2. La primera vez que nos besamos.

Hola de nuevo!! ^-^

En esta ocasión, el capitulo está narrado por Emmett, y bueno, creo que el título lo dice todo, ¿no? xD

¡¡Espero que les guste!!

Disclaimer: Los personajes de Crepúsculo no me pertenecen!!


Llevábamos ya un tiempo establecidos a las afueras de un pueblecito diminuto, bueno, más concretamente, en un bosque oscuro en mitad de la nada cerca de un pueblecito diminuto.

No conocía demasiado bien el pueblo, ya que por mi condición de neófito, aún no podía estar demasiado tiempo al lado de un humano sin lanzarme a por su sangre, pero por lo que Edward y los demás me habían contado, era un lugar pequeño, de pocos habitantes, y no salía casi nunca el sol, por lo que podíamos campar a nuestras anchas sin temor a ser descubiertos.

La verdad es que mi expediente como neófito tampoco estaba del todo mal, era bastante mejor que el de Edward, algo pero que el de Esme y no tenía comparación con el de Rosalie y el de Carlisle… Pero de todas formas, el expediente Emmett era aceptable; cuatro personas en mis seis primeros meses de "vida".

Seguramente cualquier otro vampiro en mi lugar estaría bastante orgulloso, ya que sufrir la sed y resistirse a ella era algo muy difícil, pero a pesar de eso, había una única persona que no me había ni felicitado ni regañado por esto. Mi ángel. Rose.

Su actitud era un quebradero constante de cabeza, ya que no lograba comprender porque le había pedido a Carlisle mi transformación para luego pasar de mí, como si no existiera.

Nada más despertar, y los días siguientes a mi conversión, nuestra relación fue bastante cordial, hablábamos, reíamos… No se, lo típico, pero todo empezó a empeorar con el paso de los días.

Cuando llevaba más o menos un mes formando parte de los Cullen, ocurrió mi primera recaída.

Estaba cazando por el bosque, cuando de repente, un hombre de unos cuarenta años se cruzó en mi camino. Creo que era un cazador, aunque no estoy seguro, porque antes de que pudiera reaccionar y ser consciente de lo que estaba haciendo, el hombre estaba muerto en el suelo, y mis ojos volvían a ser de color borgoña de nuevo.

Cuando volví a casa, les conté lo ocurrido a Carlisle y Esme, les pedí disculpas a todos por haber cedido, y prometí controlarme más la próxima vez. Mis padres y mi hermano me perdonaron sin rechistar, pero ella no.

Desde ese momento, Rosalie se volvió mucho más distante conmigo, no hablaba, no se relacionaba, y no me miraba más de tres segundos seguidos cuando sabía que la estaba observando.

Me estaba volviendo loco.

Pero lo que más me dolía era el motivo por el que me trataba de esa manera. Culpabilidad, egoísmo. Eso es lo que ella sentía. Porque cada vez que me miraba se culpaba por haberme convertido en un monstruo chupasangre, o por lo menos eso es lo que me dijo Edward tras colarse en su mente.

Ese mañana nos tocaba salir a cazar, y aunque al principio se negó a acompañarnos, al final Rosalie accedió a ir conmigo y con Ed al bosque.

El ambiente no podía ser más tenso. Rose me esquivaba todo el rato, fingiendo no escucharme cuando hablaba, mientras que Edward bufaba una y otra vez, tratando de no escuchar nuestros pensamientos y centrarse en la caza.

Después de una hora, Rosalie nos dejó a atrás, momento que aprovechó Edward para hablar conmigo.

-- Tienes que hacer algo – me dijo mi hermano con cara de pocos amigos. Cómo si fuera tan fácil… - Me da igual que sea difícil, pero no aguanto a Rosalie ni un día más – contestó antes de que pudiera abrir la boca.

-- A mi no me culpes – me defendí – Yo intento hablar con ella, pero pasa de mí.

-- ¡Pues oblígala a hablar contigo! Ya no se donde meterme para que no me bombardee con sus pensamientos todo el santo día – se quejó Edward poniendo los ojos en blanco.

-- Vamos, no puede ser tan terrible – le dije no muy convencido.

-- Aún no conoces a Rosalie…

Iba a contestarle de nuevo, pero entonces, la mujer de la discordia volvió a hacer aparición ante nosotros.

-- ¿Queréis daros prisa? – preguntó Rose – Me gustaría volver a casa antes del anochecer.

-- Si, ya vamos – contesté, pero como siempre, volvió a ignorarme.

Empezamos a correr de nuevo, y gracias a las capacidades de Edward, conseguimos arrinconar rápidamente a nuestras presas, ya que mi hermano podía anticiparse a nuestros movimientos y de esta manera era mucho más fácil coordinarnos en el ataque.

Cuándo dimos por finalizada la caza, llegó el momento de regresar a casa.

