Hola nuevamente. Aquí llego en esta hermosa fiesta de Navidad, a entregar mi aporte con este especial, que como quizás ya se enteraron, no pude terminar. Ha sido un fin de año bien ajetreado, y tenía demasiadas ideas en mente para este especial. Pero no importa, prometo subir la segunda parte (y ojalá la final) antes de Año Nuevo.

También les advierto que este capítulo es más largo de lo usual. ¡Son más de 10k palabras! Si es que tómense su tiempo para leerlo y disfrutarlo.

Antes de comenzar, quisiera dejarle un caluroso saludo a Julex93, a Slash Torrance, a Adriana-Valkyrie, y a Doce Espadas. ¡Muchas gracias por sus reviews! Tenía la intención de saludarlos por privado, pero ni el tiempo me ha alcanzado. Se los debo.

Y finalmente, cualquier duda, comentario, sugerencia, crítica, o saludo, pueden dejármelo en los reviews. Todos serán bien recibidos.


Capítulo 4: «Una Navidad Familiar, parte 1».

Se acerca la fiesta de Navidad, y Lily solo tiene un deseo en mente: que toda la familia Loud esté reunida para la Nochebuena. Pero que todas las hermanas mayores puedan arribar en la Casa Loud para las fiestas es un verdadero desafío. ¿Podrá cumplirse el deseo de la pequeña Lily?


Era una helada mañana de sábado. Una gruesa capa de nieve cubría los tejados, jardines y calles de Royal Woods, y las coloridas luces que adornaban los hogares del barrio anunciaban que faltaba poco para la fecha más esperada para muchos: Navidad.

— ¡Es sábado! —Lily se levantó de un salto. Apenas abrió los ojos, el recordatorio que la Navidad estaba a la vuelta de la esquina la golpeó de frente, llenándola de una energética felicidad.

— ¡Es sábado! ¡Es sábado! ¡Es sábado! —sus gritos y saltos de júbilo despertaron a una somnolienta Lisa, quien lentamente se restregaba los ojos, antes de colocarse sus lentes— ¡Solo falta una semana! ¿Sabes para qué? —la pequeña, entre saltos, había llegado hasta la ventana, observando con impresión el blanco paisaje que se desplegaba hacia el exterior.

—Si sé que es sábado —confirmó Lisa mientras se ajustaba sus anteojos—. ¿Y qué?

— ¿Cómo qué y qué? —preguntó Lily volteándose con rapidez— ¡Faltan solo siete días para Navidad! ¡Una semana!

Su hermana la observó sin una mayor emoción por la noticia que acaba de recibir.

— ¡Es la mejor época de todo el año! —continuó la pequeña corriendo a dar saltos sobre su cama— Hay alegría, ruido, villancicos, regalos, galletas, dulces, regalos, juegos, nieve. ¿Y sabes qué es lo más importante?

— Ehm… ¿Los regalos? —preguntó su hermana ajustándose sus anteojos.

—Que por fin volveremos a estar todos reunidos —respondió con alegría la pequeña mientras sacaba de debajo de su cama un portarretrato grande y se lo mostraba a Lisa. Enorme fue su sorpresa al reencontrarse con esa vieja fotografía familiar que Lincoln tomó a los once años, y que la usó como regalo de aniversario de sus padres.

—Lily, nuevamente estuviste en el ático. ¿Verdad? —le preguntó Lisa con molestia.

—Sip —respondió la pequeña mientras volvía a esconder el cuadro—. Sé que este año si se cumplirá mi deseo y volveremos a reunirnos los once hermanos Loud. ¡Lo presiento!

—Lily —le explicó Lisa intentando apagar su anhelo—, vienes diciendo eso todos los años desde que empezaste a hablar, y créeme, cada año que pasa, se vuelve más difícil que volvamos a estar todos reunidos bajo un mismo techo para la Nochebuena. Desde que Lori se fue de la casa hace cinco años para estudiar en la universidad, siempre ha faltado uno de nosotros para estas fiestas, y más aún después de la irreconciliable discusión entre papá y Luna.

Mientras Lisa le explicaba a su hermanita, sacó un control remoto de su mesita de noche, con el cual encendió un proyector que apareció desde el techo, y que comenzó a mostrar diferentes fotos familiares Navideñas de los últimos años. En la primera aparecían todos a excepción de Lori. En la segunda estaban todos a excepción de las dos mayores. En la tercera faltaban las tres hermanas mayores. En la cuarta aparecían todos a excepción de Luna. Finalmente, en la quinta, aparecían todos a excepción de Luna, Lynn y Lori.

—Será mejor que te conformes con la única Navidad que pasaste con toda la familia reunida —concluyó Lisa mientras mostraba la Navidad de hace seis años, en donde aparecía toda la familia, además del novio de aquel entonces de Lori, la familia del amigo de Lincoln, y el viejo vecino de la casa del lado, quien fallecería durante el año siguiente.

— ¿Cómo es que yo no recuerdo esto? —preguntó Lily sorprendida mientras se acercaba a la pared donde se proyectaba la imagen. Una sensación de calidez invadió su ser al ver como el pasado estaba cumpliendo su mayor deseo, mientras podía verse a sí misma como una bebé totalmente arropada en los brazos de su madre.

—Será porque eras una pequeña de tan solo un año —respondió Lisa con lógica—. Eran buenos tiempos —agregó antes de apagar el proyector y encender las luces, trayendo de regreso al presente a la pequeña de un rápido golpe.

—Con mayor razón quisiera volver a reunirme con todos mis hermanos —alegó la pequeña mientras se volteaba a ver a su hermana con decisión—. Esta Navidad sé que volveremos a estar todos reunidos, lo siento en mi corazón.

—Escucha bien Lily —le increpó su hermana con fastidio—: las probabilidades de cumplir tu capricho son tan bajas e ilusorias, que podría apostar mi Premio Nobel Junior a que no se va a cumplir.

— ¿Y qué hay de la magia de… —intentó insistir la pequeña.

—Esa magia no existe —sentenció—. No existe Santa Claus, no existe la famosa magia de la Navidad, y ni mucho menos va a pasar ese «milagro» que tanto deseas. Ya es tiempo que comiences a madurar.

Lily quedó sin palabras. En el fondo le gustaba creer en las ilusiones infantiles sobre las cuales cada niño tenía derecho a creer, pero se le encara la verdad de forma tan directa, es difícil no sentir una patada en el estómago que te deja sin aliento.

—Bien, por mientras iré al baño antes que haya fila —le dijo su hermana mientras salía de la habitación, sin importarle las consecuencias de sus palabras.

Lily estaba acostumbrada a la indiferencia y dureza de su hermana cuando le contaba de sus planes y proyectos. Pero esta vez no sentía que fuera una de sus tantas locuras que imaginaba día a día y que olvidaría en media hora. Volvió a encender el proyector, y a reencontrarse con la foto Navideña del 2016.

—Prometo que volveremos a estar juntos —se repitió a sí misma.

Con el correr del día, la pequeña se percató que no dependía de ella que su sueño pasara de una bien intencionada ilusión a una maravillosa realidad. Aunque aún era bastante soñadora, ingenua, infantil y alegre, sentía que las desoladoras palabras de Lisa habían calado más hondo de lo que había esperado.

— ¿Qué ocurre pequeña? —Lana había dado un olímpico salto al sofá en donde la pequeña estaba viendo televisión sin su acostumbrada ilusión que normalmente tenía al ver su show favorito: «Charlie, el cerdito volador».

—Nada —respondió sin ánimos, cosa que llamó la atención de la chica.

—En serio. ¿Qué tienes? —insistió.

Lily volteó a ver a su hermana. Sabía que no era bueno ocultar esas cosas, o nunca lograría sentirse mejor. Y en el mejor de los casos ella podría ayudarla a conseguir cumplir su deseo navideño.

— ¿Tú crees que este año estemos todos reunidos? —decidió a preguntarle.

La pregunta tomó por sorpresa a Lana, quien se tomó unos segundos para asimilar lo que acababan de preguntarle.

—Te refieres a…

—A todos los hermanos —insistió Lily con ilusión.

—A… ¿Los once? —preguntó Lana.

La pequeña asintió con la cabeza con tal fuerza que parecía que en cualquier momento se le iba a salir volando.

— ¿Incluyendo a… —intentó aclarar su hermana.

— ¿A quién? —preguntó la pequeña extrañada.

