¡Hola a todo el mundo de nuevo! Sé que dije que no sabría cuando volvería a actualizar este fic, pero hasta yo opino que me demoré demasiado.

Los motivos son tres:

Primero: Los estudios, clásica excusa de los escritores de fanfictions para no actualizar seguido, aunque no significa que no sea cierta.

Segundo: La procastinación, dulce y amado placer del día a día.

El tercero lo diré al final del capítulo.

Quiero aprovechar de saludar a Fipe2, no te robes mis fics :/ Es broma XD; a Julex, qué bueno que te haya gustado esta historia; y a Slash Torrance, ¡OMG! ¡Al maestro le gustó mi historia! Por otra parte, agradezco infinitamente que me hayas avisado de esos errores, es por eso que esta vez revisé dos veces la historia antes de publicar, aun así, si encuentras algo no dudes en avisarme.

Ahora, sobre el capítulo de hoy, pues se trata un poco de lo que comenté la última vez, quizás se aleje un poco del humor y se acerque un poco más al drama, pero tendrá un par de chistes por ahí, solo espero que lo disfruten, y cualquier comentario, sugerencia, o crítica, será bien recibida.


Capítulo 2: «La mansión de satanás, parte 1».

Lucy recibe una oferta de un extraño sujeto, que la invita ser su ayudante en la limpieza espiritual de una mansión embrujada conocida como «La mansión de satanás». Su trabajo consiste en utilizar sus poderes de comunicación con el más allá para liberar las almas apresadas en aquel lugar y conseguir que puedan viajar al más allá. Pero no todo es lo que parece, y en su afán por lograr conseguir sus sueños, pondrá en peligro a más de un hermano.


Lincoln se encontraba conduciendo la furgoneta familiar muy tarde por la noche, acompañado por Lucy en el asiento del copiloto. La música de la radio y el viejo motor del vehículo amenizaban el ambiente. Al muchacho no le agradaba para nada encontrarse a esa hora de la noche conduciendo la van hacia una mansión embrujada, pero prefería evadir a sus padres y llevar a su hermana a cumplir su anhelo, a dejarla sola en medio de la oscuridad con un sujeto que no le daba ni una migaja de confianza.

Esa tarde en la secundaria Royal Woods, la chica salía del recinto con su bolso escolar entre sus manos. A pesar de estar pasando la adolescencia, aún conservaba su imagen pálida, su cabellera oscura que cubría sus ojos, y su aspecto tétrico causante de su soledad en la escuela. Venía acompañada de Lincoln, quien con su mochila colgando de un hombro, venía conversando junto con su mejor amigo Clyde de variados temas.

Hubiera sido una tarde como cualquier otra en la vida de los hermanos Loud, si no fuera porque entre todos los estudiantes apareció alguien de aspecto extraño. Para ser un día de verano llevaba mucha ropa: un abrigo largo que le llegaba a los tobillos con cuello grande con el que se cubría parte del rostro, guantes de cuero, y un sombrero de ala ancha que también ayudaba a ocultar su cara. Se acercó a los hermanos Loud, y observó a la chica, quien ni se inmutó ante su presencia, en cambio Lincoln observó de reojo al desconocido.

— ¿Tú eres Lucy Loud? —preguntó el sujeto con voz grave.

—Sí, soy yo —respondió la chica.

—Te estaba buscando —continuó el desconocido—. Necesito hablar contigo, en privado.

Lincoln se hubiera quedado a defender a su hermana de ese extraño, pero Lucy había demostrado tiempo atrás saber defenderse sola, y saber manejar muy bien algunos movimiento de Karate que le había enseñado Lynn, así que no se preocupó.

—Ehm… iré a casa de Clyde a ver una película con él. ¡Nos vemos en la casa! —se excusó el muchacho para alejarse junto con su amigo de allí.

Mientras tanto, Lily había salido de su escuela junto a Lana, quien era la encargada de llevarla de regreso a casa. Lola se había reunido junto al comité organizador del baile de primavera de la escuela, para organizar dicha celebración, mientras que Lisa se había escapado a la antigua universidad donde trabajaba para continuar con su investigación secreta junto con el doctor Russell.

