¡Hola nuevamente! Lamento demasiado la excesiva demora, pero justo para la semana de Año Nuevo, tuve una idea. Una maravillosa idea sobre la cual comencé a trabajar inmediatamente, y eso, sumado a varios trámites y salidas que he debido hacer, me han mantenido ocupada en estos días.
Con respecto a la idea, acabo de publicar su prólogo en Wattpad para que le den un vistazo si es que les interesa. Si lo consideran poco, deben entender que lo demás que he redactado contiene spoiler, y por lo tanto es confidencial.
Quiero agradecer a Julex93 por su generoso review, y a ti, si, tú, que estaba esperando la segunda parte para leer el especial completo, y también a ti, quien aunque no des señales de vida, te agrada mi historia, y la recomiendas a terceros a través de conversaciones y sugerencias.
Y nuevamente, espero que no les moleste leer 11k palabras, y cualquier duda, consulta, sugerencia, reclamo, crítica o saludo, pueden dejarlo en los reviews, o en los comentarios, mensajes o publicaciones de mi página de Facebook.
Capítulo 5: «Una Navidad Familiar, parte 2».
Poco a poco las hermanas mayores de la familia Loud fueron arribando al hogar, pero aún faltan dos hermanas a quienes les falta confirmar. ¿Podrán finalmente reunirse los once hermanos Loud y cumplirse el anhelo de Lily?
Leni arribó finalmente a la Casa Loud, pero su recibimiento no fue el que esperaba. Solo se encontraban sus padres en casa, quienes la recibieron con todo el cariño de mundo.
— ¡Hija mía! —la saludó su padre abrazándola apenas abrió la puerta.
— ¡Leni! ¡Querida! —su madre se sumó al abrazo.
— ¡Papá! ¡Mamá! ¡Qué alegría verlos! —exclamó mientras los abrazaba. Para ella era sueño hecho realidad volver a verlos juntos. Habían pasado momentos muy difíciles, e instantes en que este momento parecía imposible de venir.
—Adelante Leni, estás en casa —la invitó su padre a entrar. Allí, por primera vez en mucho tiempo, tuvo una sensación de calidez que no había encontrado ni en el último rincón del planeta que visitó. Como decía un viejo dicho: «No hay nada como el hogar».
— ¿Y dónde está Max? Creí que vendría contigo —preguntó su madre.
—Ehm… bueno… él decidió pasar la Navidad con su familia —respondió con la primera mentira que vino a su mente.
—Qué extraño —insistió su padre—, creí que iban a pasar la Navidad juntos, en Francia. ¿Qué sucedió?
—Sí, e incluso me contó por videochat que te pensaba pedir matrimonio allá —agregó su madre.
— ¡¿Qué él hizo qué?! —Leni se volteó hacia sus padres con el rostro lleno de terror, sin imaginarse que su ahora ex novio tendría algún contacto extra con sus padres.
—Sí cariño —respondió su madre sin percatarse de la reacción de su hija—, incluso mandé a la tintorería mi viejo vestido de novia para que lo usaras ese día.
—Pero querida —intervino su padre—, es más que seguro que Max le debe haber comprado el vestido más hermoso de Europa. Sería la envidia hasta de la realeza.
— ¡Esperen! ¡Alto! —Leni había escapado de Europa precisamente para olvidarse de esa opulenta historia, y encontraba un fastidio el tener que ser ese el primer tema que le tocasen apenas arribara en su hogar.
— ¿Qué pasa querida? —preguntó su madre.
— ¿Dónde están mis hermanos? —preguntó la joven intentando desviar el tema.
—Pues cuando llegamos no estaban —respondió su padre.
—Será mejor esperarlos —agregó su madre—. ¿Por qué no pasas al living con nosotros? De paso te contaremos que han hecho en este último tiempo. ¿Sabías que la pequeña Lily ya entró a la primaria? ¡Es una dulzura!
Es así, como se instalaron los tres en el living a medio adornar para la Navidad, y un árbol con las luces a medio colgar. Aunque Leni intentaba descubrir cómo habían vivido sus hermanos durante este tiempo lejos del hogar, sus padres insistían en volver al tema de Max, y en el yerno perfecto que era.
Casi al anochecer, se escuchó la puerta abrirse, y a las gemelas llegar a la casa. Ellas se encontraban bastante preocupadas. Al salir de la escuela buscaron a Lily por todas partes sin resultado alguno. El terror ensombreció sus rostros al encontrarse con sus padres en casa.
— ¡Niñas! ¡Saluden a su hermana Leni! ¡Acaba de llegar desde Francia! —las presentó su padre.
— ¡Leni! ¿Me trajiste algo desde Francia? —fue la primera pregunta de Lola mientras que ambas se acercaban a su hermana.
— ¿Habían lagartijas gigantes allá? —secundó Lana.
— ¿Y tiendas elegantes? —terció Lola.
—Sí, traje muchas cosas —respondió la joven con una sonrisa.
—Un momento —intervino su padre—. ¿Dónde estaban?
— ¿Y por qué vienen llegando a esta hora? —secundó su madre.
— ¿Y dónde está Lily? —terció su padre.
— ¿Y el resto de las chicas?
— ¿Y Lincoln?
Las gemelas se miraron entre sí, en busca de respuestas, o de algún milagro que las salvara de este momento incómodo. Pasaron un par de minutos, y el silencio solo sirvió para extender este momento incómodo.
— ¿Y bien? —las presionó su padre.
—Papá, yo… nosotras —Lana dio un paso y comenzó a hablar—… bueno, esta tarde salimos y…
En eso se abrió la puerta, y cuatro personas entran al living. Lincoln, Lynn, Luan y Lily se quedaron parados en la entrada, viendo a sus padres, las gemelas y a Leni. Esta última no tenía mayor idea de lo que estaba sucediendo.
— ¿Y ustedes? —preguntó su padre.
— ¡Lily! ¡¿Qué rayos te ocurrió?! —exclamó su madre mientras iba corriendo a ver los vendajes y el yeso de su hija pequeña.
—Estoy bien mamá —respondió la pequeña con tranquilidad—. El doctor dijo que me podía sacar los vendajes el domingo, pero el yeso lo tendría que tener por lo menos quince días.
—Creo que alguien tiene que dar una explicación —exigió el Señor Loud con molesto.
Lincoln, como en la mayoría de las ocasiones, fue el primero en hablar.
—Verás, resulta que Lily tuvo un pequeño accidente —explicó con nerviosismo—. ¡Pero no fue nada grave! El doctor dijo que prácticamente salió ilesa.
— ¿Qué clase de accidente? —cuestionó su madre.
A Lincoln le costaba un montón decir la palabra «automovilístico». Sabía que al pronunciarla, sus padres armarían un enorme revuelo: llamarían a la policía, buscarían y enfrentarían al culpable, sobre cuidarían a la pequeña, sin mencionar el enorme castigo que recibirían todos por descuidados.
—Me caí en la escuela —intervino la pequeña—. Tenía las agujetas desatadas y me tropecé en las escaleras.
— ¡Oh! ¡Pobrecita! —exclamó su madre mientras le apretaba los cachetes— Será mejor que vayas a descansar.
—Enseguida la llevo —respondió Lynn con nerviosismo mientras guiaba a la pequeña lejos de allí. Luan y Lincoln también rieron nerviosamente antes de abandonar el lugar.
—Lana, Lola. ¿Pueden venir un poco? Necesito hablar con ustedes —les pidió Lincoln a las gemelas antes de subir las escaleras. Las niñas, quienes por un momento creyeron haberse librado del castigo, nuevamente se sintieron en peligro. Desde que Lincoln tomó el lugar de hermano mayor, se tomó casi tan en serio el rol de autoridad como Lori cuando aún vivía en casa.
—0—
—Hmm, parece ser una fractura simple —diagnosticó Lisa a su hermana menor. Ambas se encontraban en el cuarto que compartían, y Lisa le estaba haciendo algunos chequeos usando algunos artefactos médicos de dudosa procedencia—, y lo de tu cabeza no pasó más allá de una ligera fractura craneal.
— ¿Eso quiere decir que estaré bien para Navidad? —preguntó Lily con inocencia.
—Claro que si —respondió su hermana mientras sacaba un par de caramelos que tenía dentro de un bowl sobre su velador y se los comía.
— ¡Huh! ¡Dulces! —exclamó la pequeña abalanzándose sobre el bowl y devorando dulces como si no hubiera un mañana.
— ¡Oye! ¡Déjame uno! —le recriminó su hermana antes de lanzarse a rescatar alguno.
En eso se escuchó el retumbar de una puerta. Al voltearse, se encontraron con Lana y Lola, con una aterradora mirada que daba miedo. Las más pequeñas quedaron petrificadas, con parte de los dulces que hasta hace solo un instante devoraban sin piedad en sus bocas. Lily en especial era quien temía por su vida, porque al menos Lisa era mayor y más lista que ella, y sabría defenderse.
— ¡Tú! —Lola agarró a la pequeña por el cuello y la levantó por los aires— ¡Eres una mentirosa!
La pequeña, temerosa, le lanzó una mirada de ayuda a Lana, con la esperanza que por lo menos la entendiera, pero se encontró con una mirada casi tan aterradora como la de su gemela.