—A Luna —le susurró con temor a que su padre la escuchara.

— ¡Pero claro! ¡También es nuestra hermana! —exclamó la pequeña como si fuera lo más obvio del mundo.

—Creo que eso no sería una buena idea —le refutó su hermana con pesar.

— ¿Eh? ¿Y por qué? —preguntó la pequeña extrañada.

—Bueno, verás. Desde que se peleó con papá, comenzaron una relación tan… lamentable, que si se volvieran a reencontrar terminarían discutiendo, ¡y arruinarían la Navidad! —le explicó Lana.

— ¡¿Y qué hay de la magia de la Navidad?! —insistió la pequeña— Con todo eso de la paz y el amor que cubre al mundo por veinticuatro horas. ¿Qué acaso a ellos no les afecta? ¿No podrían ponerse en la buena aunque sea por ese día?

—Me temo que es más complicado —sentenció su hermana. Aquellas palabras fueron como un balde de nieve derretida para la pequeña—. ¡Pero vamos! —intentó consolarla— Al menos Luan confirmó que vendría esta Navidad. Lincoln la fue a buscar a la estación de buses. Ya deben venir de camino.

— ¿Y qué hay de las demás? —preguntó la pequeña al borde del llanto.

—Pues, verás —Lana no quería ser portadora de malas noticias para su hermanita, pero para ella, era mejor ir con la verdad ante todo, porque si la ilusionaba falsamente, jamás se lo perdonaría—, Lynn con sus estudios en la universidad de California es difícil que alcance a venir desde tan lejos, mientras que Leni ya confirmó que pasaría la Navidad en Europa con su novio Max, y Lori… pues ella por su trabajo siempre está viajando por todo el país, y siempre que quiere venir a Royal Woods no puede tomar el avión por mal tiempo.

—Pues —Lily quería refutar las excusas que tenían sus hermanas para no querer pasar la Navidad en familia, pero no encontraba las palabras—… Entonces este será otro año más sin toda la familia reunida, ¿verdad? —preguntó derrotada.

—Escucha Lily —Lana le habló con seriedad— no importa qué tan lejos estén nuestras hermanas y si no pueden venir para Navidad, lo único que importa es que la familia Loud siempre ha sido una familia unida, y que siempre estaremos unidos, con un solo corazón y un mismo espíritu. La distancia no es un obstáculo para nosotros —finalizó su discurso con una sonrisa.

—Es… hermoso —comentó Lily con una sonrisa triunfante tras las alentadoras palabras de su hermana—. Aunque… recuerdo haberlo escuchado antes en alguna parte.

En eso, se escuchó el teléfono de la casa. Ambas chicas se detuvieron en seco, y voltearon a ver su objetivo. Sobre una mesa detrás del sofá, se encontraba el inocente teléfono de la casa, con su corriente ring ring, sin saber lo que le esperaba.

— ¡El teléfono! —exclamaron ambas al mismo tiempo.

Ambas se abalanzaron en dirección del aparato, dando un gran salto olímpico sobre el sofá, en una férrea competencia a muerte por quien contentaba primero.

— ¿Aló? —se escuchó la tétrica voz de Lucy, quien apareció de la nada alcanzando el fono antes que sus hermanas, quienes terminaron chocando con la chica— Hola Lynn… si, si… ¿En serio? Eso es muy bueno. Si, le diré a la familia. Entonces te esperamos para mañana. Está bien. Adiós.

Tras aquella corta conversación, Lucy se volteó, y vio a sus dos hermanas en el suelo, quienes le dieron una sonrisa nerviosa.

—Lynn vendrá de California a pasar la Navidad con nosotros. Iré a decirle a mamá —anunció antes de abandonar el cuarto.

—Espera… ¡¿Lynn viene a pasar la Navidad con nosotros?! —preguntó Lily con euforia mientras se ponía de pie de un salto.

—Pues parece que al final si se cumplirá tu deseo —respondió Lana mientras se ponía de pie.

En eso tocó el timbre.

— ¡Ya llegó! —exclamó la pequeña con alegría mientras se dirigía a la puerta con la mayor rapidez que le permitían sus piernecitas.

Al abrir la puerta, en vez de encontrarse con su hermana mayor, se encontró con un joven de unos doce años, con el pelo castaño y perfectamente bien cortado dando la apariencia de un nerd, bien abrigado con bufanda, abrigo, guantes y tres capas de pantalones.

— ¡Charles! —exclamó Lana al ver quien se asomaba en el dintel de la puerta.

—Hola Lana —la saludó con amabilidad—, vamos a hacer una guerra con bolas de nieve los chicos en el parque. ¿Quieres venir?

— ¡Claro! Me encantaría —aceptó la chica la propuesta.

—Un momento —intervino Lily —. ¡Ya me acordé de dónde vino la frase!

— ¿Eh? ¿Cuál frase? —preguntó Lana extrañada y a medio camino de la salida.

—Esa que me dijiste recién —insistió—, eso de que estaremos siempre unidos con un mismo corazón y todo eso. Te la dijo Charles anoche, mientras conversaban en videochat.

Los colores dominaron el rostro de ambos chicos, en especial de Lana, quien deseó con todas sus fuerzas haber cerrado la puerta de su cuarto para conversar tranquila, aunque, en la Casa Loud, eso no hubiera sido suficiente.

—Ehm… ¡Adiós! —se despidió Lana de súbito alejándose de la casa junto con Charles sin dar mayores explicaciones. La pequeña los despidió como si nada, estaba acostumbrada a esa reacción.

En eso nuevamente sonó el teléfono. Sin muros en la costa, Lily encontró la oportunidad perfecta para contestar, y disfrutar tan esquivo y sublime momento.

— ¿Aló? ¡Hola Linkin! —de la nada apareció Lola, quien contestó el teléfono antes que Lily, dejando a la pequeña con las ganas— ¡Oh! Eso se oye muy mal. Ajá… No te preocupes, yo les digo. Tranquilo, mientras llegues antes de Navidad, todo estará bien. Está bien. ¡Adiós!

Tras cortar el fono, la chica vio a su hermana pequeña en el suelo, ofreciéndole una sonrisa nerviosa.

—Lincoln acaba de llamar —le explicó mientras la ayudaba a levantarse—, dijo que a Luan la asaltaron y no pudo tomar el autobús, así que tendrá que ir a buscarla a Massachusetts.

— ¿La asaltaron? ¡Oh no! ¿Estarán bien? —preguntó la pequeña con preocupación.

—No te preocupes, regresarán en un par de días —respondió Lola mientras se dirigía hacia las escaleras.

— ¡Un par de días! —la pequeña corrió y se interpuso en el camino de su hermana, impidiéndole el paso — ¿Al menos regresarán para Navidad?

— ¡Claro que sí! —exclamó con fastidio— Aún falta una semana. No demorarán tanto. Ahora muévete, que necesito maquillarme —agregó quitándola del medio de un empujón.

— ¿Para qué? ¿A dónde vas? —preguntó la pequeña con preocupación.

—Qué te importa —le respondió mientras subía las escaleras con rapidez en dirección a su cuarto.

—0—

Era una noche nevada y preciosa en las calles de París. El escenario era perfecto: una elegante mesa servida para dos dentro del hotel más lujoso de París, con vajilla y cubiertos tan resplandeciente que podría usarse como espejo, un mantel límpido y blanco, sillas lustrosas y elegantes, copas traslúcidas que llegarían a ser invisibles de tan trasparentes, un candelabro de plata con tres velas doradas y encendidas, y como paisaje visto desde la ventana, la famosa Torre Eiffel iluminando la noche.

Un joven vestido para la ocasión esperaba nerviosamente junto a la mesa. Llevaba un elegante traje negro, con una camisa impecablemente blanca, una corbata de lazo negro en el cuello, zapatos negros tan lustrosos que parecían brillar con luz propia, al igual que su peinado oscuro con gomina.

En eso, las amplias puertas se abrieron de par en par, dando paso a una hermosa chica rubia, con un elegante traje azul cielo que le llegaba hasta el suelo.

—Leni —pronunció aquel hombre con emoción—, te ves maravillosa.

—Gracias Max —la chica se acercó al aludido, y lo saludó con un beso en los labios.

—Tus besos me dan las fuerzas para seguir viviendo —susurró Max una vez que sus labios se separaron.

—Siempre con tus frases tan románticas —respondió la chica con un suspiro tras el alago.