—Hey Lily, te compro un helado si me acompañas a casa de Charles —le propuso Lana.

—Solo si es de chocolate —contestó la pequeña—, pero no necesitas chantajearme si quieres ir a la casa de tu novio.

— ¡Que no es mi novio! —exclamó molesta, pero el rubor de su rostro delató la verdad.

— ¿Y eso qué? De todas formas habrá helado ¿No? —agregó Lily en su intento de cambiar de tema.

—Está bien, vamos —la invitó su hermana tras un suspiro.

A dos cuadras de la escuela había un sofisticado restaurante que no recibía muchas visitas por lo cara y mala que era la comida, solo la venta de helados a bajo costo los salvaba de la banca rota. Y aquel día de verano era ideal para que todos se acercaran atraídos por el aire acondicionado y por la variedad y precio de sus helados.

Lana estaba pidiendo la orden en la caja, cuando Lily volteó a ver al poco público instalado a esa hora en las mesas. Fue fácil para ella reconocer a Lucy entre los clientes, acompañada por alguien bastante misterioso.

La pequeña tiró de la chaqueta de Lana para llamar su atención, y luego apuntó hacia donde había visto a Lucy.

— ¿Qué rayos hace Lucy aquí? —preguntó— ¿Y quién rayos es ese sujeto?

Un mensaje en su celular la distrajo lo suficiente para que Lily se alejara de su lado. Era un mensaje de Lincoln en el chat familiar, avisando que había visto a Lucy alejarse con un misterioso encapuchado.

Mientras la chica respondía el mensaje avisando de las nuevas noticias de las que era testigo, la pequeña se había acercado sigilosamente hasta encontrarse lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación sin ser vista.

—La mansión de la avenida Brooks siempre ha sido un lugar misterioso —le decía aquel sujeto—. No se sabe nada de ninguno de sus dueños, ni mucho menos de qué es lo que sucede allí dentro. Se escuchan infernales gritos, ruidos y lamentos todas las noches. Algunos vecinos terminaron vueltos locos y llevados a centros de salud mental, y muchos otros se han mudado lejos de allí, dejando el barrio completamente desolado. Y nadie puede afirmar lo que ha visto allí dentro, porque todos los que se han atrevido a ingresar, jamás ha vuelto a salir. Es por eso que al lugar se le conoce como «La mansión de satanás».

— ¿Y usted quiere que vaya a esa casa? —preguntó Lucy sin un atisbo de asombro.

—La inmobiliaria me llamó —respondió juntando las yemas de los dedos—, quiere que limpie esa mansión porque les aleja los clientes y no pueden vender las casas que hay en ese sector, pero es un trabajo demasiado pesado para mí solo. Necesito un ayudante.

— ¿Qué gano yo con esto? —preguntó la chica sin inmutarse.

— Quinientos dólares por adelantado —respondió el sujeto sacando un sobre blanco de su abrigo—, y otros mil quinientos mañana al amanecer.

Lucy lo meditó por un momento. La oportunidad que le ofrecía ese sujeto que se hacía llamar Mr. Houdini era tentadora. Ella tenía una vasta experiencia en el mundo del espiritismo, comunicándose con seres del más allá desde los seis años. A pesar de tener «el don», nunca lo había usado más allá que para sus fines personales, y se sentía un tanto insegura por cumplir con este nuevo desafío que le proponía la vida.

—Claro, si no te sientes preparada, tendré que intentar superar esto por mi cuenta —espetó Mr. Houdini mientras guardaba el sobre en su abrigo.

— ¡Espere! —exclamó Lucy deteniéndole el brazo— Acepto.

—Es una buena noticia —respondió con calma aquel hombre.

— ¿Cuándo y dónde?

— Esta noche a la medianoche te espero en la entrada de la mansión —le indicó Mr. Houdini mientras estiraba su brazo con el sobre—. La dirección exacta está dentro del sobre. Esta será una noche de cacería —agregó con una sonrisa maliciosa.

