3. La primera vez que hicimos el amor.
Bueno, a pesar de lo que el título les pueda llegar a parecer, no hay lemmon en este capi, porque he intentado centrarlo más en los sentimientos de los personajes.
Hay alguna leve insinuación pero no hay nada explícito.
El capítulo estará narrado desde ambos puntos de vista, Rosalie y Emmett.
Rosalie POV
No recuerdo con exactitud como habíamos llegado a ese punto. La habitación desordenada, nuestra ropa que caía rápidamente al suelo, acompañada de leves jadeos y suspiros y un par de muebles rotos en un mal golpe.
Aunque la explicación era bastante simple. Dos vampiros adultos, solos, enamorados, y aunque me fastidiara reconocerlo, congelados eternamente en la etapa adolescente.
No había más explicación que esa.
Esa mañana habíamos decidido salir de caza, más que nada por Emmett, porque se había quedado un poco alterado después de nuestro pequeño encontronazo con los licántropos en los alrededores de nuestra nueva residencia.
Y es que habíamos vuelto a mudarnos, a petición de Carlisle, a un pequeño pueblo de Washintong, Forks.
Hasta ahí todo bien, pero cual fue nuestra sorpresa al encontrarnos con una manada de chuchos en los alrededores del bosque que rodeaba nuestra casa.
Discutimos con ellos, y Emmett, Edward y yo nos habríamos encargado de darles una buena paliza si no es porque Carlisle se empeñó en dialogar con su líder para llegar a un acuerdo con ellos.
Pero en fin... aunque el tema había quedado zanjado, la furia y la impotencia se resistían a abandonar el cuerpo de Emmett, así que decidí proponerle una salida anticipada a cazar.
La verdad es que no podía negarlo. Desde la llegada de Emmett a la familia, hacía un año más o menos, todo había mejorado bastante para mí.
Sus ojos poco a poco habían ido abandonando ese color rojo intenso que caracterizaba a los neonatos, para irse tornando de un dorado brillante, como los míos, y también había logrado vencer casi por completo su necesidad de sangre humana.
Con solo una sonrisa suya, una mirada o simplemente su presencia, lograba despertar un huracán de sensaciones desconocidas para mí hasta ahora.
Amor, según decía Esme.
Emmett POV
Visualización. Tiempo en espera. Silencio. Un buen salto. Un buen golpe. Comida servida.
Era mi tercer oso del día.
Después de acabar con el animal, busqué con la mirada a Rose, que me esperaba con la espalda recostada en un árbol no muy lejano.
Tenía la mirada perdida, en cielo, y el ceño levemente fruncido, como si estuviera reflexionando sobre uno de los grandes misterios del universo.
— ¿En que piensas?—le pregunté mientras que me acercaba a ella.
— ¿Eh?—musitó. Sus ojos dorados se clavaron en los míos—Nada importante.
—Pues estabas muy concentrada para no tener importancia… —repliqué mientras que me cruzaba de brazos, fingiendo enfado. Rose emitió una pequeña carcajada y después me dio un corto beso en los labios, por lo que me vi obligado a perdonarla.
— ¿Volvemos ya?—preguntó ella.
— En realidad me gustaría dar un paseo… No se… Creo que mis nervios aún no están del todo calmados.
Y era verdad. Porque el no haber podido patearle el trasero a esa panda de perros sarnosos me había dejado bastante alterado.
Pero bueno… Carlisle era ahora mi padre, y un buen hijo siempre tiene que obedecer a su padre, así que si él me había dicho que no atacáramos a los licántropos, yo no haría lo contrario.
Rosalie me cogió de la mano y echamos a andar por el bosque, sin ningún punto de destino fijo al que llegar, simplemente era caminar por caminar, como cuando éramos humanos.
A mi la verdad me daba igual, porque yo estaba muy contento con mi nueva vida, pero sabía que a ella le hacía feliz realizar cualquier tipo de actividad que le acercara a su humanidad perdida, y si mi ángel era feliz así, yo también.
Rosalie POV
Caminamos cogidos de la mano durante horas, hablando sobre lo primero que se nos ocurría, por más estúpido que pudiera llegar a ser.
En ocasiones pensaba en la envidia que despertaría en todo el mundo si estuviera en Ronchester, con Emmett paseando a mi lado, pero una simple sonrisa suya me hacía olvidar todos mis pensamientos y concentrarme solo en él.
Solos él y yo. Era mi nueva razón por la que vivir. Mi única razón.
— Oye Rose—me llamó, sacándome de mis pensamientos de nuevo— ¿Te hace una carrerita hasta casa?—preguntó mientras que señalaba con la cabeza al edificio que se empezaba a divisar a lo lejos.
