imploró, - sí, Viktor. Ahora, ya...
El peliplata sonrió, - muy bien, dame tu mano.
El nipón obedeció, extendiendo su mano derecha hacia el mayor.
Y el ruso la tomó con delicadeza, acercándola a sus labios para besar los nudillos de su pareja, y como acto seguido la guió a la zona baja de su dueño, posándola sobre el pene del mismo.
Marrón rojizo se abrió en clara señal de sorpresa, y trató de apartar la mano.
- No. - El poseedor de los orbes azul cielo lo impidió, obligando a los dedos ajenos a rodear la extensión de su propio miembro, - no, Yuri.
- No... No quiero...
- Quiero que te toques para mí, Yuri - el mayor se inclinó, hasta que su rostro quedó a escasos centímetros del ajeno, - necesito ver todas las expresiones de placer que puedas hacer. - Rozando sus narices, no llegó a hacer lo mismo con sus labios. - Hazlo.
Yuri soltó un quejido; antes de presionar su entrepierna, - V-Viktor...
El peliplata lo entendió. - Sí.
Empujó sus caderas hacia adelante, una vez más, golpeando sin mayor esfuerzo en lo más profundo de su amante.
- ¡Ah! - la oleada de placer fue la motivación perfecta para que el más joven empezara a mover su mano, de arriba a abajo, por su hinchada erección. - Aaah... ahhh... Viktor... Viktor...
El aludido soltó una suave risa. - Sí, Yuri, así. Di mi nombre, dilo más.
Retomando el ritmo de las embestidas, se encargó de ralentizar el movimiento, conforme el interior ajeno presionaba más y más su miembro.
Era el cielo, definitivamente, lo era.
- Viktor... más... ahhh... muévete más rápido...
El ruso obedeció, sonriendo.
- ¡Ah! ¡Más!
De nuevo.
- ¡Más fuerte, Viktor!
Yuri rodeó el cuello ajeno con su brazo libre, y unió sus labios en un beso más que necesitado.
Viktor pensó que, en realidad, estar entre las piernas de su amado, fácilmente, podía ser el cielo, y el infierno.
Qué maravilloso.
El reloj marcaba un cuarto para las nueve cuando Yuri Katsuki abrió los ojos, los entrecerró, parpadeó, volvió a cerrarlos, y los abrió segundos después, de manera definitiva.
Marrón rojizo se clavó en el blanco techo por largos segundos.
Su mirada resbaló hacia un lado, lentamente, acabando por tener que girar el rostro.
Y sus ojos quedaron justo en el reloj digital sobre la cómoda que estaba de su lado de la cama.
Parpadeó.
Estiró su mano derecha, y tanteó la superficie de madera, hasta que recordó que sus lentes se encontraban del lado de Viktor.
No quería despertarlo aún, por lo que forzó sus ojos tanto como pudo.
Un segundo vistazo hacia el reloj.
- Es muy tarde - murmuró, y, tras varios segundos, decidió sentarse.
No esperó que un muy desagradable escalofrío le recorriera de pies a cabeza, empezando por la zona baja de la espalda.
Llevó su mano izquierda a la altura de su cadera.
¿Lo habían hecho así de fuerte?
Se sonrojó furiosamente.
No había podido evitarlo...
Había extrañado demasiado sentir los brazos de Viktor rodeándolo, la suavidad de su tacto, la dulzura de sus besos, la forma en que sus cuerpos se acoplaban el uno al otro, como si hubiesen nacido para estar juntos.
El japonés sacudió la cabeza, negando, - tengo que tomar un baño...
- ¿Por qué?
La voz de la persona a su lado lo sobresaltó, pero no puso objeciones a la mano contraria que se colocó sobre la propia, mucho menos impidió que entrelazara sus dedos.
- Umh... Buenos días...
- Buenos días.~
Yuri giró a mirar al mayor, que tenía esa boba sonrisa con forma de corazón en sus labios.
Sonrió a su vez.
- No respondiste mi pregunta.~ - Viktor rió, - ¿por qué quieres tomar un baño ahora? - azul brilló, - yo tengo otra idea, mucho más productiva...
La temperatura del cuerpo del menor subió un par de grados, cuando sintió los dedos índice y pulgar contrarios acariciar el medio propio.
Ahogó un suspiro.
- ¿Desayunar? - Probó.
- Hacer el amor.
A ese paso, el rostro del japonés estallaría, o humo empezaría a salir por sus orejas; lo que sucediera primero.
- No... No creo que sea buena idea...
- ¿Por qué?
- Uh... Me... Me duele la cadera...