—Te mereces todo el amor de este universo, mi vida —continuó el joven perdiendo su vista en la mirada de su amada—, y prometo que mientras estés a mi lado, siempre te haré feliz.

—Gracias —Leni comenzó a sentirse incómoda, como siempre que le pasaba cada vez que su novio exageraba con su romanticismo. Max notó su nerviosismo, y decidió pasar a la siguiente parte de la velada.

—Adelante mademoiselle, tome asiento —el joven servicialmente corrió la silla hacia atrás, ofreciéndole el lugar a su novia.

—Gracias, eres muy gentil —respondió sonando un poco ingenua.

Leni había conocido a Maximiliano Hunter en uno de sus peores momentos. Con mucha ilusión había entrado a una prestigiosa escuela de arte y diseño en Michigan, una vez que a duras penas hubiera terminado la secundaria. Realmente había sido el mejor año de su vida realizando lo que su vocación le dictaba, hasta que un día sin previo aviso, fue expulsada de la escuela. Ni ella misma había entendido lo que ocurrió, pero cuando la envidia y el poder se ponen en acción, siempre el inocente termina perdiendo.

De un minuto a otro bajó de su nube, y se golpeó estrepitosamente contra el suelo. Terminó viviendo un largo tiempo en el cuarto que arrendaba Lori en Detroit mientras aún estudiaba. No podía volver a la Casa Loud, en los días en donde no podían recibirla allá por los problemas que existían. No quería ser una carga más.

Un día se decidió por buscar trabajo. Ya no quería ser una carga ahora para su hermana mayor, quien la recibió a pesar de no tener mucho que ofrecer. Había logrado superar su depresión, y estaba decidida a encontrar algo con que poder levantar a su familia.

Debido a su belleza, no fue difícil encontrar trabajo de modelo. Así conoció a Max, un productor que en ese entonces había sido contratado por una empresa fabricante de perfumes para realizar una campaña publicitaria de un nuevo producto que estaban lanzando al mercado.

Aceptar el trabajo fue tarea fácil. Elogiarla permitió atraerla a sus redes, hasta que en menos de un mes ya eran novios. Aunque en un principio Lori encontraba sospechoso a aquel extraño, luego que Max ayudara enormemente a la familia Loud a salir adelante tras los problemas financieros, terminó por ganarse la aceptación de toda la familia.

Y luego de eso, Leni comenzó con la vida de lujos que toda persona desearía. Gracias a su novio, pudo viajar por gran parte del mundo, especialmente por Europa. Fueron años alocados, llenos de aventuras, y lejos, muy lejos de su hogar.

—Leni, Leni —la voz de su pareja la sacó de sus recuerdos. Nuevamente se encontraba disfrutando de una elegante cena en el lugar más lujoso de París.

— ¿Ah? ¿Qué? —preguntó extrañada, intentando regresar a la realidad.

—Me encantas como eres —dijo entre risas—, como siempre tan despistada.

—Sí, así es —respondió tímidamente. Desde hace un tiempo, Leni se sentía bastante incómoda con Max, y no sabía por qué. No había notado ningún cambio extraño en ninguno de los dos, ni en la relación. Es solo que no hallaba el momento para volver a quedarse sola, o al menos sin su presencia, pero no se atrevía a decírselo. No quería hacerlo sentir mal, ni que sufriera por su culpa. Ella notaba que él estaba muy enamorado, y lo último que quería era romperle el corazón.

—Ahora, ha llegado el momento que más he esperado en toda mi vida —Max se puso serio, y la miró directo a los ojos, mirada que descolocó a Leni—. ¿Sabes? Jamás había conocido un ángel como tú. Eres la mujer que vino a rescatarme de mi soledad…

«Rayos, ¿Por qué no se calla?» pensaba Leni para sus adentros «Sé que es lindo todo lo que dice, pero… Me hubiese gustado que por lo menos hubiera algún adorno navideño en este cuarto, aunque sea un árbol. ¿No se supone que la próxima semana es Navidad? ¡Cómo quisiera estar en casa de mis padres! Hace años que no voy a visitarlos. ¿Cómo estarán las chicas? ¿Cómo estará Lincoln?»

Una entonación de pregunta la trajo de golpe a la realidad. Necesitaba actuar de inmediato.

— ¿Eh? —preguntó de pronto. Se encontró frente a ella una cajita de terciopelo, desde donde brillaba un dorado anillo con uno de los diamantes más brillantes que jamás haya visto en su joven vida.

— ¿Te quieres casar conmigo? —repitió Max. Se encontraba entre nervioso y ansioso por la arriesgada acción que estaba tomando.

De pronto, un recuerdo perdido, olvidado, y aparentemente superado, llegó de golpe a la mente y al corazón de la chica. Ella, sin poder controlar sus reacciones, se puso de pie y retrocedió unos cuantos metros, botando su silla, observándolo con un rostro de terror, como si dentro de la cajita hubiera una araña.

—Amor. ¿Estás bien? —Max se acercó con preocupación ante la extraña reacción de su novia.

—Yo… debo irme —la chica se fue corriendo del lugar.

— ¡Espera! ¿A dónde vas? —preguntó Max en vano, puesto que Leni se fue sin detenerse.

La chica corrió, corrió y corrió, con un dolor en el pecho como si le hubieran atravesado una lanza. Un par de lágrimas pícaras saliendo de sus ojos, y una clara decisión de su siguiente paso: regresar al lugar en donde podría reencontrarse con su pasado. Regresar a Royal Woods.

—0—

Los primeros rayos del sol caían sobre Massachusetts, y la heroica van familiar aún seguía su marcha por la carretera, con un conductor que de milagro no había chocado durante la noche. Lincoln se había decidido ir en busca de su hermana Luan sin contratiempos, para regresar lo más pronto posible a su hogar. Lo que en un principio había sido un viaje de no más de una hora se estaba transformando en una aventura que ya cumplía su vigésima hora.

Al costado de la carretera finalmente pudo localizar su objetivo. Sentada sobre un par de sus tantas maletas se encontraba una cabizbaja Luan, esperando a que la vida la desintegrara, o que un milagro le diera motivos por el cual irse de allí. La imagen de la graciosa y risueña chica de catorce años había quedado atrás. Cubierta por una manta púrpura, la joven tenía el pelo suelto, dándole una imagen de toda una mujer, y sus frenos habían desaparecido al cumplir los dieciséis años.

— ¿Luan? —Lincoln logró estacionar el vehículo y se acercó a su hermana— ¿Estás bien? ¿Qué rayos te pasó? —le preguntó con preocupación.

—Solo vámonos. ¿Quieres? —respondió sin ánimos de dar explicaciones mientras se ponía de pie y le entregaba una de las maletas sobre la cual estaba sentada.

Lincoln aceptó en silencio los deseos de privacidad de su hermana, pues sabía que cuando se sintiera mejor contaría lo que había sucedido. Subió a la van un total de ocho maletas, dos de las cuales eran XL, de un tamaño similar a un refrigerador tamaño familiar. De seguro formaban parte del inventario de su negocio «Funny Business Inc.», el cual logró sacar adelante desde sus catorce años. El muchacho sospechaba que ella podría haber sido víctima de una estafa, pero prefería esperar a que ella lo confirmara.

El viaje resultó totalmente silencioso. Lincoln deseaba iniciar una conversación con su hermana, aunque fuera para hacerle olvidar el mal rato que pudo haber pasado, pero el sueño que tenía encima con suerte le permitía mantener los ojos abiertos. Hasta que finalmente casi chocaron con una camioneta que venía en la dirección contraria, si no fuera porque Luan alcanzó a girar el manubrio antes de tiempo, habrían lamentado una desgracia mayor.

—Yo conduciré —ordenó mientras se bajaba del vehículo para ocupar el asiento del copiloto. Aunque quería resistirse, Lincoln se quedó inevitablemente dormido apenas Luan tomó el volante. La chica no pudo evitar regalarle una sonrisa de ternura antes de pisar el acelerador.

—0—

Lily se encontraba en un sofá del living con un viejo comic de «Ace Savvy» que le sacó a Lincoln a escondidas. Amaba a ese superhéroe desde que tenía memoria, aunque nadie fuera de su familia conocía ese «extraño» gusto. Según Lisa, el origen de su gusto se debe a que Lincoln la hipnotizó con un móvil del superhéroe cuando era una bebé, todo para que llegara a tener los mismo gustos que él, pero la pequeña consideraba que esa teoría era ridícula.