Lucy mostró una pequeña sonrisa, aunque todas las emociones se agolpaban en su corazón. Emoción, nervios, alegría, eran los ingredientes claves que la impulsaron a aceptar, y a aprovechar esta oportunidad de avanzar un paso más para cumplir sus sueños de ser una espiritista profesional.

Aquella noche en la cena, Lucy decidió comenzar esto por el buen camino, y decidió pedir permiso a sus padres para salir a esta nueva aventura. La negativa de sus progenitores no se hizo esperar:

— ¿Cómo se te ocurre que te dejaremos ir a ese lugar tan peligroso con un extraño? —la increpó su madre.

—Además, ¿Recuerdas lo que pasó hace un mes con Lincoln? ¡Me costó mil dólares reparar la van! —agregó su padre molesto, mientras que el aludido casi se atraganta con un brócoli.

—Y también no olvides que mañana tienes escuela —continuó su madre.

—Pero esta es mi gran oportunidad de cumplir mi sueño —alegó Lucy con melancolía en su voz—. Además ¡me pagarán mucho dinero! ¡Y ya me pagaron quinientos dólares! —agregó mostrando el sobre recibido.

—Parece una buena suma —el Sr. Loud recibió el sobre y lo estaba revisando milimétricamente junto con el cheque que había dentro—. ¿Mark Houdini? ¿Acaso es pariente del gran mago Houdini?

—No era un mago, era un ilusionista —le corrigió Lisa—. De hecho su verdadero nombre era Erik Weisz, pero se lo cambió a Erik Weiss al emigrar a los Estados Unidos. Además que él no creía en esas cosas relacionadas con el espiritismo. Creía que eso era una estafa barata, por lo tanto me parece sospechosa la aparición de ese tal Mark Houdini.

—Además que murió aquí en Michigan —agregó Lincoln—. Fuimos a ver su tumba en el recorrido turístico cuando fui a ver a Lori a Detroit el verano pasado.

—Con o sin mago, con o sin espíritus, con o sin dinero, te prohíbo terminantemente que salgas de tu cuarto esta noche —ordenó la Sra. Loud con voz de mando mientras que le quitaba el cheque a su esposo.

—Pero vamos, querida —el Sr. Loud estaba un poco más convencido que su esposa de acceder a la petición de Lucy—, el dinero no crece de los árboles, además, tú sabes que recién estamos saliendo de unos graves problemas económicos. ¡No podemos rechazar una oportunidad como esta!

—Si eso significa poner en peligro a alguno de mis once hijos, mi respuesta siempre será un no, aunque me ofrezcan todo el dinero del mundo —la Sra. Loud se encontraba bastante molesta, mientras que sus hijos reunidos en la mesa la observaban con bastante impresión. No era común ver a su madre así de enojada.

—Está bien —aceptó Lucy cabizbaja antes de pararse de su asiento, y dirigirse a paso lento hacia su cuarto. Al verla, una sensación depresiva invadió a los presentes, como si la garganta se les anudara de la nada.

—Estoy preocupada por Lucy —le dijo Lily a su compañera de cuarto. Ella y Lisa estaban reunidas en el cuarto que compartían desde que nacieron. Lisa se encontraba concentrada estudiando el comportamiento de unos químicos. Con su delantal blanco y sus gafas protectoras puestas, estaba más concentrada en las reacciones químicas que en los dichos de su hermana menor, quien estaba sentada sobre su cama con un claro rostro de preocupación.

—No tienes por qué preocuparte por Lucy —le respondió su hermana sin quitar su atención en su trabajo—, ella sabe lo que hace.

—Es que mamá se molestó tanto por todo esto —continuó la pequeña—, además, ¿viste lo triste que estaba?

—Ya se le pasará —Lisa le restaba importancia al asunto.

—Parece que realmente ella quería ir a esa cacería de fantasmas —la pequeña se echó sobre su cama, y se volteó mirando a la pared. Se sentía triste y preocupada por Lucy, y trataba de pensar a mil por hora en una idea para subirle el ánimo.