—Yo confié en ti Lily —le dijo Lana con decepción y rabia—, te tenía bastante cariño. ¡Eras mi hermana menor favorita! ¡¿Y ASÏ ES COMO NOS PAGAS?!
—Le dijiste a Lincoln que nos fugamos de la escuela —le explicó Lola mientras la zamarreaba—, y que por eso te descuidamos esta tarde.
—Te estuvimos buscando toda la tarde —continuó Lana—. ¡Recorrimos toda la ciudad! ¡Estábamos preocupadas!
— ¡Y tú vienes a inventar calumnias sobre nosotras! —prosiguió Lola con sus gritos— ¡¿Cómo te atreviste a hacernos esto?! ¡Nadie le hace esto a Lola Loud! ¡NADIE!
— ¿De qué están hablando? —preguntó Lily sin recordar el minuto de haberle dicho eso a Lincoln.
— ¡No vengas a mentirnos! —Lola la lanzó al suelo, en donde la pequeña cayó sentada. Se encontraba bastante asustada. Ella sabía —al igual que todos—, que ver a Lola enojada era un peligro mortal, pero ver a Lana también enojada, era algo inusual, y doblemente peor.
— ¡Lincoln nos acaba de regañar por algo que no hicimos! —se adelantó Lana de forma amenazante— Nos dijo que somos unas despreocupadas que no nos importabas. ¿Entonces de qué sirvió pasar horas en la calle buscándote?
—Yo… yo... —la pequeña estaba al borde del llanto. No recordaba ni menos entendía los motivos del enojo de sus hermanas, y por eso se sentía mal.
—Un momento —intervino Lisa—, creo que es bueno que primero Lily comprenda el motivo de su molestia.
— ¿Qué? ¡Pero si se lo acabamos de explicar! —gritó Lola.
—Lily. ¿Le explicaste a alguien la versión de los hechos que ahora Lincoln conoce? —Lisa se dirigió a Lily sin considerar el comentario de Lola.
—Pues —la pequeña realizó un gran esfuerzo por recordar las horas previas al accidente, hasta que llegó al minuto de la salida con Jim—… ahora que lo recuerdo, creo que se lo dije a Jim.
—Y evidentemente él se lo dijo a Lincoln —concluyó Lisa mientras sacaba de su bolsillo un bastón de caramelo.
— ¡¿Qué?! ¿Y por qué le dijiste eso? —la increpó Lola.
—Pues… porque —Lily no quería contarles sus reales intenciones, pero era peor ocultarles la verdad y que ellas la hiriesen más de lo que ya estaba—… necesitaba una excusa para escapar de ustedes.
Sus hermanas quedaron sin habla, a lo que Lily continuó:
—Quería buscar a Luna.
— ¿Qué? —se escuchó una voz desde la entrada. Al voltearse, pudieron ver a Lincoln, Lynn y Luan en la entrada. Habían llegado tras oír todo el alboroto provocado por las gemelas. En ese momento la pequeña decidió contar toda la verdad. No quería más excusas ni engaños.
—Esta tarde vi a Luna. Estaba caminando con Jim cuando al vi al cruzar la calle.
—Espera ¿Qué? —exclamo Lana sorprendida e intrigada— ¿Cómo la encontraste?
— ¿Está en Royal Woods? —continuó su gemela.
—Pues no fue difícil encontrarla —contestó Lily—. Estaba al cruzar la calle.
— ¿Y dónde está ahora? —preguntó Luan mientras que con Lynn y Lincoln entraban al cuarto, dejando debidamente cerrada la puerta.
—No lo sé —respondió la pequeña—, en ese momento me atropellaron.
— ¡¿Te atropellaron?! —exclamó Lana cambiando su enojo por preocupación— ¡Creí que te habías caído por las escaleras!
— ¿Qué es? ¿Una reunión secreta como en los viejos tiempos? —Leni entró de improviso al cuarto.
—Creo que encontraron a Luna —respondió Luan.
— ¿A Luna? ¿En serio? ¡Excelente! Hace demasiados años que no la vemos —respondió Leni con alegría.
— ¡Basta chicas! ¡Basta! —intervino Lincoln aproximándose a Lily— Aquí hay una sola cosa importante: Lily, quiero que no te metas más en problemas.
— ¿A qué te refieres? —preguntó la pequeña.
—No vuelvas a buscar a Luna —le ordenó.
— ¿Qué? —exclamó molesta— Pero si no lo hacemos, nunca podremos volver a pasar una Navidad los once reunidos.
— ¿Y eso qué? —objetó el muchacho— Prefiero eso a que termines en problemas.
—Prometo tener más cuidado para la próxima —insistió—, pero no me prohíbas ir a buscarla. ¡Por fin sabemos que está en Royal Woods! ¡Y quizás quiera pasar la Navidad con nosotros!
—Lily tiene razón —intervino Luan decidida—, nuestra hermana está allí afuera intentando contactarnos. ¡Y debemos responder a su llamado!
— ¿Y por qué no viene a la casa? —peguntó Leni— Ni que nos hubiéramos movido de aquí alguna vez.
—Porque teme encontrarse con papá —le respondió Lisa.
—Yo creo que no deberíamos buscarla —opinó Lynn—, si quiere hablarnos, que se acerque.
—Pero eso hizo con Lily esta tarde —alegó Luan.
—Será mejor que ni se acerque a la casa —dijo Lola molesta—. ¡Casi destruye la familia!
— ¡Ella fue con la verdad y eso es más importante! —le recriminó su gemela.
— ¡Basta chicas! —nuevamente Lincoln intentaba mantener el orden— Yo más que nadie desearía tener una Navidad con todas mis hermanas, pero si eso significa que sea arruinada por una pelea entre Luna y papá, pues prefiero que ella no esté con nosotros. Incluso les podría apostar que ella piensa lo mismo.
—Entonces por qué se quiere contactar con nosotros si desde hace tres años que no sabemos nada de ella —alegó Luan.
— ¡No lo sé! —le respondió Lincoln.
— ¿Y por qué se pelearon papá y Luna? —preguntó Lily de forma inocente. Sus hermanos se voltearon perplejos a observarla, mezcla de asombro y miedo. La pequeña no sabía a qué atenerse, no sabía si con su ingenua pregunta estaba arruinando más la situación.
—Conseguí una cita con Luna para mañana en la tarde —interrumpió Lucy aquel incómodo silencio. Nadie sabía en qué momento había entrado— a las seis en el buffet Franco-mexicano «Jean Juan's».
—Lucy. ¿En qué momento hiciste eso? —cuestionó Lincoln.
—Esta tarde en el hospital —respondió la chica sin inmutarse—. La encontré oculta mientras los espiaba al marcharse.
—Un minuto —intervino Lincoln—, ¿no se supone que debías quedarte en casa?
—Suspiro —respondió su hermana sin tener una respuesta ante eso.
—Pues… supongo que será una importante oportunidad de poder hablar con ella ¿No lo creen? —concluyó Luan sin poder escapar de la impresión por el acto de Lucy.
Luego de un intenso debate, finalmente los hermanos Loud decidieron aceptar la cita con Luna. Además, diseñaron un plan para lograr escapar sin que sus padres sospecharan que faltaba la mayoría.
—Lily, tú no vendrás con nosotros mañana —le ordenó Lincoln a Lily.
— ¡¿Qué?! ¡¿Y por qué no?! —exclamó indignada.
—Primero, porque estás herida, y debes reposar en tu casa —explicó—, y segundo, como castigo por haber metido y haber metido en problemas a tus hermanas.
—Pero-p, pero-p —intentó alegar la pequeña, pero la intimidante mirada de su hermano le quitaron todas las ganas de alegar.
—Lola y Lisa te vigilarán —agregó el muchacho.
— ¿Pero por qué yo? —intentó alegar Lisa, pero la puerta había sido cerrada— Rayos.
—0—
Al día siguiente, los padres de Lily decidieron no enviar a su hija a la escuela, al menos no hasta que al menos pasaran las fiestas. Pero eso tampoco significaba tener permiso para salir a disfrutar de la nieve. La pequeña se tenía que conformar con ver ese voluptuoso manto blanco desde la ventana del living de su hogar.
Mientras, sus hermanos mayores que no tenían escuela, se encargaron de adornar toda la casa, preparándola para Navidad: Lincoln colocaba las luces en el techo, Leni decoraba el árbol, Luan y Lynn colocaban los adornos en el resto de la casa, y Lucy fingía trabajar, pero aprovechaba cualquier descuido para escaparse del ojo humano.
—Yo cuando era más pequeña, amaba el momento de armar el árbol de Navidad —le comentaba Leni a Lily mientras iba colocando los adornos. La pequeña le ayudaba desempacando los adornos de sus cajas— Y siempre la menor de la familia se encargaba de colocar la estrella. Y desde que naciste tú has sido siempre la menor de esta familia.
La pequeña poco le importaba la historia de su hermana. Se sentía totalmente frustrada. Sentía que era totalmente injusto que no la dejaran ir a ver a su hermana, sabiendo que ella era quien más deseos tenía de verla de toda la familia. No sabía por qué Luna debía pasar la Navidad lejos de su familia, ni qué cosa tan grave habrá hecho para que le impusieran ese castigo. Nadie le quería decir nada. Todos la trataban como una bebé. Como si no pudiera entender lo que pasaba a su alrededor. ¡Acababa de cumplir siete años! ¿Cuántos años más le pensaban ocultar la verdad?
