¡Hola de nuevo! Aquí estoy nuevamente, para presentarles la segunda parte que quedó pendiente de este fanfic. Quiero aprovechar de saludar a Julex93 por su review. Además de recordarles que cualquier duda, crítica o sugerencia será bien recibida.


Capítulo 3: «La mansión de satanás, parte 2».

Lucy llega junto a Lincoln esa noche a «La mansión de satanás», mientras que por otro lado, Lisa y Lily se dirigen al mismo lugar. Allí, las más pequeñas son secuestradas por los habitantes de ese lugar, y será deber de Lincoln y Lucy rescatar a sus hermanitas.


A Lincoln le importó poco la bienvenida. Corrió hacia donde estaba el sujeto, y agarrándolo del cuello de su abrigo, lo empujó hasta golpear su espalda contra la puerta.

—Escúchame bien maniático —lo amenazó con furia en su mirada—, me vas a traer de regreso a mis dos hermanitas si no quieres que acabe contigo aquí y ahora.

—Pues si quieres traerlas de regreso —respondió con tranquilidad mientras empujaba a Lincoln con una fuerza invisible hacia atrás—, deberás ir por ellas.

Lucy alcanzó a sujetar a su hermano antes que cayera de espaldas. El muchacho se encontraba atrapado por la ira. Ira contra lo que sea que estuviera jugando con ellos, y peor, poniendo en peligro la integridad de sus hermanitas. Solo quería partirle la cara oculta de ese tipo, subir al ático, y sacar a sus hermanas de allí, pero algo le decía que no sería tan fácil como lo imaginaba.

—Bien, ahora sí. ¡Qué comience el juego! —gritó el sujeto antes de abrir la puerta de la mansión, y desaparecer en su interior.

El interior estaba más oscuro que la boca de un lobo. Si no se encontraban con un fantasma, demonio, o delincuente, podrían tropezarse por ni siquiera poder ver el suelo por donde pisaban.

—Necesitamos una linterna —anunció Lincoln poniéndose de pie.

—Espera —lo detuvo Lucy—. ¿Estás seguro de lo que estamos haciendo?

— ¡Pero claro! —exclamó como si fuera lo más obvio del mundo— ¡No podemos permitir que esos tipos les hagan daño!

—Suspiro —argumentó Lucy. Lincoln logró percatarse de lo que le sucedía.

—Lucy —le dijo colocando una mano sobre su hombro—, ¿Recuerdas cuando intentaron asaltar la casa y Lori le dio su merecido a esos ladrones? ¿Y cuando el tío Jay nos encerró y Luna nos rescató? ¿Y todas las veces que Lynn te defendió de los chicos de secundaria que te molestaban? Ahora es nuestro turno de actuar, de ser los hermanos mayores, y rescatar a nuestras hermanas. Solo recuerda: si alguien se mete con un hermano Loud, se mete con toda la familia Loud.

Las palabras de su hermano infundieron una calidez en especial en su corazón, como la calidez que se siente al tomar un tazón de chocolate caliente una fría mañana de invierno. De repente, comenzó a sentir que todo lo podía, que podía llegar tan lejos como se lo propusiera, que podía dominar todos sus temores, y llegar a conquistar el mundo. Una sonrisa afloró en su rostro.

—Ahora vamos a la van —le aconsejó su hermano—, mi papá guarda su equipo de emergencia en el portaequipaje. De seguro allí debe haber una linterna.

La chica asintió con la cabeza, y ambos se dirigieron a toda prisa de regreso al vehículo familiar. Allí se encontraron con un par de enormes linternas, capaces de acabar con la oscuridad hasta cien metros de distancia con tan solo un click.

Ya más seguros, y armados con linterna en mano, se dispusieron a entrar a aquel extraño lugar. La misión: rescatar a Lily y Lisa.

Mientras tanto, en el ático, ambas niñas se encontraban atrapadas por la oscuridad, el polvo, las telarañas, y quien sabe que otras cosas más. La poca luz del exterior que entraba por aquella ventana desde donde las arrastraron no era suficiente como para averiguar en donde se encontraban.

— ¿En dónde estamos? —preguntó Lily mientras intentaba desatarse del pie.