Le miré con una sonrisa ladeada mientras que soltaba una pequeña carcajada. ¿Con que quería competir? Pues yo le daría competición.
— Uno…—susurré yo.
— Dos…—añadió él.
— ¡Tres!—exclamé un instante antes de que los dos comenzásemos a correr a toda velocidad.
Sentía el aire golpeándome duramente en el rostro, mientras que esquivaba rápidamente todos los obstáculos que podían interponerse en mi camino, pero con lo que no conté fue con que las ramas de un árbol se fueran a quedar enganchadas en mi pelo, pegándome un fuerte tirón en el cuero cabelludo.
Emmett POV
Por fin algo de acción después de tanto paseito.
Eché a correr con todas mis ganas, pero no habíamos avanzado ni doscientos metros cuando noté que Rosalie no me seguía, y eso no era normal, ya que generalmente me costaba bastante más dejarla atrás.
Me detuve en seco… Pero… ¿Y si se trataba de una trampa para ganarme? Observé mi alrededor durante unos segundos, tratando de encontrarla entre los matorrales y arbustos cercanos, sin conseguir resultado alguno.
Al final decidí arriesgarme y volví al lugar de salida, con los cinco sentidos alerta por si Rose intentaba hacerme alguna jugarreta, pero cual fue mi sorpresa al encontrarme a mi ángel enganchada en un árbol.
No pude evitar reprimir una fuerte carcajada que me sacudió de arriba a bajo, mientras que Rose me miraba con muy mala cara, sin dejar la tarea de liberar su cabello de las ramas.
— ¿¡De que te ríes!?—Preguntó molesta— ¡Yo no le veo el chiste!
— Tendrías que verte en este momento…—dije entre carcajadas.
Me quedé contemplándola durante algunos segundos. El pelo revuelto, enredado en las ramitas más finas del árbol. Tenía el ceño firmemente fruncido, con una mueca bastante fea de desagrado en el rostro, pero que a pesar de todo, la hacía ver linda.
Sus ojos de un brillante color dorado me miraban suplicantes, pidiéndome de forma silenciosa que la ayudara a deshacerse de su enredo, porque como siempre, Rosalie Hale era demasiado orgullosa como para pedir socorro cuándo tenía un problema.
Y más cuando era un problema tan sumamente estúpido como ese.
— Anda, déjame a mi—dije al fin tras dejar de reírme.
Me acerqué hasta su posición, y llevé mis manos hasta su pelo, tratando de libelarlo de su prisión.
Comencé a desenredar sus mechones suavemente, tratando de ser lo más delicado posible, y la verdad, aún no se muy bien en que momento fue que empecé a acariciarle el cuello.
Una suave brisa comenzó a mecerle el pelo, una vez que sus bucles dorados quedaron libres del árbol, y un mechón se le colocó en mitad de la cara.
Deslicé mi mano desde su nuca hasta su rostro, y le coloqué el mechón detrás de la oreja, no sin antes delinear todo su rostro con la yema de los dedos.
Nuestros ojos volvieron a encontrarse, y por la mirada de Rosalie, pude deducir que ya se le había pasado el enfado conmigo.
Ella bajó un momento la cabeza hacía el suelo, y cuando volvió a mirarme, unió sus labios con los míos brusca y apasionadamente.
Rosalie POV
Por un momento, de verdad consideré el largarme del dichoso bosque y alejarme de los malditos árboles, y sobre todo, retirarle la palabra a Emmett durante varios días por burlarse de mí, pero cuándo sentí sus manos en mi pelo y en mi cuello, el mal humor empezó a abandonarme por momentos.
Retiré mi mirada momentáneamente de sus ojos dorados y aunque me habían enseñado que eso no era de señoritas distinguidas, me lancé sobre él, devorando sus labios, en un fuerte impulso que me recorrió todo el cuerpo.
Por supuesto, él me correspondió con la misma pasión, afianzando sus manos en mi cadera, y estrechándome fuertemente contra su cuerpo.
Esa acción me contentó bastante y engrosó un poco más mi ya hinchada vanidad, porque siempre era muy alagante que un hombre como lo era Emmett quedara totalmente rendido ante tu belleza.
Decidí darme un pequeño gusto personal, y justo cuando el beso estaba llegando a su parte más interesante, empujé fuertemente a Emmett contra el árbol que teníamos en frente, alejándolo de mí, y eché a correr hacia casa, no sin antes dedicarle una sonrisita traviesa.
— ¡Ahí te quedas perdedor! —le dije. Le escuché maldecir tras de mi, pero en pocos segundos ya le tenía corriendo a mi lado.
— Lo siento nena, pero la carrera aún no ha terminado.
Emmett apretó aún más la velocidad, por lo que tuve que emplearme a fondo para que no me dejara muy atrás.