Azul cielo se abrió en todo su esplendor.
- ¡Ah, lo siento mucho, Yuri!
- No, no, no, no. - el nombrado negó enérgicamente con la cabeza, y de paso las manos. - No fue tu culpa, Viktor. Yo... - y su voz se perdió después de eso.
- Tú eres un experto llevándome al límite. - El ruso se incorporó, y se deslizó más cerca del nipón. - Déjame ver.
- ¡¿Eh?! - Yuri tomó la almohada sobre la que su cabeza había reposado hasta hace unos minutos, y la colocó como barrera entre el mayor y él. - ¡D-De ninguna manera!
- Pero yo fui el responsable, Yuri. - azul cielo lleno de preocupación. - Lo mínimo que debo hacer, por esa razón, es revisar el daño y calcular la magnitud del mismo...
- ¡Si lo dices así me siento con un auto al que chocaron o algo semejante! - el moreno protestó.
- Si ese fuera el caso, habría sido un conductor muy irresponsable. El albino bajó la mirada. - Debí cuidar antes de acercarme tanto por detrás y...
- ¡Viktor! - rojo como un tomate maduro, Yuri cubrió su rostro con sus manos, - ¡basta con eso!
- Solo si me dejas ver.
- ¡No quiero que veas!
- ¡Pero ya he estado ahí decenas de veces!
- ¡Viktor, para!
- Igual que mis dedos...
- ¡Viktor! - Yuri sentía que moriría de vergüenza.
- Y mi lengua...
- ¡Vete de aquí! - Chilló, desesperado.
Silencio.
Viktor acercó una mano al hombro del menor, pero al último segundo decidió no tocarlo.
Suspiró, y se deslizó fuera de la cama.
Sin molestarse en vestirse en lo más mínimo, caminó hacia la puerta y la cerró luego de salir.
Yuri se dejó caer de regreso sobre las sábanas, sin almohada.
Y soltó un quejido, frustrado.
A las nueve en punto, la puerta se abrió, y Makkachin precedió a su dueño al interior del dormitorio, saltando sobre la cama y caminando hasta llegar junto al rostro del pelinegro. Se inclinó a olfatear las orejas perrunas, meneando la cola.
- ¡Makkachin! - gimió Yuri, erizándose.
- Perdón. - Yuri se estremeció al reconocer la voz de su prometido. - Yo le pedí que hiciera eso.
Yuri se hizo un ovillo sobre sí mismo.
- Está bien. - Murmuró. - Solo pídele que se detenga.
Sin embargo, no fue necesario. El caniche dejó de olfatear y pasó a sentarse, sacando la lengua.
- Traje el desayuno. - Viktor intentó sonar animado, la cola agitándose suavemente.
- ¿Quieres matarme?
Y esos no existentes ánimos fueron abofeteados con crueldad.
La plateada cola cesó todo movimiento.
- Es una taza de delicioso chocolate caliente. - El puchero se reflejaba en su tono de voz, pero Yuri no se percató.
- ¿Estás seguro?
- Una taza de chocolate caliente.
- Mh...
- ¿Una taza de chocolate?
- ¿Comprobaste que era chocolate?
- Una taza. - Declaró derrotado el penta campeón.
- Gracias.
La peluda cola se agitó una vez tras esa única palabra.
- ¿Viktor? - inquirió Yuri, luego de que el mismo dejara la taza junto a la cómoda del lado de su prometido.
- ¿Si, amor?
Viktor observó las peludas orejas color crema agitarse una vez, y sonrió.
- Soy yo quien lo siente.
- No tienes que disculparte.
- De todos modos lo lamento.
- Te amo, Yuri.
- Te amo, Viktor.
Y asunto resuelto.
- ¿Ahora me dejas ver?
- ¡No!
O no.
El reloj dio las diez y media del día cuando, por fin, Yuri Katsuki decidió probar suerte e intentar deslizarse hasta el baño sin ser atrapado por el mayor.
Makkachin observó al humano de su humano ponerse de pie y caminar de puntitas hasta la puerta, sin hacer el más mínimo ruido.
Nada más que con los bóxers rojos, el japonés puso manos a la obra, haciendo uso de todo el sigilo y discreción con el que contaba, agradeciendo el par de orejas de perro que le otorgaban un sentido del oído mucho más desarrollado.
Valiéndose de todo ello, Yuri llegó sano y salvo al baño, encerrándose en el mismo y colocando el seguro.
Las orejas se agitaron, y Yuri reaccionó muy tarde, soltando un chillido de sorpresa al momento en que sus caderas fueron apresadas por las frías manos de Viktor.