—No lo sé —respondió Lisa mientras revisaba dentro de su mochila-cohete, si encontraba alguna linterna u objeto luminoso que le sirviera para iluminar el ambiente—. ¡Ajá! Esto servirá.

La menor encontró una pequeña linterna, la cual rápidamente encendió. No acababa con toda la oscuridad de la habitación, pero era suficiente como para averiguar en donde estaban: un pequeño cuarto de madera lleno de cajas, polvo y arañas, parecido al ático de su casa.

—Creo que el que nos trajo hasta aquí escapó —Lily había logrado desatarse de la cuerda, y la siguió hasta el otro extremo, detrás de unas cajas, en donde no encontró a nadie.

—Sin duda debe estar cerca de aquí —concluyó Lisa apuntando la zona con la linterna—. Mejor será salir de aquí.

—Podríamos salir por allí —la pequeña apuntó hacia una trampilla media abierta que apenas se podía distinguir desde la oscuridad.

—Bueno, supongo que no nos queda más remedio —respondió la niña antes de colocar su mochila-cohete sin baterías sobre su espalda, y dirigirse junto a su hermana hacia la única salida disponible.

Una vez abajo, se encontraron con un lúgubre pasillo, rodeado de puertas polvorientas, adornado de telarañas y una alfombra roñosa y desteñida. Ambas hermanas caminaron por entre los pasillos en silencio, guiadas por la luz de la linterna, que les indicaba donde terminaba el piso y comenzaba la pared. La curiosidad de Lily por descubrir qué había detrás de cada puerta era apenas contenida por la pequeña. Si no fuera porque no era un buen momento, se habría aventurado a investigar cada milímetro del edificio.

— ¿Dónde crees que esté el que nos arrastró hasta aquí? —se preguntaba Lisa mientras iluminaba cada rincón en busca de pistas.

—Quizás se fue por allá —respondió la pequeña apuntando hacia una de las puertas, que a diferencia de las demás, era la única que estaba entreabierta.

Lisa dudó por un momento en acercarse hasta allá. Su cerebro le indicaba que podía ser una trampa, pero como siempre que su mente le hacía dudar, su hermana Lily se adelantaba tomando el picaporte, y abriendo la puerta.

— ¡Vamos! —le animó. Tal vez con esto podrían investigar aunque sea un cuarto, y saciar su curiosidad.

O era entrar, o era deambular por ese laberinto de pasillos al menos hasta el día siguiente, cuando sus padres descubrieran que salieron sin sus permisos. Lisa decidió seguir a su hermana y entrar al lugar.

El cuarto era claustrofóbico. No tenía más de dos metros cuadrados, totalmente vacío. Sin luz, ventanas, solo la puerta que había detrás de ellas, y las paredes grises y resecas.

—Qué lugar más aburrido —opinó Lily, al tiempo en que la puerta se cerró de golpe detrás de ellas.

Ambas chicas corrieron hacia la salida, solo para descubrir que se encontraba cerrada. Golpearon con fuerza, y como única respuesta recibieron el eco de sus golpes.

— ¡Oh no! ¿Y ahora qué vamos a hacer? —exclamó Lily. Ahora si estaba verdaderamente asustada.

—No te preocupes —intentó tranquilizarla Lisa, mientras buscaba en su mochila-cohete algún objeto que pudiera servirles—. Tonta mochila. ¡Tenías que acabarse tu batería en este momento!

La pequeña comenzó a golpear las paredes en busca de alguna salida oculta. Lo único que pudo encontrar fue concreto, y más concreto. Parecía un cuarto herméticamente cerrado.

— ¿Qué es ese olor? —preguntó de repente la pequeña.

—No-no huelo nada —Lisa intentaba abrir la puerta con ayuda de un destornillador, pero los nervios y la falta de tornillos no le ayudaban mucho. No le prestó mucha atención al comentario de Lily, hasta que ella agregó:

—Tengo sueño.

En ese momento, Lisa se percató que sentía un poco de mareo. Ella retrocedió unos cuantos pasos de la puerta, y meditó:

—Si Lily puede sentir un olor que yo no puedo, y el mismo provoca sueño y mareos, solo puede significar. ¡Monóxido de carbono!