El timbre del teléfono la sacó rápidamente de sus pensamientos. Llegó al lado del aparato sin siquiera darse cuenta. Ahora que no había competencia, podía darse el lujo de contestar.
— ¿Aló? —preguntó la pequeña.
— ¿Aló? —se escuchó la voz de un hombre joven del otro lado del auricular.
— ¿Con quién hablo? —preguntó la pequeña. No reconocía esa voz.
— ¿Está Lynn Loud? —preguntó la voz.
—Sí, iré a buscarlo —respondió Lily antes de dejar el auricular sobre la mesita del teléfono— ¡Papá!
La pequeña corrió hasta el cuarto de su padre, en donde lo encontró sobre la cama leyendo el periódico.
— ¿Qué ocurre pequeña? —le preguntó amablemente doblando su diario.
En ese minuto a Lily se le vino una descabellada idea. Si sus hermanos no querían decirle el motivo de la pelea entre Luna y papá. ¿Por qué no su propio padre?
—Papá —le dijo en el tono más serio que podía—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Lo que tú quieras querida —le respondió con una sonrisa.
A sabiendas que podría arruinarlo más de lo que ya estaba, se atrevió a preguntar:
— ¿Por qué tú y Luna están peleados?
La amable y cariñosa sonrisa desapareció tan rápido que la pequeña se asustó. Lily temía que se terminara enojando igual que Lincoln o las gemelas. El tema de Luna, y su deseo de Navidad, la estaban metiendo cada vez en más problemas.
— ¿P-por-qué pre-preguntas e-eso? —tartamudeó su padre dejando de lado su periódico, y mirándola con nerviosismo.
—Pues… me gustaría que Luna pasara la Navidad junto con nosotros —confesó—. Es mi deseo de Navidad.
El señor Loud quedó sin habla, momento que aprovechó Lily para continuar:
—La verdad este año no quiero pedir ni juguetes ni comics de Ace Savvy. Este año quisiera pedirle a Santa que pasemos una Navidad en familia, con todos mis hermanos juntos.
—Lily —susurró su padre.
—No sé por qué tú y Luna están peleados —prosiguió la pequeña—, pero sí sé que si la Navidad es una época en donde el mundo se llena de una fuerza mágica que trae paz, amor y alegría a todos los hogares del mundo. ¿Por qué no puede hacer que dejen de estar peleados? Aunque sea por Navidad. Si quieres que el veintiséis se vaya, está bien, pero es lo único que pido.
—Ehm Lily, querida —intentó hablar su padre, pero le costaba pronunciar cada una de sus palabras. Las palabras de su pequeña hija le habían conmovido el alma—, la verdad es algo que no depende de mí. Primero tendríamos que encontrar a Luna…
— Y si Luna llegara a esta casa. ¿La recibirías para Navidad? —preguntó la pequeña esperanzada.
—Pues. ¡Por supuesto pequeña! —exclamó intentando sonreír.
— ¡Genial! ¡Gracias papi! —exclamó feliz Lily mientras lo abrazaba desde el cuello. Su padre le devolvió un tierno abrazo, pero en el fondo se encontraba asustado, confundido, y temeroso. ¿Por qué su hija vendría con este mensaje? ¿Acaso será una manipulación de sus hermanos?
—0—
— ¡Lincoln! —Leni se acercó a toda prisa hacia donde su hermano, quien acababa de bajar del techo. Ambos se encontraban en el nevado patio trasero. La chica se había acercado a él luego de encontrar un tiempo libre. Tenía que preguntarle algo muy importante.
— ¿Qué ocurre Leni? —le preguntó el muchacho.
—Te venía a preguntar algo —comenzó su petición.
— ¿Qué cosa? —preguntó el chico mientras ordenaba las cajas de donde había sacado las luces para el tejado.
—Ehm… —Leni dudó por un minuto en preguntar. Lincoln se volteó a verla al percatarse que no hablaba.
— ¿Ocurre algo malo? —interrogó.
—Nada, nada —la joven había comenzado a ponerse nerviosa—. Solo quería saber si, por estas casualidades de la vida, aún tenías contacto con los Santiago.
Al oír aquel apellido, la sonrisa amable del muchacho se disipó. Leni no sabía cómo se lo tomaría su hermano. No sabía ni siquiera si seguía con Ronnie Anne, pero él era el único contacto posible que tenía para ubicar a Bobby.
— ¿Por qué lo preguntas? —preguntó con seriedad.
—Pues —Leni intentó arreglar la situación—… la verdad hace tiempo que no sé nada de Bobby, y aprovechando las fiestas, quisiera hacerle una visita. ¿Ya salió de la cárcel?
—Hace seis meses —respondió en un tono sombrío mientras regresaba a sus quehaceres—. Trabaja en una mueblería. Es lo único que sé.
Leni no comprendía el repentino cambio de actitud de su hermano. Temía que hubiera ocurrido algo grave durante su ausencia. Al parecer, habían ocurrido demasiadas cosas.
—Pues, gracias —la joven no se atrevió a volver a preguntar para no irritarlo más de la cuenta. Una simple visita a todas las mueblerías de Royal Woods le bastaría para encontrarlo.
Al ver que Leni se alejaba de la casa, Lincoln detuvo su quehacer.
—No puedo creer que estés de regreso, Ronnie —pronunció en voz baja.
Esa misma tarde, Leni emprendió su búsqueda por las distintas mueblerías. Para su desgracia, solo existían dos mueblerías en el pueblo, y en ninguna dijeron conocerlo.
Se sentó en el banquillo de una plaza a descansar y meditar. Por un momento se imaginó que Lincoln le hubiera mentido. ¿Pero por qué? Si eso fuera cierto, ahora sí que estaba totalmente despistada sobre su paradero.
En ese momento se imaginó estar en la posición de Lily. La noche anterior le habían contado como la pequeña encontró con bastante facilidad —o mejor dicho suerte— a Luna, y deseaba tener esa misma suerte para encontrar a Bobby.
La joven volteó para todas partes, con la esperanza de tener la misma fortuna, pero para su desgracia, no había nadie que siquiera se le pareciera al joven moreno que alguna vez conoció.
Decidida, prefirió tomar acciones más drásticas, y decidió ir a la policía. Luego que la tramitaran por horas, y de «buscarlo», le informaron que no encontraron resultados, pero le prometieron que cualquier información que encontraran al respecto le informarían. Sin mayores respuestas, se dirigió al buffet Franco-mexicano, a cumplir con su siguiente compromiso.
—0—
Poco a poco los hermanos Loud fueron saliendo del hogar rumbo al encuentro de Luna. Los mayores, como Lynn, Luan y Lincoln, inventaron cada uno una efectiva excusa para salir del hogar; Lucy no necesitaba excusas, tenía la habilidad de entrar y salir de la casa sin ser vista; Lana en cambio se escapó por una salida oculta que había construido Lisa.
— ¿No puedo ir yo también? —se lamentó Lily con pesar.
—No —respondió Lola con autoridad—. Debemos quedarnos para que papá y mamá no levanten sospechas, e informarles a nuestros hermanos en caso de problemas.
— ¡Pero yo era quién más tenía deseos de ver a Luna! —se quejó la pequeña.
—Sin peros —la amenazó la chica—. Se quedarán aquí en mi cuarto, desde donde no podrán escapar —luego de eso, Lola cerró la puerta, para luego montar guardia desde el otro lado.
—Lincoln no recuerda cuando tenía once años y se quejaba de la autoridad de Lori —comenzó a quejarse Lisa contra su hermano—. Y además me castigan a mí, que yo ni siquiera tuve que ver con la reaparición de Luna.
La pequeña se encontraba bastante decaída, mientras observaba el cielo nocturno parcialmente nublado. Deseaba con todas sus fuerzas el poder estar junto a su hermana. ¿Por qué todo era tan injusto?
—Debería inventar un rayo de memoria para que Lincoln se acuerde —continuaba narrando Lisa su descontento por la situación en la que se encontraba.
—Deberíamos escapar e ir al lugar en donde se encuentra Luna —propuso Lily.
—Eso es bastante sencillo —respondió Lisa con aspereza—. El problema está en tu descuido. Cada vez que salimos a escondidas, ocurre algo grave.
— ¿Ah sí? ¡Dime una ocasión! —la desafió su hermanita.
— ¿No recuerdas la famosa mansión de satanás? —le preguntó Lisa.
— ¡Esa no cuenta! ¡Íbamos a salvar a Lucy!
—Pero ella terminó salvándonos a nosotras.
—Pero ese no es el punto…
—El punto es —la interrumpió Lisa con fastidio—, que por culpa de tu descuido siempre nos metemos en problemas, es por eso que tus hermanos quieren que estés lo más alejada de los problemas.
Lily quería replicar, pero los cientos de recuerdos que demostraban el punto de su hermana le quitaron las ganas de responder. Se sentó sobre la cama de Lana de brazos cruzados, y en silencio se decidió a esperar que pasara la noche.
—Creo… que tienes razón —aceptó derrotada.