A pesar de dar la apariencia de estar concentrada en su comic, la verdad era que la pequeña se encontraba vigilando tanto la entrada de la casa como el teléfono familiar, para ser la primera en contestar.

Y su espera rindió frutos, cuando los primeros sonidos emanaron del teléfono. Como liebre que la persigue el depredador, Lily dio un increíble salto sobre el sofá directo al aparato, todo para terminar cayendo sobre la mesita sobre la cual hace un momento se encontraba su objetivo.

Tras recuperar la conciencia, la pequeña buscó por todos lados el aparato, pero este no se encontraba por ningún lugar, como si la tierra se la hubiera tragado.

— ¿Aló? —escuchó la voz de Lisa desde el segundo piso. De inmediato la pequeña corrió hasta su habitación, y se encontró a su hermana con el mismo teléfono con el fono en su oreja— Hola Leni, ¿Cómo estás? Okey, está bien, le diré a la familia. Está bien, no te preocupes. Te esperamos. Adiós.

— ¡Esa llamada era mía! —gritó Lily molesta, mientras que su hermana disparaba un láser al aparato, haciéndolo desaparecer— ¡Literalmente me la arrancaste de las manos!

—Leni llamó —respondió con una sonrisa triunfante tras haber ganado la llamada—, dijo que el lunes llegará a casa.

—Espera. ¿Qué? —la alegría reemplazó al enojo con tal rapidez que por un momento la pequeña se sintió mareada.

—Como dije —repitió su hermana—, Leni tomará esta noche el avión desde París, y mañana lunes llegará a Estados Unidos, y a esta casa.

— ¡Es algo impresionante! —exclamó la pequeña llena de júbilo mientras iba corriendo a abrazar a su hermana.

—Aunque he visto que has tenido bastante suerte con tu deseo de reunir a toda la familia, aún hay dos hermanas que no han confirmado su visita, y especialmente primero pasará un cerdo volando a que Luna pueda regresar a la Casa Loud.

—Sé que vendrán —expresó con decisión la pequeña.

—En estos momentos no tengo tiempo para desperdiciarlo en discusiones banales. Debo ajustar mi láser de teletransportación —respondió su hermana mientras maniobraba el control desde donde disparó el láser.

—Debo decir que funciona bastante bien —comentó Lily—. ¿Con esa cosa trajiste el teléfono hasta aquí?

—Y con el mismo lo regresé a su lugar —confirmó su hermana con una sonrisa triunfante.

— ¡Vaya! ¡Con esto te harás millonaria! —exclamó Lily impresionada.

—0—

Leni, al otro lado del mundo, esperaba a que saliera su vuelo rumbo a América. Aún quedaban cerca de nueve horas para abordar el avión con destino directo hacia Michigan, y no tenía más remedio que esperar.

Se encontraba leyendo una revista parisina mientras estaba instalada en una de las acolchadas sillas que había en el terminal del aeropuerto. A pesar de parecer concentrada en uno de los vestidos, su mente ni siquiera se encontraba en el lugar, si no en sus recuerdos que ni siquiera imaginaba que aún conservaba.

Era el primer día de clases de su penúltimo año de la secundaria cuando conoció a Bobby Santiago. Ella se encontraba perdida entre los pasillos intentando ubicar el salón donde tenía clases, cosa que toda la vida le ha sucedido, y él fue amable en guiarla hasta su clase, cada clase, cada día, por cerca de tres meses.

Durante ese tiempo, ambos lograron conocerse mejor. Se llevaban bien, la confianza mutua fue creciendo, se entretenían conversando de cada banalidad del día a día. Leni le contaba de sus sueños artísticos mientras que Bobby le contaba sus deseos de progresar y alcanzar el dichoso «Sueño Americano». Lograron congeniar tan bien, que se convirtieron en amigos inseparables sin siquiera darse cuenta.

El chico poco a poco fue abriéndose espacio en el corazón de Leni, al punto de sentirse locamente enamorada de él. Se quedaba horas enteras con la vista perdida entre sus sueños románticos, con sus príncipe moreno que venía desde tierras lejanas solo para hacerla feliz. Nadie logró fijarse en el cambio de Leni, pues verla perdida en sus ensoñaciones era algo común en ella.

Todo se terminó el fatídico día en que la casualidad le presentó a su hermana mayor. Leni olvidó su almuerzo en la casa, y como Lori tenía el día libre, al ver la lonchera sobre la mesa de la cocina, decidió ir a dejársela personalmente. En la cafetería, la chica se quejaba de su mala memoria mientras Bobby compartía de su sándwich. Es en ese preciso momento en que su hermana apareció, y los ojos de su amigo se encontraron con los de ellas.

El flechazo fue inmediato. Lori se quedó a almorzar con los tres, mientras conversaba con ellos —o mejor dicho, coqueteaba descaradamente con Bobby—. Leni notó incómodo a su amigo durante la plática, lo que tomó como una buena señal, pero la buena noticia no duraría por siempre.

A los pocos días Bobby cambió completamente. Ya no la ayudaba a encontrar su salón, ya no se quedaban después de la escuela y en los ratos libres para conversar. Solo se acercaba a ella para pedirle consejos de conquista y sobre su hermana Lori. Por otra parte, su hermana le preguntaba si había visto a Bobby y qué había hecho ese día. Lo único que sentía Leni en ese momento, era una absoluta y abismal soledad. No había dimensionado lo importante que había sido Bobby en su vida, y en el enorme hueco que estaba dejando en su corazón.

Y tras un mes y medio, ocurrió lo inevitable. Con gran parafernalia, el chico le pidió noviazgo a Lori en frente de toda la escuela, a lo que ella aceptó sin dudarlo. Ni siquiera Leni supo de dónde sacó tanta entereza para afrontar con una sonrisa uno de los momentos más tristes de su vida. Con lo único que se intentaba consolar era que al menos las dos personas que más quería eran felices.

Con el correr del tiempo, la relación entre ambos siguió adelante. Bobby consiguió varios trabajos para comprarle regalos a Lori que ella ni siquiera apreciaba, y Leni fue borrada de la vida de su amigo, quien no tenía más ojos que para Lori. Por las noches Leni lloraba en silencio, desahogando las penas que no le mostraba al mundo. Lo encontraba injusto, sentía que ella se merecía el amor de Bobby más que su hermana, pero era su hermana, y a pesar de todo la quería. Prefirió callar, y dejar que el tiempo curara sus heridas.

Pasaron los años, y poco a poco el dolor se fue disipando, hasta desaparecer por completo. Cuando lo sentía superado, supo que Bobby fue preso luego de estar involucrado en una banda que traficaba armas de guerra. Estaba tan desesperado por complacer a su novia, que a consecuencia de no encontrar trabajo y de faltar el dinero, decidió involucrarse en esta peligrosa actividad, y terminó sentenciado a tres años de prisión. Fue lo último que supo de él.

Una lágrima corrió por su mejilla de forma inconsciente. Habían pasado ocho horas y media. Ocho horas que estuvo en las nubes. Como siempre, nunca entenderá lo rápido que vuela el tiempo. Era el momento de embarcar el avión rumbo a su hogar. Era momento de reencontrarse con Bobby.

—0—

Lily se encontraba sobre su cama rebotando una pelota de goma sobre el techo. Hubiera deseado salir a jugar, pero deseaba estar atenta ante la llegada de sus hermanos. Sabía que aquella tarde llegaba Lynn, y Lincoln con Luan no deberían tardar demasiado.

— ¿Cuánto crees que tarde? —hizo la pregunta al aire, llamado la atención de su hermana y compañera de cuarto Lisa, quien se encontraba leyendo su grueso libro de Anatomía.

—Según mis cálculos, Lynn debería llegar cerca de la hora de cenar —aclaró su hermana levantando la vista por sobre su grueso libro—, mientras que Luan no debería estar tardando tanto, a menos que Lincoln haya ido a buscarla al otro lado del país.

— ¿Massachusetts queda al otro lado del país? —preguntó la pequeña con curiosidad.

—No. Es probable que regresen a la hora de cenar… —alcanzó a responder la niña hasta que al momento Lily escuchó el motor de la vieja van familiar acercándose a su hogar.

— ¡Ya están aquí! —exclamó mientras iba corriendo hacia la entrada del hogar. Lisa rodó los ojos, y dejó el libro sobre su cama, para luego seguirla a paso lento.