—Buenas noches —la pequeña se acurrucó en un rincón para descansar un poco.

— ¡Lily! ¡No! —exclamó su hermana despertándola de un zamarrón.

— ¿Qué? Ya es muy tarde —se quejó la niña adormilada.

— ¡No te duermas! ¡Por lo que más quieras en este mundo no te duermas! —exclamó Lisa desesperada mientras derramaba todo el contenido de su mochila. Por fortuna, encontró una máscara antigás.

—Ten —con rapidez le colocó la máscara a su hermana—. ¡Y no te la quites por nada del mundo! —le ordenó.

— ¿Y qué hay de ti? —preguntó la pequeña.

—Estaré bien —respondió con una sonrisa forzada.

Un piso más abajo —en el segundo piso—, Lucy y Lincoln recorrían pasillos similares a los de sus hermanas más pequeñas. Les fue fácil encontrar la escalera principal para subir hasta allá, no así para conseguir subir al siguiente piso.

—Puedo sentirlo, Lincoln —interrumpió la chica el silencio mientras se detenía de súbito.

— ¿Sentir qué? —preguntó su hermano extrañado.

—El lugar está cargado —respondió mirándolo a través de su flequillo—. Lincoln, puedo sentir el sufrimiento de cientos de almas en este lugar.

— ¿En serio? —menospreciar el comentario de su hermana sería desatinado a esta altura del partido. Él mismo había sido testigo de varios eventos paranormales que la involucraron, pero no sabía qué más decir en ese momento. Solo tenía en mente encontrar a sus hermanitas, y salir de allí antes del amanecer.

—Sígueme —Lucy comenzó a correr. Lincoln se sorprendió en un principio, pero debió apurarse para no quedar atrás. Lucy se manejaba con facilidad por aquel laberinto de pasillos, hasta que se detuvo frente a una de las puertas.

—Está cerrada —Lincoln intentó abrirla por las buenas. La puerta no le parecía diferente a las demás, pero confiaba en el sexto sentido especial, o don, o lo que fuera, de su hermana.

El muchacho alcanzó a retroceder cuando de improviso Lucy le dio una patada al picaporte, arrancándolo de la puerta, y logrando abrirla. Lincoln abrió los ojos como plato llenos de sorpresa al ver la repentina acción de su hermana. Sabía que Lynn le había enseñado algunos secretos de karate, pero no que los había aprendido tan bien.

—Vamos Lincoln —le ordenó Lucy abriendo la puerta sin inmutarse, como si patear puertas fuera pan de cada día.

Apenas se reintegró, el chico entró siguiendo a su hermana. A la luz de las potentes linternas, el lugar parecía ser una sala de operaciones clandestina. Había una camilla metálica oxidada manchada de sangre; implementos quirúrgicos en las paredes y desordenados sobre las mesas, todos cubiertos de sangre; máquinas hospitalarias en mal estado; y varias hieleras apiladas en una esquina.

—Guau, creo que aquí no se conoce la higiene —comentó el muchacho mientras revisaba el lugar—, y creo que tampoco la anestesia.

Lucy en cambio, se dirigió a una pequeña puerta que había del otro lado de la habitación. La abrió sin dificultad, y se aventuró linterna en mano.

— ¡Lincoln! ¡Creo que encontré la morgue! —le gritó desde el otro lado.

El muchacho, al oír eso, fue corriendo hacia donde había entrado su hermana. El escenario que encontró podría llegar a ser perjudicial para mentes sensibles. El lugar estaba lleno de cientos de miles de cadáveres dentro de sus respectivas bolsas mortuorias, repartidos a lo largo del suelo, y de varios estantes metálicos. El cuarto parecía tener alrededor de cien metros cuadrados, y se podría estimar una cantidad aproximada de mil cadáveres repartidos en ese lugar.

— ¿Qué-qué es este lugar? —preguntó Lincoln asustado mientras se tapaba la nariz y la boca por el nauseabundo olor proveniente de los cadáveres. Lucy en cambio inspiró y expiró.

—Suspiro —respondió—. Puedo sentirlo, puedo sentir su llamado de auxilio. Están atrapados en este lugar, dentro de sus bolsas.