—0—
Esa noche, el Señor Loud se encontraba leyendo un libro en su cama, mientras que su esposa se estaba acostando a su lado. Pero en realidad su mente no estaba en las palabras que allí habían escritas, si no en las palabras de su hija menor.
—Rita. ¿Crees que he sido un buen padre? —le preguntó a su esposa.
—El mejor que podría haber en el mundo —le respondió su esposa con un beso en la mejilla.
— ¿Incluso con Luna?
— ¿A qué viene eso? —preguntó desconcertada.
—Hoy Lily habló conmigo —dijo cerrando el libro—, me dijo que le gustaría que toda la familia estuviera reunida en casa esta Navidad, incluyendo a Luna.
—Pues, es un bonito deseo —le respondió su esposa.
—Lo sé, pero —Lynn dio un suspiro antes de continuar—, tú sabes que Luna aun no me perdona lo que pasó hace tres años.
Su esposa se volteó, y lo observó con seriedad.
—Sé que a ella más que a nadie le afectó lo que ocurrió hace tres años, pero si desea pasar la Navidad con nosotros. ¿Por qué se lo debemos impedir?
—Sé que decepcioné a una de mis hijas —confesó Lynn con voz grave—, pero no voy a decepcionar a otra de mis hijas. Si quiere que estemos todos, estaremos todos.
— ¿Acaso piensas en…? —preguntó su esposa mirándolo con sorpresa.
—Encontraré a Luna y la tendré sentada para la cena de Navidad de este sábado —se propuso el señor Loud.
—0—
Llegó el día miércoles. Para entonces Lily había perdido casi todo el entusiasmo Navideño que tenía el sábado. Solo le preocupaba la pronta aparición de Luna, de la cual no sabía nada. Ninguno de sus hermanos le quiso contar como estuvo el encuentro en el restaurant franco-mexicano, y eso la hacía sentir excluida.
Aun así, aquella tarde fue de expectación, pues ese día debería llegar Lori desde Washington a pasar la Navidad. Toda la familia terminó en conjunto de preparar la casa para la llegada de la Navidad. El árbol quedó más hermoso que nunca gracias al aporte de Leni, y para levantarle un poco el ánimo, dejaron que Lily pusiera la estrella. Aunque todo el ajetreo la animó un poco, no dejaba de sentirse preocupada por Luna, y excluida por su familia.
Antes de cenar, el señor Loud subió al segundo piso. Allí, los nueve hermanos Loud que habitaban la casa se encontraban en sus respectivos cuartos. El ruido ya no era tan escandaloso como años atrás, pero se notaba a cabalidad que el lugar estaba lleno de vida. El padre de la familia llegó al pequeño cuarto del fondo, y tocó la puerta.
—Adelante —respondió Lincoln de su interior. Le parecía extraño que alguien tocara la puerta para entrar. Por lo general todas sus hermanas entraban sin tocar, y sus padres raramente llegaban hasta allí. Es por ello que le sorprendió que esta fuera una de las inusuales ocasiones.
—Lincoln, tenemos que hablar —pidió su padre cerrando la puerta. El joven dejó a un lado el comic que estaba leyendo, y le ofreció la única silla disponible. Para entonces, todas sus hermanas sacaron la cabeza desde sus respectivos cuartos, curiosas ante este inusual evento.
—Tú sabes que yo los quiero a todos ustedes —comenzó su padre con su discurso tras tomar asiento. Sentía que no había comenzado con las palabras correctas, pero deseaba aclarar ese punto—. Ustedes son mi vida, son todo para mí.
—Okey… —el muchacho tenía la desagradable sensación que tras estas palabras surgiera un nuevo aviso de divorcio por parte de su padre. A mil por hora intentaba buscar en su memoria algún momento que comprobara que su nefasta teoría fuera real.
—Y sé que he hecho cosas horribles con las cuales los decepcioné a todos —prosiguió el señor Loud. Le costaba seleccionar las palabras correctas, y mucho más conseguir llegar a punto. Lincoln en cambio comenzaba a irritarse por el camino en el que iba el discurso.
—Pero eso es pasado —intervino el chico esperando que con eso fuera al punto, o terminara su discurso.
—Lo sé, lo sé —respondió con rapidez—. Es solo que… aún queda algo pendiente de ese pasado, y que quisiera reparar.
El chico lo miró perplejo. Por su mente pasaba la idea que todo tuviera relación con Luna, pero le costaba creer que fuera cierto.
— ¿Sabes? Se viene la Navidad, el tiempo de compartir en familia y disfrutar con los seres que más amas… —tras un suspiro, el señor Loud prosiguió con su discurso sin poder llegar al meollo del asunto.
—Papá. ¿Qué quieres? —lo interrumpió. Lincoln se cruzó de brazos y lo observó con seriedad. Estaba comenzando a impacientarse.
Su padre se encontraba nervioso. Tomó un poco de aire con la esperanza que eso sirviera para hacer la petición. No se imaginaba lo difícil que era volver a hablar de Luna con uno de sus hijos desde que el día anterior Lily se lo hubiera mencionado de forma inocente.
— ¿Has sabido algo que Luna? Quisiera que pasara la Navidad con nosotros —preguntó finalmente.
Un aullido de felicidad se escuchó desde el otro lado de la puerta, seguido de un crujido previo a la caída de la puerta, dejando ver a las hermanas Loud en el suelo regalando sonrisas nerviosas.
Tras el golpe, pasó un indefinido instante en que todos quedaron congelados, sin saber qué hacer o qué decir. El señor Loud se encontraba asustado, atrapado. Temía que ahora todos lo rodearan con sus preguntas sobre el futuro de su relación con Luna. Apenas era capaz de sacarlo de su corazón. Era muy pronto para dar tantas respuestas.
— ¡Oh por Dios! —se escuchó el grito de señora Loud desde el living. Excusa perfecta para escapar de aquel momento incómodo y correr a ver lo sucedido.
Rita se encontraba frente al televisor a todo volumen, mientras que un periodista relataba los últimos acontecimientos.
«En horas de esta tarde el vuelo número 2743 de "Arline Aeroline" que viajaba desde Washington D.C. hacia Detroit, Míchigan, sufrió un grave accidente producto del mal clima existente en la zona. Aún no se conoce el paradero de la aeronave ni de su tripulación. Debido a lo anterior, el Gobierno Federal ha ordenado la suspensión de los vuelos desde y hacia la Capital Federal hasta que el mal tiempo termine».
— ¿No será ese… —comenzó a preguntar el señor Loud casi sin aliento.
—…el vuelo de Lori? —completó su esposa.
Todos se sobresaltaron ante aquellas palabras que conformaban esa nefasta premonición.
— ¡Rápido! ¡El teléfono! —exclamó Lincoln.
—Está descolgado —anunció Lucy, quien se encontraba al lado del fono.
— ¿Qué? —exclamó Lincoln sorprendido.
—Así jamás podríamos haber recibido alguna llamada de Lori —explicó Lynn.
— ¿Pero quién habrá cometido tal descuido? —preguntó Lisa.
— ¡A si! ¡Ya lo recuerdo! —intervino Leni como si le acabara de llegar una idea a la mente— Ayer cuando estábamos adornando el árbol, Lily recibió una llamada desde ese teléfono, y luego fue a buscar a papá. Desde entonces nunca más volvió.
Todos voltearon sus serias miradas hacia la menor de la familia. Lily en cambio, intentaba nuevamente poner su memoria en marcha para recordar los pormenores de ese evento.
—Creo que se me olvidó regresar a colgar el teléfono—intentó explicar la pequeña dándole a todos una mirada inocente.
Todos los allí presentes le lanzaron una mirada asesina, como si hubiera cometido el peor crimen de la humanidad. La pequeña se sentía cohibida, sin saber en qué rincón esconderse y desaparecer de las miradas.
Lucy había vuelto a colocar el fono en su sitio, y justo a tiempo sonó para salvar a la pequeña de aquel momento incómodo.
— ¿Aló? —contestó la chica sin emoción alguna en su tono— Hola Lori —al ser mencionado su nombre, atrajo la atención de toda la familia—, es bueno volver a oírte. Ajá. Sí. Entiendo. Es una lástima. Está bien. Que tengas una Feliz Navidad. Nos vemos. Adiós.
Una vez que colgó el fono, diez pares de ojos la estaban devorando con la mirada.
—Lori está bien —anunció—. Ella está en Washington, pero no hay vuelos para llegar hasta Michigan. Intentará por vía terrestre, pero llegará el veintiséis.
La impresión en el rostro de los presentes no se hizo esperar. En especial la pequeña Lily, sintió esta noticia como un nuevo revés en su anhelo de tener a todos sus hermanos bajo un mismo techo durante la Nochebuena.
—Al menos está bien —comentó su madre—. Es un alivio.
—Así es —continuó su esposo—. Al menos vendrá a visitar a la familia. Aunque tarde, pero llegará.
Quizás ese sea el mejor consuelo para todos.
—0—
— ¿Le dijiste a nuestros padres sobre nuestro encuentro con Luna? —increpó Lincoln a la pequeña.
Luego de la cena, todos los hermanos se reunieron en el cuarto de Leni a encarar a la pequeña Lily. Sospechaban que la petición de su padre no era una simple coincidencia.
— ¡Por última vez no! —insistió la pequeña. Tenía un casco metálico lleno de luces de colores sobre su cabeza, con unos cables que conectaban el casco con un artilugio electrónico controlado por Lisa.