La pequeña bajó las escaleras hacia la entrada. Vio la puerta abierta, y a Lola con una cartera rosada puesta, mirando desde el pórtico hacia el exterior.

Mientras, dentro del vehículo, Luan despertaba a un adormilado Lincoln, informándole que ya habían llegado. El chico se desperezó estirando los brazos y dando un gran bostezo.

— ¿Qué hora es? —preguntó mientras despertaba.

—Las cinco y media —respondió mientras observaba la hora que marcaba la radio de la van.

— ¿Qué? —respondió el muchacho de golpe. Recién en ese minuto comenzó a recordar todo lo ocurrido antes de dormirse: el largo viaje por la carretera, el encuentro de su hermana, y el casi accidente durante el regreso.

—Ayúdame a bajar las cosas, y de ahí podrías ir a dormir a tu cuarto —le aconsejó su hermana mientras abría la puerta, solo para encontrarse con Lily, con los brazos tras su espalda, y regalándole su más adorable sonrisa.

—Hola —le dio el más simple saludo.

— ¡Lily! ¡¿Cómo está mi pequeña?! —exclamó Luan mientras la levantaba y le daba un caluroso abrazo.

La pequeña se dejó querer por su hermana mayor. Es lo que amaba de estas festividades, y es lo que amaba de la visita de sus hermanas mayores, que siempre era considerada «la regalona de la familia». Ser la menor tenía sus beneficios después de todo. Con aquel abrazo se acrecentó su deseo de volver a ver a toda su familia reunida, sin que falte nadie, pues la sensación de calidez hogareña que emanó de aquella foto de la última Navidad con toda la familia reunidas llenaba de gozo su pequeño corazón.

— ¡Qué bueno que pudiste venir! —exclamó la pequeña luego de ser liberada por su hermana— ¿Cómo te fue en Massachusetts? ¿Qué increíbles aventuras tuviste por allá? ¿Me trajiste algún recuerdo?

—Tranquila pequeña —respondió su hermana ante el torbellino de preguntas de la pequeña—, vamos adentro y te cuento todo.

— ¡Si! —gritó la niña con emoción— Hay chocolate caliente adentro. Podemos sentarnos junto a la chimenea y asar malvaviscos, y de paso contarte de la vez en que casi quemo la escuela.

— ¿Ya vas a la escuela? —preguntó con sorpresa la chica mientras ambas se dirigían a la casa— ¿Y qué tal te ha ido?

— ¡Increíble! Conocí a un chico que aunque es antipático en un comienzo, es muy agradable si lo conoces bien, no como la maestra Lorentz, ella sí que es aguafiestas.

—Recuerdo cuando estaba en primer año y también me tocó clases con ella. ¿No te contó de la broma de los alfileres en la silla?

—Pues… creo que sí.

Así, ambas entraron a la casa, dejando a un adormilado Lincoln bajando a duras penas el equipaje de su hermana.

—Una ayudita por aquí —suplicó el muchacho a Lola, quien se acercó hacia la van con una mirada burlesca.

—Lo siento, me arruinará la manicura —respondió con cinismo antes alejarse por la calle con rumbo desconocido.

Y ahí quedó Lincoln, en medio de la nieve, a la entrada de la casa, lleno de enormes y pesadas maletas, y con un sueño tan grande que podría quedarse dormido de pie si no tenía cuidado. El muchacho maldijo su suerte, miró por todos lados en busca de ayuda, pero aparentemente no había hermanas a la vista. Tras un hondo suspiro, aceptó su castigo e intentó empujar una de las maletas más grandes, con la esperanza que mientras más pronto terminara con esto, más pronto estaría durmiendo en su cama.

—Déjame ayudarte —una voz salvadora entró por los oídos de Lincoln, mientras que unas manos levantaron con facilidad aquel pesado bulto, llevándolo en dirección a la entrada.

— ¡Lynn! —exclamó Lincoln con alegría al reconocer a la chica de cabello castaño. No había cambiado mucho desde la adolescencia, solo que tenía un cuerpo más atlético y femenino, además de no haber perdido su fuerza, su agilidad, y tenacidad.

—Como siempre tan debilucho —alcanzó a escucharle mientras llevaba la enorme maleta hacia la casa. Lincoln solo le sonrió. Extrañaba sus críticas por su falta de ejercicio y su poca habilidad para cualquier deporte—. ¡Hey! —llamó su atención— ¿Por qué no traes esas dos maletas allá? Esas tienen ruedas y supongo que no eres tan débil como para no traerlas.

En eso, el muchacho se percató que cuatro de las seis maletas más pequeñas tenían ruedas. Es así como ayudó a su hermana a entrar el equipaje a la casa, aunque el trabajo más pesado lo hizo su hermana mayor.

—Y bien. ¿Cómo estás Lincoln? —preguntó su hermana una vez que ambos hubieran terminado su labor.

—Con bastante sueño —respondió dando un enorme bostezo, pero no fue impedimento para recibir un abrazo de Lynn. Un abrazo que más bien parecía llave de judo por lo apretado que fue. Incluso sintió un par de costillas romperse.

— ¿A sí? —contestó la chica liberándolo de su abrazo— Veo que no has cambiado mucho desde que me fui. ¿Cómo ha estado la cosa por aquí?

—Pues verás —le explicó su hermano mientras hacía un gran esfuerzo por mantener los ojos abiertos—. Estuve conduciendo cerca de veintitrés horas el busca de Luan y…

—Espera. ¿Este equipaje es de Luan? —lo interrumpió asombrada— Pensé que era de Lori.

En eso se escuchó una gran risotada desde el living. Al asomarse, ambos hermanos pudieron ver a Lily revolcarse en el suelo con un ataque de risa, a Luan instalada en el sofá también riéndose de sus propios chistes, y a Lisa sentada en el sillón observando todo con seriedad.

— ¡Lynn! ¡Qué sorpresa! —exclamó Luan al verla.

— ¡Lo mismo digo! —respondió la chica cruzando los brazos—. Y por lo que vi, traes bastantes regalos para toda la familia. ¿Cierto?

—Son las cosas de mi negocio —contestó un tanto incómoda—. Las dejaré aquí un tiempo mientras logro volver a restablecerme.

—Pensé que estabas en un local en Detroit —cuestionó Lynn mientras se instalaba al lado de Luan—. ¿Qué pasó con eso?

—Pues… —el tono de Luan comenzó a denotar bastante nerviosismo. No quería terminar dando explicaciones de su mal infortunio probando suerte frente a la vida. Los resultados no eran algo para reírse.

— ¡Lynn! —Lily finalmente consiguió detener su ataque de risa y se abalanzó a darle un gran abrazo que apenas podía cubrir con sus cortos bracitos.

— ¿Cómo está mi pequeña hermanita? —exclamó con ternura la chica, olvidándose, para el alivio de Luan, del tema que recientemente estaba conversando.

— ¡Es increíble que hayas podido venir! —prosiguió la pequeña— Te extrañé mucho para la última Navidad.

— ¡Vamos! Vine para tu cumpleaños, cuando cumpliste siete —le recordó— ¿O ya no te acuerdas de la guerra de comida que iniciamos?

— ¡Ah sí! —exclamó Lily triunfante— ¡Y al final ganamos juntas! ¿Haremos otra guerra de comida en Navidad?

—Lo dudo mucho —intentó calmarla—, recuerda cuanto se enojaron nuestros padres.

—Pero, ¿y si limpiamos? —suplicó.

—Ya veremos cómo entretenernos —finalizó su hermana guiñándole un ojo mientras le desordenaba el pelo, deshaciendo casi por completo el nuevo peinado que había probado Lola aquella mañana.

En eso, el teléfono nuevamente volvió a escucharse. Como un poderoso acto reflejo, Lily dio un salto por encima del sillón donde se encontraban sus dos hermanas recién llegadas, con el único propósito de coger la llamada primero, pero Lisa la atrapó en el aire de la cintura, cayendo ambas al suelo.

— ¡Esta es mí llamada! —le dijo.

— ¡Yo la vi primero! —respondió la pequeña.

— ¡Las llamadas no se ven, es escuchan!

— ¡Tú ya contestaste la tuya!

— ¿Aló?

Ambas niñas voltearon, y vieron que nuevamente Lucy había tomado el fono primero.

—No recuerdo hacer eso cuando éramos pequeñas —le comentaba Lynn a Luan mientras escuchaban a Lucy hablar por teléfono.