En pocos minutos nos plantamos en frente de la casa, y si no ocurría un milagro, Emmett volvería a ganar de nuevo.
No si yo podía evitarlo.
— ¡Ah!—grité a la vez que me dejaba caer en el suelo de manera dramática. Mi oso se detuvo de golpe. El plan empezaba a funcionar— ¡Mi pie! Creo que me lo he torcido—exclamé mientras que ponía todo mi talento en simular dolor.
— ¿¡Estás bien!? ¿Te duele mucho? —Me preguntó Emmett mientras que se agachaba a mi lado—Déjame ver.
Se puso a toquetearme el pie, quitándome la sandalia y palpándome con cuidado la zona de la supuesta lesión, mientras que yo actuaba lo mejor que podía, tratando de reprimir la risa. ¡Que inocente era!
Se veía adorable haciendo de médico, y por un momento hasta me dio pena concluir mi plan, pero una carrera es una carrera, y no me iba a permitir perder.
Emmett POV
Antes de que pudiera verlo venir, una fuerte patada impactó sobre mi rostro, lanzándome de nuevo contra un árbol bastante alejado.
— ¿¡Pero que haces!?—le reclamé a Rosalie.
—Pero mira que eres tonto—me respondió ella mientras que echaba a correr de nuevo— ¡Te recuerdo que los vampiros no podemos lesionarnos!
Si. Definitivamente era idiota. Y lo peor de todo es que con ese truco tan estúpido, Rosalie acababa de entrar en la casa antes que yo, y, probablemente, me estaría esperando sentada en el sillón del salón, preparada para burlarse de mí durante los próximos tres meses.
Pero eso no se iba a quedar así. Ella habría ganado la carrera, pero ya se me ocurriría algo para salir beneficiado.
Eché a correr y en pocos segundos llegué a casa. Había dos notas pegadas en la puerta, una de Esme y Carlisle y otra de Ed, avisando de que no volverían hasta por la noche.
Entre en el salón y me senté al lado de Rose, tratando de ignorarla en lo máximo posible, como si no me importara su victoria de hacía unos segundos.
—... Emmett…—me llamó ella— ¿Te has enfadado?
— No.
— Te has enfadado—esta vez era una afirmación— ¡Vamos! Solo era un juego.
No respondí nada, simplemente me limité a girar la cabeza en la dirección opuesta a donde ella se encontraba.
—Vamos, Emmett… prometo no volverlo a hacer—me dijo de forma melosa, mientras que se acercaba lentamente hacia mí— ¿Me perdonas?
Vaya pregunta, sobre todo viniendo de ella. ¿Cómo no iba a perdonarla? Pero nunca estaba de más el hacerme un poco de rogar.
— ¿Y por qué debería de hacerlo? —pregunté mientras que sonreía de medio lado.
— ¿Por mi? —respondió mientras que se acercaba un poco más hasta donde yo estaba sentado.
— ¿Y que me darías a cambio si lo hago?
La sala se quedó en silencio. Rose me miraba con sus ojos dorados clavados sobre los míos, y con una pequeña sonrisa pícara en el rostro, mientras que jugueteaba sensualmente con uno de los mechones de su cabello.
— ¿Qué te parece algo como esto?
Y dicho lo dicho, se abalanzó sobre mis labios.
Rosalie POV
No pude reprimirme por más tiempo. Antes de dejarle tiempo de contestar a mi descaradísima insinuación, le besé como nunca lo había echo hasta ahora, dejándole tumbado en el sillón, debajo de mi.
Las caricias y los besos se intercalaban a una velocidad espasmódica, probablemente imposible de ver para el ojo humano, pero perfectamente perceptibles para el cuerpo de un vampiro.
Sus manos recorrían mi espalda y mi cadera de arriba abajo, con ansia, mientras que sus labios se apoderaban de los míos con la misma intensidad.
Por primera vez desde que estábamos juntos, la situación se estaba calentando más que de costumbre, y además, por primera vez desde que estábamos juntos, nos habíamos quedado completamente solos en casa, sin la perenne compañía de Edward.
Entonces fue cuando el miedo me asaltó. Algunas imágenes de la noche de mi transformación empezaron a colarse en mi cabeza. Royce, sus amigos, el asfalto donde me quedé tirada después de que esos desgraciados me violaran…
Y en un autorreflejo, le di un pequeño empujón a Emmett, apartándole un poco de mí.
— ¿Qué pasa?
—No… no puedo…— susurré mientras que me deslizaba hasta el otro extremo del sillón.
—Pero… ¿por qué? Todo estaba yendo bien—dijo Emmett con una mueca bastante visible de confusión en su rostro— ¿He hecho algo malo?