—Según mi detector de mentiras, Lily está diciendo la verdad —informó la menor.
— ¿Entonces por qué papá quería saber del paradero de Luna? —cuestionó Lynn.
De improviso todos se voltearon a ver a Lily. Ella tenía la leve sospecha que su conversación con papá estaba detrás de todos los problemas, pero no quería decírselo a sus hermanos hasta que estuviera segura.
— ¿Tienes algo que decir? —volvió a preguntar Lincoln.
La pequeña negó con la cabeza. De inmediato una fuerte alarma se escuchó desde su casco metálico, acompañado de unas potentes luces rojas que iluminaron hasta el más recóndito rincón de la habitación.
— ¡MIENTES! —la encaró Lisa. En ese momento había aún más razones para encarar a Lily.
— ¡Está bien! ¡Está bien! —gritó con desesperación— Le pregunté a papá por qué se había peleado con Luna, y le pedí que si la lográramos encontrar, la permitiera de regreso para esta Navidad.
Todos la observaron con ojos atónitos, mientras que la alarma se apagaba, trayendo de regreso al más incómodo de los silencios. Lily tenía miedo. Era absurdo estando en la comodidad de su hogar y rodeada de la mayoría de sus hermanos, a quienes más quería en el mundo, pero no dejaba de sentir… miedo.
—Tú hiciste… ¡¿Qué?! —Lola fue la primera en reaccionar.
—Quería saber por qué papá y Luna se pelaron y… —intentó explicar la pequeña, pero Lola se abalanzó sobre ella y la tiró al suelo.
— ¡¿CÓMO PUDISTE HACERNOS ESTO?! ¡¿CÓMO PUDISTE TRAICIONARNOS?! ERES UNA… —Lola se enojó. Zamarreaba con fuerza a la pequeña en el suelo, sin importarle las heridas que previamente ya tenía, hasta la divina intervención de Leni.
— ¡Basta! —exclamó Leni mientras las intentaba separar— Por favor, tratemos de calmarnos y de arreglar esto antes que nuestro padres suban y nos vuelvan a castigar.
Esa advertencia fue suficiente para que Lola se detuviera, y se alejara de Lily, no sin antes entregarle una mirada de furia a quien siquiera se atreviera a mirarla.
—Chicos, no debemos culpar a Lily por lo que hizo —intentó defenderla Leni mientras la ayudaba a ponerse de pie—. Ella solo quiere conocer nuestra historia, nuestro pasado. Es normal para una niña de su edad. Nosotros también pasamos por lo mismo. ¿No es cierto?
—No es lo mismo —alegó Lincoln—, esto es demasiado serio como para que ella se meta.
—Todo sería más fácil si me dijeran por qué Luna está peleada con papá —los increpó la pequeña—. ¿Por qué no me lo quieren decir?
—Esto fue demasiado difícil para todos nosotros —le respondió Lincoln molesto—. Fueron tiempos difíciles para todos nosotros, y no queremos volver a recordarlo. Es todo.
— ¿Y qué tan difícil puede ser decirme por qué papá y Luna están peleados? ¿Qué es lo tan grave que ella hizo? —insistió la pequeña. No pensaba en darse por vencida.
—Por favor Lily, tienes que entendernos —intentó intervenir Leni tratando de tranquilizar el ambiente—. Aún… no estamos preparados para enfrentar la verdad, ni mucho menos enfrentarla frente a ti.
El rostro de sorpresa se tomó el rostro de todos los presentes. Primera vez que Leni no solo decía algo útil, sino además efectivo para calmar los ánimos.
—Escúchame bien —le dijo a su hermanita sujetándola de los hombros—, te prometo que te contaré personalmente todo lo sucedido cuando llegue el momento, solo si promete que no volverás a tratar el tema con nadie más, ni con tus hermanos, ni tus padres, ni tus amigos. ¿Está claro?
Nadie podía negarse a la sonrisa de Leni, ni mucho menos la pequeña Lily. Ella más que nadie quería enterarse de una buena vez del trasfondo de tanto misterio, pero tras la súplica de Leni, no podía decirle que no.
—E-está bien —aceptó insegura. Aunque quería saber la verdad como diera lugar, confiaba en que su hermana —y sus hermanos en general—, hicieran todo esto por el mejor interés de ella.
—0—
Esa noche la pequeña Lily no pudo dormir. Por más que lo intentaba, su reloj de «Hello Kitty», herencia de Lola, marcaba las cuatro de la mañana, y ella no podía siquiera pegar sus pestañas. A pesar que intentaba olvidar el asunto de Luna, no podía sacarse de la cabeza aquella imagen de su hermana en la calle, antes de cruzarla y sufrir el atropello. Viejos y añejos recuerdos de ella en la Casa Loud se agolpaban en su mente. Su deseo por verla de nuevo la carcomía por dentro, junto con su enorme curiosidad por descubrir la verdad.
Se levantó a la cocina. No había caso seguir rodando sobre la cama en busca de un poco de descanso. Fue a tomar un vaso de leche. Decían que era bueno para dormir. Abrió el refrigerador, sacó una gran caja de cartón, y vertió parte de su contenido en su vaso. Ya era una niña grande, podía servirse sola su lechita. ¿Por qué le ocultaban la verdad? Veía cosas más crueles en televisión. ¿Por qué aún la veían como una bebé de apenas un año?
De pronto, escuchó un ruido extraño. Aguzó su oído, y se percató que venía del exterior. Por un momento pensó que se trataría de un ladrón. Alcanzó a pasar por su mente que debería despertar a sus padres y llamar a la policía, pero decidió esperar un poco más para cerciorarse que realmente se tratara de algún delincuente.
Lentamente se acercó al living. Detrás de la silueta del televisor, pudo distinguir una sombra humana. A pesar de la poca iluminación proveniente del refrigerador abierto y las luces de la calle, pudo distinguir claramente a su hermana Luna. El susto rápidamente fue remplazado por la euforia. ¡Al fin podía volver a ver a su hermana! Sin pensarlo dos veces, la pequeña corrió a la entrada mientras su vaso terminaba en el suelo alfombrado con su contenido derramado. Al no alcanzar el picaporte superior, Lily decidió salir por la puerta del perro.
Una vez afuera, pudo sentir el intenso frio calar sus huesos. Sus pies descalzos estaban enterrados en la fría nieve, y eso literalmente la congeló. A duras penas llegó al frontis, solo para percatarse que Luna ya no estaba. Miró por todas partes, solo pudo ver frio, nieve, oscuridad, y un perro solitario aullándole a la noche y a su desgracia.
Lily no se rindió. Regresó a su casa solo para buscar abrigo, y luego volvió a salir por la misma puerta del perro hacia el exterior. No tenía idea de por dónde buscar, pero confiaría en su suerte para encontrar a su hermana.
—0—
La desaparición de Lily provocó un enorme revuelo en la Casa Loud. Absolutamente todos sus hermanos y sus padres estaban horrendamente preocupados. Sus padres hacían constantes llamadas a la policía, recibiendo la cortante respuesta explicando que sin no habían pasado cuarenta y ocho horas desde su desaparición, no habría investigación.
En eso se escuchó el timbre, y fue el turno de Lynn para abrir la puerta. Encontrándose con la tierna imagen de su pequeña hermana desaparecida durmiendo plácidamente en los brazos de un joven.
— ¿Jacob? —preguntó extrañada al reconcerlo, mientras recibía a la pequeña con rapidez, temiendo que se escapara tan pronto como volvió a aparecer. Lo último que podía imaginarse en un momento como este era reencontrarse con su gran amigo y compañero de la Universidad prácticamente al otro lado del país.
Era un joven casi tan alto como Lynn, aunque bastante delgado. Llevaba unos anteojos con los marcos delgados sujetos de la punta de su nariz, y un grueso gorro de lana que cubría su pelo rizado y anaranjado. Le sonreía con nerviosismo, temiendo que alguna palabra de más provocara que ella lo despidiera con una llave de judo.
— He, hola Lynn… ¿Cómo estás? —la saludó con nerviosismo mientras se rascaba su nuca con sus manos enguantadas.
— ¿Qué haces aquí? —le preguntó sin poder salir de su sorpresa.
—Ehm… verás —el chico estaba nervioso. Intentaba controlarse y evitar decir algo estúpido—, resulta que estaba de paso por aquí, y quise pasar a saludarte.
—Ajá, desde California, ¿no? —preguntó la chica sin creer en la versión de su amigo. Como respuesta, el muchacho rio nerviosamente— ¿Y cómo encontraste a Lily?
—Pues la encontré durmiendo en un banco del parque —le explicó—. La reconocí por una de las fotos que te envió tu familia, al igual que la dirección de tu hogar —en la medida que fue hablando, fue bajando la voz hasta llegar al susurro.
— ¡Lily! —en eso apareció Lincoln desde adentro. La tomó en sus brazos y la despertó. La pequeña dio un gran bostezo, disfrutando de los segundos previos a descubrir que todo estaba mal.
—Él es mi hermano Lincoln. Lincoln, él es mi amigo de la universidad, Jacob —los presentó Lynn.
—Hola, un gusto —contestó Lincoln de forma automática estirando uno de sus brazos.