Mientras, en el pequeño cuarto de Lincoln, el muchacho se encontraba descansando sobre su cama, leyendo el nuevo número de «Ace Savvy» con unos audífonos de casco puestos con la música de «Aerosmith» a todo volumen.

—Hola Lincoln —Lucy se apareció en su cuarto con su silenciosa entrada. El muchacho no la vio venir, pero de forma intuitiva bajó su comic, y se encontró con su escalofriante figura. El corazón casi se le sale del pecho, y como un acto reflejo, dio un salto tan alto que terminó por golpearse la cabeza en el techo.

— ¡LUCY! —gritó mientras aún su corazón latía con fuerza por el susto— ¡¿Cuántas veces te debo decir que no hagas eso?!

—Suspiro —se disculpó la chica.

—Está bien ¿Qué quieres? —le preguntó Lincoln intentando calmarse.

—Necesito que me lleves a la avenida Brooks —le pidió Lucy.

—Un momento ¿Acaso quieres ir a esa casa embrujada? —preguntó Lincoln sospechando la jugada de su hermana.

—Es una mansión —corrigió la chica sin inmutarse.

— ¡Como sea! —exclamó— Sabes bien como se puso mamá al respecto. ¿Y aun así piensas ir?

—Lo sé —respondió desafiante—, pero yo sé que ésta es una gran oportunidad en mi vida, y no la debo desperdiciar.

— ¡Pero Lucy! —su hermano intentaba hacerla entrar en razón— Primero, no sabemos quién rayos es este sujeto; segundo, esta no será la última oportunidad en tu vida para lograr tus sueños, créeme; y tercero, ¿Acaso no te importa preocupar a mamá?

—Ella no se preocupará si no se entera —respondió Lucy comenzando a impacientarse—, además, ella no sabe lo importante que es esta oportunidad para mí, y sé que no se volverá a repetir.

—Pero Lucy… —intentó responderle Lincoln.

—Pero nada, si no me vas a ayudar a llegar a la avenida Brooks, iré yo sola —Lucy se volteó y se dirigió hacia la salida sin importarle nada.

—Espera ¡¿Qué?! —a Lincoln le costó creer en aquel intento de chantaje por parte de su hermana, pero al ver que bajaba las escaleras, comenzó a preocuparse.

La chica se escabulló fácilmente hasta la salida. La noche se sentía bastante fresca, con la luz de la luna y los faroles iluminando la calle. Lincoln salió más atrás, aún inseguro de lo lejos que podría llegar su hermana en su afán de seguir esa loca idea.

— ¡Eh! ¡Lucy! —su hermano corrió hasta donde estaba ella — Tú ganas, te llevaré a la mansión embrujada.

Una pequeña sonrisa se asomó en el rostro de la chica. Había salido victoriosa de aquel debate junto a su hermano, y ya no tendría que llegar a pie al lugar de su nueva aventura.

Una vez más, Lincoln se metía en problemas por culpa de una de sus hermanas.

Hacía un buen rato atrás que Lily había olvidado el asunto de Lucy. Se encontraba dormitando mientras imaginaba una épica batalla entre «Ace Savvy» y el hermano malvado y drogadicto de «Blarney», llamado «Barney», quien consiguió sus poderes luego de robarle la fórmula secreta a Lisa. Era la batalla final en la que se definiría el futuro del planeta, cuando el inconfundible sonido del motor de la van familiar llegó hasta sus oídos.

— ¡Lucy! —exclamó la pequeña poniéndose de pie de un salto. Lisa se volteó a verla, aún seguía inmersa en su trabajo.

La pequeña corrió hacia la ventana, y en efecto, vio partir a «Vanzila» desde la cochera con dirección hacia el norte.

— ¡Oh no! —exclamó la pequeña asustada.