—No eres tú… Soy yo… Es que he empezado a recordar cosas y…—le expliqué mientras que me frotaba el brazo con fuerza, como queriéndome arrancar esos recuerdos de la piel—Me he puesto un poco nerviosa—sin querer, se me quebró la voz al pronunciar la última palabra.
—No pasa nada—me dijo tiernamente mientras que se acercaba hasta mí y me rodeaba con sus brazos—Tenemos toda la eternidad para hacer esto, no tiene por qué ser ahora si no quieres…
— ¡Pero si quiero!—le interrumpí—Quiero hacerlo… y quiero que sea ahora…
Esta vez fue Emmett el que me besó, pero de una manera más dulce y delicada que hacía unos minutos atrás, y aunque durante los primeros segundos las dudas y los recuerdos volvieron a asaltar mi cabeza, no tardé demasiado en corresponderle.
No recuerdo con exactitud como habíamos llegado a ese punto. La habitación desordenada, nuestra ropa que caía rápidamente al suelo, acompañada de leves jadeos y suspiros y un par de muebles rotos en un mal golpe.
Aunque la explicación era bastante simple. Dos vampiros adultos, solos, enamorados, y aunque me fastidiara reconocerlo, congelados eternamente en la etapa adolescente.
No había más explicación que esa.
Al girar para colocarme encima de Emmett, caímos del sillón al suelo, pero eso no impidió que nuestra ropa siguiera desapareciendo entre caricias furtivas y apasionados besos por todo el cuerpo.
Emmett POV
En estos momentos agradecí más que nunca el ser un vampiro, porque creo que no habría podido soportar si hubiera tenido que abandonar durante un instante los labios de Rosalie para respirar.
Recorrí todo su cuerpo con mis manos, sin dejar de besarla ni un segundo, mientras que íbamos girando por la moqueta del salón, golpeando, e incluso rompiendo, algunos muebles de la sala en el proceso. Pero no me importó, nada me importaba en ese momento. Solo ella. Solo nosotros.
Lentamente, disfrutando del momento, le retiré a Rosalie la última prenda que la cubría de la desnudez, mientras que ella hacía lo propio conmigo.
La miré a los ojos durante unos segundos, tratando de adivinar sus pensamientos.
— ¿Estas segura? —le susurré al oído, mientras que depositaba un par de besos en su cuello.
Ella no respondió, simplemente se limitó a besarme en los labios de nuevo, mientras que empujaba suavemente su cuerpo contra el mío, arqueando levemente la espalda sobre el suelo. Lo tomé como un si.
Giramos un par de veces más por el suelo, rompiendo otro mueble más en el proceso, y cuando nos quedamos parados, con su cuerpo debajo del mío de nuevo, llevé mis manos hasta sus rodillas y comencé a abrir sus piernas lentamente.
—Te quiero…—le susurré antes de perder la conciencia por completo.
Los siguientes acontecimientos quedaron grabados de forma borrosa en mi mente. Solo recuerdo los besos, las caricias en lugares del cuerpo que escandalizarían a cualquiera, las embestidas furiosas que llenaron de lujuria toda la casa. Los gemidos, simples suspiros al principio y auténticos alaridos al final.
Y cuando pensaba que nada podía mejorar lo que estaba ocurriendo, llegó la explosión de placer que convulsionó nuestros cuerpos.
Me dejé caer el lado de mi ángel, aunque para nada estaba cansado, y ella se recostó sobre mi pecho.
—Ha sido alucinante—le dije mientras que me ponía los brazos detrás de la cabeza.
—Si… no ha estado mal… Si no fuese porque Esme nos va a echar una buena bronca…
— ¿Por qué? Ya somos mayorcitos para hacer esto, seguro que lo comprenderá.
—No me refería a eso—dijo Rose mientras que se reía—Mira a tu alrededor.
Y estoy seguro de que en ese momento, si hubiese sido humano, mi cara se habría empezado a poner de color azul, al ver el salón de la residencia Cullen completamente destrozado, con varios muebles rotos y numerosos objetos tirados por el suelo.
—Mierda…—alcancé a murmurar mientras que escuchaba el motor de un coche entrando en el garaje. Mamá enfadada era muy peligrosa.
.
.
.
Tomatazos?? Alagos?? Amenazas de muerte?? Cualquier cosa, pulsen el botoncito verde!! xDD
Bueno, la verdad el capi no me acaba de convencer del todo, pero bueno... Tengo pensado hacer un lemmon un poco más adelante, pero aún no lo tengo muy claro... xDD
--------------------------------------
Tambien me gustaría informarles de que se admiten sugerencias para futuros one-shots del fic (siempre y cuando sean "primeras veces" de la vida de Rose y Emmett!!)
::..Saludos..::