- ¡No! - chilló el pelinegro, erizándose cual gato.
El peliplata de echó a reír, pegando su bien definido, aunque no excesivamente musculoso, pecho a la espalda tibia de su pareja. - Bienvenido.~
- ¿C-Cómo es que estás aquí? Había movimiento en la cocina...
- Lo sé. - Viktor se inclinó a besar el cuello de su pareja, sonriendo al sentirlo temblar, - fue fácil engañarte.
- Tramposo...
- Tú me obligaste a ello, Yuri. - El medallista de plata escuchó a la perfección el berrinche en aquella frase.
- Excusas. - Se quejó.
- Tal vez. - El penta campeón deslizó sus manos hacia abajo, ignorando la protesta del más joven, acarició, antes de separar las piernas ajenas, internando una de las propias entre estas. - Ahora...
Marrón rojizo se cerró por breves segundos, mientras las manos de su prometido toqueteaban descaradamente su espalda baja.
- Viktor...
- Parece que estás mejor...
¿Realmente lo estaba tocando solo para apreciar el daño?
Lo dudaba.
Era Viktor Nikiforov, después de todo.
- Te dije que no era para tanto.
- Hmm...
- ¡Wah! ¡No aprietes!
Viktor volvió a presionar el trasero de Yuri.
- ¡Viktor! - cuánta vergüenza filtrándose en ese nombre.
- Es que es tan suave... - Sonrió el mayor. - No puedo evitarlo.~
El japonés infló las mejillas, sus labios temblando, al igual que el resto de su cuerpo.
- Ya...
- Está bien. - Suspirando, el ruso hizo caso, cosa rara.
Retrocedió.
Yuri permaneció de pie, dándole la espalda.
- ¿Yuri?
No era posible...
- Es tu culpa...
- ¿Umh? ¿De qué hablas?
- Y-Yo... Esto no habría pasado si tú... Si tú no...
Las plateadas cejas se hundieron por el medio, hasta que azul cielo se concentró en la cadera ajena, y lo entendió.
Yuri estaba duro.
- Oh, cariño.~ - Con una enorme sonrisa de satisfacción, Viktor se acercó de nueva cuenta. - Debiste decírmelo antes.~
- Es... Tan vergonzoso...
- Claro que no. - El peliplata besó en medio de la parte posterior del cuello ajeno, otra vez y rozó su nariz en el mismo punto, - no es vergonzoso en lo absoluto. - Sus manos fueron directamente a atender los rosados puntos presentes en el pecho de su amante. - Es maravilloso...
- Deja... Deja de decir... Cosas como esa...
- Es la verdad, amor. - Bajando pausadamente, los labios de Nikiforov recorrieron un camino más o menos recto desde el cuello hasta la mitad de la espalda del menor, mientras sus dedos índice y pulgar tironeaban con cuidado de los pezones del menor. - Todo en ti es absurdamente hermoso.
- Maravilloso...
- Sin duda.
Yuri sacudió la cabeza.
- Dijiste... maravilloso, no hermoso.
- Así que pones mucha atención a lo que digo. - Viktor soltó una agradable y muy efímera risa. - Vamos a encargarnos de cambiar eso.
- ¿Uh?
- Wow.
- Ah... Hahh... Vik-
- Yuri es tan profundo aquí...
Temblando como pocas veces, Yuri se hallaba a completa merced de Viktor, pese a que era el peliplata quien se encontraba de rodillas, y no al revés.
Viktor llevaba cerca de un minuto en aquella posición. Las manos firmemente sujetas, a la cintura en un principio y ahora a la cadera, luego de separar las posaderas para tener la vista de la rosada entrada, apenas y había podido contenerse antes de dar la primera lamida. Las que le siguieron hasta que Yuri gritara y él decidiera que ya podía adentrarse con el húmedo músculo.
- ¡No...! ¡Es un lugar... ahn... sucio! - Yuri imploró
- Puede que lo sea - respondió Viktor, - pero te encanta.
- ¡Eso no es-! ¡AH! - calló las palabras contrarias introduciéndose aún más profundo.
Estaba tan húmedo...
- Yuri, ¿no te tocarás para mí? - Katsuki tenía ambas manos apoyadas contra la puerta, mas, por mucho que las mismas temblaran y los dedos se crisparan sobre la superficie de madera, no cedían ni descendían más que unos milímetros.
Un negativa con la cabeza.
- Entonces seguiré haciendo esto.
- No...
Viktor fue a responder, pero el inesperado movimiento de las caderas opuestas lo tomó desprevenido.
- ¿Yuri?