—No tienes por qué preocuparte —la intentó tranquilizar su hermana dejando de lado su quehacer—, seguramente debe ir acompañada por Lincoln, solo él tiene las llaves de la van. Pero sea como sea, tú sabes bien que Lucy sabe defenderse perfectamente bien por si sola. Solo recuerda aquella vez que te defendió de esa banda de tráfico de menores en aquel hogar de menores. Tú misma nos contaste de los geniales movimientos de karate con el que noqueó a más de diez hombres mucho más grandes que ella…

Estaba tan inmersa en su discurso motivador y convincente, que ya era tarde para percatarse que Lily ya no estaba en su cuarto. La pequeña había activado la salida de emergencia: tiró de uno de los libros de su estante, y se abrió un agujero en el suelo, que mostraba un trampolín en su interior, y que llevaba directo a una salida secreta oculta detrás de unos arbustos al lado de la casa. Al asomarse por la ventana, vio a la pequeña salir corriendo por la calle en la dirección por donde se había ido la van familiar.

—Por la manzana de Newton —se lamentó la niña, pero comprendió que ya no había marcha atrás. Presionó un botón que traía en su reloj, y una puerta invisible se abrió en la pared, mostrando una moderna mochila-cohete la cual tomó sin pensarlo dos veces, y salió volando por la ventana.

Se acercó a Lily y la levantó por los aires desde la cintura gracias a un brazo mecánico que salió de la mochila.

— ¡Hey! —se quejó la pequeña tras el inesperado aventón.

—Supongo que no sabes dónde queda esa mansión a donde va Lucy. ¿Cierto? —le preguntó su hermana.

—Pues… —solo en ese instante Lily comenzó a meditar sobre el asunto.

—No importa —le respondió—. Computadora, dime en qué dirección se encuentra Lucy Loud.

—Lucy Loud se encuentra a 234 metros hacia el noroeste —informó una voz computarizada proveniente desde la mochila.

— ¡Guau! ¿Cuándo construiste eso? —preguntó la pequeña sorprendida.

—El verano pasado, cuando fuiste con Lincoln a visitar a Lori —respondió Lisa mientras cambiaba la dirección del vuelo.

— ¿Y esta computadora lo sabe todo?

—Todo lo que puedas encontrar en Google.

— ¿Y sabe la fecha de mi muerte?

—No, no lo sabe.

— ¡Pero si Google lo sabe!

—No compares conocimiento real con la basura que puedes encontrar en internet.

Sigilosamente por los aires, las dos hermanas menores de la familia Loud seguían a «Vanzila», que llevaba a bordo a Lincoln y Lucy.

—Y… ¿Qué es lo que exactamente debes hacer allá? —Lincoln intentó romper el silencio.

—Voy a averiguar qué clase de misterio se oculta detrás de La mansión de satanás —respondió sin inmutarse—, y ayudaré a aquellas almas perdidas y atrapadas en ese lugar.

—Lindo nombre —comentó Lincoln tras un incómodo silencio—. Y dime Lucy. ¿Cómo planeas hacerlo?

—Me comunicaré con ellos y los ayudaré a atravesar el portal hacia el otro mundo —respondió con tranquilidad.

— ¿Y si esos fantasmas son… agresivos? —se notaba el nerviosismo en la voz del muchacho.

—Existe un dicho que dice: «Hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos» —le respondió su hermana—. Además, solo estaré como ayudante.

— ¿Y cómo sabes si ese tipo realmente te va a proteger? —Lincoln estaba considerando que hubiera sido mejor idea haber encerrado a Lucy en su cuarto.

—Aun así, sé cómo defenderme —Lucy sentía la tensión en el aire. Si quería evitar que su hermano diera media vuelta de regreso a casa, debía medir sus palabras.

Lincoln prefirió no continuar con el tema. Sabía que dijera lo que dijera, no detendría a Lucy, aunque guardaba una remota esperanza de que se arrepintiera y terminara con esta locura, pero por el contrario, ya se encontraban frente a la «Mansión de Satanás».

Era un lugar siniestro. A la luz de la luna y de los pocos faros funcionando, parecía como una casona del siglo XVIII bastante maltrecha, con todos los vidrios rotos, paredes negruzcas, musgo por todas partes, y maleza en todo su antejardín. Parecía ser un típico lugar para pasar la Noche de Brujas, o un escenario perfecto para una película de terror.