—Será porque en ese tiempo estábamos todos juntos —respondió su hermana.

—Sí, yo les aviso. Adiós —colgó finalmente la chica. Al voltearse, se encontró con sus dos hermanas mayores. Aunque su rostro no demostró emoción alguna, su corazón albergaba una agradable felicidad al verlas de nuevo, en especial a Lynn.

—Lori llamó —anunció—, dijo que esta semana, entre miércoles y jueves, llegará a la casa desde Washington. Dijo que esta vez tomará el avión por adelantado.

— ¡Sí! —Lily, de un brinco lleno de euforia, se puso de pie— ¡Ahora solo falta que Luna confirme su llegada!

Al pronunciar aquellas palabras, un gélido silencio rodeó a todos los presentes. Por primera vez se podía escuchar la gotera de la cocina desde el living, cosa inusual en una familia como los Loud. La incomodidad de aquel silencio pudo ser sentida hasta por Lily, quien normalmente no logra percatarse de aquellas sutilezas, pero esta vez se sentía como si la acusaran con la mirada de haber dicho una blasfemia.

—Lu-Luna… ¿Vendrá? —balbuceó Luan impresionada. De toda la familia, ella era quien más la había extrañado, y prácticamente no la veía desde aquella pelea con su padre hace tres años.

—Es un deseo de Lily —le explicó Lisa, quien ya estaba de regreso en su sofá—. Ella tiene la ilusión que los once hermanos estemos reunidos en el hogar para las festividades, pero Luna no ha dado señales de vida desde el momento en que abandonó la casa Loud.

Un nuevo momento incómodo rodeó el living, un silencio que nadie se atrevía a romper. Un dolor en la garganta se apoderó de Lily, quien se sentía bastante arrepentida por haber mencionado a Luna. Su intención nunca fue hacerlas sentir mal.

—Yo-yo —la pequeña intentaba decir algo, pero su dolor en la garganta le impedía hablar sin derramar lágrimas.

—No te preocupes, pequeña —la interrumpió Lynn intentando consolarla—, de hecho, te entiendo perfectamente. Ya ni siquiera recuerdo la última vez que celebramos la Navidad todos juntos.

—Fue para la Navidad del 2016 —respondió Lisa—. La celebramos junto al Señor Quejón.

—Hace bastante tiempo —comentó Lynn.

—Eran tiempos mejores —agregó Luan.

—Ya lo creo.

Un bostezo interrumpió aquel minuto nostálgico de los hermanos presentes.

—Si me disculpan, iré a dormir un rato —dijo Lincoln—. Llevo más de veinticuatro horas despierto, y mi cuerpo me pide dormir. ¡Buenas noches!

Y tan pronto como se despidió, abandonó el lugar a toda prisa, subiendo las escaleras hasta llegar a su cuarto, y tirarse sobre su cama para dormir.

—0—

La cena fue bastante alegre, todo gracias a la llegada de dos hermanas Loud para pasar las fiestas. Los padres eran los más animados, quienes no dejaban de hacerles preguntas a las recién llegadas.

—Y dime Lynn. ¿Cómo van tus estudios en la Universidad de California? —le preguntaba su padre con un tuto de pollo en su mano.

—Pues bien papá —respondió la chica con una risilla nerviosa—, todo está yendo de las mil maravillas.

—Yo pensé que no daban vacaciones de Navidad por allá, y que nuevamente no podrías venir a visitarnos —agregó su madre mientras se servía ensalada.

—Pues… este año… hubo una excepción —respondió intentando ocultar sus nervios, cosa casi todos sus hermanos notaron—… y nos dieron toda una semana de vacaciones.

— ¡Pues hago un brindis por eso! —exclamó su padre levantando su vaso de jugo.

—Y cuéntame Luan. ¿Qué tal te ha ido en tu negocio de las fiestas? ¿Te ha ido bien, no? —continuó la señora Loud con el interrogatorio.

—Ehm... ¡Bastante bien! —ahora era el turno de Luan— De hecho conseguí expandirme hacia Massachusetts, y pronto podré poner una sucursal allá.

— ¡Eso suena maravilloso! —exclamó alegre su padre— Mis dos hijas llegarán lejos y serán muy exitosas. ¡Estoy muy orgulloso de ustedes!

— ¡Hey! —intervino Lola molesta ante la indiferencia de su padre— ¿Y qué hay de mí? Yo voy a ser la futura reina de belleza de este país, y me casaré con un famoso director de cine, viajaré por el mundo, y tendré mucho dinero. ¡Igual que Leni!

—Y yo seré la mejor veterinaria del mundo —agregó Lana para no ser menos—, y construiré mi propia reserva natural para rescatar animales maltratados de los zoológicos y los circos.

—Por favor, Lana —le contradijo su gemela—, ya ningún circo utiliza animales hoy en día, y los zoológicos están bastante regulados como para existir maltrato.

—Eso es lo que tú crees —alegó Lana.

—Yo quiero ser como Ace Savvy —intervino Lily en medio de la discusión mostrando el comic que había estado leyendo ese día—. Y salvaré al mundo de todos los villanos que quieren destruirlo, y ayudar a hacer de este mundo un lugar mejor.

—Que adorable —comentó su madre con ternura—. Podrías empezar por ayudarme yendo a buscar a tu hermano. Su cena está fría—le pidió de paso.

—Está bien mami —respondió obedientemente la pequeña mientras que de un salto bajaba de su asiento, para dirigirse a las escaleras. Se veía gracioso ver solo parte de la cabeza moverse por sobre la mesa.

La pequeña llegó hasta el cuarto de su hermano, y abrió lentamente la puerta. El lugar estaba oscuro, pero la luz de la calle era suficiente como para reconocer algunas siluetas. Logró ver al chico sentado en la cabecera de su cama, abrazando sus piernas, y con la cabeza entre sus rodillas.

—Hola —Lily encendió la luz y entró, sorprendiendo a su hermano, quien rápidamente se restregó los ojos, medio enceguecido por la repentina iluminación.

— ¿Qué quieres? —preguntó molesto.

—Mamá me pidió que te viniera a buscar —respondió con inocencia—, tu cena se está enfriando.

—Dile que no tengo hambre —Lincoln se sentó al borde de la cama, con sus ojos tapados con las manos, intentando acostumbrarse nuevamente a la luz.

—Lincoln. ¿Estás bien? —la pequeña se acercó con cierta preocupación. Una voz interna y desconocida del fondo de su conciencia le decía que algo no cuadraba en todo esto.

—Dile que voy para allá —le ordenó su hermano, con la esperanza de deshacerse de ella.

El silencio volvió a reinar en su pequeño cuarto. Poco a poco Lincoln fue sacando sus manos de sus ojos, y comenzó a abrirlos, para encontrarse con la sorpresa que su pequeña hermanita aún estaba en la habitación, sentada en la silla de su escritorio, mirándolo fijamente, a la espera de alguna señal.

— ¿Ahora qué quieres? —preguntó con fastidio.

— ¿Estás bien? Te veo triste —respondió la pequeña con algo de preocupación.

—No te preocupes, es solo que aún tengo sueño —se excusó—. Mejor vamos, si no quieres que mamá nos rete.

El muchacho se puso de pie, y empujó a Lily hacia la salida, con la esperanza que se diera por cerrado el tema. Lily en cambio, quedó con la preocupación en la mente, pero tras el postre la olvidó.

—0—

Para el lunes comenzaron los preparativos de la Navidad en la Casa Loud. Desde que la señorita Springler tomó la dirección de la escuela Primaria, la semana de vacaciones por Navidad se terminaron. Ese año en especial se notó la falta de aquella semana, puesto que Nochebuena y Navidad caían fin de semana. En cambio en la secundaria si se mantuvo la medida, y los mayores tenían la semana libre para ayudar en la casa a preparar todo.

Todos los niños del primer grado se encontraban molestos por tener que ir a clases, pero debían ocultar su malestar de la estricta profesora Lorentz. Aún le temían bastante, y ni siquiera Jim quería arruinar las festividades haciéndola enojar. Es así como la dejaron hablando sola mientras explicaba su clase de Historia, mientras que sus mentes estaban en lo que se estaban perdiendo en sus hogares.

— ¡Hey Lily! —Jim fue corriendo donde la chica. Habían salido finalmente de clases, y todo el mundo se alejaba raudamente para no perderse más diversión de la que ya se estaban perdiendo.