—Hola, encantado —respondió Jacob recibiendo el saludo—. Lynn me ha hablado mucho de ti.
— ¿En serio? Que… genial —en el fondo lo que menos necesitaba Lincoln era iniciar una nueva conversación con un extraño. Suficiente tenía con interrogar a Lily sobre la peor travesura que ha cometido en su vida.
—Si quieres pasa, tenemos chocolate caliente —lo invitó Lynn. No quería sonar descortés dejándolo afuera luego que atravesara todo el país para saludarla.
—Gracias —aceptó sin pensarlo dos veces, y entraron a la casa.
—0—
Los reproches y los castigos no se hicieron esperar para la pequeña, quien terminó encerrada en su cuarto sin comer ni salir. No recordaba mucho de lo ocurrido la noche anterior, salvo que recorrió gran parte del pueblo cubierto bajo la nieve. Recordaba haberse encontrado con Luna, pero en ese punto su memoria se había vuelto borrosa. No quería advertirle de aquello a nadie, porque no quería volver a molestar a sus hermanos.
Se encontraba sentada sobre su cama, con la espalda descansando en la pared, y abrazando sus piernas mientras escondía su cabeza entre las rodillas. No quería ver a nadie y que nadie la viera. Ya quedaba en segundo plano el hecho que faltaban dos días para Navidad. No importaba. Aunque un milagro de Dios trajera de regreso a Luna, aun faltaría Lori en la Casa Loud.
En eso se abrió la puerta, y entró Lisa. Sin siquiera preocuparse de la presencia de su hermana, la niña se paró frente a su enorme estante lleno de gruesos libros, y sacó uno de tapas de cuero. Luego se instaló sobre su cama y comenzó a hojearlo. Las hojas amarillas daban a entender que se trataba de un viejo libro de historia, o la herencia de alguno de sus hermanos.
Pasaron los minutos. Lisa continuaba con su lectura como si se encontrara sola en la habitación. Lily quería decir algo, odiaba ese silencio, pero nada salía de su boca. No tenía ánimos para hablar.
—Lisa —finalmente reunió las fuerzas necesarias para romper el silencio.
La aludida arqueó una ceja. Era señal que le estaba prestando aunque sea una migaja de atención.
—Tenías razón —aceptó con pesar. Su hermana volteó la cabeza. La atención era más que una migaja—.No existe la magia de la Navidad. No sé por qué Luna se peleó con papá, pero sea lo que sea, nada podrá arreglar eso. Creo que al final no volveremos a estar los once reunidos.
Esas palabras chocaron en el corazón de Lisa, quien a pesar de «ser inmune a las necias emociones humanas», no podía soportar ver a su hermana menor en ese estado. Quería desdecirse de sus palabras, que la magia existía, que Santa existía, pero decirle algo que ni ella creía tampoco era una mejor solución. En su mente brillante solo existía una solución posible a este dilema, y para ello debía usar todo su intelecto.
No pasó mucho tiempo cuando comenzó a oírse el llanto ahogado de la pequeña, cosa que terminó por romper el corazón de Lisa. Quería decirle algo para tranquilizarla, pero no se le ocurría qué. Y definitivamente no encontraría la respuesta en ese viejo libro que estaba hojeando.
—Escúchame Lily —decidió intentar consolarla—: es cierto todo lo que te dije, pero… hay algo más.
— ¿Algo más? —el bichito de la curiosidad había picado en la pequeña, quien levantó su cabeza para observar a su hermana.
—Si —respondió mientras se acercaba a su cama—. Los milagros si existen, pero no son una cosa mágica que ocurre porque sí.
— ¿Y entonces? —preguntó la pequeña un tanto confundida. Su noción de «milagro» estaba asociada a casi un acto mágico realizado por un ángel o un hada madrina.
—Son consecuencias de los actos humanos —respondió su hermana—. Existe un dicho que no recuerdo donde lo escuché, pero describe perfectamente lo que te quiero explicar: «Los milagros no nacen, se hacen».
— ¿Los milagros se hacen? —volvió a preguntar la pequeña.
—Si —contestó Lisa—. Puede que tú no puedas hacer mucho para lograr reunir a la familia, pero yo sí puedo hacer mucho.
—Lo dudo mucho —se desanimó la pequeña—. No puedes controlar el clima y lograr que Lori llegue antes de Navidad.
—Oye, yo a tu edad había ganado dos premios Nobel y una medalla de la Academia Nacional de Ciencias. No menosprecies el poder tu hermana —le respondió con orgullo y una sonrisa un tanto maquiavélica—. Ahora largo. Tengo planes que hacer.
Acto seguido la echó del cuarto, cerrando la puerta con llave. Lily no alcanzó a preguntarse qué había pasado.
Una vez afuera, vio salir a Lincoln de su cuarto, bien abrigado para salir a la nieve.
—Lisa me echó de mi cuarto —explicó antes de recibir cualquier recriminación por no estar encerrada cumpliendo su castigo.
—0—
Leni se sentía finalmente en casa. Gracias a sus hermanos y al tema de Luna, logró olvidarse casi por completo de su pasado con Max. Solo sus padres se lo recordaban cada vez que se reencontraba con ellos, cosa que no ocurría muy a menudo para su suerte. Por fin podía pasar una Navidad hogareña, cosa que deseaba desde hace bastante tiempo.
Aquella tarde se encontraba leyendo una revista al lado de la chimenea cuando escuchó el timbre de su hogar. A sabiendas que sus hermanas menores acostumbraban batallar por quien era la primera en abrir la puerta, dejó que el visitante esperara a que la ganadora abriese. Al pasar el rato, el timbre era tocado con mayor frecuencia, y nadie bajaba a abrir. Leni no tuvo de otra que dejar su revista a un lado, y caminar hacia la puerta.
—Leni, mi amor —al primero que vio fue a Max, quien al verla se abalanzó a darle un abrazo del cual no se pudo zafar ni aunque quisiera.
—M-max —balbuceó la muchacha nerviosa. Intentaba forcejear para soltarse, pero las fuerzas de él eran más fuertes. Para colmo de males, al voltearse hacia el interior, vio como sus padres se asomaban desde su habitación, y sus hermanos se asomaban desde las escaleras, a excepción de Lincoln y Lynn.
—Leni por favor —rogó aquel hombre sin soltar su amarre—, perdóname por mi imprudencia. Si quieres que no nos casemos. ¡Está bien! Viajaremos más tiempo los dos. ¡Hemos disfrutado tanto!
—Max —intentó detenerlo.
—Iremos a donde tú quieras, disfrutaremos de lo que tú quieras, viviremos como tú quieras. ¡Pero por favor no me dejes! —empezó a lloriquear su prometido.
—Max —insistió, pero su llanto mal actuado era más ruidoso— ¡Maximiliano Hunter! ¡Ya basta! —ni ella sabía de dónde sacó ese grito de su interior. Tal vez de la desesperación, de la vergüenza, del bochorno que estaba pasando.
Max lentamente y con el rostro lleno de impresión, fue soltando a Leni. Su familia en su interior dio un respingo ante la sorpresiva actitud de la chica.
—Escúchame bien —le ordenó con autoridad—, lo nuestro se acabó. Terminamos. Si me vine desde Francia hasta acá, fue porque me di cuenta que no quiero pasar el resto de mi vida contigo. Agradezco todos los buenos momentos y todo eso, pero se acabó Max. No quiero seguir contigo.
Si esto hubiera sido grabado en algún video, se podría haber encontrado justo el cuadro en donde se le rompe el corazón. Un nuevo respingo se apoderó de la familia Loud mientras que Leni literalmente le cerraba la puerta en la cara a Max. Sus padres eran quienes más querían decir algo, pero no encontraban las palabras correctas.
—Leni —balbuceó su padre.
— ¿Qué? —preguntó la chica al ver a toda su familia rodeándola— Saben bien que no puedo seguir con un hombre que no amo, ni mucho menos casarme con él.
Luego de aquellas palabras, subió las escaleras, atravesó el pasillo a través del espacio que sus hermanas le dejaron, y se encerró en su habitación.
—0—
Jacob se quedó en la Casa Loud a pasar la Navidad. Había llegado con suerte con lo puro puesto desde California, ni siquiera tenía donde quedarse, y para la familia no era correcto dejarlo abandonado para estas festividades. Le ofrecieron el sofá del living para descansar, cosa que aceptó con gusto.
A eso de las dos de la mañana la pequeña Lily bajó hasta la cocina en busca de un vaso de leche. Pasando por el living escuchó murmurar al recién llegado.
—En la orejita no Lynn, ahí en el cuello… ay que rico… —lo escuchó hablar entre gemidos.
La pequeña aguzó la oreja mientras se acercaba al sofá.
—Así mira… ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay que rico! —murmuraba entre suspiros y gimoteos. La pequeña no sabía lo que estaba ocurriendo. Por un momento se imaginó que aquel joven se estaba ahogando y debía despertarlo.
En ese segundo comenzó a sonar el teléfono del hogar, haciendo que la pequeña se volteara hacia el aparato, mientras que Jacob despertaba con un susto peor que los provocados por Lucy.
— ¿Aló? —Lily logró contestar el teléfono sin mayor competencia a esa hora de la mañana.
— ¿Aló? ¿La familia Silva? —preguntó una señora desde el otro lado.