Lincoln nunca se imaginó que llegaría a parar en tan mórbido lugar. Un fugaz pensamiento lo obligó a imaginar que sus hermanas estaban dentro de alguna de esas bolsas. Una opresión en el pecho le cortó la respiración por un momento, y el impulso de abrir cada una de esas bolsas solo era comprimido por la esperanza que esa idea solo fuera producto de su imaginación.

—Lincoln —Lucy interrumpió sus pensamientos—, a la cuenta de tres te agacharás… Uno… dos…

Los nanosegundos antes del tres se le hicieron eternos al muchacho. La densidad del ambiente rodeado por fantasmas podía sentirlo hasta él.

— ¡Tres! —exclamó Lucy al tiempo que ambos se agachaban, y un disparo se escuchaba. Las luces se encendieron, y se vieron rodeados por más de veinte hombres vestidos de buzo y con una mirada asesina. Algunos estaban armados con palos y bastones, otros con armas de fuego, otros con cuchillas y otros con nudilleras.

—Miren a quienes tenemos aquí —de entre los hombres salió Mr. Houdini, con la pistola con la que ejecutó el último disparo en su mano—. Sean bienvenidos.

— ¿Por qué nos trajo hasta aquí? ¿Qué es este lugar? ¿Qué hiciste con Lily y Lisa? —Lincoln no tardó en preguntar.

—Redúzcanlos —ordenó Houdini con voz grave a la vez que en que todos los hombres se abalanzaron sobre los muchachos.

Mientras tanto, un piso más arriba, Lisa intentaba pensar en algún plan para escapar de allí junto con su hermana. No había nada en su mochila-cohete que pudiera ayudarlas, y el monóxido de carbono en su cuerpo no la dejaba pensar muy bien.

— ¡Lisa! —exclamó su hermana al ver como rendida, decidía sentarse en el suelo recostándose sobre una pared. Se acercó a ella e intentó quitarse la máscara antigás para dársela, pero Lisa, con las pocas fuerzas que le quedaban, se lo impidió.

— ¡No te la quites! —ordenó.

—Pero tú… —intentó refutar.

— ¡Pero nada! —la interrumpió—. Estaré bien.

—No, no lo estarás —insistió la pequeña—. Sé que si no salimos pronto de aquí, podrías morir.

Su hermana la miró. No sabía que Lily tuviera conciencia del real peligro en el que se encontraban.

—Todo esto es mi culpa —continuó la pequeña mientras las primeras lágrimas salían de su rostro—, si no hubiera salido de la casa en primer lugar, nada de esto hubiera pasado.

—Lily, no te preocupes —intentó tranquilizarla en vano.

—No quiero que te mueras —sollozó la pequeña en voz baja—, y menos quiero que te mueras por mi culpa.

Lisa no podía evitar sentirse afligida por su hermana. La pequeña comenzó a llorar desconsoladamente a su lado.

—No quiero que te mueras —repetía una y otra vez.

Con sus pocas fuerzas, Lisa se levantó, y abrazó a su hermanita. Un cálido abrazo que tomó por sorpresa a la pequeña.

—No es tu culpa —le susurró al oído—, solo te guiaste por tu buen corazón y tu curiosidad. Eso no es nada malo.

Fueron sus últimas palabras antes de perder el conocimiento.

Mientras en la morgue, varios de aquellos temibles sujetos bien armados yacían inconscientes producto de la batalla. Lucy había logrado noquear a más de la mitad con bastante agilidad, mientras que Lincoln hizo lo que pudo noqueando a un par más, pero finalmente un golpe en la cabeza producido por una tabla que llevaba uno de esos sujetos lo dejó fuera de combate.

—Creo que gané —anunció Mr. Houdini con seguridad.

—Eso es lo que usted cree —respondió la chica con una sonrisa.

—Vamos Lucy, te supero en número —insistió el misterioso hombre.

—Eso es lo que usted cree —repitió la muchacha.

Un frio intenso se apoderó del cuarto. Pareciera como si de verdad estuvieran dentro de una morgue, con la temperatura ideal para conservar los cadáveres. Una sensación extraña recorrió al hombre con el abrigo, mientras que sus secuaces que aún seguían conscientes miraban por todas partes asustados.