— ¿Qué ocurre? —la pequeña estaba camino a su casa cuando fue interceptada por el chico.

—Pensé que te ibas con una de tus hermanas —le dijo apenas la alcanzó.

—Lola y Lana se fugaron de clases, y Lisa no sé dónde está —le respondió—. Además prefiero irme sola.

— ¿Entonces no quieres que te acompañe? —preguntó extrañado.

—Pues… verás… —la verdad era que las gemelas no se habían fugado, si no que estaban buscándola, mientras que Lisa pasó un rato a la universidad de Royal Woods quien sabe para qué. Lily realmente tenía la idea de dar una vuelta por la ciudad para buscar una forma de encontrar a Luna.

—Adivinaré. ¿Problemas familiares? —preguntó Jim acertando a la respuesta.

— ¿Cómo lo sabes? —exclamó sorprendida la pequeña.

—Pues, conozco esa mirada —respondió el niño mientras ambos continuaban su marcha—, también tengo mis problemas familiares. Pero en fin, cuéntame.

La niña le dio una pequeña sonrisa. Encontró en él la oportunidad de desahogarse y contar sus problemas sin consecuencias negativas. Además, podría incluso ayudarla a resolverlos.

—Resulta que mi mayor deseo de esta Navidad es que esté toda la familia reunida, y solo falta mi hermana Luna, quien no puede venir porque está peleada con papá, y yo quisiera que arreglaran sus diferencias, y que pudiéramos todos celebrar la Navidad en familia, porque… ¿No es de eso que se trata la Navidad?

—Espera un poco —le dijo su amigo— ¿Desde cuándo que están peleados?

—Hace como tres años —respondió.

— ¿Y no sabes por qué?

—Bueno… no estoy muy segura del motivo, pero cuando se alejó, pasaron muchas cosas —respondió haciendo un esfuerzo por recordar algo, pero si la memoria le es frágil ahora, con mayor razón lo era en esa época.

—Y ¿No tienes alguna idea de dónde podría estar? —volvió a cuestionar.

La pequeña negó con la cabeza.

— ¿Y tienes alguna forma de comunicarte?

—Nada.

— ¿Ni siquiera un teléfono?

—No.

— ¿Y no has tratado de preguntarle a tus hermanos qué pasó o cómo comunicarte con ella?

—Les he preguntado, pero no me quieren decir. Dicen que soy muy pequeña para saberlo. Y dicen que nadie tiene cómo comunicarse con ella —respondió con fastidio.

—Pues… con eso no tenemos mucho por donde comenzar a investigar —concluyó Jim luego de meditarlo— podría estar en cualquier parte del mundo…

— ¡Allí está! —exclamó la pequeña apuntando hacia la vereda del frente.

En efecto, al cruzar la calle, había una joven alta y delgada abrigada con una larga chaqueta de piel sintética, y una boina del mismo material. Lily no lo pensó dos veces y cruzó de inmediato la calle para reencontrarse con su hermana, a quien no veía desde hace muchísimo tiempo.

— ¡Luna! —exclamó saludándola. Estaba tan feliz e ilusionada, que cruzó torpemente sin fijarse que un auto venía a toda prisa hacia su dirección.

— ¡Lily Cuidado! —gritó Jim desde la otra vereda. La sonrisa se difuminó del rostro de Luna, al ver como su pequeña hermana era golpeada por aquel auto amarillo canario, cuyo conductor no alcanzó a frenar a tiempo.

— ¡No, no, no, no, no! —un hombre alto y regordete se bajó del vehículo y se acercó a la niña, quien quedó tirada en el suelo.

La gente que circulaba por la calle a esa hora se volteó a mirar el espectáculo. De inmediato Luna y Jim también se acercaron a ver a la pequeña.

— ¡No, no, no, no, no! —se seguía lamentando el hombre arrodillándose al lado de la pequeña. Su mente se convirtió en una maraña de pensamientos trágicos, y no podía tomar alguna decisión, ni menos encontrar la manera de solucionar esto.

—Debemos llamar a una ambulancia —Luna fue la primera en reaccionar mientras sacaba su celular desde el bolsillo. La gente se aproximaba, creando un impenetrable círculo de mirones. El chofer del auto amarillo no paraba de temblar, muerto de miedo ante las posibles represalias.

—Tú, niño —Luna se dirigió a Jim—. ¿Sabes dónde queda el hogar de los Loud?

—Si —contestó el pequeño.

—Ve allí y cuéntales lo que pasó —le ordenó.

—Si —respondió. De un salto se puso de pie, y de inmediato se fue corriendo de allí abriéndose camino entre la muchedumbre.

—0—

Mientras en la Casa Loud, Luan se encontraba ordenando todas sus cosas que trajo en sus enormes maletas dentro de su habitación. Los recuerdos y la nostalgia la golpeaban consecutivamente, en especial al mirar hacia la cama superior de su camarote, y recordar a su querida hermana Luna.

—Creo que es momento que me cuentes cómo fue que terminaste en medio de la carretera con todas tus cosas —Lincoln entró de improviso, interrumpiendo sus pensamientos y sus recuerdos.

— ¡Lincoln! ¿Qué no te enseñaron a tocar la puerta? —lo increpó su hermana.

—No estabas haciendo nada indebido —se defendió—, además, no quiero que me cambies de tema.

—No te estoy cambiado de tema —insistió la chica.

—Vamos Luan, solo quiero ayudarte —suplicó el muchacho mientras se acercaba a ella.

Luan suspiró. Prefería no involucrar a nadie en sus problemas. Eran suyos, y ella buscaría como resolverlos. Pero se habían convertido en una gran carga que apenas podía sobrellevar. No estaba acostumbrada al sufrimiento, al dolor, a los pesares, solo a la alegría y a la diversión. Volteó hacia su hermano, y lo vio con una sonrisa sincera. Esa sonrisa le recordaba a aquel niño de once años que la ayudó a sacar adelante su negocio «Funny Business», del cual ya no quedaba rastro.

—Lo siento Lincoln —respondió tras un suspiro—, pero es algo muy complicado y no quisiera meterte en problemas.

El chico lo dudó un momento, pero estaba decidido a llegar al fondo del asunto.

— ¿Qué ocurre? —se atrevió a preguntar.

En eso, sonó el timbre. Luan lo encontró como la excusa perfecta para salir del tema, y de forma inconsciente quiso salir de la pieza para ver desde las escaleras al nuevo visitante, pero Lincoln se lo impidió.

—Déjame pasar —le ordenó.

—Primero dime qué ocurre —le insistió con seriedad.

—Te lo diré después de ver quien está en la puerta.

—Lynn debe estar atendiéndolo, así que no te preocupes —respondió.

El grito de Lynn dejó desconcertado a ambos chicos. Ahora Lincoln no tenía excusa para menospreciar lo que ocurría abajo. Ambos hermanos bajaron las escaleras, y se encontraron con Lynn, junto con un niño, el cual se le había visto acompañando a Lily en la escuela.

—Chicos —les informó Lynn—, atropellaron a Lily.

— ¡¿Qué?! —gritó Lincoln impresionado.

— ¿Está bien? —se sumó Luan.

— ¡Está en el hospital! —exclamó Lynn.

— ¿Pero cómo ocurrió esto? —preguntó Lincoln con preocupación.

—No lo sé, vámonos ya —ordenó Lynn mientras salía hacia la van junto con Jim.

Sus hermanos la siguieron, y más atrás se sumó Lucy.

— ¡Quédate aquí! —le ordenó Lincoln— Cuando regresen nuestros padres, diles lo que ocurrió.

—Pero yo quiero ir —insistió.

—Quédate ahí —repitió el muchacho. Lucy avanzó un par de pasos más, pero se detuvo en medio del antejardín, viendo como sus tres hermanos mayores se subían a la van familiar. Lynn encendió el motor, y arrancó el vehículo rumbo al hospital de Royal Woods.

—Y bien, cuéntanos qué fue lo que pasó —Lincoln comenzó con el interrogatorio.

—Pues, estaba con Lily saliendo de la escuela —Jim intentó reunir las palabras correctas en su mente para lograr explicar lo que vio—, y a ella se le ocurrió cruzar la calle, y… la atropellaron.

—Espera un momento —continuó Lincoln—. ¿Y dónde estaban sus hermanas mayores? Se supone que al menos una de ellas se encarga de cuidarla cuando sale de la escuela.

—Pues me dijo que se escaparon de clases —respondió Jim.