—No, la familia duerme —respondió antes de colgar.
Luego, se volteó a ver a aquel muchacho. Jacob la miraba con nerviosismo y temor, mientras que la pequeña lo observaba con sospecha.
—Recuerdo haber oído tu voz antes —anunció—, pero no recuerdo donde.
— ¿Ah sí? —preguntó mientras estrujaba una almohada riendo nerviosamente— Quién sabe.
La pequeña comenzó nuevamente a poner en marcha su memoria, pero el sueño le jugaba en contra.
—Bueno, no importa —finalizó—. ¡Buenas noches!
—A-adiós pequeña —balbuceó mientras veía como Lily subía las escaleras. Sabía que soñaba con Lynn por las noches, y temía que la menor lo hubiera escuchado hablar dormido, no solo por la salud mental de la pequeña, más bien temía que le contara a Lynn.
Dio un largo suspiro intentando calmar sus nervios para luego volver a intentar dormir.
—0—
Era viernes. Víspera de la víspera de la Navidad. Milagrosamente la mayoría de sus hermanos habían llegado para las festividades, y ya se sentía el ambiente Navideño en la Casa Loud. Por fortuna de días anteriores, Lily tenía mayores esperanzas de ver cumplidos sus sueños, pero intentaba distraerse para no pensar en ello, y al menos evitar arruinar el momento.
— ¡Hice galletitas! —exclamó Luan mientras sacaba la bandeja del horno. De inmediato las cuatro hermanas más pequeñas de la familia Loud se abalanzaron para obtener su porción. Los villancicos retumbaban por toda la casa, anunciando la pronta llegada de Santa.
En eso, nuevamente se volvió a escuchar el timbre. Leni, quien estaba más cerca, primero se asomó por la ventana cerciorándose que no se tratara de Max. Su sorpresa fue enorme al descubrir de quien realmente se trataba.
— ¡No lo creo! —exclamó con euforia mientras corría hacia la puerta a abrirla —¡Chicos! ¡Lori está aquí!
Como un acto de magia, todos se voltearon a verla tras el anuncio. La música se detuvo. Leni abrió la puerta, y pues ahí se encontraba. Con una enorme maleta, y un grueso abrigo de cuero que la protegía del frio, se encontraba la chica, ya más madura, con la mirada más adulta, y una leve sonrisa en los labios.
— ¡Lori! —Lily fue la primera en reaccionar, corriendo a abrazar a su hermana mayor.
—Mi pequeña Lily —le correspondió la joven con un abrazo maternal—. ¿Qué rayos te pasó? Le preguntó al ver su yeso en el brazo y sus vendajes.
—Tuve un accidente —respondió con inocencia.
— ¿En serio? —preguntó sorprendida— ¿Y estás bien?
—Está bien —intervino Lincoln—. Y… ¿Cómo llegaste hasta acá? ¿No que no llegabas hasta el lunes?
— ¡No podrán creerlo! —les explicó sorprendida— Me encontraba en Washington esperando a que pasara el mal clima, y literalmente se despejó. Luego me contactó una aeronave de la Fuerza Aérea y me trajo en menos de dos horas hasta acá. ¡Hasta la puerta de mi casa!
En eso se hizo a un lado, y pudieron ver a una pequeña aeronave de las Fuerza Aérea estacionada en la calle.
— ¡Cuando usted me necesite aquí estaré señorita Loud! —exclamó el piloto antes de poner en marcha su vehículo.
— ¡Adiós! —lo despidió Lori agitando los brazos mientras lo veía tomar vuelo. Sus hermanos también salieron de la casa para despedirlo.
Lily no podía creer lo que estaba pasando. ¡Era un verdadero milagro! Pero, ¿De verdad se hizo? ¿De verdad Lisa estaba detrás de todo esto? Si eso era verdad, era casi como una superheroína todopoderosa igual o mejor que Ace Savvy. La observó de reojo, y alcanzó a percibir una leve sonrisa en sus casi siempre serios labios. A ella no la podían engañar; sabía que estaba detrás de todo esto.
—0—
Aquella noche, la pequeña salió cerca de la medianoche rumbo al baño. Al pasar por fuera del cuarto de Lori y Leni, las escuchó hablar. Como una pequeña curiosa y chismosa —al igual que sus hermanos—, se quedó de pie junto a la puerta, esperando si la suerte le permitía enterarse del gran secreto que le ocultaba toda su familia.
No costó demasiado para que Leni le contara a Lori acerca de las últimas novedades de las que se enteró en la casa Loud, en especial en aquellas relacionadas con la reaparición de Luna en la vida familiar.
— ¿Entonces Luna no fue a la reunión que acordaron con Lucy? —preguntó sorprendida.
—No —respondió su hermana—. Pero a quién si vi fue a Ronnie Anne. Llevaba un delantal puesto. Pareciera que trabajaba ahí.
— ¿Ronnie Anne trabajando en el «Jean Juan's»? —Lori se mostraba extrañada ante esa revelación.
—Sí. ¿Puedes creerlo? —exclamó Leni— Quería acercarme a preguntarle cómo estaba, pero no quería que Lincoln se diera cuenta que ella estaba ahí, aunque… creo que al final se dio cuenta.
Ambas chicas quedaron en silencio. Lo único que Lori sabía era que la relación entre Lincoln y Ronnie no terminó bien, todo luego que Bobby terminara en la cárcel. Aunque no conocían mayores detalles al respecto, solo sabía que un día Ronnie desapareció de la vida de Lincoln para no volver a aparecer, hasta ahora.
— ¿Y cómo está Lincoln? —Lori rompió el silencio, preocupada por su hermano.
—Está bien —respondió su hermana—, aunque lo he notado bastante nervioso, e irritado. Casi se parece a ti cuando estabas en la casa —finalizó riéndose.
Leni sabía que a través de Ronnie Anne podría enterarse fácilmente del paradero de Bobby. Tanto así que al día siguiente tras la reunión ella regresó al restaurant para conversar con ella. Para su sorpresa, los dueños le indicaron que había renunciado aquella mañana y no sabían dónde se encontraban. ¿Por qué huían de ella?
—Ya veo —comentó la mayor con pesar—. Tendré que hablar con él.
—Lily, deja de espiar —una voz detrás de ella logró sobresaltarla. Al voltearse, se encontró con Lincoln, quien luego de hablarle, volteó para dirigirse al baño.
La pequeña no dijo nada. La frase era una alarma para que sus hermanas en el interior supieran que eran espiadas por la pequeña, porque luego de eso comenzaron a hablar tan bajo que apenas podía oírse un murmullo tras la puerta.
Decidida, optó por un camino que le enseñó Lucy: las ventilas. A través de su habitación entró por los ductos de ventilación. A ensayo y error, recorrió el laberinto metálico hasta encontrarse con el cuarto de las hermanas mayores. Pera su mala fortuna, cuando finalmente dio con el cuarto indicado, ambas hermanas ya habían apagado la luz, y se habían dispuesto a dormir. Una nueva oportunidad de descubrir la verdad perdida.
—0—
La mañana del veinticuatro era bastante ajetreada para toda la familia. La señora Loud colgaba las botas navideña en la chimenea mientras que su esposo estaba en la cocina. Todos aparentaban una sonrisa de oreja a oreja, haciéndose ánimos para celebrar juntos una de las fiestas más importantes del año, pero en el fondo nadie podía ignorar que nuevamente faltaría alguien en la mesa.
La pequeña Lily nuevamente se encontraba en el ático. Entre tanto polvo, antigüedades y telas de araña pretendía encontrar alguna evidencia que llegase a contarle lo sucedido hace tres años. Su curiosidad estaba al borde de convertirse en una obsesión.
Finalmente, dentro de un baúl, se encontró con una noticia recortada. Apenas sabía leer unas cuantas líneas, pero las imágenes a color ilustraban bastante bien algunos detalles que fueron claves para su memoria.
Primero, apareció una casa celeste de dos pisos, bastante pequeña en comparación con la suya, pero con un amplio jardín de césped muy verde. Las canaletas y ventanas eran blancas, y tenía varios arbustos floreados a su alrededor. Le pareció una casa simpática hasta que recordó haber estado allí. Aunque no había fotos del interior, recordó cómo era el living-comedor, la cocina, el baño y el jardín trasero.
La segunda foto le trajo aún más recuerdos. Era el interior del garaje, que estaba lleno de cajas a más no poder. Varias de ellas estaban abiertas con su contenido distribuido ordenadamente en el suelo sobre un paño, acompañado de varios letreros indicando «EVIDENCIA». Esos tubos oscuros y metálicos le parecieron familiares. Recordó que eran fríos, pesados, porque los tuvo en sus manos. Recordó el rostro de terror de Lincoln cuando la vio con uno de ellos en sus manos. Recordó que ella los había encontrado.
— ¡Oh Dios! —exclamó sorprendida. Sabía que ese descubrimiento fue el origen de algo malo. ¿Acaso fue su culpa que papá y Luna se separaran irreconciliablemente?
—0—
Era veinticuatro de diciembre. Era víspera de Navidad. El día más esperado por la pequeña durante todo el año, y no era feliz. Simplemente no podía. Le costaba sonreír. Ni ella misma podía creer lo que le estaba ocurriendo. Deseaba con todas sus fuerzas que fuera diferente, pero no podía controlarlo. Le era imposible.