—Hasta ustedes pueden sentir la presencia de sus víctimas —narró Lucy.

— ¿Q-qué está pasando? —la seguridad de Mr. Houdini se había escapado.

—Me trajiste para que realizara una limpieza a esta mansión, y es precisamente lo que voy a hacer.

Un fuerte viento rodeó el cuarto, como si un mini torbellino estuviera atrapado ahí. Los hombres se aterraron, e intentaron escapar, todo para ver a los implementos quirúrgicos entrar flotando desde la única salida.

—Mis amigos quieren ser libres, pero antes necesitan un pequeño sacrificio —anunció Lucy. Los hombres retrocedieron asustados hasta chocar por la espalda con la pared o tropezarse con algún cadáver o compañero caído, mientras que cada uno era apuntado por uno de los cuchillos o armas quirúrgicas que entraron flotando.

—Esta no era una mansión embrujada —continuó la chica—, era un centro de tráfico de órganos clandestino. Quienes entraban a este lugar eran sus víctimas. Les quitabas los órganos y escondías los cadáveres en este cuarto.

— ¿C-cómo lo sabes? —balbuceó Mr. Houdini claramente asustado.

—«Ellos» me lo dijeron —respondió—. Solo me queda preguntar ¿Por qué atrapaste a mis hermanas?

— ¿Sabes lo difícil que es conseguir órganos de niños por estos días? —respondió Mr. Houdini sin un ápice de remordimiento.

—Esas serán tus últimas palabras —respondió Lucy mientras la propia pistola del misterioso hombre salía flotando y apuntándolo en la frente—. Solo recuerda: si alguien se mete con un hermano Loud, se mete con toda la familia Loud.

Un disparo terminó con la escena.

La luz de un nuevo día se coló por entre las pestañas obligando despertar a Lily. Le costó recordar en un comienzo todo lo ocurrido en la noche anterior.

— ¡Lisa! —gritó dando un salto de la cama, solo para descubrir que estaba en su propio cuarto, su propia cama, su propia casa.

— ¿Qué? ¿Cuán? ¿Dón? ¿Cuál? —Lana, quien estaba durmiendo en el escritorio de Lisa, despertó de golpe por el ruido, cayendo al suelo por el susto— ¡Lily! ¿Podrías dejar de hacer tanto ruido?

La pequeña le dio poca importancia a la presencia de Lana. Los recuerdos de la noche anterior se agolparon en su mente, hasta provocarle un pequeño mareo. De inmediato se percató de la presencia de Lisa, quien estaba recostada sobre su cama.

— ¡Lisa! ¡Lisa! ¡LISA! ¡Despierta! —la pequeña corrió hasta la cama de su hermana y la sacudió con desesperación y tanta fuerza que podría haber despertado hasta a un muerto.

— ¡Lily! ¡No grites! —la recriminó de vuelta despierta, mientras buscaba sus anteojos sobre el velador.

— ¡Lisa! ¡Qué bueno que estés viva! —exclamó alegre la pequeña mientras le daba un apretado abrazo. Lisa no pudo evitar la ternura que le invadió, y se sintió obligada a devolverle el abrazo.

—Muy bien —interrumpió Lana cerrando la puerta del dormitorio con llave—. ¿Podrían explicarme qué fue lo que sucedió anoche?

— ¡¿Dónde está Lucy?! —exclamó Lily repentinamente con temor.

—Está con Lincoln en su cuarto. Ellas los trajo a ustedes tres en la van familiar. ¡Pero no me cambies de tema! —respondió Lana cruzándose de brazos a la espera de una respuesta. Lily dio un suspiro, y comenzó su relato:

—Lucy iba a ir a una casa embrujada luego de la oferta de ese tipo raro que vimos ayer y que la acompañaba ayer en la heladería ¿Te acuerdas? Entonces luego que Lisa me dijera que era una trampa y luego de ver a Vanzila salir de la casa cerca de la medianoche, no pude evitar salir de la casa para rescatarla, entonces Lisa me siguió y me llevó en su máquina-del-tiempo-cohete-mochila y nos fuimos volando ¡Pium! ¡Pium! Mientras le preguntaba a la mochila cuando iba a morir, en eso llegamos a la casona embrujada y un enorme tentáculo nos arrastró hasta el entretecho ¡Era un lugar oscuro y horrible! Y no como nuestro ático ¡Nuestro ático es genial! Tiene juguetes antiguos de nuestros hermanos mayores y álbumes de fotos y disfraces divertidos y…

Lana miró a Lisa, esperando que le entregara una respuesta más coherente como respuesta. La niña solo asintió con la cabeza.