Lincoln y Luan se miraron entre sí. Encontraban inadmisible aquella respuesta. Lincoln en especial, se sentía molesto y sorprendido de las gemelas, por haber abandonado a su hermanita por el simple hecho de querer fugarse de clases.

— ¿Eso fue lo que te dijo? —continuó Luan con el interrogatorio. Ella también encontraba extraña esa excusa.

—Si —confirmó el pequeño. Se sentía incómodo ante el interrogatorio de los hermanos de Lily, pero también preocupado por los problemas que pudiera causarle a su amiga.

— ¿Y solo eso ocurrió? —preguntó Lynn desde detrás del volante mientras detenía el vehículo tras una luz roja.

—Pues —la verdad Jim dudó por un instante si contarles acerca de la aparición de la hermana perdida, pero como supuso que Luna estaría en el hospital, tarde o temprano se encontrarían con ella, así que no había caso ocultarlo—… ella me contó que estaba preocupada. Quería volver a ver a su hermana Luna, y me pidió ayuda para ubicarla. Fue más fácil de lo que imaginábamos, porque al cruzar la calle estaba ella saludándonos, y por eso cruzó la calle.

Los tres hermanos se miraron entre ellos. No se esperaban esa explicación. A pesar que la luz se volvió en verde, la van no se movió. Solo los primeros bocinazos hicieron reaccionar a Lynn, quien pisó el acelerador, y siguieron su camino.

El viaje siguió en absoluto silencio. Jim se arrepintió por un momento de haber hablado. Lincoln se encontraba tenso, sin saber qué pensar al respecto, y con el único deseo que su hermanita estuviera bien. Lynn conducía a toda prisa y sin cuidado hacia el hospital, con ganas de patearle el trasero al culpable de aquel crimen. Luan miraba en silencio por la ventana, viendo el blanco paisaje del exterior. En el fondo, por primera vez en mucho tiempo, se sentía como en casa, con el ajetreo típico de la Casa Loud.

La desesperación se apoderó de los tres hermanos una vez que llegaron al hospital, interrogando sorpresivamente a cada secretaria, médico, enfermera, o cualquier ser humano con delantal blanco que se encontraran en el camino. Hasta que un doctor canoso y risueño les informó que estaba atendiendo a Lily Loud.

—Los niños de ahora son de plástico —les comentaba mientras los guiaba por uno de los pasillos—, pueden lanzarlos desde el décimo piso y sobrevivirán. Claro, les dolerá bastante, pero seguirán vivos. Este es el caso de la pequeña. A un adulto corriente podría haberlo hasta matado, pero ella solo tuvo una fractura expuesta en su brazo izquierdo, y un golpe en la cabeza.

Se detuvieron frente a una de las puertas, la cual el médico abrió. Un cuarto bastante bien iluminado les dio la bienvenida, en donde pudieron ver a la pequeña Lily dormir plácidamente. Tenía el brazo izquierdo enyesado, y vendajes en la cabeza. A su lado, se encontraba aquel hombre que la había atropellado, leyéndole un cuento con una voz suave y dulce.

—El lobo bajó deslizándose por la chimenea y ¡PLAF! cayó dentro de la olla. Entonces se oyó un grito muy fuerte: era el fin del malvado lobo. El fin.

— ¿Quién es ese sujeto? —le preguntó Lincoln al doctor.

—No lo sé —respondió—. Venía con la niña. Se encontraba bastante preocupado, y apenas se enteró que no era nada grave lo ocurrido, nos pidió si podíamos dejar que la acompañara.

— ¡Está loco! —le recriminó Lynn— ¡Podría haber sido un violador!

El grito de la chica atrajo la atención del hombre, y despertó a la pequeña. Avergonzando, el hombre no sabía qué hacer ni qué decir, solo quería que esta pesadilla terminase pronto.

— ¡Lo siento! ¡Los siento mucho! —comenzó a lloriquear mientras se arrodillaba en el suelo delante de Lincoln rogando por su vida— ¡Yo no quería que le pasara esto! ¡Se los juro! Por favor, no me demanden.

—Espere… ¿Usted fue… —el muchacho intentó preguntar.

— ¡Si! —lo interrumpió con desesperación— ¡Yo fui quien la atropelló! Pero se los juro por mi vida que no era mi intención causarles daño. Haré lo que sea. ¡Pero por favor no me demanden!

Fue tan lastimero el espectáculo, que era imposible mantenerse enojado con él. Incluso Lynn, quien estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias frente al culpable, no podía evitar sentir vergüenza ajena ante el show del sujeto. Estaba llegando a niveles patéticos.

—Tranquilo, está bien —Lincoln intentaba consolarlo y ayudarlo a levantarse, pero era una tarea que bordeaba lo imposible.

—Señor Sullivan —la dulce voz de la niñita interrumpió en seco el llanto de aquel hombre—. Sé que mis hermanos lo van a perdonar. Tranquilícese.

El hombre la miró sorprendido mientras que sus lágrimas corrían por sus redondas mejillas. La pequeña le respondió con una de sus sonrisas más adorables. Una cálida sonrisa que no pudo evitar darle una agradable calidez en su corazón.

—Gracias niñita —expresó aquel hombre mientras le daba un apretado abrazo, casi con la misma fuerza que los efusivos abrazos de Lynn. Él tenía un rostro de angelical felicidad, cubierto de lágrimas y mocos, mientras que Lily comenzaba a pasar del rojo al morado.

—Mis… pulmones —balbuceó.

—Creo que es suficiente —Lincoln no tuvo que hacer mucho para separarlos. El señor Sullivan se puso de pie, se secó las lágrimas y los mocos con un pañuelo que traía en su bolsillo, y una vez más agradeció la comprensión de los muchachos, a pesar que las chicas no tuvieron que abrir la boca.

El doctor les explicó que la pequeña era bastante resistente, y que más allá del yeso y los vendajes no requería mayores cuidados que los que debía tener al cruzar la calle. Esa misma tarde fue dada de alta, y sus hermanos la llevaron de vuelta a casa.

Mientras se subían al vehículo, Luna la observaba desde una de las ventanas del edificio. Apenas supo que lo ocurrido no era tan grave, decidió por alejarse de allí antes de causar más problemas. A pesar de todo, se quedó deambulando por los alrededores del hospital hasta ver que quedara en la seguridad de sus hermanos. Solo le bastó un delantal blanco y no bajar al primer piso para no ser molestada.

—Hola Luna —dijo una voz tétrica tras ella.

Al voltearse, el corazón dio un salto amenazando con escaparse por la garganta. Todos los pelos de su cuerpo se erizaron, y casi se cayó por la ventana. Agarrada de las cortinas, poco a poco recobró la calma, y el habla.

— ¿L-lu-cy? —preguntó espantada al ver a la chica. Siempre su impredecible aparición ha causado más de un susto, más ahora que no deseaba ser encontrada por sus hermanos.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó sin inmutarse.

— ¿Qué haces tú aquí? —repitió Luna con mayor seguridad bajando de las cortinas— ¿Cómo me encontraste?

—Sentí tu presencia —respondió Lucy—. Lily tenía demasiado anhelo por volver a encontrarte. Hace tres años que no te vemos.

—Ehm, verás —Luna no sabía qué decir. Decir que estaba escapando de la familia sonaba horrible. Aunque sabía que todos estaban conscientes de lo que sucedería si volvía a colocar un pie en la casa.

—Sé que no puedes venir a la casa. ¿Pero podríamos organizar una salida lejos de casa? Lily desea verte —le ofreció Lucy.

—Yo —se sentía atrapada. Había regresado a Royal Woods para volver a acercarse a sus hermanos, pero por lo poco que llevaba, nada estaba saliendo como esperaba—… me encantaría —aceptó finalmente. Lucy mostró una débil sonrisa que su hermana pudo notar.

—Te veremos mañana a las seis en el «Jean Juan's» —le informó su hermana antes de partir.

— ¡Espera! —la retuvo Luna. Lucy se volteó— Dile a Lily que se cuide al cruzar las calles.

—Se supone que las gemelas deberían haberla cuidado —le informó antes de desaparecer en las sombras.


Y aquí termina la primera parte de este especial que resultó bastante más largo de lo que esperaba. Quiero aprovechar de mandarles a todos mis lectores y seguidores una Feliz Navidad, que disfruten con sus familias, y que se les cumplan todos sus deseos.

¡Felices Fiestas!

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