Estaba sentada en el sillón sin hacer nada. No tenía ánimos de nada. Y eso, en una familia revolucionada por las fiestas, se notaba demasiado. Sus hermanos se miraban entre ellos para definir en un duelo de miradas quién debía hablar con ella.
—Lily, sígueme —Lisa se acercó a ella mientras enviaba mensajes con su celular.
La pequeña le dio una rápida mirada. Quería averiguar qué tan urgente era la orden.
—Ahora —agregó leyendo sus pensamientos mientras se dirigía a la salida.
Una vez afuera, Lisa ni se inmutó en explicarle nada. Simplemente continuó su camino con prisa. A la pequeña le costaba mantener el paso.
— ¿A dónde vamos? —se atrevió a preguntar, sin recibir respuesta.
Llegaron al parque. Sentada en uno de los bancos se encontraba Luna. Lily pudo reconocerla a distancia, y se precipitó corriendo a verla.
—Ah, ah —la retuvo Lisa antes de cruzar la calle—. No volverás a accidentarte por tu descuido.
La pequeña cruzó la calle de la mano de su hermana. Era un espectáculo adorable para los transeúntes que se toparon con las menores.
Llegaron donde Luna, y Lily no pudo evitar aferrarse al cuello de su hermana. La felicidad regresó de golpe, olvidándose por completo hasta de sus penas. Luna sintió ese momento como un regalo divino. No pudo evitar soltar un par de lágrimas, mientras sentía aquel cálido e inocente abrazo.
—Lily —le dijo al oído—. Mi pequeña Lily.
—Te extrañe mucho —respondió la pequeña comenzando a llorar. Ante eso Luna la abrazó con más fuerza. Hace tres años que no podía tenerla entre sus brazos, disfrutar de sus travesuras, verla dormir, cantarle canciones para dormir, para tranquilizarla, para alegrarla. Solo tenía ganas de abrazarla y no soltarla nunca más. No quería volver a perderla.
Un fuerte carraspeo de Lisa interrumpió aquel emotivo reencuentro. Tal vez, demasiado pronto.
—Les recuerdo que debemos regresar a la casa —anunció.
— ¿Qué? ¡Eso no era parte del trato! —alegó Luna.
— ¿Qué trato? —preguntó Lily en el medio.
—Verás —explicó Lisa mostrando tu teléfono celular—, gracias a mis «contactos» no me fue difícil encontrar el paradero de Luna y encontrarla…
— ¿En serio? ¡Eres lo máximo! —la interrumpió la pequeña mientras le daba un efusivo abrazo con el cual casi le quita los lente.
—Pero no dijo nada de ir a la casa —agregó Luna cruzándose de brazos.
— ¡Vamos! No será tan malo —intentó convencerla la pequeña mientras soltaba a Lisa—. Además, solo faltas tú.
Luna la miró de reojo, incrédula ante las palabras de su hermanita. Se imaginaba que podría ser alguna clase de exageración para que regresara. Siempre había más de una excusa para el resto de sus hermanos faltara, aunque fuera uno.
—Lo que dice Lily es verdad —agregó Lisa ajustando sus anteojos—. Hasta Lori pudo regresar desde su trabajo.
— ¿En serio? —preguntó extrañada— ¿Y Leni?
—También.
— ¿Y Lynn?
—También.
A Luna no se le ocurrían más nombres con los cuales desafiar a la pequeña. También sabía que desde hacía mucho tiempo que no estaba toda la familia reunida. En eso recordó a su papá.
— ¿Y papá?
—Él me prometió que te dejaría ir esta noche —argumentó Lily.
—Además, le preguntó a Lincoln acerca de tu paradero —agregó Lisa—, por lo tanto puedo inferir que está interesado que pases esta noche junto a nosotros.
—Por favor, ¿sí? —rogó la pequeña juntando sus manos y entregando la mirada más adorable que había entrenado en sus siete años de vida.
—No… Puedo… Evitarlo… ¡Ven aquí! —la joven levantó a la pequeña y le dio uno de los abrazos más efusivos que tenía guardado desde hace tanto tiempo.
— ¿Entonces irás? —preguntó Lily.
—No lo sé —respondió—. ¿Qué hay de papá?
—De eso me encargo yo —intervino Lisa con una sonrisa maquiavélica.
—No me gusta esa sonrisa —comentó Luna con preocupación.
—0—
En aproximadamente media hora llegaron frente a la Casa Loud. Luna sintió un pavor muy grande al encontrarse nuevamente allí. Había estado otras veces anteriormente, pero siempre a escondidas. Era como enfrentar una nueva audición o un examen muy importante. Al ver a su hermanita tan ilusionada, decidió armarse de valor, enfrentar su destino, y que fuera lo que tuviera que ser.
Tocaron el timbre. La espera se hizo eterna mientras se escuchaba del otro lado a las gemelas luchar por ser quien abriera la puerta. Finalmente la puerta empezó a abrirse. El primer rostro en aparecer fue el de Lana.
—Luna —dijo sin creerse lo que estaba viendo.
Apenas esas palabras salieron de su boca, la casa entera se silenció. Al igual que el regreso de Lori, todos quedaron congelados en sus puestos, incrédulos ante lo que sus ojos les presentaban.
—Hola familia —saludó Luna incómoda.
Desde el living aparecieron los señores Loud. Su padre en especial era quien se encontraba más nervioso que nadie. Un grave conflicto lo separó de su hija hace tres años, y ahora la tenía nuevamente frente a ella. ¿Qué podía hacer? ¿Cuál era el primer paso?
—Hola, papá —lo saludó nerviosa.
No podía moverse. No podía avanzar. No podía hablar. Se sentía hecho de piedra. La tensión se sentía en el aire. La mayoría pensaba que aquí la Navidad ya estaba arruinada, y preparaban sus ánimos para una de las violentas peleas que pensaban haber dejado atrás.
Luna y Lynn padre estaban mirándose fijamente a los ojos, frente a frente. Ninguno reaccionaba. Ninguno decía o hacía nada. Los segundos que transcurrían parecían una eternidad. Todos querían que esta maldita tensión se acabara de una buena vez. Para bien o para mal, pero que se terminara.
Repentinamente, y casi de forma coordinada, ambos se dieron un apretado abrazo. Con palmadas en la espalda, ambos se saludaron de la forma más efusiva e inesperada para los hermanos Loud. De forma inmediata, Rita se sumó al abrazo, y poco a poco se fue acercando el resto de la familia. Los últimos en sumarse fueron Lily y Jacob.
No cabía tanto gozo en el corazón de la pequeña. Lo que en más de algún minuto parecía ser imposible, en ese minuto, era una realidad tan verídica como la magia de la Navidad.
—0—
La cena sin duda fue un minuto majestuoso. Tuvieron que apretarse demasiado y sacar las sillas de los cuartos de los chicos para tener catorce puestos sobre la mesa. A pesar de todo, la comida, la alegría, el ruido y el amor no faltaron en esa mesa.
—En serio Lisa. ¿Qué rayos hiciste? —le preguntó su hermana menor.
—Existe un dicho popular que indica «Se cuenta el milagro, pero no el santo» —respondió sin inmutarse.
— ¡Pero dime! —insistió la pequeña.
—Solo disfruta —contestó mientras le entregaba un plato extra de postre.
— ¡Uh! ¡Pastel! —exclamó contenta mientras comenzaba a devorarlo, olvidándose del asunto.
— ¡Bien chicos! ¡Es hora de la foto! —anunció el señor Loud. La cena había terminado, y era el minuto de la foto navideña tradicional.
— ¿Podrías tomar la foto por nosotros? —le preguntó Lynn a Jacob mientras le entregaba su celular.
— ¡Pero claro! ¡Todo por mi gran amiga! —respondió amable.
En la escalera se agruparon los once hermanos, de forma que todos lograran aparecer.
— ¡Sonrían al pajarito! —exclamó Jacob.
—Digan ¡Feliz Navidad! —ordenó el padre de la familia.
— ¡Feliz Navidad! —exclamaron todos mientras el flash los iluminaba.
Y en aquel cuadro pixeleado de alta definición, quedó enmarcado el recuerdo más feliz de Lily Loud: el minuto en que los once hermanos Loud se reunieron bajo el mismo techo para una Navidad, por primera vez en seis años, durante aquella Navidad del 2022.
La verdad sé que quedaron muchas ideas y preguntas en el aire, y que deseaba responder en este episodio, pero eso daría a una tercera parte del especial que al ritmo que voy, estaría listo para marzo. Eso sí, prometo responderlas todas y de a una, pero en episodios futuros, mezclados con un poco más de comedia que creo le hizo falta a los últimos episodios.
En fin, no prometo nada de cuando volveré a aparecer. Con mi nuevo proyecto en Wattpad, la reparación de mi otro fic «Caballo Negro», la historia que pretendo continuar en Wattpad (cuyo prólogo ya está desde hace bastante en la plataforma), la precuela de este fic de la que hablé en diciembre, la reparación de un fic que le prometí arreglar a un amigo en Navidad, mis extensas listas de lectura y mi práctica profesional, es un milagro que llegue a tener tiempo para algo.
¡Nos leemos pronto!