—…y Godzilla se enfrentó a muerte frente a Barney, en nombre del bien y la justicia. Y cuando estaba a punto de ganar el malo. ¡Aparece Ace Savvy! Y los manda a volar a todos con su «rasho láser» —finalizó la pequeña su discurso—. Ehm… ¿De qué estábamos hablando?

—Olvídalo —desistió Lana abriendo la puerta para dejarlas salir.

Esa mañana estaban los seis hermanos menores Loud reunidos en la cocina para el desayuno. A Lincoln se le notaban dos enormes ojeras y un chichón en la cabeza. Lily, para lo poco que había dormido, se notaba bastante animada, más aún después de su tazón de leche triple chocolate y triple azúcar.

— ¡Niños! ¡Vengan a ver esto! —los llamó su madre desde el living. Como un torbellino, todos los hermanos Loud corrieron hasta el gran televisor, en donde sus padres habían sintonizado las noticias de la mañana.

«En horas de esta mañana se dio aviso a la policía de unos disparos en una casona abandonada en la Avenida Brook. En el lugar, efectivos de la policía se encontraron con una cantidad innumerable de cuerpos sin vida. Según un informe preliminar, se trataría de una banda de traficantes de órganos, quienes realizaban sus operaciones en ese lugar bajo deplorables condiciones higiénicas. Se han detenido cerca de diez sujetos miembros de esta banda, mientras que los demás murieron dentro del lugar debido a un posible ajuste de cuentas».

En eso la Sra. Loud apagó el televisor.

— ¿Alguien tiene algo que decir al respecto? —preguntó.

—Mamá —se adelantó Lucy—, te desobedecí. Fui hasta la mansión de Satanás, y arriesgué mi vida por una trampa.

—Hubiera valido la pena si el cheque no hubiera sido falso —se quejó el Sr. Loud rompiendo el documento delante de sus hijos.

—Y supongo que Lincoln te acompañó en esta aventura. ¿Verdad? —agregó su esposa al observar el estado de su único hijo varón.

—Este… No podía dejarla sola —se justificó.

—También es mi culpa —intervino Lily—. Yo fui para advertirles de la trampa, pero ellos me atraparon, y mis hermanos mayores tuvieron que entrar para rescatarme.

—Y yo fui a acompañarla —se inculpó Lisa.

— ¡Lily! ¡No debiste hacer eso! —le recriminó su madre— La próxima vez que veas a tus hermanos hacer algo malo, debes decirnos a nosotros, tus padres.

—Bueno… no pensé en eso. Lo siento —se lamentó la pequeña.

—Aun así, todos estarán castigados por un tiempo —anunció su padre.

— Te refieres ¿A todos? —preguntó Lana.

—Si —contestó su padre—. Desde ahora no más salidas los fines de semana durante un mes.

— ¡Pero yo ni siquiera tuve que ver en todo esto! —se quejó Lola.

Mientras los hermanos Loud se quejaban de su nuevo castigo, Mr. Houdini observaba la situación desde la vereda del frente a través de la ventana principal de la Casa Loud.

—Por esta vez te dejé vivir, Lucy Loud —dijo en voz baja—. Pero para la próxima no tendrás tanta suerte.


Es de esperar lograr regresar pronto. Esta vez, con el especial de Navidad. También tengo pensado publicar una precuela de este fic, desde donde podré sacar nuevas historias de para este Fanfition.

¡Nos leemos pronto!

PD: sígueme en Facebook, como mmunocan. Comparto té, galletitas, Wi-Fi gratis, y otros Fanfictions de la serie.