—Gracias Lincoln. Espera aquí —le ordenó Lucy bajándose de la van.

—De ninguna manera —el muchacho se bajó por el otro lado decidido a acompañarla—. Te voy a acompañar en lo que sea que tengas que hacer allí dentro.

—Lincoln… —intentó replicar su hermana.

—Lincoln nada —la interrumpió mirándola seriamente—. Puede que te hayas defendido bastante bien en el hogar de menores, puede que hayas aprendido buenos movimientos de karate de parte de Lynn, puede que seas una experta en espiritismo y te hayas comunicado con el más allá innumerables veces, pero aún eres una mocosa ingenua de catorce años que cree que de verdad un hombre misterioso la va a invitar a una casa embrujada para que la limpie a cambio de mucho dinero. ¡Abre los ojos Lucy! ¡Es una trampa! ¡Ese cheque era falso!

Jamás había tratado a Lucy tan duramente antes. Las palabras del chico golpearon de lleno su sensible corazón. Sentía que estaba a punto de largarse a llorar como niña pequeña. Cabizbaja, y a punto de derrumbarse, solo se atrevió a balbucear:

— ¿Cómo sabes que el cheque era falso?

—Fue emitido por el «Banco Patito» ¡Ese banco ni siquiera existe! —Lincoln intentaba calmarse, pero no podía evitar sentirse alterado ante tamaña locura a la que su hermanita estaba a punto de caer.

—Suspiro. Debí haberme dado cuenta antes —las primeras lágrimas comenzaron a asomarse por debajo de su flequillo. Al verla, Lincoln no pudo evitar sentirse culpable.

—Lucy, será mejor que nos vayamos a casa —intentó consolarla con un abrazo—, antes que papá se entere que saqué el auto, de nuevo.

—Está bien —Lucy finalmente se convenció.

Lincoln sonrió. Finalmente había convencido a su hermana de regresar a casa. Pensaba que nada más podría salir mal, hasta que un grito le demostró todo lo contrario.

Al voltear, pudieron ver que desde una de las ventanas del ático salía una cuerda que tenía apresada a alguien en su otro extremo, y que lo arrastraba directo a su interior.

— ¡LILY! —exclamó Lincoln aterrado al reconocerla.

Pues en efecto, Lisa, con su mochila-cohete, hacía un gran esfuerzo tirando hacia afuera a Lily, mientras que la extraña soga tiraba del pie derecho de la pequeña hacia el interior de la mansión.

— ¿De dónde salió eso? —preguntó la pequeña aterrada.

—Debe haber alguien allí adentro —respondió Lisa con la teoría más lógica que se le vino a la mente.

La pequeña tironeaba con su pie intentando librarse de la trampa, pero sentía un inmenso dolor en su tobillo. Temía que en cualquier minuto la cuerda le arrancara la pierna.

—Batería baja. Batería baja —se escuchó desde el altoparlante de la mochila-cohete.

— ¡Pero si solo te alimento con hidrocarburos y energía solar! —exclamó Lisa con nervios.

—Batería baja. Batería baja —respondió la máquina antes de apagarse, facilitando el trabajo de la soga, la cual arrastró a ambas niñas hasta el interior de la mansión.

— ¡Lisa! ¡Lily! —exclamó Lincoln aterrado mientras entraba al maltrecho antejardín seguido por Lucy.

—Bienvenidos a la «Mansión de Satanás», lugar en donde todo aquel que entra, no vuelve a salir con vida —el hombre misterioso que metió en este problema a Lucy les daba la bienvenida desde la entrada de la mansión.


Y a continuación, el tercer motivo:

El capítulo se me hizo un poquitito demasiado largo, es por eso que me vi en la obligación de cortarlo por la mitad. Pero tranquilos, el final está listo, solo esperaré un par de semanas para que se genere un poco de tensión antes de publicarlo. Por el lado bueno, ahora no tendrán que esperar tanto.

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