En esta ocasión, era Edward el que iba algo más adelantado que el resto. Eso era algo que me fastidiaba bastante, porque aunque yo pudiera doblar la fuerza que tenía mi hermano, nunca hasta ahora había conseguido igualarle en velocidad, y eso era algo que mellaba bastante mi orgullo de deportista competitivo.

Cuando quise darme cuenta, Ed había desaparecido definitivamente de mi vista, dejándonos a Rose y a mi atrás, tratando de correr más rápido en un intento algo estúpido de alcanzarle.

La verdad, es que si no es porque estaba completamente seguro de que Edward no podía meterse en mi mente y hablarme, habría jurado que antes de irse me había dicho que ese era el momento, que no lo dejara pasar más, y yo, cómo buen estúpido, decidí hacerle caso a las voces de mi cabeza.

-- ¡Detente! – grité mientras que me paraba en seco. Rose se paró apenas unos metros delante de mí.

-- ¿Qué pasa? – preguntó ella con una leve agitación en la voz. Probablemente la había asustado.

-- No nada, es que…

-- ¿Pues entonces para que gritas? – me interrumpió un tanto molesta.

-- No lo se… – perfecto Emmett, perfecto.

Rosalie emitió un pequeño bufido y se dio la vuelta, dándome la espalda, preparada para volver a correr.

-- ¡Espera! – exclamé mientras que de un salto me planté delante suya, cortándole el paso – Esto… tenemos que hablar.

Mi ángel se cruzó de brazos, resoplando con fastidio, mientras que con un leve movimiento de cabeza, se apartó un mechón de pelo que se había cruzado en su rostro.

-- Rose… yo… - respiré profundamente, aunque fuera por inercia – Necesito saber que es lo que te pasa.

Ella no contestó, simplemente se limitó a bajar la mirada hacia el suelo.

-- Rose, respóndeme, por favor.

-- Emmett… yo… lo siento – dijo al fin ella, aunque en un tono de voz tan bajo que me costó trabajo escucharla - …Siento haberte hecho esto…

-- Rose no te…

-- ¡No! – me interrumpió de nuevo - ¿Es que no te das cuenta? ¿Es que no entiendes que ahora eres un monstruo por mi culpa? ¿¡Por mi egoísmo!?

-- Sabes que eso no es verdad – le dije, y de verdad lo sentía así. Para mí, Rose era mi ángel, no un castigo.

-- Por mi culpa serás un engendro chupasangre por el resto de la eternidad…

-- Me da igual – ella levantó sus ojos hasta posarlos sobre los míos – Me da igual ser un monstruo hasta el fin de mis días si puedo estar contigo.

-- Pero Emmett…

-- ¡Deja ya de una vez por todas de culparte! Si estoy aquí ahora mismo es gracias a ti, gracias a lo que hiciste por mi. Me da igual si ahora tengo que alimentarme de sangre o no puedo salir a la luz del sol, simplemente no me importa, ¿y quieres saber porque? Por ti… Porque te tengo a ti.

Tras mi pequeño discursito me quedé en el más absoluto silencio. Podía sentir como los nervios recorrían por primera vez mi cuerpo desde hacía bastante tiempo, porque yo acababa de darle la vuelta a todas mis cartas, y en este momento, si Rosalie me rechazaba, no sabría que movimiento hacer después.

Los minutos siguieron pasando lentamente. Rose no había hecho ni el más leve movimiento, es más, su pecho había dejado de subir y bajar lentamente, por lo que pude deducir que se había olvidado completamente de respirar.

De repente, ladeó ligeramente la cabeza, y sus ojos dorados volvieron a encontrarse con los míos.

-- ¿Rose? – musité.

Pero antes de que pudiera seguir hablando, se acercó hasta a mí, y tras mantenerme la mirada unos segundos más, posó sus labios sobre los míos.

Al principio me quedé completamente estático. No me esperaba esa reacción por su parte. Pero cuando por fin pude retomar el control de mi cuerpo, comencé a mover suavemente mis labios contra los suyos.

El beso fue dulce al principio, pero con el paso de los minutos, todos nuestros sentimientos fueron saliendo; furia, pasión, amor, lujuria, desesperación, miedo, felicidad… Todo concentrado en una única acción.

Rodeé con mis brazos su cintura, acercándola aún más a mi cuerpo, con el miedo de que se fuera a escapar en cualquier momento, pero todas mis dudas se disiparon cuando ella pasó sus brazos alrededor de mi cuello, jugueteando con mi pelo.

Seguimos besándonos durante algunos segundos más, hasta que Rosalie cortó el beso suavemente, recargando su cabeza en mi hombro.

-- Te quiero – le susurré sin dejar de abrazarla.

-- Yo también.

Y volvimos a besarnos como si fuera nuestra primera y última oportunidad para hacerlo.


Hasta aquí el segundo One-shot!! *o*

Bueno, espero no haberme pasado demasiado con el azucar (xk creo que el capi quedó muy muy muy dulce... ¬¬)

Espero sus Reviews!! Y MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS QUE COMENTARON!!