- Take me...
Los orbes azules se rasgaron por unos segundos.
- What did you say, honey? - preguntó, ansiando por la respuesta.
Yuri giró el rostro, y la peligrosa mirada marrón rojiza le arrebató el aliento.
- Hmmm...
- Yuri.
- Take me... - pronunciado cada palabra lentamente, Katsuki sonaba burlón, - fuck me... - relamió sus labios, y la sonrisita que creció en sus labios estuvo muy cerca de derretir a Viktor, antes del final, - daddy.~
Mierda.
MIERDA.
- Yuri. - Jadeó el albino.
El grito que exhaló el moreno minutos más tarde, fue de éxtasis puro.
Y eso no quería decir que la puerta del baño se abrió al minuto siguiente, ni en ningún momento cercano.
- Puedo caminar... - Yuri murmuró, y fue ignorado totalmente por su prometido, quien lo sostenía en brazos como si de un príncipe se tratara y el pelinegro fuera su princesa.
Mejor, un príncipe cargando a otro príncipe.
- Viktor. - Insistió el menor.
El mayor tarareaba una canción que Yuri no reconoció.
Katsuki cruzó los brazos sobre su pecho.
Nikiforov lo miró de reojo, divertido.
El medallista de plata se percató de que la plateada cola se encontraba en movimiento.
Enrojeció, ¿había sucedido del mismo modo mientras se volvían uno?
El penta campeón rió, mostrándose curioso. - ¿Qué pasa, Yuri?
- Yo... - el japonés negó con la cabeza, - solo pensaba. No es nada.
El ruso entrecerró los ojos, mas optó por no insistir, de momento.
- ¿Tienes hambre? - cambió de tema.
- Un poco - confesó el más joven, y su estómago gruñó con ganas al segundo siguiente, revelando su mentira.
- Un poco bastante. - Sonrió el de mayor edad.
Yuri trató de hacerse chiquito.
Viktor no iba a dejar que Yuri cocinara ese día, claro que no; independientemente de todo el abuso que había realizado en la parte trasera de su pareja, era su primer día como humanos luego de una semana, casi en su totalidad, lo que claramente ameritaba comida a domicilio.
Sin embargo, Katsuki tenía otros planes.
- No vas a cocinar, Yuri.
- Quiero katsudon, Viktor. - Poniendo los brazos en jarras, el menor cambió la posición de sus pies, delatando que no daría su brazo a torcer.
El mayor apreció las blancas piernas ajenas, al descubierto ya que él había insistido en que el contrario solo cubriera su pecho, y había insistido mucho.
Yuri usaba una playera un par de tallas más grande que llegaba hasta un poco más abajo de sus muslos y, a ojos de Viktor, lo hacían ver aún más adorable.
- Yo también. - Murmuró, relamiendo sus labios.
- ¿Dijiste algo?
Azul ya no tan claro subió a encontrar marrón rojizo.
- Quiero comerte.
- ¡Viktor! - Katsuki se quejó, enrojeciendo.
- ¡Yuri! - Nikiforov avanzó, y no perdió tiempo en tomar los labios ajenos con los propios.
A Yuri le habría gustado resistirse, pero la verdad era que, en ese momento, además de Katsudon, tenía hambre de algo más.
¿Qué le estaba pasando?
Soltó un jadeo de sorpresa cuando se vio elevado en el aire, y después sobre el mesón.
Frío.
- Cocinaré. - Susurró sobre los labios ajenos, recuperando aire.
- No, cariño, no lo harás.
- Lo haré.
- Yuri...
- Manos quietas, Viktor.
- Amor...
- Quietas.
- Pero... - el peliplata hizo puchero, - I'm hungry, Yuri.
- Y yo quiero katsudon, Viktor.
El peliplata suspiró.
- Está bien. - Chasqueó la lengua.
- Pero... - el pelinegro tragó saliva, y posó sus manos sobre el pecho de su prometido, - tú puedes comer primero...
Azul cielo se rasgó.
- ¿Te he dicho hoy lo mucho que te amo?
Marrón rojizo brilló.
Sí.
- Tal vez...
- Entonces, lo repito. - Besó la frente contraria, - te amo, Yuri, te amo.
El moreno mordió su labio inferior.
- Yo te amo a ti, Viktor, te amo mucho.
- Yuri...
El albino unió sus labios en un beso dulce.
Y, después, le siguió uno de deseo puro.
Al final, Yuri no cocinó.
Esto es algo así como un especial de San Valentín. (Atrasado -w-U) 8D xD
Espero lo disfrutaran. XDU
Abrazos a la distancia.
